¿Para qué sirve la «fracción externa de la CCI”? - De la irresponsabilidad política al vacío teórico

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¿Para qué sirve la «fracción externa de la CCI”?

De la irresponsabilidad política al vacío teórico

El medio político proletario lo integran una serie de organizaciones que, pese a sus confusiones y errores de análisis, en algunas ocasiones graves, representan un esfuerzo histórico de la clase obrera en su toma de conciencia. Sin embargo, al margen de este medio, hay toda una serie de grupúsculos que no se inscriben en auténtica continuidad con el esfuerzo de las corrientes históricas de la clase, cuya existencia está basada en el espíritu de capilla, cuando no en “cuestiones personales” y otras mezquindades. Esos grupos aparecen como parásitos de las verdaderas organizaciones revolucionarias. Su existencia no solo carece de fundamento desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera sino que, además, contribuyen a desacreditar ante la clase las posiciones y la actividad de las organizaciones serias. La FECCI (fracción externa de la CCI) es un perfecto ejemplo de grupo parásito. Una ilustración caricaturesca de ello es la forma en que este grupo se ha confrontado a los considerables acontecimientos históricos que han sacudido el mundo en los dos últimos años. En los números 44 y 45/46 de nuestra Revista evocamos las circunstancias en las que se constituyó la FECCI. Aquí solo recordaremos, de pasada, esas circunstancias.

En noviembre de 1985, durante el VIº Congreso de la CCI, algunos antiguos militantes abandonaron voluntariamente nuestra organización para formar la FECCI. Meses antes, esos camaradas, habían formado una tendencia sobre la base de un documento que intentaba hacer una síntesis de diferentes puntos de vista contradictorios que se habían desarrollado en la organización contra las orientaciones de la misma. Pero más allá de su falta de homogeneidad y de su incoherencia, las posiciones expresadas en aquella época por estos compañeros, se distinguían por una falta de firmeza, por concesiones a posiciones consejistas, en resumen, por una actitud centrista con respecto al consejismo. Aunque posiciones así hubieran tenido consecuencias nefastas en caso de arrastrar al conjunto de la CCI hacia ellas, no motivaban en forma alguna una separación organizativa. Del mismo modo, consideramos esta escisión como una verdadera deserción marcada por la irresponsabilidad y el sectarismo. Además los propios escindidos eran perfectamente conscientes de lo injustificable de su actitud, por eso desde entonces hasta ahora propalan la patraña de que fueron excluidos de la CCI. No tenemos sitio aquí, en el marco de este artículo, para denunciar esas mentiras (ampliamente refutadas en la Revista Internacional 45/46). Al igual que las comunidades primitivas, las sectas necesitan en general construirse un mito fundador que justifique su existencia. Que fueron excluidos de la CCI es uno de los mitos fundadores de esa secta que lleva por nombre la FECCI.

La mentira no es, sin embargo, la única característica de la FECCI. Hay que añadirle la estupidez. Ella misma hace entrega del bastón para que la apaleen cuando confirma que no fue en absoluto excluida de la CCI, sino que la abandonó por decisión propia.

“Continuar en una organización que degenera como la CCI equivale a privarse de toda posibilidad de enfrentar y, eventualmente, superar la crisis del marxismo... Todo ello lo recubre la CCI con un fino barniz de respetabilidad cuando hace seis o siete años inventó el dogma cómodo de que los militantes deben quedarse en la organización mientras que ésta no haya franqueado la frontera de clase hacia el campo enemigo de la clase capitalista. Prisioneros de por vida. Como las mujeres maltratadas que proclaman patéticamente que “él me quiere”, los militantes de la CCI descubren el carácter sagrado del matrimonio” (Perspective Internationaliste, no 20, «Pour une pratique vivante de la théorie marxiste»). Los lectores podrán valorar en su justa medida la asimilación de la CCI con un marido brutal. La FECCI nos tiene acostumbrados desde su nacimiento a este tipo de calificativos. Puede, sin embargo, constatarse que la FECCI (¿se considera a sí misma una mujer maltratada?) reivindica vehementemente su divorcio de una CCI, a la vez que confirma claramente que ésta se oponía a él.

Una vez más, no tenemos mucho espacio aquí para mencionar el conjunto de acusaciones estúpidas y mentirosas, y son muchas las que lanza la FECCI a nuestra organización. Volveremos, si es necesario, en otro artículo, sobre uno de los caballos de batallas de la FECCI: el pretendido abandono por parte de la CCI de sus principios programáticos. Hay, sin embargo, una acusación cuya profunda estupidez se han encargado de demostrar paladinamente los acontecimientos de los últimos años: nuestro pretendido retroceso teórico.

La FECCI y la profundización teórica

Además de acusarnos de abandonar los principios, la FECCI ha decretado que “... la CCI no solo ha dejado de ser un laboratorio para el desarrollo de la teoría/práctica marxista (condición sine qua non de una organización revolucionaria) sino que además es incapaz de mantener las adquisiciones teóricas sobre las que se constituyó...” (“Por qué la Fracción”, PI, nº 3). Por su parte, la FECCI se da el objetivo de salvaguardar estas adquisiciones y enriquecerlas: “Para que una organización viva y se desarrolle no basta con que conserve su Plataforma en los archivos... la Historia avanza, plantea nuevos problemas, presenta bajo una nueva forma los viejos problemas, y todos aquellos que no logran situarse a la altura que exige la Historia se condenan a pedalear en el vacío sin avanzar” (“Las tareas de la fracción”, PI, nº 11). Evidentemente la FECCI no conoce el cuento del “cazador cazado”. Los cambios ocurridos después del otoño del 89 se han encargado de demostrarlo.

