Debate sobre la huelga “salvaje” (o de masas) sudafricana y el camino a seguir para resolver proletariamente esta crisis capitalista

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Una compañera ha desarrollado varios comentarios muy interesantes donde elabora unas reflexiones sobre las recientes huelgas en Sudáfrica. El comentario más importante y que hemos tomado como materia para la discusión es el titulado Las “huelgas salvajes tipo las de Sudáfrica señalan el camino” y se encuentra en el Foro de Discusión en el siguiente enlace:

http://es.internationalism.org/node/3501#comment-1824

En dicho comentario desarrolla de forma más coherente sus ideas e integra sus comentarios anteriores.

Saludamos calurosamente la iniciativa de la compañera y sobre todo su propuesta de debate público. Ello contribuirá sin duda a la clarificación del medio proletario y desde aquí animamos a todos los compañeros interesados a unirse al debate.

Lo que sigue a continuación en nuestra respuesta.

Respuesta de la CCI

Querida compañera:

Nos pides “una crítica” de tus comentarios, que como verás, han sido publicados íntegramente y con mucho gusto por nuestra parte. Más que una crítica, lo que vamos a hacer es una exposición analítica de algunas posiciones con objeto de animar un debate que contribuya a la clarificación de las cuestiones que plantea la lucha de clases.

Antes que nada queremos saludar tú propuesta de un debate público e igualmente el espíritu abierto a la reflexión y la crítica que expresa tu correspondencia. Y también el contenido mismo de los comentarios que has enviado, donde hay una defensa intransigente de la lucha obrera contra las trampas del Estado democrático.

La verdad es que suscribimos totalmente los principios políticos desde los que abordas un análisis de la lucha de los mineros Sudafricanos:

  • que la vanguardia de la perspectiva revolucionaria sólo puede ser la clase obrera;  que la lucha por la defensa de sus intereses es la única que plantea una transformación revolucionaria de la sociedad a la que pueden sumarse otras capas sociales no explotadoras; el sujeto revolucionario es la clase obrera, y no ningún “movimiento ciudadano”; la perspectiva revolucionaria es el comunismo;
  • el rechazo de los sindicatos y la defensa de los métodos proletarios de lucha que tu les llamas la “huelga salvaje”
  • la defensa concreta del internacionalismo proletario, no como una declaración afectada y hueca, sino como un movimiento de lucha concreto y un marco de análisis;
  • la necesidad de la formación de un partido político del proletariado, de una nueva Internacional, para que la revolución sea posible;
  • la denuncia de que, en nuestra época, el Estado, sea cual sea la forma que tome, monárquica, de partido único, democrática o republicana, es un estado totalitario al servicio de los intereses de la burguesía.

Estos principios no son únicamente expresión general del legado de la Izquierda Comunista en su lucha contra la degeneración de la Internacional Comunista, sino del  combate y el trabajo teórico de sus fracciones más claras, como Internationalisme (órgano de la Izquierda Comunista Francesa),  o Bilan (órgano de la Izquierda Comunista Italiana) de cuyo aporte –críticamente asumido- se reivindica la CCI.

Compartimos igualmente algunas lecciones esenciales que sacas de la lucha en Sudáfrica:

  • Por un lado la reafirmación del proletariado en lucha como clase, con sus reivindicaciones y sus métodos de lucha, como centro de la lucha social contra los ataques del Estado burgués;
  • Por otro lado la puesta en evidencia de que el régimen producto de la lucha contra el apartheid, que había culpado a los afrikaner de toda la miseria de los obreros negros en las minas, hoy dispara contra esos mismos obreros para imponerles la sobreexplotación; que el régimen de Mandela es tan antiobrero y capitalista como el de los blancos;
  • Que por eso, los nuevos “reformadores” como  Malema no tiene nada que ofrecer a la clase obrera ni a  la población.

Este conjunto de posiciones y análisis nos proporciona un terreno común a partir del cual podemos abordar puntos en los que podemos no estar de acuerdo o bien que necesitarían una mayor aclaración. En una primera aproximación, pensamos que es mucho más importante lo que nos une que lo que nos separa y es desde lo que nos une como podremos desarrollar un debate.

