Terror, terrorismo y violencia de clase

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En los pasados acontecimientos del 1o de diciembre en México, el Estado mostró su verdadero rostro, dejando clara su vocación inhumana y represiva. En realidad, esta cara es la de siempre, la que necesariamente tiene cualquier Estado en tanto garante de la continuidad de un orden de cosas infame –el capitalismo– donde el terror constante, la violencia más brutal, la opresión generalizada, la barbarie y la miseria crecientes son el pan de todos los días.

Siempre represor, violento y despiadado como despiadado y violento es el sistema que lo anima y al cual debe su existencia, perpetuándola, el Estado “democrático” –al igual que los estados “totalitarios” – ejerce su terror a diario, de diversas formas, constantemente. Y aunque su violencia se exacerba más en determinados momentos, no podemos olvidar –como los pasados acontecimientos dejan muy claro– cuál es la verdadera naturaleza del capitalismo y de su Estado. Por eso se equivocan los filisteos pequeñoburgueses y de todo pelaje que, escandalizados por el “uso brutal de la fuerza pública”, se desgañitan en llamados a la “cordura del gobierno” para que éste reconozca que actuó “desproporcionadamente” y libere a aquellos ciudadanos “injustamente” detenidos cuando “ejercían su derecho a la libre expresión de las ideas”.

Se equivocan también aquellos cretinos que haciendo eco de la campaña burguesa de linchamiento contra toda expresión de malestar en la sociedad actual, proclaman que el resultado final de toda “protesta” y de todo descontento es la represión “bien merecida” o en el mejor de los casos, “injustificada pero inevitable”. Estas afirmaciones del todo reaccionarias condenan toda crítica al orden de cosas existente y postulan que no hay nada qué hacer fuera de los caminos del voto y de los marcos “de la ley”; terrenos donde naturalmente nuestras luchas están perdidas de antemano. Y aunque en el caso que nos ocupa las “protestas” estuvieron encuadradas en el marco burgués de la “democracia”, la brutal represión de la que fueron objeto desmoraliza, confunde y desmoviliza las incipientes respuestas de la clase trabajadora de frente a una situación cada vez más grave.

Pero la campaña pacifista y desmoralizadora por un lado, y las perniciosas ilusiones en la democracia burguesa y sus derechos ciudadanos por el otro, tienen su otra cara en la propaganda “radical “de la “insurgencia” y de la violencia ciega, desesperada, “ejemplar”, de minorías. Esta trampa ideológica, al igual que las otras, socava el desarrollo de verdaderas luchas de clase y dificulta la reflexión y el planteamiento de las cuestiones centrales para los trabajadores. Entorpece e intoxica los débiles esfuerzos del proletariado para organizarse y luchar en su terreno, con sus propias armas.

Y es contra el nocivo impacto de esta última trampa que los trabajadores debemos sacar algunas lecciones sobre lo que ha pasado, es por ello que republicamos la resolución sobre “Terror, Terrorismo y violencia de clase”, originalmente publicadas por nuestra organización en 1978 y que están de actualidad más que nunca. Éstas buscan contribuir a la clarificación, desmantelando la falsa disyuntiva entre democracia-pacifismo y terrorismo (violencia ciega y minoritaria de capas sociales sin perspectiva histórica) como caras de una misma moneda, frente a la violencia de clase del proletariado, masiva, organizada, consciente y con perspectiva histórica.

Las resoluciones dejan clara la distinción tajante entre el terror de la burguesía y la violencia de clase del proletariado, desmontando la pretendida radicalidad de aquellos afines al terrorismo que limitándose a criticar –con justeza– las votaciones y a creer –ingenua o maliciosamente– que aventando piedras a la policía, rompiendo vidrios y quemando algunos bancos, cambiarán el mundo.

 “La lucha del proletariado como toda lucha social es necesariamente violenta, pero la práctica de su violencia es tan diferente de la violencia de las demás clases como diferentes son su proyecto y sus metas. Su práctica, incluida la de la violencia, es acción de amplias masas y no de minorías; es liberadora, es el parto de una sociedad nueva y armoniosa, y no la perpetuación de un estado de guerra permanente de uno contra todos y todos contra uno. Su práctica no intenta perfeccionar y perpetuar la violencia, sino proscribir de la sociedad los actos criminales de la clase capitalista, inmovilizándola. Por ello, la violencia revolucionaria del proletariado no podrá tener jamás la monstruosa forma del terror típica de la dominación capitalista, ni la forma del terrorismo impotente de la pequeña burguesía. Su fuerza invencible no se basa tanto en la fuerza física y militar, y menos aún en la represión, y sí, en cambio, en su capacidad para la movilización de masas, para asociar a la mayoría de las capas y clases trabajadoras no proletarias a la lucha contra la barbarie capitalista. Su fuerza reside en su toma de conciencia y en su capacidad para organizarse de manera autónoma y unitaria; en la firmeza de sus convicciones y en el vigor de sus decisiones. Estas son las armas fundamentales de la práctica y de la violencia del proletariado.”

CCI, diciembre de 2012

Este es el vínculo de la resolución de la CCI sobre "Terror, terrorismo y violencia de clase", publicado en la Revista Internacional n° 15, 4° trimestre del 78:

http://es.internationalism.org/node/2134