El desempleo, expresión de la quiebra del capitalismo (II) 1980-2007: El desempleo enmascarado

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Actualmente el desempleo se desboca: dos casos son paradigmáticos, por un lado, Estado Unidos, primera economía mundial, donde solo en un mes 600.000 trabajadores han sido lanzados al abismo del paro; por otra parte, España, donde se ha atravesado la barrera de los 3 millones de parados y se habla de alcanzar los 4 millones. El desempleo se convierte en un problema de primera magnitud que ocupa las preocupaciones de millones de personas. Por ello iniciamos una serie en el número pasado para contribuir a una respuesta a preguntas tales como: ¿Cuáles son las causas del desempleo? ¿Va a durar mucho tiempo la situación de desempleo que estamos sufriendo? ¿Existe la posibilidad de que el capitalismo cree empleo duradero y estable?

En el número anterior veíamos que a pesar de los "progresos" habidos en los últimos 20 años en la reducción de las cifras de desempleados, durante más de 40 años se ha mantenido una cifra de parados permanente jamás vista en la historia del capitalismo: los llamados parados de largo duración. Analizamos en dicho artículo las consecuencias para la estabilidad emocional y la vida social de esos compañeros convertidos por la sociedad en "fracasados".

En este nuevo artículo vamos a ver que en realidad el capitalismo durante los 20 años no ha logrado realmente erradicar el desempleo sino adoptar una serie de medidas de capitalismo de Estado para enmascararlo.

 

1980-2007: El desempleo enmascarado[1]

Durante los últimos 20 años, los Estados se han llenado la boca de afirmaciones tales como que "la lucha contra el paro es la primera prioridad", "se van a hacer reformas sociales para flexibilizar el mercado laboral y hacerlo accesible a la mayoría". Toda una serie de medidas han sido tomadas:

- la precarización, sustituyendo puestos de trabajo fijos por puestos de trabajo eventuales;

- la transformación de trabajadores fijos en autónomos, "auto-empresarios" subcontratados.

- Las jubilaciones anticipadas y las prejubilaciones

- La prolongación de la vida escolar tanto a nivel elemental como universitario

Se nos ha repetido hasta la náusea que la causa del desempleo era la "rigidez" del mercado de trabajo, una "rigidez" que supuestamente creaba trabajadores "privilegiados" y "vagos" atados a la poltrona de un "puesto de trabajo para toda la vida" y que eso resultaba "insolidario" y "nocivo para la economía". En consecuencia, se debían adoptar las medidas anteriormente enunciadas para "liberar" y "flexibilizar" el mercado laboral de tal manera que se creara empleo abundante y que tal maná alcanzara a la mayoría.

La precarización: expresión y factor activo del empeoramiento de las condiciones de vida de todos los trabajadores[2]

 

 

Analicemos la primera medida: la precarización masiva. En el lapso de que va entre 1984 a 2007 hemos pasado, por ceñirse a los datos de España, de un 4% a un 33% de trabajo precario. El Estado es el primero en dar ejemplo y, en contra de los tópicos sobre los funcionarios privilegiados con empleo de por vida, resulta que hay administraciones públicas donde la tasa de precariedad alcanza el 40%.

Frente a quienes ven la precariedad como una novedad que afectaría exclusivamente a los jóvenes actuales, llegando hasta inventarse un nuevo término - el llamado "precariado", que se supone que está en una escala social inferior al proletariado con contrato indefinido (¿?)-, es preciso recordar que la precariedad ha acompañado a la condición de la clase obrera a lo largo de su historia. Los obreros se ven «obligados a venderse al detall, son una mercancía como cualquier otro artículo de comercio, sujeta, por tanto, a todas las vicisitudes de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado»[3]. Como decía Engels en Los Principios del Comunismo «El esclavo es vendido de una vez y para siempre, en cambio, el proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo esclavo individual, propiedad de un señor determinado, tiene ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En cambio el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda la clase de la burguesía. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada únicamente a toda la clase de los proletarios»[4].

El "trabajo fijo para toda la vida" es una excepción en la historia de la clase obrera que ha durado más o menos unos 30 años: el periodo que va desde 1950 a 1980[5]. Desde 1980, el capitalismo, acogotado por la crisis, vuelve a uno de sus rasgos clásicos: la más total inseguridad en el empleo.