Como lo escribía la FECCI en diciembre del 89: “... los acontecimientos que sacuden la Europa del Este desde hace varios meses, requieren de los revolucionarios la elaboración de un análisis marxista claro que busque las causas y las consecuencias reales, tanto en el plano de las relaciones de fuerza interimperialistas, como de la lucha de clases...” (“Los cambios en Europa del Este”, suplemento a PI, nº 15). Efectivamente, la FECCI ha constatado que “... Rusia ya no tiene bloque. Por el momento ha dejado de ser un protagonista esencial en la escena mundial, un competidor del imperialismo USA (...) la división del mundo en dos bloques rivales, que no es solo la característica de la última mitad de este siglo, sino una condición necesaria para un conflicto mundial, ya no existe...”. ¡Bravo! Es casi exactamente lo que nosotros escribimos a partir de finales del verano del 89, es decir, dos meses antes de la caída del muro de Berlín ([1]). Solo un pequeño problema, el análisis de la FECCI no data de la misma fecha, aparece por primera vez en el PI nº 21 (“El futuro del imperialismo”) en el invierno 91-92, es decir más de dos años después de nosotros haber adoptado el nuestro.

Desde Marx sabemos que “en la práctica es donde el hombre debe probar la verdad, es decir la realidad y la potencia... de su pensamiento” (Tesis sobre Feurbach). Cuando la capacidad teórica de las organizaciones revolucionarias se ha puesto a prueba en la práctica hemos podido ver manos a la obra a la FECCI que se ha propuesto retomar la antorcha de la elaboración teórica que según sus palabras la CCI habría abandonado. He aquí lo que escribió el 16 de diciembre del 89 (más de un mes después de la caída del muro de Berlín): “... Los actuales acontecimientos en Europa del Este se inscriben en el marco de la política de la “perestroika” puesta en práctica desde hace cuatro años con ocasión de la llegada al poder de Gorbatchov. (...) Los objetivos de la perestroika son (...) en el plano militar e imperialista, detener la ofensiva (del bloque) occidental por medio de una contraofensiva ideológica que lo lleva a reducir sus gastos de armamento y a su división, para dotarse del potencial económico y tecnológico necesario para competir militarmente a medio plazo. (...) en el plano imperialista, Rusia no tiene más remedio que desestabilizar la escena europea intentando sacar provecho de ello. Europa siempre ha sido el teatro último de los conflictos imperialistas mundiales, y lo es hoy más que nunca para Rusia... Acelerando las reformas en los países del Este europeo, Rusia intenta modificar las bases del problema europeo, abrir la Comunidad Europea al Este para dividirla y neutralizarla. La destrucción del muro de Berlín, no es, ni mucho menos, un gesto de paz, es una bomba de relojería colocada en el corazón de Europa (...) Si la disolución del estalinismo como modo de dominación del capital en los países del Este de Europa es en última instancia una posibilidad que no se debe excluir ([2]) a causa de su pasado histórico y de la posibilidad de atracción para la órbita occidental, no es el caso para la propia Rusia...” (“Resolución de la FECCI sobre los trastornos en Europa del Este”, suplemento a PI nº 15). Afortunadamente el ridículo no mata, porque de lo contrario los miembros de la FECCI estarían hoy todos enterrados. No obstante hemos de reconocerles una cualidad: le echan valor. Porque efectivamente hay que tener una buena dosis de valor para seguir reivindicándose hoy de una organización que ha adoptado unas posiciones tan ineptas y que se ha equivocado de parte a parte en la comprensión de una situación histórica. En su conjunto, el medio político ha tenido grandes dificultades para producir un análisis correcto y lúcido de los acontecimientos de la segunda mitad de 1989 (véase nuestro artículo “Frente a los trastornos en el Este, una vanguardia con retraso”, Revista Internacional, nº 62). Pero hay que otorgarle a la FECCI la palma honorífica, y con qué diferencia, de los errores. También es cierto que no podemos colocarla realmente en el medio político hablando con propiedad.

De hecho, una ceguera como la de la FECCI tiene pocos equivalentes en la historia del medio político ([3]) : el único ejemplo comparable es el del FOR (Fomento Obrero Revolucionario) que, durante más de veinte años, ha negado la existencia de la crisis económica del capitalismo. Incluso cuando ha admitido (por la fuerza de las evidencias) su error de análisis inicial, la FECCI ha continuado sin comprender nada de lo que ha pasado. Así, cuando celebro su IVª Conferencia, en verano del 91, la FECCI no reconoció la desaparición del bloque del Este. La forma en la que trató esta cuestión en el nº 20 de PI es una expresión típica de su centrismo congénito: de un lado se constata “el hundimiento del Pacto de Varsovia y el COMECON” (que es lo mínimo que se puede reconocer tras su desaparición formal que confirma de hecho un hundimiento que tuvo lugar mucho antes), se descubre que “los acontecimientos de estos dos últimos años representan una verdadera revocación de los acuerdos de Yalta” (“Antagonismos interimperialistas: una orientación para los años 90”) ([4]), se pone en evidencia la pérdida por parte del imperialismo ruso de todas sus posiciones y de la influencia que conservaba (Europa central, Oriente Medio, Asia del Sureste, África, América Central y Cuba, etc.), pero, por otra parte, se niega a hablar explícitamente de la “desaparición” o incluso del “hundimiento del bloque del Este”. En este documento, se opone al “bloque americano” el imperialismo ruso» o su “potencial adversario ruso” sin, en ningún momento, decir claramente qué ha ocurrido y en qué se ha convertido el bloque ruso ([5]). Para el centrismo, hay cosas que no se deben pronunciar, como ésa, para evitar tener que tomar una posición clara y tajante. Y como lo propio de una posición centrista, es ser insostenible, hay, un día u otro, bajo la presión de la realidad, porque “los hechos son tozudos” (como decía Lenin), que tirarse al agua: y esto es lo que ha hecho con dos años de retraso en PI nº 21. Bello esfuerzo, ¡Bravo camaradas!

La paja y la viga

Evidentemente, las hazañas de la FECCI, respecto a los acontecimientos que han sacudido el mundo en el último período, no podía quedarse en la “elaboración” de un “análisis” tan erróneo que hay que revisar prácticamente cada mes. Debía seguir dando muestras de su estupidez y su ceguera en la crítica de las organizaciones revolucionarias, y particularmente de la CCI. Así, en PI nº 16 en encontramos un artículo con un titulo explicito: “La CCI y Europa del Este, el viraje de 180° de una organización degenerada”, artículo que se propone proceder a una “denuncia” de la visión de la CCI porque: “Hay que hablar de denuncia y no de polémica ante la confusión que representa esta organización frente a nuestra clase y ante la cobardía con la que cambia de posición, con una táctica bien conocida de las organizaciones estalinistas: sin debate abierto y de forma monolítica”. ¡Nada menos!

