Debate sobre Marxismo y Ciencia

En la serie Marxismo y ciencia

Versión para impresiónEnviar por email

Ya hace algún tiempo que el compañero Gracchus, polemizando con un artículo publicado a propósito del hallazgo, más tarde desmentido, de que los neutrinos viajarían más rápido que la velocidad de la luz, envió una contribución sobre El Marxismo y el método científico, que publicamos en nuestra Web, y de la que más tarde aparecería una Versión final en los comentarios. En aquel momento saludamos las aportaciones del compañero y discutimos puntualmente sobre una de sus afirmaciones sobre las minorías revolucionarias. Desde entonces, la reflexión y la discusión sobre Marxismo y método científico nos plantea hoy una profundización sobre el hilo argumental central de su exposición; sin que eso signifique ningún desmentido sobre las aportaciones que ya señalamos del compañero. Al contrario, sus contribuciones animan a la discusión y la clarificación sobre este tema que no está en absoluto zanjado. Ya hace algún tiempo que el compañero Gracchus, polemizando con un artículo publicado a propósito del hallazgo, más tarde desmentido, de que los neutrinos viajarían más rápido que la velocidad de la luz[1], envió una contribución sobre El Marxismo y el método científico[2], que publicamos en nuestra Web, y de la que más tarde aparecería una Versión final[3] en los comentarios.

En aquel momento saludamos las aportaciones del compañero y discutimos puntualmente sobre una de sus afirmaciones sobre las minorías revolucionarias. Desde entonces, la reflexión y la discusión sobre Marxismo y método científico nos plantea hoy una profundización sobre el hilo argumental central de su exposición; sin que eso signifique ningún desmentido sobre las aportaciones que ya señalamos del compañero. Al contrario, sus contribuciones animan a la discusión y la clarificación sobre este tema que no está en absoluto zanjado.

En su Versión final, Gracchus expresa el eje central de su reflexión como sigue:

«Ya Marx apuntaba al carácter histórico y dialéctico del conocimiento científico, a diferencia de aquel materialismo vulgar estilo Diderot o Laplace, que la burguesía triunfante del S XIX tenía como estandarte y espejismo de un supuesto "dominio de la naturaleza". Esta ciencia naciente tan segura de sí misma y sus aplicaciones técnicas que se imponían a ritmo de máquina de vapor (o de generador eléctrico después) se cree atemporal y objetiva irónicamente. Esta crítica marxiana no cayó en saco roto y de hecho influyó en filósofos y científicos revolucionarios como Dietzgen o Pannekoeek.

No obstante la misma burguesía del final del siglo XIX es consciente de las limitaciones de su propia ciencia; es más del peligro que supondría para ella una ciencia social que avanzase al ritmo de la natural. De ahí el "malestar en la ciencia" de que se hace eco Pannekoeek en su "Lenin filósofo", que provoca una serie de impugnaciones de conceptos básicos entre la misma ciencia y filosofía burguesas que, a pesar de su tendencia a la recaída en el "idealismo" y el "subjetivismo", no podemos dejar de subrayar en cuanto a lucidez y nivel de autoconciencia (léase Mach, Avenarius o Poincaré).

Lo que queremos destacar en este artículo es que, nos guste o no admitirlo, la ciencia natural burguesa en gran medida supo franquear las aporías en que se vio envuelta y, más aún superarlas, con la aplicación a todos los terrenos del nuevo paradigma einsteniano-cuántico incluidas sus aplicaciones prácticas: desarrollo del transistor, microscopia electrónica, efecto túnel, etc. Es más, en relación a las Ciencias Naturales y sus aplicaciones, no podemos dejar de constatar su exponencial desarrollo durante el siglo XX»

Tratando de seguir el razonamiento de Grachus, podemos decir que lo esencial de su tesis consiste en señalar que la ciencia en el s XX ha superado el bloqueo, o " el malestar" con el que se encontró a finales del s XIX (y que Pannekoek caracterizó como tendencia al idealismo; Grachhus parece que, sin negar lo anterior, se refiere más bien a un paradigma equivocado, donde se pretende un dominio de la naturaleza, y en definitiva, una pretensión de estar en posesión de una explicación definitiva de una realidad acabada e inamovible para siempre jamás). La ciencia del s XX habría vuelto por sus fueros a sus principios materialistas dialécticos que ya reconoció Marx.

