Resolución sobre la situación internacional - Las condiciones para el resurgir de la lucha de clases

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Resolución sobre la situación internacional

Las condiciones para el resurgir de la lucha de clases

Dos años y medio después del hundimiento del bloque del Este y de los regímenes estalinistas de Europa, la situación mundial sigue estando determinada en gran parte por ese considerable acontecimiento histórico, el cual ha sido, en particular, un factor agravante sin precedentes de la situación de descomposición del capitalismo sobre todo en el plano de unos antagonismos imperialistas cada día más marcados por el caos resultante de la descomposición. La crisis económica del modo de producción capitalista, con su fuerte agravación actual sobre todo en las metrópolis del capitalismo, está volviendo, sin embargo, a ser el centro de la situación. Porque destruye las ilusiones, propaladas con profusión, sobre la “superioridad del capitalismo”, porque va dejando en evidencia el atolladero en que se encuentra ese sistema, porque obliga a la clase obrera a movilizarse por defender sus intereses económicos frente a los ataques cada día más brutales que la burguesía está obligada a desencadenar, la crisis es una poderosa palanca para superar las dificultades encontradas por la clase obrera desde el hundimiento del bloque del Este.

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1) La invasión de la vida del capitalismo en su conjunto por la descomposición es un proceso que aparece a principios de los años 80 e incluso a finales de los 70, una de cuyas expresiones es, por ejemplo, las convulsiones habidas en Irán que desembocaron en la constitución de una República “islámica” y la pérdida de control de ese país por parte de su bloque tutelar. La agonía y muerte de los regímenes de estalinistas y el desmoronamiento del bloque imperialista dominado por la URSS han sido una manifestación de ese proceso, pero además, esos hechos históricos de tanta importancia han provocado una fortísima aceleración del mismo. Por ello puede considerarse que revelan y marcan la entrada del capitalismo en una nueva fase de su período de decadencia, la de la descomposición, del mismo modo que la Primera Guerra mundial fue la primera convulsión de gran envergadura resultante de la entrada de esa sistema en su decadencia y que iba a dar una amplitud mucho más grande a sus diferentes manifestaciones.

Así, el hundimiento de los regímenes estalinistas de Europa ha abierto un período de convulsiones catastróficas en los países en que imperaban esos regímenes. Pero donde mejor quedan plasmadas las características del nuevo período es en los antagonismos imperialistas a escala mundial. La palabra que mejor define la situación actual en las relaciones imperialistas entre los Estados es: caos.

2) La guerra del Golfo de principios del 91 fue la primera manifestación de la gran nuevo “estado del mundo”:

- fue consecuencia de la desaparición del bloque del Este y de las primeras manifestaciones de su ineluctable consecuencia, la desaparición del bloque occidental mismo;
- fue, para la primera potencia mundial, Estados Unidos, una acción de gran envergadura para limitar los efectos de la disgregación del bloque occidental, forzando a los antiguos aliados (y en primer término, a Alemania, a Japón y a Francia) a que “expresasen”, bajo su batuta, su “solidaridad” frente a la desestabilización general del mundo;
- sirvió de ejemplo, gracias a la bestial barbarie producida por esa guerra, de lo que le espera a la humanidad entera;
- a pesar de los enormes medios empleados, esa guerra habrá podido aminorar, pero no podrá en absoluto invertir las grandes tendencias que se han impuesto desde la desaparición del bloque ruso, o sea, la desaparición del bloque occidental, los primeros pasos hacia la formación de un nuevo bloque imperialista dirigido por Alemania, la agravación del caos en las relaciones imperialistas.

3) La barbarie bélica que se ha desencadenado en Yugoslavia unos cuantos meses después del final de la guerra del Golfo es una ilustración indiscutible de lo afirmado antes. En particular, los acontecimientos que han originado esa barbarie, la proclamación de la independencia de Eslovenia y de Croacia, aunque ya de por sí son expresión del caos y de la agudización de los nacionalismos característicos de las zonas del mundo dominadas por regímenes estalinistas, sólo han podido realizarse porque esas naciones estaban aseguradas del apoyo de la primera potencia europea, Alemania. Mucho más que su indisciplina durante la crisis del Golfo (viaje de Brandt a Bagdad con el consentimiento de Kohl), la acción diplomática de la burguesía alemana en los Balcanes, que tenía el objetivo de abrirse un paso estratégico en el Mediterráneo mediante una Croacia “independiente” a sus órdenes, ha sido el primer acto decisivo en su candidatura para dirigir un nuevo bloque imperialista.

