Submitted by RevistaInternacional on Octubre 26, 2005 - 5:53pm.
LA INTENSIFICACION de la ofensiva de Estados Unidos
para mantener su liderazgo mundial ha llevado a ese país a desencadenar,
con el pretexto de la lucha antiterrorista, una nueva guerra en Afganistán
y desplegar sus tropas en este país. Como ponemos de relieve en
el artículo siguiente, lejos de representar no se sabe qué
estabilización del mundo, esta escalada guerrera y su conclusión
actual, o sea la aplastante victoria americana, es, al contrario, el preludio
a nuevas guerras y nuevas matanzas. Desde la redacción de este
artículo, la situación en Oriente Medio se ha vuelto a agravar,
lo cual merece esta breve toma de posición, previa al editorial
mismo.
En la estela de la ofensiva victoriosa americana, que no ha suscitado
la menor reacción hostil significativa entre los países
árabes, y aprovechándose del debilitamiento causado a Arafat,
acusado de tolerancia hacia el terrorismo palestino, Israel está
poniendo brutalmente contra las cuerdas al líder de la OLP al mismo
tiempo que provoca una nueva oleada de violencia en los territorios ocupados.
A los actos de terrorismo ciego cometidos contra la población israelí,
el ejército de Israel replica con una violencia tan ciega como
aquélla y cuya víctima principal es la población
de a pie, muy a menudo niños. Desde los acuerdos de Oslo, Estados
Unidos no paró de criticar, incluso descalificar la política
de "cuanto peor mejor" de los diferentes gobiernos israelíes,
una política basada en sabotear la puesta en práctica del
proceso de paz. Esto se debía a que Estados Unidos era perfectamente
consciente de la necesidad de limitar a toda costa la agudización
de las tensiones entre israelíes y palestinos, pues podían
acabar cristalizando en la región la creciente reacción
de hostilidad del mundo árabe contra Israel. Una situación
así hubiera acabado por repercutir en la política de Estados
Unidos, pues este país no podía en ningún caso abandonar
Israel, que es su brazo armado en la región. Pero hubiera sido
sobre todo una ocasión para algunos países europeos de jugar
sus propias bazas mediante el apoyo que habrían aportado a tal
o cual fracción nacional de la burguesía, en apoyo de esta
o aquella solución diplomática, la que fuera con tal de
que fuera diferente de la de Estados Unidos. Hoy la situación es
muy otra a causa del enorme ascendiente que sobre el resto del mundo han
ganado los Estados Unidos, una ventaja que este país llevará
lo más lejos posible. Al asumir plenamente la brutalidad de la
ofensiva israelí en los territorios ocupados, Estados Unidos hace
todavía más patente la incapacidad actual de cualquier otro
país, especialmente de los europeos, para convertirse en pivote
de una alternativa a la política estadounidense en Oriente Medio.
De todos modos la situación actual, ni más ni menos que
la "paz de Oslo", no significará en ningún caso
estabilidad, sino que, al contrario, está acumulando las condiciones,
sobre todo con el incremento de un profundo sentimiento de odio a Estados
Unidos e Israel, para el estallido futuro de esas tensiones.
Estados Unidos ha logrado hoy marginalizar por completo en el ruedo mundial
a las potencias europeas (Gran Bretaña, Alemania, Francia), principales
rivales suyos, no dejándoles desempeñar el menor papel en
el conflicto de Afganistán, si no es el de comparsas en la gestión
de la situación dejada por la derrota de los talibanes. En efecto,
las tropas de la ONU, mediante las cuales esas potencias pretendían
instalarse en aquel país (como así fue en Kosovo), estarán
claramente bajo el mando y control norteamericano, interviniendo únicamente
como auxiliar del nuevo poder instalado en Kabul por Estados Unidos.
Todas las potencias de segunda o tercera fila, dejadas de lado por ese
éxito alcanzado por primera potencia mundial, no van a quedarse,
sin embargo, de brazos cruzados. Al contrario, van a hacerlo todo y más,
con los medios a su alcance, para poner zancadillas a la política
estadounidense, explotando al máximo, entre otras cosas, las tensiones
locales alimentadas por la presencia de Estados Unidos. Decir que esa
nueva afirmación del orden mundial americano no arregla ninguna
de las tensiones que pululan por el mundo queda confirmado en la reanudación
de las hostilidades entre dos potencias nucleares, India y Pakistán.
Desde el atentado terrorista perpetrado por un grupo islámico en
el Parlamento indio el 13 de diciembre de 2001, la tensión no ha
cesado entre esos dos países, a niveles nunca alcanzados hasta
ahora (como, entre otros hechos, demuestra el que India haya evacuado
la población fronteriza en Cachemira).
Por otra parte, el fragor y el humo de las bombas habrán podido
durante algún tiempo ocultar la agravación dramática
de la crisis económica, pero no por ello han cambiado su realidad.
Hoy la recesión es oficial en Japón, se instala en Alemania
y en Estados Unidos, mientras que en el resto de Europa el crecimiento
se reduce aceleradamente en el momento mismo en que se estrena el euro.
Muy significativo de la situación mundial ha sido el desmoronamiento
brutal de la economía argentina, la cual, tras cuatro años
de recesión, está literalmente en quiebra, con lo que todo
eso significa para el proletariado: desempleo, miseria y, por vez primera
desde la independencia, la aparición del espectro de la hambruna.
Lo que hoy presenciamos en Argentina - un país que hace 40 años
se jactaba de pertenecer al "selecto" club de los países
"más desarrollados"- es revelador de la perspectiva que
nos ofrece el capitalismo.
