Un proyecto de defensa del capital. Un gran engaño para las masas empobrecidas

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La muerte de Chávez no sólo la lamentan los altos jerarcas del Estado venezolano, sino muchos gobernantes de América Latina y el mundo, que han venido a darle el “último adiós” al líder de la “revolución bolivariana”. Aunque varios de ellos lo hacen debido a compromisos políticos y comerciales (como es el caso de los miembros del ALBA[1] y de los países beneficiarios de los acuerdos petroleros), todos al unísono lamentan la desaparición de un jefe de Estado que en nombre de la “lucha contra la pobreza” y “la justicia social”, logró implantar un proyecto de gobierno que durante mas de 14 años ha servido a buena parte de la burguesía para atacar las condiciones de vida y la conciencia del proletariado. El mismo reconocimiento a la figura de Chávez, lo hacen los altos representantes del capital nacional, tanto opositores como oficialistas; éstos no han desaprovechado la oportunidad para hacer propaganda a la “solidaridad de los gobiernos del mundo con el pueblo venezolano” y se les infla el pecho al exaltar la trascendencia mundial de su gran guía.

El proletariado cuenta con su experiencia histórica para rechazar y desenmascarar este derroche de sentimentalismo e hipocresía de la burguesía y la pequeña burguesía. Chávez es un mito creado por el capitalismo, alimentado y fortalecido por la burguesía nacional y mundial, a la que ha venido en su auxilio con la patraña burguesa del “socialismo del siglo XXI”. La burguesía mundial, principalmente sus tendencias de izquierda, necesita mantener vivo ese mito. El proletariado requiere desarrollar sus armas de combate contra la ideología del chavismo para mostrar a las capas sociales mas depauperadas el auténtico camino del socialismo.

Emergencia del chavismo:
un proyecto burgués, nacionalista de izquierda

La emergencia de Chávez a la arena pública ocurre cuando lideró el intento de golpe de Estado de un grupo de militares contra el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez en 1992. Desde entonces creció su popularidad de manera vertiginosa hasta llegar a la presidencia de la república a inicios de 1999. Durante ese período logró capitalizar el descontento y la desconfianza de amplios sectores de la población hacia los partidos socialdemócratas y socialcristianos que se alternaban en el poder desde la caída de la dictadura militar en 1958, principalmente de las masas más empobrecidas de Venezuela afectadas por la crisis económica de los años 80, protagonistas de las revueltas de 1989. Dichos partidos habían entrado en un proceso de descomposición caracterizado por los altos niveles de corrupción y abandono de las tareas de gobierno, expresión de la descomposición que abarcaba al conjunto de la sociedad, principalmente a las clases dominantes, a tal punto que les resultó imposible cohesionar sus fuerzas para garantizar la gobernabilidad y la “paz social”.

Chávez, debido a su carisma y a su ascendencia entre las masas mas depauperadas que vieron en él la posibilidad de que el Estado pudiera beneficiarlas, recibió el apoyo de varios sectores del capital nacional, las Fuerzas Armadas y principalmente de los partidos de izquierda e izquierdistas de los años 60 y 70, quienes reavivaron su programa político de esa época basado en las luchas de “liberación nacional”: contra el “imperialismo yanqui”, por la creación de una auténtica burguesía nacionalista, apoyados ideológicamente en el pensamiento bolivariano de creación de la “gran patria suramericana” y sustentando estos objetivos en los importantes ingresos por exportaciones petroleras. Desde entonces varios de los dirigentes y teóricos de la izquierda y el izquierdismo venezolano (dentro de ellos exguerrilleros y miembros del Partido Comunista de Venezuela), se dieron a la tarea de visitar varios países “socialistas” o “progresistas” para “tomar luces” sobre el modelo a implantar en Venezuela una vez Chávez llegara al poder: China, Corea del Norte, Libia, Irak, Irán, Cuba, etc... Sin duda alguna, desde sus inicios el proyecto chavista fue concebido como un proyecto burgués de izquierda, nacionalista, basado en la unión cívico-militar, tomando como referencia a los regímenes mas despóticos de Asia, África y Oriente Medio, muchos de ellos aliados del exbloque imperialista Ruso.

