Lo hice para ayudar a mi país ... (o los efectos nefastos de la guerra)

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Texto sobre las recientes acciones monstruosas de militares o paramilitares (en Francia o en Afganistán) y sus efectos altamente destructivos para todos e igualmente para sus practicantes. 

Durante las últimas semanas algunos actos abominables de violencia han conmocionado al mundo. A principios de marzo, el Sargento Robert Bales se fue de juerga  a pegar tiros en la provincia afgana de Kandahar. Fue metódicamente de casa en casa disparando a civiles afganos. En total asesinó a dieciséis personas, la mayoría mujeres y niños. A mediados de marzo en Toulouse y Montauban, el joven argelino Mohamed Merah asesinó a tres soldados franceses antes de abatir a tiros a 3 niños y un profesor en una escuela judía.

¿Que conexión existe entre  el comportamiento fuera de control  del soldado estadounidense emplazado en Afganistán y los  asesinatos cometidos por Mohamed?

Mohamed Merah declaró que quería vengarse por la prohibición del burka en Francia, el despliegue del ejército francés en Afganistán y la opresión de los palestinos en el estado israelí. Antes de que le dispararan durante el asedio policial, se arrepintió de no haber matado a más gente. Sin embargo, el motivo de los disparos indiscriminados del soldado Robert Bales es aun desconocido.

Aparentemente Merah, al cometer la mayor masacre posible, quería despertar la máxima atención hacia la opresión de sus hermanos musulmanes. El espíritu de venganza y represalias le condujeron a estos asesinatos, los cuales, según declaró, fueron llevados en el nombre de Al Qaeda.

Por otro lado, parece que Robert Bales sólo perdió la cabeza  y  después declaró que no recordaba los asesinatos. ¿Cómo es posible que un hombre del ejército, padre de dos hijos, perdiera el control hasta este punto?

El diario New York Times publicó el 17 de marzo que Bales había ingresado en el ejército poco después del 11 de septiembre[1]. «Voy a ayudar a mi país», fue su justificación.

Sin embargo, después de ser enviado al circo de la guerra, se dio cuenta de que los soldados estadounidenses (así como todas las tropas de las Fuerzas Internacionales de Asistencia para la Seguridad de la OTAN) estaban en peligro las veinticuatro  horas del día. Podrían verse atacados en cualquier momento. En cuatro despliegues de tropas a lo largo de una década en Irak y Afganistán, Bales fue herido en la cabeza y en los pies.

La víspera antes del disparo fue testigo de una escena horrible en la que uno de sus compañeros perdió una pierna en un campo de minas. Desconocemos cuantas víctimas entre civiles y enemigos vio o  en cuantos tiroteos anduvo implicado.

En cualquier caso, la experiencia de Robert Bales en estas guerras no fue en ningún sentido excepcional.

Es un hecho que la guerra crea horribles daños psicológicos entre los soldados así como en los civiles. «Más de 200.000 personas (la quinta parte de todos los excombatientes en Iraq y Afganistán) recibieron tratamiento hospitalario desde el principio de la guerra siendo  todos ellos  tratados debido a trastornos por  stress postraumático (PTSD Post Traumatic Stress Disorder)».

Alrededor de un tercio de los veteranos en la guerra de Vietnam volvió a casa con desórdenes psicológicos severos. Aunque sólo un 1% de la población sirvió en el ejército de los Estados Unidos, los suicidios de los excombatientes  estadounidenses constituyen el 20% de todos los suicidios[2].

Casi mil veteranos intentan suicidarse cada mes. Así los soldados afirman: «Es un horror. La guerra te cambia el cerebro. Entre la guerra y la vida en casa hay un mundo de diferencia. Cambias, lo quieras o no. Una vez que regresas a casa, ya no puedes encontrar el equilibrio».[3]

Una vez que regresan a casa, muchos de ellos tienen que hacer frente al desempleo y la falta de vivienda. El ejemplo de la ciudad de Los Ángeles es revelador: «En Los Ángeles hay muchos veteranos de guerra sin hogar. Lo pierden todo, su trabajo, sus parejas, su casa. Todo esto debido a los trastornos psicológicos y a que no reciben ninguna ayuda. Alrededor de un tercio de todos los sin techo que hay en Los Ángeles son veteranos de guerra»[4].

Napo, la Asociación Nacional Británica de funcionarios destinada a  vigilar a los presos en libertad condicional estimó que 12.000 de los antiguos militares están bajo su supervisión, con más de 8.500 encarcelados en Inglaterra y Gales. La cifra total es más de 20.000, lo que supone más del doble del número de soldados  sirviendo  actualmente en Afganistán[5].