Argentina por un lado, Afganistán por el otro nos muestran ambos
las amenazas: hundimiento económico con sus consecuencias de desempleo,
miseria y hambre (ver el artículo correspondiente en esta Revista)
y estallido de la barbarie bélica con su cortejo de muertos, destrucción
y bestialidad.
8 de enero de 2002
AL BARBARO baño de sangre de las Torres Gemelas, Estados Unidos
ha respondido con una Cruzada "Antiterrorista" que está
suponiendo nuevos y peores baños de sangre. Las primeras víctimas
son los trabajadores, los campesinos, la población de Afganistán,
que desde el 7 de octubre están recibiendo un terrible lote de
bombas a la vez que los ejércitos locales libran feroces combates.
Muchas personas están muriendo o van a morir; están siendo
aniquiladas viviendas, industrias, campos de labranza, hospitales, vías
de comunicación; el hambre, las enfermedades, la rapiña
están golpeando a la población; miles y miles de refugiados
intentan cruzar las fronteras de los países vecinos siendo brutalmente
tratados por todos: militares, salteadores de caminos, guardias fronterizos
...
Es una nueva hecatombe que se abate sobre miles y miles de seres humanos.
Afganistán lleva ya 23 años de guerra. Ha sufrido la guerra
de todas las formas del capitalismo: primero fue el capitalismo pretendidamente
"socialista" de la antigua URSS; después el capitalismo
"islámico" en sus diferentes versiones - los mujaidines,
los talibán - y ahora, la del capitalismo "más capitalista"
de todos, el de la primera potencia mundial. Es la barbarie infinita de
un sistema que deja de lado la careta engañosa con la que pretende
revestirse de dignidad, cultura, derechos, progreso, y muestra su verdadero
rostro, el de un organismo agonizante que causa cada vez más guerras,
destrucción, hambre... "Avergonzada, deshonrada, nadando en
sangre, así vemos a la sociedad capitalista. No como la vemos siempre,
desempeñando papeles de paz y rectitud, orden, filosofía,
ética, sino como bestia vociferante, orgía de anarquía,
vaho pestilente, devastadora de la cultura y la humanidad: así
se nos aparece en toda su horrorosa crudeza" (Rosa Luxemburgo, La
Crisis de la socialdemocracia, escrito en 1915 contra la Primera Guerra
mundial).
Cada nación a la suya y el caos entodas partes
Estados Unidos ha dejado bien claro que su cruzada "antiterrorista"
no se limitará a Afganistán. El secretario de defensa anuncia
"10 años de guerra", mientras que MrBush, en su charla
radiofónica del sábado 24 de noviembre, afirma que "el
hundimiento del régimen talibán es solo el principio. Ahora
tenemos que dar los pasos más difíciles". También
aclara que piensa invadir los países que haga falta con la excusa
de que "Estados Unidos no esperará a que los terroristas intenten
atacarnos otra vez. Donde sea que se oculten y donde sea que conspiren
seremos nosotros quienes atacaremos", precisando que "el Ejército
de Estados Unidos deberá actuar en distintas zonas del mundo".
¿Para qué estos planes de barbarie? ¿Son realmente
una defensa contra el terrorismo? En el editorial del número anterior
de la Revista internacional denunciamos la hipocresía de esa envoltura
"antiterrorista". El terrorismo - que puede tomar diversas formas
todas ellas ajenas al proletariado (1) - forma parte de la acción
corriente de todos los Estados y constituye un arma de guerra cada vez
más importante.
¿Es, simplemente, una operación de conquista de los yacimientos
petrolíferos de Asia Central, como pretenden grupos del medio político
proletario?. No podemos desarrollar aquí el análisis que
contiene el "Informe sobre los conflictos imperialistas" de
nuestro XIVo Congreso publicado en la Revista internacional nº107
donde afirmamos que "si en los comienzos del imperialismo y después
en la decadencia del capitalismo, la guerra se concebía como medio
para repartirse los mercados, en el estadio actual se ha convertido en
un medio de imponerse como gran potencia, de hacerse respetar, de defender
su rango frente a las otras, de salvar la nación. Las guerras no
tienen una racionalidad económica, cuestan mucho más de
lo que permiten ganar".
El objetivo real de la cadena de operaciones bélicas que USA ha
abierto en Afganistán es político-estratégico (2).
Es una respuesta al creciente desafío a su liderazgo mundial que
se ha agudizado tras la guerra de Kosovo y que protagonizan, en primera
línea, las potencias europeas - Alemania, Francia -, seguidas por
toda clase de potencias regionales, locales e incluso Señores de
la Guerra como el propio Bin Laden.
En el Editorial de la Revista anterior expusimos las premisas generales
de nuestro análisis: la actual crisis guerrera es un exponente,
no solo de la decadencia del capitalismo, que se extiende desde principios
del siglo XX, sino de lo que hemos calificado como su fase terminal de
descomposición que se puso claramente de manifiesto en 1989 con
el hundimiento del antiguo bloque soviético. El rasgo más
característico de esta fase última de la decadencia del
capitalismo es el enorme desorden que reina tanto en las relaciones entre
Estados como en la forma que toma la confrontación imperialista
entre ellos. Cada Estado Nacional "barre para casa" sin aceptar
la más mínima disciplina. Es lo que hemos caracterizado
como cada nación a la suya que traduce, y a su vez agrava, un estado
general de caos imperialista mundial, tal y como previmos hace más
de 10 años con el hundimiento del antiguo bloque soviético:
"el mundo aparece como una inmensa timba en la que cada quien va
a jugar por su cuenta y para sí, en la que las alianzas entre Estados
no tendrán ni mucho menos el carácter de estabilidad de
los bloques, sino que estarán dictadas por las necesidades del
momento. Un mundo de desorden asesino, de caos sanguinario" (Revista
internacional nº 64: "Militarismo y Descomposición").
