¿Qué cabe esperar de la huelga general del 29 de septiembre?

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Hemos leído con interés el documento de los compañeros de Alternativa Proletaria "Frente a los ataques del capital Huelga General en la Unión Europea".

Los compañeros se plantean "mirar a Europa y preparar la lucha internacional", se manifiestan solidarios con los trabajadores en lucha, denuncian con firmeza no solo al Gobierno PSOE sino también a su pretendida "oposición de izquierda", IU, de quien evidencian que "cuando ha tocado el poder se ha adaptado totalmente a las necesidades del capital". Ponen el dedo en la llaga al apuntar "la labor de desmovilización social que llevan a cabo las organizaciones que se autodenominan representantes de los trabajadores".

Los compañeros plantean en la hoja 3 retos: "RECUPERAR LA UNIDAD DE LOS TRABAJADORES", "ACCIONES UNITARIAS", "PREPARAR LA LUCHA INTERNACIONAL". Son tres objetivos que compartimos plenamente y que forman parte del esfuerzo que están realizando minorías proletarias para responder a las cuestiones cruciales de ¿cómo luchar? ¿Cómo unirnos? ¿Cómo organizarnos?

Se trata de un debate práctico y militante que gira en torno a la pregunta fundamental de ¿cómo responder con fuerza y eficacia a la brutal política de ajuste del Gobierno Zapatero? ¿Cómo unirnos a escala internacional dado que somos atacados en todos los países? Es un debate en el que poco a poco se van inscribiendo trabajadores no politizados a quienes los sufrimientos y las incertidumbres de la situación empujan a preocuparse por estas cosas hasta ahora reservadas a ínfimas minorías.

Queremos hacer nuestra aportación al debate abordando un solo aspecto: la cuestión de la huelga general, ¿se trata de un método de lucha válido? ¿Hay alternativas al mismo? Esperamos que la prosecución del debate permita tratar otras cuestiones planteadas por los compañeros.

¿Qué hacer ante la convocatoria de huelga general para el 29 de septiembre?

La idea de hacer una huelga general se viene debatiendo desde que el gobierno anunció las medidas de austeridad; las noticias de Grecia, con una sucesión de huelgas generales (hasta 10 han sido realizadas) contra los salvajes ataques gubernamentales, la han hecho popular en los medios obreros.

Expresa una primera respuesta a la necesidad de unirse, a la urgencia de superar lo que los compañeros de Alternativa Proletaria denuncian: "la división ficticia creada por el capital entre funcionarios y no funcionarios, autóctonos /emigrantes, sexo, región, nacionalidad, parado/activo"; manifiesta la voluntad de hacer visible y, por tanto, fortalecerse alrededor de ello, que "solo hay trabajadores y capitalistas, es decir, burgueses y proletarios".

De manera más concreta, bastantes trabajadores se han indignado ante la convocatoria sindical el 8 de junio de una huelga estrictamente encerrada en el ámbito de los funcionarios. Les ha parecido una maniobra de división y han opuesto a ella la consigna de "huelga general"[1].

Hay pues en esos planteamientos un deseo de unidad, una búsqueda de cómo dar una respuesta unidos como clase, crear una fuerza que pare los pies a la interminable cadena de ataques a nuestras condiciones de vida.

Ahora bien, lo que debemos preguntarnos es si efectivamente la huelga general y más concretamente la convocatoria del 29 de septiembre, constituye un medio de crear o al menos avanzar hacia esa unidad y esa fuerza colectiva como trabajadores.

