El voto no sirve para luchar contra el capitalismo

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En Santander, a iniciativa de un Espacio Proletario de Debate, ha tenido lugar recientemente un debate sobre Voto o Asambleas. Publicamos a continuación la presentación realizada por un compañero próximo a nuestras posiciones y el resumen del debate que él mismo ha realizado.

Presentación

Teniendo en cuenta la sorpresa en estas últimas elecciones europeas: la aparición de una nueva formación política surgida aparentemente de la nada, Podemos[1], y que ha sabido canalizar el descontento de una parte importante del proletariado. Se impone el determinar si estamos ante algo novedoso, o por el contrario se trata de un nuevo intento por legitimar el sistema democrático, tras la crisis del bipartidismo[2]. Y desde un punto de vista más general, ¿es el voto, un instrumento del proletariado para poder cambiar las cosas?, ¿se puede hacer frente a los ataques sufridos por el proletariado; precariedad laboral, desempleo, recortes sociales, desahucios, deterioro medioambiental… desde un marco nacional? ¿O por el contrario se requiere el dotarnos de un marco adecuado que nos permita el vernos como una clase mundial, con el que hacer frente a un sistema igualmente mundial? Y en última instancia, ¿se puede plantear seriamente una reforma del capitalismo, o por el contrario solo cabe destruirlo? O dicho de otro modo. El ataque a las condiciones de vida del proletariado, ¿son imperfecciones del sistema que podrían ser mejorados, o por el contrario es la política inevitable de un sistema que no tiene otra para sobrevivir? Son preguntas a las que trataremos de dar una respuesta en el transcurso de este debate.

Para empezar habría que saber donde hunde sus raíces la democracia. Esta aparece por vez primera en la antigua Grecia. Ahí vemos surgir los derechos ciudadanos que más tarde Roma adoptaría. Y que recuperará la burguesía en el siglo XVIII. Por tanto vemos que la democracia está ligada a dos conceptos que son consustanciales a esta: la sociedad de clases y el estado.

El estado es el instrumento de dominio de una clase sobre otra. O dicho de otro modo, es el órgano que genera toda sociedad dividida en clases con el fin de encauzar las contradicciones y conflictos que genera una sociedad de dicha naturaleza. Que evidentemente se trata de una sociedad muy violenta, como no puede ser de otra manera, una sociedad dividida en clases. Y los cauces que utiliza el estado para este fin, son muy variados como veremos más adelante.

Aunque la concepción del estado también fue motivo de interesantes debates en el seno de la 1ª Internacional, La Comuna de Paris arrojó luz sobre esta cuestión[3]. El estado burgués tal cual se encuentra, de nada le puede servir al proletariado para transformar el mundo en un sentido revolucionario. Fue con la Comuna de París y su experiencia cuando y como el problema comienza realmente a percibirse a través de las lecciones que Marx y Engels sacaron de ella; necesidad de la destrucción del aparato de Estado burgués por el proletariado, establecimiento de un aparato completamente diferente que «ya no es un Estado en el sentido propio de la palabra» (Engels) en la medida en que ya no es un órgano de opresión de la mayoría por la minoría. Un aparato cuya naturaleza como "peso heredado del pasado" está claramente subrayado por Engels, cuando habla de él como de una plaga, una plaga que hereda el proletariado en su lucha para llegar a su predominio de clase, pero de la cual deberá, como lo hizo la Comuna y en la medida de lo posible, atenuar los efectos, hasta el día en que «una generación criada en una sociedad de hombres libres e iguales pueda deshacerse de todo ese fárrago gubernamental».