Por ello, la teoría revolucionaria debería integrar sus resultados y superarlos, en lugar de negarlos, como hizo el estalinismo, en nombre del marxismo y el determinismo.

En este razonamiento se superponen dos problemas que no son iguales y eso hace que finalmente acabe produciéndose una confusión. Las dos cuestiones a tratar son:

  • ¿Cual es el problema con el que se confrontaba la ciencia a finales del s XIX? ¿Ha superado la ciencia del s XX ese problema?
  • ¿Cuál debe ser la actitud de la revolución respecto a la ciencia?

¿Cual es el problema con el que se confrontaba la ciencia a finales del s XIX?
¿Ha superado la ciencia del s XX ese problema?

A grandes rasgos y sólo para orientar una respuesta, parece que Gracchus sólo ve una parte del problema. El ve que el atasco central de la ciencia del s XIX estaba en haber tomado lo que solo era un paradigma para comprender la realidad, por la realidad misma. Y efectivamente Pannekoek señala también este problema. Así, la física Newtoniana y la teoría atómica clásica se toman por la explicación definitiva de la materia, o más bien, por la materia misma. El desarrollo posterior de la teoría de la relatividad y la física cuántica, mostraron que el paradigma anterior había llegado a su límite y permitieron como dice Gracchus un gran progreso de la ciencia.

El libro de Pannekoek, Lenin filósofo, como su nombre indica, es en realidad una crítica a las incursiones filosóficas de éste en el folleto Materialismo y Empiriocriticismo. Lenin escribió este libro en 1908, polemizando, con la tendencia de Bogdanov y Lunacharsky, que se reivindicaban de las posiciones del empiriocriticismo (Mach y Avenarius), y que él identificaba como una desviación hacia el idealismo. Pero el problema, como muestra Pannekoek es que él mismo acaba desarrollando una posición esquemática, materialista vulgar[4]. Como dijo Korsch en marxismo y filosofía, Lenin defiende al marxismo contra el idealismo, cuando los ataques no venían de aquí, sino de una tendencia materialista vulgar:

«Para poder emitir un juicio sobre la actitud de Lenin hacia la filosofía y hacia toda ideología en general, hay que plantearse una primera cuestión de la cual depende la apreciación de la "filosofía materialista" peculiar, defendida por Lenin. De acuerdo con el principio aceptado por él mismo, esta cuestión que debe plantearse en primer lugar es de orden histórico, a saber: en la situación histórica actual efectivamente está dado un cambio de toda la situación en la historia del pensamiento, como lo sostuvo Lenin, y que haría necesario defender hoy, en el materialismo dialéctico, con mayor razón al materialismo frente a las tendencias idealistas de la filosofía burguesa que van ganando terreno, que a la dialéctica frente al materialismo de carácter vulgar, predialéctico e incluso hoy en parte inconscientemente no dialéctico y antidialéctico de la ciencia burguesa. A mi manera de ver como explico en otra parte, éste no es el caso en absoluto. Más bien, y a pesar de algunas manifestaciones contradictorias en la superficie de las actividades de la filosofía y ciencia burguesas actuales, y a pesar de algunas contracorrientes, que indudablemente existen, debe considerarse, aún hoy, como la corriente básica prevaleciente en la filosofía y las ciencias naturales y humanas burguesas, exactamente la misma que hace 60 o 70 años. Se trata de aquella corriente que parte, no de una concepción idealista, sino más bien de una concepción materialista de tinte naturalista.» (K. Korsch, Marxismo y Filosofía, Ed Era 1971, pag. 72)

El libro de Pannekoek tiene el mérito de mostrar cómo el materialismo vulgar acaba desarrollando una posición idealista, desde el punto de vista epistemológico, pues el fracaso del paradigma newtoniano para explicar la realidad acaba llevando a la idea de que la realidad es inexplicable. La verdadera cuestión no es pues, materialismo contra idealismo, sino materialismo vulgar frente a materialismo dialéctico.

