La Liga Comunista de Tampa y la cuestión del partido

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Publicamos a continuación una carta escrita por la CCI en respuesta a un artículo publicado en la web de la Liga Comunista de Tampa, un grupo aparecido recientemente en EEUU. En interés de un debate público entre revolucionarios los compañeros nos pidieron que publicáramos esta carta en nuestra web, informándonos que se encuentran trabajando en una respuesta que será publicada a su vez en su página web.

A la Liga Comunista de Tampa
de la Corriente Comunista Internacional

Estimados compañeros,

Hemos seguido vuestra web con interés. Encontramos muy estimulante la aparición de un grupo que de alguna forma se identifica con las posiciones de la Izquierda Comunista, y que defiende claramente la necesidad que tienen los revolucionarios de organizarse políticamente.

Pensamos que sería fructífero comenzar un diálogo político con vuestro grupo y que – dada la importancia de la cuestión organizativa para los revolucionarios – un buen punto de partida sería el texto “¿Por qué necesitamos un partido mundial?”. Entendemos que este escrito no representa una declaración “programática” del grupo y que podría estar sujeto a desacuerdos en vuestro seno: razón más si cabe, pensamos, para haceros llegar nuestra opinión acerca del texto y contribuir así al debate.

Como ya mencionamos, un texto que llama a la formación de un partido mundial parece ir a contracorriente en un medio dominado por el anarcosindicalismo, el consejismo, la teoría de la comunización y toda clase de variantes del individualismo que florecen en un mundo cada vez más regido por el principio burgués del “cada uno a la suya”. La afirmación clara de la necesidad por parte de los revolucionarios de, no sólo agruparse y organizarse en organizaciones políticas diferenciadas sino también de que estos prepararen el terreno para el futuro partido revolucionario mundial, es una posición valiente, dado el enorme peso de la desconfianza hacia la concepción marxista de la organización revolucionaria. De los mass media a los anarquistas, se nos dice sin cesar que las organizaciones políticas revolucionarias no pueden ser otra cosa que sectas anticuadas, inevitablemente manchadas por la experiencia tóxica del estalinismo. Esto no debería sorprendernos: de la misma forma que la clase obrera es “una clase de la sociedad civil que no es una clase de la sociedad civil”, la organización revolucionaria, que es un producto de esta clase, es esencialmente un cuerpo ajeno en el seno de la sociedad capitalista, y sus militantes no deben desmoralizarse por la inevitable hostilidad que encuentran por parte de los representantes de la ideología dominante en todas sus formas. De este modo, vemos un elemento clave de acuerdo en el mismo título y temática del texto, así como en la crítica que hacéis a los argumentos anarcosindicalistas y consejistas contra las organizaciones políticas y el partido. No estamos de acuerdo en algunas formulaciones en relación a la posibilidad de formar “sindicatos revolucionarios”, pero esta es una cuestión que puede abordarse en otro momento, quizá en un debate sobre las “Posiciones comunes” del grupo de Tampa.

Igual de importante (porque la clase trabajadora es una clase internacional y su revolución puede triunfar únicamente a escala internacional) es el hecho de que el texto contemple al partido como un partido mundial, que debe ser preparado desde hoy a través de un proceso de debates y actividades comunes entre grupos revolucionarios de todo el mundo. De este modo, mientras, como vosotros decís, es totalmente cierto que “formar un partido mundial no es una tarea realizable de forma inmediata”, tampoco es una meta puramente abstracta que se realizará por sí misma en algún punto del futuro: lo que los revolucionarios hacen y dicen hoy juega un papel activo en el proceso que llevará a la formación del partido (o, por el contrario, en la incapacidad de formarlo, que es ciertamente una posibilidad y un peligro). Eso no significa que estemos necesariamente de acuerdo sobre el tipo de organización que necesitamos desarrollar actualmente   (volveremos sobre esto más adelante).

En primer lugar, nos gustaría abordar algunas cuestiones sobre la visión del partido que aparecen en el texto que encontramos inconsistentes. Para empezar, el texto utiliza el término “partido de masas” como opuesto a la idea de “partido de vanguardia” basado en una “férrea línea ideológica/teórica impuesta a sus miembros”. En nuestra opinión, la idea de un partido de masas, que se desarrolló en el movimiento obrero a finales del siglo XIX, estaba ligada a la noción del partido como una especie de “gobierno a la espera” que en un momento dado tomaría las riendas de la sociedad, probablemente a través de elecciones parlamentarias; ideas similares perduraron en el movimiento revolucionario surgido de la ruptura con la socialdemocracia oficial durante la I Guerra mundial. El ejemplo más evidente es el del partido bolchevique en la revolución rusa, que interpretó que su papel era el de formar gobierno tras ganar la mayoría en los soviets.

¿No estáis de acuerdo en que la idea del partido de masas que apareció en el siglo XIX estaba ligada al auge del oportunismo en el movimiento obrero?; ¿que el intento de construir una base de masas lo más rápido como fuera posible llevó a la disolución de los principios y a concesiones a la clase dominante, tanto en los partidos de la II Internacional como en los partidos comunistas después de 1920-21? Y  podemos añadir que no es casualidad que los principales oponentes al oportunismo en ambas Internacionales fueran corrientes que habían comenzado a elaborar una crítica a la idea del partido de masas: primero los bolcheviques, con el famoso debate a propósito de “quién es miembro de una organización revolucionaria” en el congreso de 1903 del POSDR; y después las Izquierdas italianas y alemanas en la III Internacional, que se apropiaron de lo mejor del bolchevismo, defendiendo que en la nueva época de la revolución proletaria el partido debía estar formado por revolucionarios comprometidos sobre la base de una adhesión voluntaria –no “impuesta” – a un alto nivel de unidad programática. En el periodo que va hasta –e incluso durante– la revolución, tal organización estaría formada necesariamente por una minoría (una “vanguardia” si se quiere) del proletariado.

