Bilan: lecciones de España 1936 y crisis en la Fracción

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Introducción a los “Textos escogidos de la revista “Bilan”

En los números 4 y 6 de la Revista Internacional<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> publicamos una primera serie de artículos de “Bilan” (Balance) que empieza con la caída del régimen de Primo de Rivera y de la monarquía y que acaba con los acontecimientos  de 1936. En esos artículos-análisis, “Bilan” se esforzaba en demostrar que la caída de la monarquía era resultado  de su anacronismo; que el monárquico era un sistema absolutamente inadecuado para enfrentarse a las dificultades del capitalismo español de entonces; dificultades que eran una expresión más de la crisis general del capitalismo mundial y que por tanto, para analizar la situación en España, para comprender su evolución, había que partir de ese contexto histórico. El planteamiento de la Izquierda Comunista, con la Fracción Italiana a su cabeza, se oponía radicalmente al de Trotski y al de otros grupos, productos de la degeneración de la I.C. Estos basaban sus análisis sobre todo en las particularidades de España, lo que les llevaba a toda clase de aberraciones; concretamente, a ver en el advenimiento de la República el triunfo de una especie de Revolución democrático-burguesa “progresista” que finiquitaba con el antiguo “orden feudal” español. Claro que “Bilan” no ignoraba el atraso del capitalismo español; al contrario, insistía sobre este hecho pero rechazaba enérgicamente lo absurdo que era decir que dicho retraso feudal engendraría una revolución democrático-burguesa y todo lo que eso implica. De manera general, “Bilan” rechazó categóricamente toda idea de revolución democrático-burguesa en el período histórico presente de declive del capitalismo, en el que la única alternativa que se presenta  a la sociedad es la de: Revolución proletaria o guerra imperialista, socialismo o barbarie (decadencia)<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->.

Esos grupos de izquierda, aunque en su mayoría no se referían a una “revolución antifeudal”, se empeñaban en ver en los acontecimientos de España un movimiento que fortalecería continuamente a la clase obrera y obligaría a la burguesía a recular. Así fue como interpretaron el reforzamiento de la República y el de los partidos de “izquierda”  que estaban en ella. El desarrollo de la “democracia”  era comprendido como la manifestación del avance del proletariado, como el reforzamiento de sus posiciones de clase. El afianzamiento del Estado “democrático” y de su aparato, a pesar de su carácter muy represivo, era percibido como una manifestación de la debilidad de la burguesía, sinónimo a la vez de reforzamiento del proletariado y condición de su avance posterior.

La interpretación de “Bilan” era diametralmente opuesta. “Bilan” veía en esa República democrática la implantación de una estructura estatal mejor adaptada para desviar a la clase obrera de su terreno de clase, desmovilizarla políticamente e incluso aplastarla físicamente. En efecto, el capitalismo mundial -del que el español era parte integrante- iba avanzando a toda prisa hacia la única salida de su crisis mundial: la guerra imperialista.

Por otra parte, el capitalismo había logrado dominar y detener totalmente la única alternativa a la guerra capaz de obstaculizar su desencadenamiento: la lucha de clase del proletariado. A causa de las múltiples derrotas sufridas, del triunfo en algunos países del estalinismo, del fascismo, del hitlerismo, de los frentes populares,…, la clase obrera de los principales países se encontraba profundamente desmoralizada e impotente.

Tan solo en la zona ibérica el proletariado conservaba aún un enorme potencial de combatividad que se había hecho insoportable para el capitalismo; y éste, no sólo tenía que aplastarlo sino que además debía utilizar la feroz sangría de los obreros españoles para crear el ambiente necesario para que los proletarios de todos los países del mundo se “adhieran” a la matanza   imperialista.

Este es el significado y la obra de la República  democrática y del triunfo del Frente Popular en España. Tal diferencia en el análisis y en las perspectivas aislaba cada día más a la Fracción Italiana de los demás grupos que sobrevivieron a la degeneración de la IC. Los esfuerzos de “Bilan”, sus apasionadas advertencias contra los peligros y la catástrofe inminente que se estaba preparando para el proletariado en España quedaban sin eco; y “Bilan” sólo podía mirar con tristeza la ceguera de esos grupos, los graduales errores que los harían víctimas y cómplices de la matanza llamada “anti-fascista” que iba a desencadenarse por toda España.

El desarrollo de los acontecimientos no tardará en confirmar la definitiva involución de esos grupos. Ninguno de ellos tendrá la fuerza necesaria para evitar ser engullido por el engranaje de la guerra imperialista, puesta en marcha por el levantamiento del ejército bajo el mando de Franco. La magnífica y espontánea respuesta del proletariado que, mientras se mantuvo en su terreno de clase, acabó rápidamente con el ejército en los principales centros obreros, pronto quedó disuelta por una maniobra envolvente del Estado Republicano. Todas las fuerzas políticas organizadas que actúan en el seno de la clase y a la vez contra ella: PC, PS, anarquistas, sindicatos UGT y CNT,  se emplearán a fondo para  arrancar de las manos de los obreros la victoria obtenida contra el ejército; transformando esta victoria de clase en una defensa de la democracia, del Estado republicano y del orden capitalista. Los límites de clase serán difuminados, las fronteras de clase eclipsadas. La lucha de clases -proletariado contra capitalismo- será  sustituida por la lucha contra el fascismo, cuya única alternativa es la democracia, la “Unión de todas las fuerzas democráticas” -plataforma clásica de la dominación capitalista-. Es el “ensayo general” de lo que va a servir perfectamente de Plataforma, banderín de enganche y de mistificación para la movilización en la II Guerra Mundial imperialista: democracia contra fascismo.

Así se cerraba la argolla, confirmando trágicamente la tesis de “Bilan” sobre la naturaleza y la función de la democracia en general y en España en particular: la democracia, lejos de ser un signo de afianzamiento del proletariado y lejos de constituir un trampolín para nuevas conquistas de la clase obrera, como pretendían los diferentes grupos de izquierda, era al contrario el signo de su desbandada y la condición de nuevas derrotas, que la llevarían finalmente a la guerra imperialista. Tales acontecimientos no sólo  confirmaban la tesis de “Bilan” sino que esta tesis revolucionaria le permitió permanecer fiel a sí mismo; es decir, fiel a los principios revolucionarios de la clase, y no dejarse arrastrar en el cenagal nauseabundo de la guerra imperialista “antifascista”. Y esto es un gran mérito y un honor para todo grupo que se declara revolucionario.

Muy distinta era la situación de la mayoría de los demás grupos de izquierda e incluso comunistas. Tal es el caso,  sin hablar de gentuza como los socialistas de izquierda estilo Pivert y compañía, del conjunto de los grupos de la oposición trotskista, del POUM, de los sindicatos revolucionarios e incluso de grupos como la Unión Comunista en Francia y el Grupo Internacionalista de Bélgica, que se hundieron miserablemente en el lodazal antifascista de la guerra en España.

Unos con entusiasmo y otros a regañadientes y heridos en su fuero interno, todos estaban atrapados en la red antifascista tejida por sus propias manos, y entre cuyos hilos se debatían de manera lamentable. Los grupos más radicales, que solían denunciar al Frente Popular y la participación en el Gobierno republicano, pensaban sin embargo que la participación en la guerra contra Franco era indispensable ya que, para ellos, la victoria militar contra el fascismo era la condición del  avance de la Revolución. Y se esforzaban en aunar una guerra “exterior”, la de los frentes contra Franco, con una lucha de clase, contra el Gobierno republicano burgués, en el interior.

En el número 6 de nuestra Revista Internacional reproducimos una serie de artículos en los que “Bilan” destroza todo ese tejido hecho con ergotismos y sofismas que no tenían otra consecuencia que la de justificar, por encima de todo, la participación en la guerra imperialista, camuflada como antifascismo proletario, para el bien de la causa. La guerra de España desemboca directamente en la segunda guerra mundial. Los grupos radicales, caídos en su propia trampa, no tuvieron más remedio que desmenbrarse y desaparecer; en cuanto a los demás, como los trotskistas, acabaron pasándose definitivamente, con armas  y equipos, al campo del enemigo de clase y participaron plenamente en la guerra imperialista generalizada.