«El materialismo no podía reinar sobre la ideología burguesa más que durante un tiempo muy corto. Mientras la burguesía pudiese creer que su sociedad, la de la propiedad privada, la libertad individual y la libre competencia, podría resolver los problemas vitales de toda la humanidad gracias al desarrollo de la producción, de la ciencia y de la técnica, también podía creer que la ciencia permitiría resolver sus problemas teóricos sin que fuese necesario recurrir a fuerzas espirituales sobrenaturales. Pero desde que la lucha de clase proletaria hubo revelado, al amplificarse, que el capitalismo no estaba manifiestamente en condiciones de resolver los problemas vitales de las masas, la filosofía materialista segura de sí misma desapareció. Se representó nuevamente el universo como lleno de contradicciones insolubles e incertidumbres, poblado de potencias funestas amenazando la civilización. Por eso la burguesía se entregó a toda clase de creencias religiosas y los intelectuales y filósofos burgueses sucumbieron a la influencia de tendencias místicas. Muy pronto descubrieron las debilidades e insuficiencias de la filosofía materialista y se pusieron a hacer grandes discursos sobre los "límites de las ciencias" y sobre los "enigmas" insolubles del universo. »

Panekoek muestra que la vía que conduce del materialismo al idealismo en el desarrollo de la ciencia burguesa se explica por su pretensión de considerar la materia, la vida real, como algo fijo, completamente desarrollado, cuya explicación cabe en las leyes y cálculos más y más complejos de los científicos; al mismo tiempo que muestra que esa visión es el producto de su visión limitada de la realidad, que separa y opone materia y espíritu, ser y pensar, lo concreto y lo abstracto, el sujeto y el objeto.

El marxismo no se presenta como el conocimiento acabado de la realidad circundante, sino que comprende la aparición de los hombres como el producto de un desarrollo en primer lugar de la naturaleza y después social. Considera que a partir del descubrimiento de que los seres humanos son un producto y un factor activo de las transformaciones históricas y sociales, la realidad se concibe como un proceso antagónico en el que interactúan diferentes elementos que se resumen en la naturaleza y el factor humano y que cambia constantemente. Cada momento proporciona sus hipótesis, sus controversias, sus descubrimientos, dependiendo del pasado, del presente y de la perspectiva, y no puede explicarse sino abstrayéndolo de la unidad de la totalidad y oponiéndosele; de esa forma se proporciona una visión del mundo que, sin descartar los imprevistos, el azar, etc. (no hay una teleología), al mismo tiempo no deja lugar para lo místico, para la concepción de que más allá de nuestra experiencia sensible y nuestras tentativas de explicación existiría la "cosa en sí".

Desde los primeros trabajos de Marx en la década de 1840, hay una sensibilidad frente a este problema, que aparece claramente abordado ya en Los Manuscritos Económicos y Filosóficos:

«Las ciencias naturales han desarrollado una enorme actividad y se han adueñado de un material que aumenta sin cesar. La filosofía, sin embargo, ha permanecido tan extraña para ellas como ellas para la filosofía: La momentánea unión fue sólo una fantástica ilusión. Existía la voluntad, pero faltaban los medios. La misma historiografía solo de pasada se ocupa de las ciencias naturales en cuanto factor de ilustración, de utilidad, de grandes descubrimientos particulares. Pero en la medida en que, mediante la industria, la Ciencia natural se ha introducido prácticamente en la vida humana, la ha transformado y ha preparado la emancipación humana, tenía que completar inmediatamente la deshumanización. La industria es la relación histórica real de la naturaleza (y, por ello, de la Ciencia natural) con el hombre; por eso, al concebirla como desvelación esotérica de las fuerzas humanas esenciales, se comprende también la esencia humana de la naturaleza o la esencia natural del hombre; con ello pierde la Ciencia natural su orientación abstracta, material, o mejor idealista, y se convierte en base de la ciencia humana, del mismo modo que se ha convertido ya (aunque en forma enajenada) en base de la vida humana real. Dar una base a la vida y otra a la ciencia es, pues, de antemano, una mentira. La naturaleza que se desarrolla en la historia humana (en el acto de nacimiento de la sociedad humana) es la verdadera naturaleza del hombre; de ahí que la naturaleza, tal como, aunque en forma enajenada, se desarrolla en la industria, sea la verdadera naturaleza antropológica.

