El terrorismo sirve al Estado

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Hace ahora una semana que estallaron los dos “dispositivos explosivos improvisados”, como se les denominó burdamente, colocados entre el público en la línea de meta del maratón de Boston de 2013, matando a tres personas e hiriendo a docenas, muchas de ellas con lesiones severas y traumáticas, incluyendo mutilaciones de miembros. Lo que se suponía que era el día de la celebración del evento deportivo más antiguo en el país, se convirtió en el telón de fondo de unos de los peores ataques terroristas en suelo estadounidense desde el 11S1. Los restos de la bomba que los investigadores descubrieron después de la explosión consistían en ollas a presión rellenas de clavos y rodamientos de bolas con el fin de maximizar las bajas por metralla. Inspirado por dispositivos similares utilizados por los insurgentes para causar estragos en las tropas americanas y aliadas, en Afganistán e Irak, parece como si las pasadas aventuras del imperialismo americano por el mundo proyectaran sus efectos destructivos en el presente . Los cirujanos que trataron a los heridos en los hospitales describieron las lesiones como “heridas de guerra”, y las imágenes de las aceras llenas de sangre fueron retransmitidas por las ondas de radio y las conexiones WIFI. América y especialmente la ciudad de Boston, parecían estar en un estado de incredulidad y angustia.

Sin embargo, sólo días después el FBI pudo identificar a dos sospechosos con las imágenes de cámaras de vigilancia ahora omnipresentes que enfocan a peatones y vehículos desde los tejados y señales de tráfico de casi todas las grandes ciudades del mundo. Y, como el FBI, el gobernador Patrick y el Presidente Obama audazmente prometieron a raíz de los ataques, el estado fue capaz de juntar rápidamente las piezas del rompecabezas investigador e identificar a los supuestos culpables. Al final de la noche del viernes, 20 de abril, Tamerlan Tsarneaev de 26 años de edad, residente en un suburbio de Boston y apasionado del boxeo, estaba muerto, abatido en un violento tiroteo con la policía. Su hermano Dzhojar de 19 años de edad sería capturado, gravemente herido, muy debilitado por la pérdida de sangre causada por una lluvia de balas de la policía. En el momento de escribir esto, el Tsarneaev más joven permanece en estado grave en un hospital de Boston, incapaz de comunicarse, nos dicen. Aún así, el estado federal de Estados Unidos proclama con orgullo, en un tono que parece diseñado para tranquilizarnos de algo, que cuando le detuvieron ni siquiera se molestaron en leerle sus derechos, antes de que "un equipo con alta capacidad para los interrogatorios " del gobierno federal empezara a trabajar2.

En el periodo entre los ataques y los dramáticos sucesos del viernes por la noche, el Estado USA y su aparato mediático entró en modo propaganda total, explotando los ataques a toda prisa. El jueves, el Presidente Obama viajó a Boston para hablar en un "servicio interreligioso", afirmando con firmeza su determinación de que los autores se enfrentarían a "todo el peso de la justicia americana."3 Aunque la escala de destrucción en Boston no era ni de lejos tan grave como lo que ocurrió el 11 de septiembre de 2001 (ni tan grave como la que el imperialismo de Estados Unidos continúa realizando en las poblaciones civiles de Afganistán, Pakistán y otros lugares), el estado no iba a dejar pasar la oportunidad de batir los tambores otra vez sobre la necesidad de unidad nacional frente al terrorismo y ejecutar una campaña en los medios, saliendo a escena con todo tipo de “bustos parlantes” desde "expertos en terrorismo" hasta “expertos en criminales”, los géneros más variados de psicólogos etc.; todos ellos designados, dijeron, para ayudar a un público ansioso por comprender lo que había sucedido y tranquilizarlos con que al final se haría justicia al estilo americano.

En el mismo Boston, el centro se sometió a una alerta máxima en todo ese tiempo. A la vez que los medios de comunicación soltaban sus tonterías sobre cómo la ciudad se negaría a ser aterrorizada, el Gobernador Patrick rogó a los residentes que permanecieran en sus casas, revelando la facilidad con que la burguesía dice una cosa y la contraria en la búsqueda de una narrativa patriótica. El viernes, con Dzhojar todavía suelto, el estado puso a la ciudad en situación de "bloqueo total" reduciendo la zona de Boston a un pueblo fantasma. Los medios de comunicación anunciaron que la policía estaba realizando búsquedas casa por casa; la ciudad había sido dividida en "zonas"; helicópteros Blackhawk los sobrevolaron y se desplegó un equipo militar de alta tecnología. El lenguaje de la disciplina militar de ocupación y prisión se aplicó frívolamente a una ciudad muy americana en el que la lucha contra la ocupación militar británica se lanzó dos siglos antes, todo ello en la búsqueda de un chico de 19 años de edad herido y casi con toda seguridad aterrorizado que parecía no tener ningún plan real para eludir a las autoridades más que esconderse bajo la lona de un barco.

