Hace 50 años Mayo 68: 2ª Parte, los avances y retrocesos de la lucha de clases

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Sin los acontecimientos de mayo de 1968, la CCI no existiría. Marc Chirik[1] ya había ayudado a formar un grupo en Venezuela, "Internacionalismo", que desde 1964 defendió todas las posiciones básicas que serían tomadas una década más tarde por la CCI. Pero Marc sabía desde el principio que habría un renacimiento de la lucha de clases en los centros del capitalismo mundial, lo que sería decisivo para marcar el comienzo de un cambio en el curso de la historia. Fue esta comprensión lo que lo llevó a regresar a Francia y a desempeñar un papel activo en el movimiento de mayo a junio 1968, y esto incluyó la búsqueda de contactos entre sus vanguardias politizadas. Dos jóvenes miembros del grupo venezolano ya habían ido a Francia para estudiar en la Universidad de Toulouse y fue con estos camaradas y un puñado de otros, que Marc se convirtió en miembro fundador de Revolution Internationale (RI) en octubre de 1968, el grupo que jugaría un papel central en la formación de la CCI siete años después.

Desde ese momento, la CCI nunca se ha desviado de su convicción sobre el significado histórico de Mayo de 68, y hemos vuelto constantemente a este tema. Cada diez años, más o menos, hemos publicado artículos retrospectivos en nuestro órgano teórico, la Revista Internacional, así como otros materiales en nuestra prensa territorial. Hemos llevado a cabo reuniones públicas para marcar el 40º y el 50º aniversario de Mayo, y hemos intervenido en eventos organizados por otras organizaciones [2]. En este artículo, comenzamos revisando uno de esos artículos, escrito para un aniversario que desde entonces ha adquirido un valor simbólico preciso: 1988.

En la primera parte de esta nueva serie [3], llegamos a la conclusión de que la primera evaluación realizada por RI –‘Comprender mayo’- escrita en 1969, según la cual Mayo del 68 representó la primera gran reacción de la clase trabajadora mundial ante la reaparición de la crisis económica histórica del capitalismo, se ha confirmado plenamente: a pesar de la capacidad, a menudo sorprendente, del capital para adaptarse a sus contradicciones cada vez más agudas, la crisis, que a fines de la década de 1960 sólo podía detectarse por sus primeros síntomas, se volvió a la vez crecientemente evidente y permanente en todos sus efectos y propósitos.

Pero ¿qué pasa con nuestra insistencia de que Mayo de 68 señaló el final de las décadas previas de contrarrevolución y la apertura de un nuevo período en el que una clase obrera no derrotada se movería hacia luchas masivas y decisivas; y que a su vez, el resultado de estas luchas resolvería el dilema histórico planteado por la crisis económica insoluble: guerra mundial, en caso de una nueva derrota de la clase obrera, o revolución mundial y la construcción de un nueva sociedad comunista?

El artículo de 1988, ‘20 años después de Mayo de 1968 -lucha de clases: la maduración de las condiciones para la revolución’[4] comenzó argumentando en contra del escepticismo prevaleciente de la época -la idea, muy difundida en los medios burgueses y entre toda una capa de intelectuales- que Mayo del 68 había sido, en el mejor de los casos, un hermoso sueño utópico que la dura realidad conducía a empañar y matar. En otra parte de nuestra prensa, aproximadamente al mismo tiempo[5], también hemos criticado el escepticismo que afectó a gran parte del medio revolucionario, y lo habíamos hecho desde los acontecimientos mismos del 68 -una tendencia expresada significativamente por el rechazo de los principales herederos de la Izquierda Comunista Italiana a ver en Mayo de 1968 nada más que una oleada de agitación pequeño-burguesa que no hizo nada para levantar el peso muerto de la contrarrevolución.

