“Guayana es un polvorín”: el proletariado busca su identidad de clase a través de la lucha

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"Guayana es un polvorín"; esta frase la repiten con frecuencia representantes de la burguesía, dirigentes de partidos políticos y sindicatos, tanto opositores como oficialistas; así se refieren unos y otros a las luchas y movilizaciones que realiza la clase obrera en Ciudad Guayana (también conocida como "Zona del Hierro"), expresión del malestar que existe en la clase obrera venezolana debido a los incesantes ataques contra sus condiciones de vida.

 

¿A qué se debe esta preocupación de la burguesía y sus guardianes, los sindicatos?

 

La región de Ciudad Guayana[1] tiene una de las mayores concentraciones obreras del país, con más de 100 mil trabajadores que laboran en las llamadas "Empresas Básicas" que producen y procesan el hierro, acero y aluminio; incluidos un número importante de trabajadores de pequeñas y medianas industrias que prestan servicios a esas Empresas.

 

El conjunto de la burguesía venezolana sabe que Guayana es una zona de cuidado. Desde los años 60 el proletariado guayanes ha mostrado su combatividad; una de las luchas mas significativas se dio a finales de los 60 cuando los obreros de la acería SIDOR (Siderúrgica del Orinoco, una de las mas importantes de América Latina para esa época) confrontaron al Estado y a la principal federación sindical de entonces, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). En esa oportunidad, obreros del hierro enardecidos se desplazaron mas de 600 Kms. desde Guayana a Caracas para protestar frente a la sede de la CTV, cuyas instalaciones fueron quemadas por los huelguistas.

 

El propio gobierno de Chávez vivió en carne propia la combatividad obrera en mayo de 2001, cuando los trabajadores de SIDOR realizaron una huelga de 21 días[2] debido a que la patronal se oponía a discutir el contrato colectivo ya vencido; situación que obligó al sindicato de la acería SUTISS[3]  y a la CTV a unir esfuerzos para que el conflicto no se extendiera a otras empresas de la región. Tal fue la contundencia del conflicto, que el propio Chávez, para mostrar la cara "obrera" de su gobierno, no le quedó más remedio que alabar el éxito de la huelga.

 

A partir de 2002, tanto en Guayana como a nivel nacional, el proletariado fue inducido progresivamente en las redes de la polarización política, debido principalmente a la acción de los sindicatos controlados por la CTV, que se oponían a Chávez, así como por los sindicatos que apoyaban el proyecto chavista (dentro de ellos los de tendencia trotskista) que comenzaban a tomar fuerza. De esta manera, la burguesía forzó una paz laboral, llevando al proletariado a un terreno completamente ajeno al de sus intereses, creando división en sus filas y debilitando la solidaridad obrera.

 

Pero a partir de 2007, a la par que los obreros petroleros, el proletariado de Guayana retoma las luchas, que muestran los intentos del proletariado venezolano de buscar su identidad de clase a través de un posicionamiento de sus luchas en el terreno de sus reivindicaciones. Ante el auge de las luchas obreras, el gobierno de Chávez, con el apoyo de los sindicatos, decreta la nacionalización de SIDOR en marzo de 2008, celebrada con bombos y platillos. Sin embargo, la trampa de la nacionalización, aunque aminoró las movilizaciones obreras por unos meses, no detuvo el malestar laboral: los obreros mantuvieron la presión por la firma del contrato colectivo; los trabajadores tercerizados de las contratistas de la acería se movilizaron por ingresar en la nómina de trabajadores fijos, donde se dieron expresiones de solidaridad entre trabajadores fijos y contratados, inmediatamente atacadas y desvirtuadas por el gobierno y los sindicatos. Jubilados de SIDOR, así como trabajadores de las empresas del aluminio, de la extracción del hierro y del sector eléctrico realizan varias movilizaciones en el 2008 exigiendo reivindicaciones laborales y el pago de deudas pendientes[4].

 

Pero fue durante el 2009 que las luchas se dieron con más contundencia:

 

-en julio los trabajadores del sector aluminio iniciaron movilizaciones que se prolongaron por una semana; exigían el pago de los intereses de las prestaciones sociales, un importante pago que se da a los trabajadores a mediados de año. El gobierno propuso el pago fraccionado en varias partes, lo que generó la ira de los trabajadores quienes se movilizaron a las oficinas de la CVG (Corporación Venezolana de Guayana); lo que obligó al gobierno a cancelar los intereses sólo en dos partes.

