La degeneración de la Revolución Rusa

En la serie Rusia 1917

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El segundo número de Forward, la revista del “Revolutionary Workers Group” (RWG) contiene una discusión internacional entre nuestra Corriente (Internacionalismo: “Defensa del Carácter Proletario de Octubre”) y el RWG (“Los Errores de Internacionalismo a Propósito de la Revolución Rusa”). En la crítica a nuestro artículo, el RWG aborda cuestiones importantes, pero sin proporcionar un marco general que permita la comprensión global de la experiencia rusa.

Los revolucionarios no analizan la historia por ella misma, para buscar “lo que hubieran hecho de haber estado allí”, sino para extraer, con el conjunto de la clase, las lecciones de la experiencia del movimiento obrero, con el objeto de comprender mejor el camino a seguir en las luchas del mañana.

El artículo de nuestra Corriente “Defensa del Carácter Proletario de Octubre”, sin tener la pretensión de ser un análisis exhaustivo de la cuestión compleja de la revolución rusa, busca clarificar un punto esencial: la revolución rusa fue una experiencia del proletariado y no una revolución burguesa; era parte integrante de la oleada revolucionaria que sacudió al capitalismo mundial del 17 a los años 20. La revolución rusa no fue una “acción burguesa” que, por consiguiente, podemos tranquilamente enterrar e ignorar en los análisis actuales. Muy al contrario parece inconcebible que los revolucionarios de hoy, rechazando al estalinismo, rechacen al mismo tiempo la historia trágica de su propia clase. El rechazo de todo carácter proletario de la revolución de Octubre, que a menudo encuentra sus adeptos entre los que siguen la tradición consejista, es una mistificación que oculta la realidad de los esfuerzos revolucionarios de la clase, tan dañina como la de los estalinistas y trotskistas enganchados a las supuestas “adquisiciones materiales” o al “Estado Obrero” para justificar la defensa del Capitalismo de estado ruso.

Con el reconocimiento del carácter proletario de Octubre, se debe reconocer que el partido Bolchevique, entre los primeros de la izquierda marxista internacional que defendía posiciones de clase durante la primera guerra mundial y en particular en el 17, era un partido proletario. Pero, luego de la derrota de los levantamientos obreros internacionales, el bastión ruso, aislado, sufre una contrarrevolución “desde el interior” y el partido Bolchevique, de pilar de la izquierda comunista internacional, degenera en partido del campo burgués.

He aquí cuales son las ideas centrales que resaltan del artículo de Internacionalismo, a pesar de la traducción a menudo penosa, que hace Forward. Forward no quiere en efecto, discutir el problema de la naturaleza proletaria de Octubre -él está de acuerdo sobre este punto-; lo que le preocupa, es la naturaleza contrarrevolucionaria de los acontecimientos ulteriores; aunque Internacionalismo, en su texto, no trata este problema, sino de manera secundaria. En ningún artículo de nuestra prensa pretendemos abarcar todos los problemas de la historia. A pesar de este mal entendido de partida, con el mismo asombro podemos leer: «Para los camaradas de Internacionalismo, como para los trotskistas y bordiguistas, hay una frontera insuperable entre la época de Lenin y la época de Stalin. Para ellos, el proletariado no podía caer antes que Lenin no estuviera con seguridad en su tumba y Stalin claramente instalado a la cabeza del PCR» (Forward, N° 2 página 42).

Reconocemos que esta conmovedora profesión de fe se encuentra entre los diferentes grupos trotskistas de donde provienen los camaradas de Forward, pero en ningún caso ella forma parte de nuestra corriente: «La incomprensión de los dirigentes del partido Bolchevique del papel de los Soviets (Consejos Obreros), y su concepción de la conciencia de clase, contribuyen al proceso de degeneración de la revolución rusa que llevó al partido Bolchevique -autentica vanguardia del proletariado ruso en octubre 1917- a convertirse más tarde en órgano activo de la contrarrevolución (...) Por esto, la actividad del partido Bolchevique, desde los primeros momentos de la revolución estuvo orientada hacia la transformación de los Soviets en organismo de poder del partido mismo» (Declaración de principios de Internacionalismo)

Y por otra parte: «La revolución de Octubre ha cumplido la primera tarea de la revolución proletaria: el objetivo político. La derrota de la revolución a escala internacional y la imposibilidad de mantener el socialismo en un solo país, han hecho imposible el paso a un nivel superior, es decir al comienzo de la transformación económica...El partido Bolchevique ha jugado un papel activo en el proceso revolucionario que ha conducido a los acontecimientos de Octubre, pero también ha jugado un papel activo en la degeneración de la revolución y la derrota internacional...Al identificar organizacional e ideológicamente al Estado y al considerar que su primera tarea era la defensa del Estado, el partido Bolchevique estaba condenado a transformarse -sobre todo después del fin de la guerra- en el agente de la contrarrevolución y del capitalismo de Estado» (Plataforma de RI).

Estas líneas parecen indicar claramente que el camino de la contrarrevolución fue un proceso en el cual las bases aparecen con el ahogo del poder de los Soviets y la supresión de la actividad autónoma del proletariado, un proceso que conduce a la masacre por el Estado de una parte de la clase obrera en Kronstadt.

¿Por qué la degeneración de la revolución rusa ha tenido lugar? La respuesta no puede encontrarse en el curso de una nación, en el de Rusia únicamente. Así como la revolución rusa fue el primer bastión de la revolución internacional en el 17, el primero de una serie de levantamientos proletarios internacionales, de la misma manera su degeneración en contrarrevolución fue la expresión de un fenómeno internacional, el resultado del fracaso de la acción de una clase internacional, el proletariado. En el pasado, las revoluciones burguesas han construido un Estado nacional, marco lógico para el desarrollo del capital, y esas revoluciones burguesas podrían tener lugar con un siglo de diferencia o más entre los deferentes países. La revolución proletaria, al contrario, es por esencia una revolución internacional, que debe extenderse hasta integrar el mundo entero, o esta condenada a una muerte rápida.

La primera guerra mundial término del período ascendente del capitalismo, marcó el punto de no retorno absoluto por el movimiento obrero del siglo XIX y sus objetivos inmediatos. El descontento general contra la guerra tomó rápidamente un carácter político contra el Estado en los principales países de Europa. Pero la mayoría del proletariado no fue capaz de romper con los vestigios del pasado (adhesión a la política de la II Internacional, que entonces se había pasado al campo enemigo de la clase) y de comprender completamente todas las implicaciones del nuevo período. Ni el proletariado en su conjunto, ni sus organizaciones políticas, comprendieron plenamente los imperativos de la lucha de clase en este nuevo período de “guerra o revolución”, de “socialismo o barbarie”. A pesar de las luchas heroicas del proletariado en esa época, la oleada revolucionaria fue aplastada por la masacre de la clase obrera europea. La revolución rusa era el faro que guiaba a toda la clase obrera de la época, pero esto no quita nada al hecho que su aislamiento constituya un grave peligro. Las brechas temporales, que se abren entre dos levantamientos revolucionarios están plenas de peligros. La que se abrió en 1920 era un precipicio.

