Elecciones presidenciales en Venezuela: Reelección de Chávez: acentuación de la precariedad en nombre del “Socialismo”

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El arrollador triunfo de Chávez en las elecciones del 3 de diciembre pasado, quien obtuvo un 63% de los votos válidos, contra un 37% del candidato de la oposición, no sólo consolida y relegitima en el poder al sector chavista de la burguesía durante un período de 6 años, sino que representa un triunfo para la burguesía venezolana en su conjunto. En efecto, una vez mas, la confrontación política entre las fracciones de la burguesía, que ha dominado la escena política después del ascenso de Chávez al poder en 1999, logró polarizar a la población y llevarla a participar masivamente en la contienda electoral: según las cifras del Consejo Nacional Electoral (CNE), la abstención del 25% estuvo muy por debajo de los niveles históricos del orden del 40%.

El arrollador triunfo de Chávez en las elecciones del 3 de diciembre pasado, quien obtuvo un 63% de los votos válidos, contra un 37% del candidato de la oposición, no sólo consolida y relegitima en el poder al sector chavista de la burguesía durante un período de 6 años, sino que representa un triunfo para la burguesía venezolana en su conjunto. En efecto, una vez mas, la confrontación política entre las fracciones de la burguesía, que ha dominado la escena política después del ascenso de Chávez al poder en 1999, logró polarizar a la población y llevarla a participar masivamente en la contienda electoral: según las cifras del Consejo Nacional Electoral (CNE), la abstención del 25% estuvo muy por debajo de los niveles históricos del orden del 40%.

La burguesía, mediante la vuelta al escenario electoral de los sectores opositores (quienes se habían abstenido de participar en las elecciones parlamentarias de 2005), ha logrado oxigenar la mistificación electoral y democrática, mecanismos ideológicos primordiales mediante los cuales las clases dominantes mantienen el sistema capitalista de explotación. Pero el mayor aporte hacia este objetivo lo ha hecho el chavismo, quien polarizó la contienda planteando que el candidato de la oposición era el candidato del “diablo Bush” y que de éste ganar estarían en peligro las misiones[1], mediante las cuales el gobierno ejecuta su política de “justicia social”, y los logros de la “revolución”. De esta manera, el proletariado así como las masas socialmente excluidas continúan atrapados en la trampa de la polarización interburguesa y cifrando sus esperanzas en un sector de la burguesía, que ha sabido explotar a su favor una política populista de izquierda orientada hacia las capas mas empobrecidas de la sociedad, sustentado en los altos ingresos petroleros; que lo que hace es administrar la precariedad, promoviendo un igualitarismo que intenta nivelar por abajo al conjunto de la sociedad, empobreciendo a sectores de las capas medias y haciendo mas pobres a los trabajadores y las capas excluidas. Esta es la receta del “socialismo del siglo 21”, que el chavismo exporta a Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y que le sirve como caballo de batalla para fortalecerse en la geopolítica de la región.

El triunfo del chavismo y su popularidad son inobjetables. Este triunfo es el remate de una fase de un proceso político, que como dijimos consolida al sector de la burguesía venezolana que asumió el poder en el 99, después que los sectores que gobernaron hasta entonces (AD, socialdemócrata y COPEI, socialcristiano), debido al alto grado de descomposición en sus filas, no garantizaban la gobernabilidad que se expresaba en una alta inestabilidad política y social, que tuvo como precedente importante las revueltas sociales de 1989. Desde su ascenso al poder, el chavismo inició un asalto, lento pero sostenido, de las instituciones del estado burgués, que le ha permitido durante sus 8 años de gobierno debilitar progresivamente a sus opositores y llegar a la contienda electoral con las ventajas que le da el control casi totalitario del estado.