También en la comuna de Paris vemos aparecer los primeros consejos obreros, si bien en aquella época estos estaban ligados a determinados ámbitos territoriales, distritos, y no a centros productivos. Como diría Panehoek, al que le debemos una obra bastante interesante sobre los consejos obreros[4], el propio desarrollo del capitalismo despejaría la incógnita de sobre cuales debían de ser sus propios órganos de gobierno proletario. La progresiva concentración del proletariado en mayores centros industriales, propició la creación de los primeros consejos obreros propiamente dichos, en el marco de la revolución rusa de 1905, los soviets. Lo cual supuso un paso cualitativo en el desarrollo de su maduración como clase. En los Soviets se personifica lo que 60 años antes, en  El Manifiesto Comunista[5], parecía una formulación utópica: «Todos los movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de minorías. El movimiento proletario es un movimiento independiente, de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría»

En realidad, los límites de la democracia empiezan a ser identificados bien pronto por Marx. En "la cuestión judía", obra de 1843, ya se advierte de la engañifa del discurso defendido por Bauer de la incorporación de los judíos a la sociedad civil. Una obra que sigue siendo de referencia para una crítica de los tan traídos y llevados "derechos civiles". "La contradicción existente entre el poder político practico del judío y sus derechos políticos, -nos dice Marx- es la contradicción entre la política y el poder del dinero en general. Mientras que la primera predomina idealmente sobre la segunda, en la práctica se convierte en sierva suya." La sociedad civil tal y como se desarrolla bajo el capitalismo es una suma infinita de "hombres abstractos". En un primer nivel, el "hombre abstracto" es el "ciudadano", abstracción de una multiplicidad de individuos, titulares todos ellos de una serie de "derechos" idénticos e, igual e idénticamente, soberanos, autónomos y plenipotenciarios. Pero si rascamos más profundamente, este primer nivel puramente jurídico y político, se levanta sobre otro que es el definido por el universo mercantil que caracteriza el capitalismo y que, en realidad, es el básico y determinante.

Las desigualdades tienen su origen en un modelo productivo que tiende a dividir la sociedad en dos clases, la burguesía y el proletariado. Y ningún derecho civil, por muy avanzado que sea este, puede revertir esta situación. Precisamente el concepto de "ciudadanía" tiene como misión el ocultar este hecho, lo cual nos revela la mentira del derecho burgués, que pretende igualar en lo político lo que no es igual en la vida real. Lo que nos lleva a afirmar: que la existencia de "derechos civiles" implica una sociedad desigual. De ahí la necesidad de superar el discurso dominante de la defensa del estado, del democratismo….que no tiene otra misión que la de impedirnos ir a la raíz del problema: el capitalismo.

Y si en la última treintena del siglo XIX, el fetichismo del estado que se desarrollaba muy peligrosamente en la socialdemocracia alemana, fruto de los peores vicios del parlamentarismo, fue ya denunciado por Marx en su crítica del "programa de Gotha"[6]. Una crítica tanto más valiosa por cuanto que aun teniendo el capital en la época de Marx una labor histórica progresista frente a las formas socio-económicas pre-capitalistas y feudales, el autor renano no deja cabo sin atar abogando por que la vanguardia revolucionaria reconozca ya en su programa la necesidad de romper con la democracia: «Pese a todo su cascabeleo democrático, -nos dice- el programa está todo él infestado hasta el tuétano de la fe servil de la secta lasalleana[7] en el Estado, o –lo que no es mejor ni mucho menos– de la superstición democrática; o es más bien un compromiso entre estas dos supersticiones, ninguna de las cuales tiene nada que ver con el socialismo».

Un combate que fue seguido por el ala izquierda de la 2º internacional, contra el revisionismo creciente que tuvo en Berstein, a uno de sus mayores representantes, que incluso llegó a negar la existencia del proletariado como clase revolucionaria. El revisionismo que se caracteriza como diría Rosa Luxemburg «por el divorcio entre la teoría y la práctica, por hacer del movimiento un todo y del objetivo nada».[8] Materializado por la táctica imbuida hasta la medula del parlamentarismo, «si se quiere hacer algo, hay que tener primero la mayoría» y que se revelaría totalmente ajeno a la experiencia, que invierte el sentido de esa banalidad parlamentaria: como demostró la revolución rusa, no es la mayoría la que lleva a la táctica revolucionaria, si no la táctica revolucionaria la que lleva a la mayoría.