El contexto del reflujo internacional y del aislamiento de la revolución rusa tiene la mayor importancia. Pero, en el interior de ese contexto, los errores de los Bolcheviques han jugado su papel .Esos errores deben ser puestos en relación con la experiencia y la lucha de la clase obrera misma. Los errores o los aportes positivos de una organización de la clase no caen del cielo ni se desarrollan arbitrariamente y por azar. Ellos son, en todo el sentido de la palabra, el reflejo de la conciencia de clase del proletariado en su conjunto.

El partido Bolchevique fue obligado a evolucionar a la vez teórica y políticamente en relación al surgimiento del proletariado ruso y la perspectiva del movimiento internacional, en Alemania y otras partes. El ha sido también el reflejo del aislamiento del proletariado en el período de crecimiento de la contrarrevolución. Tanto los Bolcheviques como los Spartaquistas o como cualquier otra organización revolucionaria de la época se vieron confrontados a las tareas nuevas del período de decadencia que se abría con la primera guerra mundial y ante ellas su comprensión incompleta ha servido de base a los errores políticos más graves.

Pero el partido del proletariado no es un simple reflejo pasivo de la conciencia. Los Bolcheviques al expresar claramente los objetivos de clase en el período de la primera guerra mundial (“transformación de la guerra imperialista en guerra civil”), y durante el período revolucionario (oposición al gobierno democrático burgués, consgina “todo el poder a los Soviets”, formación de la Internacional Comunista sobre la base de un programa revolucionario) han contribuido a trazar el camino de la victoria. A pesar de esto, las posiciones tomadas por los Bolcheviques en el contexto de declive de la oleada revolucionaria (alianzas con las fracciones centristas a escala internacional, sindicalismo, parlamentarismo, tácticas con los Frentes Unicos, Kronstadt) han contribuido a acelerar el proceso contra-revolucionario a escala internacional así como en Rusia. Una vez desaparecido el crisol de la práxis revolucionaria bajo la contrarrevolución triunfante en Europa, los errores de la revolución rusa fueron privados de toda posibilidad de corregirse.

El partido Bolchevique se había transformado así en el instrumento de la contrarrevolución.

Del hecho de la imposibilidad del socialismo en un solo país, la cuestión de la degeneración de la revolución rusa es ante todo una cuestión de derrota internacional del proletariado. La contrarrevolución ha triunfado en Europa antes de penetrar totalmente el contexto ruso “del interior”. Esto no debe, repetimos, “excusar” los errores de la revolución rusa o del partido Bolchevique. Más aún, esos errores “no excusan” al proletariado de no haber hecho la revolución en Alemania o Italia por ejemplo. Los marxistas no tienen nada que hacer para excusar” o dejar de “excusar” a la historia. Su tarea es explicar por qué ese acontecimiento ha tenido lugar y sacar las lecciones para las luchas proletarias por venir.  

Este marco general internacional está ausente en el análisis de RWG que debate acerca de la “revolución y contrarrevolución en Rusia” (panfleto de RWG) en términos casi exclusivamente rusos. Esta tentativa puede parecer, a primera vista, una manera útil de aislar teóricamente un problema particular. Pero ella no ofrece ninguna base que permita comprender por qué esos acontecimientos han llegado a Rusia, y conduce a girar en torno al vacío sobre el fenómeno puramente ruso que resalta. Como Rosa Luxemburgo lo escribía: «El problema no puede ser más que planteado en Rusia. Pero no podrá ser resuelto en Rusia».

 

Los aspectos específicos de la degeneración de la revolución

En los límites de este artículo, debemos necesariamente ceñirnos a una visión de conjunto del proceso de degeneración dejando de lado los detalles de los diversos episodios.

La revolución rusa fue considerada como la primera victoria de la lucha internacional de la clase obrera. En enero de 1919, los Bolcheviques llaman al primer congreso de la nueva internacional para marcar la ruptura con la social-democracia traidora, y para reunir las fuerzas de la revolución para las luchas futuras. Desgraciadamente la revolución alemana había sido aplastada en enero del 19, y la oleada revolucionaria decrecía. Sin embargo, a pesar del bloqueo casi total al que se veía sometida Rusia y las noticias deformadas que llegaban sobre el proletariado del oeste, la revolución concentra todas sus esperanzas en la única salida posible, la unión internacional de las fuerzas revolucionarias bajo un programa que fijara claramente los objetivos de clase: «El sistema soviético asegura la posibilidad de una democracia proletaria real, de una democracia para el proletariado, dirigida contra la burguesía. En este sistema el lugar principal es ocupado por el proletariado industrial y le corresponde asumir el rol de clase dominante, debido a su organización y conciencia política, y porque su hegemonía política permitirá al semiproletario y a lo campesinos pobres acceder gradualmente a esta conciencia (…) Las condiciones indispensables para la lucha son: la ruptura no solamente con los sirvientes del capital y los verdugos de la revolución comunista –el ala derecha de la socialdemocracia- sino también con el “centro” (el grupo de Kautsky) que abandonó al proletariado en el momento critico para reunirse al enemigo de clase» (Plataforma de IC: 1919).

Tal era la posición en 1919, y no las alianzas ulteriores con los centristas, que realizaron el partido y la Internacional y finalizaron en un “frente único”: «Esclavos de las colonias de Africa y Asia: el día de la dictadura proletaria en Europa será para vosotros como el día de vuestra liberación» (Manifiesto de la Internacional Comunista 1919). Esto nada tiene que ver con la manera como lo predican los izquierdistas hoy siguiendo las fórmulas contrarrevolucionarias sobre la “liberación nacional” proveniente de la degeneración de la Internacional.

«Pedimos a todos los obreros del mundo unirse bajo la bandera del comunismo que es ya la bandera de la primeras victorias para todos los países» (Manifiesto), lo que nada tiene que ver con el socialismo en un solo país.

«Bajo la bandera de los consejos obreros, de la lucha revolucionaria por el poder y la dictadura del proletariado, bajo la bandera de la Tercera Internacional, obreros del mundo entero uníos» (Manifiesto)

Estas posiciones son el reflejo del enorme paso que había dado el proletariado en los años precedentes. Las posiciones que los bolcheviques sostenían y defendían entonces era una ruptura clara con sus programas anteriores y constituían un llamado a la clase obrera entera a reconocer las nuevas necesidades políticas de la situación revolucionaria.

Pero en 1920, después del segundo congreso de la misma Internacional, la dirección del partido bolchevique cambia bruscamente, retornando a las “tácticas” del pasado. La esperanza de la revolución se debilita rápidamente, y el partido Bolchevique defiende entonces las 21 condiciones de admisión a la Internacional, incluyendo: el reconocimiento de las luchas de liberación nacional, de la participación electoral, de la infiltración en los sindicatos, lo que constituye en pocas palabras, un retorno al programa socialdemócrata, que estaba completamente inadaptado a la nueva situación. El partido ruso se convierte en efecto en la dirección preponderante de la IC, y el buró de Amsterdam fue cerrado. Y sobre todo, la dirección Bolchevique consigue aislar a los comunistas de izquierda: la izquierda italiana con Bordiga; a los camaradas ingleses alrededor de Pankurst; y Pannekoek, Gorter y el KAPD (que fue excluido en el tercer congreso). Los Bolcheviques y las fuerzas dominantes de la III Internacional obran a favor de un acercamiento con los centristas ambiguos y traidores a los que denunciaban dos años antes, y consiguen efectivamente sabotear toda tentativa de creación de una base de principios para la formación de partidos comunistas en Inglaterra, en Francia o en otros países, gracias a sus maniobras y sus calumnias sobre la izquierda. El camino del “Frente Unico” de 1922 en el cuarto congreso y la defensa de la patria rusa y del “socialismo en un solo país” estaba ya abierto por estas acciones.