A lo largo de sus 14 años de gobierno Chávez fue perfilando su proyecto de gobierno que después identificó como “socialismo del siglo XXI”, basado en la exclusión y confrontación con los sectores del capital nacional que sustentaron el poder hasta 1998 y sectores del capital privado que se le opusieron; con una agresiva geopolítica regional y mundial basada en un antiamericanismo radical. Su gran secreto, que le celebra buena parte de la burguesía mundial, es que pudo renovar las esperanzas en la inmensa masa de pobres abandonados de Venezuela, sacándolos de la “invisibilidad”, haciéndoles creer que algún día podrían salir de su situación de miseria; cuando en realidad lo que ha hecho es empobrecer al conjunto de la población, principalmente a los trabajadores, aplicando la fórmula maestra de la izquierda de “nivelar por abajo”. De esta forma el chavismo consiguió contener el malestar social de esa masa de pobres que el capitalismo decadente ha acumulado a lo largo del siglo XX, que ha ido en aumento debido a la imposibilidad de ser incorporados al trabajo productivo; pero también ha logrado un objetivo que le envidian las otras burguesías: cuenta con el apoyo de una masa electoral que le ha permitido perpetuar en el poder por vías democráticas a las nuevas elites civiles y militares de la clase dominante. No es por casualidad que las fuerzas chavistas durante sus 14 años en el poder, han ganado 13 de las 15 elecciones nacionales que han promovido.

Chávez: un claro producto de la descomposición de la sociedad capitalista

La emergencia del chavismo no podemos verla sólo como el resultado del fracaso de los gobiernos que le precedieron, ni mucho menos como un resultado del carisma de Chávez, tal como lo hace la burguesía que ve a las personalidades como los motores de la historia; sino como expresión de la descomposición del sistema capitalista en su conjunto El derrumbe del bloque ruso a finales de los años 80 marca la entrada del capitalismo en esta nueva fase avanzada de su decadencia, la de su descomposición[2]. Este acontecimiento que trastocó el sistema de bloques imperialistas existentes hasta entonces tuvo dos consecuencias principales: el debilitamiento progresivo del imperialismo norteamericano a nivel mundial y un ataque a la conciencia de clase del proletariado, debido a que la burguesía mundial desarrolló una campaña para identificar el derrumbe del bloque estalinista con la “muerte del comunismo”. Los sectores de izquierda del capital, para poder sobrevivir en su tarea de encuadramiento de la clase obrera y de las masas empobrecidas, requerían generar “nuevas” ideologías con este fin; de allí la emergencia en los años 90 de “la tercera vía” en Europa y de movimientos de izquierda e izquierdistas en los países de la periferia. En ese caldo de cultivo, producto de la descomposición del sistema capitalista emerge Chávez y consolida su proyecto, junto a otros líderes y movimientos sociales de izquierda en diferentes países de América Latina: Lula con el apoyo del PT, el MST y los Foros Sociales en Brasil; Evo Morales en Bolivia con el movimiento indigenista; el zapatismo en México apoyando el movimiento indígena y campesino, etc.

La trascendencia de Chávez obedece a que desde sus inicios se proyectó como un movimiento de integración latinoamericana (sustentado en el pensamiento Bolivariano), desplegando un antiamericanismo radical. Desde ese punto de vista, fue visto como un segundo Fidel Castro, quien sustituye la ideología de las luchas de “liberación nacional” de los años 60 por la de los “movimientos sociales” de las masas obreras y excluidas sociales de la región. La Venezuela de Chávez de los años 2000 de alguna manera se transforma en la vidriera que fue Cuba para la URSS durante el siglo pasado que intentaba vender las bondades del “socialismo real” en América Latina; con la gran diferencia que la vidriera del chavismo, la franquicia del “socialismo del siglo XXI”, es financiada con los grandes ingresos obtenidos por las exportaciones petroleras.