4) La enorme superioridad militar de Estados Unidos en el momento actual, para cuyo aparatoso y asesino alarde sirvió precisamente la guerra del Golfo, obliga evidentemente a la burguesía alemana a limitar considerablemente por ahora sus ambiciones. Maniatada todavía en el plano diplomático y militar (tratados que le prohíben intervenir fuera de sus fronteras, presencia de tropas USA en su territorio), desprovista del arma atómica y de una industria puntera de armamento, Alemania está todavía empezando el camino que podría llevarla a formar en torno suyo un nuevo bloque imperialista. Por otra parte, como hemos visto en Yugoslavia, la voluntad de Alemania en sus nuevas ambiciones imperialistas no puede sino conducir a que se acentúe la situación de inestabilidad en Europa y por lo tanto a agravar el caos en esta parte del mundo, lo cual, habida cuenta de su posición geográfica es, para ella, más que para los demás países occidentales, una amenaza de primer orden, sobre todo con la forma de una emigración masiva. Por eso Alemania sigue manteniendo su lugar en la estructura de la OTAN. Esta organización, como lo anunció ella misma en su cumbre de Roma del otoño 1991, ya no tiene el objetivo de hacer frente a una potencia rusa en pleno desmoronamiento, sino servir de protección contra las convulsiones en Europa del Este. La necesaria fidelidad de Alemania a la OTAN reduce mucho su margen de maniobra respecto a la potencia estadounidense que dirige esa organización.

5) Y, en fin, la necesidad para Alemania de dotarse de aliados de primer plano en Europa occidental, condición de su ascenso al rango de potencia mundial, choca de momento con dificultades importantes. En la CEE, no podrá contar en ningún caso con Gran Bretaña (el mejor aliado de EEUU) ni con Holanda, cuyos lazos económicos con su gran vecino la incitan precisamente a inclinarse hacia EEUU y Gran Bretaña para no acabar siendo una simple provincia alemana, siendo así la cabeza de puente de esas potencias en el norte del continente europeo. De todos los grandes de Europa, Francia es la más interesada en mantener lazos estrechos con Alemania, al no poder ocupar la plaza de lugarteniente de EEUU en la esfera europea, plaza que la comunidad de lengua y sobre todo la situación geográfica han atribuido definitivamente a Gran Bretaña. Sin embargo, la alianza franco-alemana no puede tener la misma solidez y estabilidad que la que existe entre las dos potencias anglosajonas, en la medida en que:
- los dos asociados no ponen las mismas expectativas en su alianza. Alemania aspira a una posición dominante, mientras que Francia quisiera conservar un estatuto de alter ego, pues su posesión del arma atómica y de posiciones imperialistas en África compensaría su inferioridad económica. Esa diferencia puede desembocar en posturas diplomáticas divergentes, como hemos visto respecto a Yugoslavia;
- la potencia estadounidense ya se ha puesto manos a la obra para hacer pagar muy cara a Francia su infidelidad: expulsión del Líbano, apoyo a las aventuras de Hissen Habré en Chad, apoyo al FIS en Argelia, “affaire” Habache, etc., a ver si con ello logra hacerla volver a “mejores inclinaciones”.

6) Sin embargo, ni su enorme atraso militar actual, ni las zancadillas que EEUU le va poner sin lugar a dudas, ni el riesgo de acentuar el caos podrían desviar a Alemania del camino en que ya se ha metido. La crisis capitalista hace inevitable la agravación de los antagonismos imperialistas. Y la tendencia de esos antagonismos es hacia un reparto del mundo en dos bloques imperialistas. La potencia económica de Alemania y su lugar en Europa no harán sino empujarla cada día más por ese camino, lo cual es, a su vez, un factor de inestabilidad suplementario en el mundo de hoy.