Todo esto debería evidenciar que el terrorismo, en cualquiera de sus formas, sólo puede servir a los intereses del estado burgués — tanto si toma la forma de dar al estado la oportunidad de practicar la militarización de la ciudad, permitiendo a los medios de comunicación tocar a rebato los tambores del patriotismo, como si crea la excusa a los políticos para proponer leyes que "refuercen la seguridad". Esto se hizo evidente a raíz de la detención de Dzhojar cuando los vecinos se plantaron espontáneamente en las aceras del barrio para apoyar a la policía como si fuera un desfile de coches patrulla. Por la noche, en el corazón de la ciudad estalló una "celebración" donde trabajadores comunes y corrientes se abrazaban espontáneamente y chocaban las manos de los policías enviados allí para mantener el orden. Uno se siente tentado a comparar el espectáculo de la noche del viernes con los civiles del Este de Europa animando la llegada del ejército soviético en 1945 – aunque ¿no se convirtieron los libertadores de esa noche en matones a la mañana siguiente? Si hay una cosa que el terrorismo cumple generalmente, es llevar a la población al terreno del estado, estimulando la identificación con las fuerzas represivas como la única protección contra la violencia irracional y el terrorismo desatado en su comunidad.

Por supuesto, la sensación de alivio que los bostonianos sintieron una vez que se dejó claro que los presuntos responsables quedaban incapacitados para causar más daño a su ciudad es comprensible; pero es una verdadera tragedia cuando los trabajadores se identifican con el estado, en lugar de con sus propias luchas, como su mejor protección contra la creciente descomposición de la sociedad. Por esta razón, cualquier persona que se preocupe de lograr un mundo mejor, - un mundo más allá de la explotación y la violencia del capitalismo - debe rechazar categóricamente el terrorismo como táctica para conseguir ese objetivo. El terrorismo no logra otra cosa que conducir la clase obrera — la única fuerza social capaz de ofrecer a la humanidad un futuro real — a las manos del mismo estado que la reprime.

No obstante, los sucesos de Boston no tienen la misma escala que los ataques del 11S, así que parece que el fervor creciente que celebran los media irá descendiendo. Pero, el estado logró detener uno de los presuntos responsables, y sin duda podemos esperar bastante del circo mediático que rodeará su juicio (si sobrevive a las heridas inflingidas por la policía). ¿Dónde será procesado? ¿Será tratado como un "combatiente enemigo" o se le dará un juicio civil? ¿Pedirá el gobierno federal la pena de muerte, a pesar de que no hay pena de muerte bajo la ley estatal de Massachusetts? ¿Cuánto estaba el joven Dzhojar bajo la influencia de su hermano mayor? ¿Hasta qué punto era realmente un duro terrorista? ¿Pedirá perdón o se burlará de las víctimas? Todo esto mantendrá zumbando a los medios durante bastante tiempo.

Pero bajo estas cuestiones superficiales subyace una fundamental: ¿qué ha llevado a dos chicos que han vivido la mayor parte de sus vidas en USA, hacia tal violencia contra sus vecinos? Hay, por supuesto una tentación por parte de los elementos más burdos de los medios, de culpar totalmente al origen checheno y a la herencia musulmana de los hermanos. “Simplemente, de los musulmanes no te puedes fiar,” dirán; “Debemos ser mucho más cuidadosos con quién entra en el país.” Expertos en terrorismo internacional dirían incluso que Putin tiene razón al trazar una línea roja ante gente tan despiadada y sin escrúpulos.