No es de sorprender que las críticas más apropiadas y profundas a las prácticas reformistas de la social democracia y de los sindicatos, empiezan a ser elaboradas precisamente donde esas prácticas estaban más arraigadas: en países como Holanda y Alemania. Fue allí, en vez de en Rusia donde el proletariado luchaba todavía por derechos parlamentarios y sindicales, donde el peligro de los hábitos reformistas fue comprendido, desde el primer momento, por los revolucionarios. Por ejemplo, los trabajos de Anton Pannekoek y del grupo holandés Tribune, en los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial, contribuyeron a preparar el terreno para la ruptura radical de los revolucionarios alemanes y holandeses con las viejas tácticas reformistas, después de la guerra. Lo mismo hay que decir de la Fracción abstencionista de Bordiga en Italia. En donde leemos: «La participación en las elecciones a los órganos representativos de la democracia burguesa y la actividad parlamentaria, aun presentando en cualquier tiempo un continuo peligro de desviación, podían ser utilizados para la propaganda y la formación del movimiento en el periodo en el que, no delineándose todavía la posibilidad de abatir el poder burgués, la tarea del partido se limitaba a la crítica y a la oposición. En el actual periodo abierto con el final de la guerra mundial, con las primeras revoluciones comunistas, y con el surgimiento de la Tercera Internacional, los comunistas colocan como objetivo directo de la acción política del proletariado de todos los países la conquista revolucionaria del poder, a la cual todas las fuerzas y toda la obra de preparación deben ser dedicadas. En este periodo es inadmisible toda participación en los organismos que se muestran como un potente medio defensivo burgués destinado a actuar dentro de las filas mismas del proletariado, y en antítesis con la estructura y la función de los que los comunistas sostienen el sistema de los consejos obreros y la dictadura proletaria»

Con la entrada del capitalismo en su decadencia que tiene en el estallido de la 1ª guerra mundial su muestra más elocuente, la lucha por reformas era ya insostenible, y con ello la diferenciación entre programa mínimo y máximo perdía todo su sentido.

Y es que el estado, instrumento de la sociedad de clases, ¿puede ser utilizado para acabar con la sociedad de clases?. El ciudadano, y más en concreto el "ciudadanismo", que es la ideología en la cual se sostiene, ¿puede tener alguna potencialidad como sujeto revolucionario? Con todo lo que implica ser ciudadano, que lo somos todos, incluido Emilio Botín. ¿Tenemos algo que ver con este señor por muy españolitos que seamos todos?

Entiendo que este es un tema importante, que habrá tiempo de tratar en el trascurso del debate.

Pero hay que tener claro que el estado tiene varias caras o facetas por expresarlo de algún modo, no solo se sostiene mediante la represión abierta: juzgados, policía, ejército, sino sobre todo desde un punto de vista ideológico, el estado dispone de numerosos cauces de integración: sindicatos, corporaciones municipales, parlamentos. El voto es una de las armas más poderosas. Parte de la entelequia de que todos somos seres soberanos y libres con poder para transformar el mundo, bastaría entonces con votar a la mejor opción, a los representantes de la mayoría. Esto que aparentemente es irrefutable se da de bruces con la realidad. Para empezar, la marcha de todos los países está gobernada por leyes ciegas, no escritas, que brotan de las relaciones de producción capitalista; los vaivenes de este sistema de producción que engloba al planeta entero son los que determinan con mayor o menor intensidad el destino y la evolución de todos los países. Por eso el proletariado está perdido si se mete en la boca del lobo del estado. La historia nos demuestra cuáles son sus órganos genuinos, las asambleas abiertas a todos los trabajadores y en los momentos revolucionarios los consejos obreros. Desde 1905 las luchas obreras han seguido un mismo patrón. En las asambleas se forja la clase y sentimos la solidaridad que nos proporciona el sabernos protagonistas de un mismo fin. Más allá de la atomización en la que nos encierra el voto, por eso resulta tan manipulable esa persona aislada, ese "ciudadano" encerrado en su casita. Y de ahí que una necesidad vital para el proletariado, haya sido el buscar la unidad por encima incluso de los controles sindicales que nos dividen por empresas, sector etc. El mayo del 68, el movimiento de los trabajadores de astilleros de Vigo del 2006, el de los estudiantes en Francia contra el contrato del primer empleo de ese mismo año, o el movimiento de los indignados del 2011[9], son luchas recientes que nos muestran a nuestro entender, el verdadero camino que debe de forjarse el proletariado de cara a su emancipación, lejos de las redes tejidas por el estado.

