El terror de Estado se impone en Nicaragua

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Aumenta el caos en la región

El 8 de septiembre pasado el régimen sandinista de Daniel Ortega movilizó a sus seguidores para celebrar el “Septiembre Victorioso”, debido a que pudo conjurar según ellos el intento de Golpe de Estado en su contra. Esta Victoria del régimen dejó una terrible secuela: alrededor de 450 muertos[1]  decenas de desaparecidos, miles de heridos, cientos de detenidos y el éxodo de miles de nicaragüenses. Fue el corolario de 5 meses de protestas contra las medidas anti obreras y contra la feroz represión, similar o peor que las de la dictadura de Somoza.

Estos muertos no son sólo imputables al régimen de Ortega y sus huestes, quienes hicieron el trabajo sucio de perseguir, herir, matar o encarcelar a la población en protesta, en su mayoría jóvenes; también hay que imputarlas al clero y a los capitalistas privados (antiguos aliados del régimen), así como a las fuerzas políticas de oposición agrupadas en la “Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia”, quienes ahogaron y apaciguaron el movimiento promoviendo un “Dialogo Nacional” con el gobierno, mientras éste armaba su sangrienta estrategia de represión. De igual manera también la llamada “comunidad internacional” tiene su cuota de responsabilidad, ya que dan su apoyo a las facciones burguesas en pugna del capital nicaragüense: unos, como la ONU, la OEA, la UE, el Grupo de Lima, los EUA, que alimentaron (y siguen alimentando) las ilusiones de salidas democráticas y electorales a la crisis política; otros, como Rusia, China, Cuba, Bolivia y demás países que se declaran “enemigos” del “imperialismo yanqui” , que encubren su apoyo al sandinismo alegando que la situación en Nicaragua es un asunto de “política interna”.

La situación de la población nicaragüense es dramática, está sujeta a los acuerdos a que puedan llegar los altos burócratas burgueses sandinistas que controlan el Estado y los capitalistas privados. Ahora, bajo el terror del Estado, el régimen sandinista tiene el camino abierto para imponer las medidas anti obreras que intentó aplicar en abril pasado. Ante esta barbarie la única opción que se abre al proletariado nicaragüense es luchar en su propio terreno de clase, confrontar a las facciones del capital tanto oficialistas como de oposición y tornarse en una referencia para la población explotada. De otra manera, se impondrá el terror del Estado y la emigración masiva; situación como la que hoy viven países como Venezuela, Siria o varios países de África.

Las movilizaciones atrapadas por el Clero y el capital privado

Las protestas inician el 18 de abril de 2018 ante el anuncio del decreto que modifica la Ley de Seguridad Social que incrementa el aporte de los asegurados, aumenta los aportes de la patronal y reduce las pensiones de jubilados, que entró en vigencia el 19 de abril. En artículo publicado en nuestro sitio web describimos y analizamos los acontecimientos[2]. Allí decimos que al mismo tiempo que se iniciaban las protestas el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) realiza un comunicado calificando la reforma como “recaudatoria” y asegurando que esta medida generará un mayor desempleo y se traduciría en reducciones salariales…

La indignación ante la agresión de los cuerpos represivos y las huestes sandinistas a estudiantes y jubilados generó un descontento general entre la población explotada y precarizada, que reaccionó de manera espontánea saliendo a las calles. En el artículo referido hemos denunciado como se unieron el capital privado y la Iglesia para controlar y desviar la movilización: El día 21 la COSEP convocó a una marcha a celebrar el día 23. Hay que recordar que Ortega anuncia la derogación del decreto el día 22, con el fin de apaciguar el descontento social, sin embargo, esto no impidió que la marcha convocada por los empresarios asistiese decenas de miles de personas…La Iglesia Católica, con una gran influencia, toma un papel más activo de “crítico” al Gobierno. Convoca una manifestación para el 29 que resultará la más multitudinaria y donde las reivindicaciones contra el ataque a las pensiones quedan en un segundo plano para darle todo el protagonismo a la “reconciliación nacional”, la “democratización”, el “diálogo” etc.

Podemos ver que la entrada en la escena política de las “críticas” de la COSEP o de la Iglesia Católica no ha significado un refuerzo para el movimiento sino la mecánica para acabarlo. Lo que no ha logrado Ortega y su pandilla con la represión sangrienta lo han conseguido la COSEP y sobre todo la Iglesia católica con sus llamamientos “apaciguadores” …Podemos decir que el capital ha utilizado las “dos manos” para doblegar la protesta: en una estaba la mano asesina del FSLN, en la otra estaba la “mano amiga” de la Iglesia.