La sensibilidad (véase Feuerbach) debe ser la base de toda ciencia. Sólo cuando parte de ella en la doble forma de conciencia sensible y de necesidad sensible, es decir, sólo cuando parte de la naturaleza es la ciencia verdadera ciencia. La Historia toda es la historia preparatoria de la conversión del "hombre" en objeto de la conciencia sensible y de la necesidad del "hombre en cuanto hombre" en necesidad. La Historia misma es una parte real de la Historia natural, de la conversión de la naturaleza en hombre. Algún día la Ciencia natural se incorporará a la Ciencia del hombre, del mismo modo que la ciencia del hombre se incorporará a la ciencia natural, habrá una sola ciencia» (Karl Marx, Manuscritos de Economía y filosofía, Alianza Editorial 1972 Madrid, pag 152-153, 3er Manuscrito, apartado Propiedad privada y comunismo).

La ciencia del s XX no ha superado los problemas de la ciencia del s XIX, porque a pesar de que pueda ser mucho más dinámica y puntualmente crítica incluso con ciertos aspectos de la globalidad, no puede cuestionar el sistema de producción. Las diferentes ramas de la ciencia, incluyendo los sectores digamos honestos de las ciencias sociales, han hecho y harán aportaciones preciosas para la perspectiva revolucionaria; pero no pueden adoptar el punto de vista de la teoría revolucionaria. De hecho, a pesar de que, particularmente desde los años 90 (aunque las premisas de esta tendencia se sitúan en los años 70), se desarrolla una tendencia a la investigación multidisciplinaria, que trata de unir en una visión integral la investigación en el terreno de las ciencias naturales y las ciencias sociales, tropieza con enormes dificultades para desarrollar una visión dialéctica[5].

Por eso, tras la 2ª guerra mundial, en pleno "boom" de la tecnología y el desarrollo científico en los años 60, la ciencia se encontraba en una situación similar a la de finales del s XIX, como denunció la corriente bordiguista: "...el «progreso científico» es una de las grandes coartadas de la burguesía.... Además, la burguesía saca argumentos de los éxitos de las ciencias de la naturaleza para construir una «ciencia social» que se dice por encima de las clases, en realidad para justificar su filosofía social y su forma de sociedad"... escribía el partido bordiguista en su reunión general de Turín en 1968 (http://www.sinistra.net/lib/bas/progra/vano/vanoqgecof.html#u8)

Durante el siglo XX, debido a la derrota de la tentativa revolucionaria y al peso del estalinismo, el Movimiento obrero ha sido víctima de una visión dogmática y materialista vulgar de la ciencia, que se resumía en los "avances" de la Academia de las ciencias de la URSS y en "científicos" como Lyssenko; pero también al contrario, de una visión de rechazo de la ciencia, que se identificaba con la carrera de armamentos y la explotación, como la que vehiculizaban los jóvenes de los años 60. Sólo excepcionalmente se han producido esfuerzos para recuperar un planteamiento marxista del problema partiendo del materialismo histórico. Y eso principalmente en un marco teórico y aislado de los combates de clase, en un terreno filosófico.

Como por ejemplo los esfuerzos de Luckas, que aunque comenzaron en el fuego del combate de la Izquierda comunista en la revista Kommunismus, se perdieron después en un contexto "teórico" abstracto, e incluso fueron utilizados por Stalin para combatir contra Trosky.