Sin embargo, el régimen chavista no pudo detener el avance arrollador de la descomposición social en Venezuela; más bien se transformó en un factor de su aceleración a nivel interno y regional. Al desplazar a los antiguos burócratas de las empresas e instituciones del Estado colocó en su lugar a nuevos burócratas civiles y militares que han logrado amasar grandes fortunas y propiedades dentro y fuera del país, que superan con creces los niveles de corrupción de los gobiernos anteriores. El chavismo ha sabido comprar la fidelidad a su proyecto “revolucionario”, repartiendo a discreción los altos ingresos petroleros. Esta vía se ha utilizado de manera magistral para desplazar al anterior Alto Mando militar y comprar la necesaria fidelidad de la Fuerzas Armadas, principalmente después del golpe de Estado de 2002 que sacó a Chávez del gobierno por unas horas; a tal punto, que cuando Chávez muere la Fuerza Armada se ha convertido en una verdadera “guardia pretoriana” del régimen, con un peso significativo en el poder.

La hegemonía de las facciones de la burguesía chavista en el poder, se basa en un reforzamiento del Estado en todos sus órdenes y una confrontación permanente con sectores del capital nacional que se le oponen al régimen, principalmente contra representantes emblemáticos del capital privado, sujetos a expropiaciones y controles; una forma del régimen justificar ante sus seguidores que lucha contra “la burguesía”, cuando en realidad muchos chavistas pasaron a ser “dignos” representantes del capital privado. De esta manera, la confrontación política entre las fracciones del capital nacional ha sido el aspecto dominante durante el régimen chavista; esta lucha donde cada fracción del capital hala para su lado e intenta imponer sus intereses particulares, arrastra al conjunto de la sociedad y repercute en todos los ordenes de la vida social. A nivel económico, la crisis general del sistema ha develado inviable y de un alto costo las pretensiones del chavismo de hacer de Venezuela una “potencia económica regional”; que se observa, entre otros aspectos, a través de un abandono de la infraestructura industrial del país (que afecta a la propia “gallina de los huevos de oro”, la industria petrolera), de la infraestructura vial y el servicio eléctrico (uno de los mejores de AL hace apenas dos décadas), que están prácticamente por el suelo; a nivel de las telecomunicaciones Venezuela sufre de un rezago tecnológico con respecto al resto de los países de la región. El mayor drama se vive a nivel social: la desmejora de los servicios de salud pública y educación (que el chavismo vende como uno de los grandes logros de la “revolución”) es mucho mayor que hace una década; la seguridad pública prácticamente ha sido abandonada (aunque no así la represión policial a las protestas de trabajadores y la población): en los 14 años de gobierno “socialista” han sido asesinadas mas de 150 mil personas, lo que ha colocado a Venezuela (principalmente a Caracas, la capital ) con una de las mayores tasas de criminalidad del mundo por cada 100 mil habitantes, que superan a las México y Colombia[3].

Al momento de la muerte del líder mayor de la “revolución bolivariana”, el país cuna del “socialismo del siglo XXI” se encuentra sumido en una grave crisis económica. En 2012 se superaron todos los records en los índices que evidencian a una economía tan enferma como lo estaba su presidente: alto déficit fiscal (del orden del 18% del PIB, el mayor de la región), resultado del desmesurado gasto público que se ubicó en el 51% del PIB; las importaciones fueron las más altas en 16 años, del orden de los $ 56 mil millones, equivalentes al 59% de las exportaciones; 22% de inflación, la más alta de la región. Los gastos del Estado se han cubierto hasta ahora con el crecimiento de la deuda interna y externa, que ha crecido de manera vertiginosa en los últimos años, llegando a ser en la actualidad del orden del 50% del PIB; también emitiendo dinero inorgánico, lo que ha ocasionado los niveles de inflación mas altos de la región que hace añicos el salario de los trabajadores, las pensiones y las migajas que reparte el Estado. La crisis económica ya no se puede seguir ocultando y trampeando: debido a los controles del Estado en la economía, el 2013 se ha iniciado con una devaluación del Bolívar del 46% para intentar cubrir parte del inmenso gasto público y una escasez de productos (del orden del 20% según el Banco Central de Venezuela), principalmente de alimentos; la inflación se estima será del 30%. Para agravar la situación, China, quien ha hecho préstamos importantes al Estado venezolano en los últimos años, ahora se opone a suministrar más recursos a una economía que parece un barril sin fondo. Por otra parte, las dudas sobre la salud de la economía venezolana hacen más difícil y costosa la colocación de bonos en el mercado, que tienen que pagar una prima del 13,6%.