La mutilación psicológica de los soldados

Si tú cedes aunque sea un poco al patriotismo y al nacionalismo, te verás arrastrado hacia una espiral de destrucción que no sólo daña las vidas de la población civil sino a los mismos soldados, quienes están mentalmente mutilados y emocionalmente desestabilizados.

Mientras que las clases dirigentes y su ideología adornan la guerra hablando de "misiones humanitarias" y "estabilizar países", la realidad dentro del circo de la guerra parece muy diferente.

Aquí los soldados son arrastrados hacia un abismo en el que sus primeras ansiedades evolucionan hacia el odio y la paranoia. Lo que es mostrado como "despliegue" humanitario en realidad resulta ser un permanente estado de terror sobre la población.

En estas circunstancias los soldados a menudo desarrollan un sentido de satisfacción si pueden dañar o destruir símbolos que son muy estimados entre la población local, o si pueden humillar a seres humanos directa y abiertamente.

La población que ha sido empujada hacia un callejón sin salida, a menudo solo siente desprecio hacia los "liberadores" y muchos de ellos pueden ser fácilmente movilizados por ataques suicidas. La máquina de matar se pone a funcionar a todo gas.

Después de tantas experiencias traumáticas, Bales ya no podía sentir que quería "ayudar a mi país". Estaba particularmente indignado por el hecho de que después de cuatro despliegues previos le habían enviado de nuevo a Afganistán.

Según su mujer hubiesen preferido haber sido destinados a  algún puesto fronterizo más seguro como Alemania, Italia o Hawaii.

Bales podría enfrentarse a la pena de muerte. El sistema legal estadounidense actúa como acusador y juez, en lugar de analizar por qué el patriotismo y el nacionalismo necesariamente conducen a orgías de violencia, hacia la destrucción de las víctimas y a la autodestrucción de los propios responsables.

La clase dirigente quiere lavarse las manos de toda responsabilidad por la guerra, y más concretamente, por la sistemática deshumanización de sus propios soldados.

El ejército, a menudo apoyado por psicólogos profesionales empleando las últimas técnicas de "modificación de conducta", tiene un objetivo  esencial: los soldados tienen que estar en forma para combatir, lo que significa superar cualquier reticencia a matar otros seres humanos. La  psicóloga y cineasta Jan Haaken mostró en su documental Área Mental, el papel que juegan los psicólogos: «No estamos aquí para reducir el número de soldados. En caso de duda, a los soldados se les considera en forma para combatir, en tanto en cuanto puedan hacer el trabajo».[6]

¿Superar la barbarie con medio brutales?

Mohamed Merah, quién aniquiló la vida de siete personas porque quería vengarse por todos los actos de violencia que esta sociedad perpetúa contra las personas, sólo reprodujo los métodos asesinos de un sistema opresivo. Los medios que él eligió son parte de un destructivo y auto destructivo círculo vicioso. El hecho es que su solicitud para unirse al ejército  francés  en el extranjero fue rechazada, aunque él quería prestar sus servicios al estado francés, lo que podría arrojar algo de luz en su determinación para asesinar al servicio de la nación.

«La espiral de violencia que acaba con todo lo humano no se puede romper utilizando los métodos militares del sistema capitalista. Para vencer un sistema inhumano, el propósito y los medios han de formar una unidad. La revolución del proletariado requiere que no haya terror para cumplir sus objetivos; odia y desprecia el asesinato.

No necesita  todas esas armas porque no combate individuos sino instituciones, ya que no entra en el campo de batalla con ingenuas ilusiones cuya decepción  buscaría la venganza. No es el intento desesperado de una minoría de moldear el mundo a la fuerza según sus ideales, sino la acción de millones de personas, destinadas a cumplir una misión histórica y transformar una necesidad histórica en realidad»

(Rosa Luxemburg, "Qué quiere Espartaco?" 14 de diciembre de 1918)

[1] Fecha del famoso atentado de las Torres Gemelas. Ver en Revista Internacional nº 107: En Nueva York como en todas partes el capitalismo siembra la muerte http://es.internationalism.org/rint/2001/107_edito.htm

[2] http://www.spiegel.de/politik/ausland/0,1518,822232,00.html

[3] http://www.tagesschau.de/ausland/usarmee128.html

[4] http://www.tagesschau.de/ausland/usarmee128.html

[5] http://www.dailymail.co.uk/news/

[6] http://www.democracynow.org/2012/3/16/mind_zone_new_film_tracks_therapistsc