-a pocos días después de esta movilización, la muerte de un obrero de SIDOR en un accidente laboral generó un paro de 24 horas en la acería; los trabajadores exigieron mayores inversiones para arreglos en la acería pues el accidente se debió a falta de mantenimiento en las instalaciones.

-también ese mismo mes los trabajadores de SIDOR realizan movilizaciones de calle en Ciudad Guayana para exigir el pago de las ganancias líquidas de la empresa, bono que reciben los trabajadores a mediados de año y que la empresa incumplió.

-en agosto comenzó en Ferrominera Orinoco (empresa extractora de mineral de hierro) una paralización que se extendió por 16 días en Ciudad Piar. La protesta se desató con mayor fuerza en el cerro San Isidro, donde los trabajadores se mantuvieron firmes en reclamo por bonos, retroactivos e implementos de seguridad, todos beneficios contractuales de la recién firmada contratación colectiva. Durante los 16 días, el gobierno y la directiva de la empresa mantuvieron un "black out" sobre la huelga. Un mes después es apresado el secretario general del sindicato de Ferrominera junto con 10 trabajadores.

-en octubre fueron apresados varios trabajadores y dirigentes sindicales de la CVG, cuando protestaban ante el Ministro de las Empresas Básicas, Rodolfo Sanz, exigiendo el suministro de uniformes de trabajo y otros beneficios contractuales.

-en diciembre los obreros de SIDOR realizan un paro de ocho horas por el retraso en el pago de las utilidades de fin de año; también los trabajadores de las Empresas Básicas Carbonorca, Bauxilum y Alcasa, reclamaron ante el retraso en el pago del salario y las utilidades.

-a lo largo de 2009 se dieron varias protestas de los cooperativistas de Ferrominera Orinoco y Bauxilum; también lo hicieron trabajadores tercerizados de Matesi, empresa nacionalizada por el Estado a mediados de 2009.

 

Ante estas movilizaciones obreras, las cuales no pudieron ser aplacadas por los burócratas del gobierno ni por los sindicatos, tuvo que actuar el propio Chávez como apaga fuegos: en marzo de 2009 desde Ciudad Piar fustigó a los obreros de las Empresas Básicas acusándolos de querer ser "ricos" y "privilegiados", intentando mal ponerlos ante otros trabajadores y los pobladores de la región con la intención de desmoralizarlos, tal como lo hizo con los petroleros en 2002[5]. Pero este amedrentamiento no detuvo las protestas, así que tuvo que volver a Guayana dos meses después, esta vez "elogiando" a los trabajadores, como una forma de ganarlos para apoyar el "Plan Guyana Socialista", que supuestamente pretende sacar de la crisis a las empresas de la región.

 

La crisis del capitalismo, ante la cual Chávez dijo que Venezuela estaba "blindada", ha puesto en una situación difícil al Estado, pues la baja en el precio de las materias primas que se observó a partir de 2008 limitó los ingresos y mostró una realidad que se intentaba ocultar: las Empresas Básicas prácticamente están en quiebra, son una pesada carga para el Estado debido a la baja productividad ocasionada por la obsolescencia y la falta de mantenimiento de las industrias. Como es de esperarse, son los trabajadores quienes llevan la peor parte a través de la negativa del Estado de discutir los contratos colectivos que rigen salarios y beneficios, el retraso en el pago de sueldos y salarios, e incluso la amenaza de despidos. Al igual que lo hacen la burguesía a nivel mundial, se utiliza la crisis para desmejorar y precarizar la fuerza de trabajo. Para completar, desde finales de 2009 se ha utilizado el racionamiento en el servicio de electricidad, para limitar la producción de hierro y aluminio, presionando a parte de la plantilla a tomar vacaciones forzadas y creando una situación de angustia e inseguridad entre los trabajadores. Presionado por las movilizaciones obreras, el Estado se ha visto forzado a firmar algunos contratos colectivos, pero es frecuente el retraso en el cumplimiento de los pagos, lo que a su vez es una fuente permanente de malestar obrero.