El debilitamiento de la oleada revolucionaria y el camino hacia la contrarrevolución es claramente marcado por la firma del tratado secreto de Rapalo con el militarismo alemán. Cualquiera que sea el análisis de los puntos positivos y negativos del tratado de Bresst-Litovsk por ejemplo, fue hecho a la luz del día después de un largo debate en el seno del partido Bolchevique y fue presentado al proletariado mundial como una cuestión impuesta por una situación crítica. Pero el tratado de Rapalo, solamente dos años después, era una traición a todo lo que habían defendido los Bolcheviques, un tratado militar secreto concluido con el Estado Alemán.

Los gérmenes de la contrarrevolución se desarrollan con la rapidez de un período de transformaciones históricas, cuando los grandes cambios, pueden darse en algunos años o igualmente en algunos meses. Y finalmente, la vida deja el cuerpo de la Internacional cuando la doctrina del “Socialismo en un solo país” es proclamada.

La historia tormentosa de la IC no puede ser reducida a un plan maquiavélico de los Bolcheviques, según el cual ellos habrían planeado traicionar a la clase obrera tanto en Rusia como internacionalmente. Esta noción infantil no puede explicar nada sobre la historia. Pero la clase obrera no pudo reaccionar para reorientar sus propias organizaciones a causa de la derrota y del reflujo de la oleada revolucionaria; es esta misma derrota la que provoca la degeneración definitiva de sus organizaciones y de sus principios revolucionarios.

Marx y Engels habían constatado que un partido o una Internacional no pueden conservar su carácter de instrumentos de la clase cuando dominaba un marco general de reacción. Este instrumento de la clase no puede conservar una unidad organizacional cuando no existe práxis de la clase, él está penetrado por los efectos del reflujo y de la derrota, y eventualmente contribuye entonces, a la confusión, a la contrarrevolución. Es por esto que Marx disolvió la Liga de los Comunistas después del reflujo de la oleada revolucionaria del 1848 y saboteó a la primera Internacional (al enviarla a New York) después que la derrota de la Comuna de París hubo marcado el fin de un período. La II Internacional, a pesar de su auténtica contribución al movimiento obrero, sufre un largo proceso de corrupción durante el período ascendente del capitalismo, donde ella se ve atada cada vez más al reformismo, dando así una visión nacional a cualquier partido. Su paso definitivo al terreno burgués sobreviene con la guerra de 1914, cuando colabora en el esfuerzo de la guerra imperialista. A lo largo de todo ese período de crisis para la clase obrera, la tarea continua de elaboración teórica y de desarrollo de la conciencia de la clase corresponde a las “fracciones “ revolucionarias de la clase surgidas de las viejas organizaciones, preparando así el terreno para la construcción de una nueva organización.

La III Internacional fue construida como expresión de la oleada revolucionaria que siguió a la guerra mundial. Pero el fracaso de las tentativas revolucionarias y la victoria de la contrarrevolución acaban con ella, anunciando su muerte como instrumento de la clase. El proceso de contrarrevolución fue consumado- aunque había comenzado antes- cuando se produce la declaración del “socialismo en un solo país”, el fin definitivo de toda posibilidad objetiva para la subsistencia de las fracciones revolucionarias.

La ideología burguesa puede penetrar la lucha proletaria, en un período de reflujo, a causa de su fuerza como clase dominante en la sociedad. Pero cuando una organización se pasa definitivamente al campo burgués el camino se cierra a toda posibilidad de “regeneración”. De la misma manera que ninguna fracción viviente que exprese la conciencia de la clase proletaria puede surgir de una organización burguesa - y esto incluye hoy a los stalinistas, los trostkystas y los maoístas (aunque en calidad de individuos puedan ser capaces de romper con esas organizaciones)- también la IC y todos los partidos que permanecieron en su seno fueron irremediablemente perdidos por el proletariado.

Este proceso es más fácil de ver para la generación de proletarios de hoy (gracias al análisis y reflexión sobre todas esas experiencias de la clase) que desgraciadamente, para la clase en su conjunto en esa época, o para, muchos de sus elementos más politizados. El proceso de contrarrevolución que condenó a la IC ha sembrado una terrible confusión en el movimiento obrero durante los últimos cincuenta años. Aquellos que han proseguido la tarea de elaboración teórica en los sombríos años 30-40, lo que quedaba del movimiento de la izquierda comunista, tuvieron que esperar mucho tiempo para ver todas las implicaciones del período de derrota. Dejemos a los modernistas arrogantes que “han descubierto todo” en los años 74-75, aprendan en las sombras lo que la historia “debía haber sido”.

El contexto ruso

La política internacional de los Bolcheviques, su rol en el proceso de contrarrevolución internacional, no es prácticamente discutido en el panfleto de RWG “Revolución y Contrarrevolución en Rusia” y no es más que mencionado de paso en el texto de Forward. Para estos camaradas la contrarrevolución comienza esencialmente con la NEP (Nueva Política Económica). La NEP para ellos es, «el viraje de la historia de la Unión Soviética. El mismo año el capitalismo fue restaurado, la dictadura política vencida (?) y la Unión Soviética deviene un Estado Obrero» (Revolución y Contrarrevolución en Rusia) pág. 7.

De partida, es necesario decir cualesquiera que sean los acontecimientos en el contexto ruso, una revolución internacional ó una Internacional no muere a causa de una mala política de un país. El lector buscará en claro un marco coherente que permita analizar la NEP a los acontecimientos ulteriores en Rusia en general.

La degeneración de la revolución sobre el suelo ruso se explica esencialmente por el declive gradual y mortal de los Soviets y por su reducción a un simple aparato del partido-Estado Bolchevique. La actividad autónoma del proletariado, la democracia obrera en el interior del sistema de los Soviets era la base principal de la victoria de Octubre, pero desde 1918, aparece claramente que el poder político de los Consejos Obreros estaba en vías de ser diezmado y ahogado por el aparato del Estado. El punto culminante del período de declive de los Soviets en Rusia fue la masacre de una parte de la clase en Kronstadt. La RWG, inmutable sobre la NEP, no ha mencionado tampoco la masacre de Kronstadt con relación al análisis del Estado ruso. Esto nos asombra. Kronstadt no es mencionado en ninguno de los textos principales sobre Rusia, tampoco Rapalo. Puede ser comprensible que los camaradas de RWG, salidos recientemente del dogma trotskissta, no hayan todavía comprendido, cuando han escrito sus artículos, que Kronstadt no era el motín “contrarrevolucionario” del que hablaban Lenin y Trotsky. Lo que es menos comprensible, es que ellos acusen a nuestros camaradas de Internacionalismo de no ser capaces de ver “la degeneración de la revolución estando Lenin vivo”.