Otros culparán a Internet al ser un espacio “incontrolable” que permite a las organizaciones terroristas extranjeras “radicalizar” a la juventud vulnerable cruzando fronteras nacionales y continentales. Sin duda, los media que juegan a psicólogos improvisados, violando casi cada regla de su profesión, indagarán en la psique de estos dos jóvenes a quienes nunca conocieron y nos dirán todo sobre su incapacidad para integrarse completamente en la sociedad americana, aislándose y buscando un propósito que les trascienda, que encontrarán en el Islam radical o en el nacionalismo Checheno o en cualquier ideología arcaica. Tal vez los elementos más clarividentes de la burguesía de Estados Unidos lleguen a reconocer que, como la mayoría de los países de Europa occidental, ahora tienen sus propios problemas con el terrorismo islámico "cultivado en casa" que no puede resolverse únicamente con la represión y que exige realizar una investigación sociológica y psicológica seria.

Pero cualquiera de estas “respuestas” que se plantearán las comisiones burguesas y las investigaciones académicas, es muy improbable que sea la respuesta real en cuanto a lo que alimenta esa violencia y destrucción: la descomposición de la sociedad capitalista, que cada vez más empuja a algunos jóvenes a un estado de desesperación y alienación tan doloroso que arremeter contra la sociedad en un último estallido de violencia parece la única solución a sus profundas crisis existenciales

Los expertos burgueses probablemente no ven ninguna conexión entre las acciones violentas, pero calculadas, de los Tsarnaevs y los estallidos menos políticos, más desesperados, pero nihilistas de Adam Lanza, James Holmes o Jared Lee Loughner4. El terrorismo islámico es fundamentalmente diferente de este tipo de asesinatos masivos, nos dicen. Uno está alimentado por una ideología política extranjera que explota a los jóvenes vulnerables, el otro por "enfermedad mental"5 o la fácil disponibilidad de armas. Pero, ¿hay alguna diferencia realmente tangible entre el caso de los Tsarnaev y los estallidos de violencia perpetrados por estos jóvenes, blancos, hombres "Americanos"? ¿No es el caso de que la única diferencia es que losTsarneaevs,- quizá como resultado fortuito de su origen Checheno o su bagaje musulmán, — cayeron bajo la influencia de una ideología enferma (producto mismo de la descomposición social) y así fueron capaces, en sus propias mentes, de racionalizar su furia homicida como políticamente necesaria? Pero esto no explica por qué dos hombres jóvenes, en la primera etapa de sus vidas, supuestamente viviendo el sueño americano, acaban en ese estado de ánimo para iniciarse en estas ideologías tan atractivas para ellos. ¿Cómo pueden esas ideologías llegar a convencer a unos chicos que viven en el corazón de una supuesta "democracia" capitalista?

¿Cuáles son las heridas sociales, económicas y psicológicas subyacentes que impulsan a esos jóvenes a identificarse con una ideología suicida que surge de la lucha política a miles de kilómetros de distancia de ellos y que no tiene ningún efecto directo sobre sus vidas diarias y que sólo pueden experimentar como una fantasía abstracta?6 . ¿Podría ser que el extremismo político del tipo que parece haber asumido por lo menos el Tsarnaev mayor, es sólo la última parada antes de que la desesperación le llevara a la clase de locura nihilista que devoró a Lanza, Holmes y Loughner? ¿Tal vez el camino de Tsarnaev al extremismo político no fue tan diferente del que siguieron estos tres jóvenes blancos "Americanos" hacia la locura violenta?7. Si éste es el caso, hay que mirar más allá de las explicaciones simplistas que entienden estos ataques como consecuencia de la etnia y la religión de los hermanos y buscar en cambio en la descomposición social de la sociedad capitalista en los propios Estados Unidos y su característico "no hay futuro" que crece tanto en las generaciones más jóvenes (en particular en hombres jóvenes) de hoy.

¿Cuáles son, entonces, algunos de los rasgos de la situación objetiva social y económica que afrontan hoy las generaciones más jóvenes que subyacen a los repetidos estallidos de violencia que hemos presenciado? En primer lugar, hay que reconocer que los efectos de la crisis del capitalismo que se aceleró de manera tremenda en 2008 hasta ahora han caído mucho más sobre las nuevas generaciones. Para empezar, el desempleo es hoy mucho mayor entre los trabajadores más jóvenes que entre los mayores8. Muchos jóvenes son simplemente incapaces de encontrar un trabajo con el que ganar lo suficiente para vivir una "vida adulta" y así completar la transición psicológica de la adolescencia a la edad adulta de una manera más o menos saludable. El porcentaje de universitarios jóvenes que continúan viviendo con sus padres ha aumentado enormemente como resultado de la crisis9. Por otra parte, como el mercado laboral continúa estancado, muchos jóvenes encuentran que sólo pueden sobrevivir a la crisis prolongando su educación post-secundaria y así se encadenan en la trampa de la deuda educativa. Muchos jóvenes están abandonando el primer ciclo universitario (con o sin grado) con enormes cargas de deuda, alimentando un sentimiento de incapacidad para salir adelante o incluso para establecerse como personas independientes y autónomas en este mundo.