La lucha obrera solo puede desarrollarse al margen y en contra de los sindicatos

Cada vez más militantes proletarios toman conciencia de la necesidad de impulsar una lucha al margen y en contra de los Sindicatos. Ven a los sindicatos como órganos ajenos, que están al servicio del Estado y de los capitalistas. Desconfían de sus convocatorias y de sus planteamientos.

Ahora bien, ¿qué alternativa oponer a los sindicatos y al sindicalismo? Hemos de basarnos en la experiencia histórica de la clase obrera y esta nos muestra que, a lo largo de los últimos 100 años, en lo que se conoce como la época de decadencia del capitalismo, las luchas más significativas se manifiestan como explosiones masivas, que se extienden a todos los colectivos obreros sin distinción de sector, empresa, nacionalidad, raza etc., que se auto-organizan en Asambleas Generales y en cuanto adquieren una mayor unificación forman Comités elegidos y revocables y en una situación pre-revolucionaria Consejos Obreros. La lucha económica se convierte en política y viceversa, las reivindicaciones tienden a situarse en el terreno autónomo de la clase obrera frente a la nación, la defensa de la economía etc.

Las luchas obreras genuinas que han venido expresándose desde hace 100 años tienden a ser una explosión de creatividad e iniciativa independiente de grandes masas obreras y explotadas, momentos donde crece la solidaridad, la confianza y la unidad; situaciones donde el proletariado se manifiesta como una clase autónoma capaz de levantar ante toda la sociedad una alternativa contra el Capital y su Estado; momentos donde este amenaza con verse aislado y donde su inmenso aparato represivo empieza a paralizarse.

A esa tendencia se le ha llamado de diversas maneras: la huelga de masas por parte de Rosa Luxemburgo; acción directa de masas contra la máquina gubernamental burguesa, por el Primer Congreso de la Tercera Internacional (1919); tú le llamas “huelga salvaje”.

Lo interesante más que el nombre es, en primer lugar, el sentido histórico de esta tendencia de la clase obrera, su comprensión en profundidad, sus orígenes, dinámica y consecuencias. Para ello, permítenos un breve desarrollo histórico. La lucha obrera en la decadencia del capitalismo desarrolla una forma y un contenido radicalmente diferentes de lo que prevalecía en el periodo ascendente del capitalismo. En este periodo, la lucha se basaba en el sindicato y consecuentemente en huelgas de presión para un día o en huelgas de resistencia de larga duración pero encerradas en el sector[1]. Todo estaba mediatizado por el sindicato y la lucha se encerraba en el campo estrictamente económico, se limitaba a una presión corporativa sobre los patronos del ramo con objeto de conquistar mejoras y reformas en las condiciones de explotación, no se planteaba la abolición de la explotación. El ámbito político estaba rígidamente separado y se delegaba en los partidos socialistas y su actuación en el Parlamento.

Ese esquema no solo es inapropiado en las condiciones históricas de la decadencia capitalista (a partir de la Primera Guerra Mundial por dar una fecha meramente orientativa) sino que se vuelve contra la clase obrera y cae totalmente al servicio del Estado Capitalista de tal forma que constituye su principal mecanismo de dominación. Respaldado por una represión omnipresente, el Capital goza como primera línea de defensa de un aparato de partidos de Izquierda (socialistas, “comunistas” y “más a la izquierda”) y de sindicatos de todos los colores.

Hubo un acontecimiento histórico de enorme importancia que mostró la nueva forma y el nuevo contenido de la lucha obrera. Fue la Revolución Rusa de 1905 y a ella le dedicó Rosa Luxemburgo un estudio que es en nuestra opinión muy importante y que podría servir de base- necesariamente crítica- para la comprensión de la lucha obrera actual[2].

Las luchas recientes de los obreros en Sudáfrica: un eslabón en una larga cadena de luchas

Las luchas en Sudáfrica constituyen una confirmación de lo que venimos diciendo. Su carácter explosivo, sus tendencias a la extensión y a la auto-organización[3], la búsqueda de una acción independiente como clase, la solidaridad que se expresa, la indignación ante el cinismo de la policía, el gobierno y el partido en el poder, todo ello resalta y refuerza esta experiencia y la constituye como un material que el proletariado mundial debe hacer suyo, tanto por las lecciones que ofrece como por la solidaridad internacional que tiene que crecer y desarrollarse.

