Ante la crisis: la respuesta internacionalista contra la respuesta nacionalista

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Artículo de nuestra sección en Francia que denuncia la ola de nacionalismo que desde la derecha (Sarkozy y Le Pen) y la izquierda (Melenchon) intentan envenenar nuestras conciencias. Esta denuncia es igualmente actual en España o Grecia

Crisis económica

Con la profundización de la crisis del capitalismo, el nacionalismo más exacerbado ha sido centro de atención en las columnas de los periódicos y en las cámaras de televisión. Se echa la culpa de la crisis en España a "los alemanes" así en general, escondiendo que la mayoría de trabajadores en Alemania sufren la crisis de forma igualmente dura. Por ejemplo, en Alemania hay 7 MILLONES de mini-jobs: puestos de trabajo a 400 € mensuales.

El veneno del nacionalismo es un arma del capital para enfrentar a unos trabajadores con otros y para inculcar el mensaje de que todos los españoles o todos los griegos o todos los franceses tendríamos un interés común cuando es mentira: en Grecia, en España, en Francia, en Alemania, en cualquier país del mundo, la sociedad está dividida en clases y hay dos intereses OPUESTOS, el de la minoría explotadora contra la mayoría explotada.

La inoculación del veneno nacionalista participan -cada cual desde sus propios argumentos- tanto la derecha como la izquierda, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda. NO DICEN LO MISMO pero ACABAN EN LO MISMO: la defensa de la nación. Un ejemplo, en Francia el Frente Nacional defiende Francia con argumentos xenófobos mientras que el Frente de Izquierdas defiende Francia con argumentos de soberanía nacional, la prepotencia de Alemania, la intromisión en los asuntos franceses por parte de la Comisión Europea...

El nacionalismo puede adoptar muchas formas mucho más sutiles y peligrosas. De esta manera, el conjunto del aparato político burgués comprendiendo también, la extrema izquierda, participa a trasmitir el veneno de la división nacional, fundamento de la competencia capitalista, que se ubica diametralmente e intransigentemente en el campo opuesto del punto vista internacionalista, de los intereses y la conciencia que nuestra clase,  de lo que el proletariado debe  afirmar para desarrollar sus luchas y destruir este sistema de explotación.

¿Es necesario "proteger" las fronteras contra la inmigración para salvar los empleos?

Punto de vista nacionalista

La lucha contra la inmigración económica es un tema central del discurso de la burguesía. No solamente de la extrema derecha, sino de todas las fracciones políticas en el gobierno. Tanto la izquierda como la derecha,  retoman la misma retórica. Es el sentido de las medidas contra inmigrantes adoptadas por los gobiernos, de izquierda como de derecha, en todos los países comenzando por los más desarrollados. Estos levantan una cortina administrativa, policial, judicial, desde el espacio Schengen en Europa, hasta la construcción de muros en las fronteras en los Estados Unidos[1]. Limitación de la duración de los permisos de estadía, expulsiones por protocolo, o reconducciones masivas, acoso jurídico, acecho policial, patrullas navales y aéreas en las fronteras, campos de retención de cara a la huida de poblaciones que escapan de la miseria, la guerra, etc. El argumento puede resumirse en la formula célebre del Frente Nacional en Francia: «3 millones de  desempleados,  son 3 millones de inmigrantes de más». Y si eso sale mal, si hay demasiados despidos, si hay demasiados desempleados en el país, «expulsemos los inmigrantes,  prohibamos su acceso al territorio» para que los trabajadores nacionales puedan ocupar esos empleos restantes. Si la protección social baja, si hay mucho déficit, es causa de esos "extranjeros", quienes se aprovechan  de la amplitud del sistema social![2]