Los acontecimientos de España daban a los revolucionarios otra lección capital: un grupo proletario no mete  impunemente los dedos en el engranaje capitalista sin que en un momento dado, en esos bruscos cambios que conoce la historia, acabe arrastrado irremediablemente por él y destrozado sin piedad. Si bien la clase obrera, engañada y aplastada, vuelve a resurgir siempre, porque fue y sigue siendo el sujeto de la historia, no pasa igual con sus organizaciones revolucionarias, que no son sino organismos e instrumentos de la clase. Atrapadas éstas en los mecanismos del enemigo están definitivamente perdidas y destruidas para el proletariado; en ese momento, la clase no tendrá más opción que segregar otras nuevas. Las organizaciones revolucionarias están siempre expuestas a ser corrompidas o devoradas por el enemigo de clase. No existe ninguna garantía  absoluta contra esos peligros. Únicamente la fidelidad a los principios y la vigilancia política constante ofrecen a la organización revolucionaria alguna seguridad contra la penetración corruptora de la ideología del enemigo de clase dentro de sus filas. Y aún así, no es siempre seguro.

En  el número seis de nuestra Revista Internacional, acabamos la serie de artículos de “Bilan” con el titulado: “El aislamiento de nuestra fracción ante los acontecimientos de España”. “Bilan” escribe en él: “Nuestro aislamiento no es fortuito: es la consecuencia de una victoria  profunda del capitalismo mundial, que ha logrado gangrenar hasta los grupos de la Izquierda Comunista.” La Fracción Italiana, al haber acabado los demás grupos completamente gangrenados por el capitalismo mundial, no sólo se encontrará aislada sino que además, y  a pesar de toda su vigilancia, ella tampoco logrará escapar por completo a la presión capitalista y, a su vez, será verá infectada por esa misma gangrena. El mal se manifestará, dentro de sus filas, con la aparición de una minoría que propugnará el apoyo a la  guerra "antifascista de España".

Es bien sabido que declarada la I Guerra Mundial gran parte de la Sección parisina del Partido Bolchevique se pronunció a favor de la guerra “defensiva” de los aliados “democráticos” contra el militarismo imperialista prusiano.

Con la minoría de la Fracción Italiana se verifica una vez más la ausencia de inmunidad absoluta contra la infección capitalista en el cuerpo de los revolucionarios y también -fue lo que pasó con el Partido Bolchevique- que la buena salud general de la organización pudo acabar con esa gangrena sin demasiadas pérdidas.

Hemos considerado imprescindible publicar todos los textos y declaraciones, tanto los de la minoría como los de la mayoría, que se refieren a los debates y a la crisis que tuvieron lugar en la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista. Y eso por varias razones: Primero, el no haberlo hecho hubiera sido faltar al deber más elemental de información revolucionaria. La lectura de esos textos es altamente edificante y da una idea de la dimensión, del contenido y del alcance de estos debates y una visión más exacta de la vida política  en la Fracción. Los argumentos de la Minoría, más una reacción sentimental que  una verdadera voluntad revolucionaria, no son muy distintas de la manera de razonar de otros grupos radicales que cayeron en las mismas mistificaciones y los mismos errores. Su principal argumento consistía en decir que no intervenir es como esperar sentados o permanecer indiferentes; ambas cosas, desde luego, insoportables dadas las circunstancias.

Estar o ponerse contra el “esperar sentados” sirve muchas veces de pretexto a precipitaciones desconsideradas e irreflexivas<!--[if !supportFootnotes]-->[3]<!--[endif]-->. Y la minoría, desgraciadamente, lo experimentó así. Por eso sorprende el hecho de que los bordiguistas nos lo echen en cara hoy en día para justificar su apoyo a las luchas  (matanzas) de liberación nacional.

Nadie se sorprenderá al enterarse de que tras sus desventuras en la milicia antifascista del POUM y su incorporación en el ejército, disuelta ya la milicia; la minoría, a su regreso desde España, se meta en las aguas turbias de Unión Comunista. Era su lugar natural. Nadie se sorprenderá tampoco de que al final de la guerra, una vez más, la minoría sea la más entusiasta partidaria de la constitución del Partido bordiguista y de que acabe siendo, en Francia, la sección de ese Partido. Allí encontró su espacio natural. Y fue un buen desquite, porque fueron las posiciones de la Minoría las que triunfaron realmente en el PCI. Si el PCI no reconoce sus orígenes en la fracción Italiana ni en “Bilan”, debería por lo menos reconocer algunas de sus raíces en las posiciones políticas de la minoría de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista y así rendirle justicia.

En fin, resulta muy interesante y significativo ver cuanto se esforzó la Fracción en llevar adelante las discusiones; con qué paciencia aguantaba todas las infracciones de la minoría, haciéndole toda clase de concesiones organizativas. Y no lo hacían para mantenerles dentro, ya que la Fracción consideraba que las posiciones políticas de aquella eran incompatibles con las suyas y la escisión absolutamente inevitable, si no para llevar la clarificación de las divergencias a su punto extremo y que la escisión sirviera para reforzar la conciencia y la cohesión revolucionarias. Esta es una de las grandes lecciones, poco común,  que nos ha dejado la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista.

Con la tendencia que hay actualmente a la reconstitución del movimiento revolucionario, los grupos jóvenes que están naciendo deberán meditar sobre esta lección para asimilarla completamente y hacer de ella un arma más, a favor del reagrupamiento de los revolucionarios.

Al final de esta serie de textos publicaremos el “Llamamiento de la Izquierda Comunista en respuesta a las matanzas del mes de mayo de 1937 que cierra definitivamente el debate con la minoría sobre el verdadero significado del Gobierno Republicano de coalición antifascista y el sentido exacto de los acontecimientos ocurridos en España. Quienes pretenden sacar de esos acontecimientos lecciones positivas (colectivización en el campo, sindicalización de la industria, o no se sabe qué formas nuevas o superiores de autonomía obrera) se auto-embaucan con las apariencias, que toman por realidad.

La única y trágica realidad fue que España se transformó en una inmensa carnicería en la que fueron ejecutados, por centenares de miles, los obreros españoles; en nombre de la defensa de la democracia y como preparación para la segunda guerra imperialista. Esa es la única lección que tienen que sacar los obreros del mundo entero y  nunca deben olvidarla.

Comunicado de la Comisión Ejecutiva - Extractos

(Bilan, n° 34. Agosto 1936)

Los acontecimientos de España han abierto una grave crisis en el seno de nuestra organización. Las circunstancias  no han propiciado una discusión profunda de las divergencias, sobre todo porque una parte de camaradas se encuentra en estos momentos en la imposibilidad de participar personalmente con sus opiniones.

En esta situación, la C.E. sólo ha podido tomar nota de la primera delimitación de posiciones políticas, aunque comprueba que  plantean el problema de una escisión en nuestra organización, de manera irremediable. Escisión desde el punto de vista ideológico, que no organizativo, y esto sólo a condición de que se imponga la claridad más completa sobre los problemas fundamentales en que ha habido contraste.

Además de la concepción que la Fracción defiende públicamente (sobre la que no hace falta explicarse), se han ido manifestando en su seno (como ya dijimos) otras opiniones,  las cuales se ven actualmente impotentes para concentrarse alrededor de una posición general o definirse entre si, aclarando sus límites respectivos. La idea central, dominante entre los camaradas que no comparten la opinión  de la mayoría actual de la organización, es la que considera posible que se afirme la independencia de la clase obrera, sobre todo en Catalunya, sin lograr el cambio radical de toda la situación, sin oponer a los actuales frentes -a los que nosotros consideramos imperialistas- los frentes de la lucha de la clase obrera en las ciudades y en el campo.

La Comisión ejecutiva (C.E.) ha decidido no violentar la discusión, para permitir que la organización se beneficie de las contribuciones de los camaradas que ahora están imposibilitados para intervenir activamente y también porque la evolución ulterior de la situación permitirá una mejor clarificación de las divergencias fundamentales surgidas. Está claro que los compañeros de la actual minoría tienen la posibilidad, como los demás, de separar públicamente sus responsabilidades y, reivindicando su pertenencia a la Fracción, continuar la lucha en España sobre la base de sus posiciones, encaminadas a consolidar y precisar una posición autónoma de la clase obrera, incluso en la actual situación.