Lukács critica la ciencia en el capitalismo, porque está construida desde las premisas de la sociedad capitalista misma, que son anteriores a sus postulados. Carece de una visión histórica y dialéctica: «El carácter histórico de los «hechos» que la ciencia cree captar en semejante «pureza», aparece, sin embargo, de una manera todavía más nefasta. En efecto, estos hechos no sólo están implicados (como productos de la evolución histórica) en un continuo cambio sino que, además, son -precisamente en la estructura de su objetividad- productos de una época histórica determinada: la del capitalismo. En consecuencia, esta «ciencia», que reconoce, como fundamento del valor científico la manera en que los hechos son dados inmediatamente, y como punto de partida de la conceptualización científica la forma de objetividad de los hechos, esta ciencia se coloca simple y dogmáticamente en el terreno de la sociedad capitalista, aceptando sin crítica su esencia, su estructura de objeto, su legalidad como fundamento inmutable de la «ciencia». Para avanzar de esos «hechos» a los hechos en el verdadero sentido de la palabra, es necesario penetrar en su condicionamiento histórico como tal y abandonar el punto de vista mediante el cual los hechos son dados como inmediatos: es preciso someterlos a un tratamiento histórico-dialéctico, porque como dijo Marx: «La estructura (Gestalt) acabada de las relaciones económicas tal y como aparecen superficialmente en su existencia real, y, por tanto, también en las representaciones mediante las cuales los portadores y los agentes de esas relaciones tratan de hacerse una idea clara de ellas, es muy diferente y, de hecho, contraria a su núcleo estructural interno (Kerngestalt). esencial pero oculto, y al concepto que a él corresponde; son incluso su opuesto. Por tanto, si los hechos han de ser captados correctamente, es conveniente aprehender primero clara y exactamente esa diferencia entre su existencia real y su núcleo interno, entre las representaciones que se forman de ellos y sus conceptos. Esta distinción es la primera condición previa a un estudio verdaderamente científico que, según las palabras de Marx, «seria superfluo si la apariencia fenoménica y la esencia de las cosas coincidieran inmediatamente». Se trata, pues, por una parte, de separar los fenómenos de su forma dada inmediata, de encontrar las mediaciones por las cuales aquéllos pueden ser referidos a su núcleo y a su esencia y captados en su esencia misma, y, por otra parte, de llegar a la comprensión de ese carácter fenoménico, de esa apariencia fenoménica considerada como la forma de aparición necesaria de esos fenómenos. Esta forma de aparición es necesaria en razón de la esencia histórica de los fenómenos, en razón de haber surgido éstos en el terreno de la sociedad capitalista. Esta doble determinación, este reconocimiento y esta superación simultánea del ser inmediato, es justamente la relación dialéctica.» (Historia y Conciencia de clase, Editorial de Ciencias Sociales del Instituto del Libro, La Habana, Cuba, pag. 41 y 42). ¿Qué es el marxismo ortodoxo?

La dictadura de "los hechos" esconde una incapacidad para comprender la evolución dialéctica de la realidad.

«La esencia de la evolución capitalista, hecha extraña al hombre, inmovilizada, trasformada en cosa impenetrable, se cristaliza en el «hecho» bajo una forma que hace de esa inmovilidad y esa enajenación el fundamento más evidente, el más indudable, de la realidad y la aprehensión del mundo. Frente a la inmovilidad de esos «hechos», todo movimiento aparece como un simple movimiento en su nivel, toda tendencia a modificarlos como un principio solamente subjetivo (deseos, juicios de valor, debe-ser, etc.) Cuando esta prioridad metodológica de los «hechos» ha sido quebrantada, cuando el carácter de proceso de todo fenómeno ha sido reconocido, se puede al fin comprender que lo que se suelen llamar «hechos» consiste también en proceso. Se puede comprender entonces que los hechos no son justamente otra cosa que partes, momentos, del proceso de conjunto, separados, artificialmente aislados e inmovilizados. Al mismo tiempo se comprende también por qué el proceso de conjunto, en el cual la esencia de proceso se afirma sin falsificación y cuya esencia no es oscurecida por ninguna inmovilidad, representa con relación a los hechos la realidad superior y auténtica. Y se comprende al mismo tiempo por qué el pensamiento burgués cosificado debía necesariamente hacer de esos «hechos» su máximo fetiche teórico y práctico. Esa facticidad petrificada, donde todo se inmoviliza en «magnitud fija», donde la realidad del momento está presente en una inmutabilidad total y absurda, hace toda comprensión, aun de esta realidad inmediata, metodológicamente, imposible.» (Luckas, op cit, Rosa Luxemburg marxista)

Se puede citar también el trabajo "filosófico" de la escuela de Frankfort. Horkheimer y Adorno mostraron en La dialéctica de la ilustración, que tras el éxito de la ciencia en el siglo XX se esconde una "vuelta a Kant"[6]:

«El dominio de la naturaleza traza el círculo en el que la crítica de la razón pura ha encerrado al pensamiento. Kant unió la tesis de su fatigoso e incesante progreso hasta el infinito con la insistencia inflexible sobre su insuficiencia y eterna limitación. La respuesta que ha dado es el veredicto de un oráculo. No hay ser en el mundo que no pueda ser penetrado por la ciencia, pero aquello que puede ser penetrado por la ciencia no es el ser. De tal suerte, según Kant, el juicio filosófico mira a lo nuevo, pero no conoce nunca nada nuevo, puesto que repite siempre solo aquello que la razón ha puesto ya en el objeto. Pero a este pensamiento, protegido y garantizado -en los diversos departamentos de la ciencia- por los sueños de un visionario (referencia a uno de los apelativos del mismo Kant, NdR), le es presentada luego la cuenta. El dominio universal sobre la naturaleza se retuerce contra el mismo sujeto pensante, del cual no queda más que ese mismo, eternamente igual "yo pienso", que debe acompañar todas mis representaciones. Sujeto y objeto se anulan entre sí. El sí abstracto, el derecho de registrar y sistematizar, no tiene frente a sí más que lo abstracto material, que no cuenta con otra propiedad que la de servir de sustrato a esta posesión. La ecuación de espíritu y mundo termina por resolverse, pero sólo debido a que los dos miembros de ella se eliden recíprocamente. En la reducción del pensamiento a la categoría de aparato matemático se halla implícita la consagración del mundo como medida de sí mismo. Lo que parece un triunfo de la racionalidad objetiva, la sumisión de todo lo que existe al formalismo lógico, es pagado mediante la dócil sumisión de la razón a los datos inmediatos. Comprender el dato como tal, no limitarse a leer en los datos sus abstractas relaciones espaciotemporales, gracias a las cuales pueden ser tomados y manejados, sino entenderlos en cambio como la superficie, como momentos mediatos del concepto, que se cumplen sólo a través de la explicación de su significado histórico, social y humano: toda pretensión del conocimiento es abandonada. Puesto que el conocimiento no consiste sólo en la percepción, en la clasificación y en el cálculo, sino justamente en la negación determinante de lo que es inmediato. Mientras que el formalismo matemático, cuyo instrumento es el número, la forma más abstracta de lo inmediato, fija el pensamiento en la pura inmediatez. Si da razón a lo que es de hecho, el pensamiento se limita a su repetición, el pensamiento se reduce a la tautología. Cuanto más se enseñorea el aparato teórico de todo lo que existe, tanto más ciegamente se limita a reproducirlo» ( Maxc Horkheimer y Theodor Adorno, , Dialéctica de la ilustración, Ed Trotta Madrid 1998, El concepto de ilustración)

La próxima revolución no puede obviar estos problemas.

¿Cuál debe ser la actitud de la revolución respecto a la ciencia?

Lamentablemente Lenin se dejó llevar en su Materialismo y Empiriocriticismo, por una deriva materialista vulgar. Sin embargo lo que en él fue un error, fue después instituido por el estalinismo como la norma. Los errores de Lenin se convirtieron en la base del dogmatismo estéril, llegando al absurdo de negar la "teoría de la relatividad" y dando la espalda al desarrollo de la ciencia, para implantar una especie de catecismo que se llamó: "leninismo". El estalinismo llevó a la caricatura la posición de que el marxismo era la única "visión integral de la realidad" y por tanto, todos los campos de la ciencia son "limitados" y deben ser supervisados o encuadrados en el marxismo. En la Rusia contra-revolucionaria sabemos que esto condujo a la aberración de una ciencia "marxista" que sería "superior":

«Por más que el punto de vista adoptado más tarde por Lenin sea, en apariencia, análogo al de Engels, difiere de éste como el día de la noche por la simple razón de que Engels ve la tarea esencial de la dialéctica materialista en "salvar de la filosofía idealista alemana a la dialéctica consciente, llevándola a la concepción materialista de la naturaleza y la historia", mientras Lenin, por el contrario, ve su tarea principal en el sostenimiento y defensa de la posición materialista misma, que en el fondo no había sido atacada por nadie. Así, Engels llega a la explicación. de acuerdo con el desarrollo progresista de las ciencias, de que el materialismo moderno, aplicado a la naturaleza y la historia es "en ambos casos esencialmente dialéctico y no necesita filosofía alguna que esté por encima de las demás ciencias". Lenin, eternamente descontento, critica mientras tanto "las desviaciones filosóficas" que encuentra, no sólo en amigos y adversarios políticos, o en los filósofos ideólogos, sino también en los demás productivos investigadores dedicados a las ciencias naturales; y reclama para su "filosofía materialista" una especie de judicatura suprema sobre todos los resultados pasados, actuales y futuros de las investigaciones que se realizan en las diferentes ciencias.