El proyecto chavista del “socialismo del siglo XXI” es otro gran fracaso de la burguesía; una versión del capitalismo de Estado en el siglo XXI que hunde a los trabajadores y la sociedad en la pobreza mientras enriquece a la clase burguesa, que incluye a las nuevas élites chavistas. Es una muestra que ni la derecha, ni la izquierda, ni los izquierdistas representan una salida a la miseria y barbarie a que nos somete el capitalismo.

El mito de la reducción de la pobreza

Uno de los aspectos más resaltados después de la muerte de Chávez por Jefes de Estado así como altos representantes de organismos como la ONU, OEA, BM, etc. ha siso su orientación hacia la causa de los pobres, que según ellos ha permitido reducir los niveles de pobreza en Venezuela. Tanto ellos, como los representantes de partidos de izquierda, grupos izquierdistas y movimientos sociales, le sirven de caja de resonancia a la manipulación de índices y a la propaganda bien estudiada del chavismo para mostrar al mundo ese gran logro , gracias a una “redistribución de la riqueza” orientando recursos del Estado a planes de alimentación, salud, educación, etc. para los sectores mas necesitados. Según las cifras del INE, organismo encargado de hacer que las estadísticas muestren los “logros de la revolución” de Chávez, los hogares pobres en Venezuela se han reducido del 49% al 27,4% entre 1998 y 2011 (del orden de 4 millones); quienes se unen a los 37 millones de personas que según el BM dejaron de ser pobres en la última década en América Latina. La burguesía mundial necesita exaltar a algún país que bajo el régimen capitalista esté en vías de “superar la pobreza” y próximo a cumplir con los “Objetivos del Milenio” proclamados por la ONU.

La realidad es que el régimen de Chávez lo que ha hecho es masificar la pobreza, manteniendo a los pobres en la pobreza, desmejorando el nivel de vida de los trabajadores formales y de los sectores mas bajos de las capas medias. El chavismo ha llevado a cabo una reingeniería social, trasladando hacia los sectores mas depauperados parte de la masa de plusvalía orientada al pago de salarios y beneficios sociales de los trabajadores. Lo que ha hecho es acentuar la precarización del trabajo que ya existía antes de Chávez llegar al poder: estudios no oficiales del 2011 indican que el 82% de la población ocupada tiene un empleo precario[4] . El régimen se jacta de haber incrementado el empleo (en cerca de 1 millón en el sector público), mientras la propaganda oficial señala que en Europa y EEUU crece el desempleo. Es cierto, el empleo ha crecido en Venezuela al igual que en varios países de la región, pero se trata de un empleo precario: sin contratación fija o a tiempo parcial, violando sus propias leyes laborales y sin contar con los beneficios sociales básicos (salud, ayuda para educación de trabajadores y sus hijos, etc.). El Estado, a través de las llamadas Misiones ha creado servicios paralelos de salud, educación, etc., mientras ha desmejorado las condiciones de vida de los trabajadores de esos sectores y de todo el sector público, a tal punto que se han acumulado deudas impagables con los trabajadores, que suman decenas de miles de millones de dólares. A través de esa reingeniería social ha hecho una verdadera sangría de los trabajadores de los sectores productivos, logrando achatar la curva salarial alrededor del salario mínimo (de $300 si se aplica la tasa de cambio oficial; y de $100, con la del mercado negro).