El artículo se escandaliza de que “la visión desarrollada por la CCI (sea) la de la desaparición del bloque del Este por la “implosión” bajo los efectos de la crisis económica”. Es ésta efectivamente, aunque a muy grandes rasgos, la concepción defendida por la CCI desde el principio y que no hemos puesto en cuestión en ningún momento. Pero para la FECCI : “... se trata de un análisis que abandona el marco marxista de la decadencia”, es “un retroceso teórico fundamental ya que se trata de la comprensión de uno de los mecanismos profundos del capitalismo y de su crisis”, es “renegar pura y simplemente del marco del imperialismo y de la naturaleza misma de la burguesía”, representa “acreditar la matraca ideológica burguesa en lugar de comprender la realidad con un marco de análisis marxista”, es “negar el carácter guerrero de los Estados imperialistas”, etc. No podemos evidentemente reproducir todas las acusaciones de este estilo, porque entendemos que sería tedioso para nuestros lectores. Queremos destacar ante todo que, lo que expresa este artículo fundamentalmente, es que para la FECCI, su marco de análisis (¿cuál?, habría que preguntarse) es más importante que la propia realidad. Y si esta última no se pliega a sus esquemas, pues, ¡simplemente no existe! Y todo ello en nombre del “marxismo”, por supuesto.

De hecho, no es suficiente con reproducir citas de Marx y Rosa Luxemburg, como hace el artículo, para desarrollar un pensamiento marxista (los estalinistas lo han demostrado desde hace décadas). Además hay que comprender lo que quieren decir y no hacer alardes de una nulidad teórica refinada confundiendo, por ejemplo imperialismo con bloques imperialistas. Y eso es lo que hacen en su artículo cuando consideran la afirmación plenamente justa de Rosa Luxemburg de que “la política imperialista no es obra de un país o grupo de países. Es el producto de la evolución mundial en un momento dado de su maduración. Es un fenómeno por naturaleza internacional... al que ningún Estado puede sustraerse”, demostraría el carácter permanente de la división del mundo en dos bloques imperialistas. Camaradas de la FECCI, tenéis que volver a la escuela primaria que es donde se aprende a leer ([6]).

El rigor teórico no es desde luego la fuerza de la FECCI, pero a ellos eso les importa un bledo. El objetivo principal de ese artículo, como se anuncia en su título e introducción, es denigrar a nuestra organización. Hay que ilustrar a toda costa la tesis de la “degeneración de la CCI”, que es uno de los mitos sobre los que se funda la FECCI. Vuelven con insistencia sobre esta cuestión “arrastrada y barrida por la ideología dominante, incapaz de analizar los acontecimientos cotidianos a través de los principios de clase y el método marxista, la CCI se hace portadora de la ideología de clase. (...) Esperamos que estos artículos (los de PI) alimentarán el debate en el seno del medio revolucionario y que provocaran un shock saludable en los elementos aún sanos de la CCI”. Los “elementos sanos de la CCI” agradecen tanta solicitud, y sobre todo... la demostración del absurdo de sus acusaciones contra la CCI.

En serio, si no se le puede pedir a la FECCI que realice su ambición de “profundización teórica” (hay que rendirse a la evidencia de que sus “análisis” de los últimos años demuestran cómo esa aspiración excede con mucho a sus capacidades) al menos debería, por dignidad en las relaciones entre los revolucionarios, cesar con sus ridículos pero repugnantes insultos sobre las supuestas “tácticas estalinistas” de la CCI. En el número 45 de esta Revista ya hicimos justicia a este tipo de acusaciones respecto a cómo la CCI había hecho frente a la aparición en su seno de la minoría que luego formaría la FECCI. No nos sorprende que las sucesivas tomas de posición de la FECCI hayan provocado numerosos desacuerdos en su propio seno (ver PI, nº 16, donde parece que hay tantas posiciones como miembros tiene la FECCI): sus posiciones están tan lejos de la realidad que es difícil alcanzar la unanimidad ni siquiera permitir un mínimo de homogeneidad en la organización. La FECCI sabe perfectamente que ha habido debates en el seno de la CCI al calor de los acontecimientos del último período. Pero también saben que esos debates no se repercuten hacia el exterior mientras no alcanzan un cierto grado de desarrollo, para permitir así una real clarificación en la clase; al menos estaban de acuerdo con ese principio cuando eran militantes de la CCI. Si es cierto que los análisis adoptados por la CCI a comienzos de octubre del 89 (discutidos a mediados de septiembre) sobre los acontecimientos del Este provocaron algunos desacuerdos en un primer momento, estos se fueron absorbiendo rápidamente y, día tras día, la realidad demuestra la justeza de ese análisis. ¿Es esto una prueba de la “degeneración de la CCI”, de su marco de análisis y de su comprensión del marxismo que le ha permitido captar el significado y las implicaciones de los acontecimientos el Este mucho más rápidamente que el resto de grupos del medio revolucionario?

Antes de acabar con las acusaciones de la FECCI contra la CCI a propósito de los acontecimientos del Este, hay que ver aún dos perlas (de entre las muchas que no podemos tratar por falta de espacio): nuestro supuesto “viraje de 180°” y el asunto del “superimperialismo”.

Incapaz de reconocer los cambios “de 180°” que se han producido en la escena internacional, la FECCI no ha sabido (o no ha querido) ver en los análisis de la CCI más que un repudio de su marco de análisis fundamental. De nuevo la crítica (o la “denuncia” siguiendo los términos de la propia FECCI) es tan imbécil como malintencionada. Más aún cuando la toma de posición que aparece en la Revista Internacional nº 60 sobre los acontecimientos del Este se apoya ampliamente en el análisis que la CCI había desarrollado a comienzos de los años 80 (a su vez basado en las aportaciones de la Izquierda comunista de Francia) sobre los regímenes estalinistas y el bloque del Este al calor de la instauración del estado de guerra en Polonia (ver la Revista Internacional, nº 34). En cambio no encontramos en ninguno de los múltiples y variables análisis que nos ha ofrecido la FECCI (mayoritarios, minoritarios, mayoría-minoritaria, minoría-mayoritaria) ninguna referencia a ese marco (ni siquiera para cuestionarlo) que los compañeros de la FECCI defendían cuando aún eran militantes de la CCI ([7]). Antes de volver a escribir de la CCI que “es incapaz de mantener sus adquisiciones teóricas” le aconsejamos a la FECCI que se mire al espejo.

