Los epígonos del consejismo (II) - El consejismo viene en ayuda del tercermundismo

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Los consejistas de hoy  en día como aquellos de los grupos holandeses, Spartacusbond y Daad en Gedachte, se distinguen  sobre todo por su confusión Menchevique, que llega a cumbres patéticas cuando la cuestión de la revolución Rusa es planteada.

Los comunistas de consejos que en los años 30 militaron en la lucha de clarificación en contra de la contrarrevolución, y que escribieron para correspondencia internacional de Consejos y otras publicaciones comunistas, eran sin lugar a dudas bolcheviques. Sus tradiciones eran enteramente proletarias. En la desmoralización y confusión causadas por la derrota de la Revolución Mundial, ellos trataron de entender las  razones del reflujo dentro de un marco proletario aunque defiendan algunas concepciones erróneas. Confrontados con la declinación de la revolución proletaria ellos también comenzaron a declinar. Que diferente fue cuando ellos formaban un todo con la revolución proletaria en el levantamiento, cuando entusiastamente se zambullían en la, al parecer, ola irresistible de lucha clasista marcando el período de 1917 al 1923. El Menchevismo nunca pasó esas tesis de eventos: atacó a la revolución proletaria desde sus comienzos hasta el fin.

 LA “REVOLUCION  BURGUESA” UNA CAJA DE UVAS AGRIAS

 Tal como el zorro que en la fábula se alejó de las uvas inalcanzables murmurando que después de todo debían de estar agrias, los “consejistas” de hoy tratan a la revolución de octubre como una revolución burguesa. Como hemos dicho anteriormente,  los comunistas de izquierda alemanes y holandeses que comenzaron a exponer una teoría de la “Revolución Burguesa” en los años 30 para poder explicar la contrarrevolución rusa, fueron una corriente comunista auténtica. Esto fue pese a sus tentativas, pero erróneas, aseveraciones dadas como razones para la recaída de la revolución Rusa. Los consejistas de hoy, así y todo no  constituyen una tal corriente revolucionaria. Ellos no son más que su descolorido y empobrecido residuo, compartiendo (y contribuyendo más a la confusión) a todos los posteriores defectos  de los comunistas de izquierda alemanes y holandeses, pero es más decido el hecho de que ellos no comparten nada del ardor original, o creatividad y coherencia que distinguían a la izquierda alemana y a la holandesa: en suma, ninguna de sus virtudes. Los revolucionarios del KAPD, y los de otros grupos que se identificaban  con su posición, comenzaron como militantes comunistas quienes apoyaron sin reservas la revolución de Octubre, porque se dieron cuenta que era el momento correcto para desplegar la revolución mundial. Lo  que ellos dijeron después cuando la ola revolucionaria mundial estaba retrocediendo, es otro asunto. En la desmoralización y retirada, las minorías comunistas se hacen inevitablemente más confusas y cometen errores, especialmente cuando toda la clase ha sufrido derrotas. Pero aclaremos esto: Spartacusbond, Daad en Gedachte y compañía tomaron de entre los restos de toda la confusión y desmoralización de lo que una vez  fue una autentica fracción revolucionaria. En esto radica toda la diferencia.

Un examen a algunas declaraciones hechas por Spartacusbond demuestra notoriamente su completa regresión de cualquier posición revolucionaria.

“La tercera internacional, siendo promovida por una estructura económica y políticamente  atrasada-  en la realidad burguesa- (si) de la Rusia revolucionaria era una estructura organizativa del pasado, al menos para Europa Occidental”. (Boletín del Spartacusbond, N° 2, pág. 3). Y:

La declinación de la revolución “fue el resultado de la estructura de _Rusia y del socialismo de estado que existía en el bolchevismo desde el comienzo y lo que solamente podía resultar en un capitalismo estatal” (Ibid.,pág. 3).