Ante las reivindicaciones de los trabajadores, el chavismo las rechaza argumentando que no va a desmejorar las condiciones de vida “del pueblo”. Pero esta es precisamente la gran mentira: con los planes sociales del Estado (que en mayor o menor grado aplica cada burguesía nacional para intentar mantener la “paz social”), lo que hace la burguesía es repartir algunas migajas de la renta petrolera a un porcentaje limitado de pobres, mientras la mayoría se alimenta con la esperanza de que algún día será beneficiado por tal o cual plan de asistencia social. Situación que se aprecia por ejemplo con la distribución de alimentos a precios regulados, que sólo se consiguen después de hacer largas filas y en cantidades limitadas; o con las pocas viviendas construidas por el Estado (en sitios de alto tránsito para mostrar los “logros de la revolución”), que son asignadas a unos pocos seguidores del gobierno y sin título de propiedad. Otros reciben beneficios del Estado en dinero, pensiones, becas, etc. pero ese dinero no les permite ni siquiera cubrir las necesidades de alimentación. Por otra parte, la inflación (la mas alta de la región) generada por los incesantes gastos del Estado, hace desaparecer de la noche a la mañana esas ayudas, al igual que vuelve añicos los salarios de los trabajadores. Según cifras oficiales durante los 14 años de gobierno de Chávez se ha acumulado una monstruosa inflación del 1500%, que ha ocasionado una caída del salario real en ese período.

La franquicia chavista del “socialismo del siglo XXI” que vende la izquierda, izquierdistas y dirigentes de “movimientos sociales” de la región, lo que hace es alimentar las ilusiones de las masas más débiles del proletariado, para que sigan creyendo en un modelo capitalista de Estado, que termina siendo igual o mas salvaje que los que aplica la burguesía en otros países.

Fortalecimiento del Estado

Chávez logró oxigenar la mistificación democrática aplicando la fórmula de la “democracia participativa”. De esta manera penetró y ha puesto bajo el control del Estado a las capas más pobres de la población y los movimientos sociales, a través de órganos como los Círculos Bolivarianos y mas recientemente los Consejos Comunales; apoyados en nuevos planes asistencialistas y clientelares llamados Misiones. De esta manera el chavismo consiguió llevar a cabo la fórmula maestra del igualitarismo promovido por la izquierda de “nivelar por abajo”; es decir, ampliar el empobrecimiento al conjunto de la población, principalmente al conjunto de la clase obrera.

Así mismo, el régimen de Chávez ha logrado un mayor reforzamiento del Estado contra la sociedad, lo que se corresponde con la visión defendida por la izquierda de que “socialismo” significa mas Estado. De esta manera, el Estado no sólo se ha reforzado en el plano económico al expropiar empresas y tierras a sectores del capital privado opositores al régimen, sino que ha fortalecido el totalitarismo estatal; omnipresente en todos los planos de la sociedad. Con Chávez se ha militarizado la sociedad y se ha ampliado el carácter policial del Estado para controlar y reprimir a la población, principalmente a los trabajadores.

A nivel interno y externo, el chavismo, al igual que lo hace la burguesía cubana y otras burguesías de la región, utilizan al “imperialismo norteamericano” como chivo expiatorio, principalmente para justificar su propia política imperialista. Históricamente la burguesía venezolana no ha ocultado su intención de ser una gran potencia regional, orientación que ha exacerbado el chavismo dada la perdida de fuerza de los EEUU en el mundo y en su propio patio trasero. Con el ardid de “la amenaza del imperio” el chavismo justifica el incremento en la compra de armamentos, a tal punto que según el Informe sobre las Tendencias de Transferencia de Armas 2012 del Stockholm International Peace Research Institute Venezuela se convirtió en el primer importador de armas convencionales en Suramérica y el decimotercero en el mundo y aumentó en mas un 500% la compra de armamentos entre 2002 y 2006, siendo Rusia uno de sus principales proveedores. De esta manera el gobierno venezolano, que constantemente habla de paz y unión, se une al crecimiento armamentista de las burguesías de la región y contribuye a la desestabilización regional. La compra de armamentos significa mayor endeudamiento y un desvío de la riqueza social en contra de la propia sociedad, ya que en última instancia estas armas se utilizarán, no en contra del “imperio” sino para controlar el malestar social.

El régimen chavista realiza una geopolítica más agresiva que los gobiernos que le precedieron. Con el fin de construir la “gran patria de Bolívar” y utilizando los ingresos petroleros como arma de penetración, ha logrado ser un factor de desestabilización debido a la competencia contra otros aspirantes a “petit” imperialistas de la región, principalmente Brasil y Colombia. Junto con Cuba ha creado el ALBA, que agrupa a los países que han comprado la franquicia del “socialismo del siglo XXI”; “Petrocaribe” para penetrar la región de El Caribe y acuerdos con los países del Mercosur, principalmente con Argentina. Estos países reciben beneficios en las exportaciones petroleras y “ayudas” del Estado venezolano. De esta manera el chavismo compra sus lealtades a nivel regional, invirtiendo buena parte de la renta petrolera y desmejorando las condiciones de vida del proletariado venezolano.

