A propósito del libro "Rosa Luxemburgo – No a las fronteras": un aporreamiento ideológico para las jóvenes generaciones

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Con motivo del comienzo de la temporada literaria, Anne Blanchard ([1]) publicó un librito dirigido a los adolescentes: Rosa Luxemburgo: ¡no a las fronteras! Forma parte de una colección Junior llamada : “Ceux qui ont dit non” (los que dijeron no). Se editan en esta colección biografías de Federico García Lorca, Lucie Aubrac, Simone Weil, Gandhi…

La originalidad de este libro está en que el autor hace hablar a Mimi, la gata de Rosa Luxemburgo. El comienzo del libro muestra cómo Mimi logra entender y por fin escribir la biografía de su ama.

En su comienzo, el libro informa bien de la vida, del combate que llevó Rosa Luxemburgo. Uno va enterándose de que los dirigentes de la socialdemocracia alemana apartaron a Rosa de las instancias dirigentes del Partido, nombrándola profesor en la Escuela del Partido, encargada de los cursos nocturnos. Pero como lo destaca Mimi: “¡Pues no! Mi ama trabaja dos veces más; da clases, sin dejar sin embargo de ir a todas las reuniones.” También se entera uno de que Rosa habría intentado suicidarse cuando se enteró de la muerte de Jean Jaurès. El libro también menciona la cárcel donde escribía sobre los pájaros, las flores, etc.

La lectura es agradable. Pero detrás de la fluidez del texto, por pequeños toques, progresivamente, y más tarde de forma más grosera, el autor tergiversa (a través de Mimi, por supuesto) las declaraciones de Rosa, afirmando en particular que habría considerado a Lenin, Trotski y a los bolcheviques como dictadores sanguinarios. Así es como se puede leer, página 53  : “Mi maestra ha recobrado su capacidad de indignarse. No deja de indignarse contra sus amigos rusos, Lenin, Trotski y todos los comunistas bolcheviques. En efecto, los acontecimientos en Rusia se complican. Los comunistas bolcheviques caen en el terror  : tras haber apartado a sus aliados moderados, ahora fusilan (…). Mi maestra piensa que reducir a sus contradictores al silencio, de este modo, es iniciar un giro terrible para la revolución y para la humanidad, que tanto espera desde que el movimiento está en marcha” ([2]).

Anne Blanchard retoma sin sorpresa la mentira según la cual habría una continuidad entre la revolución de Octubre y el horror del estalinismo. Por ello podemos leer en la página 64: “Sin embargo se lo digo yo, Mimi, la “enfermedad” no va a propagarse muy rápidamente si se espera la ayuda de Lenin. Este egoísta se concentra en su solo país: Rusia.” De ahí a afirmar que Lenin haya teorizado “el socialismo en un solo país”, sólo hay un paso… ¡No hay peor ofensa a la memoria de Lenin, que sabía muy bien que la Revolución rusa estaba condenaba si no se extendía a Europa, y en particular a Alemania!

El autor de este pésimo cuento para niños también retoma la idea insidiosa de que el Partido revolucionario del proletariado es nocivo, un peligro para la clase obrera, y que Rosa Luxemburgo habría defendido esta posición. Por ello se puede leer, página 58: “A fuerza de huelgas y manifestaciones, los Alemanes ganaron una República nueva. Ahora, se enfrentan para saber qué cara darle. ¿Una “República de los consejos”, dónde los más humildes –que también son los más numerosos, recuerda siempre mi ama– tendrían el poder? Rosa lo quisiera. Se discutiría libremente, sin tener que obedecer a un partido, como en Rusia, en donde Lenin pronto dirigirá con la batuta a todo el mundo.”

Así pues, en pocas frases, a través de la gata Mimi, el autor intenta convencer a sus jóvenes lectores que Rosa Luxemburgo no sólo era anti bolchevique, sino también anti Partido… ¡Nada es más falso!

