Reforma laboral contra los trabajadores de la educación

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La burguesía es la campeona de las campañas de mentiras repetidas mil veces hasta hacerlas creíbles, de la más abyecta y asquerosa denigración y la manipulación mediática cuando se trata de hacer pasar sus medidas antiobreras. Actualmente el turno les ha tocado de nuevo a los trabajadores del sector de educación básica quienes por meses han sido objeto de los peores infundios responsabilizándolos del desastre educativo; por todos los medios se han producido noticias, programas de “análisis”, y hasta documentales de cine (De Panzaso) para meter en las conciencias del resto de los trabajadores la idea de que los profesores serían unos flojos e impreparados que han estropeado la educación de sus hijos y además privilegiados por las prestaciones que disfrutan. Se repite el mismo guión de las campañas negras ya implementadas contra los trabajadores del IMSS a mediados de los 90 y una década después también para justificar otras reformas a la ley de jubilaciones y pensiones, hace unos seis años precisamente contra los mismos profesores con el mismo objetivo, en fin, contra los electricistas de Luz y Fuerza del Centro para hacer aceptar el despido de más de 44 mil trabajadores a finales de 2009.

Y ya apareció el peine, el gobierno federal recién estrenado por el “voto democrático” ha empezado muy pronto a demostrar de nuevo que votar solo sirve a los trabajadores para elegir al personero del capital que habrá de dirigir la explotación y opresión en el ciclo electoral siguiente; en este caso, codo con codo con el resto de las fracciones de la burguesía en el marco del Pacto por México ha impuesto la llamada “Reforma Educativa” que en realidad es la concretización en el sector educativo de la reforma laboral que fue decretada al final del gobierno de Felipe Calderón apenas en noviembre de 2012 evidenciando efectivamente la continuidad y el relevo de las administraciones gubernamentales que asumen agendas transexenales para salvaguardar los intereses del capital, aún si en las disputas electorales se enfrentan claro está intereses opuestos de las diferentes fracciones ávidas de quedarse con la parte del león pero que al final de cuentas siempre coincidirán en cuanto al programa económico, político y social contra el proletariado.

Los ataques llueven sobre mojado

Las primeras reformas a los sistemas de salud, pensiones y jubilaciones en México se justificaron con mil y un triquiñuelas por la patronal, el gobierno y los sindicatos prometiendo además que sería la única… luego vinieron otras más y la mata sigue dando; hoy se nos dice de nuevo que los “ajustes” son necesarios si queremos mejorar en el futuro… el cuento de nunca acabar. Y esta situación se repite con sus especificidades y sus tiempos en todos los países del mundo, desarrollados o periféricos, donde los trabajadores y sus familias son convocados ¡una vez más! al sacrificio para elevar la productividad y la competitividad de la economía nacional, atraer la inversión extranjera y, por si fuera poco, reactivar el empleo. Durante más de tres décadas este ha sido el tenor en la continuidad de las “reformas” en el planeta impuestas a sangre y fuego por las distintas opciones políticas de gobierno con que cuenta la burguesía, sus partidos de derecha, de centro y de izquierda; apuntalados desde luego por el trabajo indispensable del encuadramiento sindical. Y la degradación, siendo ya insoportable con las nuevas “reformas”, cobrará cuotas inauditas para la clase obrera.

En todas partes la clase obrera enfrenta los mismos ataques

Efectivamente, por todos los rincones del planeta estas reformas laborales tienen el objetivo central de recuperar las ganancias de los negocios capitalistas privados o públicos mediante el aumento de la explotación de los trabajadores y, en particular, reduciendo lo más posible los costos laborales. El capital y su Estado no conocen otra fórmula. Estos ataques se han conocido en los últimos años con el término eufemístico de “flexibilización” y se resumen a grandes rasgos como:

  • Flexibilización salarial: reducción del salario directo e indirecto (salud, educación, etc.), desaparición de prestaciones, aumento de impuestos, por un lado y aumento de la productividad del trabajo por el otro, con lo cual se logra una disminución del valor de la fuerza de trabajo, dando como resultado una merma brutal de su capacidad de compra de lo más indispensable para vivir disparando los niveles de pobreza y en particular del hambre no solo en el campo sino de manera creciente y acelerada en las ciudades.
  • Flexibilidad laboral: libertad para los patrones de contratar en las condiciones más desventajosas para los trabajadores como lo es el periodo de prueba sin ninguna garantía, el de la facilidad de los despidos a criterio de la empresa y el establecimiento de las indemnizaciones a su más bajo nivel como nunca se había visto; además, se disminuyen los días de vacaciones, los días festivos y se escatima hasta la exasperación el pago por horas extras. Y de todas estas medidas totalmente inhumanas la de la temporalidad es el mecanismo que se incrementa día con día haciendo la existencia del trabajador de lo más insegura e inestable pues sus contratos temporales carecen de la más mínima protección. Ni que decir de la movilidad obligatoria que se impone para que los trabajadores hagan diferentes tareas o los trasladen a otros sitios o les cambien horarios y días de trabajo, etc.

