Curar la economía significa matar a los enfermos

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En diciembre de 2012, el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung publicaba en relación a una visita a Grecia:

“En octubre de 2012 el traumatólogo Georg Pier hacía las siguientes observaciones en Grecia: “Muchas mujeres embarazadas corren desesperadas de un hospital a otro. Pero como no tienen ni seguro médico ni dinero suficiente nadie les ayuda a dar a luz. Gente, que hasta hace bien poco formaba parte de las clases medias, recogen restos de fruta y verdura de los cubos de basura.” (…) Un anciano le dice a un periodista que ya no puede costearse los medicamentos para sus problemas cardíaco; su pensión la han reducido en un 50%, como en el caso de muchos otros jubilados. Había trabajado más de 40 años, pensaba que había hecho las cosas bien; ahora no entiende nada. Si se es admitido en un hospital, se deben llevar las sábanas y la comida de casa. Desde que el personal de limpieza fue despedido, los médicos y las enfermeras, con meses de salarios impagados, han empezado a limpiar los aseos. Existe una carencia de guantes desechables y de catéteres. Ante las terribles condiciones higiénicas en algunos sitios, la Unión Europea avisa del peligro de la extensión de enfermedades infecciosas” (FAZ, 15-12-12).

Las mismas conclusiones extrae Marc Sprenger, responsable del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades. El pasado 6 de diciembre alertaba del colapso, en Grecia, del sistema sanitario y de las más básicas medidas higiénicas; añadiendo que esta situación podría llevar a pandemias en toda Europa. Existe una escasez de guantes, batas desechables, antisépticos, algodón, catéteres y de papel para cubrir las camillas. Los pacientes con enfermedades altamente infecciosas, como la tuberculosis, no están recibiendo el tratamiento adecuado por lo que el riesgo de propagación de bacterias y virus resistentes está aumentando en Europa.

Un contraste brutal entre lo que es posible técnicamente
y la realidad bajo el capitalismo

En el siglo XIX muchos pacientes, con cifras de hasta una tercera parte de ellos, morían debido a la falta de higiene en los hospitales, especialmente las mujeres durante el parto. Esta situación de permanente riesgo podía explicarse en buena medida por la ignorancia: muchos médicos no se lavaban las manos antes de tratar u operar a los pacientes y utilizaban a menudo la misma bata quirúrgica de paciente a paciente. Los descubrimientos en materia de higiene por hombres como Semmelweis o Lister significaron un gran avance, de tal manera que las nuevas medidas de higiene y los descubrimientos en relación a la trasmisión de gérmenes hicieron posible una gran reducción del peligro de infecciones en los hospitales. En la actualidad, el uso de guantes y demás material sanitario desechable es una práctica común en la medicina moderna.

Pero mientras en el siglo XIX la ignorancia era una explicación aceptable para la alta mortalidad, los peligros que están apareciendo en los hospitales de la Grecia actual no son una manifestación de ignorancia, sino la expresión de la amenaza que, para la supervivencia de la humanidad, representa un modo de producción obsoleto y en bancarrota.

Si en la actualidad, la población de lo que fue antiguamente centro de la civilización humana se encuentra tan amenazada por la escasez de recursos en los hospitales, que ya ni siquiera son capaces de comprar guantes desechables; si mujeres embarazadas buscando asistencia en hospitales son rechazadas porque no disponen de dinero ni de seguro médico, si las personas con enfermedades cardíacas ya no son capaces de comprar medicamentos..., de lo que estamos hablando es de una amenaza para la salud. Si en un hospital, el personal de limpieza, que es clave en el mantenimiento de las condiciones higiénicas, es despedido y médicos y enfermeras, que llevan sin cobrar meses, tienen que hacer las tareas de limpieza, se aprecia claramente de qué forma tiene lugar la “regeneración” de la economía; el término que la clase dominante utiliza para justificar sus ataques brutales contra todos nosotros, “la “regeneración” de la economía”, resulta ser ¡una amenaza de muerte!