El capitalismo encierra desde sus primeros estadios una contradicción
irresoluble entre el carácter de la producción que tiende
a ser social y mundial y su modo de apropiación y organización
que es necesariamente privado y nacional. En el genoma del capitalismo
está inscrito el cisma, el enfrentamiento y la destrucción
que nacen de esa contradicción. Esta tendencia era menos visible
en el período ascendente del capitalismo pues lo que dominaba entonces
era la dinámica hacia la formación del mercado mundial.
Esta produjo una unificación objetiva pues sometió los territorios
más significativos del planeta y el intercambio general en todo
el mundo a las relaciones capitalistas de producción (3).
Con la decadencia del capitalismo, la guerra de todos los Estados entre
sí, la batalla de cada imperialismo nacional para escapar de las
contradicciones crecientes del régimen capitalista a costa de sus
rivales, adquiere una virulencia asesina. Fue la época que va desde
1914 y 1945 que provocó dos guerras mundiales. Sin embargo, en
el período de la llamada "guerra fría" (1945-89)
el "todos contra todos" pareció atenuarse al imponerse
una férrea disciplina de bloques, basada en la supremacía
militar, el chantaje estratégico y político y el soborno
económico. Sin embargo, la desaparición de los bloques desde
1989 ha desatado la expresión de los intereses imperialistas nacionales
en toda su furia caótica y destructora : "La fragmentación
de las estructuras y la disciplina de los antiguos bloques imperialistas
ha liberado las rivalidades entre naciones a una escala sin precedentes,
provocando un combate cada vez más caótico, cada uno a la
suya, desde las mayores potencias mundiales hasta los más pequeños
señores de la guerra... Las guerras en la fase actual de descomposición
del capitalismo no son menos imperialistas que las de fases precedentes
de la decadencia pero, en cambio, se han hecho más extensas, más
incontrolables y más difíciles de detener, incluso temporalmente"
("Resolución sobre la situación internacional del XIV
Congreso de la CCI" en Revista internacional nº 106). La fase
de descomposición del capitalismo ha puesto claramente de manifiesto
que "la realidad del capitalismo decadente, a pesar de los antagonismos
imperialistas que lo hacen aparecer momentáneamente como dos unidades
monolíticas enfrentadas, es la tendencia a la dislocación
y la desintegración de sus componentes. La tendencia del capitalismo
decadente es al cisma, el caos, de ahí la necesidad esencial del
socialismo que quiere realizar el mundo como una unidad" (Internationalisme,
Gauche Communiste de France, "Informe sobre la situación internacional",
enero 1945).
Los Estados Unidos son los grandes perdedores de esta situación.
Sus intereses nacionales se identifican con el mantenimiento de un orden
mundial construido en su propio beneficio. Frente a los designios imperialistas
de sus grandes rivales (Alemania, Francia, Gran Bretaña etc.),
frente a la contestación de numerosos Estados con ambiciones regionales
e incluso de sus más fieles aliados (el caso de Israel que desde
1995 está saboteando cada vez más abiertamente la "Pax
Americana"), USA, como "Sheriff Mundial", se ve obligado
a continuos y repetidos golpes de fuerza, auténticos puñetazos
sobre la mesa, como vimos con la Guerra del Golfo o con Kosovo y ahora
en Afganistán.
Pero la actual "cruzada antiterrorista", tiene objetivos mucho
más ambiciosos. En el Golfo, USA se limitó a una apabullante
demostración de fuerza destinada a meter en cintura a sus antiguos
aliados. En Kosovo volvió a exhibir su inmenso poderío militar,
aunque sus "aliados" le jugaron una mala pasada en los "planes
de paz" agarrando cada cual su zona de influencia y frustrando sus
planes. Ahora pretende por un lado marginar totalmente del teatro de guerra
a los aliados infligiéndoles una patente humillación y,
por otra parte, instalar sus posiciones militares de forma estable en
una zona clave como es Asia Central.
En el primer plano, USA ha pedido una "colaboración"
a sus "aliados" consistente en quedarse en el patio de butacas
aplaudiendo las hazañas de los Rambos. El intento de Francia de
enviar un contingente de soldados disfrazado de "ayuda humanitaria"
ha sido bloqueado por USA en Termez en la frontera uzbeka. El "ofrecimiento"
alemán de 3900 soldados ha sido despreciado. Gran Bretaña
que al principio apareció como socio activo de la operación
ha sufrido un bochornoso desplante. El intento de Blair de presentarse
como "Comandante en Jefe" ha sido respondido con el bloqueo
de 6000 soldados desde hace más de una semana. Esta marginación
les ha supuesto a esos países un duro golpe a su rango en el escenario
mundial. El segundo objetivo es más importante. Por primera vez
en toda su historia, los Estados Unidos se instalan, con vocación
de quedarse, en Asia Central, no solo en Afganistán sino también
en dos repúblicas ex soviéticas vecinas (Tayikistán
y Uzbekistán). Esto supone una clara amenaza para China, Rusia,
India e Irán. Sin embargo, su alcance es más profundo: constituye
un paso para establecer un auténtico cerco - una nueva edición
de la vieja política de "contención" que se empleó
con Rusia - a las potencias europeas. Desde las altas montañas
de Asia Central se controla estratégicamente Oriente Medio y el
suministro de petróleo, clave para la economía y la acción
militar de las naciones europeas.