No hay gran distancia desde la comprensión de estos fenómenos objetivos hasta entender el peaje psicológico que soportan los jóvenes, muchos de los cuales se hunden cada vez más en una profunda crisis de identidad. La carga puede ser particularmente difícil en hombres jóvenes, que todavía tienden a ser socializados en el modelo de la burguesía como el "que mantiene la familia". La frustración por la imposibilidad de encontrar un trabajo significativo y suficientemente remunerado, el sentido de inutilidad que proviene de períodos prolongados de desempleo, la vergüenza de tener que volver a vivir con los padres, la inversión de roles de género estándar que a menudo ocurre cuando una pareja femenina trabaja, pero el hombre está en paro; es una experiencia "castradora" que lleva a una profunda crisis de identidad, que puede empujar a algunos chicos a arremeter contra las mujeres de su entorno y contra la sociedad en general que parece enviarles mensajes contradictorios sobre la identidad masculina

El mayor de los hermanos Tsarneaev ha sido acusado de violencia doméstica en el pasado, un hecho que pudo hacer que las autoridades de inmigración negaran su solicitud de ciudadanía estadounidense. También se ha informado de que su pareja trabajó, mientras él se quedaba en casa cuidando a sus hijos. Sería extrapolar demasiado en este punto decir que sabemos el papel exacto que estos factores jugaron en su "radicalización", pero parece razonable considerar si la tensa relación de Tamerlan con su compañera fue uno de los factores que le acercó al islamismo radical, una filosofía en la que los roles de género no son tan ambiguos y donde se supone que las mujeres conocen su sitio. ¿Puede ser la atracción a este tipo de ideologías, en parte, tener un sentido de empoderamiento masculino en los chicos que luchan contra su incapacidad para cumplir con las nociones tradicionales de la masculinidad?

Pero, incluso si éste es el caso, debe quedar claro que esto no representa tanto la penetración de arcaicas formas extranjeras en el pensamiento de la sociedad estadounidense, sino que expresa la ruptura de la familia tradicional burguesa y los roles sociales y la crisis resultante en la socialización masculina que es una función de la descomposición capitalista. Mientras que como comunistas no lamentamos la decadencia de valores de género burgués tradicional, aún podemos reconocer la parte que esto podría jugar en mantener la crisis social que tenemos ante nosotros y cómo podría contribuir a los repetidos estallidos de violencia irracional que continúan dominando las noticias.

Sin duda, algunos críticos no encontrarán convincente nuestro intento de comprender las raíces de estos estallidos de violencia. El menos indulgente de ellos nos dirán que sólo puede condenarse este tipo de ataques, no "entenderse". No hay que pasar mucho tiempo respondiendo a esta línea de argumentación, ya que no es muy seria. Sin embargo, otro argumento más sofisticado podría decir que no todos los desempleados o jóvenes hipotecados recurren a este tipo de violencia, por lo que no podemos usar tales condiciones sociales objetivas para explicar estos ataques. Si bien es cierto que la gran mayoría de los jóvenes ni siquiera consideran dedicarse a este tipo de violencia, esta clase de crítica no capta el punto central. Algunas personas empujadas al límite inevitablemente llegan a él e irrumpen en sociedad de una manera violenta; y como han demostrado los acontecimientos recientes, tardan muy poco en causar mortandad y angustia a gran escala.

Sin embargo, los críticos pueden encontrar un punto en el que hay alternativas a una respuesta tan violenta a la alienación y al estrés económico. La violencia sin sentido no es la única opción. En los últimos años, hemos visto varios ejemplos de jóvenes que se reúnen en solidaridad para discutir una alternativa a esta sociedad. A pesar de sus problemas, movimientos como Occupy y los Indignados en España son una fuerte evidencia de que hay otra forma de expresar la frustración y la ira en esta sociedad que es mucho más poderosa que cualquier violencia individualizada. Es la solidaridad colectiva, forjada en la lucha que nos muestra el camino a seguir y nos enseña cómo es posible un mundo más allá del dolor y del sufrimiento del propio ego herido. Pero estos movimientos son todavía muy esporádicos y carecen aún de la capacidad para mantenerse10. Son producto de fuerzas profundamente sociales e históricas que van más allá del poder de individuos aislados o grupos reducidos, que no se pueden crear ex nihilo (de la nada). Así pues, la cuestión candente es: ¿cómo podemos canalizar nuestras frustraciones mientras tanto?