Ambas alas, la Bordigista y la Damenista[6], de la tradición de la Izquierda Italiana después de la guerra respondieron de esta manera. Ambas tienden a ver al Partido como algo fuera de la historia, ya que consideran que es posible mantenerlo independientemente de la relación de fuerzas entre las clases. Por lo tanto, tienden a ver la lucha de los trabajadores como esencialmente de naturaleza circular, debido a que sólo puede ser transformada en sentido revolucionario por la acción del Partido, lo que plantea la cuestión de dónde viene el propio Partido. Los bordiguistas, en particular, ofrecen una caricatura de este enfoque de 1968, cuando editaron panfletos, insistiendo en que el movimiento iría a cualquier lugar si era puesto tras la bandera de El Partido (es decir, su propio pequeño grupo político). Nuestra corriente, por otro lado, siempre ha respondido que este es un enfoque esencialmente idealista que separa al Partido de sus raíces materiales en la lucha de clases. Consideramos que mantenemos las adquisiciones reales de la Izquierda Italiana, de su período teóricamente más fructífero -el período de la Fracción en los años 1930 y 40, cuando se reconoció que su propia disminución numérica en relación a la precedente etapa del Partido fue un producto de la derrota de la clase obrera, y que sólo una reactivación de la lucha de clases podría proporcionar las condiciones para la transformación de las fracciones comunistas existentes en un Partido de clase real.

Estas condiciones, desde luego, también se desarrollaron después de 1968, no sólo a nivel de las minorías politizadas, que estaban experimentando una fase de crecimiento significativo a raíz de los acontecimientos del 68 y los levantamientos subsecuentes de la clase obrera, sino también en un nivel más general. La lucha de clases que estalló en mayo del 68 no fue una llamarada de fuego, sino el punto de partida de una dinámica poderosa que rápidamente pasaría a primer plano a escala mundial.

Los avances de la lucha de clases entre 1968 y 1988

De acuerdo con la visión marxista que ha observado el proceso del movimiento de clases semejante a una oleada, el artículo analiza tres diferentes oleadas de luchas en las dos décadas posteriores a 1968: la primera, sin duda la más espectacular, experimentó el Otoño Caliente Italiano en el 69, el violento levantamiento en Córdoba, Argentina en 69, y en Polonia en el 70, y movimientos importantes en España y Gran Bretaña en 1972. En España en particular, los trabajadores comenzaron a organizarse a través de asambleas de masas, un proceso que culminó en Vitoria en 1976[7]. La dimensión internacional de la oleada quedó demostrada por sus ecos en Israel 1969 y en Egipto 1972 y, más tarde, por los levantamientos en los municipios de Sudáfrica, que fueron dirigidos por comités de lucha[8] (los Cívicos).

Después de una breve pausa a mediados de los años 70, se produjo una segunda oleada de huelgas que incluyó a trabajadores del petróleo iraníes, a los trabajadores del acero de Francia en 1978, el 'Descontento de Invierno' en Gran Bretaña, la huelga de estibadores en Rotterdam, liderada por un comité de huelga independiente, y las huelgas de metalúrgicos en Brasil en 1979, que también desafiaron el control sindical. Este movimiento mundial culminó en la huelga de masas en Polonia en 1980[9], cuyo nivel de autoorganización y unificación lo marcó como el episodio más importante en la lucha de clases desde 1968, e incluso desde la década de 1920. Y aunque la severa represión de los trabajadores polacos llevó a esta oleada a su final, no pasó mucho tiempo antes de que se produjera un nuevo levantamiento con las luchas en Bélgica en 1983 y 1986, la huelga general en Dinamarca en 1985, la huelga de los mineros en Gran Bretaña en 1984-5, las luchas de los ferrocarrileros y luego los trabajadores de la salud en Francia en 1986 y 1988, y el movimiento de trabajadores de la educación en Italia en 1987. Las luchas en Francia e Italia en particular, como la huelga de masas en Polonia, mostraron una verdadera capacidad de auto organización a través de asambleas generales y comités de huelga.

Esta no fue una simple lista de huelgas. El artículo también destaca el hecho de que este movimiento en oleadas de luchas no dio vueltas en círculos, sino que hizo avances reales en la conciencia de clase:

"Una simple comparación de las características de las luchas de hace 20 años con las de hoy nos permitirá percibir la magnitud de la evolución que ha tomado lugar en la clase obrera. Su propia experiencia, junto con la evolución catastrófica del sistema capitalista, le permitió adquirir una visión mucho más lúcida de la realidad de su lucha. Esto ha sido expresado por:

- una pérdida de ilusiones en las fuerzas políticas de la izquierda del capital y, ante todo, en los sindicatos, hacia los que las ilusiones han cedido el paso a la desconfianza y una hostilidad cada vez más abierta;

- la tendencia creciente al abandono de formas inefectivas de movilización, estancamientos que los sindicatos muchas veces han usado para anular la combatividad de los trabajadores, tales como días de acción, manifestaciones procesión, huelgas largas y aisladas...

