Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario

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Recientemente Revolución Mundial, sección en México de la Corriente Comunista Internacional, realizó su Conferencia en la ciudad de México DF. Cada dos años la CCI vive este momento privilegiado en sus distintos niveles territoriales donde el debate y la reflexión colectiva se entrecruzan para desprender de su síntesis orientaciones y análisis para el trabajo de la organización cara al futuro. No es una reunión “nacional”, es un momento en la vida internacional de una organización del proletariado, por ende, su naturaleza no puede ser “nacional” sino internacionalista. Es por ello que todos los invitados (delegaciones de otras secciones de la CCI, simpatizantes cercanos y expresiones de minorías que discuten cómo reparar la futura revolución mundial) se suman a los debates de manera íntegra, no hay una separación entre sus partes ya que no somos una federación sino una sola organización internacional que interviene y tiene presencia en vario países del mundo.

Lo que nos une es la convicción de la necesidad de transformar el mundo, de contribuir a superar esta sociedad de explotación y trabajar por una sociedad sin clases sociales, sin pobreza, sin el sometimiento violento de una mayoría de la población mundial arrojada a condiciones de vida cada vez más insoportables. Hoy vivimos la peor crisis en la decadencia del capitalismo, las guerras localizadas desangran poco a poco a la humanidad, basta con encender la TV para recibir noticias de Medio Oriente, África o Asia donde el destripamiento de seres humanos atrapados en las guerra inherentes al capitalismo, el desempleo, la ausencia de un futuro positivo para el hombre redundan en una juventud que no encuentra un sentido a la existencia, el hambre se extiende como peste robándole el futuro a millones de seres humanos… ¡el capitalismo está en extrema decadencia, es por ello que necesitamos una revolución!

La necesidad de la teoría

La Conferencia ha insistido en la necesidad de la profundización teórica. La descomposición de esta sociedad ejerce una enorme presión sobre la organizaciones revolucionarias, la idea de que la teoría “no es determinante” o que la realidad “nunca se podrá comprender en su totalidad”, así cómo las ideologías efímeras e inmediatistas del “día a día” y si a esto agregamos la ideología ambiente de pesimismo ideológico y del oscurantismo que nos rodea por todos lados tenemos un panorama adverso y hostil. Otro factor de la situación se está expresando en la explosión del individualismo y la atomización acompañados de un fuerte pesimismo hacia el futuro. Es por ello que desarrollar un trabajo asociado, colectivo, se vuelve una tarea a contracorriente. Por ahora no podemos cambiar esas condiciones materiales, reales, objetivas, lo que si podemos cambiar es nuestra actitud hacia la necesidad de una “cultura de la teoría”. No se trata de reflexiones para “saber más” en sí mismo como sucede con los intelectuales adocenados que entre más saben más los invade el elitismo y la separación del resto de los “mortales”. Para nosotros se trata de comprender mejor a la sociedad y al hombre, justamente porque necesitamos entender mejor lo que hay que cambiar, cómo lo vamos a cambiar y por qué lo cambiaremos, es decir, es una tarea enteramente militante. En este camino hay que recordar que la ideología dominante es la de la burguesía, una ideología que permea todo, y cuyo eje central es “mejorar lo existente” sin plantearse nunca una transformación radical del mundo. Ese conservadurismo se traduce en la apología de la democracia, en la resignación y la pasividad ante los retos de la historia. Sabemos que la clase obrera es la clase de la conciencia, la primera clase en la historia humana que es al mismo tiempo revolucionaria y explotada, ello contiene una dimensión teórica de su combate, sin embargo, la historia de la opresión nos enseña que esa “dimensión teórica” es exclusiva de una minoría donde los explotados siempre son arrojados a los brazos del misticismo religioso (dogmas que nunca se cuestionan) o de la más abyecta ignorancia. Los escritos de los revolucionarios como El Capital de Marx, no son el producto de “genios”, son parte del esfuerzo de una clase revolucionaria que tiene que comprender la historia del hombre y su evolución para poder entender por qué hoy hemos llegado a una situación donde se plantea el dilema: socialismo o barbarie. La ideología dominante descalifica el comunismo tachándolo de “utopía”, acusando falsamente al marxismo de querer establecer una sociedad donde todos “seríamos iguales”, es una visión reaccionaria del comunismo e impregnada de la enorme mentira de que el estalinismo era comunismo. Esta enorme transformación que supone una nueva sociedad sin clases sociales, sin fronteras, sin miseria, requiere de una comprensión teórica donde los avances de la ciencia no estarán excluidos. No hay un esquema seguro y fijo al cual aferrarnos, hay sin embargo el método que nos permite discutir colectivamente, de asumir juntos los retos de la teoría y de la práctica. El mismo profundizamiento nos permitirá ir más allá de estas afirmaciones si somos capaces de comprender el momento histórico: los retos que plantea la descomposición de este sistema donde la respuesta proletaria tarda en abrirse camino. El debate, el trabajo teórico, es una necesidad y un deber no solamente “intelectual” sino también moral para la clase obrera y su organización.