El error fundamental del partido bolchevique en Rusia era la concepción según la cual el poder debía ser ejercido por una minoría de la clase: el partido. Ellos creían que el partido podía aportar el socialismo a la clase y no pudieron ver que era la clase en su conjunto, organizada en Soviets, la que era el sujeto de la transformación socialista. Esta concepción del partido tomando el poder estatal existía en toda la izquierda, en un grado o en otro, la encontramos en Rosa Luxemburgo, y aún hasta en los escritos del KAPD de 1921. La experiencia rusa del partido en el poder, que el proletariado pagó con su sangre, marca una frontera de clase definitiva sobre la cuestión de la toma del poder por un partido o de una minoría de la clase, “en nombre de la clase obrera”. A partir de esta experiencia, la lección de la no identificación del estado y del partido se transforma en un signo distinto de las fracciones revolucionarias de la clase; y todavía más allá, que el papel de las organizaciones políticas es el de contribuir al desarrollo de la conciencia de la clase y no a sustituir al conjunto de la clase.

Los intereses históricos de la clase obrera en tanto que destruir al capitalismo no eran siempre comprendidos desde el principio, y no podía serlo tampoco el desarrollo de la conciencia política de la clase constantemente torpedeada por la ideología burguesa dominante. Marx escribió el Manifiesto Comunista sin ver que el proletariado no podía apoderarse del aparato del Estado burgués para servirse de él. La experiencia viviente de la Comuna de París fue necesaria para probar de manera irrefutable que el proletariado debía destruir el Estado burgués para poder ejercer su dictadura sobre la sociedad. De la misma manera la cuestión acerca del partido estuvo en discusión en el movimiento obrero hasta 1917, pero la experiencia rusa marca una frontera de clase sobre este punto. Todos aquellos que repiten o teorizan la repetición de los errores de los bolcheviques se ponen al otro lado de la frontera de clase.

Lo que el Estado ruso destruyó al debilitar a los Soviets, fue la fuerza misma del socialismo. Al estar ausente toda autonomía organizada de la clase en su conjunto, toda esperanza de regeneración fue progresivamente eliminada, la política económica de los bolcheviques era debatida, cambiada, modificada, pero su acción política en Rusia fue fundamentalmente un proceso continuo que aceleró la caída de la revolución. Todo este proceso se hace todavía más claro cuando se le ve en el contexto de la derrota internacional del movimiento del cual formaba parte.

La dictadura del proletariado

Una de las primeras, de las más importantes lecciones que deben ser sacadas de la experiencia revolucionaria del período que sigue a la primera guerra mundial es que la lucha proletaria es ante todo una lucha internacional y que la dictadura del proletariado es (sea esta en un sector o a escala mundial) de partida y ante todo una cuestión política.

El proletariado, al contrario de la burguesía es una clase explotada y no explotadora. Ella no tiene pues privilegio económico alguno sobre el cual apoyar su porvenir de clase. Las revoluciones burguesas eran esencialmente un reconocimiento económico de un hecho político consumado. La clase capitalista era de hecho, la clase económica dominante de la sociedad, mucho antes del movimiento de su revolución. La revolución proletaria, al contrario comprende una transformación económica a partir de un punto de partida político: la dictadura del proletariado. La clase obrera no tienen ningún privilegio económico que defender en la vieja sociedad, así como tampoco en la nueva, y no tiene más que su conciencia de clase, su poder político organizado en los Consejos Obreros para guiarse en la transformación de la sociedad. La destrucción del poder burgués y la expropiación de la burguesía deben ser victoriosas a escala mundial, antes que toda transformación social pueda ser acometida bajo la dirección de la dictadura del proletariado.

La ley económica fundamental de la sociedad capitalista, la ley del valor, es el conjunto del mercado capitalista mundial y no se puede de ninguna manera por ningún medio eliminarsele en un solo país, (ni siquiera en uno de los países más desarrollados) ó en el conjunto de varios países, sino solamente a escala mundial. No existe escapatoria alguna frente a este hecho ni siquiera reconociéndolo piadosamente para después ignorarlo y hablar de abolir al mismo tiempo el dinero y el trabajo asalariado, que no son más que corolarios de la ley del valor y del sistema capitalista en su conjunto, en un solo país. Las únicas armas de las que dispone el proletariado para llevar a cabo la transformación de la sociedad que sigue y que no puede preceder a la toma del poder por los Consejos Obreros Internacionalmente son:

  1. La fuerza organizada y armada para conducir a la victoria de la revolución en el mundo entero.
  2. La conciencia de su programa comunista, orientación política indispensable para la transformación económica de la sociedad.

La victoria del proletariado no depende de su capacidad para “administrar” una fábrica ni todas las fábricas de un país. Administrar la producción cuando el sistema capitalista continúa existiendo, conducen esas “gestiones” a ser la gestión de la plusvalía y del intercambio. La primera tarea de todo proletariado vencedor en un país o un sector no es preocuparse por la forma de crear un “mitico islote de socialismo” que es imposible, sino de brindar toda la ayuda posible a su única esperanza: la victoria de la revolución mundial. Es de mayor importancia definir las prioridades sobre este punto. Las medidas económicas que tomará el proletariado en un país, o en un sector, son una cuestión secundaria. En el mejor de los casos, esas medidas no son más que medidas destinadas a parar el peligro y tenderán a marchar en un sentido positivo: todo error puede ser corregido si la revolución avanza, y si los Consejos Obreros pierden su control político y su clara conciencia del sentido en el cual se marcha, entonces no habrá esperanza de corregir los errores o de instaurar el socialismo. Hoy numerosas voces se elevan contra esta concepción; algunas de estas voces proclaman que encerrar la lucha proletaria sobre el terreno político no es más que un no-sentido, un fósil reaccionario. En efecto, la concepción según la cual la clase revolucionaria es una clase definida objetivamente, el proletariado, es también una antigualla y debería ceder el lugar a una “clase universal” comprendida por todos aquellos que son “oprimidos”, atormentados psicológicamente o que tengan una inclinación filosófica por la revolución.

Las “relaciones comunistas”, o según un grupo inglés del mismo nombre “las prácticas comunistas” pueden ser realizadas inmediatamente, bastando para ello que la “gente” lo desee. Para ellos, lo más importante no es la toma del poder por el proletariado a escala internacional y la eliminación de la clase capitalista, sino la instauración inmediata de las supuestas “relaciones comunistas” bajo el empuje espontáneo de las “gentes en general”.

Los elementos puramente abstractos y miticos que sustentan esta teoría no toman en consideración el hecho de que ella puede perfectamente servir de cobertura a la ideología “autogestionaria”. Frente al acrecentamiento del descontento de la clase obrera, expresados en movimientos de masas, conforme al profundizamiento de la crisis capitalista, una de las reacciones de la burguesía será decir a los obreros: vuestros intereses no pueden ser los de lanzarse a los problemas “políticos” como el de la destrucción del Estado burgués, sino tomar las fábricas y hacerlas marchar para “vosotros mismos”, en orden.

