La falsificación de la historia en los programas escolares

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Agradecemos a un compañero muy próximo la traducción de un artículo de nuestra sección en Francia y la introducción que realiza al mismo.

CCI

El artículo que he traducido de la página de la CCI online en francés explica detenidamente el rol ideológico de la historia, la geografía y la educación cívica en la escuela y liceos franceses. En el artículo se dan innumerables ejemplos a partir de la realidad francesa. Su sentido, obviamente, puede extenderse a la realidad española o a la de otras zonas del mundo. Ya que la educación pública es en realidad la de un Estado burgués que utiliza la educación con una finalidad marcadamente ideológica a fin de preservar y presentar como natural el orden de la mercancía.

En el plan de estudio del Estado francés se vincula la historia y la geografía a la educación cívica. Este aspecto democrático y ciudadanista es reiteradamente presentado también en las leyes de educación del Estado español (ya sea la LOE aprobada bajo un gobierno “socialista” o la LOMCE aprobada por el PP) y al mismo tiempo ha sido un motivo de disputa entre diferentes fracciones de la burguesía. El PP a través de la LOMCE ha eliminado la asignatura de Educación para la ciudadanía con la que la izquierda burguesa pretendía adoctrinar a la juventud obrera en los valores constitucionales de la abstracción democrática, dando valor académico a la asignatura de religión al mismo tiempo que establece una materia alternativa que se llama Valores sociales y cívicos en primaria y valores éticos en secundaria. Huelga decir que entienden los planes de estudio por valores éticos, los valores atomizados y aislados del ciudadano burgués.

Otro aspecto muy interesante del artículo traducido es el rol que cumple la educación burguesa (estatal, concertada o privada) en disciplinar a la juventud obrera para acostumbrarla a la alienación del trabajo asalariado al mismo tiempo que pretende adocenar el espíritu crítico de los alumnos y alumnas, por fortuna muchos de ellos y ellas no dejan de denunciar algunos de los efectos más perversos de la dominación burguesa. La escuela y los institutos, el sistema educativo público cumple de esta manera una función en la reproducción de la fuerza de trabajo, de cara a cumplir necesidades de formación que serán indispensables una vez que la burguesía adquiriendo la fuerza de trabajo como mercancía utilice el valor de uso del trabajo como mecanismo de acumulación de capital.

Frente a la mitificación acerca de cómo la educación pública corrige y compensa las desigualdades en realidad es una enorme máquina de reproducir dichas diferencias estructurales. A través de la creación permanentemente de guetos en subdivisiones entre educación privada, concertada y pública, dentro de las propias clases de la educación público-estatal y no sólo. Estas subdivisiones clasifican y marca, señalan ya lo que las instituciones piensan que son los/as alumnos/as. Dividiéndoles en alumnos/as más o menos capaces, en clases que pueden salir a una actividad extraescolar y los que no, las clases que imparten una educación bilingüe (recortada en contenidos en cualquier caso) y las que no… Estas subdivisiones y clasificaciones lejos de compensar las desigualdades sociales las marcan con hierro candente.

Y además existe un presupuesto inicial que permite dicha reproducción y es que la lógica de la mercancía, de sus igualaciones formales y abstractas, está plenamente inserta en las aulas escolares. La igualdad abstracta que identifica falsamente a todos/as los/as alumnos, independientemente de sus vidas, orígenes, procedencias, ingresos, recursos culturales en las familias… Esa abstracción a semejanza que en la economía capitalista o que en la política democrática se impone de un modo coactivo en la educación, imponiendo de una manera obligada su fetichismo, cosificando a las personas (tú eres la nota que sacas, las competencias, objetivos y contenidos con los que te evalúan) y personificando las instituciones coactivas como en este caso el sistema escolar.

Y todo ello en una época de decadencia del capitalismo que vive su fase última la descomposición[1] con su lógica de degradación moral, la tendencia a la agrupación en bandas y una violencia cada vez más descontrolada. Todo ello se encuentra presente en unas aulas escolares que la burguesía presenta ideológicamente como un reino abstracto y neutral del saber.

Por ello y como concluye el artículo traducido, la verdadera educación y formación pasa por la recuperación asociada de las tradiciones históricas, teóricas y morales auténticas del proletariado.

Andrei, Octubre 2014.