Más generalmente, incluso si la amenaza del caos es un factor que puede ser un freno en ciertos momentos a la afirmación por las grandes potencias de sus propios intereses imperialistas, la tendencia histórica dominante del mundo actual es a la agudización de sus antagonismos, por muy catastrófica que pueda acabar siendo esa agudización. En especial, la determinación de Estados Unidos, mostrada con la guerra del Golfo, de representar plenamente su papel de “gendarme del mundo” acabará desembocando en fin de cuentas en el empleo creciente de la fuerza militar y el chantaje con el caos, lo cual contribuirá a agravarlo todavía más, como así quedó ilustrado con el problema kurdo y la situación en Oriente medio después de esa guerra. Así, sean cuales sean los intentos de las grandes potencias por ponerle remedio, es el caos lo que imperará cada día más en las relaciones entre Estados en el mundo de hoy, un caos a la vez causa y consecuencia de los conflictos bélicos, caos que se verá incrementado por la crisis del modo de producción capitalista.

7) La recesión abierta en la que se ha hundido desde hace dos años la primera potencia mundial ha venido a echar por los suelos muchas ilusiones forjadas y propaladas por la burguesía durante la mayor parte de los años 80. Las famosas “reaganomics” que hicieron posible el período más largo, desde los años 60, de crecimiento continuo de las cifras consideradas como representativas de la riqueza de los países (como el PNB), aparecen ahora como un fracaso contundente que ha hecho de Estados Unidos el país más endeudado del planeta y que tienen cada día más dificultades para financiar sus deudas. El estado de salud de la economía norteamericana con sus deuda total de 10 billones (1 y trece ceros) de dólares, su caída de 4,7 % de las inversiones en 1991 a pesar de la baja histórica de los tipos de interés, su déficit presupuestario de 348.000 millones de dólares para 1992, son índices significativos de la situación catastrófica en la que se encuentra la economía mundial. Ésta, desde finales de los 60, sólo ha logrado hacer frente a la contracción ineluctable de los mercados solventes mediante la huida ciega en el endeudamiento generalizado. Fue así como la fuerte recesión mundial de 1974-75 sólo pudo ser superada mediante la inyección masiva de créditos a los países subdesarrollados y a los países del Este que les permitieron, durante un corto período, relanzar, con sus compras, la producción de los países industrializados, pero que los condujo rápidamente a la suspensión de pagos. La recesión de 81-82, consecuencia ineluctable de esta situación, tampoco pudo ser a su vez superada más que gracias a un nuevo relanzamiento de la deuda, no ya de los países periféricos, sino del más poderoso de todos. El déficit comercial de EEUU sirvió de nueva “locomotora” a la producción mundial y su “crecimiento” interno  fue espoleado con déficits presupuestarios más y más gigantescos. Por eso es por lo que el callejón sin salida económico con el que se enfrenta la burguesía estadounidense ha cobrado ese carácter de gravedad para toda la economía mundial. Desde ahora, el tren capitalista ya no puede contar con la más floja “locomotora”. Asfixiado por el endeudamiento, no podrá evitar, tanto globalmente como en cada país, la consecuencia ineluctable de la crisis de sobreproducción: la caída constante de la producción, el abandono de sectores cada día más amplios del aparato productivo, la reducción drástica de la fuerza de trabajo, las quiebras en serie, especialmente en el sector financiero, a cuya comparación las de los últimos años aparecerán como menudencias.

8) Esa perspectiva no va a ser anulada ni mucho menos por los cambios habidos en la economía de los países antiguamente autoproclamados “socialistas”. Para esos países, las medidas de “liberalización” y de privatización lo único que van a lograr es añadir más desorganización y bajas mayores de la producción a una destartalada e improductiva economía, causa del hundimiento de los regímenes estalinistas. Ya hoy o a muy corto plazo, lo que amenaza a las poblaciones de muchos de esos países es sencillamente el hambre. Lo que les espera a la mayoría de esos países, y especialmente a los surgidos de la difunta URSS, en donde los choques étnicos y nacionalistas agravarán más aún las cosas, es una caída imparable en el tercer mundo. No han hecho falta ni dos años para que se disolvieran en la nada las ilusiones sobre los miríficos “mercados” que pretendidamente se iban a abrir en el Este. Estos países, endeudados ya hasta el pescuezo, poco van a poder comprar a los países más desarrollados, los cuales, enfrentados ya a una crisis de liquidez sin precedentes, van a otorgar créditos con la más extrema prudencia a economías que parecen más bien pozos sin fondo. No habrá “plan Marshall” ni cosa parecida para los países del Este, no habrá una verdadera reconstrucción de su economía que permitiría a los países más industrializados relanzar su producción.