Pero la experiencia de estos 20 años de lucha no ha producido solamente lecciones negativas para la clase trabajadora (qué no se debe hacer). También ha producido lecciones sobre lo que se debe hacer:

 - la búsqueda de la extensión de la lucha (en particular Bélgica 1986),

- la búsqueda del control de la lucha por los trabajadores, organizando asambleas generales y comités de huelga elegidos y revocables (Francia 86, Italia 87 en particular)".

Al mismo tiempo, el artículo no descuidó las respuestas de la burguesía al peligro de la lucha de clases: aunque había sido sorprendida por el estallamiento del movimiento de mayo de 1968, recurrió a formas brutales de represión que actuaron como un catalizador para la propagación de la lucha, luego aprendería o reaprendería algo muy importante para manejar la resistencia de su enemigo de clase. La burguesía no abandonó el uso de la represión, por supuesto, pero encontró medios más sutiles para presentar y justificar su uso, como el espantapájaros del terrorismo. Al mismo tiempo, desarrolló su arsenal de mistificaciones democráticas para desviar las luchas -especialmente en países que todavía estaban gobernados por dictaduras abiertas- hacia objetivos políticos burgueses. A nivel de las luchas mismas, contrarrestó el creciente desencanto hacia los sindicatos oficiales y la amenaza de la autoorganización desarrollando formas más radicales de sindicalismo, que podían incluir formas ‘extra-sindicales’ (las ‘coordinaciones’ establecidas por la extrema izquierda en Francia, por ejemplo).

El artículo comenzó reconociendo que muchos discursos optimistas sobre la revolución en 1968 eran, sin duda, utópicos. Había dos razones. Una la contaminación de la reflexión en medios proletarios por la distorsión que ocasionaban las posiciones izquierdistas según las cuales lo que estaba sucediendo en Vietnam o Cuba eran realmente revoluciones socialistas que tenían que ser apoyadas activamente por la clase obrera de los países centrales. Pero también lo hizo, incluso cuando la revolución se entendió como algo que realmente implicaba la transformación de las relaciones sociales, debido a que las condiciones objetivas de 1968, sobre todo la crisis económica, apenas comenzaba a proporcionar la base material para un desafío revolucionario al capitalismo. Desde entonces, las cosas han sido más difíciles, pero más profundas:

“Quizás es menos fácil hablar de revolución en 1988 que en 1968. Pero cuando hoy se grita la palabra en una manifestación en Roma que denuncia la naturaleza burguesa de los sindicatos, o en una manifestación de desempleados en Bilbao, tiene un significado mucho más concreto y profundo que cuando fue ondeada en las febriles asambleas, tan llenas de falsas ilusiones de 1968. 1968 afirmó el retorno del objetivo revolucionario. Durante 20 años las condiciones para su realización no han dejado de madurar. El descenso del Capitalismo a un callejón sin salida, la situación cada vez más insoportable que éste crea para todas las clases explotadas y oprimidas, la experiencia acumulada a través del espíritu de lucha de los trabajadores, todo esto está llevando a la situación de la que Marx dijo, 'en la que cualquier paso atrás es imposible' ".

El giro decisivo de 1989

Hay muchas cosas en este análisis que todavía podemos suscribir hoy. Y sin embargo no podemos más que sorprendernos ante una cita que resume el balance de la tercera oleada de luchas de este artículo:

"Finalmente, la reciente movilización de los trabajadores del Ruhr en Alemania y la reanudación de las huelgas en Gran Bretaña en 1988 confirmaron que esta tercera oleada internacional de luchas obreras, que ya ha durado más de 4 años, está lejos de haber terminado”.

De hecho, la tercera oleada, y, desde luego, todo el período de luchas desde 1968, terminarían repentinamente con el colapso del bloque del Este en 1989-91 y la marea de campañas sobre la muerte del comunismo que la acompañó. Este cambio histórico en la situación mundial selló la llegada definitiva de una nueva fase en la decadencia del capitalismo: la fase de la descomposición[10].

