Una ideología al servicio de la burguesía: el pretendido carácter marxista del “socialismo del siglo XXI”

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El tan cacareado “socialismo del siglo XXI” no constituye más que una forma de capitalismo de estado, cuyas instituciones político/jurídicas pretenden recrear las formas de encuadramiento ideológico de los sectores explotados, en el marco de la democracia burguesa

En números anteriores hemos denunciado el carácter burgués-capitalista de la llamada “revolución bolivariana”[1]. El mismo Hugo Chávez ha declarado que el “socialismo del siglo XXI” no está en contra de la propiedad privada[2], es más, la avala y reconoce como unos de los más sagrados derechos  que consagra la constitución venezolana vigente. Por otro lado, ha recomendado a quienes tienen dudas acerca de las bases teóricas del “socialismo del siglo XXI” (entre ellos a los sacerdotes de la Conferencia Episcopal), que se lean a Marx y a Engels. La oposición política a Chávez, lo acompaña en su tarea de confundir al proletariado, al presentar el proyecto de gobierno actual como de tendencia “comunista”.   Tal como lo afirmaban Marx y Engels, el arribo de la humanidad a la sociedad comunista, no será el producto de la implantación de sociedades perfectamente ideadas en la mente de algún “iluminado”; por el contrario, será el resultado de un movimiento histórico real, es decir, de la lucha librada por el proletariado a nivel mundial, con el objetivo de abolir las relaciones de explotación implantadas por el capitalismo.

El tan cacareado “socialismo del siglo XXI” no constituye más que una forma de capitalismo de estado, cuyas instituciones político/jurídicas pretenden recrear las formas de encuadramiento ideológico de los sectores explotados, en el marco de la democracia burguesa. Para Marx y Engels,  el  comunismo significaría la desaparición de  las clases, la abolición de  las relaciones económico/sociales capitalistas y con ellas la explotación del trabajo humano, la eliminación de  las fronteras nacionales y sobre todo, la conformación de  una sociedad de abundancia, no de precariedad, para la humanidad. El igualitarismo que pregona Chávez, nada tiene que ver con una revolución proletaria, ya que su régimen al igual que otros gobiernos capitalistas, se basa en la explotación del trabajo asalariado; mientras pregona el igualitarismo y el “humanismo” como valores de su “revolución” , el incremento de  la pauperización y  las protestas que a diario suceden (incluyendo aquellas que hacen quienes apoyan al  gobierno) por vivienda, empleo, la violencia e inseguridad que cada mes cobra centenares de vidas humanas, conforman el telón de fondo  de la “revolución bolivariana” .

La concepción materialista de la Historia

Para los teóricos de la “revolución bolivariana”, la concepción “materialista” de la historia sólo alcanza en realidad, a una  visión según la cual la crisis y la pobreza serían el resultado de la dominación que algunas potencias (sobre todo EEUU), ejercerían sobre los países más débiles, explotando sus recursos e impidiendo su desarrollo. “La causa material principal que está determinando el final del tiempo capitalista es la distribución territorialmente desigual del petróleo y el gas, fuentes de energía sobre las cuales se construyó desde finales del siglo XIX la hegemonía de las potencias imperiales que conforman y lideran la llamada civilización occidental… Hoy día esta clonación de sí mismos, esta invención imperial de atomizar el mundo en Estados nacionales con el fin de poder expoliar a placer sus recursos naturales, se está volviendo contra el imperio gracias a las luchas de muchos Estados por volverse a reunir, para preservar y usar para su beneficio las riquezas que producen sus recursos energéticos.” [3].

Es decir,  que el capitalismo haya entrado en un período de crisis, ¿se explica por el hecho de que hoy día sería más difícil para las potencias industrializadas apropiarse  los recursos energéticos territorialmente dispersos en el mundo? Casi un siglo hace ya que el capitalismo no logra encontrar salidas solventes a la medida de sus capacidades de producción, constituyendo este hecho la contradicción fundamental e irresoluble  que está a la base de la crisis y la decadencia del capitalismo. En el Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política, señalaba Marx: “Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas.” Siguiendo el método materialista histórico, podemos comprender cómo el capitalismo, que en un momento histórico significó un sistema que sirvió al desarrollo de las fuerzas productivas, a través del perfeccionamiento de los procesos productivos apoyado en la ciencia y la técnica, se convierte en un freno al desarrollo de esas fuerzas productivas, ya que al extender su dominio a todo el planeta, agotó las posibilidades de explotar nuevas zonas geográficas o mercados a la escala de las necesidades de la acumulación capitalista. En este sentido, y retomando a Marx, esta vez en el Manifiesto Comunista, tenemos: “Durante las crisis, una epidemia social que en cualquier época hubiera parecido absurda, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la superproducción. La sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de súbita barbarie; diríase que el hambre, que una guerra devastadora mundial la han privado de todos los medios de subsistencia; la industria y el comercio parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio… Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno. ¿Cómo vence ésta crisis la burguesía? De una parte, con la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, con la conquista  de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos.”  

