¿Cómo hacerse militante de la CCI?

Estos últimos meses, nuestra organización ha recibido varias cartas/”mails”  de los lectores planteando la cuestión «¿qué hay que hacer para afiliarse a la CCI?». Esta voluntad de compromiso militante por parte de elementos en búsqueda de una perspectiva de clase se ha expresado en diferentes países, particularmente en países tan diferentes como Francia y Estados Unidos, Gran Bretaña o Bangladesh. A cada uno de estos lectores les hemos enviado una respuesta personal, proponiéndoles entablar una discusión con nuestra organización con el fin de explicitar nuestras posiciones. Sin embargo, en la medida en que esta cuestión preocupa también a otros compañeros además de los que nos han preguntado directamente, y puesto que la cuestión de la adhesión a una organización revolucionaria es una cuestión política a parte entera, nos proponemos en este artículo aportar una respuesta global a todos los que les preocupa saber en qué consiste militar en las filas de una organización como la CCI.

Queremos, en primer lugar, saludar la actitud de estos lectores, que manifiestan hoy una voluntad de implicación militante. Esta dinámica muy positiva de elementos en búsqueda de una perspectiva y una actividad revolucionaria es expresión de una reflexión que se acentúa en profundidad en el seno de la clase obrera. A pesar de las campañas de la burguesía, a pesar de sus ataques contra la corriente de la Izquierda Comunista, a pesar de las calumnias lanzadas contra la idea misma del comunismo[1], estos lectores no se han dejado impresionar, y han mostrado su capacidad para reconocer la seriedad de nuestra organización.

Las condiciones para hacerse militante de la CCI

El proceso de integración de nuevos militantes en una organización política depende en principio de la naturaleza de clase de esa organización. En los partidos burgueses (por ejemplo los partidos estalinistas), basta con tener el carné del partido y pagar las cuotas para ser miembro de la organización. Los militantes de este tipo de organizaciones no se plantean llevar una actividad para desarrollar la conciencia de la clase obrera, sino al contrario, para adormecerla y desviarla al terreno burgués, particularmente las elecciones y las grandes misas democráticas.

Para una organización revolucionaria, es decir una organización que defiende realmente la perspectiva del proletariado (la destrucción del capitalismo y la instauración de la sociedad comunista mundial), la función de los militantes es radicalmente diferente. Su objetivo no es hacer carrera como representantes de tal o cual fracción del capital, o pegar carteles para las campañas electorales, sino contribuir al desarrollo de la conciencia en la clase obrera. Como afirmaron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, «los comunistas tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario». Por eso los militantes de una organización revolucionaria tienen que elevar su propio nivel de conciencia.

En este sentido, la primera condición para integrarse en la CCI es que los camaradas que planteen su candidatura para convertirse en miembros de nuestra organización, manifiesten su comprensión y su pleno acuerdo con nuestros principios programáticos.

Sin embargo, su grado de acuerdo y de convicción sobre nuestras posiciones políticas no es una condición suficiente para ser militante de la CCI. Los candidatos deben manifestar igualmente su voluntad de defender las posiciones de la organización, cada uno en función de sus propias capacidades personales. No exigimos a nuestros militantes que sean todos buenos oradores o que sepan redactar un volante o artículos para la prensa. Lo que importa es que la CCI como un todo pueda asumir sus responsabilidades, y que cada militante esté dispuesto a dar lo mejor que pueda para permitir a la organización asumir la función para la que la clase obrera la ha hecho surgir.

Los militantes de la CCI no son espectadores pasivos, ni corderos que balan tras una “burocracia de jefes” como pretenden nuestros calumniadores. Los militantes tienen deberes con la organización que tienen que cumplir. En principio pagar sus cuotas (puesto que sin dinero la organización no podría pagar los gastos de impresión de la prensa, el alquiler de salas, los viajes, etc.). También tienen el deber de participar en las reuniones, en las intervenciones, en la difusión de la prensa, en la vida y los debates internos, defendiendo sus desacuerdos con respeto a las reglas de funcionamiento establecidas por nuestros estatutos.