Una banalización del socialismo y un ataque a la identidad de clase

Después de una década de la burguesía mundial decretar la “muerte del comunismo” al derrumbarse el bloque estalinista en 1989, con el fin de intentar debilitar la conciencia y la lucha del proletariado por una nueva sociedad, el chavismo vino a reforzar esa campaña banalizando y desvirtuando el socialismo, intentando quitarle su real esencia proletaria. Los sectores burgueses y pequeños burgueses opositores al régimen también hacen su contribución, tildando al régimen de “comunista” o “castrocomunista”. Este es uno de los mayores aportes de la burguesía chavista y su contraparte al conjunto de la burguesía, ya que representa un ataque directo a la conciencia de clase del proletariado, no sólo en Venezuela, sino a nivel regional y mundial.

Pretender que está en desarrollo una “revolución”; que se implanta el socialismo en un país debido a que un puñado de militares e izquierdistas aventureros toman el control del Estado capitalista y lo refuerzan, donde el sujeto revolucionario es el “pueblo”; que se va a superar la pobreza con planes asistencialistas de ese Estado y que se está en contra del capitalismo y del imperialismo por las diatribas con los EEUU, es pretender repetir en pleno siglo XXI la tragedia de lo que representó el siglo pasado la llamada “revolución cubana” contra el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado cubano, de América Latina y del mundo. En este sentido no son casuales los lazos estrechos del chavismo con el régimen de los hermanos Castro y su pandilla, a quienes se les paga con petróleo su “asesoría” para intentar mantener en el poder por 50 años o más al régimen chavista tal como ellos lo han logrado en Cuba.

La llamada “revolución bolivariana” no tiene nada que ver con el socialismo. Se trata de un movimiento patriota y nacionalista, cuando sabemos que el Manifiesto Comunista, el primer programa político del proletariado, desde 1848 plantea que “los proletarios no tienen patria ni intereses nacionales que defender”. La “revolución” chavista expresa un movimiento a histórico, ya que pretende retrotraernos al indigenismo precolombino y al pensamiento de Bolívar, ya reaccionario para su época pues luchó contra el dominio español sólo para colocar en el poder a la oligarquía criolla. Se trata de un proyecto burgués ya que no parte de un movimiento de luchas del proletariado, sino de sectores de la pequeña burguesía izquierdista, civil y militar, resentida socialmente por haber sido excluida del poder después del derrocamiento de la dictadura en 1958. Se sustenta en las masas depauperadas y en los sectores más débiles del proletariado, que la burguesía venezolana ha acostumbrado por décadas al asistencialismo y al clientelismo político, ya que son mas vulnerables y propensos a ilusionarse con cualquier migaja que les reparte el Estado; con este fin las organiza en Círculos Bolivarianos o Consejos Comunales y las moviliza para precarizar las condiciones de vida de la clase obrera activa (a la que califica de aristocracia obrera) e incluso para confrontarla junto con sus bandas armadas. En este sentido el proyecto chavista se inscribe dentro del conjunto de “movimientos sociales” promovidos por la izquierda y el izquierdismo que buscan que las masas mas depauperadas se acostumbren a vivir en la miseria y la precariedad, y que no unan sus luchas a las del proletariado que produce de manera asociada, que utiliza la huelga como mecanismo de confrontación contra el capital, que puede llegar a tomar conciencia de la fuerza social que representa y que es capaz de luchar por superar la miseria a que lo somete el capitalismo.