En cuanto a la política interna de U.S.A. es probable que, sea cual sea el valor de su propaganda inicial, estos atentados no irán a favor de la administración de Obama. Con informes que hablan de que el FBI entrevistó al hermano mayor Tsarnaev hace dos años en la sede de la inteligencia rusa y concluyó que no era una amenaza, parece inevitable que esto alimentará las investigaciones dirigidas por los republicanos en Capitol Hill y las acusaciones de que la administración Obama simplemente no puede mantener la seguridad contra el terror. Con los senadores McCain y Graham pidiendo a Obama que declare al Tsarnaev más joven como "combatiente enemigo " y renunciando a cualquiera de las sutilezas legales supuestamente otorgadas por la Constitución11, esto promete ser otra ronda de fuertes controversias. La única pregunta que se plantea es si los republicanos sobreactuarán o no en su juego.

Por otra parte, aunque los atentados de Boston distraigan por el momento la atención de los media de la derrota de la ley de control de armas, respaldada por el Presidente Obama, esta derrota sólo parece envalentonar a los opositores del Presidente. Ya, a pesar de la aparente voluntad de muchos republicanos de ceder ante una reforma migratoria integral, se habla de fortalecer la resistencia de la derecha a cualquier proyecto de ley que diera nada remotamente parecido a una "amnistía" para los inmigrantes ilegales. Claramente, el rencor y el furor que ha caracterizado la vida interna de la burguesía de Estados Unidos en los últimos años no han disminuido tanto como los medios de comunicación nos habrían hecho creer en los últimos tres meses. En consonancia con la naturaleza de la época, parece probable que estos atentados sólo serán más combustible para las inagotables luchas internas entre las diversas facciones que conforman el estado burgués. Sí que cambió la suerte para la burguesía de Estados Unidos desde 2001, cuando fue capaz de utilizar los ataques del 11S para forjar un consenso nacional para la guerra.

Al final, incluso si tenemos la capacidad -a través del método marxista - de comenzar a entender los factores sociales y económicos subyacentes que pueden llevar a algunos jóvenes alienados hacia actos de terrorismo, u otros actos de violencia desesperada, tenemos que tener claro que eso nunca puede ser una táctica para la emancipación del proletariado. Terrorismo y violencia irracional sólo terminarán sirviendo a los intereses del estado y así a todo el sistema capitalista, ya que se explotan para atizar propaganda y campañas de miedo que entregan a gran parte de la clase obrera, aunque sólo temporalmente, a los brazos del estado. Aún así, en el contexto de descomposición capitalista, en que el sistema es cada vez más incapaz de ofrecer a los jóvenes una perspectiva real de futuro, no importa de qué país vengan ni de qué etnia o religión sean, ni qué credo o ideología tengan, probablemente se producirán más estallidos de violencia irracional en el futuro.

La única esperanza que la humanidad tiene para evitar los dos pilares de la insensata violencia y la represión estatal se encuentra en la lucha independiente y autónoma de la clase obrera para defender su nivel de vida contra los ataques del capital. Sólo esta lucha puede hacer visible la perspectiva comunista y ofrecer a las generaciones más jóvenes la esperanza de una alternativa a la vida de frustración, desesperación e incertidumbre que caracteriza el capitalismo en descomposición.

Henk

 

1 Para un análisis del 11 Septiembre ver En Nueva York como en todas partes el capitalismo siembra la muerte http://es.internationalism.org/rint/2001/107_edito.htm

2 Lo que esto significa es confuso, pero uno se pregunta ¿qué tácticas se emplearán y qué admitirá haber usado la administración Obama?