 

Se observa que la crisis mundial del capitalismo y sus efectos en Venezuela se ha transformado en un factor que incrementa las luchas obreras, ya que reduce los ingresos del Estado y por ende el margen de maniobra de la burguesía nacional quien ineludiblemente intenta descargar la crisis sobre las espaldas de los proletarios. Los sindicatos de las empresas de Guayana, en su mayoría oficialistas, pierden rápidamente credibilidad entre los trabajadores; los intentos de poner a las masas de la región en contra de los obreros (a través de los Consejos Comunales) han fracasado, pues en su mayoría están conformadas por familias proletarias cuya subsistencia depende de los obreros que en su gran mayoría precisamente trabajan en las Empresas Básicas. Debido a la alta concentración obrera y a la resistencia demostrada por los trabajadores, a la burguesía no les fácil recurrir al desempleo masivo pues podría ser fuente de un estallido obrero y de revueltas de la población.

 

Este cuadro ha llevado a una situación de impasse en la región, donde la burguesía no puede aplicar sus planes a su antojo, y el proletariado por los momentos no tiene la fuerza de imponerse sobre el Estado. Por eso Guayana es una "olla de presión" que en cualquier momento puede reventar.

 

La trampa del control obrero

 

Guayana ha sido un laboratorio para el chavismo, en su intención de precarizar la fuerza de trabajo de la región; viejo anhelo de la burguesía venezolana. Después de haber desmejorado progresivamente las condiciones laborales de los obreros petroleros, la burguesía requiere hacerlo con los trabajadores de la "Zona del Hierro"; según ellos, parte de la "aristocracia obrera" heredada de los gobiernos socialdemócratas y socialcristianos anteriores al de Chávez.

 

A mediados de la década pasada se quiso hacer de ALCASA (planta productora de aluminio), la primera gran empresa cogestionada, que serviría de modelo para el resto de las empresas del país. Realmente lo que se perseguía era precarizar las condiciones de trabajo de los obreros del aluminio, mediante la aceptación por parte de éstos de los supuestos "valores del socialismo"; es decir, trabajar mas y percibir menos salarios; algo así como la llamada "emulación socialista" promovida por las burguesías de los países del exbloque "socialista", cuyo principal portavoz en Cuba fue el Che Guevara[6]. Pero los obreros de ALCASA no se tragaron ese cuento, no aceptaron la desmejora en sus condiciones y beneficios laborales, y la cogestión en el aluminio simplemente fracasó.

 

Algo parecido intenta hacer el gobierno con el "Plan Guayana Socialista", que se basa fundamentalmente en el "control obrero de la producción" a través de los Consejos de Trabajadores[7]. Ante la crisis de las Empresas Básicas, el chavismo toma la consigna del trotskismo del control obrero, que le viene muy oportuna a la burguesía ante la crisis actual, pues llevaría a los obreros a aceptar la precarización de sus condiciones de trabajo para intentar salvar empresas; es por ello que el Plan propone la abolición de "la búsqueda de una maximización de la ganancia individual a nivel personal...". Quienes lideran este proceso son el PSUV y los sindicatos de las empresas, en su totalidad afines al proyecto chavista.

 

Los sindicatos trotskistas, ahora disidentes del chavismo, denuncian este Plan por no tratarse de un control obrero "auténtico", pues el Estado sigue siendo el patrón. En este sentido contribuyen a entrampar a los obreros en la dinámica de defender los intereses del capital nacional, al proponerles salvar las empresas a través de un verdadero control obrero de las industrias; es decir, mediante una verdadera auto-explotación de los propios trabajadores donde los burócratas del Estado sean sustituidos por obreros (obviamente, de preferencia de tendencia trotskista).

 

Pero tampoco los obreros se comen fácilmente estos cuentos de camino: después de promulgado el Plan en junio pasado han proseguido las luchas y movilizaciones por exigencias salariales. Situación que ha forzado al Estado a firmar algunos contratos colectivos, y a los sindicatos oficialistas a intentar desviar el malestar obrero hacia una lucha contra la burocracia, que según ellos sería la que "impide la participación obrera"; incluso han apoyado acciones promovidas por sindicatos disidentes para no quedar tan mal parados. Este contexto le ha sido propicio a tendencias sindicales "anti-chavistas" como los trotskistas de CCURA[8], quienes se presentan ante los trabajadores como sindicatos no encuadrados ni por el oficialismo ni la oposición. La acción de éstos, junto con el sindicalismo chavista y controlado por la oposición, contribuye a crear una situación de confusión, división y de pérdida de perspectivas dentro del importante contingente proletario de Guayana: de manera inequívoca hacen un buen trabajo a favor de los intereses del capital nacional.