Pero el triunfo de Chávez no representa solamente el triunfo de un sector de la burguesía venezolana sobre otro; representa también la relegitimación del proyecto del “socialismo bolivariano”, modelo de gestión de estado que trasciende las fronteras de Venezuela, mediante el cual la burguesía venezolana pretende reafirmarse como potencia regional. Chávez, en el acto de su nueva proclamación, dijo que con su reelección Venezuela se encaminaba a ser “una potencia económica”; bien sabemos lo que esto significa y ha significado para el capitalismo desde comienzos del siglo pasado: desarrollar una política imperialista que inevitablemente lleva a la dominación de los países mas débiles y a la confrontación con los otros países o potencias que quieren preservar o hacerse de un espacio geopolítico. En este sentido, el sector chavista de la burguesía ha sabido aprovechar las dificultades del imperialismo norteamericano a nivel mundial, presentes después de la caída del exbloque ruso en 1989 y acentuadas después de las intervenciones de la administración Bush en Afganistán e Irak. El antiamericanismo “radical” de Chávez (que con tanto frenesí aplauden los movimientos antiglobalización), el apoyo a otros gobiernos de corte izquierdista como los de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, así como la “ayuda” a varios países de la región a través de disminuciones en los pagos de la factura petrolera, son la expresión del uso del petróleo como arma de dominación en la región, en detrimento de los intereses de la burguesía norteamericana, que históricamente ha considerado a América Latina como su patio trasero.

¿Qué hay detrás del “masivo apoyo del pueblo” a Chávez?

El sector chavista de la burguesía, liderado por sectores militares y civiles de izquierda e izquierdistas, tiene como base social de sustentación a las masas explotadas, pero principalmente a las masas socialmente excluidas, que conforman los cinturones de miseria que rodean a Caracas y las principales ciudades del país, así como a la población pobre de los pueblos y comunidades de la provincia, masas a las cuales le ha sembrado la esperanza de que podrán superar su situación de pobreza...para el año 2021!!

La gran inteligencia de este sector de la burguesía ha sido que se ha identificado como un sector de extracción pobre, que está del lado de los pobres[2]. Esta condición de “pobres” le sirve de apoyo para victimizarse ante los “burgueses golpistas”, pero sobre todo ante “el imperialismo norteamericano”, que utiliza como la amenaza exterior que impide que la “revolución” pueda cumplir con sus planes para “salir de la pobreza”. Esta victimización permanente ha sido una de las mejores asesorías de la burguesía cubana a las nuevas elites del chavismo, ya que le ha permitido a aquella justificar la precariedad y explotación al proletariado y la población cubana por más de 40 años, en nombre de la “revolución”.

El gobierno de Chávez, desde mediados del 2003 reorientó el “gasto social” creando las llamadas misiones, planes sociales mediante los cuales el estado reparte migajas a la población, con dos objetivos principales: mantener la paz social (necesaria para que la máquina de explotación capitalista opere sin tropiezos) y fortalecer el control sobre las masas empobrecidas con el fin de contrarrestar la acción de los sectores burgueses que hasta entonces habían hecho varios intentos por sacar a Chávez del poder. Este “gasto social” (que realmente ha sido una inversión social obligatoria para la burguesía chavista) se ha acompañado de un manejo ideológico sin precedentes, que presenta la política capitalista de estado del chavismo, como la de un estado benefactor, que reparte de manera “equitativa” la riqueza, creando la ilusión en las masas empobrecidas de que los recursos del estado son infinitos, que sólo es cuestión de abrir el chorro de petrodólares, y que los sectores de la burguesía tienen un real interés en atender y solucionar sus problemas. A través de las misiones, las cooperativas, un sin fin de organizaciones políticas (dentro de ellas los círculos bolivarianos) y las instituciones del estado, el chavismo ha creado una red que ha penetrado hasta los lugares mas remotos del país que tiene como fin primordial, no sacar a la gente de la pobreza tal como lo pregona la propaganda gubernamental, sino controlar ideológica, política y socialmente a la población.