Los trabajadores del sector educativo resienten los mismos ataques

Cada sector del proletariado está sujeto a especificidades en cuanto a las funciones que cumple sin embargo, comparten entre sí un denominador común: la de la explotación asalariada. En este sentido, también los “ajustes” les afectarán de la misma manera que al resto de sus hermanos de clase. Para dar un ejemplo solamente, en la llamada reforma educativa se impone el “servicio profesional docente” que considera, entre otras cosas, condicionar la permanencia en el empleo a los resultados que cada trabajador obtenga de un conjunto de indicadores de evaluación a los alumnos y al desempeño docente en diferentes rubros. Una medida que los homologa completamente con el resto de trabajadores ya sujetos a este sistema sobre todo en el sector público donde desde hace años se ha implantado el muy conocido “servicio profesional de carrera” justificado por el presunto objetivo de brindar un mejor servicio a los usuarios pero que en realidad significa el establecimiento de esquemas de control del trabajo para hacer depender no solo el sueldo sino la permanencia en el empleo de la productividad de cada trabajador.

Las modalidades concretas en que operará este “servicio profesional docente” se verán cuando el Estado decrete las leyes secundarias, en este caso la Ley General de Educación, pero los profesores no deben albergar esperanzas positivas y deben estar seguros que esta pretendida “reforma” les fastidiará su vida y la de sus familias.

Los partidos políticos y los sindicatos se empeñan a fondo
para hacer aceptar los ataques y evitar la movilización

Los trabajadores enfrentan no solo los mismos ataques por parte del capital sino que también sufren de las mismas maniobras por parte del Estado y, en primer lugar, por los sindicatos que son el principal instrumento de control social y político de la burguesía.

La puesta en escena, preparada de antemano con las campañas de desprestigio de la que hablábamos, no ha tenido desperdicio. El telón se abrió con las “históricas” discusiones en las cámaras de senadores y diputados acerca de la propuesta de reforma educativa. Todos los partidos se empeñaron en hacernos creer que se analizaba a fondo cada palabra y detalle del texto para demostrar que los “representantes populares” hacían lo suyo tratando de no perjudicar a los trabajadores, fingiendo desencuentros “muy ríspidos” y hasta se aventaron un paso de la muerte cuando los diputados la enviaron a los senadores y estos a su vez la regresaron a los diputados quienes terminaron aprobándola; luego todo un peregrinar por los congresos estatales que la fueron aprobando uno a uno hasta que fue declarada “constitucional”. Todo un show que esconde el hecho de que es el Estado burgués en su conjunto el que funciona como relojería en sus diferentes componentes (la llamada división de poderes) para asestar este tipo de golpes y que además son los medios los que se encargan de machacar en nuestras cabezas la idea de que nada puede hacerse ante el poder omnipotente del Estado.

Paralelamente a este circo, como por arte de magia iniciando el año surgen de todos lados “airadas protestas” de infinidad de sindicatos oficiales e “independientes” contra la reforma laboral, aprobada en noviembre de 2012, manifestando un activismo y un protagonismo muy sospechoso por parte de las cúpulas sindicales que no solo “amenazan” sino que alinean a sus aparatos sindicales interponiendo millones de demandas de amparo contra la reforma laboral a las que suman algunos mítines y marchas para adornarse con un poco de “combatividad”.

El protagonismo sindical mencionado anteriormente aparece en concordancia armónica con el Estado en una estrategia para movilizar-desmovilizar y ha servido como un set perfecto para que sus congéneres del SNTE (y hay que decirlo que también de la CNTE) hicieran su tarea de controlar cualquier posible brote de movilización de los profesores. En efecto, fue la cúpula sindical (el SNTE y la CNTE incluso alegaron al parecer términos semejantes en su argumentación) la que muy solícita animó y hasta presionó a los cientos de miles de trabajadores para demandar un amparo. Pero además el SNTE no contento con esto ha estado presionando a los profesores para que acudan a trabajar a las escuelas o a las plazas públicas a presentar programas socioculturales los días de descanso con el cuento de que así pueden ganarse el apoyo de los padres de familia y de la sociedad en general. Y la trampa es tan grosera que esta “movilización sindical” se hace en nombre de la “defensa de la gratuidad de la educación pública” que estaría amenazada de privatización, dejando de lado siempre la defensa de los intereses propios de los trabajadores que se comentaban anteriormente. El mismo guión se está replicando en todo el país.