 

El proletariado de Guayana: un "hueso duro de roer"

 

Ante la persistencia de los obreros en luchar por sus reivindicaciones, el gobierno ha procedido a recrudecer la criminalización de las luchas, detención temporal de trabajadores, amenazas de despido, cuando no recurre a la represión abierta. Estas acciones del Estado, acompañadas de la acción sindical, han llevado a que las protestas amainen a comienzos del 2010. Sin embargo en Guayana se vive una calma tensa, una calma forzada, que en cualquier momento puede estallar.

 

Los ataques de la burguesía venezolana contra el trabajo, están llevando al proletariado de Guayana a posarse sobre el terreno de clase, que está dando muestras de que no está dispuesto a sacrificarse pasivamente en aras del proyecto burgués del "Socialismo del Siglo XXI". Parece que con la aceleración de la crisis del capital, el proletariado está recuperando su combatividad.

 

El proletariado de Guayana, así como el conjunto de la clase obrera, no tiene otra opción: o prosigue la lucha contra los ataques del capital (sea estatal o privado), o éste se impone con la precarización laboral y la pauperización para ellos y sus familias. La acción de los sindicatos (esos falsos amigos; auténticos defensores del capital nacional), el corporativismo; el cooperativismo, el control obrero y la cogestión, que pretenden encerrar a los obreros en "sus" empresas, son factores que obstaculizan el camino y desvían las luchas del terreno obrero. La respuesta a estos y otros obstáculos que pone la burguesía, la propia lucha obrera ha dado los medios para contrarrestarlos: la realización de asambleas, donde se expresen las bases obreras; la extensión de las luchas y la búsqueda de la solidaridad de clase no sólo en las empresas de Guayana sino a nivel nacional, inclusive internacional.

 

En Guayana se dan las condiciones para que se desarrolle y fortalezca la solidaridad entre los obreros y la población, ya que la mayoría de los habitantes tienen algún familiar que labora en las empresas de la región. Si el proletariado de Guayana logra mantenerse en pie de lucha, pese al acoso de gobierno, partidos y sindicatos de todas las tendencias, será ejemplo para los proletarios del resto del país ya que mostrará su fuerza cuando se expresa como una clase unida; de esta manera sus luchas se integrarán a las que está iniciando el proletariado mundial en Grecia, España, Francia, Perú y otros países.

 

La tarea de las minorías mas politizadas de la clase es intervenir con todas sus fuerzas en el proceso de luchas que ha iniciado el proletariado en Guayana y en todo el país; su tarea es denunciar y desmontar las trampas y obstáculos que coloca la burguesía en el camino de toma de conciencia de la clase obrera; destacando que el proletariado guayanés y venezolano no está solo en esta lucha, ya que su lucha forma parte del aun incipiente movimiento que inicia el proletariado a nivel mundial.

 

Internacionalismo

6/3/2010

 


[1] Situada en el estado Bolívar, al sur de Venezuela, está conformada por las ciudades de Puerto Ordaz y San Félix; su población es de 450 mil habitantes aproximadamente, en su mayoría conformada por familias proletarias.

[2] En ese entonces la participación del capital estatal en la acería era minoritario, siendo mayoritario el capital privado del consorcio argentino Tchint.

[3] Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y sus Similares (SUTISS) controlado en ese entonces por el partido de centro izquierda La Causa R.

[4] Ver al respecto el artículo "El estado burgués de Chávez arremete contra los trabajadores del hierro" (http://es.internationalism.org/node/2230)

[5] En esa oportunidad Chávez no pudo ocultar su ira contra los trabajadores: "Vamos a aprovechar para limpiar las empresas de la CVG. Si amenazan con parar que paren, ya yo veré qué hago, pero ya yo pasé por el paro de Pdvsa... el que pare una empresa del Estado está metiéndose con el jefe del Estado" Correo del Caroní, 07.03.2009.

[6] No es casual que una de las Misiones del gobierno se llame "Ché Guevara". Su objetivo, según reza en su sitio en Internet  "Es un programa integral de formación y capacitación en oficios productivos, destinado a impulsar la transformación del modelo económico capitalista hacia el modelo socialista...".

[7] Órganos institucionalizados por el chavismo a nivel obrero, inspirados en los Consejos Obreros de Rusia.

[8] Ver en esta misma revista el artículo: "Venezuela: Correo del Lector. Los trabajadores inician la lucha, los sindicatos la sabotean".