La continuación de esta tutela materialista "filosófica" sobre todas las demás ciencias -sobre las ciencias naturales y sociales así como sobre todas las demás formas de desarrollo de la conciencia, en la literatura, el teatro, las artes, etc.-, conduce a la formación de esta dictadura ideológica que oscila extrañamente entre el progreso revolucionario y la más oscura reacción y que en la Rusia soviética actual se ejerce en nombre del llamado "marxismo-leninismo" sobre toda la vida espiritual, no solamente del partido en el poder, sino de toda la clase obrera, y que en los tiempos más recientes se ha intentado extender también más allá de las fronteras de Rusia soviética a todos los partidos comunistas de Occidente y el resto del mundo. » (K. Korsch, Idem pag. 77)

Evidentemente de aquí queda para la historia (y para Gracchus), que la revolución "ninguneó" la ciencia para imponerle una especie de "conocimiento"-palabra de Marx-Stalin-, que se dio en llamar "leninismo". Obviamente, en contra de esto, Grachhus apunta que la próxima revolución deberá partir e integrar los avances de la ciencia. Pero esto es de hecho la tradición del Movimiento obrero hasta el estalinismo. No solo Marx y Engels incorporaron los descubrimientos de Morgan o Darwin, o Engels reflexionó sobre la teoría celular de Virchow, etc, sino que en la 2ª Internacional esto fue la norma.

De hecho, la revolución de Octubre, contrariamente a su sepulturero Stalin, abrió e impulsó diferentes frentes de trabajo en el terreno científico, por ej sobre la ecología, o la psicología.

El Movimiento obrero siempre tuvo una dimensión cultural y científica evidente en los debates en el seno de la socialdemocracia alemana y cuyos últimos coletazos conocidos son los escritos de Trotsky y su relación con la corriente surrealista por ej Una dimensión que ha sido sepultada por la contra-revolución y que la CCI trata hoy de recuperar.

18.04.12

[1] Confirmada la existencia de neutrinos: ¿ha logrado el progreso científico "ir más rápido que su sombra"? en http://es.internationalism.org/ap/2000s/2010s/2012/222_neutrinos

[2] Contribución sobre El "Marxismo" y el método científico, en http://es.internationalism.org/node/3280

[3] http://es.internationalism.org/ap/2000s/2010s/2012/222_neutrinos#comment-1735

[4] Si en este punto la posición de Pannekoek es inobjetable, no ocurre lo mismo con la conclusión política que pretende extraer de ahí y que concierne a la naturaleza de clase de la revolución rusa y el partido bolchevique. Pannekoek pretende ver en los errores de Lenin en este libro, la explicación de la degeneración de la revolución rusa y el origen del estalinismo... ¡Y eso es estirar demasiado las cosas! Como mostró la Izquierda Comunista de Francia, Internationalisme, en su crítica de Lenin Filósofo (que está disponible por el momento sólo en edición papel en la Revista internacional), a la base de la perspectiva revolucionaria en 1917 en Rusia no están los errores de filosofía de Lenin en 1908, sino lo mejor de las aportaciones del Movimiento obrero y el marxismo internacional

[5] Sólo una minoría de investigadores honestos y comprometidos en el rechazo de la explotación llegan a integrar sus estudios y sus teorías en una perspectiva revolucionaria; lo que les conduce de hecho la mayor parte de las veces a considerar la teoría marxista

[6] Como la "vuelta a Kant" se conoce un debate histórico desencadenado en la Socialdemocracia a finales del s XIX y que era el correlato teórico-filosófico del reformismo. En efecto, resumiendo, Bernstein planteaba que los análisis de Marx eran científicos en tanto que describían y analizaban la sociedad capitalista, pero eran "idealistas" en tanto planteaban una perspectiva revolucionaria. En el terreno de la perspectiva revolucionaria, de las cuestiones sociales, habría que "recuperar la filosofía de Kant".