Marruecos: protesta contra la barbarie capitalista a los emigrantes

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El 22 de septiembre una joven emigrante de 19 años moría a manos de la Marina Real marroquí cuando intentaba llegar a España. Al conocerse se produjeron protestas en su ciudad natal, Tetuán, norte de Marruecos, protagonizadas por jóvenes indignados por este nuevo asesinato.

Con ocasión de un partido de fútbol, miles de jóvenes se concentraron en los alrededores del estadio coreando gritos contra “el estado represor marroquí” y pidiendo venganza por la muerte de la joven. “Una vez dentro del estadio la cólera no cesó y, por primera vez en la historia del país, el himno nacional fue silbado por la gran mayoría de los asistentes, entre gritos de “no quiero ser marroquí”, “renuncio a mi nacionalidad” y otros parecidos[1]. Terminado el partido, los manifestantes acudieron a la playa de Martil donde la joven fue asesinada. Después, se dirigieron a la plaza de Mechouar, centro de la ciudad, donde la policía logró finalmente dispersarlos.

Estas protestas se unen a otras que se han producido en Agadir, esta vez contra la restauración del servicio militar. Se enlazan con las manifestaciones a principios de año en Jerada (zona carbonífera del nordeste marroquí, cercana a la frontera argelina) en respuesta a la muerte de dos mineros atrapados cuando intentaban extraer carbón en una mina abandonada, las cuales comenzaron a fines de 2017 y continuaban en marzo 2018[2].

Cabe señalar que el diario El País tuvo la desfachatez de calificar de “promovidas por ultras” las protestas de Tetuán y Agadir[3], cuando el propio autor del artículo cita uno de los cánticos escuchados en las manifestaciones que reza “No queréis que estudiemos, no queréis que trabajemos y no queréis que seamos conscientes, solo nos queréis dóciles y resignados, para que os sea fácil dominarnos y gobernarnos , lo cual poco tiene que ver con las ideologías bárbaras y reaccionarias de los ultras (populistas, extrema derecha etc.).

Con un escalofriante desempleo juvenil y una total precariedad laboral, los jóvenes se insurgen contra la explotación y la represión que soportan, mostrando un rechazo contra la nación marroquí, aunque, expresión de desorientación, en las manifestaciones de Tetuán aparecían banderas españolas, agitando la tramposa ilusión de que España sería un país de acogida para la emigración.

El drama de la emigración en el trasfondo de la protesta

La clase obrera es una clase de emigrantes. En el siglo XV la acumulación primitiva de capital se levanta sobre el sudor y la sangre de millones de campesinos y artesanos arrancados de sus aldeas de origen y empujados a concentrarse en las ciudades de los países originarios del capitalismo (principalmente Gran Bretaña y Holanda).  Otra fuente del primer desarrollo capitalista, que se prolonga hasta el siglo XIX, es la trata de esclavos que dio lugar a enormes desplazamientos forzados de mano de obra. Según National Geographic, entre los siglos XVI al XIX 12 millones de esclavos negros fueron trasladados del África atlántica a América. En la época de apogeo del capitalismo la emigración hacia los “nuevos continentes” (América, Oceanía) atrajo nuevas masas procedentes de los países europeos. “Durante la ola de inmigración europea al continente americano entre 1870 y 1930 los países que más europeos recibieron fueron Estados Unidos (27 millones), Argentina (más de seis millones), Brasil (más de cuatro millones), Canadá (cuatro millones), Cuba (610 000) y Uruguay (500 000)[4]

Sin embargo, “a partir de los años 20 del siglo XX, con la decadencia del capitalismo, la tendencia se invierte: enormes masas humanas huyen de la pobreza, la guerra y otras calamidades, que golpean Asia, América del Sur y África, para concentrarse en las grandes metrópolis industriales de Europa y América[5]