Así mismo en el artículo se muestran las debilidades del proletariado nicaragüense quien queda atrapado detrás de las facciones burguesas en pugna oficialistas y de oposición, y en planteamientos nacionalistas impulsados por esas propias facciones y la pequeña burguesía.

La situación en Nicaragua es otra muestra en la región, junto con la de Venezuela, de la incapacidad de las clases dominantes para mantener acuerdos mínimos de gobernabilidad; y, por otra parte, la incapacidad de la clase obrera para ser una referencia para las masas explotadas para salir de la barbarie que impone el capitalismo en descomposición.

La acentuación de la crisis económica como telón de fondo

En el artículo referido analizó cómo en 2013 el gobierno sandinista inició la reforma en la Ley de Seguridad Social para incrementar el caudal de recaudación, disminuir el monto de las pensiones, aumento del número de cotizaciones y aumento gradual de la tasa de cotización de la patronal.

El régimen reforma de nuevo el sistema de pensiones este año debido a la acentuación de la crisis económica en Nicaragua. El régimen de Ortega ya no cuenta con la ayuda económica que desde 2008 le prestó el régimen de Chávez, que vino a oxigenar la débil economía de ese país, a través de la incorporación de Nicaragua a los países del ALBA, alianza de países que crearon Cuba y Venezuela para enfrentar el ALCA promovido por “el imperio” norteamericano. A través de varios acuerdos el régimen chavista, además de suministrar petróleo subvencionado, aportó más de 4 mil millones de dólares al régimen sandinista. Se estima que un tercio de esos recursos se utilizaron para financiar programas sociales, que le sirvieron al FSLN para el control social y disponer de una masa de apoyo al régimen sandinista.

A partir de 2014, tras la muerte de Hugo Chávez y con la caída del precio del crudo, se inició el descenso de la relación comercial con Venezuela, que redujo las exportaciones con ese país a cero durante el primer trimestre de este año. Hasta finales de 2016 la deuda acumulada a través de la empresa ALBANISA creada un 51% de capital venezolano, era de 3,200 millones de dólares, equivalentes al 24% del PIB. La relación comercial se vio afectada de manera significativa por las medidas que la administración Trump impuso a PDVSA, empresa estatal petrolera que Chávez y Maduro utilizan para financiar los proyectos imperialistas de Venezuela hacia la región. Ahora la mayor parte del petróleo se importa desde EUA y a precios de mercado internacional, y no con la ventaja que tenía el régimen sandinista con la “revolución bolivariana” a la que pagaba el 50% de la factura en especies.

La reforma del sistema de pensiones, que el régimen anuló debido a la presión de las protestas, es una forma de hacer frente al gasto fiscal y al pago de la deuda externa. Los programas sociales ya no pueden ser mantenidos, lo que va a significar un deterioro al nivel de vida de las masas empobrecidas del país[3]. Los 5 meses de protestas han acentuado la crisis económica. Las protestas afectaron principalmente al comercio, el turismo y la construcción; se estima un aumento del desempleo de alrededor de un 5%, equivalente a unos 85 mil empleos. Las proyecciones de crecimiento económico se han bajado al 1% e incluso puede haber una recesión económica de proseguir la crisis política. El parecido con la situación en Venezuela no es pura casualidad.

No hay diferencias entre el sandinismo de los años 80 y el actual

A raíz de las protestas en Nicaragua y la feroz represión del régimen, se ha acentuado la división que ya existía en las filas del FSLN. Varios de los dirigentes del sandinismo que lucharon junto a Ortega en contra de la dictadura de Somoza y formaron parte de su primer gobierno (1985-1990), ahora lo denuncian y lo confrontan como traidor a los ideales del sandinismo original.

De hecho, después de perder las elecciones el FSLN en 1990, Daniel Ortega encabezó un proceso de pugnas que lo llevó a desorganizar el Frente y consolidarse como facción dominante, desplazando a otros dirigentes que le hicieran sombra. Desarrolló alianzas con el Partido Liberal de Arnoldo Alemán, con la Iglesia y consolidó un control de organizaciones sociales tras las banderas del FSLN. En ese sentido sentó las bases para ganar de nuevo la presidencia en 2006 y perpetuarse en el poder desde entonces, con el apoyo de Cuba y la “Revolución Bolivariana” de Chávez.

