El paro nacional del 16 de marzo: el SME continúa con la trampa y amplifica la derrota de los trabajadores

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Como denunciábamos "Para llevar a cabo este ataque sin la menor traba, todas las fuerzas de la clase dominante se dividieron la faena: unos creando una división entre los electricistas en una estéril lucha interna entre facciones sindicales mediante elecciones. Unos más pintaron los ataques a las condiciones de vida como "ataques al sindicato y a las libertades democráticas"... y otros por su parte crearon un ambiente de linchamiento presentándolos como los "privilegiados". Ese panorama facilitó la estrategia para arrastrar a muchos obreros a una lucha visceral por la "defensa del sindicato", o bien, en la "defensa de la empresa y de la economía nacional", consignas que son una estrategia óptima para lograr que cualquier sector del proletariado olvide sus reivindicaciones como clase explotada." (Hoja volante publicada conjuntamente en octubre 2009 por: GSL, PAM y CCI). Este análisis se ha probado con creces en los meses recientes.

Ha sido el sindicato el encargado de dirigir el libreto de la trampa desde el principio, así lo demuestra su accionar cuando después de la manifestación del 15 de octubre del 2009 que mostró la existencia de una gran preocupación social y un sentimiento de solidaridad extendido entre los trabajadores, el SME maniobró para abortar esa dinámica promoviendo la controversia constitucional y los amparos contra los actos del gobierno, presentándolos como una continuidad de la lucha; pero en realidad, con ello se aseguraba de evitar cualquier respuesta genuina de los obreros encerrándolos en la fatua esperanza de que es posible utilizar las instituciones burguesas para defender los intereses proletarios.

En casi seis meses, el SME con la ayuda de sus congéneres se ha encargado de aislar, desmoralizar y desgastar a los trabajadores llamando a su "responsabilidad" y promoviendo la lucha legaloide para atarlos a la esperanza de la justicia burguesa y también para mantenerlos pasivos en "guardias" montadas en las puertas de las plantas cerradas o en las huelgas de hambre tan estériles como impotentes y desmoralizantes, desarrollando también una campaña pretendidamente combativa que promueve los amparos y pide la ayuda de diputados y "personajes notables". Un intenso trabajo para promover la esperanza en los personajes e instituciones burgueses y evitar que aparezca cualquier atisbo de lucha proletaria real basada en la confianza en sus propios medios y fuerza como clase. También, en los meses recientes ha estado promoviendo la consigna de "no pagar la luz" e interponer una "queja" ante la Profeco, pretendiendo con esto presionar al Estado y dándole el valor de una muestra de solidaridad de parte del resto de los trabajadores. No hace falta argumentar mucho sobre el hecho de que esta pretendida medida radical no daña en absoluto al Estado capitalista quien puede enfrentar en inmejorables condiciones a cada usuario aislado, como "ciudadano inconforme" cobrándole hasta la risa por esta "osadía".

De este tipo son las radicales formas de lucha de los sindicatos y en particular del sindicalismo independiente. Por ejemplo, en las semanas recientes ha arreciado la campaña sindical que llama a ocupar los centros de trabajo de la empresa para demostrar la fuerza de los trabajadores y presionar de manera "contundente" al Estado. Otro engaño más: en realidad el sindicato se asegura que los trabajadores se engañen con el cuento de recuperar sus espacios cuando en realidad lo que significa es que se asegura una total impotencia al quedarse aislados y pasivos en su rincón. Cuando el coraje y la combatividad era el sentimiento dominante, los piquetes de huelga, masivos y activos hacia otras fábricas no estuvieron presentes para ampliar, extender la lucha y generalizar así la resistencia obrera. Pero para que este accionar pueda presentarse se requiere como primera condición, que los trabajadores se libren de la tutela del sindicato.

La huelga nacional, una estrategia contra los trabajadores

El paro o la huelga nacional que promueven los sindicatos y que los medios burgueses presentan como una medida aparatosa, en realidad es una estrategia promovida desde las entrañas del Estado con varios objetivos en la coyuntura actual, entre los más importantes:

- retomar los propósitos antiobreros no sólo contra los electricistas sino hacia el conjunto de la clase obrera a la cual se busca dar el mensaje de que la lucha propia no tiene sentido y que lo único que puede hacerse es este tipo de procesiones sindicalistas que gritan muy fuerte toda suerte de peroratas radicaloides mientras las masas proletarias esperan pasivas los mandatos de los líderes sindicales;

- revitalizar al aparato sindical de manera que en su faceta de mártir recupere credibilidad, reforzando la idea entre los explotados de que estos órganos son los únicos con los que pueden contar para defender sus condiciones de trabajo y de vida en general y este tipo de acciones las únicas posibles que puede desplegar contra el capital.