La CCI ya se había percatado de los síntomas de la descomposición a principios de la década de 1980, y en la organización ya estaba en marcha un debate sobre sus implicaciones para la lucha de clases. Sin embargo, el artículo sobre mayo 68 en la Revista International 53, así como en el editorial del mismo número, evidenciaban de que aún no se había captado su significado más profundo. El artículo sobre el 68 llevaba el subtítulo "20 años de descomposición" sin dar ninguna explicación del término, mientras que el editorial se centra sólo en sus manifestaciones a nivel de los conflictos imperialistas -el fenómeno que más tarde se describió como "libanización", la tendencia de países enteros a desintegrarse bajo el peso de rivalidades imperialistas cada vez más irracionales. Es probable que estas inexactitudes hayan reflejado las divergencias reales que surgieron en el 8º Congreso de la CCI a finales de 1988.

El ambiente que prevaleció en este Congreso fue el de un gran optimismo e incluso algo de euforia. Esto reflejó, en parte, el comprensible entusiasmo causado por la integración de dos nuevas secciones a la CCI en este Congreso: la de México y la de India. Pero esto se expresó especialmente en ciertos análisis que se presentaron sobre la lucha de clases: la idea de que era sólo cuestión de meses para que las nuevas mistificaciones burguesas se desgastaran. A su vez, esperanzas desproporcionadas en las luchas que estaban teniendo lugar en Rusia, la concepción de una tercera oleada que siempre avanzaría con altibajos, y sobre todo, una reticencia a aceptar la idea de que, ante la creciente descomposición social, la lucha de clases parecía marcar una "pausa" o un estancamiento (lo que, dada la gravedad de los retos a enfrentar, sólo podía significar una tendencia al reflujo o al retroceso). Este punto de vista era el que defendían Marc Chirik y una minoría de camaradas en el Congreso. Se basaba en una clara conciencia de que el desarrollo de la descomposición expresaba una especie de bloqueo histórico entre las principales clases de la sociedad. La burguesía no había infligido una derrota histórica decisiva a la clase obrera, y no era capaz de movilizarla para una nueva guerra mundial; pero la clase obrera, a pesar de los 20 años de lucha que habían impedido la marcha hacia la guerra, y que, por supuesto había visto importantes desarrollos en la conciencia de clase, había sido incapaz de desarrollar la perspectiva de la revolución, de plantear su propia alternativa política a la crisis del sistema. El capitalismo, desprovisto de cualquier salida, pero aún hundido en una muy larga crisis económica, comenzaba a pudrirse de pies a cabeza, y esta podredumbre estaba afectando a la sociedad capitalista a todos los niveles [11]

Este diagnóstico fue rotundamente confirmado por el colapso del bloque del Este. Por un lado, este considerable acontecimiento es, sin duda, un producto de la descomposición. Confirma de una manera contundente el profundo impasse de la burguesía estalinista, que estaba enredada en un atolladero económico siendo manifiestamente incapaz de movilizar a sus trabajadores hacia una solución militar a la bancarrota de su economía (las luchas en Polonia en 1980 habían demostrado esto de una forma bastante clara a la clase dominante estalinista). Al mismo tiempo, mostró las graves debilidades políticas de esta sección de la clase obrera mundial. El proletariado del bloque ruso había demostrado, ciertamente, su capacidad de lucha en el terreno económico defensivo, pero confrontado a un enorme acontecimiento histórico que se expresaba en gran medida a nivel político, fue completamente incapaz de ofrecer su propia alternativa y, en tanto que clase, se ahogó en el remolino democrático falsamente descrito como una serie de ‘revoluciones populares’.

A su vez, estos acontecimientos aceleraron muy significativamente el proceso de descomposición a escala mundial. Esto fue más evidente a nivel imperialista, donde el rápido colapso del viejo sistema de bloques permitió a la tendencia del "cada uno para sí" dominar cada vez más las rivalidades diplomáticas y militares. Pero también esto fue cierto con respecto a la relación de fuerzas entre las clases. A raíz del derrumbe del bloque del Este, las campañas de la burguesía mundial sobre la muerte del comunismo, sobre la imposibilidad de cualquier alternativa de la clase obrera al capitalismo, asestaron nuevos golpes a la capacidad de la clase obrera internacional -especialmente en los países centrales del sistema- para generar una perspectiva política.