Está claro igualmente que Sudáfrica es el Estado más importante del continente africano, con fuertes ambiciones económicas e imperialistas, de ahí que lo que allí suceda en el terreno social tiene importantes repercusiones, máxime cuando el Capital en ese país gobierna a través del monumental equívoco de haberse producido una “liberación social y racial” a manos del partido de Mandela, el ANC, lo que constituye una pieza importante en la telaraña de engaños con los que el capital ataca la conciencia del proletariado mundial. Que sus hermanos de Sudáfrica se rebelen contra un poder vendido como “ejemplo de liberación”, como el no va más de lo “políticamente correcto”, no deja de ser un aporte significativo al complejo proceso de maduración de la conciencia proletaria.

Estamos abiertos a una profundización más detallada que nos permita conocer mejor la experiencia allí vivida por el proletariado[4], sin embargo, no podemos verla como un acontecimiento aislado. La cultura que impone la sociedad actual es la del inmediatismo, ver cada acontecimiento en si mismo por lo que a menudo da la impresión deformada de ser el “principio de todo”. Frente a ello vemos necesario esforzarnos por colocar cada experiencia, en su contexto mundial e histórico, en la continuidad en la que se inscribe y de la que cobra sentido.

El proletariado llegó al punto más alto de su lucha con la oleada revolucionaria mundial de 1917-23. Después siguió la noche de una larga contra-revolución. Desde 1968 el proletariado renace y protagoniza toda una serie de experiencias: el Mayo 68 en Francia, el Otoño Caliente en Italia y el Cordobazo en Argentina durante 1969, las luchas en Polonia en 1970, 1976 y 1980, las luchas en España en 1971-76… Estas luchas se prolongan en sucesivas olas en los años 80 pero se constata que no logran romper las fronteras del sector económico y del control sindical, a pesar de tentativas de extensión y de auto-organización que surgen aquí y allá de forma dispersa. Los acontecimientos de 1989 con la caída de los regímenes estalinistas y la enorme campaña anti-comunista desarrollada por la burguesía suponen un importante retroceso de la combatividad y la conciencia del proletariado pues para millones de proletarios “el comunismo ha fracasado”, “el proletariado ha desaparecido disuelto en la clase media y la clase baja”, “lo que existen son ciudadanos” etc.

Ese largo retroceso se prolonga hasta 2003. A partir de esa fecha, con el aldabonazo que suponen las manifestaciones masivas en Francia y Austria contra la reforma de las pensiones, percibimos que la situación social empieza a cambiar, pequeñas luchas dispersas en diferentes países presentan algunos signos prometedores; a partir de 2006 vemos diferentes “arroyos”, a veces ríos, de lucha proletaria:

  • la lucha de la juventud proletaria (parados, precarios, estudiantes futuros parados o precarios) cuyas expresiones son el movimiento contra el CPE de 2006[5], la revuelta de la juventud proletaria en Grecia de 2008[6] y que culminan en los movimientos de indignados y Occupy (España, Grecia, Israel, USA etc.)[7]
  • movimientos donde se plantean gérmenes de huelgas de masas como en Egipto 2007, China 2009
  • luchas dominadas desde el principio por los sindicatos pero en las que se ve una enorme combatividad y tentativas para arrancarles el control de la lucha: Francia 2010 por ejemplo
  • movimientos más envenenados por el interclasismo donde sin embargo se puede ver un impulso proletario como en Túnez y Egipto 2011

Estos diferentes cursos no han logrado en ningún momento converger en un gran movimiento unitario. Lo que tendríamos que valorar y llevar la discusión es ¿qué representan dentro de esta dinámica general las huelgas en Sudáfrica?

Las diferentes fuentes de la conciencia revolucionaria

Las luchas en Sudáfrica contienen aportes muy positivos. Del mismo modo, nos dan lecciones en negativo: los obreros han tenido que hacer frente a la acción combinada de dos sindicatos –uno más “moderado” puesto que más directamente comprometido con el partido gubernamental y el otro más “extremista”-. El control sindical y las ilusiones sobre una sociedad donde “ahora tenemos democracia y la raza negra es respetada” han hecho que la lucha haya quedado esencialmente confinada en el sector minero y su extensión haya resultado muy difícil. A menudo, las huelgas que por simpatía o por el estímulo del ejemplo surgían en otros sectores obreros o en ciudades industriales o portuarias, han quedado aisladas bajo el férreo cordón sanitario sindical.