Contamos con que en el próximo número de “Bilan” publicaremos todos los documentos relativos a las divergencias surgidas en el seno de nuestra organización.

 

La crisis en la Fracción

Comunicado de la C. E. - Extractos (Bilan, n° 35. Set-oct. 1936)

La crisis surgida en la Fracción, como consecuencia de los sucesos de España, ha dado un primer paso en su evolución. Las  divergencias fundamentales que habíamos enunciado en el comunicado precedente se han vuelto a manifestar en las discusiones que ha habido en el seno de la organización. Esas discusiones no se han encaminado todavía hacia la clarificación de lo fundamental en la controversia, sobre todo porque la minoría no ha podido  por ahora analizar los sucesos de España de manera que ello le sirva para confirmar las posiciones centrales que defiende.

La C.E., basándose en las nociones programáticas que defiende respecto a la construcción del partido y frente a las divergencias capitales, que no sólo hacen imposible una disciplina común sino que la transforman  en un obstáculo que impide la expresión y desarrollo de  posturas políticas, ha considerado que hay que llegar, en lo organizativo, a una separación tan neta como la existente en lo político, terreno en el que ambas concepciones son, en realidad, un eco de la oposición existente entre el capitalismo y el proletariado.

La C.E., ha comprobado que la minoría se orienta también hacia la separación, pues esta última acaba de constituir un “Comité de Coordinación”. Este Comité ha tomado una serie de decisiones que la C.E. se ha limitado a registrar sin hacer ninguna crítica y tomando las medidas necesarias para facilitar la más completa actividad de la minoría. Sin embargo, la C.E. ha estimado que no aceptará la petición de reconocimiento de la Federación de Barcelona, al haberse constituido ésta última sobre la base del alistamiento de milicias que se han ido convirtiendo progresivamente en órganos dependientes del Estado Capitalista.

La divergencia con algunos de los miembros de la Fracción, sobre la cuestión de las milicias está aun pendiente de someterse a la apreciación del próximo Congreso de nuestra Fracción; teniendo en cuenta que las divergencias tienen como telón de fondo la solidaridad, a la que se refieren los documentos fundamentales de la Organización. Es distinto para quienes quisieran adherirse a la Organización sobre la base política del alistamiento en las milicias, pues sólo el Congreso podrá zanjar si esto está o no en contradicción con los documentos programáticos de la Fracción. Por estas razones, la C.E. ha decidido no reconocer a la Federación de Barcelona y  adjudicar los votos, de los camaradas que están en ella, a los grupos a que pertenecían antes de irse.

La C.E. vuelve a afirmar que la unidad de la Fracción, que ha quedado  rota con los sucesos de España, sólo podrá reconstruirse si se excluyen ideas políticas que lejos de producir una ayuda solidaria al proletariado español lo que hacen es dar crédito ante las masas a fuerzas que le son profundamente hostiles y que el capitalismo utiliza para exterminar a la clase obrera en España y en todos los países.

La revolución española - Extractos (Bilan, n° 35. sept-oct 1936)

Este artículo, de un compañero de la minoría, fue escrito el 8 de agosto, en un momento en que la escasez  de noticias apenas permitía el análisis de los sucesos en curso. Al autor le ha resultado imposible revisar el texto para hacer las rectificaciones necesarias respecto a algunos hechos  que se evocan. Esperamos que el lector lo tenga en cuenta.

La caída de la monarquía, aunque   tuvo lugar de manera sosegada y  “caballeresca” (en un ambiente festivo y sin luchas), inicia la crisis revolucionaria en España.

La dictadura de Primo de Rivera había sido también un síntoma de esa crisis.

La estructura económica y política de España está totalmente construida sobre el andamiaje feudal de un Estado  que vivió, durante cuatro siglos, parasitando y explotando un imperio colonial inmenso, lleno de riquezas inagotables. A finales del siglo XIX, con la pérdida de sus últimas posesiones coloniales, el papel de España quedó reducido al de un país de tercer orden, que vegetaba gracias a la exportación de su producción agraria. La crisis mundial que siguió a la gran Guerra restringió considerablemente los mercados y redujo las reservas acumuladas durante ese periodo (debido a la neutralidad del país), planteando el problema de su transformación económica. Estimuladas por la situación, las fuerzas productivas tendían a crear un aparato industrial moderno, a   promover un  mercado interno para la producción industrial, transformando   el sistema productivo agrario; pero chocaban con el conservadurismo de las viejas capas feudales privilegiadas. 

Cinco años de gobiernos sucesivos de izquierdas y de derechas no han resuelto nada, ni siquiera el problema político de la forma constitucional; la República misma está amenazada por un partido monárquico decidido. Tampoco han solucionado el problema económico, que sólo puede encontrar una solución definitiva con la ruptura violenta de las relaciones sociales en el campo.

La cuestión agraria es de importancia primordial; y no puede  ser resuelta en el marco de las  instituciones burguesas, sino por la vía revolucionaria, por la expropiación, sin indemnización, de latifundios y dominios señoriales.

En un país de medio millón de kilómetros cuadrados de superficie, dos tercios de las tierras cultivadas pertenecen a 20.000 propietarios. El resto se  reparte entre veinte millones de seres que se consumen en la miseria, el embrutecimiento y la ignorancia seculares.

La tentativa de reforma agraria de Azaña no dio más que resultados negativos: a la confiscación, con indemnizaciones a los propietarios, siguió un reparto de tierras que resultó de lo más oneroso para el campesinado, quien tuvo que empezar a cultivar una tierra, la más de las veces árida y abandonada, con deudas y sin ningún capital circulante. En los sitios en que ha habido reparto de tierras, ha habido también irritación entre los campesinos, que no han conseguido sacar ninguna ventaja con la posesión.

Esta situación de descontento podría explicar por qué los “rebeldes” han encontrado, en algunas provincias agrarias, el apoyo de las poblaciones locales.

La amenaza de un ataque reaccionario en profundidad, tras dos años de gobiernos de  derechas, determina la formación de una coalición de partidos republicanos y obreros  que provoca la victoria electoral del 16 de Febrero. La presión de las masas, que abren las puertas de las cárceles a los 30.000 presos políticos, antes incluso de que se promulgue el decreto de amnistía, desplaza la relación de fuerzas; pero las esperanzas de las masas han sido defraudadas. A lo largo de los cinco meses de actividad del gobierno del Frente Popular, no ha habido ningún cambio radical en la situación política. La situación económica por su parte, sigue siendo muy grave. No se hace nada para dar una solución definitiva; esto se explica por el carácter burgués del nuevo gobierno que se limita a adoptar una actitud defensiva respecto al partido monárquico, desplazando a Marruecos  un buen número de oficiales infieles al régimen republicano. Así se comprende que Marruecos haya sido la cuna de la rebelión  militar,  que ha podido contar en   pocos días con un ejército de 40.000 hombres totalmente pertrechados y a cubierto de cualquier amenaza represiva. La Legión Extranjera, base de ese ejército, cuenta de hecho con muy pocos elementos extranjeros (10-15%);  la mayoría de los alistados son españoles: parados, desclasados, criminales, es decir, auténticos mercenarios, fácilmente atraídos por el espejismo de la soldada y el rancho.

Al asesinato del teniente Castillo, socialista, le siguió, como represalia, el de Calvo Sotelo, jefe monárquico (9 y 10 de julio); lo que fue utilizado, por la derecha, como pretexto para actuar. El 17 de Julio empieza la insurrección. Esta no tiene el carácter del típico  pronunciamiento militar, que cuenta con la sorpresa y la rapidez y que tiene siempre objetivos limitados: generalmente, el cambio del personal gubernamental.