Resumen del debate

¿Es el voto un instrumento del proletariado para cambiar las cosas?  ¿Se pueden resolver los problemas que afectan al proletariado: paro, precariedad laboral, desahucios, recortes sociales, deterioro medioambiental… desde un marco nacional? Y más en concreto: ¿se puede plantear seriamente una reforma del capitalismo?, o por el contrario solo cabe destruirlo. O dicho de otro modo, el ataque a las condiciones de vida del proletariado, ¿son imperfecciones del sistema que podrían ser mejorados, o por el contrario es la política inevitable de un sistema que no tiene otra para sobrevivir?

Estas son preguntas a las que se proponía responder la discusión.

El debate pronto giró en torno a la naturaleza del estado. Había gente que entendía que el estado podía ser neutral, que estaba por encima de las clases sociales, y que por tanto podía ser útil de alguna manera al proletariado. Es más, alguien cuestionó la propia existencia del proletariado, tachándolo de concepto ideológico. No se tuvo ocasión de profundizar en ello, pero nosotros rechazamos de plano tal cosa. En realidad la definición del proletariado que nosotras defendemos no es nueva, ya Marx definió bien pronto al proletariado como todo aquel que se ve obligado a vender su fuerza de trabajo para poder sobrevivir, puesto que esa es la única mercancía que posee. Es el posicionamiento de los seres humanos en el proceso productivo lo que determina a la clase a la cual pertenece.

El capitalismo es el primer sistema de la historia que es incapaz de tolerar en su seno viejas formas de producción. Y así como vimos en Europa en el siglo XVIII y sobre todo en el XIX, la progresiva transformación del pequeño artesano y del tendero en proletario, así como la emigración del campo a la ciudad, sumiendo a la gente en unas condiciones de miseria inimaginables, en suburbios improvisados en muchos casos sin ningún tipo de servicios básicos, agua, alcantarillado etc… montados alrededor de las mismas fabricas y con jornadas laborales de hasta 16 y 18 horas. El capitalismo en su búsqueda enfebrecida de materias primas y de compradores que no fuesen ni capitalistas, ni asalariados, esquilmó, diezmó y asesinó a las poblaciones de las colonias. El sistema en su búsqueda de mercados pre - capitalistas, ha venido a transformar el mundo, destruyendo a las poblaciones indígenas e introduciendo la mercancía en todos los rincones del planeta.

Pero al mismo tiempo esto ha puesto las bases para el comunismo. El capitalismo es el primer sistema productivo que se ha desarrollado a nivel mundial, y esto ha puesto en manos de proletariado, la clase del trabajo asociado, la posibilidad de la transformación revolucionaria del mundo. Pero, ¿el estado puede ser utilizado por el proletariado para sus propios fines?

La experiencia histórica nos dice que el estado es el instrumento de dominio de una clase sobre otra, y por tanto bajo el capitalismo el estado solo puede ser el estado del capital. La esencia del aparato del estado, lo constituyen la policía, el ejercito, los juzgados, las cárceles, pero también el parlamento y las administraciones regionales y municipales. En realidad la tan traída y llevada división de poderes, no hace sino ocultar la dictadura del capital. Por eso la democracia es un sistema especialmente hipócrita de ejercer la mencionada dictadura. Al proletariado de nada nos sirve este aparato, la asunción directa de los asuntos públicos en manos de los propios trabajadores, exige el dotarnos de organismos propios. Estos organismos  empezaron a perfilarse por primera vez en la comuna de Paris.