Y lo mismo vale para cuando se le ocurra atribuirnos de nuevo (como hace en “Un mismo llamamiento contra la guerra imperialista”, PI nº 19) la posición típicamente burguesa del “superimperialismo”. Según esa tesis, elaborada por Kautski y los reformistas en vísperas de la primera guerra mundial, los sectores dominantes del capital mundial podrían unificarse para imponer su ley sobre el planeta, garantizando de ese modo la estabilidad y la paz entre ellos. La FECCI sabe perfectamente que desde el principio de los acontecimientos del Este hemos rechazado claramente esa tesis: “¿Significa esa desaparición del bloque del Este que el mundo, desde ahora en adelante, está dominado por un solo bloque imperialista o que el capitalismo ya no conocerá más enfrentamientos imperialistas? Esas hipótesis son totalmente ajenas al marxismo (...) Y no será, hoy, el hundimiento del bloque del Este lo que podrá volver a dar vida a semejante análisis (del “superimperialismo”); ese hundimiento lleva en sí el del bloque occidental (...) la agravación de las convulsiones de la economía mundial va a agudizar las peleas entre los diferentes Estados, incluso, y cada vez más, militarmente hablando (...) la desaparición de las dos constelaciones imperialistas surgidas de la Segunda Guerra mundial lleva inscrita la tendencia a la recomposición de dos nuevos bloques” (Revista Internacional nº 61, enero de 1990, “Tras el hundimiento del bloque del Este, inestabilidad y caos”).

Por el contrario, la concepción del “superimperialismo” recorre el PI nº 21: “Solo un bloque ha sobrevivido a la crisis. Ya no hay concurrencia en este momento. Y, por tanto, en contra de las predicciones de la CCI y otros, por el momento no hay signo alguno de desintegración. Su existencia no reposa ya sobre la rivalidad imperialista con Rusia, sino sobre la dominación del mundo según las necesidades de los capitales más potentes”. El editorial de este número de nuestra Revista hace justicia (después de muchos otros artículos) sobre la pretendida cohesión del bloque del Oeste: una vez más, la FECCI se niega a ver la realidad. Pero lo que es más grave todavía es que, haciendo esto, pone en cuestión una de las adquisiciones fundamentales del marxismo a lo largo de este siglo. Así, para mantener la idea de que potencias como Alemania y Japón no pueden hacer otra cosa más que mantenerse firmemente en el “bloque americano”, la FECCI afirma que “los Estados del bloque americano o occidental se han convertido en económicamente dependientes del funcionamiento de estas instituciones (Banco Mundial, FMI, GATT, etc.) y de la red de lazos comerciales y financieros que han creado” (“Antagonismos inter-imperialistas: una orientación para los años 90”, PI nº 20). Esto es una versión moderna de la concepción de los reformistas de principio de siglo (denunciada vigorosamente por los revolucionarios de la época) según la cual el desarrollo de lazos económicos, financieros y comerciales entre los países sería un freno a sus antagonismos imperialistas y debía descartarse la amenaza de guerra entre ellos. La FECCI está verdaderamente bien situada para hablar de «negaciones del marxismo» por la CCI y de su “capitulación” ante la ideología burguesa. De hecho ésta es una de las prácticas corrientes de la FECCI que, a fin de ocultar sus propios defectos, los atribuye generosamente a la CCI. Este es un proceder tan viejo como la política que nunca ha engrandecido a quienes lo han utilizado, particularmente si se trata de revolucionarios.

¿Para qué sirve la FECCI?

Si consideramos, como ella misma dice muy justamente que “los acontecimientos que sacuden a la Europa del Este... requieren la elaboración de parte de los revolucionarios, de un análisis marxista claro que comprenda y explique las causas y las consecuencias reales...” no es hacer prueba de la menor voluntad de denigración el hecho de constatar que la FECCI ha fracasado completamente en su tarea. Ella misma lo reconoce por otra parte: “Esta nueva realidad nos ha conducido a reconocer la insuficiencia de nuestro antiguo análisis, que en ciertos aspectos, estaba prisionero de tópicos sin valor” (PI nº 20, “Presentación de la IVª Conferencia de PI”), incluso si es para añadir un poco más adelante (hay que fanfarronear un poco y mantener la moral de los militantes): “considerando positiva nuestra capacidad de análisis de la situación... hemos decidido proseguir por la misma vía que hemos desarrollado precedentemente”.

De forma general, podemos constatar que la FECCI ha fracasado completamente en su objetivo de preservar y desarrollar las adquisiciones teóricas de la CCI, tarea, que según su versión, ésta habría abandonado. Cuando sus pretensiones se han visto confrontadas a la prueba de los hechos, lo menos que se puede decir es que no llega a la suela del zapato de la CCI. Nos han querido dar una lección de clarividencia teórica, ha fustigado nuestros análisis durante dos años con los adjetivos más infames, pero, para acabar, se ha visto obligada a aceptar, en lo esencial, aún sin reconocerlo, el punto de vista que hemos defendido desde el principio ([8]) y que ella presenta además como la prueba irrefutable de la “degeneración” de nuestra organización. La única diferencia que mantiene con nuestra comprensión, elaborada hace ya dos años y medio, es que ahora retoma por su cuenta la posición burguesa del “superimperialismo”, posición que nos ha querido atribuir de forma calumniosa. Así, toda su “demostración” de la “regresión de la CCI” se vuelve contra ella: no hay una regresión de la CCI, es la FECCI la que no comprende nada de la situación a pesar de armarse todo lo que quiera de su superioridad teórica auto-proclamada. Y si la incapacidad para comprender lo que está en juego alrededor de los acontecimientos del Este es una regresión, como ella misma afirma con razón, durante dos años no ha sido nuestra organización la que ha sufrido una regresión sino la mismísima FECCI.

