El gobierno de izquierda contra los mineros

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La historia reciente de América Latina está llena de criaturas políticas izquierdistas. Desgastadas las figuras militares y tecnócratas, el capital echa mano de toda clase de personajes que han generado una oleada internacional de euforia “revolucionaria” alineando a todas las corrientes de la izquierda del capital al Socialismo del Siglo XXI cuyo eje central es la estructuración de caricaturas de capitalismo de Estado y que ve con ello renovada la ilusión perdida con la caída de su templo mayor al derrumbarse la URSS y los regímenes subordinados a su imperio.

Evo Morales, llegó a la presidencia en enero de 2006 y para abril ya enfrentaba a los mineros de Santa Cruz. Surgido del movimiento cocalero y aliado a otro fundado para la lucha electoral, el MAS, desde sus primeros pasos por las curules legislativas y luego enfilado a la presidencia, abrazó el proyecto del capitalismo de Estado andino, que busca integrar a los pueblos originarios de Bolivia a la economía capitalista, estatizando energéticos e impulsando una eufemística política asistencial que en realidad ofrece migajas a cambio de sumisión, tal como su líder ya fallecido, Hugo Chávez. A partir de ahí, envuelto en la capa del ultranacionalismo, de la defensa de la soberanía y el antiimperialismo, definió su campo de intereses como fracción de la clase burguesa para lanzarse en una campaña para domesticar y subordinar a las otras a su proyecto “modernizador”, acusando de ser aliado de la derecha y la oligarquía a todo el que se opusiera a sus políticas de ajuste y reestructuración del capital. En ese bando fueron ubicados los mineros primero, y toda la clase obrera después, para los que –hay que recordar- es irrelevante la forma que adopte técnicamente la explotación de su fuerza de trabajo, sea bajo la propiedad del Estado o de capitalistas individuales.

Desde el principio, el gobierno indigenista probó su naturaleza burguesa

La reciente movilización obrera en las minas de Bolivia tiene raíces en la explotación sanguinaria a la que han sido sometidos por el capital; la estatización de los medios de producción, lejos de favorecer al proletariado, como el estalinismo pretende hacer creer al engañarlos con el cuento de una propiedad “de todos”, le ha traído además del enturbiamiento de su horizonte de combate, de su identidad y unidad de clase, la destrucción progresiva de sus condiciones de vida y trabajo con la acción directa de los instrumentos de control que tiene el Estado burgués: los sindicatos.

Evo llega al poder con la premisa que llegaron los miembros del Club de Caracas, intelectuales y líderes mundiales del izquierdismo, canalizaron su popularidad hacia lo electoral, tendiendo alianzas con las organizaciones gremiales como la COB (Central Obrera Boliviana) y generando la fantasía de un proyecto socialista. No tardó un año en mostrar su verdadero rostro: en octubre de 2006, una supuesta confrontación entre la Federación de Cooperativistas Mineros de Bolivia y obreros de la Corporación Minera de Bolivia (estatal), resultó en la muerte de 16 trabajadores del pueblo de Huanuni. Las pugnas al interior de la burguesía por el control de la explotación minera, donde Evo y sus secuaces ocupan un bando, han llevado al sacrificio de trabajadores y ha mostrado la condición del gobernante indígena como sabueso y vigía del sistema capitalista. Los muertos en Huanuni del 2006, fueron enterrados con las negociaciones de las lacras sindicales, cooperativistas y gubernamentales. Simularon la existencia de un conflicto entre cooperativistas y mineros por la disputa de yacimientos como si los obreros se movieran en torno a la selección de quien los explota. En aquellos días, mientras unos 700 efectivos de la Policía Nacional mantenían el control del pueblo minero de Huanuni y familiares se reunían en salones funerarios, en el Palacio Quemado Evo repartía el botín impunemente. La gresca por la renta minera ha llevado a estos personajes a sacar su instinto de rapiña y envolver a los obreros mineros en una confrontación que solo les ha acarreado muerte; desde entonces, las cúpulas sindicales son parte de los arreglos en las estructuras del poder político boliviano, es así que, como producto de tales negociaciones, líderes sindicales ocuparon posiciones en el Ministerio de Minería o en la paraestatal COMIBOL. Evo emprendió una campaña para concentrar los medios de producción en el Estado y ha guiado todo el poder represivo para aplastar las revueltas que se oponen a su política de centralización de la ganancia para garantizar la sobrevivencia del sistema capitalista, poniéndose así como un abierto enemigo de la clase obrera. Insistía cínicamente en la existencia de "una conspiración interna y externa contra la democracia y su gobierno", al referirse a hechos de Huanuni, cuando se sabe que desde el origen el pacto endeble con el que llegó no logró calmar a los demonios que pululan por el Palacio Quemado.

Durante el 2012, Evo y su revolución “democrático-burguesa” de corte maoísta, aviva nuevos conflictos con su intento de lograr el dominio de los recursos mineros, y al igual que los anteriores episodios, una mina de estaño estuvo en medio de las confrontaciones, esta vez en Colquiri, a 300 Km al sur de La Paz. El resultado: más de veinte heridos y la justificación para que el policial Estado boliviano invada la región con mil 600 policías y militares.