Esta posibilidad de conquistar nuevos mercados se agotó a finales del siglo XIX, cuando ya se había completado el reparto de África, y Asia (principales mercados extra-capitalistas) por parte de los principales imperialismos de la época, como fueron Francia e Inglaterra. No habría entonces ninguna diferencia, si seguimos el planteamiento de los teóricos del “socialismo siglo XXI”, en términos de la evolución del mercado mundial,  entre el período histórico en el cual efectivamente la incorporación de mercados extra-capitalistas (no explotados hasta ese entonces) alimentó la acumulación y el desarrollo de los principales centros industrializados y el período histórico actual dominado por la crisis abierta del capitalismo mundial y el abarrotamiento de los mercados existentes; sería suponer que hoy estaríamos frente a la posibilidad de un nuevo desarrollo de las fuerzas productivas como producto de la explotación energética.   

Desde los inicios del siglo XX , hechos como las guerras mundiales, la crisis económica, el desempleo, la pobreza absoluta en que viven millones de seres humanos[4],  la quiebra de numerosas empresas, expresan el hecho de que esas fuerzas productivas (que hasta el siglo XIX constituyeron el factor fundamental para la unificación del mercado mundial, para la incorporación de millones de seres humanos a la producción de mercancías, para la construcción de una red mundial de comercio y de transporte), experimentan un freno en su desarrollo, ya que una parte considerable de las mercancías producidas e incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas, son destruidas. Decir que la sobrevivencia de las potencias industrializadas depende, en lo fundamental, de la apropiación de los recursos energéticos del tercer mundo, es obviar completamente al materialismo histórico; sería suponer que efectivamente la sola apropiación de esos recursos bastaría a las economía industrializadas para evitar la crisis económica; por otro lado, significaría que los países que hicieran una explotación de sus recursos energéticos con un sentido más “nacionalista”, tendrían la posibilidad de alejar la crisis de sus respectivas economías; en fin, la “solución” a la crisis capitalista se reduciría a un simple reacomodo en términos de las ganancias que pudieran sacarse del negocio energético, sin tomar en cuenta el hecho de que el consumo energético y los beneficios  que pudieran  obtenerse de él, dependen de las capacidades de absorción real que tenga el mercado mundial  de los productos derivadas de este ramo industrial.

Este marco que nos ofrece el materialismo histórico, permite comprender que el capitalismo es un sistema decadente desde hace décadas, que la crisis económica no es en el fondo el producto de la mala gestión de algunos burgueses, del hecho de que las riquezas que poseen los estados no se hayan “distribuido equitativamente”;  tampoco es el producto, como lo afirman los dirigentes de la “revolución bolivariana”, de la “ausencia de sensibilidad y voluntad política de los gobiernos de la IV república para potenciar la democracia social y participativa, para redistribuir con justicia la riqueza nacional y formar un recurso humano de alta calidad, capaz de gestionar dicha riqueza para beneficio de todos los sectores de la sociedad y modificar las condiciones materiales y espirituales de vida de la población venezolana.” [5]  