Cajo Brendel, un  “consejista” colaborador de Daad en Gedachte, también cree que la revolución de Octubre fue  “burguesa”:

“Por algún tiempo la revolución  (burguesa) Rusa parece que tuvo una gran influencia para desarrollos burgueses similares en Asia y Africa”. (Cajo Brendel, Tesis  sobre la Revolución China, panfleto de Solidarity N° 46, Londres 1974, pág. 3).

Observando la repugnante adulteración creciente del marxismo y de las necesidades de la revolución mundial perpetuada por Moscú y el Comintern, los   comunistas de izquierda alemanes y holandeses de los años 20 reaccionaron en muchas formas confusas. Algunos como Gorter y Pannekoek, comenzaron a decir que lo que había sucedido en Rusia era algo “inevitable” debiéndose al retroceso económico ruso; Otto Ruhle y muchos otros abiertamente mantuvieron que Rusia había tenido una revolución “Burguesa”. Hasta el Materialismo y Empirio-Criticismo de Lenin, en la opinión de Pannekoek, filosóficamente era un producto del nivel económico del escaso desarrollo burgués en Rusia, y así el Bolchevismo era cada vez más visto como un tipo especial de “híbrido” del  movimiento burgués jacobino, “forzado” por la historia a establecer un capitalismo estatal en Rusia. Siguiendo este tren de pensamiento pero añadiéndole sus propios aderezos filisteos, Brendel llama a los bolcheviques “idealistas políticos” (Ibid., pág. 2) sentenciados a ser “repentina y horriblemente” despertados a la realidad del capitalismo estatal. Paul Mattick, que se convirtió en otra voz “consejista”, puso en claro una idea similar: para los bolcheviques “estar en el poder bajo las condiciones actuales significó aceptar el papel histórico de la burguesía pero con instituciones sociales diferentes  y una ideología diferente”. (Paul Mattick, “Control Obrero” en La Nueva Izquierda, Boston, 1970, pág... 388). De acuerdo con Mattick la necesidad objetiva de la revolución Burguesa co-existió en la ola revolucionaria proletaria (desencadenada por la primer Guerra Mundial) que él califica de “débil”. Así . todo lo que sucedió en Rusia fue inevitable a causa de su retraso económico, de la ideología capitalista estatal bolchevique y de la  debilidad del proletariado mundial. Bajo la superficie de estas expresiones podría tal vez encontrarse algo profundo como: “Es malo todo lo que termina mal”.

 EL MENCHEVISMO RESUCITADO.

Defendiendo la Revolución Rusa contra el Menchevismo y los renegados como Kausky, Luxemburgo y los comunistas de Occidente que apoyaron el régimen Bolchevique sostuvieron que en 1914 el capitalismo entró en su muy esperado período de decadencia. De ahí que la revolución Rusa fue un eslabón en la creciente cadena de revoluciones proletarias. La guerra imperialistas había dado un golpe mortal al ascendente período de desarrollo capitalista. De ahí en adelante el programa comunista máximo, estaba en la agenda inmediata de la humanidad. La clase obrera estaba enfrentando la alternativa de socialismo o barbarie en ese momento. La espiral del ciclo guerra-reconstrucción–crísis-guerra, apareció en la historia con todos sus efectos mortales significando que nuestra época es también la época de la revolución mundial.

