Accidentes laborales: la vida no vale un peso para el capitalismo

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Hoja repartida ante un grave accidente de trabajo en Republica Dominicana

Por la prensa hemos conocido la siguiente información: "Dos obreros de 20 y 21 años,  que trabajaban en el interior de la mina de Larimar en la población Las Filipinas, murieron asfixiados, en la región sur-este del país.

Los muertos fueron identificados como los primos Kelvin Gómez de la Cruz, de 20 años y Samuel Trinidad de la Cruz, de 21, quienes residían en el distrito municipal de Baoruco.

Fueron llevados muertos a la morgue del hospital Jaime Mota, donde acudieron familiares, amigos y curiosos.

El médico legista Miguel A. García Ortiz dijo que Gómez de la Cruz y Trinidad de la Cruz murieron por sofocación en el interior de un hoyo de la mina de Larimar. Los cadáveres fueron extraídos del hoyo por compañeros de faenas, según explicaron miembros de la Cooperativa de Extractores y Procesadores de Larimar de Baoruco.

Parientes de Gómez de la Cruz informaron que éste tenía una hija pequeña."

Primero que nada queremos manifestar a la mujer y la hija de este trabajador así como a los familiares y amigos de su compañero, nuestra solidaridad más profunda.

Queremos también llamar a la reflexión sobre las causas de que estos accidentes se repitan con creciente frecuencia. Hace alrededor de año y medio, unos siete mineros murieron asfixiados cuando trabajaban en la extracción de la piedra igualmente en Larimar.

Los accidentes laborales se producen no solamente en República Dominicana sino en todos los países del mundo cualquiera que sea su posición en el tablero económico. A la misma hora que Kelvin y Samuel, 23 mineros morían en Kazajstán a muchos miles de kilómetros de distancia.

Indagando un poco sobre las condiciones de trabajo vemos que para ir a trabajar a la mina hay que subir por una pista donde un cuatro por cuatro apenas puede avanzar. Se necesitan 40 minutos de ida y otros 40 de vuelta. Se trabaja de sol a sol en condiciones de gran riesgo, sin prácticamente ninguna protección, se cavan hoyos y pozos con herramientas muy primitivas. A medida que se van agotando las vetas se tienen que hacer excavaciones de cada vez mayor profundidad con lo que aumentan los riesgos para la seguridad de los trabajadores.

«El trabajo es agotador y apenas tiene recompensa», dice un minero. Para el capitalismo, el trabajador es como un limón que se exprime hasta la última gota ahorrando a tope en protección, en salario, en gastos sociales, con el objetivo de obtener la máxima plusvalía. Si esta explotación produce accidentes, ocasiona enfermedades, provoca tragedias en familias enteras, ¡eso no importa!, porque el Capital ha conseguido su objetivo que es la ganancia y la acumulación para seguir reproduciéndose.

La crisis capitalista hace que las condiciones para obtener ganancias razonables y seguir desarrollando la acumulación se hagan cada vez más difíciles agudizando la competencia entre los diferentes capitales nacionales. Eso hace que cada capital nacional y, dentro de él, cada capitalista individual, aumenten la explotación por diferentes vías: pagando menos salarios, alargando la jornada de trabajo, disminuyen los gastos de protección y seguridad en el trabajo, pasando los puestos de trabajo de fijos a precarios etc. Bajo el capitalismo la vida humana se sacrifica a la producción. La vida no vale un peso para el capitalismo. Solamente luchando de forma unida y solidaria, los trabajadores y todos los explotados, podremos lograr una sociedad donde la vida no se sacrifique al dios insaciable de la producción capitalista, una sociedad donde la norma deje de ser "la vida para la producción" y pase a ser "la producción para vida".

14 de enero 2008
Corriente Comunista Internacional
con la colaboración del Núcleo de Discusión Internacionalista de la República Dominicana.