Punto de vista internacionalista

Históricamente la clase obrera es una clase de inmigrantes, quienes se ven obligados a vender en cualquier parte su fuerza de trabajo. La inmigración es un elemento esencial del desarrollo del movimiento obrero bajo el capitalismo[3]. Desde el siglo XIV, la burguesía británica ha desplazado masas de campesinos, normalmente irlandeses,  para  que trabajaran como mano de obra en las primeras manufacturas. A partir del siglo XVI, cuando aparece el problema de la sobreproducción, la inmigración se extiende más allá de las fronteras y se masifica progresivamente. «Las crisis cíclicas que golpean la Europa capitalista desde mediados del siglo XIV va a obligar a millones de proletarios a huir del desempleo y del hambre exiliándose en "el nuevo mundo". Entre 1848 y 1914, 50 millones de trabajadores europeos dejan el viejo continente para ira a vender su fuerza de trabajo en esas regiones, puntualmente en América.

De la misma manera que Inglaterra en el siglo XIV a podido permitir el desarrollo del capitalismo gracias a la inmigración interior, la primera potencia capitalista mundial, los Estados Unidos, se constituirá gracias al flujo de decenas de millones de inmigrantes venidos de Europa (propiamente de Irlanda, de Gran Bretaña, de Alemania, de países del norte de Europa)»[4]

Es en el siglo XX, con el declive del capitalismo, que los flujos migratorios disminuyen y que los estados se  dotan de herramientas para luchar contra la inmigración. La burguesía se apoya sobre popurrís ideológicos de temas antiimigrantes para designar chivos expiatorios cuando en realidad, si hay desempleo, es precisamente porque los países desarrollados no están en capacidad de integrar económicamente nuevos proletarios sobre el mercado de trabajo, en particular a los jóvenes. De hecho, el capitalismo, al estar en crisis, no es capaz  de dar trabajo ni a la mano de obra inmigrante ni al conjunto de los proletarios.

¿Es necesario "producir y comprar francés" para escapar de la crisis?[5]

Punto de vista nacionalista.

La idea de consumir preferentemente la producción nacional es el caballo de batalla ideológico de los partidos políticos burgueses. Durante la ultima campaña electoral, no menos de tres de los candidatos principales, François Bayrou, Jean-Luc Melenchon y María Le Pen, han defendido abiertamente desplazar o aumentar el impuesto a las mercancías extranjeras las que vendrían a estrangular la competitividad nacional o a ejercer presión desleal pues son producidas por una mano de obra pagada miserablemente. El objetivo es de dar ventajas a las producciones nacionales contra la competencia extrajera con el fin de "proteger los empleos".

Punto de vista internacionalista.

Si el proteccionismo no funciona es porque el mercado capitalista es mundial. Las medidas proteccionistas que puedan tomar algunos Estados, como Gran Bretaña o los Estados Unidos, no han tenido validez más que en una época donde podían apoyarse en un mercado extra-capitalista, campesino o artesanal suficientemente consecuente y no tenían más que una función limitada. Desde los inicios del siglo XX a menudo se han mostrado desastrosas para las economías nacionales. Las medidas tomadas por Alemania a partir de los años 30, dadas para permitirle vivir en autosuficiencia, no hacen más que agravar la crisis mundial. Su principal resultado ha sido la contracción o el cierre de mercados internacionales y el aumento del costo de las mercancías en los países donde era practicado el cierre económico de fronteras. Desde los primeros signos de la crisis actual, cuyo origen se remonta a fines de los años 60, la burguesía ha intentado frenar las tentaciones proteccionistas que no han cesado de manifestarse.

¿Aceptar "apretarse el cinturón" para favorecer la competitividad nacional?