La complicidad del Estado marroquí con sus “socios” de Europa

El capitalismo forja la fuerza de trabajo que explota a base de la emigración (primero interior y después entre países). Las grandes metrópolis industriales de Europa y Norteamérica, con una bajísima tasa de natalidad, necesitan renovar su fuerza de trabajo con la sangre nueva de los emigrantes. Una parte de ellos son imprescindibles para la continuación de la explotación asalariada. Ahora bien, estos capitalismos, golpeados por la crisis que se arrastra desde hace 50 años, necesitan tirar siempre hacia abajo los salarios y las condiciones de TODOS SUS TRABAJADORES, nativos o extranjeros, para ello un medio privilegiado es someter a los emigrantes a condiciones de ilegalidad, racismo y discriminación, lo cual les permite, por una parte, imponerles salarios mucho más bajos y condiciones de trabajo mucho peores, y, simultáneamente sembrar la división en las filas de la clase obrera, con esas monsergas reaccionarias de que “nos roban el trabajo”, “ son delincuentes”, “degradan la seguridad social” etc. Como denunciamos en la Resolución sobre la situación internacional de nuestro 22º Congreso[6] “Haciendo que los inmigrantes entren ilegalmente, los criminaliza y así les obliga a trabajar por una miseria en condiciones abominables sin ningún derecho a beneficios sociales. Por otra parte, al obligar a personas a arriesgar sus vidas para entrar, el régimen de frontera se convierte en una especie de mecanismo de selección bárbara, donde sólo lo consigue el más atrevido, decidido y dinámico.

Hoy, sin embargo, con la entrada del capitalismo en una fase más grave de su decadencia, lo que llamamos la Descomposición[7], la emigración sufre un cambio radical: cada vez más toma la forma de una huida desesperada de grandes masas humanas que tratan de zafarse de los flagelos de la guerra imperialista, las catástrofes medioambientales y climáticas, la miseria extrema, los genocidios y la violencia más salvaje. “El millón de rohinyás que el año pasado cruzaron las aguas que separan Myanmar de Bangladesh para huir del ejército birmano. Los 2,5 millones de refugiados afganos —de primera, segunda y tercera generación— que viven al otro lado de su frontera por qué no pueden volver. Los 6,1 millones de sirios que se han visto obligados a escapar con las manos vacías de su país[8]. Lo que sucede no es emigración sino algo cualitativamente mucho más grave: EXODO.  Como prosigue el artículo citado “Todas las personas que viven fuera de su país de origen suman 257 millones y representan casi el 3,5% de la población mundial. Según los datos de las Naciones Unidas, jamás la cifra de expatriados había sido tan alta como en 2017, ni en números absolutos ni el porcentaje sobre la población total”.

Para el objetivo de hundir en el abismo las condiciones de todos los trabajadores y para controlar el éxodo de personas, el capitalismo europeo y americano está recurriendo a un mecanismo brutal de control de fronteras, muros anti- emigrantes como el de Trump, campos de concentración etc. La Unión Europea que se presenta como campeona de la democracia y el humanitarismo está perpetrando un GENOCIDIO en el Mediterráneo: “A Europa no le ha hecho falta construir un muro, como prometió Donald Trump en Estados Unidos: solo dejar que la gente se ahogue en el Mediterráneo a bordo de botes hinchables, pesqueros o pateras. Es la frontera más peligrosa del mundo, y también una de las más tecnificadas: los buques anfibios y las corbetas y las fragatas y los aviones y los drones y los helicópteros y los radares siguen ahí, pero están desplegados para proteger las fronteras europeas, no para asistir a los desgraciados que intentan llegar a sus orillas.[9]

El complemento de esta política bárbara de exterminio es otra barbarie más: la delegación de las tareas “sucias” de persecución y devolución de emigrantes a países con “moral laxa” en “derechos humanos”, como Marruecos, Turquía o Egipto y ¡no hablemos del Estado “fallido” libio donde bandas de delincuentes salidos del viejo régimen de Gaddafi (tan elogiado por los gobernantes demócratas europeos) esclavizan a los emigrantes y los someten a tratos sanguinarios!