Esta "vuelta a las fuentes" fue llevada a cabo tanto por gobiernos de izquierda como de derecha y se presentó como una medida de "solidaridad social". En el caso de España, Almunia, ministro de trabajo en el primer gobierno "socialista" español tras la "restauración democrática"[6], decía que los trabajadores debían renunciar al privilegio de la "propiedad privada del puesto de trabajo" y que para reducir el elevado desempleo había que sustituir un puesto fijo por uno precario en el cual iban rotando diferentes trabajadores.

Evidentemente con ello el capitalismo reconocía que el gran mito de los años 60-70 -el "trabajo garantizado de por vida"- era imposible de mantener ante el avance de la crisis. Sin embargo, la precariedad ha permitido durante todo un tiempo enmascarar el desempleo pues daba la impresión de que, aunque de forma eventual y jamás segura, siempre había "oportunidades de trabajar". Para muchos obreros, especialmente jóvenes, esa precariedad "institucionalizada" tendía a banalizar el desempleo que era visto como un mal trago del cual se puede salir o incluso una rutina "residual" por la que se pasa de vez en cuando tras haber encadenado unos cuantos trabajos y que se puede aprovechar para realizar nuevos estudios o tomarse unas vacaciones no pagadas.

La precariedad ha servido políticamente al capitalismo en un segundo sentido: en muchas empresas, especialmente de tamaño pequeño o medio, la mayoría de trabajadores no se sentían vinculados entre si, puesto que tenían la certeza de que al cabo de unos meses estarían en un nuevo puesto dentro de una empresa distinta y en un lugar diferente. Los lazos de compañerismo, confianza y experiencia mutua, que crea la convivencia durante largos años en el mismo lugar de trabajo, se hacen más difíciles de establecer con la precariedad. Con ello las luchas obreras son mucho más difíciles, sobre todo si se limitan a una empresa o a un sector, como siempre las plantea el sindicalismo.

La precariedad masiva ha servido a Estado y capitalistas para destruir los lazos sociales tradicionales entre trabajadores, acentuando un proceso general en la sociedad de descomposición social[7]. Las condiciones de precariedad propician un caldo de cultivo para la desconfianza, la rivalidad y la competencia entre trabajadores. Por un lado, el sentimiento de que "dentro de unos meses ya no estaré con estos compañeros" estimula el desconocimiento mutuo e inhibe el interés por comprender y cooperar con los otros, animando las actitudes de "yo me las arreglo por mi mismo". Por otra parte, el castigo de "si te portas mal no te renovarán" y el premio de "si trabajo a tope me prolongarán el contrato", impulsa las actitudes individualistas, la competitividad etc. Es cierto que durante los últimos 20 años el ambiente en las empresas ya no es el mismo que el que hubo en 1960-70: frente a las generaciones anteriores acostumbradas a tejer fuertes vínculos humanos con sus compañeros de trabajo, las nuevas generaciones se confrontan con unas condiciones inmediatas de "cada uno a la suya" pues la precariedad permite ser utilizada por empresarios, gobiernos, etc., para estimular el sentimiento de que "me las tengo que apañar por mi mismo" y ver a los compañeros de trabajo que me rodean como rivales y "gente de paso"[8].

 

 

Auto-empleo y auto-empresarios: la precarización disfrazada de auto-explotación

 

Una segunda política muy utilizada por el Estado y las empresas ha sido la "externalización" o, por emplear el término inglés, el "outsourcing". Consiste en que partes enteras del proceso de producción son encargadas a empresas o trabajadores externos. Se reemplazan puestos de trabajo fijos por "contratos de servicio" encomendados a trabajadores por cuenta propia que compiten a la baja.

Estas políticas reducen fuertemente los costes pero entrañan muchos riesgos, entre otros, el que la producción se hace cada vez más frágil y compleja. Si se ha generalizado desde los años 80 no es por no se sabe qué "fiebre neoliberal" sino por la presión brutal de la crisis sobre capitalistas y Estados. Concretamente, desde mediados de los años 80 muchos trabajadores eran despedidos y se les animaba a convertirse en profesionales autónomos o a fundar pequeñas empresas o cooperativas para desempeñar su anterior trabajo pero bajo unas nuevas condiciones mucho más desfavorables porque todos los riesgos recaían sobre ellos y, sobre todo, sus ingresos no estaban garantizados.