A la cuestión de “¿Para qué sirve la FECCI?” se puede estar tentado de contestar: “Para nada”. Pero desgraciadamente no es el caso. Incluso si la influencia de la FECCI es insignificante, su capacidad de hacer daño no es nula. Y es por esa razón por lo que le consagramos este artículo. En efecto, en la medida en que su revista tiene un cierto número de lectores, en que ciertas personas asisten a sus reuniones públicas, en la medida en que interviene en el medio político, en tanto que se reivindica de la plataforma de la organización más importante del mismo, la CCI, la FECCI es un factor de confusión suplementario en el seno de la clase obrera. En particular sus tendencias consejistas y su falta de rigor teórico no pueden más que encontrar un eco en una parte del mundo como los Estados Unidos que se distingue por la debilidad de su medio político, por la ignorancia que manifiestan muchos de sus miembros y por la fuerte impregnación e influencia de las visiones consejista y libertaria. Con su actividad, un grupo como la FECCI contribuye incontestablemente a mantener y a hundir en el subdesarrollo al medio político de ese país.

Pero esencialmente, la función de la FECCI es la de desacreditar el trabajo revolucionario serio y en primer lugar, el marxismo.

Así, el hecho de que en nombre del “marxismo” durante dos años este grupo haya proferido tal cantidad de estupideces e inepcias, que haya hecho prueba de una ceguera sin límites, no puede conducir más que a un desprestigio del marxismo. Con esta práctica, la FECCI ha aportado su pequeño grano de arena a la campaña actual sobre la “muerte del marxismo”. Es cierto que PI nº 17 ha publicado un artículo, “¿Ha muerto el marxismo?” que denuncia estas mentiras y reafirma, a su manera, la plena validez del marxismo. Pero los revolucionarios deben dar la prueba, en la práctica, mediante la verificación de sus análisis, de la validez del marxismo. Y la FECCI está verdaderamente mal situada para llevar a cabo esta tarea.

Desgraciadamente, la contribución de la FECCI a las repugnantes campañas contra el marxismo, no sólo es de signo negativo, por la ausencia de defensa consecuente de la teoría revolucionaria, sino que participa deliberadamente en esas campañas, como lo demuestra el nº 20 de PI. Ya su primera página es ambigua: “El “comunismo” debe morir para que viva el comunismo”. Como si no hubiera bastante confusión ya entre comunismo y estalinismo, como si la agonía de este último se presentara como una “victoria” para la clase obrera, cuando en realidad se vuelve contra la clase obrera de manos de la burguesía “democrática”. Además, el editorial se regocija de “que caigan las estatuas” de Lenin. Si bien la clase obrera no tiene ninguna necesidad de estatuas de los revolucionarios (que han sido edificadas por la burguesía para convertirlos en “iconos inofensivos” como decía el mismo Lenin), no hay que confundirse sobre el significado de estas acciones en el período reciente: corresponden a un rechazo, promovido e impulsado por las fuerzas burguesas, de la idea misma de una revolución del proletariado. Este mismo editorial afirma que los revolucionarios “deben desembarazarse de la tendencia a considerar la revolución bolchevique como un modelo”. En las actuales circunstancias, el término “revolución bolchevique” es en sí mismo pernicioso porque da a entender, como repite una y otra vez la burguesía machaconamente, que la Revolución de Octubre fue un asunto particular de los bolcheviques, lo que no puede llevar más que a la idea de que fue un golpe de estado de Lenin y los suyos “contra la voluntad de la población” o contra la clase obrera. Y para rematar este tipo de confusión, el citado editorial está encabezado por un dibujo que representa a Stalin en cierto modo, como al heredero de Lenin. Repitámoslo una vez más, la Izquierda Comunista, y la CCI en particular, nunca han tenido miedo a poner de relieve los errores de los revolucionarios que facilitaron el trabajo de la contrarrevolución. Pero siempre hemos sabido donde están las prioridades del momento : hoy, esta prioridad no es ciertamente «danzar con los lobos» sino reivindicar, a contra corriente de las campañas burguesas, la experiencia esencialmente válida de la oleada revolucionaria de después de la Primera Guerra mundial. El resto es no es más que oportunismo.

En fin, ese mismo número de PI contiene un artículo (“Por una práctica viva de la teoría marxista”) que trata ampliamente el tema de la “crisis del marxismo”. Comprendemos que la FECCI empiece a encontrarse incomoda en su piel tras la puesta en evidencia de su incapacidad para comprender lo que estaba en juego tras los acontecimientos de los países del Este. Pero esto no es razón válida para afirmar perentoriamente que “nadie en este medio (revolucionario) ha previsto estos acontecimientos”. Estamos seguros de que tal previsión no podía haberla hecho la FECCI, lo sabemos, pero eso no significa que ella sea la única en el mundo, y tampoco significa, ni mucho menos, que nuestra organización tenga que sentirse aludida por tan altanera afirmación. En este sentido no es el marxismo desarrollado por las Izquierdas Comunistas y, continuado por la CCI, el que tiene la responsabilidad de la quiebra de los análisis de la FECCI. No hay que equivocarse de blanco: el marxismo no está en crisis, lo está la FECCI. Dicho esto, queremos precisar que este tipo de artículos en los que TODO el medio revolucionario está metido en el mismo saco, y donde se atribuye generosamente a todos los otros grupos la propia nulidad, no sirve más que para aportar el agua al molino de aquellos que pretenden que es el marxismo “en general” lo que está en quiebra.