La duración y la intensidad de la lucha prueban que nos encontramos ante  un amplio movimiento social que está removiendo hasta las raíces a la sociedad española. La prueba está en que el gobierno democrático, cambiado dos veces en algunas horas, en  lugar de replegarse o apresurarse  por llegar a un compromiso con los jefes militares sublevados, prefiere aliarse con las organizaciones obreras, aunque sin entregar, en ningún momento, armas a la clase obrera.

Este suceso tiene una importancia enorme. La lucha, aunque continúa estando formalmente encerrada en el marco de la competencia entre grupos burgueses y aunque le pongan la etiqueta: “defensa de la república democrática contra la amenaza de dictadura fascista”, alcanza hoy una significación más amplia, un valor profundo de clase; se está  convirtiendo en levadura, en fermento propulsor  de una verdadera guerra social.

La autoridad del gobierno está hecha trizas; en pocas  días el control  de las operaciones militares ha pasado a manos de la milicia obrera; los servicios de logística, lo que en general se refiere a la dirección de la guerra, la circulación, la producción, la distribución, todo, se pone en manos de las organizaciones obreras.

De hecho, quien gobierna son las organizaciones obreras; el Gobierno legal es una cáscara vacía, un simulacro de gobierno,  prisionero de  la situación.

Incendio de iglesias, confiscación de bienes, ocupación de casas y propiedades, requisa de periódicos, condenas y ejecuciones sumarias, incluso de  extranjeros,  son las formidables expresiones violentas y populares  del cambio profundo en las relaciones de clase, que el gobierno  burgués  no puede parar. Entre tanto, el gobierno interviene, no para aniquilar sino para legalizar “la arbitrariedad”. Se mete mano a los bancos y a las fábricas abandonadas por los patronos y se nacionalizan las fábricas que producen para la guerra. Se adoptan medidas sociales: semana de 40 horas, aumentos de salarios del 15%, reducción del 50% en los alquileres,...

El 6 de agosto tiene lugar un reajuste ministerial en Cataluña bajo la presión de la C.N.T. Al parecer,  Companys, presidente de la Generalitat es obligado, por las organizaciones obreras, a permanecer en su puesto para evitar complicaciones internacionales que, de todas maneras, acabarán por producirse en el transcurso de los acontecimientos.

El gobierno burgués todavía se mantiene. No cabe duda de que, una vez alejado el peligro, intentará desesperadamente recobrar la autoridad perdida.

Para la clase obrera comenzará una nueva fase de la lucha.

Es indudable que la lucha se desencadenó  por la  competencia entre dos fracciones burguesas. La clase obrera se alió con la fracción dominada por la ideología del Frente Popular. En esta situación, el gobierno democrático proporciona armas al proletariado, como último recurso para su defensa. Pero el estado de disolución de la economía burguesa excluía cualquier posibilidad de reajuste, fuese con la victoria  del fascismo o con el triunfo de la democracia. Únicamente una intervención continuada y autónoma del proletariado podrá resolver la crisis de régimen de la sociedad española; pero el resultado de dicha intervención está condicionado por la situación internacional. La revolución española está estrictamente ligada al problema de la revolución mundial.

La victoria de un grupo o del otro no puede resolver el problema general que consiste en: la necesidad de un cambio fundamental en las relaciones de clase a escala internacional y en la desintoxicación de las masas, hipnotizadas por el credo del Frente Popular. Ahora bien, el que gane un grupo u otro tiene unas repercusiones políticas y psicológicas  que hay que tener en cuenta para analizar la situación. La victoria de los militares, no sólo significaría una victoria sobre el método democrático de la burguesía, sino que sería también la victoria brutal y despiadada sobre la clase obrera que se entregó, totalmente y como clase independiente, a la lucha. La clase obrera sería clavada en la cruz de la derrota de manera irremisible y total, como pasó en Italia y en Alemania. Además, toda la situación internacional se amoldaría a la victoria del fascismo español y caería sobre los trabajadores del mundo entero una ráfaga de violenta represión.

No vamos a entrar a discutir la idea de  que si los reaccionarios se alzaran con la victoria, el proletariado recobraría con más ímpetu su conciencia de clase; ni la de que la victoria gubernamental crearía unos cambios muy importantes en la situación internacional, al devolverle la conciencia y el ánimo al proletariado en diferentes países. De lo que no cabe duda es que esas ventajas serían neutralizadas, en buena parte, por la influencia nefasta de una intensa propaganda nacionalista y antifascista y serían utilizadas como banderín de enganche por los partidos del Frente Popular y, en primer lugar, por el Partido comunista.

Es improbable que la derrota de los militares tenga como consecuencia ineluctable el refuerzo del gobierno democrático. Por el contrario, lo que ocurrirá es que las masas, todavía armadas, orgullosas (de una victoria dolorosa y cuestionada) e incluso fortalecidas por la experiencia adquirida en la violencia de la batalla, pedirían cuentas al Gobierno. Las tracas ideológicas que disparó el Frente Popular para confundir a las masas, podrían  estallarle a la burguesía en las propias manos.

Sólo una gran desconfianza en la inteligencia de clase de las masas  puede llevar a admitir que la desmovilización de millones de obreros, después de haber estado implicados en un largo  y duro combate, pueda hacerse sin tropiezos ni tempestades.

Suponiendo que a la victoria del gobierno le siga, sin fricciones, el desarme material y espiritual del proletariado, no hay que negar la posibilidad de un cambio en las relaciones de clase. Nuevas y potentes energías podrían surgir de esta amplia conflagración social y la evolución hacia la formación del partido de clase se vería acelerada.

La lucha de clases no es  cera blanda que se moldea según nuestros esquemas y nuestras preferencias. Se determina dialécticamente. En política, la previsión representa siempre una aproximación a la realidad.

Cerrar los ojos ante la realidad, únicamente porque no corresponde al esquema mental que nos hemos fabricado, significa inhibirse del movimiento y desterrarse definitivamente  del dinamismo de la situación.

La corrupción ideológica del Frente Popular y la ausencia del partido de clase son dos elementos negativos y de una importancia aplastante. Por eso precisamente, nuestros esfuerzos deben, en estos momentos, estar  del lado de los obreros españoles.

Decirles “ese peligro os amenaza” y no intervenir nosotros mismos para luchar contra ese peligro, es demostrar insensibilidad y diletantismo. Nuestro abstencionismo en el drama español significa la liquidación de nuestra Fracción; una especie de suicidio, por ingestión de pócimas doctrinarias.

Pagados de nosotros mismos, como Narciso, nos ahogamos en las aguas de las abstracciones en que nos complacemos; mientras, la bella ninfa Eco languidece y muere por amarnos.

Tito

La crisis en la Fracción - Extractos (Bilan, n° 35.  sept-oct. 1936)

Comunicado del “Comité de Coordinación”

La minoría de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista, después de haber examinado los acontecimientos en España y habiendo tomado acta de los informes narrados de viva voz por un delegado que estuvo allí:

NIEGA toda solidaridad y responsabilidad con las posiciones tomadas por la mayoría de la Fracción por medio de la prensa (“Prometeo”, “Bilan”, Manifiestos, etc.,...).

ESTÁ CONFORME con la actitud del grupo de camaradas que, en contra del veto de la C.E., se fueron a España a defender, con las armas en la mano, la revolución española, incluso en el frente militar.

CONSIDERA que las condiciones para la escisión ya están cumplidas, pero que la ausencia de los compañeros que están combatiendo le quitaría hoy a la discusión un elemento indispensable, político y moral, de clarificación.

ACEPTA el criterio de aplazar hasta un próximo congreso la solución definitiva que hay que dar a las divergencias.

PERMANECE (organizativamente hablando -no ideológicamente) en las filas de la fracción; a condición de que se le garantice la libre expresión, tanto en la prensa como en las reuniones públicas.

DECIDE:

ENVIAR inmediatamente a España a uno de sus delegados y sucesivamente, si es necesario, un grupo de compañeros para hacer un trabajo consecuente en el seno del proletariado español y de acuerdo con las ideas de su vanguardia, esté donde esté, para acelerar el curso de la evolución política del proletariado en lucha, hasta la total emancipación de cualquier influencia capitalista y de cualquier ilusión de colaboración de clase, asociando a ese trabajo político, en cuanto sea posible , a los compañeros que están actualmente en el frente.