Llegar al supuesto “paraíso” europeo se ha convertido en una terrible prueba de obstáculos: primero, la aventura de llegar a las “plataformas de acceso” a la nueva Jerusalén europea (Marruecos, Turquía, Libia, Egipto), en la que un porcentaje desconocido se pierde en el camino y muere por las penosas condiciones de la travesía. La segunda etapa es pasar por el infierno de los campos de concentración o los depósitos de esclavos libios. La tercera es aún más arriesgada: cruzar el Mediterráneo donde miles perecen en el intento. La cuarta etapa son los centros de “acogida” en los países europeos donde muchos son devueltos. La quinta etapa es la ¿vida? de clandestinidad, trabajos de fortuna, ¿viviendas? super -hacinadas; finalmente una mínima parte de ese flujo humano consigue el “premio” de un permiso legal de residencia a cambio de un trabajo retribuido miserablemente. Este “proceso de selección” nada tiene que envidiar a los campos de exterminio nazis por mucho que se disfrace con la cínica palabrería democrática del “bienvenidos” o los gestos hipócritas como los de Sánchez con el Acuarius.

El capital marroquí tiene un papel destacado en todo este montaje criminal del que saca subvenciones y prebendas para sus negocios parásitos. Esto ya fue desarrollado en tiempos del gobierno Zapatero que llegó a “acuerdos” con el Estado marroquí para esa hipócrita y canallesca “delegación” del trabajo sucio[10]

Los resultados de esta política de la Unión europea en colaboración con sus “socios” del Norte de África se pueden medir en el número de muertos oficiales que se dan cada año en el Mediterráneo: según datos de la Organización Internacional de Migraciones, en 2014, 3.283 personas desaparecieron intentando atravesar el Mediterráneo, en 2015, 3.793, 5.143 en 2016, 3139 en 2017 y en 2018 1549, hasta ahora.

La barbarie del capitalismo contra la emigración exige la respuesta unida del proletariado mundial

Los jóvenes proletarios en Marruecos, más allá de sus ilusiones sobre “poder emigrar a España”, han comenzado a dar una tímida respuesta a esa política envuelta en hipocresía y cinismo democráticos. Sin embargo, la lucha contra la barbarie que todo el capitalismo ejerce sobre los emigrantes no puede ser asumida por un sector del proletariado, necesita que avancemos pacientemente hacia una respuesta unida de todo el proletariado mundial. Sabemos que el camino es muy largo y difícil, pero solamente si tenemos clara la meta podremos dar pasos reales hacia él.

Es preciso comprender:

1º La barbarie del capitalismo contra los emigrantes no ataca únicamente a esta masa en éxodo desesperado, ATACA A TODO EL PROLETARIADO MUNDIAL y, por ende, a toda la humanidad explotada y oprimida. Jamás hemos de perder de vista que esa barbarie tiene como repercusión la caída incesante de las condiciones de vida de obreros nativos y extranjeros en todos los países

2º La burguesía populista de los Trump, Salvini, Orban, Le Pen etc., y la burguesía democrática de los Merkel, Sánchez, Macron etc., comparten LA MISMA BARBARIE. No podemos elegir entre la peste y el cólera, los dos son peor. El proletariado tiene que luchar contra todos los bandos capitalistas. Populistas, derecha “civilizada” e izquierda “humanitaria” son EL MISMO ENEMIGO.

3º Lo que hay detrás de la gigantesca crisis migratoria que sacude el capitalismo mundial es la agravación de su descomposición, su deslizamiento gradual pero irreversible hacia una barbarie cada vez más brutal. Solo el proletariado mundial con el desarrollo de sus luchas podrá poner fin a esta deriva terrible. El punto de partida es el lema que se gritaba en una manifestación de emigrantes en España: NATIVA O EXTRANJERA LA MISMA CLASE OBRERA.

Smolni 18-10-18

 

 

[5] De nuestro artículo Para luchar contra el racismo hay que luchar contra el capitalismo, http://es.internationalism.org/accion-proletaria/201712/4258/para-lucha-contra-el-racismo-hay-que-luchar-contra-el-capitalismo

[10] Ver Crisis de la emigración en la frontera hispano – marroquí: la hipocresía de la burguesía democrática. http://es.internationalism.org/accion-proletaria/200510/206/crisis-de-la-emigracion-en-la-frontera-hispano-marroqui-la-hipocresia-d

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