El gobierno burgués de Evo Morales contra la lucha obrera

Recientemente, la prensa burguesa vuelve a la escena para presentar hechos en los que se ven involucrados mineros como un conflicto de trabajadores y cooperativistas por el control de yacimientos, aún cuando en esta ocasión, promovida por la COB, está en juego la reivindicación de una jubilación al cien por ciento. A la movilización de mayo, iniciada por los mineros Huanuni y que fue violentamente reprimida dejando dos muertos y 40 heridos de bala en la localidad de Caihuasi, se han sumado por millares trabajadores fabriles, de caminos, de la Caja petrolera y Caja de la Salud, maestros, incluso comerciantes de La Paz, defendiendo la demanda de los trabajadores mineros en una muestra de unidad y solidaridad proletaria que pone en aprietos al gobierno patriotero de Evo. La lucha se extiende y se masifica involucrando masas obreras de prácticamente todos los departamentos bolivianos. Acorralado y torpe, Evo desnudó la lucha interburguesa que vive la nación al acusar a las empresas –mineras- de movilizar a los trabajadores para desestabilizar su presidencia, reconociendo en los hechos que detrás de las masacres de los últimos 7 años está la pugna por la gestión del proceso de acumulación de capital en territorio boliviano.

A imagen y semejanza de los verdugos estalinistas que han representado para los trabajadores cubanos los afamados CDR (Comité de Defensa de la Revolución), o las Misiones chavistas para los venezolanos, el MAS usa los Comités Cívicos Populares como grupos de choque contra la indignación de los obreros y sus familias. El presidente aimara prometió largarse del poder si su gestión causaba un solo muerto, van más de 60 documentados (cocaleros de Vandiola, mineros de todas las regiones, estudiantes de la normal, los “sin tierra”, universitarios de sucre, por mencionar algunos), y cada vez está más agarrado a la silla pues se ha visto que a quien sirve es a una fracción de la burguesía y mientras les sea útil a ésta, lo mantendrán presentándolo hasta donde les sea posible como el impulsor de la modernización de Bolivia, con todo y su procacidad al acusar a los muertos de Caihuasi de intentar derrocarlo.

Para los trabajadores es importante reconocer a sus verdugos cual sea la forma física en que se manifiesten, y en el caso de Bolivia, aun más porque en medio de las revueltas existe una mezcla de demandas económicas de mineros con la pugna de las burocracias sindicales por ganar fuerza en la estructura de poder para participar de la renta minera, engañando a la clase haciéndole creer que la defensa de sus condiciones de vida y trabajo se da en las oficinas del ministerio. En ese juego, Evo Morales se coloca como el conciliador que “vela por el bienestar general” de la sociedad y reprende al que se sitúa al margen de los marcos de la política “benefactora” del pueblo. La misma cantaleta de los Chávez, los Lula, los Correa, las Fernández, los…El descaro político de Evo lo ha llevado a declarar que el pueblo le pide mano dura contra los mineros justificando así los ataques.

La ley de pensiones que hoy se intenta reformar en Bolivia, es la misma que se aprobó en 2010 con el respaldo de la COB, y que tenía al frente al personaje principal que impulsa hoy la fundación del PT boliviano. Los argumentos esgrimidos por Evo entonces para dejar las jubilaciones en un 60%, son los que por todo el mundo pone por delante la burguesía de todos los credos políticos para justificar la sangría a los trabajadores; calificar como “grupo privilegiado” a un sector de la clase obrera es el preámbulo de un seguro golpeteo, tal como sucedió en México con los electricistas de Luz y Fuerza del Centro. En ese contexto, se revela la verdadera situación de los mineros: entre 2009 y 2012 hubo un promedio anual de 1868 accidentes de trabajo, desde 2008 fallecieron 48 trabajadores en las minas con una edad media de 49 años. La misma historia, ahorro de costos de producción asociado a muerte y precariedad.

Los trabajadores necesitan clarificar sobre sus formas de organización y de lucha genuinas

En medio de la descomposición política del régimen, la COB intenta treparse a la cabeza de las movilizaciones con la única intensión descarada de encuadrar y conducir al movimiento obrero a una derrota segura, y sobre todo, beneficiarse de él para tener una mejor posición de fuerza en el reparto de la renta nacional. No es ninguna casualidad por ello que en pleno periodo preelectoral (en 2014 son las presidenciables) se lance a la formación del Partido del Trabajo, para o bien negociar posiciones con el MAS o aliarse a la oposición para confrontarse abiertamente con Evo y su camarilla.

La clase obrera no tiene patria ni intereses económicos que lo aten al capitalismo, por esa razón sus luchas reivindicando mejores condiciones de vida poseen un carácter inmediato que además de colocarlo en el terreno de la confrontación contra el capital ligando la lucha económica con su perspectiva histórica, tienen el valor de generar un marco para la adquisición de confianza, desarrollar la solidaridad y fortalecer la unidad de clase, y en ese contexto, propiciar colectivamente el florecimiento de la conciencia para identificar su perspectiva histórica. Las revueltas andinas en ese sentido, si bien han quitado el velo sobre la naturaleza de clase del gobernante cocalero, deben constituir una oportunidad para sacar lecciones al conjunto de la clase, y particularmente a la del continente con quien comparte y padece la misma calaña de farsantes, que les permita ubicarse en el camino de la revolución acompañando siempre, con el espíritu internacionalista que le es innato, los combates que libra el proletariado mundial. No es conquistando territorios, o apropiándose de los medios de producción en ésta o aquella mina, cómo logrará avanzar en ese camino. Esas escaramuzas donde por la debilidad política y organizativa que padece se ha visto envuelta, la llevarán a poner más distante la recuperación de su identidad de clase que debería ser hoy su mayor prioridad.

Raskólnikov, Junio 2013

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