NOMBRAR un Comité de Coordinación que regulará las relaciones entre los compañeros, la Federación de Barcelona (cuyo reconocimiento se exige de inmediato) y los compañeros de los otros países, con la finalidad de definir las relaciones que la minoría tendrá respecto a la C.E.

EXIGE que se publique el presente orden del día  en el próximo número de “Prometeo” y de “Bilan”;

CONCLUYE enviando un saludo fraternal al proletariado español que está defendiendo la revolución mundial en las milicias obreras.

La minoría de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista

 

La crisis en la Fracción - Extractos (Bilan, n° 36.  Oct.-nov. 1936)

Comunicado de la C.E.

La Comisión Ejecutiva se mantiene totalmente fiel al principio de que  la escisión en el seno del órgano fundamental del proletariado trastorna y paraliza  el delicado proceso de  la vida y la evolución de éste último, excepto en el caso en que la escisión sea el resultado, en la práctica, de divergencias programáticas que expresan o tienden a expresar las reivindicaciones históricas de la clase en su totalidad  y no las de una tendencia particular en el seno de ese órgano.

La C.E., constata: que la minoría se inspira en otros criterios y amenaza con pasar a la escisión no sólo antes del Congreso sino antes de que haya empezado la discusión sobre el controvertido punto del reconocimiento o no del grupo de Barcelona.

Pese a la conminación de la minoría, la C.E. se mantiene en el deber de salvaguardar y aplicar el principio de: la necesidad de un Congreso para solucionar la crisis en la Fracción.

La C.E. había ratificado la medida tomada por uno de sus representantes consistente en tomar acta de todas las decisiones del Comité de Coordinación. El Comité se limitó a pedir el reconocimiento del grupo de Barcelona. Esto no era una decisión sino simplemente una demanda a la C.E., que quedaba libre para decidir. Es pues inexacto hablar de compromisos no cumplidos.

La C.E. se basó en un criterio elemental y de principio de la vida de la organización cuando decidió no reconocer al grupo de Barcelona. Se apoyó en consideraciones que fueron publicadas en nuestro precedente comunicado,  pero que ni siquiera han sido discutidas por el Comité de Coordinación. No se decidió ninguna exclusión contra los miembros de la Fracción; por eso, resulta incomprensible la decisión del Comité de Coordinación de considerar como excluido al conjunto  de la minoría si no es reconocido el grupo de Barcelona.

La C.E., ante el estado actual de deficiente elaboración de las normas que reglamentan la vida de la organización en un momento de crisis y aunque está convencida de lo justo de su precedente decisión;  para dirigir al conjunto de la Fracción a la fase ulterior de la discusión programática, y ante el ultimátum del Comité de Coordinación, rectifica su decisión anterior y decide reconocer al grupo de Barcelona.

La C.E. había planteado también algunas consideraciones políticas referentes a la imposibilidad de integrar nuevos militantes en un período de crisis que acabaría en escisión (esa era la convicción de las dos tendencias). Los nuevos elementos, llegados a la Organización durante la discusión de los problemas, se hubieran encontrado en la absoluta imposibilidad de resolver el problema fundamental, referente a puntos del programa, y que sólo  puede ser solucionado por quienes formaban parte de la Organización, antes de que se declarara la crisis, y que habían aprobado los documentos de base de la Fracción.

El Comité de Coordinación continúa su camino en una vía que no puede conducir a ningún resultado positivo para la causa del proletariado. Pretende además que lo único que ha guiado a la CE es su miedo a quedar en minoría. El Comité de Coordinación sabe tanto como la CE que, aún en la absurda hipótesis de poder contar con los votos de los proletarios que se adhirieron a la Fracción en Barcelona, el supuesto cambio en las actuales relaciones  no estaba asegurado.

La CE exhorta a todos los compañeros a tomar conciencia de la gravedad de la situación y a contener sus reacciones, para poder dedicarse a una discusión  cuya meta no será el triunfo de una o de otra tendencia sino la legitimación de la Fracción para hacerse digna de la causa del proletariado revolucionario; rechazando las ideologías que se irán revelando, a lo largo de los acontecimientos que transcurren en España, como elementos nocivos para la lucha de la clase obrera.

 

Documentos de la minoría

Comunicado de la minoría

El Comité de Coordinación, en nombre de la minoría de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista:

Habiendo constatado que la CE no cumple con la palabra dada por su representante en el Comité de Coordinación, consistente en aceptar el orden del día presentado por la minoría y que pedía, entre otras cosas, el reconocimiento del grupo de Barcelona.

Visto el comunicado de la CE publicado en “Prometeo”, donde se declara que no se reconoce al grupo de Barcelona so pretexto de que las bases de su constitución consisten en la participación  en la lucha militar.

Y considerando que la base de constitución del grupo de Barcelona es la misma que la de la minoría.

Decide que si la CE sigue manteniéndose en su posición, la minoría  se considerará, toda ella, excluida de la Fracción.

Por la minoría: El Comité de Coordinación

P.S.: De la respuesta de la CE, fechada del 23 de Octubre, resulta que el no reconocimiento del grupo de Barcelona depende del hecho de que la minoría pudiera convertirse en mayoría. El Comité de Coordinación declara estar dispuesto a no tener en cuenta las votaciones de los nuevos afiliados en Barcelona y a que la CE pueda  considerar únicamente como válidas las votaciones de los compañeros adscritos antes de salir hacia España.

La minoría, por su parte, considera a los recién afiliados como miembros de la Fracción.

El Comité de Coordinación. 24/10/36

 

Moción votada en la reunión del grupo de Barcelona
de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista

(Antes de marchar al Frente)

Barcelona, 23 de agosto de 1936

Los camaradas de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista se han alistado en las filas de la milicia obrera para apoyar al  proletariado español en la grandiosa lucha contra la burguesía. Estamos a su lado, preparados para todos los sacrificios por el triunfo de la revolución.

Durante largos años de militancia, de lucha y de exilio, hemos vivido una doble experiencia: la de la reacción fascista que puso al proletariado italiano en una situación desesperada y la de la degeneración del Partido Comunista que crucificó ideológicamente a las masas. El problema de la revolución no se solucionará mientras las masas no logren escapar a la influencia de la 2ª y 3ª Internacionales, para reconstruir su verdadero partido de clase capaz de conducirla a la victoria.

Confiamos en el desarrollo de los acontecimientos actuales y creemos que su dinamismo creará en España y en otras partes el partido de la revolución. La vanguardia que existe en el seno del  POUM tiene ante sí una gran tarea y una importante responsabilidad.

Vamos al frente de batalla en la columna Internacional de las milicias del POUM, empujados por un ideal político común con  los heroicos y magníficos obreros españoles: el ideal de combatir hasta el último de nosotros, no para salvar una burguesía hecha trizas, sino para arrancar de raíz cualquier forma de poder burgués y para que triunfe la revolución proletaria.

Para que todos nuestros esfuerzos no sean vanos, la vanguardia revolucionaria del POUM tiene que vencer las últimas vacilaciones y entrar resueltamente en el camino del Octubre español. Hoy tiene que escoger entre el apoyo, sea consciente sea involuntario, a la burguesía o la alianza con los obreros revolucionarios del mundo entero.

El destino de las masas obreras del mundo entero dependerá del carácter dado a la acción política en la actual conflagración social en España.

¡Viva la milicia obrera!

¡Viva la revolución!

 (La moción de Biondo y la última resolución de la minoría saldrán en el próximo número -La Redacción).

 

Orden del día votado por la  C.E., el 29/11/36,
sobre las relaciones entre la Fracción y los miembros de la organización
que aceptan las posiciones expuestas en la carta
del Comité de Coordinación del 25/12/1936

A  lo largo de la evolución de la crisis de la fracción, la C.E. se guió por un doble criterio: evitar medidas disciplinarias e insistir a los compañeros de la minoría que se coordinen para formar en la organización una corriente encaminada a demostrar que la otra corriente habría roto con las bases fundamentales de la organización, mientras que su corriente se mantiene como la verdadera y fiel defensora de estos principios. Esta confrontación polémica sólo podía tener lugar en el Congreso.