Es una gran mentira pretender que hay dos caras del sandinismo.

Algunos críticos de Ortega lo acusan de aplicar la “Operación Limpieza” tal como lo hacía la dictadura somocista contra la población. La izquierda y los izquierdistas utilizan los mismos recursos que la derecha para someter al proletariado y la población; la diferencia está en la utilización de la verborrea “revolucionaria” del “marxismo-leninismo”, y que se declaran “antiimperialistas” porque se oponen a los EUA, pero a la vez se unen a otras potencias o países imperialistas como lo hizo el FSLN en 1982 mediante los pactos con la URSS.

La acentuación de la descomposición en las filas de los partidos y organizaciones de la burguesía a nivel mundial, sean de derecha o izquierda, se expresa en los regímenes de izquierda como los de Venezuela, Cuba, Nicaragua, Siria, China, Corea del Norte. tal como lo hace hoy el sandinismo. El proletariado con su lucha debe acabar con el mito de que existe una izquierda revolucionaria, por ello su mejor definición es ser la izquierda del capital.

Acentuación del caos y la migración forzada

La situación en Nicaragua viene a agravar la situación regional. Las medidas de los EUA contra altos dirigentes del régimen sandinista y los bloqueos financieros, aparte de ser utilizados por el régimen para unificar a sus seguidores y culpar a los EUA de la crisis política y económica, son volcadas contra la población y se transforman en un factor agravante de la crisis. Por otra parte, la amenaza de no descartar opciones miliares (como es el caso con Venezuela), ayuda más bien a las cúpulas dirigentes a entronizarse en el poder y victimizarse para conseguir apoyos internos y externos. Situación que es aprovechada por potencias como China, países como Rusia, Cuba, Venezuela, Irán, etc. para intervenir, con el fin de perturbar el patio trasero de los EUA.

En ese sentido se observa cómo avanza el caos y las emigraciones[4] ocasionadas no sólo por el terror del Estado o amenazas de guerra civil, sino por la crisis económica.

Perspectivas

Debido a la agudización de la crisis económica y a la confrontación política, la tendencia de la situación se complique aún más. Los acuerdos que había entre las facciones del capital se rompieron. Las manifestaciones de fuerza del régimen sandinista lo colocan en una situación donde puede imponer a ultranza las medidas para intentar paliar la crisis económica. Por otra parte, tal como sucede con Venezuela, hay altas posibilidades de que se acentúe el bloqueo financiero al régimen.

Esta situación plantea un enorme reto al proletariado nicaragüense y mundial ya que la situación repercutirá en una acentuación de las medidas contra las condiciones de vida de la clase trabajadora, de por sí ya bastante precarizada. La capacidad de respuesta del proletariado se ve socavada por la polarización política y su debilidad histórica. Por otra parte, las emigraciones, son utilizadas por sectores de la burguesía y la pequeña burguesía para atacar la solidaridad humana y en particular la solidaridad que debe existir entre proletarios. Ya hay expresiones de xenofobia en Costa Rica. Este terrible escenario señala una acentuación del caos en la región que acentuará la pobreza crónica de la región y que puede desestabilizar a ese país, que hasta ahora ha sido el menos convulsionado de la región centroamericana.

La situación que se vive en Nicaragua, Venezuela, Siria y otros países plantea la urgencia para el proletariado de retomar su lucha para que sirva de aliciente para desarrollar las condiciones que permitan superar al sistema capitalista en descomposición que nos sume en la miseria y la barbarie.

RM / 25-septiembre-2018

 

[1] Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el número de muertos es de 322, más de 450 según organismos de derechos humanos; 198 según el gobierno

[2]Ver nuestro artículo “El abril sangriento de Nicaragua: Sólo la lucha autónoma del proletariado puede acabar con la explotación y la barbarie represiva” http://es.internationalism.org/accion-proletaria/201805/4304/el-abril-sa...

[3] La pobreza en Nicaragua se ubica entre el 29,6% (Banco Mundial) y el 40% (BID) y la pobreza extrema es del 14,6% (BID)

[4] Según la ONU 23,000 nicaragüenses han huido a Costa Rica desde abril pasado

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