Para  el  “marxismo a la bolivariana” la contradicción fundamental capitalista, la profundización y extensión de la crisis económica mundial que de ella se deriva desde hace más de tres décadas y sus implicaciones a nivel de la agudización de la competencia en el mercado mundial, no cuenta para nada… la crisis del capitalismo es perfectamente solucionable, ¡a nivel nacional! , manteniendo intacto el Estado capitalista burgués y sus instituciones democráticas, “repartiendo más equitativamente la plusvalía extraída a los trabajadores” o mejor dicho, repartiendo más equitativamente la pobreza, y estableciendo un control de los medios de producción por un estado inspirado en ideas “humanistas y justas”; es más, según el mito de la “revolución bolivariana” estaríamos hoy en una etapa “presocialista”, lo que muestra a las claras, no sólo la superficialidad y ahistoricidad de esta visión,  sino que en resumidas cuentas, nada tiene que ver con el método materialista histórico . No es casualidad que dentro de las filas oficialistas se le de difusión a esta historia de los “países pobres frente a los países ricos”, ya que ello ha generado dividendos políticos a Chávez, a nivel local y regional,  al colocarlo como el “líder y adalid de los pueblos pobres y débiles”, incluso, el mismo Chávez se ha autocalificado como  “salvador del mundo”. No hay que perder de vista que Chávez ha llevado su gestión en el plano geopolítico sobre la base de usar el petróleo como un arma de negociación  para presionar a otros países de la región que no lo poseen  o que lo poseen en menor grado; incluso ha amenazado a los EEUU con suspenderle el suministro petrolero. Esta estrategia, se ha complementado con las propuestas de Chávez de construir un eje energético del Sur para la explotación del gas y el petróleo, (a lo que se suma ahora los planes de explotar los biocombustibles como el Etanol), para fortalecer las aspiraciones imperialistas  de Venezuela como estado capitalista en la región.[6]

“Estado y Socialismo”

 Uno de los aspectos fundamentales que plantea el “socialismo siglo XXI”  es el que consiste en presentar al Estado como un instrumento para alcanzar el “bienestar” de la población y para  lograr, a través de una “equitativa repartición de la riqueza” una solución a la pauperización en que vive gran  parte de la población.  Federico Engels, en su texto “Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico”, señala lo siguiente con relación al Estado: “El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuma en propiedad, tanto más se convertirá en capitalista colectivo y tanta mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios”. Esta cita del texto de Engels, evidencia que la fórmula  que difundió la izquierda del capital a lo largo del siglo XX, según la cual, a mayor grado de estatización más cerca se estaba del “socialismo”, nada tiene que ver con el materialismo histórico. Las experiencias de la Rusia Soviética, del “comunismo” chino y del “socialismo” cubano, nos muestran claramente, que esos regímenes no significaron más que un cambio jurídico en términos de la posesión de los medios de producción, los cuales pasaron de manera paulatina de las manos de capitalistas individuales a propiedad del Estado, dando como resultado el surgimiento de una burocracia estatal encargada de gestionar, en condiciones brutales, la explotación de los trabajadores en nombre del “socialismo”.  Estos regímenes llevaron al extremo una tendencia histórica del capitalismo en su fase decadente, como es el capitalismo de Estado. Una vez que se abre el período de decadencia a principios del siglo XX, caracterizada como señalábamos en líneas anteriores, por el hecho de que la expansión  de los mercados no puede desarrollarse al mismo ritmo que la producción, cada Estado capitalista debe asumir el control de la economía, para llevar al mínimo las tendencias de dislocación del cuerpo social debido a que la competencia entre capitalistas se hace más aguda, como consecuencia de la crisis económica. Pero también,  para sobrevivir en el mercado frente a sus rivales capitalistas. El capitalismo de Estado soviético, terminó por ahogar y reprimir de forma sangrienta toda tentativa del proletariado para oponerse a la dictadura del partido-estado.

El capitalismo de Estado se expresó por un lado, en los regímenes totalitarios (fascista-nazista), cuyo rasgo fundamental fue el anticomunismo;  por otro lado,  se expresó a nivel mundial bajo la forma Keynesiana. El fortalecimiento del Estado ha sido una constante que se extiende hasta nuestros días. El “socialismo del siglo XXI” es también una expresión de capitalismo de Estado, utilizado por el sector de la burguesía representado por Chávez, para fortalecer su control sobre la sociedad.  En lo económico, ha promocionado la producción bajo la forma cooperativista y cogestionaria, así  como también ha creado  la cadena de distribución de alimentos Mercal, para concentrar la producción y distribución de ciertos rubros bajo la dirección del Estado, a la vez que intenta desplazar a viejos sectores productores, creando la ilusión en los trabajadores de que dejan de ser explotados al asumir ellos mismos “la dirección y control de la producción”; en lo social, hecha mano de las “misiones” con las cuales establece un control de la educación, la salud y otras áreas sociales, repartiendo migajas para crear la ilusión de atención a los sectores más empobrecidos. En realidad son ahora más precarias las condiciones en que se prestan servicios como la salud, o la atención a la población estudiantil. A nivel político/ideológico y geopolítico, lo hace bajo la cobertura del “antiimperialismo”,  de la integración bolivariana y el movimiento altermundialista. El capitalismo de Estado  tanto en sus versiones “democráticas”, pero especialmente “socialista”, ha significado un ataque no sólo a las condiciones de vida del proletariado, sino también al desarrollo de su conciencia y su identidad de clase.  