La burguesía tratará de colocar a los obreros detrás de un programa económico de autogestión y de explotación y durante ese tiempo la clase capitalista y su Estado aguardarán para recoger los frutos. Esto es lo que ha pasado en Italia, en 1920, donde “Ordino Nuovo” y Gramsci exaltaban las posibilidades económicas que abrían las ocupaciones de fábricas, mientras que las fracciones de izquierda con Bordiga, decían que los Consejos Obreros, aunque tuviesen sus raíces en las fábricas, debían conducir un ataque frontal contra el Estado y el sistema en su conjunto, o morir.

Los camaradas de RWG no rechazan la lucha política. Ellos se limitan a decir que el contexto político y las medidas económicas son igualmente importantes y cruciales. En un sentido no hacen más que repetir una verdad marxista trivial: El proletariado clase explotada, no se bate por tomar el poder político sobre la burguesía con el objeto de satisfacer alguna psicosis de poder. Sino para echar las bases de una transformación social para la lucha de clases y la actividad autónoma y organizada de la única clase revolucionaria que, liberándose de la explotación, libera a la humanidad entera de la explotación para siempre. Pero, los camaradas de RWG no tienen ninguna idea concreta de la manera en la cual se puede desarrollar ese proceso de transformación social. La revolución es un asalto rápido contra el Estado, pero la transformación económica de la sociedad es un proceso que se desarrolla a escala mundial y que es de una complejidad extrema. Para llevar a cabo ese proceso económico, el marco político de la dictadura de la clase obrera debe ser claro. Antes que nada debe reconocer que la toma del poder por el proletariado no quiere decir que el socialismo pueda ser instaurado por decreto. Por lo tanto:

  1. La transformación económica no puede más que seguir, y no preceder, la revolución proletaria (no puede haber dos “construcciones socialistas” en el seno del poder de la clase capitalista). La transformación económica no se produce simultáneamente con el establecimiento del poder de la clase sobre la sociedad.
  2. El poder político del proletariado abre la vía a la transformación socialista, pero la principal muralla que protege la marcha de la revolución, es la unidad y la cohesión de la clase. La clase puede cometer errores económicos que deben ser corregidos, pero si deja el poder a otra clase o un partido o minoría, toda transformación económica deviene en consecuencia imposible.

A partir del hecho que nosotros afirmamos de que la dictadura política del proletariado es el marco y la condición previa para la transformación social, el espíritu simplista (RWG) concluye: «parece que Internacionalismo niega la necesidad para el proletariado de dirigir una guerra económica contra el capitalismo» (Forward, pág. 44)

Contrariamente a lo que proclama Forward, todo no tiene inmediatamente la misma importancia, o la misma gravedad, para la lucha revolucionaria. En un país donde la revolución acaba justamente de triunfar, los Consejos Obreros pueden considerar necesario trabajar 10 o 12 horas por día para la producción de armas y materiales necesarios para sus hermanos de clase situados en otra región. ¿Es esto socialismo? No, si se considera que los principios de base del socialismo son, la producción para las necesidades humanas (y no para la destrucción) y la reducción de la jornada de trabajo. ¿Entonces esas medidas deben ser denunciadas como una proposición contrarrevolucionaria? Evidentemente no, puesto que la primera esperanza de salvación de la clase obrera, es la de ayudar a la extensión de la revolución internacional. ¿Debemos entonces admitir que el programa económico esté sometido a las condiciones de la lucha de clase y que no existen los medios para crear un paraíso económico obrero en un solo país? En todo esto debemos insistir sobre el hecho que todo debilitamiento político del poder de los Consejos Obreros en la toma de decisiones y la orientación de la lucha sería fatal.

Los revolucionarios mentirían a su clase si la colmaran de sueños dorados, plenos de leche, de miel y de milagros económicos, en lugar de insistir sobre la lucha a muerte y las terribles destrucciones que necesita una guerra civil. No harían más que desmoralizar a su clase, declarando que los retrocesos económicos (en un país, o varios) significa el fin de la revolución. Poniendo estas cuestiones sobre el mismo plan inmediato que la solidaridad política, la democracia proletaria o el poder de decisión del proletariado, desviarían la fuerza decisiva de la lucha de clases comprometiendo así la única esperanza de empezar un período de transición al socialismo a escala mundial.

El RWG responde que «todo no puede ser semejante que antes, después de la revolución» y ponen el acento sobre las trágicas condiciones de los obreros en Rusia en 1921. Pero no nos dicen de cuales condiciones hablan. ¿Es que acaso, las organizaciones de masa de la clase obrera estaban excluidas de toda participación efectiva en el “Estado Obrero”?, ¿Quien reprimió a los obreros en huelga en Petrogrado?; si ellos hablan de estas condiciones tocan el corazón de la degeneración de la revolución. ¿O bien, hablan ellos del hecho de que los obreros estaban todavía trabajando en las fábricas, que los salarios existían aún (¿se les puede abolir en un solo país?), así como el intercambio? Aunque estas prácticas no sean evidentemente el socialismo, ellas son sin embargo inevitables al menos que se pretenda poder eliminar la ley del valor en un abrir y cerrar de ojos. Como lo dice RWG “un trazo debe ser tirado en alguna parte” ¿pero donde? Mezclando la importancia crucial de una coherencia política y el poder de la clase con los retrocesos económicos, los problemas de la lucha futura se reducen a una esperanza de realización milagrosa de nuestros más sinceros deseos.

El socialismo -o las relaciones sociales comunistas, éstos términos son usados aquí de manera intercambiable- se define esencialmente por la eliminación total de todas las “leyes económicas ciegas” y sobre todo de la ley del valor que rige la producción capitalista, eliminación que permite satisfacer las necesidades de la humanidad. El socialismo es el fin de todas las clases (la integración de todos los sectores no-capitalistas a la producción socializada y la apertura del trabajo asociado decidiendo sus propias necesidades), el fin de toda explotación, de toda necesidad de un Estado (expresión de una sociedad dividida en clases), de la acumulación de capital con su corolario al trabajo asalariado y de la economía de mercado. Este es el fin de la dominación del trabajo muerto (capital) sobre el vivo. Así pues el socialismo no es una cuestión de creación de nuevas leyes económicas sino, la eliminación desde abajo de las viejas, bajo la égida del programa comunista proletario.

El capitalismo no es un villano burgués que fuma un grueso puro, sino toda la organización actual del mercado mundial, la propiedad privada de los medios de producción, comprendida ahí la del campesinado, el subdesarrollo, la miseria, la producción para la destrucción etc. Todo eso debe ser extirpado y eliminado de la historia humana para siempre. Esto necesita un proceso de transformación económica y social a escala mundial de proporciones gigantescas, que tomará al menos una generación. Sobre lo que es necesario insistir, es el hecho de que ningún marxista puede proveer los detalles de la nueva situación que tendrá que afrontar el proletariado después de la revolución mundial. Marx evitó siempre “sacar planes” para el futuro, y todo lo que puede aportar la experiencia rusa son líneas de orientación muy generales para la transformación económica. Los revolucionarios faltarían a su tarea si su única contribución fuera el rechazo de la revolución rusa por no haber creado el socialismo en un solo país, o de crear ensueños acerca de la simultaneidad de la construcción del marco político y de la transformación económica.

