Huelgas en las refinerías y de las centrales eléctricas: Los trabajadores empiezan a enfrentar el nacionalismo

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Hace un par de semanas todos los medios de "comunicación"[1] lanzaron una machacona campaña presentando a los trabajadores británicos como xenófobos. Esta generalización abusiva la hacían partiendo del hecho real de que en una huelga en la refinería de Lindsdey los trabajadores habían comenzado su movilización cayendo en la trampa nacionalista al tomar a cargo el slogan electoral de Mr.Brown «empleos británicos para trabajadores británicos» en la lucha contra la contratación en condiciones muy inferiores a las existentes de 300 trabajadores italianos y portugueses.

Nuestros compañeros de la sección en Gran Bretaña de la CCI habían criticado ese error de este sector de los trabajadores mostrando a la vez el fondo de lucha contra el desempleo rampante y el empeoramiento de las condiciones de vida y denunciando el peligro que representa el veneno nacionalista[2].

Sin embargo una cosa es el error y otra muy distinta es la imagen que se ha repetido hasta la náusea presentando a los trabajadores ingleses como una horda de fanáticos xenófobos que serían unos fervientes partidarios del BNP[3]. En su delirio, algunos comentaristas han llegado a afirmar que "las protestas sociales contra la crisis derivarán en el más puro fascismo".

La burguesía aprovecha los errores del proletariado para montar estruendosas campañas de intoxicación. El proletariado, por su parte, aprende de sus errores. «Tan gigantescos como sus problemas son sus errores. Ningún plan firmemente elaborado, ningún ritual ortodoxo válido para todos los tiempos le muestra el camino a seguir. La experiencia histórica es su único maestro, su Vía Dolorosa hacia la libertad está jalonada no sólo de sufrimientos inenarrables, sino también de incontables errores. La meta del viaje, la liberación definitiva, depende por entero del proletariado, de si éste aprende de sus propios errores. La autocrítica, la crítica cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el proletariado»[4]. Esto es lo que ha sucedido en Gran Bretaña y lo que constituye el objeto del artículo que presentamos a continuación de nuestros camaradas británicos: el error nacionalista inicial ha empezado a ser enfrentado por un nuevo desarrollo de las luchas obreras.

¡Y aquí vemos el papel cínico e indignante de los medios de "comunicación" que se pavonean de "informar verazmente y con neutralidad"! Sobre este nuevo desarrollo de la lucha está reinando la más espesa conspiración del silencio. ¡Ni una palabra! ¡Cómo si no existiera!

Los trabajadores debemos darnos nuestros propios medios de información y comunicación para conocer la verdadera realidad de nuestras experiencias de lucha. Unos medios que no oculten nuestros errores inevitables pero que al mismo tiempo den a conocer las experiencias positivas que hacen avanzar a todo el proletariado mundial.

Acción Proletaria 12-02-09

La oleada de huelgas salvajes[5] iniciada por la lucha de los trabajadores de la construcción y el mantenimiento de la refinería de Lindsdey constituye una de las luchas más importantes que ha habido en Gran Bretaña en los últimos 20 años.

Miles de trabajadores de la construcción en otras refinerías y centrales eléctricas han parado en solidaridad. Se han celebrado reuniones masivas cotidianas. Trabajadores desempleados de la construcción, el metal, los puertos y otros sectores, se han unido a los piquetes y a las manifestaciones organizadas por los trabajadores de las refinerías. Los trabajadores no se han sentido intimidados por el carácter ilegal de sus acciones porque para ellos era más importante expresar la solidaridad con los compañeros amenazados de despido, lanzar a los cuatro vientos su rabia ante la escalada del desempleo y la inacción completa del gobierno. Cuando 200 trabajadores polacos se han unido expresamente a la lucha ésta ha alcanzado su momento más alto pues ello ha significado un desafío al nacionalismo que al principio ha envuelto el movimiento.

El despido de 300 trabajadores de las subcontratas de la refinería petrolera de Lindsdey, la propuesta de reemplazarlos por otra subcontrata que alquilaría a 300 compañeros italianos y portugueses (pero con condiciones laborales inferiores y salarios más baratos) así como el anuncio expreso de que no se contratarían trabajadores ingleses encendieron la pólvora del descontento entre los trabajadores de la construcción. En los últimos años era habitual traer contratas de trabajadores extranjeros con condiciones inferiores lo que daba como resultado una carrera a la baja en las condiciones de todos los trabajadores, ingleses o extranjeros. Esto, unido a la oleada de despidos tanto en la construcción como en los demás sectores, estimularon la combatividad obrera que se ha expresado en estas luchas.

Desde el principio, el movimiento tuvo que abordar una cuestión fundamental que afecta no solamente a los huelguistas actuales sino a toda clase obrera en el futuro: ¿es posible luchar contra el desempleo y otros ataques identificándose como "trabajadores británicos" y revolviéndose contra los "trabajadores extranjeros"? O, por el contrario, ¿tenemos que vernos como trabajadores con los mismos intereses sin importar de donde vengamos? Tal es la profunda cuestión política que el movimiento ha tenido que encarar.

