Gaza: ¡La solidaridad con las víctimas de la guerra implica luchar contra todos los explotadores!

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Publicamos a continuación la traducción de la toma de posición que apareció en nuestra "Web" en inglés el pasado día 31-12. Los acontecimientos han evolucionado desde entonces en el mismo sentido que denunciamos: el uso sistemático de un terror brutal contra la población bombardeada desde tierra mar y aire, y la entrada de las tropas israelíes en Gaza en la tarde de hoy mismo 3-1-2009. Pero hemos visto también, por otro lado, como entre la población mundial crece la indignación ante estas atrocidades y la hipocresía de las grandes potencias. Se desarrolla también un vehemente deseo de solidaridad con la población palestina que está sirviendo de rehén en este conflicto entre fracciones de la clase explotadora. Lo que los revolucionarios denunciamos - como ponen magníficamente de manifiesto las contribuciones de nuestros lectores que acabamos de publicar - es que se pretenda desviar esa solidaridad hacia el podrido terreno nacionalista de defensa de una patria contra otra, cuando la única alternativa que puede liberar a la humanidad del imperialismo, la guerra y la barbarie, es, por el contrario, el desarrollo del internacionalismo revolucionario hasta la abolición de todas las naciones y las fronteras y la edificación de una auténtica comunidad humana: el comunismo.

AP (CCI).

Tras dos años asfixiando la economía de Gaza (impidiendo la entrada de combustible y medicinas, bloqueando las exportaciones, negando a los trabajadores palestinos la posibilidad de ir a conseguir trabajo en el lado israelí de la frontera,...); y después de haber convertido Gaza en un inmenso campo de prisioneros del que los palestinos han tratado desesperadamente de escapar a través de la frontera con Egipto; la maquinaria militar israelí está sometiendo a este territorio enormemente hacinado y empobrecido a la salvajada de un bombardeo aéreo prácticamente constante. Cientos de personas ya han perdido la vida y los ya exhaustos hospitales no pueden dar abasto para atender una interminable riada de heridos. La propaganda de guerra israelí que afirma que están haciendo todo lo posible por evitar víctimas civiles es de un repugnante cinismo: Cuando los objetivos "militares" se sitúan al lado de bloques de viviendas e incluso las mezquitas y la Universidad islámica ha sido señalados como objetivos de guerra, distinguir entre lo civil y lo militar es un completo sinsentido, y acaba dando, como consecuencia inevitable, una tasa altísima de víctimas entre la población, muchos de ellos niños, muertos, mutilados, o, como sucede en un elevadísimo número de casos aterrorizados y traumatizados de por vida por la sucesión ininterrumpida de ataques. Cuando escribimos esta toma de posición, el primer ministro israelí Ehud Olmert ha señalado que esta ofensiva solo representa un primer paso. Los tanques se encuentran preparados en la frontera y no se descarta una operación terrestre a gran escala.

La excusa que ha puesto Israel para todas estas atrocidades - y que se ve respaldada por la administración Bush en Estados Unidos - es que Hamás no ha dejado de lanzar cohetes contra la población israelí a pesar del proclamado "alto el fuego". Ya adujo esa misma justificación para la invasión del sur del Líbano hace dos años. Es cierto que tanto Hezbollah como Hamás se escudan hipócritamente detrás de la población libanesa y palestina, con lo que estas quedan expuestas a la venganza israelí. Es cierto, también, que estas dos organizaciones quieren colar la patraña de que el asesinato de un puñado de civiles israelíes constituye un ejemplo de la "resistencia" ante la ocupación militar por parte de Israel. Pero la respuesta de Israel es la que siempre ha caracterizado a toda potencia ocupante: hacer pagar a toda la población por las acciones de una minoría de milicianos. Eso es lo que han venido haciendo con el bloqueo económico que se ha impuesto desde que Hamás expulsase de Gaza, eso es lo que ya hicieron en el Líbano, y eso es lo que están haciendo hoy con el bombardeo de Gaza. Esa es lógica de barbarie que preside todas las guerras imperialistas, en la que ambos bandos utilizan a la población como escudo y como objetivo, por lo que ésta acaba, casi invariablemente, poniendo muchísimas más víctimas que los propios soldados en uniforme.

Y como sucede en todas las guerras imperialistas, los sufrimientos que se inflingen a la población, la irracional destrucción de hospitales y escuelas, no lleva más que a preparar el terreno para nuevas oleadas de destrucción. El objetivo declarado de Israel es aplastar a Hamás y aupar al poder en Gaza a una fracción palestina más "moderada". Pero incluso los anteriores jefes de la Inteligencia israelí (al menos uno de los más,... inteligentes), reconocen la inutilidad de esta postura. A propósito del bloqueo económico, un antiguo oficial del Mossad, Yossi Alpher, declaraba: «El bloqueo económico de Gaza no ha conllevado ni uno solo de los objetivos políticos que se perseguían. No ha servido para hacer que los palestinos aborrecieran a Hamás, sino que ha resultado contraproducente. Es simplemente un inútil castigo colectivo». Y eso resulta aún más claro en cuanto a los ataques aéreos. Así el historiador israelí Tom Segev señala que: «Israel siempre ha creído que haciendo sufrir a la población civil palestina, ésta acabaría rebelándose contra sus dirigentes nacionales. Pero esta presunción ha demostrado ser equivocada una y otra vez» (extraído, como la cita anterior, del diario británico The Guardian, del 30-12-2008). Hezbollah salió reforzada en el Líbano por la invasión israelí de este país en el año 2006, y la ofensiva sobre Gaza puede ahora reportarle lo mismo a Hamás. Pero fortalecidas o debilitadas, no dudarán tampoco en atacar aún más a la población civil israelí, bien lanzando más y más cohetes, bien a través de una nueva oleada de atentados suicidas.