La falsificación de la historia en los programas escolares

En las sociedades de clase, la educación es una herramienta de dominación. La sociedad capitalista no escapa en absoluto a esta lógica llegando a amplificar el fenómeno y su racionalización. El sistema escolar tiene por función formar futuros trabajadores dóciles y útiles para los intereses de la burguesía. Para hacerlo, los centros escolares tratan de formatear ideológicamente los espíritus de los jóvenes escolares pero también de dirigir los jóvenes cuerpos para que se adapten a las exigencias del trabajo asalariado. La escuela es pues un centro disciplinario desde todos los puntos de vista. En ningún caso permite la realización personal y el desarrollo del espíritu crítico[2]. La enseñanza de historia-geografía-educación cívica en el ciclo secundario muestra por ejemplo hasta que punto el sistema educativo burgués forma parte integrante de la ideología dominante. Los programas de historia han sido siempre construidos para y a favor de la propaganda de Estado[3]. Su estructura quiere anclar la “realidad” en el orden social burgués. De hecho, la enseñanza de esta disciplina participa en la falsificación del verdadero pasado de las sociedades humanas. Así, las jóvenes generaciones de obreros se mantienen en un clima de ignorancia favorable a la pérdida del espíritu crítico. Queremos, pues, denunciar la propaganda aplicada por el Estado burgués en la formación de los futuros obreros.

A la búsqueda del comunismo primitivo

En tanto que saber académico, la historia inicia con la aparición de la escritura hacia la mitad del IV milenio antes de nuestra era. En concordancia con esto, los saberes sobre las sociedades del pasado comienzan en los programas (escolares) en el mismo periodo puesto que el primer capítulo de historia en la clase de 6º año trata sobre las civilizaciones egipcia y mesopotámica. Estas sociedades han alcanzado ya un nivel de desarrollo particular.

  • Ellas son desiguales y divididas en clases sociales.
  • El Estado ha llegado a un nivel importante de sofisticación.
  • La preponderancia del rey y de los sacerdotes en tanto que símbolos políticos e ideológicos está bastante enraizada.

Si se sigue la lógica de los programas, las sociedades humanas están ampliamente organizadas de este modo. Sin razón aparente invitan a pensar a un joven escolar que el Egipto de las pirámides o las ciudades de Ur o de Babilonia son las primeras huellas de la vida de los Hombres en sociedad. Y, sin embargo, nuestra especie vivía ya desde hace centenares de miles de años. Y la elección de cercenar la casi totalidad de esos años no es para nada arbitraria. Tomando como punto de partida el Egipto de los faraones y las ciudades de Mesopotamia, la burguesía desea martillear sobre el carácter determinista de las desigualdades sociales. Se trata de enraizar la idea de que las sociedades desde “la noche de los tiempos” se dividen entre dominantes y dominados. Esta visión profundamente conservadora tiene por función legitimar el orden social capitalista y anclarlo en el espíritu de los jóvenes escolares. Simplificando he aquí el mensaje que el Estado pide que transmitan los profesores a los alumnos: “las desigualdades, la dominación, el Estado, los jefes siempre han existido y no podrá ser de otro modo en el futuro”. Dicho de otro modo, los hombres están destinados naturalmente a dominarse los unos sobre los otros[4].

Por lo tanto, las adquisiciones de la ciencia y del marxismo ofrecen una visión totalmente diferente de los primeros tiempos de la humanidad. En efecto: «durante la mayor parte de su historia, durante cientos de miles, puede ser millones de años, la humanidad ha vivido en una sociedad sin clases, formada por comunidades donde lo esencial de las riquezas era compartida, sin intervención de intercambio o dinero; una sociedad organizada no por los reyes o sacerdotes, los nobles o la máquina estatal sino por la asamblea tribal. Es a ese tipo de sociedad al que se refieren los marxistas cuando hablan de “comunismo primitivo»[5]. Esta visión es profundamente desconcertante para la ideología burguesa. Así, en la escuela como en otras partes, el comunismo primitivo es negado o minimizado con la finalidad de afirmar que el comunismo es un ideal inalcanzable en la realidad. Sin magnificarlas[6], estas sociedades nos dan indicaciones inversas, es decir, que los hombres son capaces de poner en el centro de la organización social la solidaridad, el apoyo mutuo y el compartir.

En su búsqueda de verdad, el marxismo ha permitido comprender que la emergencia de la explotación es un resultado histórico. Negando el movimiento de la historia, la burguesía falsifica la evolución de la humanidad. Ella no incita a que las jóvenes generaciones se cuestionen acerca de los orígenes de nuestra especie. La clase dominante tiene conciencia que sin comprender nuestro pasado es muy difícil entrever las posibilidades de una sociedad del futuro. Por eso ella hace de todo para burlarse de la curiosidad y el espíritu crítico de los alumnos sobre estas cuestiones.

