Resoluciones presentadas por la CCI a la 2ª Conferencia Internacional de grupos de la Izquierda Comunista

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Sobre la crisis

1.- La crisis mundial del capitalismo se ha hecho hoy evidencia indiscutible, incluso para los sectores menos lúcidos de la clase dominante. Y si los economistas, esos propagandistas paniaguados del modo de producción capitalista, empiezan ya a no atribuir las dificultades actuales de la economía al alza del precio del petróleo o al desajuste del sistema monetario internacional instaurado en 1944, son sin embargo incapaces, por sus propios prejuicios de clase, de entender el significado real de esas dificultades.

2.- Únicamente el marxismo puede entender ese significado. El marxismo demuestra, como así lo dejó claro la Internacional Comunista que, desde la Primera Guerra Mundial imperialista, el sistema capitalista entró en su fase de decadencia. A las crisis cíclicas del siglo pasado, -pulsaciones de un cuerpo en plena salud-, siguió la crisis permanente, en la cual el sistema sólo sobrevive, gracias a un ciclo infernal -verdadero estertor de agonía- de crisis agudas, guerras, reconstrucción, nuevas crisis agudas...

3.- Hay que rechazar, pues, las teorías (incluso aquellas que se reclaman del marxismo) que consideran que la crisis es simplemente "cíclica" o de "reestructuración" o de adaptación" o de "modernización". El capitalismo es totalmente incapaz de superar la crisis actual; cualquiera de sus planes, estén destinados a frenar la inflación o a relanzar la producción, sólo pueden acabar en fracaso. La única "salida" del capitalismo, arrastrado a ésta por sus propias leyes, es una nueva guerra imperialista mundial.

4.- Si la experiencia muestra que la única perspectiva que el capitalismo abre a la humanidad es la guerra generalizada, también la historia ha demostrado, sobre todo en 1917 (Rusia) y en 1918 (Alemania), que en la sociedad hay una fuerza capaz de oponerse, de hacer retroceder y de anular esa perspectiva: La lucha revolucionaria del proletariado. La alternativa que plantea la agravación inexorable de las contradicciones económicas del capitalismo es, por tanto: guerra imperialista o resurgir revolucionario de la clase obrera; el resultado final será la plasmación de la relación de fuerza entre las dos clases principales de la sociedad: burguesía y proletariado.

5.- La burguesía consiguió imponer su "solución" a las contradicciones de su sistema económico en dos ocasiones: en 1914, gracias a la gangrena oportunista y a la traición de los grandes partidos obreros; y en 1939, gracias a la terrible derrota impuesta al proletariado en los años 20, rematada por la traición de sus Partidos Comunistas y por la terrible losa del fascismo y las mistificaciones antifascistas y democráticas.

La situación actual es muy diferente: el encuadramiento del proletariado por los partidos de izquierda -PC's y PS's- es mucho menos eficaz que lo fue, el que llevaron a cabo los partidos social-demócratas en 1914; los mitos democráticos o antifascistas y el poder embaucador del llamado "Estado obrero", aunque son frecuentemente agitados por la burguesía, están ya bastante gastados y demasiado vistos.

6.- Así pues, la perspectiva abierta por la agravación de las contradicciones capitalistas al final de los años 60 no es "guerra imperialista generalizada" sino "guerra de clases generalizada". Sólo después de haber escarmentado al proletariado con una gran derrota el capitalismo podría encaminarse -empujado por sus contradicciones- a una tercera guerra mundial; eso es lo que demostró la reacción proletaria del 68 en Francia, del 69 en Italia, 70 Polonia, y, en otros muchos países en el mismo periodo. Y si la burguesía pudo hacer que pararan momentáneamente las luchas gracias a una contraofensiva política e ideológica, animada principalmente por los partidos de izquierda, las reservas de combatividad del proletariado no están, ni mucho menos, agotadas. Con la agravación de la crisis, con la austeridad y el desempleo que comporta esta combatividad no dejará de plasmarse de nuevo en formidables combates contra el capitalismo; contrariamente a lo que espera la burguesía.