Estas exigencias no son nuevas. Ya en 1903 en el debate sobre el primer párrafo de los estatutos del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia), esta cuestión de «¿Quién es miembro del Partido?» había opuesto los bolcheviques a los mencheviques. Para los bolcheviques, sólo quienes son parte activa del conjunto de la vida de la organización podían considerarse miembros del partido, mientras que los mencheviques estimaban que era suficiente estar de acuerdo con las posiciones de la organización y prestarle apoyo para ser considerado como militante. La posición de los mencheviques fue firmemente combatida por Lenin en su libro Un paso adelante dos pasos atrás, como una visión puramente oportunista, marcada por concepciones pequeñoburguesas. Los detractores de Lenin han pretendido a menudo que su posición era “autoritaria” y que cargaba las tintas en el “poder de una pequeña minoría”. Pero lo cierto es todo lo contrario: es la visión oportunista defendida por los mencheviques la que encierra un peligro. En efecto, los militantes “de base” poco convencidos y poco formados, serán más propensos a dejar a los “líderes” pensar y decidir en su lugar, que los militantes que han adquirido una comprensión profunda de las posiciones de la organización y que se implican activamente en su defensa. Es la concepción de los mencheviques la que mejor permite que una pequeña minoría pueda llevar su propia política personal aventurera de espaldas y contra la organización.

Sobre esta cuestión de «¿Quién es miembro del partido?», la CCI se reclama de la concepción de los bolcheviques. Esa es la razón por la que hacemos una distinción muy clara entre los militantes y los simpatizantes que comparten nuestras posiciones y nos aportan su apoyo.

Buen número de camaradas que participan a nuestro lado en las intervenciones públicas, en la difusión de la prensa y nos aportan apoyo financiero, no están dispuestos sin embargo a implicarse plenamente en una actividad militante, que necesita mucha energía y perseverancia en un trabajo regular que se inscribe a largo plazo. Implicarse en la CCI como militante significa ser capaz de poner esta actividad en el centro de la vida. El compromiso en una organización revolucionaria no puede considerarse como un hobby; exige una tenacidad y una capacidad de mantener el rumbo contra viento y marea de parte de cada militante, de no dejarse desmoralizar por los altibajos de la lucha de clases, es decir, una profunda confianza en las potencialidades y la perspectiva histórica del proletariado. El militantismo revolucionario exige igualmente una entrega leal y desinteresada a la causa del proletariado, una voluntad de defender ese precioso bien que es la organización cada vez que es atacada, denigrada, calumniada por las fuerzas de la burguesía y sus cómplices del medio parásito.

Para ser militante de la CCI hay que tener igualmente la capacidad de integrarse en un cuadro colectivo, hacer vivir la solidaridad entre camaradas desterrando el individualismo pequeñoburgués que se expresa particularmente en el espíritu de concurrencia, de celos, o de rivalidad con los camaradas de combate y que no es otra cosa que el peso de los estigmas de la ideología de la clase burguesa.

Para ser militante de una organización revolucionaria, como decía Bordiga, hay que tener una fuerza de convicción y una voluntad de acción, incluyendo el combate permanente contra el peso de la ideología capitalista en las filas de la organización.

Concretamente, los camaradas que quieren integrarse en la CCI, tienen que prepararse para asumir sus responsabilidades, lo que consiste en:

-          estar disponibles para llevar las discusiones de la plataforma de la CCI con las delegaciones mandatadas por la organización. Ese proceso de discusiones busca profundizar su acuerdo con nuestra plataforma, que no debe ser superficial o aproximativo, lo que implica que los candidatos no deben dudar en expresar sus desacuerdos, sus divergencias o incomprensiones, a fin de que sus discusiones puedan llevar a una verdadera clarificación;

-          comenzar a aportar un apoyo material regular a la organización a través de una suscripción a sus publicaciones y de colaboración financiera, así como participando en la difusión de la prensa.