Esta artimaña se ha usado en reiteradas ocasiones al menos desde la década de los 90 contra los trabajadores de las empresas privadas afiliados al IMSS (1997) y contra los afiliados al ISSSTE, del sector público (2007) a quienes se les hizo albergar esperanzas de que el mismo Estado que les estaba asestando el golpe los iba a defender de sí mismo. Infundiéndoles además el asqueroso veneno de la democracia burguesa que pretende hacernos creer que en esta sociedad todos somos ciudadanos con iguales derechos ante la ley escondiendo que, al contrario, el capitalismo está polarizado entre explotadores y explotados, entre burguesía y proletariado y que las instituciones burguesas y señaladamente las destinadas a administrar la “justicia” y el conjunto del aparato estatal pertenecen enteramente a la clase dominante dueña del capital. El dicho popular: “todos somos iguales pero hay algunos más iguales que otros”, retrata muy bien esta realidad.

¿Cómo salir de esta ratonera?

Hay ejemplos de lucha que podemos retomar y que provienen de diversos sectores de la clase trabajadora de diferentes países. ¡Sí, la única alternativa es luchar! Estos ataques criminales que nos llueven sobre mojado solo pueden detenerse o limitarse si el proletariado levanta la cabeza y empieza a luchar. Es cierto que lanzarse a la lucha resulta muy difícil en estos momentos cuando los trabajadores que todavía tienen un empleo resienten de manera directa y abierta la amenaza del despido o de la represión en sus diferentes formas y no solo por parte de los directivos de las empresas sino de los sindicatos. Sin embargo, resignarse no cabe en el vocabulario de la clase obrera. ¡Hay que luchar!... pero ¿cómo? La experiencia de nuestra clase es muy vasta pero aquí solo recordaremos algunos ejemplos recientes que nos pueden dar una idea acerca de cómo iniciar esta lucha:

  • Cuando el descontento y la indignación han llegado al tope los trabajadores de manera espontánea buscan reunirse en asambleas generales improvisadas y organizadas por ellos mismos, un lugar donde el entusiasmo y el interés por sus propios asuntos se contagia de manera acelerada; entonces no solo se discuten los problemas de la empresa o del sector sino que se opera una apertura hacia otros trabajadores de la región a quienes se les llama a sumarse a este esfuerzo con sus propias reivindicaciones; es el reflejo propio del ADN de la clase obrera que ha comprendido desde siempre que la unidad es su única fuerza y que es imprescindible la discusión fraterna en su seno para clarificar cómo hay que iniciar la lucha, con qué medios, cómo enfrentar las trampas sindicales, en fin, cómo podemos verificar a cada paso que el control del combate permanezca en nuestras propias manos.
  • Ante la represión en los centros de trabajo contra cualquier intento por discutir cómo defendernos, la toma de las calles, las manifestaciones multitudinarias son el mejor antídoto pues son un recurso activo para hacer realidad la unidad y la solidaridad entre los trabajadores de diferentes empresas o ramas que mediante este encuentro cara a cara nos permite intercambiar experiencias, información e ideas sobre cómo debemos organizarnos para hacer frente a los ataques del capital.
  • El reto es animarnos a luchar de verdad y dejar de confiar y creer ingenuamente que los sindicatos o los diputados y senadores lucharán por nosotros. Y para esta lucha, hay que poner siempre por delante nuestra unidad como clase, preocupándonos de enarbolar demandas unificadoras con las cuales el conjunto de nuestra clase se reconozca y se sume de manera consciente y, en este proceso, la fuerza del proletariado vaya reconociéndose y ganando confianza en sí misma.
  • Estas adquisiciones de nuestra propia historia de lucha son los primeros pasos que requerimos para volver a aprender a actuar unidos y también para llevar la lucha por nuestra cuenta. Todo lo que vaya en contra de esta dinámica proletaria debe ser reconocido como una maniobra antiobrera a la que hay que combatir con toda la fuerza de nuestra unidad y nuestra determinación.

Contrariamente a los mensajes derrotistas que nos bombardean segundo a segundo por todos los medios, la lucha obrera no es una utopía sino una realidad cada vez más acuciante y vital para los trabajadores si no quieren presenciar pasivamente y de manera indignante su propia ruina y la de los suyos bajo los ataques de la burguesía a los cuales se suman además sus actitudes más soberbias y prepotentes como no se habían visto hasta ahora. Y este combate tiene que comprenderse en toda su perspectiva histórica: en lo inmediato, es la única acción que puede echar atrás los ataques actuales y los que están en puerta y, a largo plazo, es la mejor escuela para ir preparándonos para el asalto final a la fortaleza capitalista, única solución para poner fin a todas las calamidades que sufren los explotados y oprimidos del mundo.

RR, febrero de 2013