Tras la reunión de la Federación parisina del 27 de setiembre de 1936, que vio nacer al Comité de Coordinación, la C.E. exhortó a la Fracción a soportar una situación en la que la minoría gozaba de un régimen de favor -no  participaba en el esfuerzo financiero necesario para editar la prensa pero si que escribía en ella-. La única meta de la CE era evitar que la ruptura se hiciera sobre cuestiones de procedimiento.

Inmediatamente después surgió la amenaza de una ruptura en caso de que la C.E. no reconociera al grupo de Barcelona. La C.E., basándose siempre en el mismo criterio de que la escisión debía hacerse por cuestiones de principio, de ninguna manera por cuestiones particulares de tendencia y menos aún por cuestiones organizativas, acaba reconociendo al grupo de Barcelona.

En fin, cuando el rechazo de la minoría a intercambiar con la otra tendencia la documentación referente a su vida política obligaba a la C.E. a constatar la ruptura de la organización (a pesar de que  la C.E. seguía manteniendo que era necesario hacer un Congreso), por comunicación “verbal” del camarada Candiani la minoría nos informó que iría inmediatamente a la ruptura.

El último llamamiento de la C.E., del 25 de noviembre, recibió una respuesta que impide cualquier intento ulterior para apoyar la presencia de la minoría en el Congreso.

En estas condiciones, la C.E. hace constar que la evolución de la minoría es la prueba patente de que ya no se la puede considerar como una tendencia de la Organización sino como el resultado de los manejos del Frente Popular en el seno de la Fracción. En consecuencia, no estamos ante un problema de escisión política de la Organización.

Teniendo en cuenta además que la minoría se conchaba con fuerzas enemigas de la Fracción y claramente contrarrevolucionarias (Giustizia e Libertà, restos del trotskismo, maximalistas,…), a la vez que proclama que es inútil discutir con la Fracción.

La C.E. decide la expulsión, por indignidad política, de todos los camaradas que se solidarizaron con la carta del Comité de Coordinación del 25 de noviembre de 1936; y a los compañeros de la minoría les da 15 días para que se pronuncien definitivamente. Esos camaradas están invitados a mandar una respuesta individual para el 13 de diciembre; salvo los compañeros que residen en Barcelona, en espera de su regreso para que tengan la posibilidad de documentarse por completo. Esas reservas no conciernen al camarada Candiani que, antes de su regreso, ha tenido la posibilidad de conocer perfectamente la situación.

 

Documentos de la minoría (continuación)

Resolución de los camaradas Biondo y Romolo

 (Tras su regreso del frente y de que hayan tomado contacto con la delegación oficial de la Fracción).

España, en estos momentos, es la piedra angular de toda la situación internacional. Según que gane una u otra de las fuerzas en lucha, nacerá una situación diferente para Europa. La victoria de Franco significaría el reforzamiento del bloque militar de Italia y de Alemania y la victoria del Frente Popular significaría el reforzamiento del bloque militar antifascista (ambos conducen a la guerra imperialista). La victoria del proletariado, por el contrario, sería el punto de partida de la reanudación mundial de la revolución proletaria.

En España estamos ante una situación objetivamente revolucionaria. Las Elecciones de febrero, que concluyeron con la victoria del Frente Popular, fueron un cortafuego, una válvula de escape que impidió la explosión violenta de los enormes contrastes de clase. Las importantes huelgas y la agitación que le siguieron lo demuestran claramente.

La amenaza revolucionaria del proletariado alentó a la burguesía a apresurarse para contar con la ventaja de la iniciativa. Partiendo de esas premisas se llega a la conclusión de que no luchan dos fracciones de la burguesía, sino que lucha la burguesía contra el proletariado. Y de que el proletariado toma las armas para defender sus condiciones de vida y sus organizaciones contra el asalto de la reacción. Los obreros españoles han tomado las armas contra Franco por los mismos motivos que los proletarios rusos cuando las tomaron contra Kornilov.

No se trata del dilema democracia-fascismo sino del dilema capitalismo-proletariado. Y si la burguesía sigue quedándose virtualmente  en el poder, si las relaciones de propiedad no se han transformado verdaderamente, hay que buscar la causa en el hecho de que el proletariado no está preparado ideológicamente, y no posee un partido de clase.

La existencia del partido de clase hubiera  solucionado la cuestión a favor del proletariado a partir de los primeros días de la lucha. La revolución española no ha entrado todavía en su período de ocaso y no se pueden excluir categóricamente las posibilidades de victoria del proletariado.

Frente al capitalismo, que está luchando en dos frentes, el proletariado tiene que luchar en dos frentes: el frente social y el militar. En el frente militar, el proletariado lucha para defender lo que conquistó a lo largo de décadas de combates; en el frente social, el proletariado tiene que acelerar el proceso de descomposición del Estado capitalista, preparar el partido de clase y los órganos del gobierno proletario; eso permitirá el ataque al poder capitalista. En el frente militar, desde ahora, el proletariado tiende a echar los cimientos del ejército rojo de mañana. En las zonas que las  milicias van ocupando, se están formando inmediatamente comités de campesinos y se colectivizan las tierras; eso ante las narices de los gobiernos de Madrid y Barcelona.

El grupo constituido en España considera que no ha roto con los principios de la Fracción y, por eso, es imposible no reconocerlo. Se nos pide que cortemos los contactos con el POUM y esos contactos nunca han existido. No podemos disolver la columna ya que no fuimos nosotros quienes la levantamos. Sobre la cuestión de dispersarnos entre los proletarios en los lugares de trabajo, lo haremos a medida que tengamos posibilidades para hacerlo.

(Este documento debe ser considerado como una respuesta a la resolución de la CE del 27 de agosto de 1936 y seguramente fue escrito a finales del mes de setiembre).

Declaración

Un grupo de camaradas de la minoría de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista Italiana, desaprobando la actitud oficial tomada por la Fracción frente a la Revolución Española, ha cortado bruscamente todos los lazos disciplinarios y las relaciones formales con la Organización y se ha puesto al servicio de la Revolución, llegando hasta el punto de formar parte de las milicias obreras y de ir a luchar en el frente.

Hoy estamos ante una nueva situación, llena de incógnitas y de peligros para la clase obrera: la disolución del Comité Central de las Milicias Antifascistas, organismo nacido de la Revolución y garantía del carácter de clase de las Milicias y la reorganización de éstas en un ejército regular dependiente del Consejo de Defensa; deformando así el principio de la milicia voluntaria obrera.

Las necesidades del momento histórico que estamos viviendo imponen a los elementos de vanguardia del proletariado una vigilancia extrema, para impedir que las masas alistadas en el nuevo organismo militar se transformen en el instrumento de la burguesía que un día será utilizado contra los intereses de la clase trabajadora. Ese trabajo de vigilancia puede ser más eficaz cuando las organizaciones de clase tomen conciencia de sus intereses y orienten sus acciones políticas en un sentido exclusivamente proletario.

El trabajo político en esas organizaciones adquiere una importancia primordial; tan interesante como las tareas militares en el frente.

Esos mismos compañeros, a la vez  que afirman la necesidad de la lucha armada en el frente se niegan a ser incorporados en un ejército regular, que no representa el poder del proletariado y en el seno del cual sería imposible realizar una función política directa. Hoy, pueden contribuir más eficazmente a la causa del proletariado español, por medio de un trabajo político y social indispensable para preservar y reforzar la eficacia ideológica revolucionaria de las organizaciones obreras; las cuales deben recobrar  en lo político y lo social la influencia que han perdido en el mando militar, debido a las nuevas condiciones.

Los mismos compañeros, al abandonar el puesto de milicianos de la columna internacional Lenin, siguen estando movilizados y a la disposición  del proletariado revolucionario español, y deciden seguir dedicando, en otro terreno, su actividad y experiencia hasta el triunfo definitivo del proletariado sobre el capitalismo, sean cuales sean sus formas de dominio.

Barcelona, 22 de Octubre de 1936.