El chavismo utiliza toda la fuerza del Estado para confrontar las luchas obreras, las cuales de alguna manera quedan ocultas tras la intensa polarización política inducida por la burguesía. Recurre a los medios más bárbaros que ha utilizado la burguesía en siglo XX para atacar al proletariado: en el año 2003, después de la huelga en el sector petrolero promovida por las facciones burguesas opositoras al chavismo, utilizó a obreros desempleados y adeptos al régimen contra los trabajadores en huelga, desatando un verdadero pogromo contra ellos; no se contentó con despedir a cerca de 20 mil trabajadores, sino que les fue imposible conseguir empleo dentro y fuera de las empresas del Estado, y sus huestes se encargaban de acosarlos permanentemente. Ese ha sido el mayor ataque a la solidaridad de clase del proletariado en Venezuela, que acentuó la división y polarización política dentro de la propia clase obrera. El chavismo ha crecido debilitando la solidaridad y conciencia de clase.

La ideología chavista, tal como lo hace la izquierda y el izquierdismo, intenta banalizar la lucha de clases, planteándola como una lucha de “pobres contra ricos”. En sus frecuentes alocuciones por radio y televisión Chávez repetía constantemente que “ser rico es malo”, con la intención de que los proletarios aceptaran pasivamente una vida precaria, mientras los altos jerarcas y burócratas del Estado, así como sus familias, no pueden ocultar su condición de nuevos ricos. Chávez en todo momento arengaba que estaba luchando contra “la burguesía”, planteando que su gobierno era el gobierno de los pobres, pues él mismo era de extracción pobre. De esta manera pretende tratar de ignorante a la clase obrera, que ha aprendido del marxismo que el sistema capitalista está basado en una relación social de clases antagónica, la burguesía y el proletariado; y que quienes conforman el gobierno del Estado forman parte de la clase burguesa.

La respuesta del proletariado

La muerte de Chávez no significa la muerte del chavismo. Chávez no ha sido el único ni será el último gobernante populista de un país latinoamericano: el siglo XX ha parido a varios gobernantes con perfiles más o menos parecidos, que se consideraban una especie en extinción. La burguesía necesita sus Chávez para mantener controladas e ilusionadas a las masas más depauperadas conformadas en parte por los sectores mas débiles y atomizados del proletariado, que inevitablemente seguirán creciendo mientras perdure el sistema capitalista, que se hunde en la decadencia y descomposición.

Este drama plantea el reto histórico al proletariado de desarrollar sus luchas y transformarse en la referencia para esas masas que cifran sus esperanzas en el Estado y en los mesías que como Chávez crea el capitalismo. El proletariado en Venezuela lucha, pese al acoso ideológico y represivo del Estado, y a la polarización política promovida por las facciones del capital. Trabajadores del sector industrial y del sector público, utilizan el arma de la huelga y la protesta para enfrentarse al Estado; aunque muchos de ellos simpatizan con el chavismo, muestran una desconfianza hacia el Estado-patrón. Los ataques constantes del Estado “socialista” les obliga a resistir; no tienen otro camino[5]. También lo hacen los sectores más depauperados donde el proletariado es más débil, aunque con más limitaciones debido a su atomización y a estar más disociados del aparato productivo.

Ante la ideología izquierdista del chavismo y ante las ideologías que genera y generará la burguesía en la preservación de su sistema, el proletariado en Venezuela y a nivel mundial necesita desarrollar su lucha contra el capital mas allá del plano de sus reivindicaciones, desarrollando su conciencia política y organizándose como clase autónoma; también en el plano ideológico y teórico, apoyada en el materialismo histórico. Esta tarea incumbe en mayor grado a las minorías mas politizadas de la clase que luchamos por el comunismo.

Internacionalismo Venezuela

24/03/13

[1] Alternativa Bolivariana para las Américas de la cual forman parte Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Cuba y otros países.

[2] Ver artículo La descomposición: fase última de la decadencia del capitalismo http://es.internationalism.org/node/2123

[3]Ver artículo  Incremento de la violencia delictiva en Venezuela: Expresión del drama de la descomposición del capitalismo

http://es.internationalism.org/node/3417

[5] Ver artículos “Guayana es un polvorín”: el proletariado busca su identidad de clase a través de la lucha

http://es.internationalism.org/node/2820

Los obreros de Guayana avanzan a través de un camino de obstáculos hacia su identidad de clase

http://es.internationalism.org/Intmo/2010s/2011/59_guayana

 

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