En los comienzos, la lucha parecía dominada por el nacionalismo. La fotografía que ha dado la vuelta al mundo ha sido la de los trabajadores que exhibían carteles hechos a mano que proclamaban «Empleos británicos para los trabajadores británicos» y las federaciones sindicales llevaban sus pancartas más profesionalmente hechas con la misma consigna. Los dirigentes sindicales la defendían de manera más o menos explícita y los medios de comunicación hablaban profusamente de una lucha contra los trabajadores extranjeros y se esforzaban por encontrar trabajadores que expresaran esa opinión. El movimiento de huelga salvaje podía potencialmente ser fagocitado por el nacionalismo y evolucionar hacia una derrota, con trabajadores atacando a otros trabajadores, con los trabajadores gritando masivamente consignas nacionalistas y llamando a que los empleos fueran concedidos a los "británicos" y reclamando que italianos o portugueses perdieran sus empleos. Con ello la capacidad general de la clase obrera para lucha se hubiera visto seriamente dañada y la clase dominante habría reforzado su capacidad de ataque gracias a la creciente división de los obreros.

La cobertura de los media (y lo que algunos trabajadores decían) hacía fácil pensar que las demandas de los trabajadores de Lindsey se reducían a "Empleos británicos para trabajadores británicos". Pero las cosas no eran tan simples. Lo que se discutió y se votó en las Asambleas no tenían nada que ver con ese eslogan y no se vio en ellas hostilidad alguna hacia los trabajadores extranjeros. Es cierto que se expresaron ilusiones sobre la habilidad de los sindicatos para pararle los pies a los empresarios haciendo gestiones para que no contrataran a los trabajadores extranjeros, pero en ningún momento hubo un nacionalismo patente. Pese a ello, los carteles y las opiniones de algunos trabajadores y las declaraciones sindicales permitieron a los media dar la impresión de que los huelguistas se dirigían contra los trabajadores extranjeros.

El peso persistente del nacionalismo

El nacionalismo forma parte integral de la ideología capitalista. Cada burguesía nacional solamente puede sobrevivir compitiendo con sus rivales a nivel económico y militar. Su cultura, sus media, su educación, sus actividades de ocio y deportivas, propagan el veneno nacionalista a todas horas en orden a atar de pies y manos la clase obrera a la nación. La clase obrera no puede evitar el verse afectada por esa ideología. Pero lo que resulta crucial en el movimiento que estamos hablando es que el peso del nacionalismo, tras una desorientación inicial, ha empezado a ser desafiado por los trabajadores que han abordado la cuestión en el curso de la lucha misma.

El eslogan nacionalista "Empleos británicos para trabajadores británicos", tomado por Gordon Brown del BNP, generó mucho desasosiego entre los trabajadores tanto los huelguistas como la clase en general. Muchos huelguistas dejaron bien claro que ellos no eran racistas y que no apoyaban al BNP. Además, los intentos de éste de intervenir en la lucha fueron ampliamente rechazados por los trabajadores.

Es cierto que a pesar del rechazo del BNP muchos trabajadores entrevistados en la TV expresaban una reflexión no exenta de confusiones. Dejaban claro que no estaban contra los trabajadores extranjeros, precisaban que ellos mismos no eran de origen británico o aún siéndolo habían trabajado en el extranjero, pero al mismo tiempo decían que estaban desempleados y que querían que sus hijos tuvieran un empleo y que deberían tener preferencia respecto a los de fuera, que "el trabajo debía ser primero para los británicos". Semejantes puntos de vista partían de una visión que dividía a los trabajadores entre británicos y "el resto", que llevaba a creer que no tenían los mismos intereses y, por tanto, a caer en la trampa nacionalista.

Sin embargo, el proceso de reflexión se desarrollaba. Otros trabajadores subrayaban que los intereses eran comunes entre todos los trabajadores y que querían que todos tuvieran la oportunidad de encontrar un trabajo. «Fui despedido como estibador hace dos semanas. He trabajado en Cardiff y en Barry Docks durante 11 años y vengo aquí para ver como podemos sacudir el gobierno. Creo que todo el país se debería poner en huelga porque estamos perdiendo toda la industria británica. Pero no tenemos absolutamente nada contra los trabajadores extranjeros. No podemos culparles de ir a buscar el trabajo allí donde puede encontrarse» (Guardian On Line 20-1-2009). Hubo también trabajadores que argumentaron que el nacionalismo era un gran peligro. Un trabajador que había trabajado en el extranjero advirtió en un foro de trabajadores de la construcción de lo que suponía la utilización por los empresarios de las divisiones nacionales entre trabajadores: «Los medios corporativos han agitado a los elementos nacionalistas presentando a los manifestantes con la peor imagen posible. Lo último que quieren los empresarios y el gobierno es que los trabajadores británicos se unan con los del otro lado del Atlántico. Creen que nos pueden enfrentar a unos contra otros por los empleos. Un escalofrío les recorre el cuerpo cuando ven que nosotros no actuamos así». Otra intervención en el mismo foro señalaba que la lucha se relacionaba con las que había habido recientemente en Grecia y Francia y subrayaba la necesidad de lazos internacionales: «Las protestas masivas en Francia y en Grecia son el anuncio de lo que va a venir. Creo que construir contactos con esos trabajadores para impulsar amplias protestas en Europa es mejor que los partidos culpables que tenemos, los empresarios, los líderes sindicales vendidos y el Nuevo Laborismo que continúan aprovechándose de la clase trabajadora» (Thebearfacts.org). Trabajadores de otros sectores intervinieron igualmente para oponerse a los eslóganes nacionalistas.