 

Llamamiento de la Izquierda Comunista
en respuesta a las matanzas del mes de mayo de 1937

Plomo,  metralla, cárcel…
Así responde el frente popular a los obreros de Barcelona que se atreven a resistir el ataque capitalista

¡PROLETARIOS!

El 19 de Julio de 1936, los proletarios de Barcelona sin más armas que sus puños desnudos, aplastaron el ataque de los batallones de Franco armados hasta los dientes.

En las jornadas en torno al 4 de mayo han caído más víctimas proletarias (armadas incluso) sobre los adoquines, que en Julio cuando rechazaron a Franco; esta vez ha sido el gobierno antifascista -anarquistas incluidos, y del que el POUM es indirectamente solidario- quien ha dado rienda suelta a la chusma de las fuerzas represivas contra los obreros.

El 19 de Julio, los proletarios de Barcelona son una fuerza invencible. Su lucha de clase, liberada de las ataduras del Estado burgués, repercute en los regimientos de Franco, los desagrega y despierta el instinto de clase de los soldados: la huelga encasquilla fusiles y cañones de Franco y rompe su ofensiva.

La historia registra pocos intervalos fugaces durante los cuales pudo el proletariado adquirir su total autonomía respecto al Estado capitalista. Unos días después del 19 de Julio, el proletariado catalán llega a esta encrucijada: o se decide por entrar en la fase superior de su lucha, encaminada a la destrucción del Estado burgués, o permite al capitalismo reconstruir las mayas de su tejido de dominación. En esta fase de la lucha, en la que no basta ya el instinto de clase y en la que la conciencia  se  hace factor decisivo, sólo puede vencer el proletariado si dispone del bagaje teórico paciente e insistentemente almacenado y encarnizadamente defendido por sus fracciones de izquierda, erigidas en partidos por la fuerza de los acontecimientos. Si hoy en día, el proletariado español vive inmerso en tal tragedia tan triste, lo debe a su inmadurez para forjar su partido de clase, su cerebro el  único que puede darle la fuerza de vivir.

En Cataluña, desde el 19 de Julio, los  obreros crean espontáneamente, en su terreno de clase, los órganos de su lucha autónoma. Pero, surge inmediatamente el angustioso dilema: o entregarse totalmente a la batalla política por la destrucción total de Estado capitalista y completar de este modo los éxitos económicos y militares o dejar funcionar la máquina opresiva de enemigo y permitirle entonces que desnaturalice y liquide las conquistas obreras.

Las clases luchan con los medios que les imponen las situaciones y el grado de tensión social. Frente a una explosión de la clase obrera al Capitalismo no se le puede ocurrir, de ninguna de las maneras, utilizar los métodos clásicos de la legalidad. Lo que le está amenazando, es la independencia de la lucha proletaria, la que condiciona la siguiente etapa revolucionaria, la que lleva a la abolición de la dominación burguesa. El capitalismo, entonces, tiene que urdir de nuevo los hilos de su control sobre los explotados. Estos hilos, que antes eran la magistratura, la policía, las  cárceles,…; ahora, en la extrema situación de Barcelona, son los Comités de las Milicias, las industrias socializadas,  los sindicatos obreros que administran y gestionan los sectores esenciales de la economía, las patrullas de vigilancia, etc...

Así pues, en España, la historia plantea otra vez el problema que, en Italia y en Alemania, fue resuelto mediante el aplastamiento del proletariado: los obreros conservan para su clase los instrumentos que han ido creando en el ardor de la lucha mientras los siguen usando contra el Estado burgués. Si los obreros,  al no tener bastante fuerza como para acabar con el enemigo, se dejan otra vez atrapar en las redes del dominio burgués acaban armando a su futuro verdugo.

La milicia obrera del 19 de Julio es un organismo proletario. La “milicia proletaria” de la semana siguiente es un organismo capitalista adaptado a la situación, al momento. Es entonces cuando, para realizar sus planes contra revolucionarios, la Burguesía puede llamar a los Centristas, a los Socialistas, a la CNT, a la FAI, al POUM, que engañan a los obreros, haciéndoles creer que el Estado cambia de naturaleza cuando los que lo administran cambian de color. Escondido en los pliegues de la bandera roja, el capitalismo afila pacientemente la espada de la represión; en la que participaron, el 4 de mayo, todas las fuerzas que, el 19 de Julio, habían quebrado el espinazo de clase del proletariado español.

Hitler es hijo de Noske y de la Constitución de Weimar; Musolini lo es de Giolitti y del “control de la producción”; la matanza de Barcelona del 4 de Mayo de 1937 es hija del frente antifascista español, de las “socializaciones” y de las milicias “proletarias”.    Si el proletariado ruso, únicamente  él, dio la respuesta con su Octubre de 1917, a la caída del zarismo, fue porque logró construir, él solo, su partido de clase, por medio del trabajo de las fracciones de izquierda.

¡PROLETARIOS!

Fue a la sombra de un gobierno de frente Popular, como Franco pudo preparar su ataque. Fue en la vía de la conciliación donde  Martínez Barrios intentó, el 19 de Julio, formar un ministerio único capaz de realizar el programa conjunto del capitalismo español, sea bajo el mando de Franco, sea bajo el mando mixto de la derecha y de la izquierda fraternalmente unidas. Pero el levantamiento obrero de Barcelona, de Madrid, de Asturias obligó al Capitalismo a desdoblar su Ministerio, a separar las funciones entre el agente republicano y el agente militar, ligados por la indisoluble solidaridad de clase.

Donde Franco no logró imponer su victoria inmediata, el capitalismo invita a los obreros a seguirlo para “luchar contra el fascismo”. Los obreros, creyendo que bajo la dirección del gobierno republicano, podrían aplastar al hijo legítimo del capitalismo: el fascismo, partieron hacia los puertos de Aragón, las montañas de Guadarrama, de Asturias, buscando la victoria de la guerra antifascista. Sangrienta emboscada que han pagado con millares de cadáveres,

Una vez más, como en 1914,  con la  hecatombe de proletarios es como la historia subraya con sangrientas líneas la oposición irreductible entre Burguesía y Proletariado.

¿Fueron los frentes militares una necesidad impuesta por la situación? ¡No! ¡Fueron una necesidad para el capitalismo a  fin de cercar y aplastar a los obreros! El 4 de Mayo de 1937 es la prueba aplastante de que después del  19 de Julio, el proletariado tenía que  haber luchado tanto contra Companys y Giral como contra Franco. Los frentes militares sólo podían cavar la tumba de los obreros, ya que representaban los frentes de la guerra  del Capitalismo contra el Proletariado. La única respuesta de los proletarios españoles -siguiendo el ejemplo de sus hermanos rusos en 1917- tenía que ser la práctica del derrotismo revolucionario en ambos campos de la  burguesía: tanto en el republicano como en el fascista y transformar la guerra capitalista en guerra civil dirigida a la destrucción total del Estado burgués.

La fracción italiana de izquierda fue apoyada únicamente, en su trágico aislamiento, por la corriente solidaria de la Liga de los Comunistas Internacionalistas de Bélgica, la cual acaba de crear  la Fracción Belga de la Izquierda Comunista Internacional. Estas dos corrientes fueron las únicas en dar la alarma, mientras que, por todas partes, se proclamaba la necesidad de salvaguardar las conquistas de la revolución, de vencer a Franco para después vencer mejor a Largo Caballero.

Los últimos acontecimientos de Barcelona confirman siniestramente nuestra tesis inicial y dan cuenta de que es con una crueldad igual a la  de Franco como el Frente Popular, flanqueado por los anarquistas y POUM se ha abalanzado sobre los obreros sublevados el 4 de Mayo.