Sobre la cuestión nacional

1.- En la base de la constitución de la Internacional Comunista (IC) estaba el reconocimiento de que el capitalismo había entrado en su fase de decadencia, poniendo en el orden del día la revolución proletaria. Así de claro lo dejó la Internacional cuando dijo que, con la primera Guerra Mundial "se había abierto definitivamente la era de las guerras imperialistas y de las revoluciones". Hoy, cualquier formulación coherente de las posiciones de la clase proletaria descansa en el reconocimiento de esa característica esencial de la vida de la sociedad.

2.- El marxismo ha reconocido siempre -desde la aparición del "Manifiesto Comunista"- la tendencia del modo de producción capitalista a "unificar las leyes de la economía mundial", y la de la burguesía a "crear un mundo a su imagen". Por eso, está fuera del marxismo el considerar que pueda haber, cuando la revolución proletaria está al orden del día, áreas geográficas determinadas que escaparían a la evolución del capitalismo en su conjunto; lugares donde "revoluciones democráticas burguesas" o "luchas de liberación nacional" podrían tener vigencia.

3.- La experiencia de más de medio siglo ha demostrado que esas "luchas nacionales" no son sino momentos, más o menos espaciados en tiempo y territorio, de los diferentes conflictos interimperialistas que culminan en la guerra mundial; y que toda la propaganda para que los proletarios participen en esas luchas o las apoyen sólo sirve para desviarlos de sus verdaderas luchas y para embaucarlos en la preparación de la guerra imperialista mundial.

Sobre la organización de revolucionarios

1.- Desde que el movimiento obrero existe, ha reconocido en la organización y en la conciencia las dos armas esenciales de su lucha de clase proletaria. Como cualquier actividad humana la revolución comunista es un acto consciente, claro que a un nivel considerablemente más elevado que las revoluciones del pasado. El proletariado se ha ido forjando la conciencia de su ser, de sus objetivos y de los medios para llegar a la revolución, a lo largo de su experiencia como clase independiente; en un proceso doloroso, con choques, heterogéneo, en el cual la clase obrera segrega organizaciones políticas que agrupan a sus elementos más conscientes, aquellos que "tienen, en relación a la masa proletaria, la ventaja de comprender las condiciones, el proceso y los resultados generales del movimiento" (El Manifiesto...), organizaciones que tienen como tarea participar activamente en la toma de conciencia, en la generalización de ésta y por tanto en los combates de la clase.

2.- La organización de los revolucionarios es un órgano esencial de la lucha del proletariado, tanto antes como después de la insurrección y de la toma del poder. Sin ésta, sin partido proletario -ya que su falta expresaría una inmadurez en la toma de conciencia- la clase obrera no puede realizar su tarea histórica: destruir el sistema capitalista y edificar el comunismo.

3.- Antes de la revolución y como preparación de la misma los comunistas intervienen activamente en las luchas de la clase obrera, animando y estimulando todas las expresiones y posibilidades que, apareciendo en la lucha, expresan la tendencia hacia la autoorganización y el desarrollo de la conciencia: asambleas generales, comités de huelga, comités de lucha y de acción, comités de parados, círculos de discusión o núcleos obreros. En cambio, para no contribuir a la confusión y al engaño mantenidos por la burguesía, los comunistas deben rechazar cualquier tipo de participación en la vida de los sindicatos, los cuales se han vuelto definitivamente órganos del capitalismo.

4.- Durante y después de la revolución, el partido proletario participa activamente en la vida del conjunto de la clase agrupada en organizaciones unitarias, los consejos obreros, con el fin de orientarla hasta la destrucción de las relaciones de producción capitalistas y la instauración de relaciones sociales comunistas. Aunque su acción es indispensable, el partido no puede sustituir al conjunto de la clase en la toma del poder y en el cumplimiento de su tarea histórica, al contrario de lo que es el esquema imperante en la revolución burguesa. En ningún caso, el partido será la delegación de la clase para la toma del poder; la naturaleza de la meta a alcanzar, el comunismo, es tal que únicamente el conjunto del proletariado, con su actividad y su experiencia, pueden realizar la toma del poder.

5.- Tras la más profunda contrarrevolución de la historia del movimiento obrero, una de las tareas más importantes que les toca a los revolucionarios es la de contribuir activamente en la reconstrucción del órgano fundamental de la lucha proletaria: el partido proletario.