El carácter internacional y proletario de la revolución comunista

En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx señala claramente, que en su desarrollo como modo de producción llevó a cabo un perfeccionamiento de los instrumentos de  producción y a un progreso de los medios de comunicación, sometiendo a los más apartados rincones del planeta a sus relaciones de producción, creando así el mercado mundial, “forjando un mundo a su imagen y semejanza”. Al mismo tiempo que creó las bases para un desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas, creó también una clase llamada a destruir las relaciones de producción capitalistas: el proletariado.  El proletariado es la primera clase revolucionaria y explotada en la historia de la humanidad. Su carácter de clase internacional, el hecho de que ella es quien pone en funcionamiento los medios de producción, su capacidad para organizarse y tomar conciencia de la incapacidad del capitalismo para garantizar el bienestar humano, la hacen ser la clase verdaderamente revolucionaria capaz de echar abajo al capitalismo. El capitalismo al extenderse a nivel mundial, creó también el proletariado mundial, unido por las condiciones de explotación que tiene que soportar.

Como condición indispensable para el éxito de la  lucha  histórica del proletariado, la revolución proletaria “Es la primera revolución de carácter mundial en la historia pues no puede alcanzar sus objetivos  mas que generalizándose en todos los países ya que al abolir la propiedad privada tiene que abolir al mismo tiempo las estructuras regionales, sectoriales y nacionales ligadas a ella. La generalización de la dominación capitalista a escala mundial hace no solamente necesario sino además posible la extensión mundial de la revolución.” (Plataforma y Manifiesto de la CCI). Hay que recordar que la causa fundamental de la degeneración de la Revolución Rusa fue su aislamiento internacional y la derrota de la ola revolucionaria que se desarrolló en Europa, en la segunda década del siglo XX. Nada tiene que ver el marxismo con posiciones del tipo “Tal es el caso de las clases populares, las cuales representan al sector mayoritario de los países latinoamericanos, y de sectores progresistas de la clase media que han comprendido la urgente necesidad de rescatar la propiedad de sus naciones sobre los principales recursos naturales: el petróleo, el gas, el hierro, el agua, la biodiversidad, etc., base de la soberanía real sobre el Estado nacional y su territorio. … El cambio de era no es fenómeno esotérico: es la manifestación sensible, tangible de la transformación de los sujetos sociales en sujetos históricos revolucionarios que amalgamen a los trabajadores, a los campesinos, a los vastos colectivos sociales urbanos que antiguos ex marxistas denominaban marginales o simplemente ´lumpen´, y a los sectores progresistas de la clase media y de la Fuerza Armada.”[7]    

La “revolución” bolivariana deja intactos la propiedad privada, la explotación, el estado nacional y sus fuerzas armadas e ideológicamente la idea de soberanía nacional, estructuras por excelencia capitalistas. Las apreciaciones en torno a quién constituye la clase revolucionaria, no es producto de una especie de desprecio de Marx (o de la izquierda comunista que se reivindica de sus aportes), por lo sectores más empobrecidos. Hemos  señalado en líneas anteriores cuáles son las condiciones que hacen al proletariado una clase revolucionaria. Hay que agregar que la emancipación del proletariado significará la eliminación progresiva de las clases sociales, de la explotación humana por parte de la burguesía, lo que implica que este acto liberador que protagoniza el  proletariado arrastra a otros sectores empobrecidos de la sociedad. La única perspectiva que tienen estos sectores como campesinos u otros que han caído en la pobreza de salir de su estado de miseria, es yendo tras el proletariado. Evidentemente, el proceso de descomposición social  lleva a la creación de un numeroso sector de elementos   marginados del proceso productivo, desmoralizados, que llegan a caer en la delincuencia, las drogas o el alcoholismo, lo que hace prácticamente imposible su incorporación en una perspectiva de clase revolucionaria. 

Si revisamos la historia cuidadosamente, podremos comprobar que estos elementos, que ciertamente conforman el lumpen y en el cual caen incluso muchos trabajadores, se han comportado como capas reaccionarias, contrarrevolucionarias al servicio de la burguesía [8]. Un ejemplo de ello son los famosos “ejércitos blancos” que se formaron durante la Revolución Rusa.  El mismo Chávez ha echado mano de sectores lumpenizados para amenazar no sólo a la oposición, sino también como fuerza de choque contra los trabajadores, como asesinos a sueldo, cuyas acciones de represión contra las huelgas obreras se han hecho pasar como acciones del hampa común. Pero también el mismo sector  en tareas de gobierno y los factores de oposición reproducen conductas descompuestas (lumpenizadas), alrededor de los pases de factura, de las conductas pendencieras y amenazantes, del chantaje y la imposición por la fuerza, lo que muestra su incapacidad como burguesía para garantizar un mínimo de bienestar social.  