Todo esto es un rico filón para la reflexión del proletariado internacional. Ahora bien,¿son las luchas obreras por importantes que sean la única fuente de la conciencia revolucionaria? Esta pregunta la hacemos al hilo de este llamamiento que haces respecto a la huelga sudafricana:
«Se trata del embrión más claro y avanzado de la revolución socialista que está pariendo la crisis capitalista actual. Y como tal embrión, tiene todas las limitaciones de un embrión. No hay duda de esto. Pero es lo mejor que hoy nuestra clase tiene. Y por eso, es un deber apoyarlo para que evolucione hasta madurar y ser capaz de triunfar sobre el capitalismo. Y este deber implica, desde ya, por lo menos campañas sistemáticas nuestras hacia el resto de la clase proletaria para que conozca esta lucha y la haga suya y la apoye solidariamente poniéndose en huelga contra la burguesía del “propio” país, y de esta manera vaya aprendiendo a caminar por el camino de la revolución socialista, de acuerdo con la exigencias y posibilidades de la situación concreta respectiva»

Engels recordaba que la lucha del proletariado tiene 3 componentes inseparables pero que cada cual tiene vida propia: la lucha económica, la lucha política y la lucha ideológica. Pensamos que esta clarificación sigue siendo plenamente válida.  Dando toda la importancia a las luchas obreras inmediatas, ¿no sería necesario considerar igualmente los esfuerzos en la comprensión teórica de la situación económica y política y los combates ideológicos contra la opresión y la alienación propias de esta sociedad? El movimiento del proletariado no es únicamente una acción política y económica, se esfuerza igualmente por desarrollar una visión integral de la humanidad, “nada de lo humano le es ajeno”[8], su reflexión y su actividad aborda elementos éticos, científicos etc. A nuestro juicio, “lo mejor que hoy tiene nuestra clase” va más allá de tales o cuales experiencias de lucha por importantes que sea y se manifiesta en un esfuerzo de conjunto donde se integran junto con las lecciones de las luchas el desarrollo teórico revolucionario. Esta unión es la que a nuestro juicio prepara las luchas futuras.

¿Estamos en una situación pre-revolucionaria?

Un último punto de debate pero no por ello menos importante. Dices:

«En mis dos comentarios abundo un poco más sobre cómo entiendo la situación política de diversos países (España, Grecia, Sudáfrica), caracterizándola como prerrevolucionaria, y explico lo que entiendo por una situación así. Es posible que se diga que todavía no es prerrevolucionaria pero que tiende hacia ella. Esto hay que demostrarlo analizando la situación concreta respectiva. En todo caso, dada mi lejanía respecto de esos países, puedo equivocarme al respecto, pero creo que no tanto, por los síntomas que incluso desde lejos se pueden ver. Pero lo que sí queda claro, en todos los casos, es que la crisis capitalista actual está generando crisis políticas, situaciones políticas cada vez más críticas, que van llevando hacia el estallido de situaciones revolucionarias para las que el proletariado consciente debe estar preparado, lo cual implica trabajar desde ahora para estarlo, pero este trabajo debe estar revolucionado por la revolución que está sufriendo la situación misma».

Es cierto que la burguesía mundial va perdiendo margen económico frente a la agravación incontenible de la crisis, pero no debemos subestimar su capacidad de maniobra política, de “acompañamiento” al hundimiento del capitalismo, como ha mostrado estos últimos años[9], y sobre todo debemos polarizarnos sobre el análisis de la situación del proletariado.

Cuando Lenin escribía sobre la situación pre-revolucionaria de 1917, el proletariado, aunque había sufrido la traición de la socialdemocracia que permitió el estallido de la guerra mundial, se reconocía como clase, con sus propios intereses y una perspectiva revolucionaria, venía de una tradición ininterrumpida de organización y de lucha, en la que las nuevas generaciones crecían en la educación socialista, por lo que todo ello transmitía una enorme confianza de la clase obrera en sí misma y hacia ella por parte de todos los explotados. Desde 1848, cuando la clase obrera aparece como sujeto social con sus propios intereses y reivindicaciones y su propio partido en la escena social, hay una continuidad de la lucha y la organización. El tiempo que trascurre entre una tentativa revolucionaria y la siguiente es de 20-30 años: 1848-1871-1905-1917.