El verdadero peligro del programa económico de la revolución es que las grandes líneas directivas no sean claras, que no se saque cuáles son las medidas que marchan en el sentido de la destrucción de las relaciones de producción capitalistas –y por lo tanto hacia el comunismo-, que deberán ser aplicadas desde que sean posibles. Es una cosa decir que en ciertas condiciones no podrá ser apremiante trabajar largas horas, o no ser capaces de abolir inmediatamente el dinero en un sector. Pero es otra cosa decir que el socialismo significa trabajar más duramente o peor todavía que las nacionalizaciones y el Capitalismo de Estado son un paso adelante, hacia el socialismo. No es tanto por el caos del Comunismo de Guerra llevado a la NEP, que los Bolcheviques deben ser condenados, si no por haber presentado las nacionalizaciones o bien el Capitalismo de Estado como una ayuda a la revolución o haber pretendido que la “competición económica con el Oeste” provocaría la grandeza de la producción socialista. Un programa de transformación económica claro es una necesidad absoluta, y hoy después de 50 años de retroceso, podemos ver claramente la cuestión más que los bolcheviques u otra expresión política del proletariado en la época.

La clase obrera tiene necesidad de una orientación clara de su programa político, clave de la transformación económica, pero no falsas promesas de remedios inmediatos a las dificultades o de mistificaciones sobre la posibilidad de eliminar la ley del valor por decreto.

La NEP

El RWG no es el único en insistir sobre la NEP. Muchos de aquellos que provienen de rupturas con el “izquierdismo”, y particularmente con las variedades trotskistas, hacen lo mismo. Después de haber defendido la teoría insensata según la cual los “Estados Obreros” existen hoy, y que la colectivización en manos del Estado “prueba” el carácter socialista de la Rusia actual, buscan ahora presentar «el punto donde el cambio entre el 17 y hoy ha debido producirse» (Forward pág 44) en Rusia. Es la cuestión que siempre plantean los trotskistas con satisfacción: ¿En qué momento ha vuelto el capitalismo a implantarse?

La NEP no era una invención producida por el cerebro de los líderes bolcheviques. Ella retoma, por otra parte, en gran medida el programa de la revuelta de Kronstadt. La revuelta de Kronstadt sobre el tapete reivindicaciones políticas necesarias para salvar la revolución: el restablecimiento del poder a los Consejos Obreros, la democracia proletaria y el fin de la dictadura bolchevique a través del Estado. Pero económicamente los obreros de Kronstadt, empujados por el hambre hacia el intercambio individual para obtener alimentos, propusieron un “programa” que demandaba simplemente una regularización del intercambio, colocándolo bajo la dirección de los obreros. Una regularización del comercio para acabar con las hambrunas y el estancamiento económico. Los cargamentos enviados a las ciudades rusas eran tomados por asalto por la población hambrienta y debían, por lo tanto, ser acompañadas por guardias armados. Los obreros estaban a menudo obligados a cambiar útiles de trabajo por los alimentos que tenían los campesinos. La situación era catastrófica, y Kronstadt así como los bolcheviques, no podían proponer otra cosa que no fuese un retorno a una suerte de nacionalización económica, que no podía ser otra que el capitalismo.

1.- «Si los acontecimientos empujaban a la instauración de la propiedad capitalista como era en parte el caso,....» (Revolución y Contrarrevolución en Rusia pág 7) «la restauración del capitalismo significaba la restauración del proletariado en tanto que clase en sí...» (ídem. pág 17); «uno se pregunta lo que hubiera sido necesario conceder de más al capitalismo ¿no para arribar a su restauración?» (Forward, pág 46) –los subrayados son nuestros-.

Todo esto es una prueba clara de la confusión que se hace. La NEP no era la “restauración” del capitalismo, puesto que este no ha sido jamás eliminado en Rusia. El RWG lleva más lejos la confusión, al añadir: «si la NEP no era el reconocimiento de las relaciones económicas capitalistas normales, es decir legales» (Revolución y Contrarrevolución en Rusia Pág. 7). He ahí el colmo del absurdo: que las relaciones capitalistas sean o no legales; es decir que su existencia sea o no reconocida, no es más que una cuestión jurídica. ¿Qué "pureza" se gana pretendiendo que la realidad no existe? De todas maneras, que sea reconocida legalmente o no, no cambia en nada a la realidad económica. Sí la NEP marcó un punto decisivo, no fue porque reintrodujera (o reconociera) la existencia de fuerzas económicas capitalistas. Las leyes fundamentales de la economía capitalista dominaban el contexto ruso puesto que ellas dominaban el mercado mundial[1].

Esto puede conducir a algunos a decir que Rusia ha sido siempre capitalista y que constituye la prueba de que ahí no hubo revolución proletaria. Jamás estaremos en capacidad de identificar una revolución proletaria si nos obstinamos en concebirla como una transformación económica completa de un día para otro.

Una vez más volvamos al tema del “socialismo en un solo país”, que está suspendido como una nave amenazante, a propósito de la experiencia rusa. La NEP, con sus nacionalizaciones de industrias claves, fue un paso adelante hacia el Capitalismo de Estado, no un cambio fundamental del “socialismo” (o de otro sistema diferente del capitalismo) hacia el capitalismo.

2.- «Ella (la NEP) representa realmente una traición de los principios, una traición programática de las fronteras de clases» (Revolución y Contrarrevolución pág 7) Este es el corazón de la argumentación, aunque este argumento sea la consecuencia natural de lo que precede. Nadie es tan loco para pretender que la clase obrera no pueda jamas retroceder. Aunque de una manera general la revolución debe avanzar o perecer, lo que no puede jamás ser tomado unilateralmente y significar que podamos avanzar en línea recta y sin problemas.

La cuestión que se plantea es entonces la siguiente: ¿qué es un retroceso inevitable y qué es poner en peligro los principios? El programa bolchevique en lo que podía contener de apología engañosa del Capitalismo de Estado, era un programa que se podía volver contra el proletariado, pero la imposibilidad de abolir la ley del valor o del intercambio en un solo país no tiene nada que ver con una “traición de las fronteras de clase”. O se hace una distinción clara en esto, o se concluye defendiendo la posición según la cual el proletariado pudo haber arribado a un socialismo integral en Rusia. Siendo esto imposible, tendrían los revolucionarios que ocultar su incapacidad para aplicar el programa mintiendo acerca de lo que realmente debía ser hecho.

Los retrocesos en el terreno económico serán ciertamente inevitables en muchos casos – a pesar de la necesidad de una orientación -, pero un retroceso en el terreno político significa la muerte para el proletariado. Esta es la diferencia fundamental que hay entre la NEP y el tratado de Rapalo, o las tácticas del “Frente Unico”.

«¿Qué habrían hecho los camaradas de Internacionalismo en tal situación? ¿Habrían ellos restaurado la economía de mercado? ¿Habrían ellos descentralizado la industria para ponerla en manos de los directores de empresas? ¿Habrían ellos rehabilitado el rublo? En resumen, ¿habrían ellos efectuado un “retroceso” que era en efecto una derrota?... Habrían ellos subordinado los intereses de la revolución proletaria mundial a los intereses del capital nacional ruso»  (Forward pág 45).