La disolución de la lucha de clases

Para los marxistas, «la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases»[7]. En efecto, después de numerosos milenios, los antagonismos de clase forman el “motor de la historia”, su dinámica, su movimiento. Opresores y oprimidos llevan a cabo «una lucha ininterrumpida, que acaba siempre ya sea por una transformación de toda la sociedad ya sea por la ruina común de las clases en lucha»[8]. Evidentemente el sistema escolar burgués rechaza totalmente este punto de vista. Como lo prueba que el lugar dado a las revueltas o a los movimientos de subversión del orden social en el curso del tiempo es algo casi inexistente en los programas y en los manuales escolares. Las revueltas de esclavos en las sociedades antiguas, los movimientos heréticos o las revueltas campesinas en el seno de la sociedad feudal, las luchas del movimiento obrero desde el siglo XIX se encuentran muy lejos de constituir el corazón de los capítulos abordados en el curso del año. Y cuando son tratados estos acontecimientos lo son bajo el sesgo de una problemática que oculta plenamente su significación. Tomemos el ejemplo de la Comuna de París de 1871. Esta cuestión es abordada en la clase de 4º en el cuadro del capítulo “La evolución política de Francia (1816-1914)”. El objetivo es el de mostrar la forma en que la República se impone en Francia a partir de 1870. En primer lugar, el lugar asignado a la Comuna de París es ínfimo. En segundo lugar, las causas del acontecimiento son presentadas como una reacción al antiguo orden bonapartista. He aquí la forma en la cual un manual (colección Belin) presenta los hechos: «La República proclamada en París el 4 de septiembre de 1870 aparece incierta pues la Asamblea Nacional elegida en 1871 es mayoritariamente realista. El pueblo de París que teme una restauración de la monarquía y quiere continuar la lucha contra Prusia se revuelve a través de la Comuna de París: siendo reprimida en la sangre». Traducid, los obreros parisienses se han rebelado sólo contra la monarquía y el invasor prusiano (para defender la República y la Patria) pero ante la amplitud y las perspectivas revolucionarias que conllevaba “es reprimida en la sangre”. Si la burguesía no puede ocultar este episodio del movimiento revolucionario así como su terrible represión, ella puede, sin embargo, desvirtuarlo. En los programas, la Comuna es separada del movimiento revolucionario internacional. Los documentos resaltan los avances sociales y democráticos segregados por el movimiento. La Comuna es presentada como un laboratorio útil para la construcción de la República. Pero la Comuna de París no se reduce ni a un movimiento patriótico, ni a una lucha por las libertades republicanas. Es sobre todo la manifestación del rol del proletariado como la única fuerza capaz de destruir el capitalismo[9]. La burguesía tiene clara conciencia de esto y se esfuerza por ocultarlo a los futuros obreros. 

Lo mismo vale para la oleada revolucionaria de los años 20´ que se aborda en la clase de tercero. La revolución de Octubre de 1917 aparece en el programa y figura en la misma lista de repertorios históricos que el escolar debe retener a lo largo de su curso. ¿Pero qué es lo que retiene en realidad? Que este acontecimiento es «un golpe de Estado organizado por Lenin, el jefe del partido bolchevique»[10]. O una «revolución bolchevique conducida por Lenin»[11]. Una vez más con esto la burguesía niega la fuerza revolucionaria de las masas obreras y presenta la revolución de octubre como la obra de un Partido y de un hombre cuando fue la realización de las masas obreras[12].

Aún más los programas llevan a cabo la gran mentira que identifica el estalinismo al comunismo. Hasta 2013 esta falsificación era claramente explicitada en las directivas oficiales. La URSS es presentada como «un régimen comunista, fundada por Lenin, que quiere crear una sociedad sin clases y exportar la revolución (IIIª Internacional)»[13]. Con el arreglo del programa de 3º en el cambio realizado en la revisión del año 2013, esta directiva no se escribe ya “negro sobre blanco” pero la asimilación queda muy presente en cualquier caso en los manuales escolares: «Después de la muerte de Lenin en 1924, Joseph Stalin se presenta como su único heredero. Sólo en el poder a partir de 1929, él decide acelerar la puesta en marcha del comunismo en la URSS y la transformación de la economía»[14]. O, las características de la sociedad estaliniana no tienen nada que ver con la perspectiva (todavía a la orden del día) enunciada por el Manifiesto Comunista en 1848. El verdadero rostro de la URSS fue el capitalismo de Estado en el que una nueva burguesía persiguió la explotación del proletariado ruso. Los medios de producción no fueron en ningún caso puestos en común y el Estado no fue para nada abolido sino al contrario utilizado hasta su summum.