3 Algo extraño, pues, a pesar de reiteradas advertencias de que los terroristas peligrosos andaban sueltos por la ciudad, el estado parecía estar poco preocupado porque el Presidente Obama viajara a Boston e hiciera un discurso público, algo que alimentaría la teoría de la conspiración. De hecho, en una conferencia de prensa del lunes por la noche donde un "periodista" preguntó al Gobernador Patrick, ante una audiencia nacional, si esto era todavía otro ataque tipo autoprovocado. Este éxito que ha tenido el estado al utilizar este atentado para sus propios intereses, parece incapaz de alcanzar el nivel de integración nacional al que llegó inmediatamente después del 11S

4 Se refiere a esos individuos –típicos en Estados Unidos- que agarran una escopeta y se ponen a matar gente indiscriminadamente en escuelas o supermercados. Ver La masacre de Sandy Hook muestra como el capitalismo se precipita en la barbarie, http://es.internationalism.org/ccionline/201301/3609/la-masacre-de-sandy-hook-muestra-como-el-capitalismo-se-precipita-en-la-barbar

5 Si bien no negamos la posibilidad de que algún tipo de "enfermedad mental" sufrido por los diferentes autores de los recientes atentados pudo haber desempeñado un papel en la motivación de los ataques, como marxistas pensamos que no hay que pararse aquí. ¿Es necesario investigar más profundamente y preguntarse cuál es la causa de tales enfermedades mentales? ¿Es siempre una "daño cerebral orgánico" o es posible que la alienación social, económica y política también pueda desempeñar un papel en que algunas personas pierdan su contacto con la realidad y se refugien en un mundo de fantasía en el que cumplen sus deseos más violentos?

6 Una versión de este tipo de "explicación" fue ofrecida inmediatamente por el tío de Tsarneaevs, un abogado aparentemente exitoso de Washington, DC – que proclamó frente a las cámaras de los medios de comunicación que sus sobrinos eran "perdedores" que no podían integrarse a la sociedad norteamericana y que probablemente cometieron estos actos por celos contra quienes pudieron "ser ellos mismos". Por supuesto, lo que el tío grandilocuente falló al explicar fue por qué exactamente los hermanos no habían podido "ser ellos mismos"

7 Por supuesto, en la memoria reciente no es infrecuente que muchos jóvenes descendientes de irlandeses en el área de Boston (muchos de los cuales nunca han estado allí ni conocen a nadie de Irlanda) desarrollen un interés en el IRA y la “lucha de liberación de Irlanda”. La ironía que encierra esta comparación no parece ser tenida en cuenta por los medio de comunicación burgueses

8 Según la oficina de estadísticas laborales (BLS), la tasa oficial de desempleo para los trabajadores de 20 a 24 años era 13.3 por ciento en marzo de 2013. La tasa entre los trabajadores de 16-19 años era aún mayor, el 24.2 por ciento. Esto se compara con una tasa del 6,2 por ciento para los 25 o más. Ver http://www.bls.gov/web/empsit/cpseea10.htm

9 "(Según un informe de 2011 del BLS), el porcentaje de hombres con edades entre 25 y 34 años viviendo en el hogar de su padres sube del 14 por ciento en 2005 al 19 por ciento en 2011 y en las mujeres del 8 por ciento al 10 por ciento durante ese período ". Ver: http://www.parjustlisted.com/archives/106758 See, http://www.bostonglobe.com/metro/2013/04/19/relatives-marathon-bombing-suspects-worried-that-older-brother-was-corrupting-sweet-younger-sibling/UCYHkiP9nfsjAtMjJPWJJL/story.html

10 Para un balance crítico de los movimientos de Indignados y Occupy ver nuestra hoja internacional 2011: De la indignación a la esperanza, http://es.internationalism.org/node/3349

11La petición de McCain y Graham fue ruidosamente ridiculizada por el profesor de derecho de la Universidad de Harvard Alan Dershowitz que se burló de la idea de que un ciudadano de Estados Unidos pudiera ser declarado legalmente un” combatiente enemigo” por un delito ocurrido en suelo estadounidense, ya que expresaba un grave desconocimiento de la ley. Sin embargo, esto no ha impedido que el estado invocara públicamente la supuesta "excepción de seguridad pública" al caso de Dzhojar. Uno se pregunta si las autoridades reconocen cómo descaradamente fascista la idea de una excepción de seguridad pública que se burla de un derecho constitucional fundamental. Cuando se le preguntó sobre por qué el Gobierno simplemente no leyó a Dzhojar sus derechos, un reportero legal de National Public Radio, en una expresión cada vez más común de Kafkismo Orwelliano, frívolamente comentó, "Están interesadas en que realmente pueda ejercerlos"