Si bien el surgimiento de éste está condicionado por el desarrollo en profundidad de la lucha de la clase obrera, por la posibilidad abierta hacia la revolución comunista, no por eso surgirá mecánica y automáticamente, ni es algo que pueda improvisarse. La preparación de su surgimiento exige hoy:

  • Recuperar las adquisiciones fundamentales de las experiencias pasadas de la clase obrera;
  • Actualizar esas adquisiciones a la luz de las nuevas condiciones de la vida del capitalismo y de la lucha de clases;
  • Esforzarse por llevar a cabo discusiones, entre los diferentes grupos comunistas, para desarrollar la confrontación dialéctica y el esclarecimiento de las posiciones respectivas; condiciones inevitables para establecer las bases programáticas claras y coherentes que exigirá la formación del partido proletario mundial.

Sobre el proceso de agrupamiento de revolucionarios

1.- La unidad de los revolucionarios ha sido siempre, desde los albores del movimiento obrero, una preocupación fundamental para ellos. Esta exigencia fundamental de unidad entre los elementos más avanzados de la clase es una manifestación de la unidad profunda entre sus intereses inmediatos y sus intereses históricos y es un factor decisivo en el proceso que lleva a su unificación mundial, a la conquista de su propio ser. Ya fue así: en el intento de constitución en 1850 de una "Liga Mundial de Revolucionarios Comunistas" -que agrupaba a la "Liga de los Comunistas", a los "Blanquistas" y a los "Cartistas" de izquierda-; en la fundación de la AIT en 1864; en la Segunda Internacional en 1889 y en la Internacional Comunista en 1919. Cada etapa importante del movimiento obrero estuvo pues marcada por esa voluntad de reagrupamiento mundial de revolucionarios.

2.- Aunque sea la respuesta a una exigencia básica de la lucha de clases, la tendencia hacia la unidad de los revolucionarios, de igual forma que la tendencia hacia la unidad de la clase obrera en su conjunto, ha estado constantemente entorpecida por toda una serie de factores:

  • los vestigios del propio marco histórico en que se desarrolló el capitalismo: con sus diferencias regionales, nacionales, culturales y económicas, evidentemente. El capitalismo tiende a destruir ese marco, pero, en realidad, no puede superarlo a causa de sus propios límites, de tal modo que sigue pesando sobre la lucha y la conciencia de clase del proletariado;
  • la propia inmadurez política de los revolucionarios: con sus incomprensiones, las insuficiencias de sus análisis, las dificultades para liberarse del sectarismo, del espíritu de capilla y de toda clase de influencias ideológicas pequeño burguesas y burguesas en su propio seno.

3.- La capacidad de los revolucionarios de tender hacia la unidad para superar esos obstáculos es, en general, la expresión fiel de la relación de fuerzas entre las dos clases antagónicas fundamentales de la sociedad: la burguesía y el proletariado.

Si a los periodos de reflujo de la lucha de clases les corresponde, en general, un movimiento de dispersión y aislamiento mutuo entre las diferentes corrientes y los distintos elementos revolucionarios; en los periodos de avance del proletariado se concreta la tendencia fundamental hacia la unidad de los revolucionarios. Este fenómeno se manifiesta de manera muy clara cuando se forman los partidos del proletariado, resultantes generalmente del agrupamiento de varias tendencias políticas proletarias, en una situación de desarrollo cualitativo de la lucha de clases; como así ocurrió:

  • cuando se funda la socialdemocracia alemana en 1875, en Gotha (Lassallianos y Marxistas);
  • cuando se constituye el Partido Comunista, en Rusia en 1917 (bolcheviques y otras corrientes como el grupo de Trotski y el de Bogdanov);
  • Cuando se funda el Partido Comunista de Alemania en 1919 (Espartakistas, "izquierdas radicales", etc....);
  • Cuando se funda el Partido Comunista de Italia en 1921 (corriente Bordiga y corriente Gramsci).

Por muchas debilidades que tuvieran algunas de esas corrientes constitutivas y aunque, en general, la unificación se hiciera alrededor de una corriente políticamente mas sólida que las demás, el hecho es que la fundación del partido no es el resultado de una proclamación unilateral sino el producto de un proceso orgánico de agrupamiento de los elementos más avanzados de la clase.