Presentar el comunismo como una sociedad ya advenida en el curso del siglo XX en la URSS, Cuba, o en China es una mistificación aún muy eficaz aunque la burguesía no evalúa ya hacerlo su caballo de batalla. Esta mentira insoportable, provoca una gran confusión en el seno de la clase obrera, debe ser condenada y denunciada, en nombre del fin último del proletariado: la reunificación de la sociedad humana.

Pero el arma más eficaz contra la lucha de la clase es la propaganda democrática y ciudadana. Los programas de educación cívica de los colegios y de los institutos son destinados a machacar las “virtudes” de la democracia: «la igualdad republicana es determinante para compensar y corregir las desigualdades. Las leyes protegen los bienes y las personas y fijan los cuadros de la vida en sociedad»[15]. Aún más la necesidad de ser un ciudadano responsable respetando sus derechos y sus deberes para asegurar la armonía social. El rol del Estado es desviado puesto que se le presenta como una entidad que «organiza la protección contra los riesgos mayores y asegura la seguridad sobre el territorio»[16]. Lo que se oculta a los alumnos es que el Estado es una herramienta de conservación social que permite a la clase dominante asegurar sus intereses. En la clase de 4º, un capítulo se consagra «al ejercicio de las libertades en Francia». Una vez más, la burguesía muestra todo su cinismo y su hipocresía puesto que el programa se focaliza sobre la libertad de opinión y de conciencia (religión, laicidad…) pero la explotación de la clase obrera y su alienación son evidentemente silenciadas. Otras tantas mistificaciones que formatean a los alumnos y trituran su espíritu crítico. Para Jules Ferry[17], la enseñanza de la educación cívica debía asegurar el encuadramiento ideológico de los hijos de los obreros: «Ciertamente el Estado no es doctor en matemáticas, doctor en letras ni en química (…). Si le interesa retribuir a los profesores no es para crear ni para extender verdades científicas; no es por esto por lo que se ocupa de la educación: se ocupa de ella para mantener una cierta moral de Estado, un tipo de doctrina de Estado, indispensable para su conservación (…). Mientras que no hay que recelar de ejercer el apostolado de la ciencia, de la rectitud y de la verdad hay que oponerse resueltamente, en todos los lugares, a este otro apostolado, a esta retórica violenta y mentirosa (…). ¡Esta utopía criminal y retrograda que ellos llaman guerra de clases!». La burguesía actual es mucho menos explícita cuando ella enuncia sus proyectos de educación. Además las mistificaciones democráticas y ciudadanas son mucho más completas y están más perfeccionadas que en los tiempos de Jules Ferry. Los programas de educación cívica se elaboran para que el alumno pueda digerir todos los artificios que enmascaran la lucha de clases. La complementariedad de los programas de educación cívica y de historia se dirige a negar la naturaleza de la burguesía como clase explotadora. Para ella, el capitalismo y la democracia representativa son el modo más perfecto de organización social. En definitiva lo que hay que inculcar a los alumnos es que la historia se ha acabado y se ha acabado bien. No hay ninguna necesidad de entrever otras perspectivas, la sociedad capitalista y democrática es lo más perfecto que el hombre sea capaz de construir. Cara a estas mentiras, la experiencia y las adquisiciones teóricas del movimiento obrero permiten decir la verdad. ¡No! La sociedad no es una suma de individuos “libres e iguales” sino una organización de clases antagónicas con intereses divergentes. En todas las partes del mundo, comprendiendo los países democráticos, los obreros son explotados y exprimidos. Un profundo sentimiento de disgusto los asalta a la vista de los privilegios sin control y las malversaciones de los patrones o de los hombres políticos. Además como he podido comprobar por mi propia experiencia los alumnos no son cándidos. Algunos de ellos no dejan de denunciar la corrupción y las desigualdades cuando se le expone la sociedad ideal en la que se nos anuncia vivir. La realidad no engaña a esos jóvenes espíritus.