El Estado concede subvenciones y ayudas para "constituir una empresa", "hacerse autónomo", "formar cooperativas", la prestación de desempleo es sustituida por un pago único para crear el capital de una nueva empresa. Se generaliza el "auto-empleo", las "cooperativas de trabajo asociado", el "auto-empresario" etc., que políticos, sociólogos, sindicalistas etc., presentan sistemáticamente como "nuevas formas de trabajo", "ser tu propio jefe", "desarrollarse individualmente" etc. Se llegó incluso a teorizar cuando el pasajero boom del llamado "punto.com" que ¡iba a desaparecer el trabajo asalariado!.

Detrás de estos oropeles lo que se oculta es una manera "creativa" de enmascarar el desempleo. En realidad los autónomos, auto-empresarios, socios cooperativistas etc., no son sino precarios obligados a explotarse a si mismos. Millones de trabajadores desaparecen de las listas del desempleo y se convierten en "empresarios a tiempo parcial" que de cuando en cuando tienen un trabajo, que a veces soportan cargas laborales enormes y en otras épocas apenas tienen ingresos.

Esta situación de desempleo enmascarado tiene la gran ventaja política para los gobiernos de hacer desaparecer el paro como un problema colectivo y social y convertirlo en un problema individual y privado: "si quieres ganarte la vida trabaja a muerte para que te ofrezcan encargos", "tienes que ser el más competitivo, el más rentable o el más audaz si quieres sobrevivir". El falso empresario que no consigue trabajos ya no es visto por la sociedad - ni siquiera por si mismo - como un desempleado víctima de las leyes del mercado capitalista sino como un "mal gestor" o un individuo torpe y conservador que no se adapta al mercado ni sabe captar a tiempo las "oportunidades". Los autónomos, auto-empresarios etc., tienden a perder toda conciencia de pertenencia al proletariado tanto porque diariamente tienen que enfrentarse a la jungla de la competencia como porque la imagen que les devuelve la sociedad es la de que son empresarios. ¿Cómo en tales condiciones van a pedir la solidaridad a los demás trabajadores?.

En una situación similar se han encontrado muchos despedidos, víctimas de reconversiones, ERE etc., que - animados por Estado y bancos - capitalizan la prestación por desempleo y se convierten en transportistas, dueños de bares o video club, taxistas etc. Salvo minorías privilegiadas que han logrado "prosperar", la mayoría de estos compañeros tienen que trabajar muchas más horas, obtienen menos ingresos y carecen de la más mínima seguridad. Todo eso sin hablar de los que, al final de unos años de sobre-trabajo, han tenido que cerrar los negocios arrollados por la crisis. Una vez más, estas medidas han convertido una situación originada por la crisis y la tendencia general al desempleo en un asunto personal y particular de "ser bueno para gestionar el negocio".

Prejubilaciones y jubilaciones anticipadas: la exclusión de la vida laboral mediante un salario de miseria

Una tercera modalidad de encubrimiento del desempleo ha sido la proliferación de jubilaciones anticipadas y prejubilaciones. En este último caso, trabajadores de 52 años en adelante han tenido que sobrevivir con 800 euros con los ingresos congelados, en un largo "puente" hasta la jubilación definitiva. Ese supuesto "chollo" presentado por los sindicatos como una medida para hacer menos "traumáticos" los despidos, ha sido gradualmente recortado por el Estado a través de múltiples triquiñuelas administrativas, haciendo muy dura la existencia de esos trabajadores apartados de toda actividad y que con frecuencia tenían que tomar a cargo la manutención de hijos condenados a la precariedad o al desempleo y a los que resulta imposible acceder a una vivienda propia.

