La patria del capital… ¡un veneno para la conciencia proletaria!

Versión para impresiónEnviar por email

Uno de los objetivos de nuestra organización es la creación de espacios donde se pueda generar la reflexión y la discusión de la realidad que vive la clase obrera, de las grandes dificultades que enfrenta sumergida en el reino de la necesidad. Alienado por la máquina y las relaciones sociales de producción capitalista, el trabajador debe además rendirle culto a una creación típicamente burguesa que desnaturaliza su condición universal: la nación.

La CCI ha mantenido como una de sus principales formas de relación con la clase la reunión pública (RP), en ella se expresa su diversidad política, se percibe el peso de la ideología burguesa y se comparte el nivel de comprensión de su condición de explotación, al mismo tiempo en que se contribuye colectivamente a la clarificación en base a orientaciones vinculadas a una visión general e internacional de los temas y realidades concretas que se analizan.

En México, la discusión actual sobre la propiedad estatal o privada del petróleo y de los recursos naturales en general, acompañada de la ideologizante algarabía tanto de izquierda como de derecha, ha ensombrecido la visión de los asalariados. De un lado, las fracciones de la  burguesía “nacional” y “extranjera” se revuelcan en una batalla descarada y descarnada por la ganancia del jugoso negocio que representa el monopolio estatal: PEMEX. Y del otro, surgen los llamados de la izquierda del capital y del izquierdismo a envolverse en la bandera para defender la soberanía de la Nación, al ritmo del Himno nacional con su “mexicanos al grito de guerra” para combatir por la defensa de “nuestros” recursos. La RP del pasado mes de noviembre fue convocada para debatir este tema abordado en el artículo publicado en RM136 “¿Los intereses del proletariado y de la nación son los mismos? ¡Los obreros no tienen patria!”

La razón por la que compartimos la discusión de dicha RP es porque además de haber tenido una presencia importante de distintos sectores de la clase obrera, en su mayoría jóvenes, logró despertar un gran interés, pero sobre todo, porque se dieron aportes, desde ángulos diversos, con la clara intención de contribuir a la comprensión del tema en un ambiente de fraternidad y respeto. La mesura y el saber escuchar son cualidades que deben caracterizar a todo revolucionario, y con paciencia buscar contribuir al fortalecimiento de la solidaridad y la unidad con sus iguales, otros trabajadores que buscan una perspectiva clara por donde caminar, y eso es lo que privó en la discusión, esa forma dio pie a que las divergencias o las dudas fueran planteadas con toda amplitud, con la certeza de que encontraría una respuesta de otro compañero que con argumentos profundizaría en la reflexión apenas anunciada o enmarcada por alguien.

Es muy frecuente caer en explicaciones precipitadas empujadas por la impaciencia propia de la vida donde predomina el cada uno para sí, con su hermana espiritual: la búsqueda del éxito y el “ser mejor”. Cuando un obrero se indigna ante la calamidad en que vive lo primero que le salta a la mente es la necesidad “de hacer algo” e indagar en su entorno alternativas para ello. El inconveniente inicia cuando la respuesta se intenta encontrar en el ámbito exclusivo del problema particular, aislado, tratando de hallarle una solución particular y expresamente para dicho problema. Y empeora cuando las “soluciones” se toman de un catálogo muy publicitado por la burguesía en donde el izquierdismo, la pequeña burguesía y demás lastres con los que tiene que lidiar el proletariado han hecho contribuciones formidables. Esta fue justamente una de las preocupaciones que recorrió el conjunto de las participaciones, en efecto, las minorías conscientes, los revolucionarios, estamos llamados a aportar todo el conocimiento y la experiencia organizativa acumulada históricamente por la clase trabajadora para garantizar una continuidad en el curso de las luchas y la construcción de la alternativa revolucionaria proletaria, pero también por eso es que siempre ponemos por delante la premisa que nuestro análisis de la realidad debe basarse en una visión de la totalidad y con una perspectiva internacionalista. En las luchas del proletariado internacional del siglo xix que iniciaron con la formación de la Liga de los Comunistas a mediados del siglo, que alcanzaron una mayor solidez mundial con la integración de la Asociación Internacional de Trabajadores en 1864 y que  culminaron en la Comuna en 1871; pero también y sobre todo durante la larga noche que representó la contrarrevolución luego de la derrota de la Revolución Rusa, las minorías comunistas han hecho valer los intereses comunes del proletariado en todas las luchas locales.

La forma particular que adoptan las políticas de ajuste para moldear las economías nacionales a un modelo estructural de un capitalismo en recurrente y, en los últimos 40 años, en permanente crisis, solo es un intento por responder a su atolladero y representa un simple aspecto anecdótico en la configuración de un sistema donde indistintamente el proletariado sufre de la explotación y la miseria, y se le enrola en confrontaciones como carne de cañón defiendo intereses de cada nación. Fue muy relevante la intervención de un estudiante del Instituto Politécnico Nacional que dio una explicación del papel histórico del Estado-nación, la burguesía ha utilizado siempre sus reformas, al tiempo que intenta revertir los efectos de la crisis, como veneno para embarcar a la clase obrera en aventuras patrioteras como la que hoy encabezan los Cárdenas, los López Obradores y demás representantes de la izquierda del capital. La salida planteada por Keynes que llevó a la burguesía a pertrecharse en un capitalismo de Estado “nacionalizando” los medios de producción como norma general y luego la de los llamados neoliberales con una tendencia inversa de privatizaciones, responden justo a esa lógica.