Pensamos igualmente que la defensa presente en el texto de la idea de un partido de masas implica una regresión hacia posiciones socialdemócratas con respecto a la relación del partido y los consejos, o al menos a una posición muy ambigua respecto a la toma del poder por parte del partido. El texto hace varias referencias a la toma del poder por parte del partido, a la idea de que “el poder de los consejos es esencialmente el poder del partido”. Aunque se señalan los peligros del sustitucionismo, el escrito parece ver el principal remedio a esto en el hecho de que el partido “comparte el poder con el conjunto del movimiento revolucionario, así como con otras tendencias revolucionarias con las que pudiera aliarse”.

Para nosotros, esta visión no escapa a la visión parlamentaria del poder de los consejos que coartó al movimiento en 1917. Estamos plenamente de acuerdo con el texto en que el objetivo del partido es luchar por su programa[1] en el seno de los consejos, que serán un campo de batalla entre posiciones políticas que, en última instancia, representan diferentes intereses de clase, o que contienen confusiones que pesarán terriblemente sobre el proletariado durante la revolución. Pero el papel del partido no es tomar el poder o diluirse en los órganos reales de poder: los consejos. ¿No estáis de acuerdo en que la lección principal de la Revolución rusa fue que la identificación del partido bolchevique con el Estado y su tendencia a sustituir las decisiones de los consejos llevó a la degeneración no sólo del poder de los soviets sino del partido mismo? Pensamos que la claridad sobre este punto es un elemento central en la plataforma de la organización revolucionaria, y por tanto también para el futuro partido. Os remitimos a la polémica que mantuvimos en los años 70 con la CWO sobre esta cuestión, y estaríamos interesados en vuestra opinión al respecto.

En lo referente a la concepción del texto sobre el tipo de organización que debe construirse hoy para preparar el terreno al partido de mañana: en la medida que nosotros no vemos al partido como un partido de masas, sino  como una minoría organizada alrededor de un programa claro, creemos que las organizaciones que pueden hacer de puente hacia el futuro partido requieren también de un alto nivel de coherencia política y teórica, basada en una plataforma común que sea algo más que una serie de puntos mínimos. Esto no significa que tales organizaciones, al igual que el futuro partido, deban ser monolíticas, al contrario: una organización marxista viva debe entregarse al debate permanente tanto a nivel interno como con otras tendencias en el movimiento proletario. Pero igualmente pensamos que tales organizaciones son más que círculos de discusión y necesitan impregnarse de lo que Lenin llamó “espíritu de partido”, incluso si no son el partido. Además, deben ser construidas desde el principio sobre una base internacional porque el futuro partido no es (como fue concebido en el pasado, incluso en la III Internacional hasta cierto punto) una federación de secciones nacionales sino una organización mundial única. La experiencia organizativa de este tipo será esencial para el funcionamiento del futuro partido.

Esta visión de las organizaciones actuales como un puente hacia el futuro partido está fuertemente influenciada por el concepto de Fracción desarrollado por la Izquierda italiana en los años 30. La noción de Fracción está ante todo fundada sobre la convicción de que las organizaciones revolucionarias forman parte de una tradición en el movimiento obrero; tradición sin la cual no existirían, y que necesita ser asimilada en profundidad y de forma crítica al mismo tiempo, basada en las nuevas lecciones extraídas de la experiencia de la lucha proletaria y en la práctica de las organizaciones revolucionarias del pasado. El objetivo de su trabajo es preparar los principios programáticos y organizativos que serán la base del nuevo partido. Pensamos que una de las debilidades del texto sobre la cuestión del partido es precisamente el que, salvo algunas líneas al final, no hace suficientemente referencia a las experiencias del pasado, y aún más importante, a los intentos emprendidos por las generaciones y organizaciones revolucionarias precedentes para responder a la misma cuestión planteada por el texto: ¿cómo deben organizarse los revolucionarios de hoy con el fin de preparar el terreno para el partido de mañana?

Nuestra organización ha reeditado recientemente el que pensamos es un texto importante en torno a la cuestión del partido elaborado en 1948 por un grupo heredero de la tradición de la Izquierda italiana: la Izquierda Comunista de Francia[2]. De nuevo, expresaros que estaríamos muy interesados en vuestra opinión sobre este escrito, y por supuesto sobre los comentarios y críticas que contiene esta carta. Esperamos sinceramente que esta carta pueda servir de punto de partida para un debate fructífero entre nosotros, con el fin de clarificar cuestiones, no sólo entre nuestras organizaciones, sino también para el movimiento político proletario en general.

Saludos comunistas

Alf, por la CCI, 22 de agosto de 2015

[1] Con respecto a la cuestión del programa del partido, los diferentes comentarios de lectores al final del artículo indican que la idea que aparece en el texto de que medidas como la destrucción del Estado burgués y la creación de un nuevo poder proletario serían parte de un “programa mínimo” ha causado cierta confusión. Este término, ¿no evoca cierto recuerdo de los viejos partidos socialdemócratas con su programa de reivindicaciones a ser aplicadas en el seno de la sociedad capitalista? Sin embargo, no creemos que la cuestión terminológica sea la más importante aquí: la cuestión real reside en el contenido de las medidas (que nos parecen correctas) y en el hecho de que serían, en efecto, parte de un programa que el partido defienda en el seno de las asambleas y los consejos.