Una nueva generación se acerca a la CCI

La presencia de jóvenes que se acaban de integrar a la CCI o que están en proceso de integrarse, dio a esta Conferencia un toque de frescura y, al mismo tiempo, puso de manifiesto las enormes capacidades que la nueva generación está aportando al combate por una nueva sociedad. Estas minorías que están surgiendo es un fenómeno internacional y expresan las potencialidades del proyecto revolucionario de la clase obrera, ésta es capaz de segregar minorías cuya tarea es agruparse para preparar la revolución comunista mundial. La nueva generación está sufriendo todo el peso de la debacle de esta sociedad, por un lado salen de la universidad con boleto directo al desempleo y, por si fuera poco, una situación así hace a la juventud presa fácil de todo tipo de huidas quiméricas en las drogas o bien, la depresión se vuelve una dramática pandemia mundial. El “no futuro” está marcando a la nueva generación, es por ello que es sumamente importante que, a pesar de toda esta adversidad, minorías de jóvenes se acerquen a las posiciones de la Izquierda Comunista y se integren al combate revolucionario. Estos jóvenes han tenido que enfrentar también otro obstáculo: las falsas ideas sobre lo que es la militancia. Las organizaciones de la izquierda del capital, el izquierdismo radical (maoísta, guerrillero, etc.) y el estalinismo se han encargado de propagar la idea de que el militante es un tipo “frío, sin sentimientos”, que “entrega su vida a la revolución” y que sacrifica “su ser” en aras de un ideal. Tal visión es completamente inversa a lo que realmente es el militantismo comunista. La conferencia dedicó una buena parte de sus trabajos a justamente volver a la esencia de la actividad de los revolucionarios. Un revolucionario no es un “mártir” que persigue la muerte como medio para legar a los demás una lección de vida, los revolucionarios dedican sus esfuerzos y capacidades (diferentes entre todos nosotros) en el marco de un cuerpo colectivo, asociado, donde cada quien da lo mejor de sí mismo, no nos distingue la celebridad sino más bien el anonimato de un trabajo que es ya el inicio de la respuesta final al dilema de la historia: construir una sociedad donde cada individuo pueda realizar su diferencia sin ir en contra de los demás. Bajo el capitalismo la realización del individuo es realmente la más ingrata de las utopías.

Los comunistas no son esos “hombres de hierro” que pinta el estalinismo, “súper-hombres” que no van al cine, no tienen amigos y no leen otra cosa que no sea Marx, Engels y Lenin… Los militantes comunistas no llevamos vida de terroristas, trabajamos para sobrevivir materialmente, estamos sometidos, como todos, a las presiones de la ideología dominante, tenemos taras, y necesitamos también descansar. La vida de los militantes tiene pues esa dimensión teórica, de profundización, pero también tiene una dimensión cultural y moral. El comunismo no se construirá sobre cero, sino que habrá de recoger lo mejor que la humanidad ha producido en su historia, es por ello que los militantes somos sensibles a todas las expresiones culturales. También es importante que la nueva generación integre en su bagaje la moral proletaria, esa moral que va en contrasentido a la sociedad actual, basamos las relaciones entre nosotros en lazos de fraternidad, tratando de respetar la personalidad de cada uno en un marco organizado.

Los retos de la situación histórica

El capitalismo está instalado en un avanzado estado de descomposición. Si la clase obrera no abre una perspectiva alternativa a este mundo que se hunde en la barbarie los efectos de esta descomposición social van a plantear mayores dificultades al grado de llegar a comprometer el mismo futuro de la humanidad. Comprender en profundidad la situación histórica es una necesidad para los revolucionarios y la clase de la cual son expresión. Por ejemplo, entender las características de la crisis desatada desde el 2007 nos ayuda a comprender el impasse en el que se encuentra el capitalismo, y a partir de esto, hacer una denuncia fundamentada de la necesidad de acabar con este modo de producción. Sin embargo, la barbarie no se expresa solo a nivel económico, en México por ejemplo, estamos viviendo una dramática y trágica situación comparable a una auténtica guerra civil, comparable a los Balcanes o la guerra en Irak. En este mismo número publicamos nuestra resolución sobre la situación nacional donde expresamos nuestra posición sobre la situación social en la región y sus perspectivas.

Nuestra actividad de intervención en la lucha de clases es inseparable de la construcción de una cultura de la teoría, sin ese desarrollo teórico no podremos orientarnos en los acontecimientos cotidianos y menos aún construir una nueva comunidad humana mundial. Es por eso que Rosa Luxemburg tenía toda la razón cuando en “reforma o revolución” afirmaba: “Por primera vez, la causa del proletariado y su emancipación vio brillar ante sí una estrella para guiarla: una doctrina científica rigurosa. En lugar de las sectas, escuelas, utopías, experiencias que cada uno hace para sí mismo en su propio país, aflora una base teórica internacional, base común que hace que convergen diferentes países en un solo haz. La Teoría marxista pone en manos de la clase trabajadora del mundo una brújula que le permitía encontrar su camino en el torbellino de acontecimientos cotidianos y orientar su táctica de combate en cada momento en la dirección del objetivo final”. Los avances de la CCI en México no son patrimonio exclusivo de la CCI, pertenecen al conjunto del proletariado mundial y son un paso hacia la construcción de la organización que deberá encabezar la próxima revolución mundial.

RM, diciembre 2012