Arropado por la "coalición antiterrorista" y marginados
los "aliados" europeos, Norteamérica puede ahora seguir
sus fechorías bélicas en otros países. Ha puesto
Irak en el punto de mira. Habla también de Yemen y Somalia etc.
Estos nuevos actos de sangre no tendrán como objetivo "perseguir
terroristas" sino que irán dirigidos al fin estratégico
de cercar a los "aliados" europeos.
Como dijimos en el Editorial de la anterior Revista internacional no sabemos
si los autores del crimen de las Torres Gemelas son Bin Laden y sus compinches,
pero lo que sí sabemos es que el beneficiario del crimen ha sido
Estados Unidos como el mismísimo Bush reconoce indirectamente en
su charla radiofónica del 24 de noviembre: "el mal que nos
deseaban los terroristas ha resultado en un bien que nunca habrían
esperado y estos días los americanos tienen muchas razones para
dar las gracias".
Estados Unidos: el bombero pirómano
Analizando la guerra de Kosovo, nuestro XIIIº Congreso internacional,
celebrado en abril de 1999, señalaba que "la guerra actual,
con la nueva desestabilización que representa en la situación
europea y mundial, es una nueva ilustración del dilema en que se
encuentran encerrados actualmente los Estados Unidos. La tendencia al
"cada uno para sí" y la afirmación cada vez más
explícita de las pretensiones imperialistas de sus antiguos aliados,
les obligan de manera creciente a hacer alarde y usar su enorme superioridad
militar. Al mismo tiempo, esa política conduce únicamente
a una agravación mayor todavía del caos que reina ya en
la situación mundial" (Revista internacional nº 97: "Resolución
sobre la situación internacional").
La virulencia de esa contradicción, lejos de atenuarse no ha hecho
sino agravarse en los diez últimos años. Las exhibiciones
apabullantes de su poderío militar logran en un primer momento
que sus rivales plieguen alas y se alineen tras el Gran Padrino. Pero
los efectos son poco duraderos. Tras el Golfo, Alemania se atrevió
a hacer estallar Yugoslavia para lograr una salida al Mediterráneo
vía el mar Adriático. Los objetivos americanos en los Balcanes
fueron frustrados en cuanto terminaron los bombardeos en Kosovo. Los políticos
de Washington han intentado todos los métodos posibles para encauzar
la situación pero han fracasado no tanto por su incompetencia sino
porque las condiciones de evolución del capitalismo en descomposición
juegan en su contra. El puñetazo sobre la mesa intimida a los demás
gángsteres, pero al poco tiempo vuelven a las andadas. Primero
comienzan las intrigas diplomáticas, las sórdidas maniobras,
después vienen las jugadas de desestabilización de tal o
cual país, de tal o cual zona. Más tarde, los acuerdos con
Señores de la guerra locales, finalmente, las operaciones de "injerencia
humanitaria". Todo ello es reproducido a escala regional por Estados
de segunda o tercera división, configurando entre todos un amasijo
sangriento de influencias cruzadas. Es un círculo vicioso que no
hace sino sembrar el mundo de ruina, hambrunas y montañas de cadáveres.
Las grandes potencias, que se presentan como bomberos apagafuegos, son
en realidad, los pirómanos que con nocturnidad y alevosía
rocían previamente con gasolina.
Sin embargo, la situación convierte a Estados Unidos en el principal
bombero pirómano. Las contradicciones propias de su posición
en este período histórico de descomposición capitalista
hacen de él a la vez el pirómano que siembra de incendios
del mundo y el bombero que tiene que apagarlos abriendo nuevos fuegos.
Es una contradicción que revela la profunda gravedad de la situación
mundial. Estados Unidos, principal garante y beneficiario del "orden
mundial" es a la vez quien más lo socava al intentar defenderlo
con sus devastadoras operaciones militares.
En la 1ª y la 2ª Guerra mundial, vimos que eran las potencias
peor dotadas en el reparto imperialista, y por consiguiente las más
débiles (especialmente Alemania) las que desafiaban el estado de
cosas existente poniendo en peligro la "paz mundial". Durante
el período de violenta rivalidad entre la URSS y Estados Unidos,
desde principios de los años 50 hasta finales de los 80, siempre
correspondió el papel desestabilizador al bando más débil,
es decir al bloque ruso. Estados Unidos adoptaría después
una política más ofensiva sobre todo en la carrera de armamento,
aunque podía permitirse el lujo de aparecer como "atacado",
imponiendo así al bloque adverso unos retos que la debilidad económica
de éste le impedían aceptar, lo cual acabó arrastrándolo
a su destrucción.. Pero hoy, como expresión del descenso
del capitalismo en la barbarie, se da la situación absurda de que
Estados Unidos, principal beneficiario del orden mundial y potencia ampliamente
dominante en el mundo tanto en lo militar como en lo económico,
es quien más hace para desafiarlo.
La actual cruzada "antiterrorista" va a seguir indefectiblemente
el mismo camino solo que las dosis de destrucción y de caos que
va a crear serán cualitativa y cuantitativamente más graves
que las resultantes de anteriores operaciones.
Para empezar, en el propio Afganistán no va establecerse la "paz"
y la reconstrucción, sino las premisas para nuevas convulsiones
guerreras. La Alianza del Norte es un conglomerado de Señores de
la Guerra y de facciones tribales que se han soldado momentáneamente
contra el enemigo común. Pero el reparto del poder, las rencillas
entre ellos y los fuegos que azuzarán los diversos padrinos extranjeros
(Rusia, Irán, India) les llevarán a violentos enfrentamientos
como ya ha sido el caso con la toma de Kunduz donde han chocado las tropas
"aliadas" de Dostum y Daud. La relegación, o al menos
la toma de ventajas frente a las facciones que se apoyan en la etnia pastún,
mayoritaria, anuncia la fiereza de la confrontación. USA, que no
tiene ningún interés en una ocupación de todo Afganistán
(4), despliega tropas en Kandahar para apadrinar a los pastunes y contrapesar
a la Alianza.