- como remate, monta una "lucha sindical" que en realidad se trata de una acción preventiva que busca desfogar el descontento presente entre los trabajadores por los ataques recibidos a sus condiciones de trabajo y de vida, intentando evitar que, a plazo, los asalariados encuentren las formas de organización y de lucha propios que realmente puedan oponerse a las usurpaciones crecientes del capital e ir más allá, a plantearse la superación revolucionaria del capitalismo.

Las demandas que a esta convocatoria al paro les han sido impuestas por el sindicato, resumen bien la trampa montada: defensa de la economía "popular", respeto a la autonomía sindical, respeto pleno a la Ley Federal del Trabajo y la Constitución, por los derechos sociales: incremento del presupuesto para la educación, la ciencia y la cultura, no a la privatización del petróleo, el agua, los minerales y la electricidad, por la soberanía alimentaria, respeto a la autonomía y los derechos de los pueblos indígenas, contra la impunidad y la militarización, juicio político a Calderón, castigo a los violadores de los derechos humanos, por el regreso de los militares a sus cuarteles, etc., etc., todo un collage de exigencias que diluyen completamente las demandas genuinas de los trabajadores.

La única alternativa, luchar fuera de los sindicatos.

Los ejemplos de sabotaje antiobrero de los sindicatos son interminables. Los trabajadores para poder avanzar en sus luchas de resistencia y en su perspectiva revolucionaria, deben oponerse desde el principio a los sindicatos afirmando de manera decidida sus propios medios de lucha: la movilización masiva fuera de los cauces sindicales en los que la burguesía quiere conducir la lucha, y para hacerlo deben impulsar las Asambleas Generales, las huelgas masivas, los espacios de discusión y encuentro que den vida al calor de la unión y la solidaridad.

Que esto es posible lo demuestran los variados ejemplos de nuestros hermanos de clase que han sabido alimentar esta dinámica proletaria en varias regiones del mundo. Últimamente, los trabajadores de la empresa pública Tekel que monopoliza el alcohol y el tabaco de Turquía han dado otro ejemplo de que es posible desplegar la lucha obrera en contra de la explotación despiadada del capitalismo y que al hacerlo de manera genuina inevitablemente los trabajadores se enfrentan directamente con los sindicatos y, por lo tanto, contra el Estado de la burguesía. Resumidamente, la lucha de estos trabajadores ha demostrado una vez más, entre muchas otras cuestiones, que:

- los sindicatos están al servicio del Estado y de la Patronal,

- se puede recuperar la autorganización de los obreros frente a los sindicatos, los partidos políticos y el Estado,

- la lucha obrera puede anteponer el internacionalismo proletario frente al nacionalismo y la defensa de la empresa,

- es posible recuperar por el proletariado la confianza en sí mismo, en su fuerza y su capacidad de desarrollar sus luchas mas allá de las fronteras,

- es posible desarrollar sus luchas ampliándolas y extendiéndolas a otros sectores de trabajadores,

- es posible que los trabajadores, como los de Tekel, logren una toma de conciencia basada en el aprendizaje de las lecciones de sus hermanos de clase como parece ser el caso al encontrar muchos elementos que se han repetido en las luchas pasadas en Egipto, España, Grecia, China...

Los sindicatos, partidos políticos e intelectuales propulsores de la concordia nacional, insisten en que la "realidad mexicana" obliga a encontrar soluciones "propias"; con eso quieren imponer a la clase trabajadora una unidad con sus explotadores para la defensa de la nación, alejándolos así alejarnos de toda posibilidad de avanzar en un combate que ponga fin a este sistema. Por ello, hoy como en el pasado, debemos levantar vigorosamente la consigna internacionalista: ¡proletarios del mundo, uníos!

14-marzo-2010


Revolución Mundial

Sección en México de la

Corriente Comunista Internacional

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