Estas discusiones sobre el nacionalismo, tanto entre los huelguistas como entre trabajadores en general, alcanzaron una nueva fase cuando 200 trabajadores polacos se unieron a 400 trabajadores británicos, lanzándose todos a una huelga salvaje en solidaridad con los compañeros de Lindsey, en las obras de construcción de la central eléctrica de Langage en Plymouth. Los media hicieron todo lo posible para ocultar este acto de solidaridad internacional: la emisora local de la BBC no dijo nada y apenas se pudo ver alguna pequeña nota en algún periódico a nivel nacional.

La solidaridad de estos compañeros polacos era muy importante porque el año anterior se habían involucrado en una lucha similar. 18 trabajadores habían sido despedidos y los demás trabajadores se lanzaron a la huelga incluidos los de origen polaco. Los sindicatos intentaron transformar la lucha en una protesta contra la presencia de trabajadores extranjeros, sin embargo, la participación activa de los obreros polacos hizo fracasar la maniobra.

Los trabajadores de Langage tenían conciencia de que en Lindsey los sindicatos habían impuesto sus consignas nacionalistas. Por eso al día siguiente de su huelga de solidaridad, durante una asamblea de Lindsey aparecía una pancarta hecha a mano que decía «Central Eléctrica de Langage - Los trabajadores polacos se unen a la huelga: ¡Solidaridad!». Esto quería decir una de estas dos cosas: o bien, trabajadores de Langage habían hecho las 7 horas de viaje para estar presentes en la asamblea de Lindsey, o bien que algún trabajador del propio Lindsey quería subrayar su acción.

Al mismo tiempo, en el piquete de Lindsey apareció una pancarta que llamaba a los trabajadores italianos a unirse a la lucha. La pancarta estaba escrita en inglés y en italiano. También en el Guardian del 5-2-09 se informa que aparecieron algunos carteles que decían «¡Trabajadores del mundo uníos!». Vemos pues que se expresan los primeros pasos de un esfuerzo consciente de algunos trabajadores para poner por delante un genuino internacionalismo proletario, un paso que solamente puede llevar a más reflexión y discusión dentro de la clase.

Todo esto planteaba la necesidad de que la lucha avanzara hacia un nivel superior tratando de desafiar directamente el veneno nacionalista. El ejemplo de la solidaridad de los obreros polacos planteaba la perspectiva de que miles de trabajadores de los grandes centros de construcción de Gran Bretaña y en particular de las Olimpiadas en East London, pudieran unirse a la lucha. Se corría el peligro de que los media se vieran expuestos y no pudieran ocultar un aumento de los eslóganes internacionalistas. Como las barreras nacionalistas habían empezado a ser atacadas no fue una sorpresa que de repente a la burguesía le entrara una gran prisa para resolver la disputa. En 24 horas, sindicatos, empresarios y gobierno prometieron 102 empleos extra para trabajadores británicos, además de los 300 para italianos y portugueses. Muchos huelguistas se mostraron contentos porque no se habían perdido los 300 empleos de italianos y portugueses. De todas formas un huelguista se preguntaba ¿cómo es que tenemos que hacer una huelga para simplemente conseguir trabajo?

En el curso de una semana hemos visto la extensión de huelgas salvajes más grande en décadas con asambleas masivas y acciones ilegales de solidaridad. Una lucha que había empezado emponzoñada por el nacionalismo ha acabado poniéndolo en cuestión. Eso no significa que esté superado pues el nacionalismo es un peligro permanente, pero este movimiento proporciona a futuras luchas lecciones importantes. Desde luego, la aparición de un cartel diciendo "Trabajadores del mundo uníos" en un piquete que se suponía ser la vanguardia del "nacionalismo xenófobo" no dejará de preocupar a la clase dominante sobre lo que está por venir.

Phil 7-2-09


[1] El nombre que debería dárseles es el de "medios de incomunicación, desinformación y falsificación"

[2] Ver http://es.internationalism.org/ccionline/2009_oil

[3] British Nationalisr Party, partido fascista inglés cuyos orígenes se remontan a los años 30

[4]Rosa Luxemburgo, La Crisis de la Socialdemocracia

[5] El término "huelga salvaje" viene de la época de 1968 y designa huelgas hechas por los trabajadores fuera de la convocatoria sindical