Para llevar a cabo su intervención en Afganistán, Estados
Unidos necesita el apoyo de Pakistán, país que, a cambio,
ha recibido la confirmación por parte de Estados Unidos de que
apoyarían a las etnias capaces de hacer contrapeso a la Alianza
del Norte, tradicional enemigo de Pakistán y, por lo tanto, obstáculo
en su influencia en Afganistán. Esta "zona de influencia"
es necesaria a Pakistán para darle "profundidad estratégica"
en el encarnizado enfrentamiento que mantiene con la India y cuyo eje
es Cachemira. El ascenso de la influencia de la Alianza del Norte en la
gestión de la situación post-talibán es, pues, una
brecha en el dispositivo de Pakistán frente a India.
India, China, Rusia e Irán, están furiosas por la instalación
de los americanos en Asia central. No han tenido más remedio que
sumarse al Frente "antiterrorista", pero todos sus esfuerzos
se van a dirigir a sabotear por todos los medios las operaciones del Gran
Hermano pues éste amenaza sus intereses vitales. No pueden hacer
otra cosa que responderle con los medios de que disponen: intrigas, operaciones
de desestabilización de zonas clave, apoyo a las fracciones más
díscolas.
En los países árabes e islámicos, la operación
americana no puede sino encender todavía más los odios en
amplios sectores de la población, acentuando los riesgos de desestabilización
y empujando a todas las burguesías de la zona a aumentar sus distancias
respecto a Estados Unidos como se ve actualmente con Arabia Saudita que
manifiesta abiertamente su mal humor.
Del mismo modo, la operación afgana, con el fuerte desprestigio
que provoca en la "causa árabe", es catastrófica
para Arafat que sale debilitado, lo cual facilita las cosas a los planes
israe líes de poner contra las cuerdas a su enemigo palestino con
la consecuencia de una agravación de la guerra abierta que se arrastra
desde hace años.
Japón ha aprovechado la circunstancias para enviar, por primera
vez desde el fin de la Segunda Guerra mundial, una flota naval. Se trata
de un gesto más bien simbólico que muestra cómo el
imperialismo nipón trata de afirmar su potencia despertando un
nuevo frente de tensión que añadirá más fuego
a la situación mundial.
Pero Alemania, Francia y Gran Bretaña, los más perjudicados
por la guerra actual, tienen necesariamente que responder puesla maniobra
americana supone unagrave amenaza ya que es el principio de una estrategia
de "cerco continental" que puede acabar asfixiándolas.
Tendrán que contraatacar, quizá en África, quizá
en los Balcanes, e, imperiosamente, tendrán que acelerar los gastos
militares y los planes de crear brigadas de intervención rápida
en el marco del famoso "Euroejército".
En definitiva, Estados Unidos no logrará estabilizar en su favor
la situación mundial sino que ya desde ahora la está desestabilizando
muy gravemente.
La inestabilidad y las convulsiones guerreras amenazan los países
centrales
Desde 1945 los países centrales del capitalismo (Estados Unidos,
Europa Occidental) han gozado de un largo período de estabilidad
y paz dentro de sus fronteras. El capitalismo mundial, como un todo, se
ha ido hundiendo progresivamente en una dinámica de guerras, destrucción,
hambrunas... pero aquellos han permanecido como un oasis de paz. Pero
esa situación está empezando a cambiar. Las guerras balcánicas
de la década de los 90 fueron el primer aviso. Una guerra devastadora
se instalaba a las puertas de las grandes concentraciones industriales.
En esa línea, los hechos de Nueva York tienen un significado grave
y profundo más allá de su alcance inmediato. Un acto de
guerra ha golpeado directamente a la primera potencia mundial causando
una matanza equivalente a una noche de bombardeos de la aviación.
No estamos afirmando que la guerra se ha instalado, o está próxima
a instalarse, en las grandes metrópolis del planeta. Estamos lejos
de esa situación entre otras razones por la más importante:
el proletariado de esos países, pese a las dificultades que sufre,
se resiste a caer en la degradación moral, el sufrimiento físico,
el terror vital y el sacrificio extenuante que significan soportar cotidianamente
un estado de guerra. Pero esta constatación no nos puede ocultar
la gravedad de lo ocurrido. Unos meses antes, analizando la dinámica
profunda de la situación histórica y sacando lecciones de
las tendencias que encerraba, nuestro XIVº Congreso, en su Resolución
sobre la situación internacional, afirmaba "la clase obrera
puede verse arrastrada a una reacción en cadena de guerras locales
y regionales. Esta apocalipsis no está tan lejana como a primera
vista podría parecer: el rostro de la barbarie está a punto
de tomar una forma material ante nuestros ojos. Hoy la humanidad no hace
frente simplemente a la perspectiva de la barbarie: eldescenso hacia la
barbarie ha comenzado ya y lleva consigo el peligro de demoler toda tentativa
futura de regeneración social" (Revista Internacional nº106).