La CCI no había previsto los acontecimientos de 1989-91, pero pudo responder a ellos con un análisis coherente basado en trabajos teóricos anteriores. Esto fue cierto tanto para entender los factores económicos involucrados en la caída del estalinismo[12] y para predecir el creciente caos que, en ausencia de bloques, estallaría en la esfera de los conflictos imperialistas[13]. En cuanto al nivel de la lucha de clases, fuimos capaces de ver que el proletariado se enfrentaría ahora a un período particularmente difícil:

 “La identificación que es sistemáticamente establecida entre comunismo y estalinismo, la mentira mil veces repetida, e incluso hoy más martilleada que nunca antes, según la cual la revolución proletaria sólo puede terminar en desastre, con el colapso del estalinismo, y durante todo un período, ganará y añadirá un impacto en las filas de la clase trabajadora. Por lo tanto, tenemos que esperar un retroceso momentáneo en la conciencia del proletariado, de lo que ya podemos observar sus manifestaciones, en particular con el regreso vigoroso de los sindicatos. Si bien los ataques incesantes y cada vez más brutales que el capitalismo no dejará de asestar contra los trabajadores los forzará a entrar en el combate, esto no se traducirá, al principio, en una mayor capacidad de la clase para desarrollar su conciencia. En particular, la ideología reformista pesará mucho en las luchas del período venidero, favoreciendo en gran medida la acción de los sindicatos.

Dada la importancia histórica de los acontecimientos que lo determinan, el actual repliegue del proletariado -aunque no cuestiona el curso histórico, la perspectiva general hacia los enfrentamientos de clases- va a ser mucho más profundo que el que acompañó a la derrota de 1981 en Polonia. Sin embargo, no podemos predecir de antemano su real amplitud o su duración. En particular, el ritmo del colapso del capitalismo occidental -que actualmente podemos ver que se acelera, con la perspectiva de una nueva recesión abierta- será un factor determinante para establecer el momento en que el proletariado podrá reanudar su marcha hacia la conciencia revolucionaria"[14].

Este pasaje es muy claro sobre el impacto profundamente negativo del colapso del estalinismo, pero aún contiene una cierta subestimación de la profundidad del reflujo. La estimación de que esto sería “momentáneo” ya debilita la posición de que el retroceso sería "mucho más profundo del que acompañó la derrota de 1981 en Polonia", y este problema se haría evidente en nuestro análisis en los años siguientes, particularmente en la idea de que algunas luchas en la década de 1990 -en el 92, y nuevamente en el 98- marcaron el final del retroceso. En realidad, a la luz de las últimas tres décadas, podemos decir que el retroceso en la conciencia de clase no sólo continuó, sino que se ha profundizado, causando una especie de amnesia en relación con los logros y avances del período 1968-1989.

¿Cuáles son los principales indicadores de esta trayectoria?

El impacto de la crisis económica en Occidente no ha sido tan lineal como lo implica el pasaje citado anteriormente. Las repetidas convulsiones de la economía ciertamente han debilitado el alardeo de la clase dominante a comienzos de la década de los 90 que, con el final del bloque del Este, entraríamos en un período de absoluta prosperidad. Pero la burguesía ha sido capaz de desarrollar nuevas formas de Capitalismo de Estado y manipulaciones económicas (tipificadas en el concepto de "neoliberalismo") que han mantenido al menos una ilusión de crecimiento, mientras que el desarrollo real de la economía china, en particular, ha convencido a muchos de que el capitalismo es adaptable infinitamente y siempre puede encontrar nuevas formas de sortear su crisis. Y cuando las contradicciones subyacentes volvieron a la superficie, como lo hicieron con la gran crisis financiera de 2008, pueden haber estimulado algunas reacciones proletarias (en el período 2010-2013, por ejemplo). Pero al mismo tiempo, la propia forma que esta crisis tomó, "una crisis crediticia" que implicó una pérdida masiva de ahorros de millones de trabajadores, hizo más difícil responder en el terreno de clase, ya que el impacto pareció afectar más a los propietarios de casas que a una clase asociada[15]

- La descomposición socava esta auto conciencia del proletariado como una fuerza social distinta en muchos sentidos, todo lo cual exacerba la atomización y el individualismo inherentes a la sociedad burguesa. Podemos ver esto, por ejemplo, en la tendencia a la formación de pandillas en los centros urbanos, que expresan tanto una falta de perspectiva económica para una parte considerable de la juventud proletaria, como una búsqueda desesperada de una comunidad alternativa que resulta en la creación de divisiones asesinas entre los jóvenes, basadas en las rivalidades entre diferentes barrios y condiciones, en la competencia por el control de la economía local de las drogas o en las diferencias raciales o religiosas.