Cuando vemos la experiencia amarga del 8 de junio, comprobamos que precisamente la convocatoria de "huelga general" un día D, está hecha precisamente para crear todos los obstáculos posibles a la materialización de esa unidad. Ir a la huelga se plantea como un asunto individual de ciudadanos que "ejercen el derecho constitucional a parar el trabajo" A CAMBIO del correspondiente descuento en su salario. Vemos que en los centros de trabajo no se promovieron ni antes ni durante la huelga la más mínima asamblea como vehículo imprescindible para empezar a sentir y a vislumbrar la unidad, sino que todo se limitó a carteles, mails o a lo sumo a reuniones rutinarias del responsable sindical sin derecho siquiera a ruegos y preguntas. El único momento adonde a los trabajadores se les permitía "unirse" era durante la manifestación pero esta "unión" constituía en realidad otra puñalada trapera de división: cada mochuelo tenía que ir a su olivo, cada cual encerrado en su sector o centro de trabajo, en un acto donde era imposible la comunicación y la discusión pues todo el espacio estaba ocupado por el estruendo de los pitos y la constante repetición desde los altavoces de engañosas consignas.

La "huelga general" del 29 de septiembre será con toda probabilidad una repetición de la estafa del 8 de junio, como lo fueron igualmente las mascaradas de 2002, 1994 y 1988 -hoy tan mitificadas por la prensa. En esas convocatorias, los sindicatos montan una parodia de "unidad" que en la práctica divide y dispersa todavía más a los trabajadores. Se trata de ceremonias de la división que reproducen, amplían y profundizan, el corporativismo, la atomización, que la sociedad actual produce cotidianamente. Son especialmente frustrantes porque se supone que serían momentos para combatir ese modo de vida capitalista cuando en realidad no hacen sino prolongarlo en nombre de la "unidad" y de la "lucha".

Pero ¿no valdría la pena la asistencia masiva a la huelga general para dar un "aviso" a la patronal y al gobierno? ¿No sería el paro de millones de huelguistas una "demostración" de cabreo frente al cual "los de arriba" deberían tomar nota para rectificar?

El planteamiento de la huelga como "advertencia democrática", como "voto del descontento", permite mantener la ilusión de que podemos hacer recapacitar a los "socios" de la Patronal y el Gobierno y, de esa forma, difuminar la realidad de la sociedad actual donde no hay "socios" ni "ciudadanos iguales ante la ley" sino una minoría dominante y explotadora que acumula riquezas a costa de la miseria de la inmensa mayoría.

La huelga general no está pensada para desarrollar la identidad y la conciencia de clase sino, muy al contrario, para afianzar el engaño de que todos vamos en el mismo barco de la "comunidad nacional". La huelga general sindical desnaturaliza y priva de todo contenido de clase al arma de la huelga para convertirla en un ritual más de la gran comedia democrática.

¿Huelga general o huelga de masas?

Por su propio planteamiento, la huelga general siembra la pasividad y la desmovilización. Todo se fía a un día D donde "todos echaremos el resto". El mensaje que cuela la "huelga general" es que vivimos en una sociedad en desarrollo donde ante los desajustes, abusos y demás contradicciones eventuales, hay que lanzar un aviso para corregirlos. Más allá de los mitos radicales con los que pudo rodearse en sus orígenes, las "huelgas generales" en la sociedad actual están concebidas para transmitir una imagen de normalidad democrática y ciudadana, de sociedad que permite el ejercicio "libre y responsable" de ese "derecho" para corregir injusticias o ayudar a superar crisis coyunturales. No es un arma de combate contra la barbarie y miseria de la sociedad capitalista, sino muy al contrario un medio normalizado de conservación de la misma.

Hace más de 100 años se desarrolló en el movimiento obrero un debate apasionante sobre la cuestión. Era un periodo donde la larga prosperidad del capitalismo de entonces empezaba a verse perturbada por crisis comerciales y sobre todo por una acumulación de tensiones guerreras que acabaron desembocando en la terrible carnicería de la Primera Guerra Mundial.

Rosa Luxemburgo, en un folleto clásico -Huelga de masas, partido y sindicatos[2]- acertó a formular la cuestión de una manera muy nítida: ¿Huelga general o huelga de masas?