El significado del ataque de las Torres Gemelas es que la inestabilidad,
la garra sangrienta de acciones terroristas planteadas directamente como
actos de guerra, amenaza de forma mucho más directa a los grandes
Estados industrializados y que, de ahora en adelante, serán cada
vez menos esos "refugios de orden y estabilidad", que hasta
ahora aparentaban (5). Es un elemento de la situación que el proletariado
debe tomar en cuenta pues constituye un nuevo peligro, no solo físico
(los obreros han sido las principales víctimas del golpe de las
Torres Gemelas) sino fundamentalmente político pues el Estado de
las grandes metrópolis "democráticas" aprovecha
la inseguridad y el terror que generan tales acciones para pedir que se
cierren filas a su alrededor para "defender la seguridad nacional"
y se ofrece como "única garantía" frente al caos
y la barbarie.
El terrorismo, como arma utilizada en la guerra entre Estados, no es ninguna
novedad. Lo que resulta "novedoso" es la amplitud del fenómeno
en los últimos años. Los grandes Estados, y tras su estela
los más pequeños, han multiplicado sus relaciones con toda
clase de grupos mafiosos y /o terroristas, tanto para el control de toda
clase de tráficos ilegales que proporcionan lucrativos negocios
como para utilizarlos como elemento de presión contra Estados rivales.
La utilización del IRA por parte de Estados Unidos como medio de
presión sobre Gran Bretaña o de Francia presionando a España
mediante ETA, son dos ejemplos significativos. A su vez, todos los Estados
han desarrollado los "departamentos especiales" en sus ejércitos
y servicios secretos: han preparado comandos de tropa muy especializados,
entrenados para acciones de "guerrilla", sabotaje y terrorismo,
etc.
Esa utilización del arma terrorista acompaña una tendencia
creciente a que en la guerra entre Estados se violen las reglas mínimas,
hasta ahora respetadas, en la confrontación entre ellos. Como dijimos
en las "Tesis sobre la descomposición del capitalismo",
"... la situación mundial se caracteriza por el aumento del
terrorismo, de las capturas de rehenes como medio de guerra entre Estados
en detrimento de las 'leyes' que el capitalismo se había dado en
el pasado para 'reglamentar' los conflictos entre las fracciones de la
clase dirigente" (6).
La reacción de los gobiernos occidentales tras el 11 de septiembre
endureciendo con una inusitada rapidez el arsenal represivo del Estado
muestra de forma inequívoca que han captado el peligro. Estados
Unidos ha dado la medida: instauración de controles de identidad,
suspensión del habeas corpus, tribunales militares secretos, "debate"
sobre la instauración de una tortura "moderada" para
"evitar males mayores" etc. En esta política se desarrollan
armas cuyo destinatarios últimos serán el proletariado y
los revolucionarios, pero lo que revelan ya desde ahora es el riesgo en
ciernes de inestabilidad, de caos, de golpes bajos de rivales, que se
instaura en los países centrales.
El cordón sanitario contra el caos, levantado cual nuevo muro de
Berlín, para proteger a las "grandes democracias" va
a hacerse más vulnerable. Bush ha caracterizado la "cruzada
antiterrorista" como "una guerra larga, en muchos lugares de
la Tierra, que tendrá fases visibles y fases secretas, que exigirá
muchos medios, algunos se darán a conocer, otros no" mostrando
la etapa de convulsiones, de inestabilidad, que va a afectar a los países
centrales.
Para darnos una medida del significado de esas amenazas es útil
referirse a otras épocas históricas. Cuando el Imperio Romano,
en el siglo I de la era cristiana, entra en decadencia, la primera etapa
se caracteriza por violentas convulsiones en su propio centro, Roma. Es
la época de los emperadores "dementes" como Nerón,
Calígula etc. Las "reformas" de los emperadores del siglo
II -época de grandes obras públicas que ha legado los más
imponentes monumentos - alejan las convulsiones del centro arrojándolas
a la periferia que se hunde en un marasmo total y es víctima de
invasiones bárbaras cada vez más victoriosas. El siglo III
ve la vuelta, como un boomerang, de esa avalancha hacia el centro, afectando
cada vez más a Roma y Bizancio. El saqueo de Roma será la
conclusión de ese proceso donde el centro, hasta entonces una fortaleza
inexpugnable, cae como un castillo de naipes a manos de hordas bárbaras.
Ese mismo proceso se anuncia ya, como tendencia progresiva, en el capitalismo
actual. Las guerras, las hambrunas, las ruinas, que en las últimas
décadas han martirizado a millones de seres humanos en los países
subdesarrollados, pueden acabar instalándose con toda su fuerza
destructora en el corazón mismo del capitalismo, si el proletariado
no es capaz de reaccionar a tiempo llevando su lucha hasta la revolución
mundial. Hace casi 90 años, Rosa Luxemburgo anunciaba "el
triunfo del imperialismo lleva a la negación de la civilización,
esporádicamente durante la duración de la guerra y definitivamente
si el período de guerras mundiales que comienza ahora prosigue
sin obstáculos hasta sus últimas consecuencias. Es exactamente
lo que Federico Engels predijo una generación antes que la nuestra,
hace cuarenta años. Estamos hoy situados ante esta elección:
o bien triunfo del imperialismo y decadencia de toda la civilización
como en la Roma antigua, la despoblación, la desolación,
la tendencia a la degeneración, un enorme cementerio; o bien, victoria
del socialismo, es decir, de la lucha consciente del proletariado internacional
contra el imperialismo y contra su método de acción: la
guerra" (La Crisis de la socialdemocracia).
La respuesta de la clase obrera
La escalada guerrera va subiendo peldaños. La época de guerras
fundamentalmente localizadas, alejadas de las grandes metrópolis,
está tocando a su fin. No pasamos a una situación de guerra
generalizada, de guerra mundial, sino a un estadio definido por guerras
de mayor dimensión e implicación mundial y, sobre todo,
por su repercusión más directa en la vida de los países
centrales.