- Las políticas económicas de la clase gobernante también han atacado deliberadamente todo sentido de identidad de clase –tanto eliminando los viejos centros industriales de resistencia de clase obrera, como introduciendo formas mucho más atomizadas de trabajo, como la llamada ‘economía aparente o informal’ donde los trabajadores son tratados cotidianamente como autoempleados ‘emprendedores’.

- El creciente número de guerras sangrientas y caóticas que caracterizan este período, mientras refuta de plano la afirmación de que el fin del estalinismo regalaría a la humanidad un "dividendo de paz", no proporciona la base para un desarrollo general de la conciencia de clase como lo hicieron, por ejemplo, durante la Primera Guerra Mundial cuando el proletariado de los países centrales fue movilizado directamente para la carnicería. La burguesía aprendió la lección de los conflictos sociales del pasado provocados por la guerra (incluida la resistencia contra la guerra de Vietnam) y, en los países clave de Occidente, ha hecho todo lo posible para evitar el uso de ejércitos de conscriptos y para limitar sus guerras a las periferias del sistema. Esto no ha evitado que estas confrontaciones militares tuvieran un impacto muy real en los países centrales, pero esto ha tomado principalmente formas que tienden a reforzar el nacionalismo y relanzar la “protección” del Estado: el incremento enorme en el número de refugiados que huyen de las zonas de guerra, y la acción de grupos terroristas apuntando a la población de los países desarrollados[16].

- A nivel político, en ausencia de una perspectiva proletaria clara, hemos visto a diferentes partes de la clase trabajadora influenciadas por las falsas críticas al sistema ofrecidas por el populismo, por un lado, y por el jihadismo, por el otro. La creciente influencia de "políticas pro-identidad" entre las capas más educadas de la clase trabajadora es otra expresión de esta dinámica: la falta de identidad de clase se empeora con la tendencia hacia la fragmentación en identidades raciales, sexuales y de otro tipo, reforzando la exclusión y la división, mientras que sólo la lucha proletaria por sus propios intereses puede ser verdaderamente inclusiva.

Debemos enfrentar la realidad de todas estas dificultades e identificar las consecuencias políticas para la lucha por cambiar la sociedad. Pero en nuestra opinión, mientras que el proletariado no puede evitar la dura escuela de las derrotas, las crecientes dificultades e incluso las derrotas parciales aún no influyen para una derrota histórica de la clase y para la desaparición de la posibilidad del comunismo.

En la última década, más o menos, ha habido una serie de movimientos importantes que respaldan esta conclusión. En 2006, vimos la movilización masiva de jóvenes estudiantes en Francia contra el CPE[17]. Los medios de información de la clase dominante a menudo describen las luchas en Francia -incluso si están estrechamente controladas por los sindicatos, como en el más reciente caso[18]- como agitando el espectro de un "nuevo Mayo 68", la mejor manera de distorsionar las lecciones reales de Mayo. Pero el movimiento de 2006, en un sentido, sí revivió el auténtico espíritu del 68: por un lado, porque sus protagonistas volvieron a descubrir las formas de lucha que habían surgido en ese momento, especialmente las asambleas generales, donde podían tener lugar discusiones reales, y donde los jóvenes participantes estaban atentos para escuchar el testimonio de los compañeros de más edad que habían participado en los sucesos del 68. Pero al mismo tiempo, este movimiento estudiantil, que había desbordado el control sindical, contenía el riesgo real para la burguesía, de llevar a los trabajadores empleados a una forma similar "incontrolada", al igual que en mayo 68, y fue por esto que el gobierno retiró el proyecto de ley del CPE que en primer lugar había provocado la revuelta.