Hablar de “revoluciones burguesas” bajo tales condiciones, o acerca de “necesarios escenarios capitalistas” previos a la revolución proletaria cuando el capitalismo mundial daba señas agónicas de decadencia fue realmente la cima del cretinismo Kautskista. Kautsky y los Mencheviques se opusieron a la Revolución de Octubre por el hecho de que el desarrollo económico ruso estaba muy atrasado, permitiendo solamente la creación de una república burguesa. “Teóricamente esta doctrina... siguiendo el descubrimiento original “marxista” de que una revolución socialista es un asunto nacional y, por así decirlo, doméstico en cada país moderno, tomado por sí mismo”, dijo Rosa Luxemburgo (La Revolución Rusa, en  Los Discursos de Rosa Luxemburgo, Nueva York, 1970, pág.  368). Pero los marxistas de su época entendieron que el desarrollo burgués era imposible dentro de los límites de la sociedad burguesa. Esto se aplica a todos los países, desde Rusia a Paraguay. Las conexiones mundiales del capital, que convierte a todos los países en un solo organismo integrado, el mercado mundial, no da lugar a las teorías de “excepcionalismo” tan defendido por lo izquierdistas de todo tipo y convicción. Ya en  1905-6, Parvus y Trotsky habían comenzado a comprender esta realidad, después de la experiencia de la Revolución Rusa de 1905. Lenin y Luxemburgo adoptaron este punto de vista firmemente en 1917, y comprendieron que el proletariado ruso podía solamente tomar el poder como un preludio a la revolución socialista mundial. No era que los trabajadores rusos tenían que tomar el poder par completar la “revolución burguesa” aunque sea de pasada, pero sí,  que la crisis del capitalismo mundial permitía solamente una ininterrumpida e inmediata lucha hacia el socialismo.

 Los argumentos de Kausky, Plekhanov, Martov y todos los doctrinarios del capitalismo nacional, fueron completamente refutados en la ola revolucionaria de 1917 a 1923. El hecho de que esta ola fue finalmente destruida no altera de ningún modo la conclusión . Si los fracasos de la revolución proletaria en el período de decadencia son siempre a causa del “retroceso económico”, entonces no hay esperanza par el comunismo. La decadencia capitalista significa precisamente que las fuerzas productivas eran cada vez más constreñidas y apretujadas por las propias relaciones capitalistas de producción. En otras palabras, el capitalismo en decadencia podrá solamente detener  y limitar el desarrollo de las capacidades productivas de la humanidad; podrá solamente mantener el retardo económico como un todo.

Las razones para la derrota de la oleada revolucionaria de 1917-23 son muy complejas para discutirlas aquí. Es suficiente hacer notar que las respuestas verbosas de los Mencheviques acerca del “atraso” de Rusia solamente confunden la cuestión. Las raíces de la derrota proletaria durante la época de la revolución, se hallan principalmente al nivel de la consciencia proletaria, lo que ayuda a explicar factores subjetivos como el apego a viejas tradiciones e insuficiente claridad en lo que respecta al programa comunista, factores que tal vez en un momento dado paralicen la clase como un todo y permitan al capitalismo recobrar la iniciativa. Los aspectos  subjetivos de la clase asumen así un aspecto socio-material que puede en ciertos momentos, convertirse en obstáculo objetivo. Pero el determinismo mecánico de los Kauskistas no tiene nada que decir acerca de este proceso que es parecido a un proceso “orgánico” más que a un proceso matemático. Era por lo tanto una regresión teorética para aquellos comunistas de izquierda, que fueron más tarde llamados comunistas de “consejos”,  para revivir los argumentos Mencheviques de la inevitable naturaleza “Burguesa” de la Revolución Rusa. Haciendo esto, estos militantes se fueron en contra hasta de su propio pasado,  y en contra de una de las más grandes experiencias obreras. Sí, fue cierto que la Revolución Rusa fue ahogada en sangre por la contrarrevolución mundial expresándose a través  del “estado obrero” en Rusia. Y fue más doloroso aún ver a los bolcheviques asumir el mando, la tarea de capataz, en esta degeneración. Pero esto no niega la naturaleza proletaria de Octubre, cuya derrota significa una monstruosa debacle de la clase mundial trabajadora.