Explicó que la huelga general correspondía a los medios de acción que tenían validez para la lucha obrera en un periodo de crecimiento y desarrollo del capitalismo, y de consolidación y afianzamiento del sufragio universal, el parlamento, los derechos civiles, expresiones en el terreno político del apogeo del capitalismo.

Pero, su aportación fue más lejos: empezó a vislumbrar que no solamente dicha herramienta quedaba obsoleta, sino que el conjunto de métodos sindicales y políticos adaptados a esa etapa histórica, se volvían caducos y contraproducentes en el horizonte de la nueva época. Más concretamente, planteó que junto con la huelga general se quedaba definitivamente caduco las convocatorias un día D, las acciones meramente demostrativas y de presión, las huelgas parciales limitadas a un sector, la organización previa minuciosa antes de lanzarse a la lucha, la idea de que esta solamente sería posible si con antelación los obreros han sido organizados en estructuras estables y con una cuantiosa caja de huelga...

Esta comprensión no era resultado de una especulación abstracta o de un pronóstico atrevido sino que tenía el suelo de granito de dos hechos históricos de gran magnitud.

En primer lugar, la comprensión de la evolución del capitalismo. Rosa Luxemburgo señaló que el capitalismo había llegado a su apogeo, que comenzaba un declive que iba a producir graves catástrofes y enormes sufrimientos a toda la humanidad. «La Revolución Rusa actual estalla en un punto de la evolución histórica situado ya sobre la otra vertiente de la montaña, más allá del apogeo de la sociedad capitalista»[3]

En segundo lugar, se inspiró en el examen de la Revolución Rusa de 1905 donde los trabajadores habían desarrollado nuevos métodos de lucha, formas completamente diferentes de plantear su combate. La huelga masiva que abarcaba todo el imperio ruso no surgía de una convocatoria previa sino de una extensión solidaria del movimiento. La organización colectiva se creaba en la lucha, por la lucha y para la lucha. De los análisis de Rosa se desprende claramente que frente a la huelga general se levanta la huelga de masas basada en la acción directa de los obreros fuera y en contra de la máquina gubernamental burguesa. Frente al sindicalismo, su ideología, su concepción de la organización y de la lucha, se oponen las Asambleas y Consejos Obreros, no tanto como meras formas sino como expresión de una tendencia a la lucha revolucionaria.

Las lecciones de la Revolución Rusa de 1905 (que se confirmaron con mucha mayor fuerza política en la Revolución de 1917 y en toda la oleada revolucionaria mundial que le siguió) y la comprensión de la evolución económica e imperialista del capitalismo, plantearon que desde entonces hemos entrado en una época diferente, la decadencia del capitalismo, y que en esa nueva época los viejos métodos políticos y sindicales se han vuelto contra la clase obrera, por lo que esta, en su lucha, tiene que emplear nuevos métodos y planteamientos.

En contra del tópico mil veces repetido, los nuevos métodos y planteamientos, de los que Rosa Luxemburgo fue adalid, nada tienen que ver con el "espontaneismo" del que ha sido acusada sin descanso.

La huelga de masas, las asambleas directas, los delegados elegidos y revocables, la extensión de la lucha mediante el contacto directo entre trabajadores etc., no son algo que surge de la nada ni constituye una especie de "reacción instintiva" frente a una presión intolerable. Un análisis más atento que va más allá de las constataciones superficiales, muestra que tales estallidos son el resultado de una labor callada y sistemática de organización, de toma de conciencia, de debates y clarificación.

Este aspecto de labor callada de preparación es cuidadosamente tratado por Rosa Luxemburgo. «Está fuera del alcance de la socialdemocracia[4] el determinar por adelantado la ocasión y el momento en el que se desencadenarán las huelgas de masas, porque está fuera de su alcance el hacer nacer situaciones por medio de simples resoluciones de Congreso. Pero que si está a su alcance y constituye su deber es precisar la orientación política de esas luchas en cuanto se producen y traducirla en una táctica adecuada y resuelta. No se pueden dirigir a voluntad los acontecimientos históricos imponiéndoles reglas, pero se pueden calcular por adelantado sus consecuencias probables y regular acorde con ellas la propia conducta».