Pero, la contribución de la FECCI a la confusión en las filas obreras y en su medio político no se detiene en esas divagaciones sobre la “crisis del marxismo”. La encontramos también en su acercamiento actual al “Communist Bulletin Group” (CBG) que actúa en Escocia. Este grupo surgió de la escisión, a finales de 1981, de la tendencia secreta que se formó alrededor de un elemento turbio llamado Chenier (el cual, algunos meses después de su exclusión portaba las banderolas del sindicato CFDT y que en la actualidad es un cuadro del Partido Socialista, que dirige el gobierno francés). En el momento de su partida, los miembros de esta “tendencia”, incluidos los que formaron el CBG, robaron a nuestra organización material y fondos. He aquí lo que escribió la CCI a propósito de este grupo en 1983, con el acuerdo pleno de los camaradas que más tarde constituirían la FECCI: “En los primeros números de The Bulletin, él (el CBG) se reivindica de ese comportamiento revolcándose en la propagación de cuentos viles y estúpidos contra la CCI ([9]). Actualmente (viendo que la actitud precedente no ha conseguido los resultados perseguidos), intenta lavarse las manos defendiendo hipócritamente la “necesidad de polémicas sanas”. (...) ¿Como osan hablar de “solidaridad” de “reconocimiento del medio político proletario” cuando su fundamento no existe? El CBG tiene la caradura de osar escribirnos: “la existencia de este medio engendra una comunidad de obligaciones y responsabilidades”. Pero esto se traducirá en robo el día en el que se esté en desacuerdo con el CBG y además justificará el robo como “anti-pequeño burgués”. Podríamos formularlo del siguiente modo: cuando se escisiona, se puede robar todo lo que se quiera, pero cuando se tiene un grupo propio... el acceso a la propiedad formaliza a los ladronzuelos. (...) ¿Cuales son las posiciones del CBG? ¡Las (más o menos) de la CCI! He aquí otro grupo de existencia parasitaria. ¿Qué representa ante el proletariado? Una versión provinciana de la Plataforma de la CCI, sin la coherencia más el robo. (...) La mayor parte de los pequeños círculos que se escinden sin haber previamente clarificado las posiciones comienzan por seguir el camino más fácil, adoptar la misma plataforma que el grupo de origen. Pero muy pronto, para justificar su existencia separada, descubren miles de cuestiones secundarias de divergencia y al final cambian los principios... el CBG toma ya ese camino rechazando la coherencia sobre la cuestión de la organización...” (Revista Internacional, nº 36, “Llamamiento del Vº Congreso de la CCI a los grupos políticos proletarios: respuesta a las respuestas”) ([10]).

He aquí igualmente los términos en los que la FECCI evocaba al CBG en 1986 (PI, nº 3 “Las incomprensiones frente a nuestra existencia”): “... los escisionistas de 1981 utilizaron el engaño para apropiarse de material de la CCI. Algunos de los que formaron ulteriormente el CBG agravaron aún más las cosas amenazando con llamar a la policía cuando miembros de la CCI querían recuperar el material robado (...). En las páginas del Communist Bulletin nº 5, el CBG ha condenado tales amenazas como “un comportamiento totalmente extraño a la práctica revolucionaria”. Además, afirma igualmente que “los escisionistas deberían devolver el material perteneciente al grupo y los fondos de la organización”. Esta autocrítica es cuando menos tímida. Por tanto, que nosotros sepamos, el CBG detenta aun los fondos sobre los que tenía responsabilidades cuando formaba parte de la CCI. En la práctica, el CBG en tanto que grupo no ha repudiado sin equívocos el comportamiento gansteril en el medio”.

Como vemos, al principio, la FECCI era más que reticente a las propuestas de apertura que el CBG le había lanzado. Pero ha llovido mucho desde entonces y el antes denostado CBG fue el invitado de honor de la IVª Conferencia de la FECCI porque entre ambas formaciones “se ha desarrollado, en el curso de precedentes discusiones y encuentros, una real identidad de principios” (PI ,nº 20). Es cierto que, entre tanto, el CBG nueve años después ha devuelto el material y el dinero que había robado a la CCI. La FECCI había hecho de esto una cuestión previa: “Ante nuestra insistencia y como precondición a la realización del encuentro, el CBG se declara de acuerdo en la restitución del material que aún posee de la CCI” (PI, nº 15 “Informe de un encuentro con el CBG”). Como se ve no ha sido por un acto de honradez del CBG por lo que hemos recuperado nuestro material y dinero robados. EL CBG ha comprado, en el sentido propio del término y en Libras Esterlinas su respetabilidad ante la FECCI, de la que se encuentra cada vez más cerca, para cerrar en su historial su “pasado gansteril” (como dice la propia FECCI). Así, la FECCI se ha comportado como una chica de familia bien que alardeando de ser virgen después de haber tenido numerosos fracasos sentimentales ([11]) se prepara para empezar nuevo noviazgo con un antiguo golfo. Pero, como tiene “sentido de la honra”, exige, antes de comprometerse, que su pretendiente restituya a las victimas el producto de sus hurtos. Decididamente la FECCI es un vivo ejemplo de la existencia del oportunismo en el período de decadencia aunque teóricamente estime que tal oportunismo no puede existir. Y esto es más patente si tenemos en cuenta que lo que reprocha la FECCI a la CCI (evidentemente sin razón) es la mancha de la tendencia del 81: “Muchos aspectos de la degeneración programática de la CCI en 1985 (la búsqueda de una influencia inmediata, la tendencia al substitucionismo, la ambigüedad sobre la naturaleza de clase del sindicalismo de base, etc.) son precisamente puntos que eran defendidos por Chenier y otros escisionistas en el 81” (PI, nº 3 “Las incomprensiones frente a nuestra existencia”).

Al fin y al cabo, no es casualidad si, hoy día, la FECCI desarrolla un reagrupamiento perfectamente oportunista con un grupo que toda la CCI (incluidos los camaradas de la futura FECCI) reconocían como “parásito”. La FECCI no se distingue fundamentalmente en nada del CBG (excepto en que ella sabe que no se debe robar el material de las organizaciones revolucionarias). Los dos son fundamentalmente grupos parásitos, que no corresponden a un esfuerzo histórico, por imperfecto que fuera, del proletariado y sus organizaciones políticas hacia la toma de conciencia, y cuya única razón de existencia es justamente “parasitar” (en el sentido propio de chupar la substancia de otros para debilitarlos) las verdaderas organizaciones del proletariado.