Solamente la estupidez puede entonces orgullosamente elevar su diminuta frente y encontrar una “revolución  burguesa” en medio de la carnicería. Si las “revoluciones burguesas” emanaran de los huesos y sangre de millones de derrotados  proletarios con conciencia de clase o enfocándolo de una manera diferente,  si las  “revoluciones burguesas” emanaran de los huesos y sangre de millones de derrotados proletarios con conciencia de clase o enfocándolo de una manera diferente, si las “revoluciones  burguesas” son lo que los trabajadores pueden simplemente llamar contrarrevoluciones, entonces  sin lugar a dudas personas como Noske, Scheidemann, Stalin, Mao, Ho, Castro y muchos otros, son “revolucionarios burgueses”. Pero sólo la insolencia y lo obtuso puede honestamente comparar a Cronwell, Robespierre, Saint-Just, Garibaldi, Marat, o William Blake, con esos abortos sangrientos del capitalismo decadente. Escritores como Brendel se sobrepasan en insolencia. Sus profundas declaraciones concernientes a la historia de la revolución proletaria contrastan sorprendentemente con la trivialidad de expresiones como: “La Revolución China tuvo esencialmente (no en detalles) el mismo carácter que la Revolución Rusa en 1917. Pueden haber diferencias entre Moscú y Pekín, pero tanto China como Rusia están en camino hacia el capitalismo estatal. Tal como Moscú,  Pekín persigue una política exterior que tiene poco que hacer con la revolución fuera de Asia (ni siquiera “revolución” de clase media). (Brendel, op. cit. Pág. 2)”.

 De este modo las revoluciones son lo mismo que las contrarrevoluciones, Lenin y Trotsky son lo mismo que Mao y Chou En-Lai. El aspecto más reaccionario de esta salsa “revolucionaria” es que implícitamente denigra y amortaja en extrema confusión los momentos vitales y complejos del movimiento obrero. Brendel, el abogado eterno del eterno desarrollo capitalista, piensa que es capaz de juzgar lo que el paternalísticamente llama “idealistas políticos”. A los Bolcheviques el los compara con Mao, el heredero de Stalin  y autodesignado semi-dios de 800 millones de seres humanos. Con un  rápido lavado de manos nuestro Poncio Pilatos niega cualquier responsabilidad histórica por el curso de la Revolución Rusa.  Todo lo que tenía que ser fue, pero “No fue la inmadurez rusa lo que fue probado en los eventos de la guerra y en la Revolución Rusa”, afirmó Luxemburgo, “pero sí, la  inmadurez del proletariado alemán para el logro de su tareas históricas”. Brendel, por su puesto no vislumbró nada de esto. En sus pensamientos tortuosos, él también, como Kausky y los Mencheviques tropezó y cayó dentro de la letrina que el movimiento obrero había colocado a un lado para aquellos siempre “inmaduros” para entender la revolución comunista.

PAPELES EN BUSCA DE ACTORES

 Brendel habla fácilmente acerca del acaecimiento de toda clase de revoluciones -clase media, capitalista estatal, burguesa y hasta campesina. A todo se hace mención, excepto a la revolución proletaria, que se mantiene en él como un libro cerrado con siete sellos. De acuerdo con él, la revolución burguesa es  inevitable en áreas atrasadas y el drama sigue en una búsqueda desesperada por actores que la lleven acabo. Así: “Ni en Rusia ni en China podía triunfar el capitalismo excepto en su forma bolchevique”. (Ibid., pág. 11). Pero en ninguna otra parte su concepción Menchevique se muestra más abiertamente que aquí:

“Tanto en Rusia como en China las revoluciones tuvieron que resolver las mismas tareas políticas y económicas. Ellos tuvieron que destruir el feudalismo y liberar las fuerzas productivas  de la agricultura, de las cadenas en las cuales las relaciones existentes las limitaban. Ellos tuvieron que destruir el absolutismo y remplazarlo por una maquina estatal que facilitara soluciones a los problemas  económicos  existentes. Los problemas económicos y políticos fueron aquellos de una revolución burguesa,  esto es, de una revolución que iba a hacer del capitalismo el modo dominante de producción”. (Ibid., pág. 10).