Aunque debates y combates teóricos, totalmente ordinarios y legítimos en el movimiento obrero, ocurran entre revolucionarios, Rosa y Lenin se unían en cuanto a la parte fundamental de la defensa de los principios políticos proletarios. Frente a la guerra, por ejemplo, en el congreso de 1907 en Stuttgart, Rosa y Lenin combatían juntos y propusieron una enmienda que estipulaba, en particular: “Si una guerra estalla sin embargo, los socialistas tienen el deber de obrar para que se termine cuanto antes y utilizar por todos los medios la crisis económica y política causada por la guerra para despertar al pueblo y adelantar así el hundimiento de la dominación capitalista.”

Por lo que se refiere a la revolución en Rusia, es cierto que Rosa hizo críticas a la política de los bolcheviques sobre distintas cuestiones: la reforma agraria, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, el “terror rojo” contra el “terror blanco”, etc.  ([3]). Tras criticar estos errores (que, según Rosa, habrían podido sobrepasarse si la Revolución rusa se hubiera extendido victoriosamente a los países de Europa), Rosa Luxemburgo apoyó y saludó el combate titánico de los bolcheviques: “En esto, Lenin, Trotski y sus amigos fueron los primeros, los que estuvieron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: “¡Me atreví!” Esto es lo esencial y duradero en la política bolchevique. En este sentido, suyo es el inmortal galardón histórico de haber encabezado al proletariado internacional en la conquista del poder político y la ubicación práctica del problema de la realización del socialismo, de haber dado un gran paso adelante en la pugna mundial entre el capital y el trabajo. En Rusia solamente podía plantearse el problema. No podía resolverse. Y en este sentido, el futuro en todas partes pertenece al “bolchevismo”” (Rosa Luxemburgo, la Revolución rusa).

Con respecto al papel de vanguardia del mismo Partido bolchevique, Rosa Luxemburgo también escribía: “Todo lo que podía ofrecer un partido, en un momento histórico dado, en coraje, visión y coherencia revolucionarios, Lenin, Trotski y los demás camaradas lo proporcionaron en gran medida. Los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía la social democracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional” (Ídem).

¿Cómo se puede ni siquiera imaginar que Rosa era anti partido, cuándo es que participó en la fundación del Partido comunista de Alemania (el KPD), e incluso redactó el Programa a finales del mes de diciembre de 1918? Cosa que parece ignorar doña Anne Blanchard (¡pero la ignorancia nunca es un argumento!).

Tras haber presentado a Rosa Luxemburgo como una anti-bolchevique, una anti-partido, el autor la presenta por añadidura al final de su libro como una reformista. Así pretende poner de manifiesto que las distintas asociaciones y organizaciones que se han creado para luchar contra “el neoliberalismo, la mundialización” se situarían en la continuidad del combate llevado por Marx y Rosa Luxemburgo (volviendo de paso a pintar una segunda capa sobre el pretendido anti bolchevismo de Rosa). En la página 79, uno se entera de que: “Rosa Luxemburgo predicaba un comunismo muy diferente del que se llevó a cabo en la Unión Soviética después de la Revolución de 1917. Allí, Lenin, líder del Partido bolchevique, consideraba que un movimiento revolucionario no tenía oportunidad de triunfar al no ser dirigido por un Partido capaz de instalar un Estado centralizado fuerte. Rosa Luxemburgo, como Marx, le daban un gran valor a la espontaneidad de la rebelión así como a las libertades. Su proyecto era de un “comunismo de consejos”, de obreros y campesinos, menos dependiente que un Partido. Este comunismo de consejos nunca se ha personificado en un Estado ni incluso un Partido. Es sin embargo próximo a las convicciones de Luxemburgo el apostar a la capacidad de los individuos para inventar nuevas formas de luchar o vivir juntos. Así fue en mayo de 68 en Francia y en el mundo. Durante esta rebelión provocada por la juventud estudiantil, millares de personas, rechazando los sindicatos o los partidos tradicionales, juzgados demasiado autoritarios, se iniciaron en la política. Muchos siguieron a continuación trabajando en asociaciones, ONG, colectivos como RESF (Red Educación sin Fronteras) y el GISTI (Grupo de información y apoyo de los inmigrados)”. El final del libro es un llamado abierto a la “movilización ciudadana”. Un documento del CRIF ([4]) (Consejo representativo de las Instituciones judías de Francia), hablando del libro de Anne Blanchard, indica por otra parte que “en complemento, el autor propone un capítulo “También ellos, dijeron no” y menciona la acción del CIMADE, del RESF, del GISTI o también del MRAP y, más generalmente, de los altermundialistas” y plantea la cuestión: “¿Rosa Luxemburgo hubiera aceptado esta filiación?” La respuesta es claramente: ¡NO! Esta seudo-continuidad participa muy bien de una vulgar manipulación y recuperación ideológica.