Ideológicamente han sido presentados como unos "privilegiados" que se pasan la vida en el bar y que encima tienen ocasión de ganarse un dinero extra haciendo chapuzas. Esto ha provocado rechazo social frente a ellos y ellos mismos han tendido a sentirse culpables de una situación que no habían creado. Vemos en estas políticas la misma tendencia que en las anteriores: no solo enmascarar el desempleo haciendo desaparecer de las listas a trabajadores perfectamente capacitados para la vida activa sino un fomento de la atomización, el aislamiento, el sentimiento de que se es un inútil y un vago que vive a cuenta de la sociedad.

 

 

La prolongación de los estudios para "conseguir un futuro brillante" ... ¡de precariedad y paro!

 

Otra medida adoptada por los Estados ha sido prolongar el periodo de estudios. La escolarización obligatoria se ha extendido legalmente hasta los 16 años, pero en la práctica muchos estudiantes que no confían en proseguir estudios superiores, aparcan sin embargo su bautismo en el "paradisíaco" mundo de los contratos-basura, prolongando unos años más los estudios de bachiller o de formación profesional. En cuanto a los estudios universitarios, es sabido que apenas representa una prolongada antesala (que en España, en muchos casos, es de 5 años) a otro par de años de costosos estudios post-grado: masteres, segundas titulaciones, doctorados,...

Todo esto ha permitido a los gobiernos maquillar a la baja las cifras de desempleo real. Además, en torno a los estudios se ha creado toda una mitología de "preparación" y "excelencia", según la cual el mayor esfuerzo económico y vital en una formación prolongada sería la vía de eludir la precariedad y los contratos basura. Pero esto es, en la mayoría de los casos, más una "leyenda urbana" alentada por la propia propaganda del sistema, que una realidad. Cuando, con como media 26 años, el estudiante universitario entra en una empresa (cuando lo logra), lo hace en un status de precariedad laboral avanzada como es ser "becario", donde no sólo tiene que aceptar humillaciones y una sobreexplotación brutal por un salario inferior al mínimo, sino que además tiene que poner buena cara y pocas quejas,... pues se supone que está haciendo "méritos" para lograr un contrato "normal",... "Normal" quiere decir lo que en España se conoce como ser un "mileurista", es decir ganar un sueldo mensual de 1000 euros con un contrato, en gran parte de los casos, eventual.

Gobiernos, ideólogos, sociólogos, han presentado esta situación como una manifestación del avance de la "sociedad del bienestar" y del futuro brillante que la "sociedad del conocimiento y la tecnología" reservaba a los privilegiados poseedores de estos dones. Tan segura era esta "proyección" que numerosos estudiantes han sido empujados por servicios universitarios, propaganda estatal y bancos a contratar préstamos de estudios y manutención que serían reembolsados una vez alcanzado un puesto. Este último hecho nos sirve para rasgar ese velo de "modernidad", "opulencia" y "bienestar" con el que ha sido rodeada la política de enmascaramiento del desempleo en el terreno de los estudiantes. En efecto, muchos de estos jóvenes que contrataron un préstamo de estudios se han encontrado con que no podían devolverlo bien porque no encontraban trabajo, bien porque este era eventual y tenía una remuneración muy bajo, con el consiguiente daño para ellos y sus familias.

Pero, al mismo tiempo, las prácticas en las empresas, las estancias en el extranjero, las becas de práctica, los contratos de aprendizaje, han sido en la mayoría de los casos un trabajo no pagado o pagado de manera irrisoria. Es una modalidad de explotación prácticamente esclavista en la cual los capitalistas aumentaban sin descanso las exigencias a estos "privilegiados" con la zanahoria de tener un "puesto de trabajo".

Estas medidas lo que han hecho es enmascarar una vez más el desempleo. Una vez más, un problema social - la incapacidad del capitalismo para crear puestos de trabajo - se ha transformado en un problema individual de "matarte a estudiar y a trabajar para ser un profesional brillante".

 

20 años de "lucha contra el paro" han sido 20 años de guerra económica e ideológica del Estado Capitalista contra la clase obrera

 

¿Qué conclusiones podemos sacar de todo el conjunto de medidas "sociales" para "combatir el desempleo"?