 El mensaje es claro: el proletariado “tuvo” que ser fragmentado en diferentes unidades nacionales, que en su turno tuvieron excepcionales sendas de desarrollo que estaban  separadas de la del mercado mundial y de la economía mundial. Cada capital nacional es autártico y la acumulación puede proceder muy bien  desde un confín puramente capitalista. Los únicos límites para una sana acumulación serían las sorpresivas revueltas de los “alteradores del orden” (a lo cardan/Solidaarity) o una eventual “caída de la tasa de ganancias” (a lo Grossman/Mattick).  Lo importante aquí es la concepción que tiene Brendel de la revolución proletaria: una concepción burguesa, nacionalmente fragmentada, localista. Pero entonces ¿cómo puede el proletariado mundial afirmarse como una clase unificada? ¿Cómo puede ser esto posible si cada proletariado hace frente a una condición nacional fundamentalmente diferente? ¿Qué unificará materialmente la lucha de clase ascendente para el socialismo mundial? Brendel y los otros escritores del “consejismo” hacen silencio en este punto guardando todas sus energías, presumiblemente, para resaltar  encantamientos acerca de consejos obreros o “auto-gestión obrera”.

Brendel, mismo, está exento de cualquier cuidado concerniente a estas preguntas. Por ejemplo, las luchas de los obreros chinos de acuerdo a él fueron derrotadas: no porque estas luchas se encontraban a la merced de la contrarrevolución mundial (ya triunfante en Rusia, Alemania, Bulgaria, Italia, etc.), sino por la “insignificancia” obrera en números! Pero nosotros debemos permitir a Brendel delinear su propio curso de pensamiento: “Ha sido clamado por algunos que estos  levantamientos fueron intentos del proletariado chino para influenciar eventos en una dirección revolucionaria. Este no podía haber sido el caso. Veintidós años después de las masacres en estas dos ciudades, el Ministerio Chino de Asuntos Sociales anunció que en China habían catorce ciudades industriales en una población de entre 400 a 500 millones de habitantes. Los obreros industriales componían menos del 0,25% de la población. En 1927 estas cifras deben haber sido todavía más bajas.”

“Con el proletariado insignificante como clase en 1949, parecía inverosímil (sic) que ellos pudieran embarcarse en una actividad de clase revolucionaria veintidós años antes. El levantamiento de Shangai en marzo de 1927 fue  sostener  la expedición norteña de Chiang Kai-Shek. Los obreros sólo jugaron un papel insignificante en él  aunque Shangai era la ciudad más industrializada de China, donde un tercio del proletariado chino vivía. El levantamiento fue ”democratico-radical” antes que proletario en naturaleza y fue sangrientamente reprimido por Chiang Kai-Sshek porque él detestaba el jacobinismo y no porque él temiera al proletariado. La así  llamada  “Comuna de Cantón” no fue  más que una aventura provocada por los Bolcheviques chinos en un intento de lograr lo que ellos no habían podido obtener en Wu Han.”

“El levantamiento de Cantón en 1927 no tuvo perspectiva política y expresó una resistencia proletaria no más que el KTT (Partido Comunista Chino) expresó aspiraciones proletarias. Borodin, consejero del gobierno ruso, dijo que él había vendido a China para pelear por una idea: fue por ideas políticas similares que KTT sacrificó a los obreros de Cantón. Estos trabajadores nunca desafiaron seriamente a Chiang Kai-Shek  y a la derecha del KTT; el único serio, sistemático y sostenido desafío vino del campesinado”. (Ibid., pág. 15).