9) La agravación considerable de la situación de la economía mundial va a plasmarse en una continuada intensificación, a niveles sin precedentes, de los ataques capitalistas contra la clase obrera de todos los países. Con el desencadenamiento de la guerra comercial, de la competencia por mercados cada día más restringidos, las bajas de los salarios reales y la agravación de las condiciones de trabajo (aumento de los ritmos, ahorros en la seguridad laboral, etc.) van a ir parejas con la reducción masiva de los subsidios sociales (educación, salud, pensiones, etc.) y de las plantillas. El desempleo, cuya curva estadística ha vuelto a torcerse bruscamente hacia arriba en los principales países industriales (1991: 28 millones de parados en la OCDE; 1990: 24,6) y acabará sobrepasando, y con mucho, los niveles más altos de principios de los años 80. Sobre la clase obrera se cierne la miseria más sórdida e insoportable, y no sólo en los países menos desarrollados, también en los más ricos. La desventura que hoy abruma a los obreros de los países ex “socialistas” indica a los obreros de las metrópolis de Occidente la dirección hacia la que dirigen sus condiciones de existencia. Sería, sin embargo, totalmente falso “no ver en la miseria más que la miseria”, como ya Marx se lo reprochaba a Prudhon. A pesar de la suma trágica de sufrimiento que significa para la clase obrera, y en gran parte a causa de ella, la agravación actual y futura de la crisis capitalista, también ésta es portadora de la reanudación de los combates de clase y de la progresión de la conciencia en las filas obreras.

10) El hundimiento del estalinismo, ese sistema que fue la punta de lanza de la contrarrevolución que siguió a la oleada revolucionaria de la primera posguerra, ha provocado, paradójicamente pero de modo perfectamente explicable y previsto, un retroceso muy sensible de la conciencia en la clase obrera. Este hundimiento abrió la posibilidad de que se desencadenaran campañas sin precedentes sobre el tema de la “muerte del comunismo”, de la “victoria del capitalismo” y de la “democracia”, lo cual no ha hecho sino acentuar la desorientación de la gran mayoría de los obreros sobre la perspectiva de sus combates. Esos hechos, sin embargo, sólo tuvieron un impacto limitado en duración y profundidad sobre la combatividad obrera, como así lo confirmaron las luchas de la primavera de 1990 en diferentes países. En cambio, a partir del verano de 1990, la crisis y la guerra del Golfo, al provocar un fuerte sentimiento de impotencia en las filas del proletariado de los países más avanzados (países que estaban todos, directa o indirectamente, implicados en la acción de la “coalición”) fueron un factor muy importante de parálisis de su combatividad. Al mismo tiempo, esos acontecimientos, al poner al desnudo las mentiras sobre el “nuevo orden mundial”, al desvelar el comportamiento criminal de las “grandes democracias” y de todos los defensores profesionales de los “derechos humanos”, han contribuido a la labor de zapa de parte del impacto en las conciencias obreras de las campañas anteriores. Por esta razón, los principales sectores de la burguesía han procurado tapar cuidadosamente sus “hazañas” con el tupido velo de las mentiras, las campañas mediáticas y nuevas operaciones “humanitarias” como la organizada en favor de unos kurdos que esos mismos sectores habían entregado maniatados a la represión del régimen de Saddam Husein.

11) El último acto de toda esa serie de acontecimientos que han afectado las condiciones para que se desarrolle la conciencia y la combatividad en la clase obrera se ha representado a partir del verano de 1991 con las siguientes escenas:
- el golpe fallido en la URSS, la desaparición de su partido dirigente y la dislocación de ese país;
- la guerra civil en Yugoslavia.