Tras el año 1989, la esperanza de vida en Rusia cayó cinco años no solo a causa del colapso del sistema sanitario sino también como consecuencia del incremento del consumo de alcohol y drogas. Hoy, no es sólo el sistema de salud griego el que está siendo desmantelado paso a paso o simplemente eliminado; en otro país en bancarrota, España por ejemplo, el sistema sanitario también está siendo demolido. En Barcelona, así como en otras grandes y pequeñas ciudades, las urgencias, en algunos casos, sólo se abren durante ciertas horas, ¡para ahorrar costes! En España, Portugal y Grecia muchas farmacias ya no reciben algunos fármacos vitales. La compañía farmacéutica alemana Merck, no suministra ya el medicamento anticancerígeno Erbitux en los hospitales griegos. Biotest, empresa que vende plasma sanguíneo para el tratamiento de la hemofilia y el tétanos, ya cortó el suministro de sus productos el pasado junio debido a facturas impagadas.

Hasta la actualidad, estas desastrosas condiciones médicas eran asociadas principalmente con países africanos o zonas de guerra; pero ahora, la crisis en los antiguos países industriales ha llevado a una situación donde sectores vitales, como el sanitario, son cada vez más y más sacrificados en el altar del beneficio. El tratamiento médico ya no se basa en lo que es posible técnicamente: ¡el tratamiento está disponible únicamente para quienes pueden pagarlo! ([1]).

Este proceso muestra que la brecha entre lo que técnicamente es posible y la realidad de este sistema está creciendo por momentos. Cuanto más se erosionan las condiciones higiénicas, mayor es el peligro de epidemias incontrolables. Tenemos que recordar la epidemia de la llamada “gripe española”, que se extendió por Europa al final de la Primera Guerra mundial, dejando 20 millones de muertos. La guerra, con su reguero de hambre y miseria, preparó las condiciones para la epidemia. En la Europa actual, es la crisis la que juega este papel. En Grecia, en el último cuatrimestre de 2012, la tasa de desempleo alcanzaba el 25%, el paro en los menores de 25 años es del 57%, la cifra alcanza el 65% en las mujeres. Todas las previsiones apuntan a un incremento mucho mayor del desempleo: hasta un 40% en 2015. La pauperización que implica esta situación está significando que actualmente barrios enteros hayan sido privados de calefacción por falta de pago. Para intentar no congelarse durante el invierno, muchas familias están comenzando a cortar madera ilegalmente de los bosques cercanos o a usar pequeños calefactores. En la primavera de 2012 un hombre de 77 años se pegó un tiro delante del parlamento en Atenas. Antes de suicidarse, dicen los testigos que gritó: “No quiero dejarles deudas a mis hijos”. La tasa de suicidios en Grecia se ha doblado en los últimos tres años.

Junto con el estrecho de Gibraltar en España y Lampedusa y Sicilia en Italia, Grecia es el principal punto de entrada de inmigrantes que tratan de huir de zonas devastadas por la guerra y la pobreza en África y Oriente Medio. El gobierno griego ha instalado una valla enorme a lo largo de la frontera turca y construido enormes centros de internamiento para inmigrantes, en los que más de 55 mil “ilegales” fueron internados en 2011. Los partidos derechistas tratan de crear una ambiente de pogromo contra los inmigrantes, culpándolos de importar “enfermedades extranjeras” y de usar los recursos que pertenecerían “a los griegos”. Pero la miseria, que empuja a millones de personas a escapar de sus países de origen y que ya puede verse acechando en los hospitales y calles de Europa, tiene el mismo origen: un sistema social que se ha convertido en una barrera a todo progreso humano.

Dionis 4/1/13

[1]) En “países emergentes”, como la India, se están abriendo cada vez más hospitales privados, accesibles solo a los ricos pacientes indios y a los que vienen de otros países. Los precios de los tratamientos son extremadamente elevados para la mayoría de la población. A su vez, muchos pacientes extranjeros llegan a los hospitales privados indios como “turistas sanitarios” al no poder permitirse pagar los tratamientos “en casa”.