La "espiral de violencia" es una prueba de la decadencia del capitalismo.

Muchos líderes mundiales tales como el Papa, o Ban Ki-Moon, el secretario general de Naciones Unidas, han expresado repetidamente su "preocupación" por el hecho de que estas acciones de Israel sólo conducen a encender aún más los odios entre naciones y a acentuar la "espiral de violencia" en Oriente Próximo. Es cierto. El ciclo infernal de terrorismo y violencia en Israel/Palestina va embruteciendo a la población y a los combatientes de ambos bandos, con lo que se van creando nuevas generaciones de fanáticos y de "mártires". Pero lo que no señalan, ni el Vaticano ni la ONU, es que ese descenso a los infiernos de odios entre naciones es la resultante de un sistema social que, en todos lados, se encuentra en profunda decadencia. La historia no es muy diferente en Irak donde sunitas y chiítas se desangran mutuamente; en los Balcanes donde los serbios se abalanzan contra albaneses o croatas y viceversa; entre India y Pakistán, hindúes contra musulmanes; por no citar la situación en África donde se multiplican los choques étnicos y centenares de guerras arrasan ese continente. La explosión de estos conflictos en todo el planeta demuestra que la actual sociedad no puede ofrecer ningún futuro al género humano.

Y eso sin hablar de la implicación de las "compungidas" potencias democráticas, tan "humanitarias" ellas, pero que tanto hacen por remover esos conflictos, cuando convienen a sus intereses imperialistas. Así por ejemplo, la prensa británica no silenció la implicación francesa en las matanzas perpetradas por las milicias hutus en Ruanda en 1994. No es tan "comunicativa", en cambio, cuando se trata de dar a conocer la implicación de los servicios secretos británicos y norteamericanos para manipular la división entre sunitas y chiítas en Irak. En Oriente Próximo es bien sabido que detrás de Israel se encuentran los USA, como que Irán y Siria respaldan a Hezbollah y Hamás. Pero detrás del, supuestamente, más "imparcial" papel jugado por Francia, Alemania, Rusia y otras potencias, se esconde que en realidad éstas buscan defender sus intereses particulares.

El conflicto de Oriente Medio tiene, desde luego, sus aspectos y sus causas específicas, pero únicamente puede ser entendido en el contexto de una maquinaria capitalista mundial que se encuentra cada vez más fuera de control. La proliferación de conflictos bélicos a lo largo y ancho del planeta, el curso incontrolable de la crisis económica, y la aceleración de la catástrofe medioambiental ponen todos ellos en evidencia esta realidad. Pero si el capitalismo es incapaz de ofrecer la más mínima esperanza de paz y prosperidad, sí existe, en cambio, un motivo para confiar en el futuro: la revuelta de la clase explotada contra la brutalidad de este sistema, una revuelta que se expresa más abiertamente en Europa con los movimientos de las jóvenes generaciones obreras en Italia, Francia, Alemania y, sobre todo, en Grecia. Se trata de movilizaciones que dada su auténtica naturaleza proletaria ponen por delante la necesidad de una solidaridad de clase y la superación de toda división de carácter étnico o nacional. A pesar de su bisoñez estos movimientos proporcionan ya un ejemplo que, eventualmente, puede ser secundado por trabajadores de otras áreas del planeta donde si proliferan las divisiones en el seno de la clase explotada. No estamos hablando de una utopía. En los últimos años hemos visto las huelgas de los trabajadores del sector público en Gaza contra el impago de sus salarios (véase http://es.internationalism.org/ap/2007/193_luchaOM), que tenían lugar al mismo tiempo que sus hermanos de clase israelíes se ponían en lucha para protestar contra la austeridad, que es a su vez la consecuencia del descomunal peso de la economía de guerra en Israel. Es muy improbable que estos movimientos fueran conscientes uno del otro, pero sí ponen de manifiesto la comunidad objetiva de intereses que existe entre los trabajadores de ambos lados de la trinchera imperialista.

La solidaridad con las poblaciones que están soportando terribles sufrimientos en las zonas de guerra no debe implicar elegir el "mal menor", o apoyar a la banda capitalista "más débil" - en este caso Hezbollah o Hamás - frente a las potencias que como Israel demuestran más descaradamente su agresividad. Hamás ya ha demostrado ser una fuerza burguesa opresora de los trabajadores palestinos cuando actúo contra las huelgas de los trabajadores del sector público porque obraban contra "los intereses nacionales", o cuando, junto a Fatah, sometió a la población de Gaza a una sangrienta pelea de fracciones por el control de la zona. La solidaridad con quienes están atrapados en la guerra imperialista, significa rechazar tomar partido por ninguno de los bandos en conflicto, y sí en cambio desarrollar la lucha de clases contra todos los explotadores y opresores del mundo.

CCI.