 Algo en lo que se incidió precisamente por parte de algunos asistentes, fue en el estudio de nuestra historia con el fin de reapropiarnos de las lecciones del pasado; y del trabajo teórico. Porque no nos sirve todas las formas de lucha, porque las formas deben de estar en consonancia con los fines. Y ya son muchos los compañeros que en su pretensión sincera de luchar contra el sistema, se han visto quemados por ese tremendo utilitarismo, que explotan a más no poder los sindicatos y las organizaciones de la izquierda del capital y que se traduce, “en el que hay que hacer algo”, “en estar presentes”, en involucrarse en cientos de luchas parciales, que lejos de contribuir al desarrollo de la conciencia de clase del proletariado, lo que hacen es coartar nuestra independencia, enredándonos en la telaraña del estado.

La burguesía para hacer creíble su discurso, y dar un barniz nuevo a sus viejas formulas de “regeneración democrática”, no duda en crear de forma periódica nuevas formaciones políticas, sucedáneos de los viejos partidos, que funcionan como auxiliares de estos o incluso como sustitutos.

Uno de los compañeros nos habló de las movilizaciones obreras de los años 70. Movimientos masivos y asamblearios, desarrollados en muchos casos incluso al margen de los sindicatos clandestinos, y de cómo a pesar de ello el democratismo consiguió desviar las reivindicaciones de clase hacia la defensa del antifascismo, propiciando de ese modo el camino hacia la transición. Pero esta experiencia de la clase no ha sido en balde y más de treinta años después de esto, la farsa democrática necesitaba un lavado de cara para seguir desempeñando su función embaucadora. Una muestra bien buena de esto, es el nuevo discurso que maneja la burguesía y que sirvió para boicotear las asambleas del 15 M desde dentro: “democracia real ya”. Todo un artificio sacado de la manga, en un intento por involucrarnos en la defensa del estado.    
El mejor antídoto que puede generar el proletariado para no dejarse arrastrar por banderas ajenas, es el debate y la reflexión. Por eso aplaudimos iniciativas como esta, porque aunque pueda verse como un trabajo abstracto, despegado de la realidad, forma parte de esa maduración subterránea de la conciencia que se dan en sectores del proletariado y que resulta imprescindible.
Espacio de debate proletario

[2] Sobre las causas de la crisis del bipartidismo, fenómeno internacional y en nada limitado a España, ver nuestro artículo sobre las elecciones europeas: http://es.internationalism.org/ccionline/201406/4034/los-resultados-de-las-elecciones-europeas-evidencian-la-descomposicion-del-cap

[3] Ver el trabajo de Marx, en nombre de la Primera Internacional, La Guerra Civil en Francia, http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/index.htm

[4] Ver http://www.marxists.org/espanol/pannekoek/1940s/consejosobreros/index.htm. Se puede ver igualmente nuestro estudio histórico sobre los consejos obreros en la sería cuyo primer artículo se encuentra en http://es.internationalism.org/rint/2000s/2010s/2010/140_consejos

[7] Se refiere a los seguidores de Ferdinand Lasalle, un aventurero infiltrado en el movimiento obrero para utilizarlo para sus fines, llegando a pactar secretamente con el canciller Bismark. En 1875 en el Congreso de Ghota, los lasallianos se unieron a partido fundado en 1869 por los miembros de la Primera Internacional en Alemania, sin embargo estos pagaron un alto precio oportunista para la fusión, lo que motivó la dura crítica de Marx y Engels en el libro anteriormente citado. Ver sobre Lasalle http://es.wikipedia.org/wiki/Ferdinand_Lassalle. Sobre qué es el aventurerismo político y sobre cómo se infiltra en las filas obreras ver en nuestra Revista Internacional nº 88, “La lucha del marxismo contra el aventurerismo político”, http://es.internationalism.org/rint88-aventurismo