 La acusación de que los obreros chinos nunca “desafiaron seriamente “ al capital chino es una completa malinterpretación. Cualquier acción propia del proletariado desafía al capitalismo aunque desde los primeros momentos los obreros no estén conscientes de sus  propias metas finales y fuerza potencial. Pero el capital  si lo presiente, y esa es la razón por la cual Shiang, Stalin, Bukharin y Borodin ayudaron a estrangular el movimiento revolucionario chino. Pero, ¿qué criterio usó Brendel par hacer esta aseveración sin sentido, esta aserción de un “no-existente” desafío proletario?. ¿Alguna vez el Soviet de Petrogrado de febrero de 1917, controlado por Mencheviques y liberales, “desafió” al capital ruso? La respuesta de Brendel sería “no”. En hechos, para él los obreros nunca deben pensar en desafiar al capitalismo ya que todo lo que ellos están limitados a obtener  es capitalismo estatal, “jacobinismo”, etc. Los trabajadores chinos en Shangai, Hankow y Cantón, por supuesto se sublevaron por medio de los miles de comités de huelga creados y destacamentos armados que por su propia naturaleza hubieran tenido que confrontar no solamente a Chiang sino también al partido comunista chino, si la clase quería sobrevivir políticamente y conectarse con la lucha de clase mundial. Pero como no había ya una revolución mundial a la cual conectarse no se abrió ninguna perspectiva para la sublevación del proletariado chino. El movimiento proletario fue definitivamente estrangulado por la reacción política mundial en 1927, y no por su falta “numérica” de fuerza. El peso del proletariado en la economía y  su carácter de clase internacional es, con su conciencia, la única base real par su lucha. Las difamaciones de Brendel en contra del proletariado tienen sin embargo, un más ominoso tinte. Él está en contra de las “aventuras” pero solo mientras sean proletarias. Cuando el habla acerca del campesinado se muestran sus verdaderos colores. Así que fueron los campesinos los que presentaron...” el único desafío serio, sistemático y sustancial...” al KTT.  Ninguna aventura aquí por favor

La lógica de suposición fluye, casi majestuosamente: “Después  de los veinte años de tentativa  de ataque, las masas campesinas descubrieron al fin como unificarse en una fuerza revolucionaria. No fue la clase obrera que era muy débil todavía, la causante de la caída de Chiang Kai-Sshek sino las masas campesinas organizadas dentro de una democracia primitiva en guerrillas armadas. Esto demuestra otra diferencia fundamental entre Rusia y China y sus revoluciones.  En Rusia fue donde los obreros estuvieron a la cabeza de los eventos en Petrogrado, Moscú, Kronstadt y la revolución  progresó desde las ciudades hacia los campos. No así en China donde el caso fue lo opuesto. La revolución avanzó desde las áreas rurales a las urbanas”. (Ibid., pág. 16).

No se trata ya de la revolución proletaria luchando contra el capitalismo; no, ahora es una cuestión de “revoluciones” en abstracto, de dramas en busca de autores y actores. La idea de que los campesinos estuvieron organizados en una “democracia primitiva” en guerrillas armadas no es más que una apología cínicamaoista, típica de escritores como Edgar Snow.

 “En China, tal como en Rusia, no fue el partido el que enseñó el camino a los campesinos – fueron los campesinos quienes le mostraron el camino al partido”.. (Ibid., pág. 17).

La lógica de esta posición está clara, aunque no está deletreada así  por el poco  ingenio de Brendel:  si las masas campesinas le enseñaron el camino a la burocracia, entonces se entiende que la burocracia  puede ser controlada desde abajo. Siendo así los comunistas deberían apoyar esa burocracia en contra de otras fracciones capitalistas que no permiten dicho control (esto es, de Chiang). El movimiento marxista del siglo 19 en el período ascendente del capitalismo no reparó en hacer esto cuando apoyó luchas genuinas de liberación nacional: tuvo que apoyar los embates de los demócratas pequeños burgueses o avanzadas fracciones capitalistas en sus luchas contra grupos reaccionarios o absolutistas. La jerizonga ética de Brendel y compañía, en todo caso no permite tales implicaciones. La verdad es que el campesinado chino fue movilizado por el partido comunista de Mao durante y después de la guerra anti-japonesa como carne de cañón para el embutido imperialista. Durante  la segunda guerra mundial el PC de Mao fue simplemente aliado de la facción democrática imperialista en lucha contra el fascismo imperialista. Brendel no es de la clase que se hubiera opuesto a ese tipo de guerra. En china el hubiera estado de parte de las “guerrillas armadas democráticas de los campesinos”. (sic!). En otras palabras, el hubiera estado con los aliados, como lo hicieron todos los liberales y Stalinistas. Nuestro  Poncio ha dado a entender en todo caso, que a él no le gustan las cosas dichas de esta forma; directo en la cara. Pero las tradiciones del movimiento obrero lo demandan, porque esta es la única forma en que el proletariado puede afirmar su programa revolucionario contra los escribas confusos y abiertamente reaccionarios.