La primera es que el desempleo no ha sido ni mucho menos erradicado ni superado, simplemente ha sido enmascarado bajo una multiplicidad de formas "nuevas y creativas", "estimuladoras de la iniciativa individual". La actual explosión del desempleo no es un relámpago que estalla en un cielo azul, es el desbordamiento de unas aguas a las que durante 20 años se les ha puesto diques, se las ha desviado por aquí y por allá, pero que finalmente irrumpen con la fuerza descomunal que les da el haber sido trampeadas durante largo tiempo. El desempleo enmascarado durante 20 años estalla ahora de manera abierta y descontrolada.

La segunda es que lo que durante 20 años ha sido presentado como "una lucha contra el paro", ha constituido en realidad una guerra generalizada contra las condiciones de vida de todos los trabajadores, tanto fijos como precarios, tanto viejos como jóvenes. 20 años de "medidas sociales" han significado la desaparición masiva de trabajos fijos y su sustituciones por trabajos precarios mucho peor pagados y en peores condiciones. Hoy el nivel de vida de toda la clase obrera mundial es mucho peor que hace 20 años y el grado de explotación muy superior. El empobrecimiento creciente al que hoy asistimos no es algo caído del cielo sino un nuevo golpe largo tiempo incubado.

La tercera conclusión es que todas las medidas que hemos descrito de enmascaramiento del desempleo perseguían siempre un objetivo político de individualización, atomización, de agudizar la competencia entre los trabajadores, de fomentar masivamente el "cada uno a la suya". El fenómeno de descomposición social del capitalismo con su secuela de dislocación de las relaciones sociales, de estallido por doquier de tendencias centrífugas y antisociales, ha sido repercutido conscientemente por los Estados sobre los trabajadores para obstaculizar su lucha colectiva como clase.

Sin embargo, con la crisis actual, con la masificación del desempleo y del ataque a las condiciones de vida, con la acumulación de experiencias de lucha y de toma de conciencia que desde hace 5 años la clase obrera internacional está desarrollando, esos ataques ideológicos contra el proletariado se están desgastando progresivamente, las condiciones sociales y políticas para la lucha de la clase obrera están cambiando.

El próximo artículo de esta serie abordará el "nuevo rostro" del desempleo, un desempleo masivo que ya no se puede enmascarar.

 

 


[1] En Acción Proletaria números 152 y 153 publicamos una serie de 2 artículos titulada ¿Pleno Empleo o Desempleo Enmascarado?, disponible únicamente en edición impresa. Nos hemos inspirado en ella para redactar este artículo.

[2] Ver FAQ sobre la precariedad en Acción Proletaria nº 180, http://es.internationalism.org/ap/2005/180_faq.html

[3] Manifiesto Comunista. Ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

[4] Principios del Comunismo. Ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm

[5] Hubo periodos más o menos largos entre 1870 y 1913 de estabilidad laboral pero no tuvieron ni la extensión ni la solidez de lo que se vio entre 1950-80.

[6] Actualmente es comisario europeo de economía.

[7] Ver en Revista Internacional nº 62 ,Tesis sobre la Descomposición del Capitalismo. http://es.internationalism.org/node/2123

[8] Todo esto ha llevado a sociólogos y a muchas organizaciones que se dicen "revolucionarias" a teorizar zarandajas como la "desaparición social de la clase obrera". Se apoyan para avalar su tesis en que efectivamente las grandes factorías con miles y miles de trabajadores ya no son tan abundantes como en el pasado y en el hecho de la precariedad para constatar que los vínculos solidarios entre obreros aparentemente habrían desaparecido. Pero estos teóricos olvidan que la clase obrera siempre ha tenido que luchar contra la competencia en su seno y que la conciencia de pertenecer a una clase no está atada a una empresa o a un sector sino a la condición de trabajadores. Ver sobre esta cuestión La teoría de la aristocracia obrera (Acción Proletaria nº 172), http://es.internationalism.org/ap/2003/172_ferrol.html ; El timo de la autonomía obrera (Acción Proletaria nº 181), http://es.internationalism.org/ap/2005/181_autono.html ; Foro de Discusión sobre la autonomía obrera: ¿Quién puede acabar con el capitalismo? (Acción Proletaria nº 182), http://es.internationalism.org/ap/2005/182_foro.html ; El profesor Amorós da clase: la primavera francesa explicada por ideologías otoñales (Acción Proletaria nº 189), http://es.internationalism.org/ap/2006/189_primavera