También en mayo de 2006, 23000 trabajadores del metal en Vigo, en la provincia gallega de España, fueron a la huelga contra las nuevas normas laborales en este sector, y en vez de permanecer encerrados en las fábricas fueron a buscar la solidaridad de otras empresas, en particular de los astilleros y fábricas Citroën, organizando manifestaciones en la ciudad para atraer a toda la población y sobre todo creando asambleas generales públicas diarias, totalmente abiertas a otros trabajadores, empleados, desempleados y pensionados. Estas asambleas proletarias fueron los pulmones de una lucha ejemplar por una semana, hasta que el movimiento fue atrapado entre la violenta represión, por un lado, y las maniobras de negociación de los sindicatos y la patronal[19].

En 2011, vimos la oleada de revueltas sociales en el Medio Oriente y Grecia, que culminó en el movimiento de Indignados en España y el "Occupy" en los Estados Unidos[20]. El elemento proletario en estos movimientos varía de país a país, pero el más fuerte estuvo en España, donde vimos la extensión de la adopción de la forma de organización a través de la asamblea: un impulso de gran alcance internacionalista que dio la bienvenida a las expresiones de solidaridad por participantes de alrededor del mundo y donde el lema de "revolución mundial" fue tomado seriamente, quizás por primera vez desde la oleada revolucionaria de 1917; reconocimiento de que "el sistema es obsoleto" y una fuerte voluntad para discutir la posibilidad de una nueva forma de organización social. En los muchos debates animados que tuvieron lugar en las asambleas y comisiones sobre cuestiones de moral, la ciencia y la cultura, en el omnipresente cuestionar el dogma según el cual las relaciones capitalistas son eternas, aquí, otra vez, vimos tomar forma el verdadero espíritu de mayo del 68.

Por supuesto, la mayoría de estos movimientos tenían muchas debilidades, que hemos analizado en otra parte[21], no menos una tendencia a que los participantes se consideraran "ciudadanos" en lugar de proletarios, y, en consecuencia, una vulnerabilidad real a la ideología democrática, que permitiría a los partidos burgueses como Syriza en Grecia y Podemos en España a que se presentaran como los verdaderos herederos de estas revueltas. Y de alguna manera, como con cualquier derrota proletaria, mientras más se sube, más se cae: el reflujo de estos movimientos profundizó aún más el retroceso general en la conciencia de clase. En Egipto, donde el movimiento de las plazas inspiró el movimiento en España y Grecia, las ilusiones en la democracia han preparado el camino a la restauración del mismo tipo de régimen autoritario que fue el catalizador inicial de la "Primavera árabe"; en Israel, donde las manifestaciones masivas una vez levantaron el lema internacionalista "Netanyahu, Mubarak, Assad, el mismo enemigo", las políticas militaristas brutales del gobierno de Netanyahu han recuperado hoy el poder. Y lo más grave de todo, en España, muchos de los jóvenes que participaron en el movimiento de Indignados han sido arrastrados hacia los absolutos callejones sin salida del nacionalismo catalán o español[22].

La aparición de esta nueva generación proletaria en los movimientos de 2006 y 2011 también dio lugar a una nueva búsqueda de la política comunista entre una minoría, pero la esperanza de que esto daría lugar a una nueva afluencia de fuerzas revolucionarias no ha sido realizada, al menos hasta el presente. La Izquierda Comunista sigue estando en gran parte aislada y desunida. Entre los anarquistas, donde algunas tendencias interesantes comenzaron a tener lugar, la búsqueda de posiciones de clase está siendo socavada por la influencia de la política de la identidad e incluso del nacionalismo. En un tercer artículo de esta serie, vamos a ver con más detalle la evolución del campo político proletario y sus alrededores desde 1968.

Pero si mayo 68 nos enseña algo, nos muestra que la clase obrera puede surgir otra vez de la peor de las derrotas, que regresa de los más profundos reflujos. Los momentos de la revuelta proletaria que han tenido lugar a pesar de la amenaza del avance de la descomposición capitalista, revelan la posibilidad de que surjan nuevos movimientos que, al recuperar la perspectiva de la revolución, pueden evitar los múltiples peligros que la descomposición plantea para el futuro de la especie.