Estos dos últimos acontecimientos han acarreado un nuevo retroceso de la clase obrera, tanto en su combatividad como en su conciencia. Aunque no haya tenido tanto impacto como lo acontecido en la segunda mitad de 1989, el hundimiento del régimen pretendidamente “comunista” de la URSS y la dislocación del país que había conocido la primera revolución proletaria victoriosa, ha sido un ataque mucho más profundo todavía contra la perspectiva del comunismo en las conciencias obreras. Al mismo tiempo, las nuevas amenazas de enfrentamientos militares catastróficos (incluso a golpe de arma nuclear) resultantes de esa dislocación han acentuado también ese sentimiento de impotente inquietud. Este sentimiento se ha incrementado con la guerra civil en Yugoslavia, a unos cuantos cientos de kilómetros de las grandes concentraciones obreras de Europa occidental, en la medida en que el proletariado de éstas no ha podido hacer otra cosa que ser espectador de matanzas absurdas y que lo único que le queda es confiar en la buena fe de los gobiernos e instituciones internacionales (CEE, ONU) para acabar con ellas. Además, la conclusión (provisional) de ese conflicto, con el envío por las grandes potencias de una “misión de paz” bajo el estandarte de la ONU, ha servido para dar otra vez lustre al blasón, oxidado por la guerra del Golfo, de aquéllas y de ésta.

12) Los acontecimientos de Yugoslavia han venido a poner de evidencia la complejidad del lazo que existe entre la guerra y la toma de conciencia del proletariado. Históricamente, la guerra ha sido siempre un poderoso factor tanto de la movilización como de la toma de conciencia de la clase obrera. La Comuna de París, la revolución de 1905 y la de 1917 en Rusia, la de 1918 en Alemania, fueron resultados de esa guerra. Pero, a la vez, la guerra, como lo ha mostrado la CCI, no crea las condiciones más favorables para la extensión de la revolución a escala mundial. La Segunda Guerra mundial ha demostrado, además, que desde entonces, era algo ilusorio el apostar por un surgimiento del proletariado durante un conflicto imperialista generalizado y que éste era, al contrario, un factor de precipitación de la clase en la contrarrevolución. Pero la guerra imperialista no ha perdido por ello su capacidad para poner de relieve ante los proletarios la naturaleza profundamente brutal del capitalismo decadente y de los peligros que está haciendo correr a la humanidad, el comportamiento gansteril de los “hombres de buena voluntad” que gobiernan el mundo burgués y que la clase obrera es la principal víctima de sus fechorías. Por eso fue por lo que la Guerra del Golfo pudo servir, parcialmente, de antídoto al veneno ideológico inoculado durante el año 1989. Pero, hoy, para que la guerra pueda tener ese impacto positivo en la conciencia de las masas obreras, es necesario que aparezca claramente lo que está en juego ante los proletarios, y esto supone:
- que éstos no estén masivamente encuadrados tras las banderas nacionales (por esta razón es por la que los diferentes conflictos que están desgarrando las regiones en las que imperaba el estalinismo están acentuando el desconcierto de los obreros que allí viven);
- que la responsabilidad, en la barbarie y en las masacres, de los países avanzados sea evidente y no ocultada por las circunstancias locales (conflictos étnicos, odios ancestrales) o las operaciones “humanitarias” (como las “misiones de paz” de la ONU).

En el período venidero, no va a ser de enfrentamientos como los de Yugoslavia o del Cáucaso de donde habrá que esperar un impulso de la toma de conciencia en las masas obreras. Pero la necesidad para las grandes potencias de implicarse cada día más y más directamente en los conflictos bélicos va a ser un factor importante de la toma de conciencia en las filas obreras, especialmente en los sectores decisivos del proletariado mundial que viven precisamente en esos grandes países.

13) Más generalmente, las diferentes consecuencias del atolladero histórico en que se encuentra el modo de producción capitalista no tienen todos los mismos signos desde el punto de vista de la toma de conciencia en la clase obrera. Por ejemplo, las características específicas de la fase de descomposición, especialmente la putrefacción de raíz de la sociedad y el caos, son por ahora un factor de confusión en la clase obrera. Así ocurre, por ejemplo, con las dramáticas convulsiones que afectan al aparato político de la burguesía en los países que acaban de salir del pretendido “socialismo real” o en algunos países musulmanes (el auge del integrismo). En los países adelantados también, los sobresaltos varios que sacuden el aparato político, a una menor escala claro está y sin que se salgan del control de las fuerzas burguesas dominantes (auge de los movimientos racistas en Francia, Bélgica, Este de Alemania, éxitos electorales de los partidos regionalistas en Italia, de los ecologistas en Francia o Bélgica), son utilizados con eficacia para atacar la conciencia de los obreros. En realidad, los únicos elementos que van a favor de la toma de conciencia de proletariado son los que pertenecen a la decadencia del capitalismo en su conjunto y no son específicos de su etapa de descomposición: la guerra imperialista con una participación directa de las metrópolis del capitalismo y la crisis de la economía capitalista.