Los movimientos ciudadanos que surgieron y se levantaron, como dice el autor, contra la política liberal establecida por el FMI (Fondo Monetario Internacional) y la OMC (Organización Mundial del Comercio), no tienen nada que ver con la lucha de clase que predicaban Marx y Rosa Luxemburgo. Ni con el movimiento de mayo del 68, que fue la expresión de la reanudación de los combates de la clase obrera después de una mitad de siglo de contrarrevolución triunfante y no una simple “rebelión estudiantil”. Las organizaciones o asociaciones como ATTAC (Asociación para la tasación de los impuestos de las transacciones financieras y para la acción ciudadana) no defienden para nada el derrocamiento del capitalismo por la lucha de clases, como lo defendieron Marx y Luxemburgo. Reivindican en el mejor de los casos una utópica reforma del capitalismo, un capitalismo con “rostro humano”. La autora también se esfuerza en desvirtuar y falsificar el pensamiento y el compromiso militante de Rosa Luxemburgo, ocultando al mismo tiempo su combate despiadado contra el reformismo, en particular a través de su obra  : Reforma social o revolución, en la que denunciaba las ideas revisionistas de Bernstein que predicaba la llegada del socialismo por reformas y rechazaba cualquier idea de revolución. Rosa Luxemburgo siempre ha defendido la idea que los que predican la reforma del sistema capitalista son mistificadores al servicio de la burguesía, un obstáculo a la lucha y a la reflexión política en la clase obrera.

Toda la burguesía pretende hoy hacernos olvidar esta verdad histórica: fueron los Partidos “socialistas” los que votaron los créditos de guerra en 1914 y alistaron a decenas de millones de proletarios en esta infame carnicería, no los verdaderos revolucionarios. Traicionando los principios y la consigna del movimiento obrero: ¡“Los proletarios no tienen patria, proletarios de todos los países uníos!”, son los partidos “socialistas” los que fueron los principales responsables de la masacre, no los verdaderos revolucionarios.

El libro de Anne Blanchard, destinado a envenenar a los adolescentes, tiene su lugar en la repugnante campaña democrática de recuperación para hacer de Rosa Luxemburgo un arma contra Lenin y los bolcheviques. Un arma contra el proletariado para impedirle entender que es la Revolución rusa de octubre de 1917 y la revolución en Alemania de 1918 las que obligaron a la burguesía a acabar con la Primera Guerra Mundial.

Esta campaña de recuperación fraudulenta de Rosa Luxemburgo, orquestada bajo los auspicios de los socialdemócratas con fraseología “radical”, tiene por objeto hacer olvidar a la clase obrera (y a sus jóvenes generaciones) que Rosa y los espartakistas, Lenin y los bolcheviques, como militantes revolucionarios internacionalistas, llevaron el mismo combate contra la barbarie guerrera, contra el capitalismo, contra la mistificación pacifista y reformista, contra la dictadura del Estado burgués (sea “democrático” o “totalitario”).

Cealzo, 28 de octubre del 2014

[1] En Francia.

[2] Todas las citas del libro son traducidas por nosotros.

[3] Véase el folleto La Revolución rusa, de Rosa Luxemburgo. https://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf

 

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