Este planteamiento ajeno a la historia consistente en preguntar “¿qué habrías hecho tú?” es estéril por definición, la historia no puede ser cambiada o “juzgada” con nuestras conciencia (o nuestra falta de ella) hoy. Sin embargo, las cuestiones sencillas planteadas por RWG muestran que no han comprendido la diferencia entre un retroceso y una derrota.

¿La economía de mercado? Jamás ha sido destruida internacionalmente, único medio de hacerla desaparecer, ni eliminado por nadie en Rusia, siempre ha existido. ¿El rublo? También una cuestión absurda según los análisis marxistas del capitalismo mundial y del rol del dinero. ¿Descentralización de la industria? Esta cuestión política concierne profundamente a los Consejos Obreros y pertenece profundamente a otro dominio. ¿Defensa de los intereses del capital ruso? Esta fue claramente la campanada que anunció la muerte de la revolución.

La transformación económica «no puede ser hecha por decreto, pero el decreto es el primer paso». Si por decreto RWG entiende el programa de la clase obrera entonces solamente tenemos que “decretar” el comunismo integral e inmediatamente. ¿Y después? ¿Como arribaremos ahí? ¿Acaso debemos o tirar la toalla completamente o mentir y pretender que podemos alcanzar el socialismo a través de pequeñas repúblicas socialistas?

La revolución en un país como Gran Bretaña por ejemplo (por no decir una economía tan atrasada o subdesarrollada como la de Rusia en 1917), no podría existir más que algunas semanas antes de ser ahogada por el hambre (en el caso de un bloqueo). ¿Qué sentido tendría hablar de una guerra económica contra el capitalismo, siempre victoriosa en medio de más hambre? La única política que defiende y protege un bastión revolucionario es la lucha revolucionaria ofensiva a escala internacional y la única esperanza es la solidaridad política de la clase, su organización autónoma y la lucha de clases internacional.

Algunas medidas para un programa de transición

El RWG, con toda su charlatanería sobre la NEP, no ofrece ninguna vía par una orientación válida de la economía en la lucha del mañana. ¿En qué dirección debemos orientarnos, que podamos ir tan lejos como las circunstancias de la lucha de clase nos lo permita?

  1. Socialización inmediata de las grandes concentraciones capitalistas y de los principales centros de actividad proletaria.
  2. Planificación de la producción y de la distribución por los Consejos Obreros, conforme al criterio de máxima satisfacción posible de las necesidades (de los trabajadores y de la lucha de clases) y no para la acumulación.
  3. Tendencia hacia la reducción de la jornada de trabajo.
  4. Elevación sustancial del nivel de vida de los obreros, incluyendo la organización inmediata de los transportes, habitación, de los servicios médicos gratuitos. Todas éstas medidas deben ser tomadas por los Consejos Obreros.
  5. Tentativa de eliminar, en la media de lo posible, la forma de salario y dinero, aún si este toma la forma de un racionamiento de los bienes, si están en cantidad insuficiente, por los Consejos Obreros, para la sociedad en su conjunto. Esto será más fácil donde el proletariado está fuertemente concentrado y tenga suficientes recursos a su disposición.
  6. Organización de las relaciones entre los sectores socializados y los sectores donde la producción continua siendo individual -sobre todo en el campo -, orientada hacia un intercambio organizado y colectivo, en un primer momento a través de las cooperativas (introducidas eventualmente por la eliminación de la producción privada y del intercambio, sí la lucha de clases es victoriosa en el campo), medida que representa un paso adelante en el curso hacia la desaparición de la economía de mercado y de los intercambios individuales.

Estos puntos deben ser tomados como sugerencias para la orientación futura, como una contribución al debate que se sostiene en el seno de la clase sobre estas cuestiones.

La Oposición Obrera

Como los camaradas de RWG no comprenden la situación rusa, terminan perdiéndose en ella. Intentan ofrecer una orientación para el futuro escogiendo algunos aspectos de reacciones diferentes que se oponían en Rusia. Como todos aquellos que rechazan completamente el pasado y pretenden que la conciencia revolucionaria nació ayer (con ellos, lo más seguro), RWG toma, aparentemente lo contrario y responde a la historia en sus propios términos. Lo que no constituye un enriquecimiento de las lecciones del pasado, sino un deseo de revivirlo y “hacerlo mejor”, en lugar de ser una tentativa de buscar de lo que se puede sacar hoy.

El RWG escribe pues: «nuestro programa es el programa de la Oposición Obrera, que predica la actividad autónoma de la clase contra el burocratismo, y las tentativas a la restauración del capital» lo que revela una falta de comprensión fundamental de lo que significa realmente la Oposición Obrera en el contexto de los debates en Rusia. La Oposición Obrera fue uno de los numerosos grupos que se enfrentaron contra la evolución de los acontecimientos en las circunstancias de degeneración en Rusia. Lejos de rechazar sus esfuerzos a menudo llenos de coraje, es necesario considerar su programa.

La Oposición Obrera no estaba contra el “burocratismo”, sino contra la burocracia del Estado y por la utilización de la burocracia sindical. Los sindicatos debían ser el órgano de la gestión del capital en Rusia y no la máquina del partido-Estado. La Oposición Obrera pudo haber querido defender la iniciativa de la clase obrera, pero ella no pudo visualizarla fuera del contexto sindical. La verdadera vida de la clase en los Soviets había sido casi enteramente eliminada en Rusia en 1920-21, pero esto no quería decir, que los sindicatos, y no los Consejos Obreros, eran los instrumentos de la dictadura del proletariado. Es el mismo género de razonamientos que ha conducido a los bolcheviques a concluir en la necesidad de retornar en algunos aspectos, al viejo programa social demócrata –infiltración de los sindicatos, participación en el parlamento, alianzas con los centristas, etc.-, desde el mismo momento que el programa del primer congreso de la IC no pudo ser fácilmente puesto en práctica como consecuencia de las derrotas del proletariado en Europa. Igualmente si los Soviets fueron aplastados, la actividad autónoma de la clase- sin hablar de su actividad revolucionaria-, no podía ser ejercida en los sindicatos en el período de decadencia del capitalismo. Todo el debate sobre los sindicatos reposaba sobre una base falsa: los sindicatos habrían podido sustituir la unidad de la clase en los Soviets. En este sentido la experiencia de Kronstadt, llamando a la regeneración de los Soviets, era más clara sobre la cuestión. Durante ese tiempo la Oposición Obrera aportó su acuerdo y su sostén al aplastamiento militar de Kronstadt.

Es necesario comprender históricamente que el contexto ruso, los argumentos de ese debate giraban en torno a la manera de “administrar” la degeneración de la revolución, y que sería el súmmum de la absurdidad, el RWG afirma: «pero estamos seguros de una cosa: si el programa de la Oposición Obrera hubiera sido adoptado, el programa de la actividad autónoma de la clase, la dictadura del proletariado en Rusia habría muerto (en caso de muerte) combatiendo al capitalismo y no adaptándose a él. Y la posibilidad era que ella podía haber sido salvada por la victoria en el Oeste. Si ese programa de lucha hubiera sido adoptado no hubiese habido un retroceso internacional. Habrían habido posibilidades para la Izquierda Internacional de ganar predominio en la Internacional Comunista» (Forward, pág 48-49).