14) Así como es importante distinguir el grado de contribución de los diferentes aspectos del trágico atolladero en el que se encuentra la sociedad para la conciencia del conjunto de la clase obrera, es necesario discernir las diferencias de cómo afecta esta situación a cada uno de sus sectores. Muy especialmente, debe estar claro que, como la CCI lo ha puesto de relieve desde principios de los 80, el proletariado de los países ex “socialistas” está enfrentado a dificultades enormes en su toma de conciencia. A pesar de las dificultades que ya ha soportado y que habrá de soportar más todavía, pese a las luchas, a veces de gran amplitud, que va a seguir llevando a cabo contra esos ataques, ese sector de la clase obrera mundial se distingue por su debilidad política que hace de él una presa bastante fácil para las maniobras demagógicas de los políticos burgueses. Sólo será la experiencia y el ejemplo de los combates de los sectores más avanzados de la clase, en especial los de Europa occidental, contra las más sofisticadas trampas que le tiende la burguesía, lo que permitirá a los obreros de Europa del Este dar pasos decisivos en el proceso de toma de conciencia.

15) Asimismo, en el seno del conjunto de la clase obrera mundial, es importante establecer también una clara distinción, en cómo se han percibido los grandes cambios habidos desde 1989, entre las minorías de vanguardia y las grandes masas del proletariado. Así, del mismo modo que en éstas ha hecho mella plenamente la sucesión de unas campañas de la burguesía que las ha llevado a dar la espalda a toda perspectiva de derrocamiento del capitalismo, las mismas campañas y los mismos acontecimientos han provocado, al contrario, una nueva movilización y un nuevo interés por las posiciones revolucionarias en las minorías, muy pequeñas, que se han negado a dejarse arrastrar y ensordecer por los discursos sobre la “muerte del comunismo”. Es ésta una nueva ilustración de que contra el escepticismo, el desconcierto y la desesperanza que los diferentes aspectos de la descomposición hacen pesar en el conjunto de la sociedad, y en particular en la clase obrera, el único antídoto es afirmar la perspectiva comunista. Ese incremento reciente de la audiencia de las posiciones revolucionarias es también la confirmación de la naturaleza del curso histórico tal como se ha desarrollado desde finales de los años 60, un curso hacia los enfrentamientos de clase y no hacia la contrarrevolución, un curso que los acontecimientos de los últimos años, por muy nefastos que hayan sido en general para la conciencia del proletariado, no han logrado cambiar de sentido.

16) Y es precisamente porque el curso histórico no ha sido trastornado, y la burguesía no ha logrado con sus múltiples campañas y maniobras asestar una derrota decisiva al proletariado de los países avanzados y encuadrarlo tras sus banderas, por lo que el retroceso sufrido por éste, tanto en su conciencia como en su combatividad, será necesariamente superado. Ya la agravación considerable de la crisis capitalista, especialmente en los países más desarrollados, es un factor de primera importancia en la negación de todas las mentiras sobre el “triunfo” del capitalismo, incluso en ausencia de luchas abiertas. Asimismo, la acumulación del descontento provocado por la multiplicación y la intensificación de los ataques resultantes de esa agravación de la crisis, abrirá, al cabo, el camino a movimientos de gran amplitud que volverán a dar confianza a la clase obrera, le recordarán que ella es, ya desde ahora, una fuerza considerable en la sociedad y permitirán a una masa cada día mayor de obreros volver a encarar la perspectiva del derrocamiento del capitalismo. Por ahora, las luchas obreras están en uno de los niveles más bajos desde la última guerra mundial. Lo que sí hay que saber es que ya se están desplegando en profundidad las condiciones para el resurgir de las luchas, lo cual debe incitar a los revolucionarios a una vigilancia creciente para que no les sorprenda ese surgimiento y estén preparados para intervenir en él para hacer avanzar la perspectiva comunista.

CCI, 29/3/1992