Es decir, el proletariado de 1917-23 contaba con capacidades subjetivas muy importantes que, sin embargo, no lograron impedir la derrota de su tentativa revolucionaria.

¿Cuenta el proletariado de hoy con esas capacidades subjetivas? Ya hemos visto que su reanudación histórica a partir de 1968 arrastra el tremendo lastre de la contra-revolución. Su larga sombra ha continuado y continúa aún marcando a las generaciones actuales de la clase obrera. El desprestigio y la desconfianza que el estalinismo ha impuesto sobre las nociones básicas de la lucha obrera, como la solidaridad (transformada en el envío de tropas a la guerra imperialista contra el bloque USA), el partido del proletariado (que en Rusia y los países del bloque del este se identificaba con el Estado) etc. han hecho mella particularmente en una generación que, ante la campaña sobre “el fin del comunismo” tras el hundimiento del bloque del Este, prácticamente se ha desentendido de la lucha obrera.

Si añadimos a eso, la larga y lenta evolución de la crisis y la desintegración social, sin que ninguna de las dos clases antagónicas (la burguesía y el proletariado) hayan sido capaces de plantear su alternativa a la situación histórica, lo que ha dado lugar a una nueva etapa de la decadencia (la descomposición[10]), el resultado es una gran desconfianza de la clase obrera en sus propias fuerzas.

De hecho hoy se produce lo que hemos llamado una dificultad de la clase obrera de encontrar su propia identidad de clase, de verse como clase social con sus propios intereses.

Todo eso se plasma en que si bien es cierto que la crisis capitalista actual está generando crisis políticas, situaciones políticas cada vez más críticas, sin embargo existe a la vez un gran desnivel entre la creciente gravedad de la situación objetiva y la capacidad subjetiva del proletariado. De ahí que no veamos probable en un horizonte inmediato como pareces plantearlo tú, esas situaciones políticas cada vez más críticas lleven al estallido de situaciones revolucionarias.

En nuestra opinión queda un largo camino por recorrer para llegar a esa posibilidad. Eso desde luego no quiere decir echar un cubo de agua fría a nuestra pasión por la revolución proletaria, significa sencillamente la necesidad de una discusión a fondo del conjunto de condiciones tanto objetivas como subjetivas que crean una situación revolucionaria. Habría que considerar desde luego la crisis capitalista pero también si realmente la burguesía y su Estado están aislados de la sociedad y sufriendo una creciente parálisis en sus medios de dominación. Y sobre todo en la ecuación hay que ver la variable más importante: la capacidad subjetiva del proletariado, no solo su combatividad que está indudablemente creciendo sino igualmente su conciencia, su confianza en sí mismo y en el porvenir, sus niveles de solidaridad, el grado de desarrollo en sus filas de las bases para crear una nueva Internacional.

Sobre ello te proponemos abrir una discusión pues en el intercambio que hasta ahora hemos tenido apenas hemos dado los primeros pasos.

Un saludo fraternal

CCI, 13.11.12

[1]Aunque se pedía la ayuda del resto de la clase obrera mediante colectas económicas, acoger a hijos de huelguistas etc.

[2] Se puede encontrar dicho libro en http://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf Ver el aporte reciente de los compañeros de Alicante: Debate a propósito de la huelga general, http://es.internationalism.org/revolucionmundial/201211/3535/debate-a-proposito-de-la-huelga-general

[3] Señalas en ese terreno algo que nos parece importante: la formación de un Comité de Coordinación de Huelga, que ha intentado unificar las Asambleas de las diferentes empresas y zonas mineras.

[4] La censura y la falta de noticias así como la deformación con la que se transmiten lo dificulta

[8] Esta frase del poeta esclavo romano Terencio fue tomada por Marx como divisa y la repetía continuamente

[9] Nuestros análisis sobre la naturaleza y gravedad de la crisis actual pueden verse en la Revista Internacional.

[10] Ver nuestras “Tesis sobre la descomposición” en la Revista Internacional nº 62 http://es.internationalism.org/node/2123