Esta evolución de la situación histórica debe hacer
reflexionar al proletariado. Como decíamos en la Resolución
de nuestro XIVo Congreso, el rostro de la barbarie se hace más
preciso, sus contornos más definidos. La barbarie del atentado
de las Torres Gemelas ha tenido su prolongación en la campaña
guerrera que la burguesía americana ha impuesto a toda la sociedad.
El lenguaje bélico se ha generalizado entre los políticos
americanos de todas las tendencias. Mac Cain, antiguo rival de Bush en
el partido republicano vocifera "que Dios tenga piedad de los terroristas
porque nosotros no la vamos a tener", el secretario de Defensa se
distingue por sus bravatas bélicas y su desprecio arrogante de
las vidas humanas. A propósito de Kunduz dice "quiero talibanes
muertos o prisioneros". Un soldado enardecido por uno de los discursos
del generalísimo Bush declara "después de oír
al presidente tengo ganas de salir a matar enemigos".
"La guerra es un asesinato metódico, organizado, gigantesco.
Para que unos hombres normalmente constituidos asesinen sistemáticamente,
es necesario, en primer lugar, producir una embriaguez apropiada. Desde
siempre, producir esa embriaguez ha sido el método habitual de
los beligerantes. La bestialidad de los pensamientos y de los sentimientos
debe corresponder a la bestialidad de la práctica, debe prepararla
y acompañarla" (Rosa Luxemburgo, op. cit.). Esa presión
sobre el proletariado y la población americana para despertar los
más bajos instintos y catalizar la peor bestialidad ha sido animada
por el Estado americano con sistemáticas campañas de ardor
patriótico, con histerias cuidadosamente cultivadas sobre la amenaza
del ántrax, con increíbles rumores sobre atentados de "los
árabes" etc. Y, de forma más discreta, pero más
cínica y sofisticada, por sus cofrades europeos.
Pero, por fuerte que sea el impacto inmediato de esta campaña -complemento
indispensable del estruendo de las bombas y de los aviones - no estamos
ni mucho menos en la situación que combatía Rosa Luxemburgo
en 1914 o la de 1939, en las que el proletariado fue masivamente arrastrado
a la guerra. Hoy, la tendencia de la sociedad mundial es hacia el desarrollo
de la lucha de clase del proletariado y no hacia la guerra mundial generalizada.
Las condiciones de embriaguez patriótica, de odio bestial hacia
los pueblos designados como enemigos, de aceptar ser pisoteados todos
los días en las fábricas, en la oficinas, en la calle, por
las exigencias de la bota militar, de disponibilidad para el asesinato
metódico y sistemático por la "justa causa" enarbolada
por el poder; hoy no están reunidas en el proletariado ni de Estados
Unidos ni de los demás países principales.
¿Quiere eso decir que debemos respirar tranquilos y echarnos a
dormir sin sobresaltos? ¡Ni mucho menos! Hemos puesto de manifiesto
en el informe sobre el curso histórico aprobado por nuestro último
Congreso (7) que en la época actual, fase terminal de descomposición
capitalista, el tiempo no juega a favor del proletariado y cuanto más
se retrase en llegar al nivel de conciencia, unidad y fuerza colectiva
necesarios para abatir el monstruo capitalista, más riesgo correremos
de que las bases del comunismo queden destruidas y de que las capacidades
de unidad, solidaridad y confianza del proletariado se debiliten sin remisión.
El cúmulo de acontecimientos que se ha producido en los 2 últimos
meses ha revelado una brusca aceleración de la situación.
Se han concatenado 3 elementos muy importantes de la situación
mundial:
- la aceleración de la guerra imperialista;
- un salto violento y espectacular de la crisis económica con un
aluvión de despidos ya desde ahora muy superior al del período
1991-93;
- una cascada de medidas represivas, en nombre del "antiterrorismo",
por parte de los Estados más "democráticos".
Asimilar estos acontecimientos, desgajar las perspectivas que encierran,
no es nada fácil. Pese a que no nos han sorprendido, confesamos
sin embargo, que su virulencia y su velocidad han sido muy superiores
a lo esperado y estamos lejos de haber sacado de ellos todas las consecuencias
que contienen. Es pues natural que una cierta perplejidad, combinada con
sentimientos de temor y desarraigo, dominen al proletariado por un cierto
tiempo. Esto ha ocurrido en otras ocasiones. Por ejemplo, ante los momentos
de aceleración de la crisis económica con su cortejo de
ataques, el proletariado no entró inmediatamente en combate pues
en un primer momento se sintió aturdido y sorprendido. Solo posteriormente,
cuando empezó a digerir los acontecimientos, sus luchas surgieron
ampliamente. Así pasó tanto frente a la recesión
abierta de 1974-75, como a las de 1980-82 o 1991-93.
Sin embargo, el hecho de que los tres elementos (crisis, guerra y aumento
del aparato represivo) se presenten a la vez, concatenados y en proporciones
tan enormes, puede, si se desarrolla la combatividad y las luchas en respuesta
al eje central - la agudización de la crisis -, sentar las premisas
de una toma de conciencia más profunda, más global, en las
filas del proletariado.