Los compañeros de Alternativa Proletaria hablan con razón de militantes anónimos que se dan como tarea "animar a la gente a hablar, a opinar, a criticar a quien sea, esa es la lucha obrera diaria que tenemos que aprender y hacer".

Preparar la lucha es impulsar el agrupamiento de minorías obreras -Comités de Lucha, Plataformas de Acción, el nombre es lo de menos-  que combaten por la unidad, una unidad no basada en cárteles o frentes de organizaciones políticas y sociales, sino en asambleas y reuniones abiertas, lo más amplias posible, donde participen todos, sindicados o no sindicados.

Preparar la lucha es animar un debate lo más amplio posible sobre las muchas cuestiones cuyo esclarecimiento va soldando voluntades, va contribuyendo a luchar, va despejando falsas ilusiones que impiden la lucha, va contrarrestando con argumentos sólidos las mentiras y demagogias de los explotadores y todo el abanico de partidos y sindicatos que les defienden. El debate masivo es un arma al servicio de la maduración de la lucha y un poderoso factor de desarrollo una vez surgida.

Otra arma vital es la SOLIDARIDAD. Solidaridad con trabajadores emigrantes cuya contratación los somete a condiciones esclavistas y hace caer las condiciones generales de todos los trabajadores. Es lo que hicieron por ejemplo los trabajadores del Naval en Vigo en febrero de 2010 o anteriormente los trabajadores de Linsdey en Gran Bretaña[5]. Cada vez que un grupo de trabajadores entra en lucha se debe producir una doble movimiento: por una parte, dar a conocer, extender su lucha, de tal forma que no se vea como un conflicto particular o aislado en el que el Capital y su Estado omnipotentes tienen todas las de ganar, sino que se avance en el sentido de un combate de clase, de la mayoría explotada contra la minoría privilegiada. Y, simultáneamente, en los demás trabajadores se debe desarrollar una corriente de simpatía y apoyo, de sumarse a la lucha incorporando sus propias reivindicaciones y planteamientos.

En fin, en el camino hacia luchas masivas, las Asambleas abiertas como en Vigo en 2006[6], o, como formulan los compañeros a su manera: "crear ASAMBLEAS POPULARES abiertas, democráticas, en las plazas públicas, donde la gente pueda expresar su opinión y discuta qué se puede hacer"

La convocatoria del 29 de septiembre está concebida como una barrera contra el desarrollo de la lucha obrera. Pero el que triunfen en ese objetivo, dependerá muy mucho de cómo se encare la situación desde ahora: si en los trabajadores cunde una actitud de expectativa, de dejarse llevar, de pasividad ante el día D, entonces sus manipulaciones habrán triunfado. Pero si ya desde ahora en los trabajadores -o al menos en minorías de ellos- se desarrollan agrupamientos, se toman iniciativas, se hace una labor de reunión y asamblea, debate, propuestas etc., entonces los trabajadores podrán limitar los efectos de la convocatoria desmovilizadora del 29 y seguir avanzando hacia el desarrollo de luchas masivas y unitarias organizadas y controladas colectivamente.

Acción Proletaria 12-7-10


[1] Ver en nuestra Web ¿Qué balance podemos sacar de la huelga de funcionarios del 8 de junio? http://es.internationalism.org/node/2891 

 

[2] En Internet se puede encontrar en la siguiente dirección: http://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf

[3] Huelga de masas, partido y sindicatos, Obras Escogidas tomo I página 360 edición española.

[4] El partido proletario de aquella época.

[5] Ver en nuestra Web http://es.internationalism.org/node/2493 y http://es.internationalism.org/node/2770

[6] Ver Vigo: los métodos proletarios de lucha, http://es.internationalism.org/ccionline/2006/vigo.htm