Las vicisitudes de las batallas militares han sido otras de las tantas ocasiones para el gobierno republicano de reforzar su dominio sobre los explotados. En ausencia de una política proletaria de derrotismo revolucionario, tanto los éxitos como las derrotas militares del ejército republicano no han sido más que otras tantas etapas de la sangrienta derrota de clase de los obreros. En Badajoz, Irún, San Sebastián,…, la República del Frente Popular contribuye a la matanza concertada del proletariado a la vez que aprieta las filas de la Unión Sagrada, pues para ganar la guerra antifascista, se necesita un ejército disciplinado y centralizado. En cambio, la resistencia de Madrid facilita la ofensiva del Frente Popular que puede liquidar a su criado de ayer, el POUM, y así preparar mejor el ataque del 4 de Mayo. La caída de Málaga reanuda las tramas sangrientas de la Unión Sagrada, al tiempo que la victoria militar de Guadalajara abre el período que concluye en los tiroteos de Barcelona. En esa atmósfera de embriaguez guerrera puede por fin germinar y surgir el ataque del 4 de Mayo.

Paralelamente, en todos los países, la guerra de exterminio del capitalismo español alimenta la represión burguesa internacional, y los muertos fascistas y “antifascistas” de España vienen a hacer compañía a los asesinados de Moscú, a los ametrallados de Clichy. En el altar sangriento del antifascismo es donde los traidores reúnen también  a los obreros de Bruselas entorno del capitalismo democrático cuando las elecciones del 11 de Abril de 1937.

“Armas para España”: ésta fue la consigna que sonó en los oídos de los proletarios. Y estas armas han disparado contra sus hermanos de Barcelona. La Rusia soviética al aprovisionar de  armamento la guerra antifascista, se ha puesto también al servicio del entramado capitalista y de la reciente matanza. Respondiendo a las órdenes de Stalin –quien despliega su  rabia anticomunista el 3 de Marzo – el PSUC toma la iniciativa de la matanza.

Una vez más, como en 1914,  los obreros usan las armas para matarse unos a otros en vez de usarlas para la destrucción del régimen de opresión capitalista.

¡PROLETARIOS!

Los  obreros de Barcelona han retomado, el 4 de mayo de 1937, el camino que iniciaron el 19 de Julio; y del que el capitalismo les ha podido apartar apoyándose en las  múltiples fuerzas del Frente Popular. Han desencadenado la huelga por todas partes, hasta en los sectores que se presentan como “conquistas de la revolución” y hecho frente al  bloque republicano-fascista del capitalismo. El gobierno republicano ha respondido a esto con tanto salvajismo como Franco en Badajoz e Irún. Si el gobierno de Salamanca no ha aprovechado el desconcierto del frente de Aragón para atacar, es porque presintió que su cómplice de izquierda hacía admirablemente el papel de verdugo del proletariado.

Agotado por diez meses de guerra, de colaboración de clase de la CNT, de la FAI y del POUM, el proletariado catalán acaba de sufrir una tremenda derrota. Pero esta derrota es también una etapa de su victoria de mañana, un momento de su emancipación, porque firma la sentencia de defunción de todas las ideologías que habían permitido al capitalismo mantener su dominación, a pesar del sobresalto gigantesco del 19 de Julio.

¡No! Ninguna de las corrientes que  el 19 de Julio les sacaron de su terreno de clase para precipitarles en el abismo del antifascismo, pueden reivindicar para sí a los proletarios caídos el 4 de Mayo. Los  proletarios caídos pertenecen al proletariado y sólo a él. Son como las membranas del cerebro de la clase obrera mundial, del partido de la clase para la revolución comunista.

Los obreros del mundo entero se inclinan ante sus muertos y los reivindican contra todos los traidores, de ayer y de hoy. El proletariado del mundo entero, al saludar a Berneri, saluda a uno de los suyos. Su inmolación por el ideal anarquista es una denuncia más de esa corriente política, que se  ha ido hundiendo a lo largo de la guerra de España: porque la policía ha repetido en el cuerpo de Berneri la hazaña que Mussolini realizó sobre el cuerpo de Matteotti ¡¡bajo el mando de un gobierno con participación anarquista!!

¡PROLETARIOS!

Si la carnicería de Barcelona es la señal que anuncia represiones aún más sangrientas contra los obreros de España y del mundo entero, también es la señal que avisa de las tempestades sociales que mañana se desatarán contra el mundo capitalista.

En sólo diez meses, el capitalismo ha gastado ya los recursos políticos con que contaba para dedicarse a demoler al proletariado, poniéndole trabas en la tarea de construcción de su partido de clase, arma de su emancipación y de la construcción de la sociedad comunista. Centrismo y anarquismo, unidos a la Social-democracia, han llegado en España al final de su evolución; como le ocurrió a ésta cuando en 1914, de la misma manera que la Guerra acabó reduciendo al estado de cadáver a la Segunda Internacional, tras 1914.

En España, el capitalismo ha desencadenado una guerra de alcance internacional: la batalla entre fascismo y antifascismo que, a través de la forma extrema de la lucha armada, anuncia una aguda  tensión en las relaciones sociales del  ruedo internacional.

Los muertos de Barcelona desbrozan el terreno para la construcción del partido de la clase obrera. Todas  las fuerzas políticas, que habiendo llamado a los obreros a ‘una lucha por la revolución’ les han comprometido en una guerra capitalista, se han cambiado de trinchera. Ante los obreros del mundo entero, se abre el horizonte en que los muertos de Barcelona han escrito con su sangre la lección que ya escribieron con la suya los muertos de 1914-18: La lucha de los obreros es proletaria siempre y cuando se dirige contra el capitalismo y su Estado; sirve, al contrario, a los intereses del enemigo si, en todo instante, en todos los dominios, en todos los órganos proletarios que las diversas situaciones hacen surgir, ésta lucha no va dirigida contra él.

El proletariado mundial luchará contra el capitalismo incluso cuando éste se ponga a reprimir a sus criados de ayer. Es la clase obrera y nunca su enemigo de clase quien tiene que encargarse de arreglar cuantas con quienes han sido expresión una fase de su evolución, un momento de su lucha por la emancipación de la esclavitud capitalista.

La batalla infernal que el capitalismo ha iniciado en España contra el proletariado, abre un nuevo capítulo internacional en la vida de las fracciones de todos los países. El proletariado mundial, que debe seguir luchando contra los “constructores” de Internacionales artificiales, sabe que únicamente sobre un cambio radical y mundial de la relación de clases podrá fundar la Internacional proletaria que abra el camino  a la Revolución comunista; sólo así. Ante el frente de la guerra de España, la cual anuncia la aparición de tormentas revolucionarias en otros países, el proletariado mundial siente que ha llegado el momento de atar los primeros lazos internacionales de las fracciones de la Izquierda Comunista.

¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES!

¡Vuestra clase es invencible; es el motor de la evolución histórica: los acontecimientos de España  son la prueba de ello, pues es únicamente vuestra clase la que representa el centro neurálgico de una lucha que convulsiona al mundo entero!

No debe ser la derrota lo que os desanime. ¡De ella sacaréis enseñanzas para la victoria de mañana!

¡Sobre vuestras bases de clase reconstruid la unidad de clase, por encima de las fronteras, contra las mentiras del enemigo capitalista!

¡En España, a las tentativas de compromiso, que tienden a basar la paz en la explotación capitalista, contestad con la  fraternización de los explotados de ambos ejércitos en lucha simultánea contra el capitalismo!

¡En pie, para la lucha revolucionaria en todos los países!

¡Vivan los proletarios de Barcelona que han escrito una nueva página de sangre en el libro de la revolución mundial!

¡Adelante por la constitución de un Buró Internacional de las Fracciones que promueva la creación de Fracciones de izquierda en todos los países!

¡Levantemos el estandarte de la revolución comunista que los verdugos fascistas y antifascistas no podrán impedir que pase de los proletarios vencidos a sus herederos de clase! ¡Seamos dignos de nuestros compañeros caídos!

¡Viva la Revolución Comunista en el mundo entero!

Las Fracciones Belga e Italiana de la Izquierda Comunista Internacional.

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<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> La CCI ha publicado bajo la forma de libro textos de BILAN sobre la guerra de España así como artículos que hemos escrito sobre la experiencia de 1936. Este libro se puede pedir a nuestro apartado postal o por correo electrónico espana@internationalism.org

<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> Podemos medir la enorme distancia que separa al Partido bordiguista (Programa Comunista) de la Fracción Italiana por la diferencia fundamental entre la noción de “era histórica” que es central en todos los análisis de