Una de las pruebas de que la FECCI no tiene una existencia autónoma, en tanto que grupo político, respecto a la CCI, es que su publicación como media dedica un tercio de sus artículos a denigrar a nuestra organización, cuando no la totalidad de los mismos ([12]). Esta actitud parasitaria permite comprender perfectamente las enormes dificultades que ha encontrado la FECCI para comprender lo que de verdad estaba en juego en torno a los acontecimientos del Este: como había de distinguirse a toda costa de la CCI no ha tenido más remedio que ir de mal en peor en la medida en que la CCI ha sido la primera organización del medio político que ha comprendido correctamente lo que estaba en juego. La única suerte que podía haber tenido la FECCI (y aún así) es que nosotros hubiéramos equivocado el camino. Lo que es mucho pedir. De hecho lo propio de los grupos parasitarios es mantener posiciones en la incoherencia y análisis aberrantes y esto, tanto más cuando la organización de referencia tiene posiciones correctas y coherentes. La oposición sistemática a la coherencia no puede sino llevar a la incoherencia ([13]).

Es más, el carácter parasitario de la FECCI aparece en su propio nombre. Para el obrero que esté poco informado de los arcanos del medio político, encontrar una publicación o una hoja firmada por una organización que se refiere a la CCI sin ser la CCI no puede sembrarle más que dudas. Las estupideces escritas por la FECCI corren el peligro de ser imputadas sin razón a nuestra organización y si la FECCI escribiera cosas correctas (lo que a veces sucede por tener la plataforma de la CCI) esto no puede llevar más que a la conclusión de que los revolucionarios son gente poco seria que encuentra placer sembrando la confusión.

Fundamentalmente, la función de tales grupos es menoscabar la acción de las organizaciones revolucionarias en la clase, desacreditar las ideas revolucionarias. Es por eso que hoy estimamos, como lo hacíamos en 1986 que “Como dijimos respecto al CBG hoy podemos escribir a propósito de la FECCI: “he aquí otro grupo cuya existencia es parásita”. Lo mejor que podemos desear para la clase obrera, igualmente que para los miembros que la componen, es la desaparición lo más rápida posible de la FECCI” (Revista Internacional, nº 45 “La Fracción Externa de la CCI”).

Y si la FECCI no está dispuesta a hacer ese servicio a la clase obrera, al menos debería soltarse de nuestros faldones y dejar de hacer referencia a nuestra organización: no tenemos ningún interés en que junto al nombre de la CCI se adose el descrédito y las estupideces oportunistas de la FECCI.

F.M.

Marzo de 1992

 


[1] “... Cualquiera que sea la evolución futura de la situación en los países del Este, los acontecimientos que hoy los están zarandeando son la confirmación de la crisis histórica, del desmoronamiento definitivo del estalinismo, de esa monstruosidad símbolo de la más terrible contrarrevolución que haya sufrido el proletariado. En esos países se ha abierto un periodo de inestabilidad, de sacudidas, de convulsiones, de caos sin precedentes, cuyas implicaciones irán mucho más allá de sus fronteras. En particular, el debilitamiento del bloque ruso que se va a acentuar aún más, abre las puertas a la desestabilización del sistema de relaciones internacionales, de las constelaciones imperialistas, que habían surgido de la IIª Guerra mundial con los acuerdos de Yalta (...). Los acontecimientos que hoy están agitando a los países llamados “socialistas”, la desaparición de hecho del bloque ruso (...) constituyen el hecho histórico más importante desde la Segunda Guerra mundial junto con el resurgimiento internacional del proletariado a finales de los años 60” (“Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este”, pág. 10, Revista Internacional, nº 60).

“Los acontecimientos que se desarrollaron durante la segunda mitad del año 89 han puesto en entredicho la configuración geopolítica en la cual vivía el mundo desde la Segunda Guerra mundial. Ya han dejado de existir los dos bloques imperialistas que se repartían el planeta. (...) hoy el curso hacia la guerra mundial resulta imposible: han dejado de existir los dos bloques imperialistas” (“Tras el hundimiento del bloque del Este, inestabilidad y caos”, Revista Internacional, nº 61).

[2] Hagamos memoria: ese texto se escribió cuando los únicos regímenes estalinistas que quedaban en Europa eran Albania y Rumania. A dos semanas de la caída de Ceaucescu. Sin comentarios.

[3] Sin embargo podemos decir que los sucesos del Este le han dado la razón a la FECCI en algunas cosas: como habíamos previsto desde un principio, estos sucesos provocaron la división del bloque occidental y de la CCE. Lo que resulta poco probable es que ésa fuera la intención de Gorbachov, a no ser que haga como el marido burlado que para culpabilizar a su mujer... se suicida. La FECCI puede reflexionar sobre esta hipótesis que casa bien con su teoría de la “esposa maltratada” como marco de “profundización del marxismo”.

[4] De vez en cuando la FECCI hace chistes sin querer. Teniendo en cuenta las veces que ha tenido que variar su análisis en los últimos dos años (tantas como publicaciones ha editado, sin que ello le permita lograr un análisis correcto) resulta delirante proponerse una orientación para todo un decenio. La presunción de la FECCI es tan gigantesca como raquítica su capacidad de análisis. En otras palabras, si tuviera un mínimo de sentido del ridículo, propondría una “orientación para el próximo trimestre” es decir, hasta que aparezca su próxima Revista. Con ello se ahorraría el penoso deber de invalidar (aunque sin reconocerlo) en PI nº 21 las previsiones a largo plazo del PI nº 20.

[5] Por no faltar a la verdad hay que decir que la FECCI evoca, en la presentación de su conferencia, los acontecimientos del Este: “el COMECON ha desaparecido como sistema de relaciones imperialistas entre el cabeza de bloque, la URSS, y sus satélites, que han dejado de ser simples vasallos”.

¡Al menos eso está claro! La FECCI quiere marear la perdiz. El COMECON ha desaparecido, cierto (solo hay que constatar lo que él mismo ha anunciado oficialmente), pero ¿subsiste otro “sistema de relaciones imperialistas entre la URSS y sus satélites”?. Misterio. ¿De qué bloque se trata? ¿Del que ha desaparecido o del que subsiste aún bajo otra formas? Que lo adivine el lector. ¿En qué se han tornado sus satélites? ¿Han pasado de únicamente vasallos a “no simples”?. ¿Cuándo dejará la FECCI de tomar a sus lectores por tontos?