Al término de este proceso de discusiones sobre nuestras posiciones programáticas, los camaradas que quieran integrarse en la CCI tienen que manifestar igualmente su acuerdo con la concepción de la CCI sobre la cuestión del funcionamiento de la organización y sobre sus estatutos, cuyo espíritu está contenido en nuestro artículo de la Revista Internacional nº 33 («Estructura y funcionamiento de la organización de revolucionarios»)

La política de la CCI hacia los candidatos

La CCI ha acogido siempre con entusiasmo a los nuevos elementos que quieren integrarse en sus filas. Por eso invierte mucho tiempo y energía en el proceso de integración de los candidatos a fin de permitir que esos futuros militantes estén lo mejor armados posible para poder ser inmediatamente parte integrante del conjunto de actividades de la organización. Sin embargo, este entusiasmo no significa que tengamos una política de reclutamiento por reclutamiento como las organizaciones trotskistas.

Nuestra política tampoco es la de integraciones prematuras sobre bases oportunistas, sin claridad previa. No estamos interesados en que los camaradas se unan a la CCI, para dejarnos algunos meses o algunos años después, porque se han dado cuenta de que la actividad militante es demasiado apremiante y exige muchos “sacrificios”, o porque se han dado cuenta a posteriori que no habían asimilado realmente los principios organizacionales de la CCI (en general estos camaradas presentan a menudo muchas dificultades para reconocerlo y prefieren abandonar el combate con recriminaciones contra la CCI que pueden conducirles a justificar su deserción por una actividad parásita).

La concepción de los bolcheviques sobre las cuestiones de organización ha mostrado toda la validez de esta posición. La CCI no es un cajón de sastre. No está interesada en el proselitismo. Tampoco somos mercaderes de ilusiones. Por eso nuestros lectores que se plantean la cuestión: «¿Qué hay que hacer para ser de la CCI?» tienen que comprender que integrarse en la CCI lleva tiempo. Todo camarada que plantea su candidatura tiene que armarse de paciencia para emprender un proceso de integración en nuestra organización. Es primero un medio para que el candidato verifique él mismo la profundidad de su convicción para que la decisión de ser militante no se tome a la ligera, por un momento de “inspiración”. Es también y sobre todo, la mejor garantía que podemos ofrecerle para que su voluntad de compromiso militante no se salde por un fracaso o una desmoralización.

Puesto que la actividad de los revolucionarios se inscribe en una perspectiva histórica, los militantes han de poder mantener el rumbo a largo plazo sin desmoralizarse. Por esto los camaradas que quieran integrarse en la CCI, tienen que guardarse de todo inmediatismo, de toda impaciencia en su proceso de integración a nuestra organización. El inmediatismo es justamente la base de reclutamiento de los izquierdistas, que no paran de reprochar a la CCI «¿qué hacéis vosotros en la práctica?» «¿Qué resultados inmediatos obtenéis?»

Mas que nunca la clase obrera necesita nuevas fuerzas revolucionarias. Pero el crecimiento numérico de las organizaciones de la Izquierda Comunista no podrá ser un verdadero reforzamiento mas que si constituye el resultado de todo un proceso de clarificación que tiene por objetivo formar nuevos militantes, darles bases sólidas para permitirles asumir sus responsabilidades en el seno de la organización.

GL (18.02.03)



[1] Podemos citar como ejemplo las campañas burguesas contra la perspectiva revolucionaria, como las del tema de la "muerte del comunismo" tras el hundimiento del bloque del Este y de los regímenes estalinistas en 1989. Igualmente hemos puesto en evidencia en nuestra prensa cómo las campañas contra el “negacionismo” apuntaban directamente a desacreditar a la Izquierda Comunista.