La propaganda patriótica

Desde los primeros tiempos de la escuela republicana, el patriotismo y la “novela nacional” toman un lugar central en los programas. La Comuna de París había hecho vacilar a la burguesía que reaccionó amplificando la capa de plomo ideológico sobre la clase obrera. Ella deseaba romper el internacionalismo que el proletariado francés había desplegado en 1871. Para el ministro de instrucción Jules Simon, una de las lecciones de la “prueba” que Francia acababa de sufrir es que era necesario «que Francia conozca Francia tan bien como los extranjeros»[18]. Puede ser que más que en otras disciplinas, la historia y la geografía posee un rol ideológico esencial en el sistema escolar. En el umbral del siglo XX, la enseñanza de la historia se despliega en todos los niveles de la enseñanza. El chauvinismo, el nacionalismo y el militarismo envenenan los espíritus de los futuros obreros. Entre 1871 y 1914, la enseñanza de la historia está condicionada por un espíritu de revancha hacia Prusia después de la derrota de Sedán en septiembre de 1870. Sobre los mapas de Francia colgados en las clases, los territorios de Alsacia y Lorena (perdidos en beneficio de Prusia en 1870) son delimitados por punteados para excluirlos pero coloreados en violeta para que se reencuentren en el Hexágono. Progresivamente, la burguesía utiliza la escuela para acuartelar a la clase obrera en un conflicto mundial inevitable y dividirla sobre el plano internacional. Impregna entonces los espíritus de un ideal nacional mezclando con el ardor guerrero y la religión como denuncia Emile Zola en su novela Verdad en 1903 mientras pone en escena un maestro de escuela y su clase: «Cuatro cuadros, violentamente coloreados, pegados al muro, lo irritaban: Santa Genoveva liberando París, Juana de Arco escuchando voces, San Luis curando a los enfermos, Napoleón cabalgando en los campos de batalla. Siempre el milagro y la fuerza, siempre la mentira religiosa y la violencia militar dados como ejemplos, arrojados como simiente en el cerebro de los niños».

Para los países de la Entente, la victoria de 1918 permitirá contener el impulso revolucionario de su clase obrera. Y para este fin la burguesía va a desplegar todo su cinismo para “soldar la nación”, confundiendo a través de la compasión hacia los muertos, la fiereza de haber defendido la patria y la promoción de la coexistencia pacífica. Muy pronto, el Estado instaura la conmemoración obligatoria de los alumnos en los monumentos a los muertos. En el manual Lavisse de 1934, la guerra es presentada como una fatalidad que se impone a la burguesía: “desde 1914 a 1918, los Franceses han sido una vez más forzados a hacer la guerra a Alemania como en 1870”.

El patriotismo no ha desaparecido de los programas hasta hoy pero ha tomado una dimensión más insidiosa puesto que el sentimiento patriótico no aparece en tanto que tal. En adelante, los programas de la escuela y de los institutos presentan la historia de Francia de los siglos XIX y XX como el acontecimiento y la consagración de la democracia y las “libertades” desde 1789. Es omitir que en la sociedad capitalista, la única libertad de la clase obrera es la de vender su fuerza de trabajo. Por otro lado y para legitimar los “beneficios” de las nuevas instituciones mundiales (Unión Europea, ONU), el Estado ha inventado la noción de ciudadanía europea y de ciudadanía mundial. Una vez más se trata de ocultar el verdadero rol de sus instituciones que no existen sino para aportar una fachada de orden en un caos generalizado. Por ejemplo se invoca a los alumnos para que adhieran a la idea según la que la «creación de la ONU responde a la aspiración a mantener la paz»[19]. Si la burguesía adapta su ideología, no es menos cierto que el patriotismo permanece como una vacuna cara a la progresión del internacionalismo en los rangos de la clase obrera.

El desarrollo de la conciencia de clase para responder a la ideología de la burguesía

La estructuración de los programas abre la puerta al idealismo y a la desaparición del espíritu crítico. Su arquitectura se caracteriza por juntar acontecimientos apilados o periodos abordados de forma temática sin explicar las relaciones de causa y efecto. Se cuenta la historia pero no se analiza nunca la significación de los hechos lo que ocasiona una pérdida del espíritu crítico. Los programas incitan a narrar el pasado pero no a comprenderlo y sacar lecciones de él. La burguesía ha perdido toda visión coherente y objetiva de la historia y esto se traduce por el idealismo de la enseñanza. Por ejemplo la forma de enseñar la historia de las religiones. Solo las tres grandes religiones monoteístas son estudiadas en detalle y las directivas imponen apoyarse sobre los “relatos sagrados” separados de todo contexto. En nombre de la laicidad es imposible explicar en un cuadro materialista la aparición y la verdadera naturaleza de las creencias divinas.