[6] La ignorancia teórica y la nulidad de la FECCI no tienen límites (menos aún cuando se trata de echar mano a la CCI). En “Captar el significado de los acontecimientos de Europa del Este” (PI nº 17), se puede leer: “La teoría del capitalismo de Estado se basa en la existencia de bloques militares”. Tremenda idiotez. Ambos fenómenos tienen un origen común: el imperialismo y, más globalmente, la decadencia del capitalismo, lo que no significa que están ligados por una relación de causa-efecto. El sarampión produce a la vez fiebre y erupción de granos ¿hay que concluir que los granos son los causantes de la fiebre? En el mismo artículo la FECCI ironiza finamente “es extraño hacer conjeturas sobre el fin de un bloque imperialista entero sin que se dispare un solo tiro. Cada bloque dará saltos de alegría si el otro desaparece simplemente por efecto de la crisis, sin necesidad de utilizar ni un solo misil. ¡Cuánto tiempo y cuanta energía se podían haber ahorrado!”. Efectivamente es !extraño! sobre todo para los que escriben que “el avance histórico plantea nuevos problemas, presenta los viejos problemas con formas nuevas”. Pero, todo llega, incluso con dos años de retraso jalonados de esas buenas palabras, terminan por entenderlo. ¡Cuánto tiempo y cuánta energía nos habríamos ahorrado las organizaciones revolucionarias (y la clase obrera) si no nos molestasen parásitos estúpidos y pretenciosos como la FECCI, y particularmente el autor (JA) de esas líneas. De esa misma pluma sale otra pieza del mismo calibre “Algunos incluso nos cantan que la rivalidad entre el bloque USA y el ruso es algo del pasado. ¡El progreso no se para!” (“Por una práctica viva del marxismo”). Tres meses después, la propia FECCI nos canta la misma canción (¡más vale tarde que nunca!) ¿Pero entenderá la letra?

[7] Hay que notar que en los dos textos de diciembre del 89 (el de la FECCI y el de la minoría de entonces) que toman posición sobre los acontecimientos del Este (suplemento a PI, nº 15) no se hace referencia alguna al documento “Tesis sobre Gorbachov” publicado en PI nº 14, y que representaba el marco de comprensión sobre la “perestroika”. Tampoco es vano recordar lo del paso de la “dominación formal a la dominación real” (ver en nuestra Revista nº 60 nuestro artículo que refuta las elucubraciones de la FECCI y otros grupos sobre la misma cuestión) que lo presentan como una de sus grandes “aportaciones teóricas”. Evidentemente los “descubrimientos” de la FECCI no le son nada útiles para comprender el mundo de hoy en día. Por eso se conforma con recomponer sus pedazos y, sin mucha convicción, hacer alguna referencia.

[8] Evidentemente hay una diferencia fundamental entre la forma en que la FECCI ha terminado por comprender los retos y las implicaciones de los acontecimientos del Este, y la forma en que lo había hecho la CCI dos años y medio antes. La FECCI ha podido reconocer la realidad bajo el peso de los acontecimientos, de forma empírica. Si la CCI ha sido capaz de identificar esa nueva realidad histórica mientras que las manifestaciones de ella pasaban aún inadvertidas para el resto de observadores (tanto del campo burgués como del proletario) no ha sido por medio de una bola de cristal o gracias a las predicciones de Nostradamus. Lo ha conseguido apoyándose en su marco de análisis anterior y, en el método marxista cuando ha tenido que reconsiderar ciertos aspectos de ese cuadro. La verdadera distinción entre la CCI y la FECCI respecto a la reflexión teórica está en el abismo entre el método marxista y el empirismo.

[9] Para hacerse una idea del nivel de la «polémica» tal y como la entiende el CBG basta ver un extracto de su prosa de entonces “una sucesión de maniobras en las que X y su entonces compañera de cama, Y, tuvieron un papel preeminente” (“Carta abierta al medio proletario sobre el asunto Chenier”, The Bulletin, nº 1).

[10] Ironías del destino este artículo lo escribió JA, cuando aún defendía los principios de la CCI, que es hoy la pluma de la FECCI que más se destaca por su labor de fiscal anti-CCI en las columnas de PI. Le felicitamos gustosos, así como a los “chorizos” del CBG, al ver las estrechas relaciones que hoy mantienen la FECCI y el CBG.

[11] Ver en PI nº 13 (“Revista Internacional del Movimiento Comunista: los límites de una iniciativa”) sus esfuerzos por participar en un encuentro de acercamiento entre los grupos parásitos y confusos en 1987.

[12] (12) Por eso nos cuesta creerlo cuando escriben: “hemos agudizado nuestra critica a la forma de pensar y actuar de la CCI... no para saciar obsesivos rencores “anti-CCI” sino por inquietud revolucionaria” (PI, nº 10 “¿Qué lucha por los comités obreros ?).

[13] Este artículo, redactado en marzo de 1992, no pudo ser publicado en nuestra Revista Internacional anterior. Desde entonces, la FECCI ha publicado un nuevo número de PI que no podíamos evocar aquí sin alargar demasiado este artículo. Vale la pena, sin embargo, citar un texto de PI nº 22, redactado por un antiguo miembro de la FECCI, y que conoce muy bien la mentalidad que en ella predomina: “La Fracción no quiere utilizar la noción de descomposición, sin duda porque eso sería seguirle los pasos a la CCI (subrayado por nosotros). No se comprende bien por qué la fracción critica el empleo del término “descomposición” y acusa a la CCI de salirse del marco del marxismo cuando utiliza y desarrolla esa noción. Ocurre como si existiera una ortodoxia de la decadencia, una invariabilidad de la decadencia que sería del mal gusto poner en entredicho. De haber sido crítico, el pensamiento se vuelve inmovilista, una especie de ganzúa con la que se pretende abrir penosamente los enigmas... De este modo, nos estamos preparando y dirigiéndonos en línea recta hacia una situación análoga a la causada por nuestras insuficiencias de análisis sobre los acontecimientos del Este. Nos enteramos de la desaparición del bloque del Este con dos años de retraso; nos enteraremos de la realidad de la descomposición social con un retraso tan aplastante” (“Decadencia del capitalismo, descomposición social y revolución”). ¡Imposible decirlo más claro!