La debilidad de las economías más atrasadas obliga a sus burguesías a extraer el máximo de plusvalía. Ya encumbrados en el poder, los partidarios de la “liberación nacional” reúnen sus fuerzas para “impulsar la producción”, refuerzan esa tendencia al capitalismo de Estado con las nacionalizaciones como su principal arma de combate para por un lado apuntalar sus ruinosas economías y por otro cubrirse con una aureola populista y “socialista” que persuada a los obreros para que se aprieten el cinturón por el bien de la patria y la economía nacional. La “construcción del socialismo” la convierten así en el enemigo de la clase obrera, pues enmascara las más feroces y primitivas formas de explotación de las que el Estado ruso de los años 30 fue su pionero. La idolatría que el izquierdismo ha rendido a los Castro, Mao, Chávez está impregnada de una ideología encaminada a la mistificación de la realidad, llevando a la clase obrera a los peores sacrificios que cercenan su potencialidad revolucionaria, aletargan la maduración de la conciencia o la destruyen físicamente. La naturaleza política de los regímenes de la “liberación nacional” constituye un dique a la organización autónoma de la clase obrera, en ellos se prohíbe el derecho a huelga, se reprime la insurgencia obrera que se opone a la subsidiaridad hacia las masas menesterosas y sus cárceles están a rebozar de sus opositores, solo que estos son proletarios ([1]).

También resultó enriquecedora la participación de otro compañero sobre la implicación subjetiva del nacionalismo, la forma en que subsume la vida cotidiana de los proletarios a la ideología burguesa mediante una simbología  revestida de una especie de sacralidad con la que las instituciones del Estado los trata  para  manipular las conciencias. “Lo nuestro”, son “nuestras costumbres”, es “nuestra corrupción surrealista”, “nuestros sinvergüenzas caricaturescos pero muy nuestros”, son expresiones promovidas a diario y en todos los espacios de la vida del proletariado. Aportó un elemento interesante de reflexión entre los asistentes al poner al descubierto el carácter perverso del nacionalismo, su perfil místico, fantasioso, sobre la pertenencia psicológica y la idolatría de esas imágenes (la bandera, el himno, la selección mexicana de fútbol, el pozole, el tequila, el mariachi, etc.). Y de ahí se cuelga la carroña patriotera del izquierdismo, es “nuestro petróleo”, y nos traen a la memoria las filas de gentes harapientas llevando su precario patrimonio –animales de todo tipo–, niños con sus alcancías o “con su domingo” a las oficinas recaudadoras para tributar a favor de la nacionalización en 1938. Muy conmovedor. Un robo cínico, ¡el sacrificio de la clase a favor de la acumulación de capital!

Se abordó con mucho interés la cuestión relacionada con que si un Estado poseedor exhibe la relación de explotación de la clase trabajadora mostrando también la naturaleza burguesa del Estado, y por tanto, que toda lucha de la clase la hace aparecer entonces como una confrontación directa con el Estado, y que en consecuencia ello haya sido un factor para que la burguesía se deshiciera de activos que implicaban un potencial punto de insurgencia proletaria. Se dieron intervenciones para destacar que aunque no sea determinante en el cambio estructural, que tiene fundamentos más económicos, entre un Estado propietario y la privatización, sí influye para poner entre sus prioridades aquellas ramas económicas en donde existe una mayor combatividad de la clase.

Se puso de relieve los riesgos que traerá la reforma energética para la clase con la carretada de argumentos nacionalistas para defender la “principal industria mexicana” y los recursos fiscales que aporta al presupuesto del gobierno para el gasto social. Lo llamados a “luchar contra el invasor” que intenta quedarse con “nuestra riqueza”. Sin embargo, existió la tentación de entrar en el debate de si es “mejor” para el proletariado la propiedad de PEMEX en manos del Estado o en las de capitalistas privados, incluso hubo quien planteara meterse en la revisión de cifras para rebatirle las cuentas del gobierno, dejando ver cuestiones importantes a clarificar: uno, la idea de que se pueden cambiar las cosas a partir de reformas “más apropiadas” a las planteadas por el capital, perdiendo de vista que cualquier reforma por más “radical” que se nos quiera vender será siempre en los marcos de la preservación de las relaciones sociales de producción capitalistas, y dos, la relativa ansiedad e impaciencia por “hacer algo” ante una serie de embates contra la clase obrera que se vislumbran con esta, y con las reformas fiscal, laboral y educativa. Sobre ello, se dieron algunas contribuciones subrayando la importancia y la relevancia que tienen ya por sí mismas las RP, y el trabajo de estudio e investigación para tener una mayor capacidad de comprensión sobre la evolución de la crisis y las salidas que hoy plantea la burguesía.

El balance es positivo, pues en general hay comprensión sobre el internacionalismo que debe mover las acciones del proletariado, y a pesar de las particularidades que adoptan las medidas draconianas de las burguesías nacionales, se tiene claro que los intereses comunes de la clase guían su perspectiva política y capacidad para resistir a las maniobras de las facciones de la izquierda del capital, de los sindicatos y demás bufones. Hubo un reconocimiento que los argumentos esgrimidos por éstos son tan peligrosos como los sostenidos por los privatizadores porque constituyen en conjunto un circo bien montado para embaucar al proletariado aunque también manifiesta la disputa por apropiarse de la renta petrolera.

Raskolnikof, diciembre

[1]) Ver Nación o Clase, CCI, 2003.