Por último, reproducimos aquí un pasaje de Engels, en su trabajo “Del Socialismo Utópico al Socialismo científico”, en el cual explica por qué la revolución proletaria abre la posibilidad de asegurar a la humanidad la satisfacción plena de sus necesidades materiales, así como el libre y completo desarrollo y ejercicio de sus capacidades físicas y espirituales: “Cesa la lucha por la existencia individual y con ello, en cierto sentido, el hombre sale definitivamente del reino animal y se sobrepone a las condiciones animales de existencia, para someterse a condiciones verdaderamente humanas… La propia existencia social del hombre, que hasta aquí se le enfrentaba como algo impuesto por la naturaleza y la historia, es a partir de ahora obra libre y suya… Es el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad.”

Augusto1-5-07

[1] Ver en nuestra prensa escrita o en nuestro site (www.internationalism.org), los artículos “El “socialismo” chavista: Nueva forma de redistribución de la miseria” y “Toma de Fábricas en Argentina: La autogestión y cogestión: viejas trampas del capital para engañar al proletariado” en Internacionalismo N° 54 - Mayo 2005; “La lucha contra el capitalismo hoy, es la lucha por la abolición del trabajo asalariado” en Internacionalismo N° 52 –mayo 2004; “Indigenismo y «socialismo del siglo XXI»: sólo la lucha del proletariado podrá liberar a la humanidad de la barbarie capital” en Internacionalismo N° 55- octubre 2005.

[2]  En el Capital, (tomo I, sobre la acumulación originaria), señala Marx, que la propiedad privada burguesa, significa la concentración de los medios de producción en una clase, la burguesía, la cual a través de un proceso histórico separa a los productores de los medios de producción, convirtiéndolos en trabajadores asalariados.  En sus alocuciones, Chávez habla de expropiaciones y de arrebatar el control de algunos sectores de producción (industria petrolera, industrias básicas), a la facción de la burguesía que le antecedió en el poder, lo cual presenta como un acto “revolucionario”, para hacer creer con esto que se acaba la “propiedad privada” de la “oligarquía” y comienza la propiedad colectiva (estatal), la cual funcionaría en “beneficio del pueblo”. Contrariamente a lo que señala Chávez y sus colaboradores, su proyecto de gobierno no acaba con la propiedad privada sobre los medios de producción, sólo la encubre jurídicamente haciéndola pasar como “propiedad del pueblo”, o “del Estado”, de esta manera sigue controlando los medios de producción y beneficiándose al igual que cualquier burguesía, de la explotación del trabajo,. Evidencia de ello, es la riqueza que ahora exhiben sin ningún rubor quienes detentan el  poder. 

[3] “Humanismo, solidaridad social y sociedad socialista”. Mario Sanoja Obediente, en Question N° 51, febrero 2007.

[4] «Cuanto mayor es la riqueza social... tanto mayor es la superpoblación relativa, es decir, el ejército industrial de reserva. Y cuanto mayor es este ejército de reserva, en relación con el ejército obrero activo (o sea, con los obreros ocupados normalmente), tanto mayor es la masa de superpoblación consolidada (permanente), es decir, las capas obreras cuya miseria está en razón inversa a sus tormentos de trabajo. Finalmente, cuanto más extenso es en la clase obrera el sector de la pobreza y el ejército industrial de reserva, tanto mayor es también el pauperismo oficial. Tal es la ley absoluta, general, de la acumulación capitalista» (pág. 631)

[5] Ídem

[6] Con relación a este aspecto sugerimos la lectura del artículo “La Geopolítica en América Latina” en Internacionalismo N° .  

[7] Mario Sanoja e Iraida Vargas. “El Sujeto histórico del socialismo del siglo XXI”, en Question N° 49, noviembre 2006.

[8]El lumpenproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la sociedad, puede verse a veces arrastrado al movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus condiciones de vida está más bien dispuesto a venderse a la reacción para servir a sus maniobras.” Carlos Marx y Federico Engels. Manifiesto del Partido Comunista. Obras Escogidas. Editorial Progreso, Moscú.