Esto prueba solamente que hay una convicción persistente entre el RWG, de que si las cosas hubieran sido hechas de mejor manera en Rusia todo hubiera sido diferente. Para ellos Rusia es el pivote de todo. Ellos también asumen como lo hemos visto, que si las medidas económicas hubieran sido diferentes, la traición política habría sido evitada, y no lo contrario. Pero la absurdidad histórica de estas hipótesis es más claramente expresada por “habrían habido posibilidades para la Izquierda Internacional de ganar predominio en la Internacional Comunista”.

La Izquierda Comunista de quienes presumimos que ellos hablan no comprendía claramente el programa económico para la época, pero el KAPD, por ejemplo, se basaba sobre el rechazo de los sindicatos y de su burocracia. La Oposición Obrera no tuvo nada –o si tuvo fue poco- que repetir sobre la estrategia bolchevique en el Oeste, y siempre sirvió de tapón a la política bolchevique oficial sobre esta cuestión, incluyendo las 23 condiciones del segundo congreso de la Internacional Comunista (como lo hizo Osinsky). La visión que atribuye a la Oposición Obrera haberse transformado en el punto focal de la Izquierda Internacional, es pura invención del RWG, porque desconocen la historia de la que hablan con tanta ligereza.

Aún cuando el RWG dice que: «escrutar la bola de cristal no es una tarea revolucionaria» (Forward, pág 48), él se pierde, en algunas líneas más adelante, en los horizontes infinitos que la Oposición Obrera habría abierto a la clase obrera. Se podría decir que en lugar de evitar las bolas de cristal, sería mejor saber de que se habla.

Las lecciones de Octubre

Nuestro objetivo esencial en este artículo, no es polemizar, aún cuando sea de indudable utilidad la claridad que se pueda llevar sobre ciertos puntos. La tarea esencial de los revolucionarios es la de sacar de la historia los puntos para la orientación de la lucha futura. El debate que trata específicamente sobre la cuestión de saber cuándo la revolución rusa degeneró es menos importante que:

  1. Ver que efectivamente esta degeneración ha tenido lugar.
  2. Discutir por qué ha tenido lugar.
  3. Contribuir a la toma de conciencia de la clase, sintetizando los aportes positivos y negativos de esta época.

Es en este sentido que queremos aportar una contribución a una visión general de la herencia esencial que nos ha dejado la experiencia de la oleada revolucionaria de post-guerra, para el presente y para el futuro.

  1. La revolución proletaria es una revolución internacional y la primera tarea de la clase obrera en un país es contribuir a la revolución mundial.
  2. El proletariado es la única clase revolucionaria, el único sujeto de la revolución y de la transformación social. Es claro hoy que toda alianza “obrero-campesina” debe ser rechazada.
  3. El proletariado en su conjunto, organizado en Consejos Obreros, constituye la dictadura del proletariado. El rol del partido político de la clase no es el de tomar el poder del Estado, de “dirigir en nombre de la clase”, sino el de contribuir a desarrollar y a generalizar la conciencia de la clase en el interior de ella. Ninguna minoría política de la clase puede ejercer el poder político en su lugar.
  4. El proletariado debe dirigir su poder armado contra la burguesía. Aunque la principal manera de unificar la sociedad debe ser mediante la integración de los elementos no proletarios y no explotadores en la producción socializada, la violencia contra estos sectores puede ser en ciertos momentos necesaria; pero debe ser excluida como medio para resolver los debates en el interior del proletariado y de sus organizaciones de clase. Todos los esfuerzos deben ser hechos por medio de la democracia obrera, para reforzar la unidad y la solidaridad del proletariado.
  5. El capitalismo de Estado es la tendencia dominante de la organización capitalista en el periodo de decadencia. Las medidas de capitalismo de Estado, incluidas ahí las nacionalizaciones, no son de ninguna manera un programa para el socialismo, ni una “etapa progresiva”, ni una política que pueda “ayudar” la marcha hacia el socialismo.
  6. Las líneas generales de las medidas económicas que tienden a eliminar la ley del valor, al establecimiento de la socialización de la producción para las necesidades de la humanidad, mencionadas anteriormente, representan una contribución a la elaboración de una nueva orientación económica para la dictadura del proletariado. Estos puntos rápidamente bosquejados acá, no tienen la pretensión de agotar la complejidad de la experiencia revolucionaria, pero pueden servir como puntos de referencia para una elaboración futura.

Existen hoy en día muchos grupos pequeños, como el RWG, que se desarrollan con el resurgimiento de la lucha de clases y es importante comprender las implicaciones de su trabajo, así como el fortalecimiento del intercambio de ideas en el medio revolucionario. Pero existe el peligro de que después de tantos años de contrarrevolución, estos grupos no sean capaces de apropiarse de la herencia del pasado revolucionario. Como el RWG, muchos de esos grupos piensan que ellos “descubrieron” la historia por primera vez, como si nada hubiese existido antes que ellos. Esto puede conducir a aberraciones de este genero: fijarse sobre el programa de la Oposición Obrera o de los grupos de izquierda rusos, en el vacío, como si se “descubriera” cualquier día una “nueva piedra del rompecabezas”, sin colocar los elementos en un contexto más amplio. Sin conocer el trabajo de la Izquierda Comunista (y ser criticado al mismo tiempo) (KAPD, Gorter, Izquierda Holandesa, Pannekoek, “Worker’s Dreadnaught”, la Izquierda italiana, la revista Bilan en los años treinta e Internacionalismo en los cuarenta, el Comunismo de los Consejos y Living Marxismo tanto como los Comunistas de Izquierda rusos), y sin verlos como las piezas separadas de un rompecabezas, sino comprendiéndolos en los términos generales del desarrollo de la conciencia revolucionaria de la clase, nuestro trabajo estará condenado a la esterilidad y a la arrogancia del diletante. Aquellos que hacen el esfuerzo indispensable de romper con el izquierdismo deberían comprender que no están solos en la marcha sobre el camino de la revolución, y que tampoco están solos en la historia.

J.A.

[1] La política del Comunismo de Guerra en el país durante la guerra civil, tan celebrada por RWG, no era menos “capitalista” que la NEP. La expropiación violenta de los bienes de los campesinos, aunque siendo una medida necesaria para la ofensiva proletaria de la época, no constituía en nada un “programa” económico (el pillaje). Es fácil ver que estas medidas temporales, impuestas por la fuerza sobre la producción agrícola, no podían durar indefinidamente. Antes, durante y después del Comunismo de Guerra, la base esencial de la producción era la propiedad privada. El RWG tiene razón al señalar la importancia de la lucha de clase de los obreros agrícolas en el país, pero esta lucha no podía eliminar automáticamente e inmediatamente al campesino y su sistema de producción, ni siquiera en el mejor de los casos.