Punto de vista nacionalista

La defensa  de la competitividad es igualmente un gran clásico de la argumentación nacionalista. El mensaje ha vuelto reforzado con la crisis, lo que se explica desde un punto de vista nacional: si el país está en crisis es a causa de la debilidad de la competitividad francesa por ejemplo[6], es decir, a causa del costo muy elevado de las mercancías producidas en Franca con respecto al de otros países, como Alemania, China o los Estados Unidos. Así, los trabajadores deberían patrióticamente aceptar disminuir sus salarios y bajar su nivel de vida para facilitar la venta de mercancías nacionales en el extranjero. Una lógica similar se expresa recientemente con el señalamiento de diferentes culpables de la amplitud de la deuda soberana de los estados tan amenazados de quiebra: «Es la culpa de los griegos» quienes se han beneficiado de las grandezas de Europa para vivir por debajo de sus medios y no haber "pagado sus impuestos", los funcionarios son pagados por no hacer nada", etc. O todavía, las otras naciones no deben pagar los "errores de gestión o de desperdicio de los griegos..." A la inversa, del lado griego, la fuente el mal que abruma este país sería «la presión de Europa y de los bancos centrales (FMI, Banco Mundial)»

Punto de vista internacionalista

De hecho, las explicaciones dadas por la burguesía para justificar los planes de rigor o de austeridad en nombre de la competitividad son groseramente mentirosas: entre más los explotados aceptan "apretarse el cinturón", más se les exige y más se les exigirán "sacrificios". Esta carrera sin fin hacia la productividad ya ha dejado sus pruebas. Ayer, Irlanda, el "tigre celta" ensalzado por la ejemplaridad de los obreros gálicos que valientemente habían aceptado los sacrificios... hasta que Irlanda fue agitada por la recesión y el desempleo. Lo mismo con España y Portugal. Hoy, es Alemania quien figura como modelo pero, ya el "modelo alemán" se fisura por todas partes, como el Reino Unido  hace algunos años, etc. De hecho la raíz de la crisis reside en la sobreproducción generalizada de mercancías frente a la cual la restricción de costos salariales no puede ser más que totalmente impotente a nivel del capital global.

Las soluciones nacionalistas avanzadas por la burguesía de todos los países son trampas lanzadas al proletariado para dividirlo y desviarlo de la clara comprensión de que el capitalismo es un sistema en quiebra. La identificación de "pueblo", " de ciudadanos" con su estado, con su gobierno, con sus empresas no hace más que servir para apantallar una verdadera comprensión de los problemas de la situación histórica mundial, envenena la conciencia de los proletarios de su responsabilidad histórica de derrumbar el sistema.

Los proletarios no deben defender una causa común a la de sus explotadores, al contrario, deben llevar la lucha contra ellos uniéndose, solidarizándose más allá de las fronteras.

Nada puede salvar al capitalismo. Nuestra perspectiva es opuesta a esta guerra de todos contra todos y a esta competencia permanente a través de la cual todas las burguesías, todos los estados intentan dirigirnos los unos contra los otros. La burguesía destila el veneno del nacionalismo económico en todas partes con el fin de demoler la conciencia de pertenencia a una misma clase internacional que no tiene nada que ganar manteniendo las viejas recetas chovinistas, fundamento de este sistema y de sus contradicciones. Mientras que la solidaridad internacional presente en la lucha de los trabajadores, en nuestros combates de clase, nos desarrolla nuestra conciencia destacando la perspectiva de una sociedad construida colectivamente a partir de las necesidades reales de la humanidad, sobre otras relaciones humanas, capaces  de ofrecer la única salida posible  a la humanidad de cara al hoyo de miseria y de barbarie al que la dirige el evidente callejón sin salida del capitalismo. Los proletarios no tienen patria. ¡Proletarios de todos los países, Unámonos!


[1] Y también en España: recordemos el muro levantado en Melilla en 2005 ¡por el gobierno socialista del "bonachón" de Zapatero!

[2] La variante española de estos argumentos de extrema derecha la defiende un tal Albiol, alcalde de Badalona por el Partido Popular

[3]Ver RI n 206 y fr.internationalism.org/ri369/inmigration.htm

[4] fr.internationalism.org/ri369/inmigration.htm

[5] O "producir y comprar español", "producir o comprar griego"...

[6] O española, o griega, o portuguesa... ¡En cada país se repite el mismo argumento nacionalista!