4.- Que se produzca tal proceso de agrupamiento en los momentos de desarrollo histórico de la lucha de clases, se explica:

  • por la dinámica unitaria que inspira a la clase y que repercute sobre los revolucionarios mismos, empujándolos a superar divisiones artificiales y sectarias;
  • por la responsabilidad creciente que recae en los revolucionarios de ser factores activos e influyentes en las luchas inmediatas, que exigen, para llevarlas a cabo, una concentración especial de fuerzas y de medios;
  • porque se aclaran problemas y se superan divisiones sobre cuestiones que la propia práctica revolucionaria de la clase acaba por zanjar.

5.- La situación actual del medio revolucionario se caracteriza por su gran división, por sus grandes divergencias en cuestiones básicas, por el aislamiento de sus distintos componentes, por el peso del sectarismo, del espíritu de capilla, de la esclerosis de algunas corrientes y la inexperiencia de otras; manifestaciones todas ellas de la terrible presión de medio siglo de contrarrevolución.

6.-Si tal situación se mira de manera estática se puede concluir en la idea, que defiende en particular el grupo FOR (Fomento Obrero Revolucionario), de que no habría posibilidad alguna, ni presente ni futura, de acercamiento entre las diferentes posiciones y análisis del momento actual, de que ese acercamiento sólo podría venir por la adquisición de una coherencia y una claridad comunes, bases éstas indispensables para que se constituya una organización unificada. Esta manera de ver ignora dos elementos fundamentales:

  • la fuerza que aporta la discusión, la confrontación de posiciones y de análisis para aclarar problemas; aunque sólo sea porque permite entender mejor las posiciones respectivas y eliminar falsas divergencias;
  • la importancia de la experiencia práctica de la clase proletaria como factor de superación de incomprensiones y divergencias.

7.- Hoy, el hundimiento del capitalismo en la fase aguda de la crisis y el resurgir mundial del proletariado ponen al orden del día, de manera apremiante, el agrupamiento de fuerzas revolucionarias. El conjunto de problemas que nuestra clase tendrá que encarar en la práctica, las enseñanzas que los revolucionarios se verán obligados a sacar de la experiencia concreta:

  • es un terreno favorable para tal proceso de agrupamiento,
  • permitirá un esclarecimiento sobre cuestiones esenciales que hoy dividen a la vanguardia del proletariado, tales como las perspectivas del capitalismo, la naturaleza de los sindicatos y la actitud de los comunistas respecto a estos, la naturaleza de las luchas nacionales, la función del partido proletariado, etc.

El que la exigencia de unidad esté al orden del día y el que como consecuencia de eso se abran debates entre revolucionarios, y que ambas cosas sean una necesidad absoluta, no por ello se plasman mecánicamente en una realidad; ésta exige la toma de conciencia de tal necesidad y la voluntad militante de asumir la intervención en los debates en un decidido esfuerzo por la clarificación. Los grupos que en el momento actual no han tomado conciencia de esa necesidad y se niegan a participar en el proceso de discusión y de agrupamiento están condenados, si no cuestionan sus posiciones, a convertirse en trabas para el movimiento y a desaparecer en tanto que expresiones del proletariado.

8.- Ha sido el conjunto de estas consideraciones lo que ha inspirado a la CCI a participar en los debates abiertos con la Conferencia de Milán en mayo de 1977 y la de París de Noviembre de 1978. Es fundamentalmente porque la CCI analiza el período actual como periodo de reanudación histórica de la lucha de la clase obrera, por lo que tiene tanto apego al esfuerzo de confrontación, por lo que condena con firmeza la actitud de los grupos que desdeñan o se niegan a ese esfuerzo y por lo que considera que esta actitud es una posición política por sí misma, cuyas implicaciones son por lo menos tan importantes como otras posiciones erróneas que siguen pesando sobre las corrientes comunistas. Por lo tanto, la CCI estima que esas discusiones son un elemento importantísimo en el proceso de agrupamiento de las fuerzas revolucionarias que tiene que conducir a su unificación en el seno del partido mundial del proletariado, arma esencial de su combate revolucionario.

París, noviembre de 1978