 Así de este modo, hemos visto como el Menchevismo (el viejo y el nuevo estilo) inevitablemente lleva a la capitulación a diferentes facciones capitalistas. No hay nada neutral en la lucha de clases, y aquellos filisteos que advierten que “no  todo es blanco o negro, el gris también existe”, ignoran el hecho de que para poder apreciar las gradaciones en el color, uno primero debe determinar qué es blanco y qué es negro. Otra expresión de esta confusión reaccionaria aparece en el siguiente extracto tomado de un panfleto publicado por Solidarity, un grupo que ha sido influenciado por el “consejismo” en su forma degenerada:

 “Solo porque la organización frontal comunista, es a veces forzada a la lucha, aunque sea solo por “representarse” así misma como “líder” de esa lucha, el revolucionario no debe desertar de esa lucha. Hacer esto es desdeñar, en una lucha los términos que fueron determinado por una clase. Desdeñar equivale  sostener que los términos de la clase han sido decididos   por el “partido” y no la “clase”. Tal decisión en estas circunstancias sería totalmente reaccionaria”. (Bob Potter, Vietnam: ¿La Victoria de Quién? Panfleto de Solidarity 43 Londres, 1973, pág. 29).

Por lo tanto, para el sofista Potter, la “clase determina” los términos de la lucha. De este modo los guerrilleros de Tito, el Octavo Regimiento inglés, los Rangers Norteamericanos en el Día-D, podrían ser llamados expresiones de la clase” “determinado” su lucha “antifascista” en1930-45, tal como la “clase” supuestamente “determino” la lucha contra Thieu y el imperialismo yanky. La apología es otra vez un truco Stalinista barato. En efecto, significa la completa degeneración de esas ideas, que bajo la pretensión de apoyar a la clase “de abajo” se va a capitular ante las facciones capitalistas que están retratadas como expresiones, aunque distorsionadas de la clase obrera.

En su introducción  de 1970 para la Tesis de Brendel, los cardanistas de Solidarity de Aberdeen mostraron exactamente la total subordinación del “consejismo” actual a la ideología izquierdista del tercermundismo.

 “A pesar de todo, las luchas de la gente de las colonias hicieron una contribución al movimiento revolucionario. Que poblaciones campesinas pobremente armadas podían resistir las enormes fuerzas del imperialismo moderno, destrozó el mito del invencible poder militar tecnológico-científico del Occidente. La lucha también reveló a millones de personas la brutalidad y racismo el capitalismo y guió a muchos, especialmente jóvenes y estudiantes, a luchar en contra de sus propios regímenes. Pero la resistencia de la gente de las colonias contra el imperialismo sin embargo, no implica para esta o aquella organización comprometida en la lucha”. (Panfleto de Solidarity de Aberdeen 2, pág. III).

 La última frase es falaz dado que la precede y en cualquier caso es meramente añadida para apaciguar algunas malas consciencias.

Estas concepciones son un resultado inevitable de los años de esterilidad y confusión que finalmente destruyó el movimiento consejista. El Menchevismo también fue resucitado por el consejismo (y los Bordiguistas que hablan acerca de la “revolución colonial” fervientemente unidos en esta particular asociación).

De acuerdo a la leyenda bíblica, Jesús resucitó a Lázaro, y si toda la evidencia es verdadera, parece que nadie le criticó la hazaña. El caso hubiera sido diferente si Jesús hubiera en cambio elegido resucitar a Herodes, Jerjes ó cualquier déspota  Sumerio sediento de sangre. Esta clase de “salvador” rápidamente se hubiera ganado un justificable desprecio por parte de sus contemporáneos. La hazaña de Spartacusbond, Dada en Gedachte, etc., en resucitar el Menchevismo por dos veces no es menos ofensivo para el movimiento obrero

 Nodens