La escuela es una herramienta esencial de la difusión de la ideología dominante en los rangos de la clase obrera. En el fondo su rol es el de velar la realidad de la sociedad capitalista. ¿Cuál puede ser la respuesta de la clase obrera de cara a esto? El desarrollo de la solidaridad y la unidad en las luchas. Es por las humillaciones sufridas cotidianamente que los obreros descubren que la visión del mundo que la burguesía les presenta no corresponde de ningún modo a la realidad. Como escribió Lenin: «Sólo la acción educa a la clase explotada, sólo ella le da la medida de sus fuerzas, amplía su horizonte, acrecienta sus capacidades, esclarece su inteligencia y templa su voluntad» (Lenin, Relación sobre 1905, 22 de enero de 1917). La lucha «la presiona a comprender la estructura del sistema económico, para conocer lo que es la sociedad, donde se encuentran sus enemigos y sus aliados»[20]. Es pues el desarrollo de la conciencia de clase quien inmuniza contra la ideología burguesa y permite tomar conciencia de su identidad y del rol que debe jugar para superar la sociedad actual. «Es una conciencia de sí. Y esta toma de conciencia es siempre sinónimo de una lucha de clases. La conciencia de clase es pues simplemente la afirmación del proletariado como clase revolucionaria, el ser consciente»[21].

En su toma de conciencia, el proletariado no tiene necesidad de las falsificaciones históricas de la escuela burguesa. Su educación pasa por la transmisión de generación en generación de una historia, de una experiencia, de una teoría, de una moral, de una identidad que pertenece únicamente a la clase obrera. Pues no olvidemos que “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”.

Venceslas

[1] Véase La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo, Revista Internacional 62, 3º trimestre 1990. http://es.internationalism.org/node/2123

[2] Ver La supresión de la historia geografía en Terminal S es un ataque económico e ideológico, Révolution Internationale, nº 408. http://fr.internationalism.org/ri408/la_suppression_de_l_histoire_geographie_en_terminale_s_est_une_attaque_economique_et_ideologique.html

[3] Ibidem.

[4] Una visión completamente diferente, es la que se da en el artículo ¿De dónde viene la humanidad? ¿Hacia dónde va? Algunas ideas para comprender la historia de la humanidad. http://es.internationalism.org/ccionline/201301/3620/de-donde-viene-la-humanidad-hacia-donde-va-algunas-ideas-para-comprender-la-hi

[5] “El comunismo no es un bello ideal, sino una necesidad material”, Revista Internacional, nº68.

[6] Ibidem.

[7] Engels y Marx, Manifiesto Comunista, capítulo I. En la fecha en que fue escrito este texto, en 1847, era ínfimo el conocimiento sobre las sociedades prehistóricas. La organización social anterior, basada sobre la propiedad común de la tierra, era desconocida.

[8] Ibidem.

[9] Para un análisis más detenido de la significación de la Comuna de París véase: “La Comuna de París, primer asalto revolucionario del proletariado”, en Internationalisme, nº 351. http://fr.internationalism.org/isme351/la_commune_de_paris_premier_assaut_revolutionnaire_du_proletariat.html

[10] Manual Nathan del programa de tercero

[11] Manual Magnard del programa de tercero

[12] Ver en Revista Internacional números 71 y 71, La Revolución rusa, la primera revolución masiva y consciente de la historia, http://es.internationalism.org/rint71-revolucionrusa1 y http://es.internationalism.org/rint72octubre

[13] Programa de 3º, Boletín oficial especial nº 6 del 28 de agosto de 2008

[14] Manual de historia, geografía, educación-cívica, Nathan 2014

[15] Presentación del programa de educación cívica del 5º Boletín Oficial Especial nº 6 del 28 de agosto de 2008.

[16] Boletín Oficial Especial nº6 del 28 de agosto de 2008.

[17] Político burgués francés de finales del siglo XIX que fue ministro de instrucción pública y primer ministro (NdT).

[18] Patrick García, Jean Leduc. La enseñanza de la historia en Francia del Antiguo Régimen a nuestros días, Armand Collin, 2003.

[19] Modificación de los programas de historia, geografía, educación cívica, septiembre de 2013.

[20] “Ideología y conciencia de clase”, folleto de la CCI Organización comunista y conciencia de clase.

[21] Ibidem.