Las guerras actuales, tal y como se presentan, no hacen fácil la
toma de conciencia sobre su naturaleza pues la maraña de fanatismos
religiosos y étnicos, propios de la descomposición, así
como la proliferación de actos terroristas, son como árboles
que impiden ver el verdadero responsable y los principales culpables:
el capitalismo y las grandes potencias. Igualmente, la burguesía
está muy preparada. No en balde, como dijimos en nuestro anterior
Congreso, "en esta situación cargada de peligros, la burguesía
ha puesto las riendas del gobierno en manos de la corriente política
con mayor capacidad para velar por sus intereses: la socialdemocracia,
la principal corriente responsable del aplastamiento de la revolución
mundial tras 1917-18. La corriente que salvó al capitalismo en
esa época y que vuelve al puesto de mando para asegurar la defensa
de los intereses amenazados de la clase capitalista" ("Resolución
sobre la situación internacional del XIIIo Congreso de la CCI",
en Revista internacional nº 97, 1999).
Esa Izquierda que en la mayoría de países europeos está
en el poder, empuja hacia la guerra pero dando a la vez cancha al pacifismo
y buscando toda clase de justificaciones a los desmanes bélicos
muy consciente de que "desde que la llamada opinión pública
juega un papel en los cálculos de los gobernantes, ¿ha habido
jamás una guerra en la que cada partido beligerante no haya sacado
la espada de la vaina con corazón deprimido, únicamente
para la defensa de la Patria y de su propia causa justa, ante la indigna
invasión del adversario?. Esta leyenda forma parte del arte de
la guerra como la pólvora y el plomo" (Rosa Luxemburgo, op.
cit.)
Estos obstáculos pueden, sin embargo, ser superados por el proletariado
pues posee, de manera global e histórica aunque no esté
presente masivamente en la actualidad, el arma de la conciencia. Porque
"Las revoluciones burguesas, como las del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente
de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan,
los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el
éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones
son de corta vida, llegan enseguida a su apogeo y una larga depresión
se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente
los resultados de su período impetuoso y agresivo. En cambio, las
revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente
a si mismas, se interrumpen constantemente en su propia marcha, vuelven
sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan
concienzuda y cruelmente de las indecisiones, los lados flojos y de la
mezquindad de sus primeros intentos, parece que solo derriban al adversario
para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse
más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas
ante la vaga inmensidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación
que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan:
Hic Rhodas, hic salta" (Marx, El 18 de Brumario de Luis Bonaparte).
"Para el triunfo definitivo de las tesis expuestas en El Manifiesto,
Marx confiaba tan solo en el desarrollo intelectual de la clase obrera,
que debía resultar inevitablemente de la acción conjunta
y la discusión. Los acontecimientos y las vicisitudes de la lucha
contra el capital, las derrotas, más aún que las victorias,
no podían dejar de hacer ver a los combatientes, la insuficiencia
de todas las panaceas en que hasta entonces habían creído
y de tornarles más capaces de penetrar hasta las verdaderas condiciones
de la emancipación obrera" (8).
Rosa Luxemburgo dice que en el proletariado internacional "tan gigantescos
como sus problemas son sus errores. Ningún plan firmemente elaborado,
ningún ritual ortodoxo válido para todos los tiempos le
muestra el camino a seguir. La experiencia histórica es su único
maestro, su vía dolorosa hacia la libertad está jalonada
no solo de sufrimientos inenarrables sino de incontables errores. La meta
del viaje, la liberación definitiva, depende por entero del proletariado,
de si este aprende de sus propios errores. La autocrítica, la crítica
cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento
para el proletariado. La catástrofe a la que el mundo ha arrojado
al proletariado socialista es una desgracia sin precedentes para la humanidad.
Pero el socialismo está perdido únicamente si el proletariado
es incapaz de medir la envergadura de la catástrofe y se niega
a comprender sus lecciones" (op. cit.).
Las revoluciones burguesas fueron actos mucho más conscientes que
los procesos sociales que acabaron con el esclavismo y llevaron a los
regímenes feudales. Sin embargo, todavía estuvieron dominadas
por el peso arrollador de los factores objetivos. La revolución
proletaria es la primera en la historia donde el factor determinante es
su conciencia de clase. Este rasgo crucial de la revolución proletaria,
que fue enérgicamente subrayado por los marxistas como acabamos
de ver, tiene aún más fuerza y es más vital ante
la presente situación histórica de descomposición
del capitalismo.
Adalen, 28-11-2001
1) Ver en Revista internacional números 14 y 15 nuestras tomas
de posición sobre Terror, Terrorismo y Violencia de Clase.
2) Cf. nuestro artículo " La guerra en Afganistán:
¿estrategia o beneficios petroleros?" en este mismo número.
3) Por eso, es absurdo que hoy se hable de "mundialización".
Hace por lo menos un siglo que el mercado mundial se formó y esa
capacidad objetiva de unificación de las condiciones de existencia
de la gran mayoría de la humanidad que tenía el capitalismo
hace ya tiempo que se ha agotado. Sobre el sentido real de la llamada
"globalización" ver nuestro artículo "Tras
la 'globalización' de la economía la agravación de
la crisis del capitalismo" en Revista internacional nº 86.
4) Han aprendido de la ratonera en la que se metieron los rusos en la
guerra de 1979-89.
5) Como ya dijimos en la Editorial de la Revista internacional nº
107 no sabemos quien es el verdadero responsable del atentado de 11 de
septiembre. Sin embargo, que tal monstruosidad se haya producido es reveladora
del avance del caos y la inestabilidad y de sus efectos directos en los
países centrales.
6) Publicado en Revista internacional nº 62 y vuelto a publicar en
Revista internacional nº 107.
7) Revista internacional no 107, 2001, "Informe sobre el curso histórico".
8) Engels, "Prólogo" a la edición alemana de 1890
de El Manifiesto comunista.