Estos peligros -la propagación del caos militar, de la catástrofe ecológica, del hambre y la enfermedad en una escala sin precedentes- demuestran que la revolución es cada vez más una necesidad para la raza humana. La decadencia y descomposición del capitalismo sin duda aumentan la amenaza de que la base objetiva de una nueva sociedad sea definitivamente destruida si la descomposición avanza más allá de cierto punto. Pero incluso en su última fase, el capitalismo produce las fuerzas que pueden utilizarse para derrocarlo, en palabras del Manifiesto Comunista de 1848, "lo que la burguesía produce, ante todo, es sus propios sepultureros". El capitalismo, sus medios de producción y comunicación son más globales que nunca, pero entonces también el proletariado es más internacional, más capaz de comunicarse entre sí en una escala mundial. El capitalismo se ha hecho cada vez más avanzado tecnológicamente, pero entonces debe educar al proletariado en el uso de su ciencia y tecnología que puede ser tomada en manos en una sociedad futura que sea para cubrir las necesidades humanas y no los fines de lucro. Esta capa de la clase más educada, con una mentalidad internacional, hizo su aparición una y otra vez en el movimiento social reciente, sobre todo en los países centrales del sistema y, sin duda, jugará un papel clave en cualquier futuro resurgimiento de la lucha de clases, como los nuevos ejércitos proletarios creados por el capitalismo vertiginoso pero enfermo crecieron en Asia y otras regiones anteriormente "subdesarrolladas". No hemos visto lo último del espíritu de mayo del 68.

Amos, junio de 2018.

 

[1] Para conocer la contribución fundamental de este militante de la Izquierda Comunista ver http://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial

[3] “Hace cincuenta años: Mayo 68, parte 1 Hundimiento en la crisis económica, Revista Internacional 160: http://es.internationalism.org/content/hace-50-anos-mayo-68

[4] Revista Internacional 53, segundo trimestre de 1988. El artículo es firmado RV, Uno de los jóvenes “venezolanos” quien ayudó a formar RI en 1968.

[5] Ver en particular: “Confusión de los grupos Comunistas sobre el presente periodo: Subestimación de la lucha de clases, Revista internacional 54. Tercer trimestre de 1988.

[6] Ver en particular “Los 50s y 60s: Damnen y Bordiga, y la pasión por el comunismoRevista Internacional 158. http://es.internationalism.org/revista-internacional/201708/4225/el-comunismo-esta-a-la-orden-del-dia-de-la-historia-los-anos-1950-

[11] Para un balance más desarrollado de las luchas durante las últimas décadas, que toma en cuenta las tendencias a sobreestimar la potencialidad inmediata de la lucha de clases en nuestros análisis, ver: “Informe sobre la lucha de clases” del 21º Congreso de la CCI, Revista Internacional 156, invierno del 2016, http://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4150/informe-sobre-la-lucha-de-clases

[12] Ver “Tesis sobre la crisis política y económica en los países del Este”, Revista Internacional 60, primer trimestre de 1990, http://es.internationalism.org/revista-internacional/201208/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este

[13] Ver en particular el “Texto de Orientación: Militarismo y Descomposición”, Revista Internacional 64, primer trimestre de 1991, http://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion

[14]Tesis sobre la crisis política y económica en los países del Este”, Revista Internacional 60, primer trimestre de 1990. Ver nota 12. También es de interés consultar el artículo de la misma Revista Internacional nº 60 titulado Derrumbe del bloque del Este, dificultades en aumento para el proletariado, http://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole

[15] Ver el punto 15 en “22º Congreso de la CCI: Resolución sobre la situación internacional”, Revista Internacional 159. http://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional

[16] Ver puntos 16 y 17 de la resolución anterior.

[17] CPE = Primer Contrato de Trabajo, una medida destinada a aumentar la inseguridad laboral para los trabajadores jóvenes. Para un análisis de este movimiento, ver "http://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200

[20] Ver nuestra hoja internacional 2011, de la indignación a la esperanza, http://es.internationalism.org/cci-online/201204/3349/2011-de-la-indignacion-a-la-esperanza

[21] Ver “Los Indignados en España, Grecia e Israel: de la indignación a la preparación de la lucha de clases”, Revista Internacional 147, primer trimestre de 2011. http://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci

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