Con miras a arrasar en las elecciones presidenciales (en las que aspiraba sacar 10 millones de votos de un padrón electoral de 16 millones, de los cuales obtuvo 7 millones), el chavismo, al igual que lo hacían los gobiernos anteriores al suyo en periodos electorales, concentró el grueso del gasto público en el año 2006: incrementando la importación de alimentos los primeros meses del año para venderlos a precios subsidiados; inaugurando una gran cantidad de obras, algunas de ellas sin terminar[3]; decretando 2 incrementos del salario mínimo para los trabajadores formales (uno en mayo y otro en septiembre); acelerando el proceso de asignación de pensiones de vejez; pagando viejas deudas a los trabajadores y discutiendo algunos contratos colectivos vencidos, etc. Para rematar, a pocos días antes de celebrase las elecciones, pagaron bonificaciones extraordinarias a empleados públicos, pensionados y miembros de las misiones. El gobierno propició el gran festín, utilizando la botija petrolera para crear un espejismo de prosperidad en la población. Estos gastos, junto con los ocasionados por un crecimiento histórico de las importaciones, la compra de armamentos, las “ayudas” a otras naciones, etc., ocasionaron un incremento en el gasto público en el 2006 de un 58% con respecto al 2005, equivalente a un 35% del PIB; una bomba de tiempo que mas temprano que tarde se reflejará a nivel de la crisis económica.

Como vemos, detrás del triunfo y del apoyo popular a Chávez está el reparto de prebendas producto de la renta petrolera, estrategia demagógica y populista que la burguesía chavista asimiló de los sectores de la burguesía que hoy se le oponen; la diferencia es la carga ideológica que le ha aplicado el chavismo para confundir a los proletarios de que de esta manera se llega al “socialismo”. Según la empresa encuestadora Datanálisis, quien pronosticó ganador a Chávez con una diferencia de 20% a su favor, 2/3 de los sectores de la población que apoyan a Chávez los identifican como pertenecientes al “chavismo utilitario”, ya que de alguna manera se beneficia de las dádivas del gobierno.

Los “logros sociales” del chavismo acentúan la pauperización

Según la propaganda difundida por el chavismo a nivel interno e internacional (ésta última con el apoyo y asesoría de dirigentes e intelectuales de izquierda, así como destacados dirigentes del movimiento altermundialista, como el francés Ramonet ocupa un puesto estelar), Venezuela se encamina a la superación de la pobreza hacia el 2021, año que ha decretado el Mesías Chávez para tan trascendental acontecimiento. Los “logros sociales” de la “revolución bolivariana”, principalmente las misiones, apuntarían en esa dirección. Ahora, con la ratificación de Chávez para un nuevo período de gobierno, este objetivo estaría asegurado; sólo deberíamos esperar que surtan efecto las medidas de transición del “capitalismo salvaje” hacia el “socialismo bolivariano”.

Pero es otra la realidad que se observa tras la asfixiante publicidad del gobierno chavista; sólo basta con pasearse por los alrededores de las barriadas pobres del extremo este (Petare) y oeste (Catia) de Caracas, así como por el centro de la ciudad, para percibir la miseria real que se esconde detrás de esta cortina de humo: un sin número de indigentes, en su mayoría jóvenes, viviendo y durmiendo en las calles, debajo de puentes y a las orillas del río Guaire (gran cloaca a donde van a parar las aguas servidas de la ciudad); jóvenes y mujeres en las esquinas de calles y avenidas, pidiendo dinero a los automovilistas; jóvenes que practican la prostitución para sobrevivir; niños abandonados que viven en la calle; calles y avenidas repletas de basura que ha traído la proliferación de ratas y enfermedades; decenas de miles de vendedores en las calles y aceras (llamados buhoneros), que venden cualquier cosa para sobrevivir, que engrosan las filas de la llamada economía informal; una alta criminalidad, que ha hecho de Caracas una de las ciudades mas peligrosas de la región, y han llevado a Venezuela a ser el país con el mayor índice de criminalidad por cada 100 mil habitantes, por encima de Colombia, quien por años había sido el primero en este horrible rubro. A nivel nacional, se registra el crecimiento de casos de enfermedades como la malaria, el dengue, la mortalidad y desnutrición infantil y de las madres...y paramos de contar[4]. Este panorama no es exclusivo de Caracas, la capital, sino que se observa en las grandes ciudades y ha avanzado progresivamente en ciudades medianas y pequeñas. Aunque el gobierno toma medidas para tratar de ocultar esta miseria (por ejemplo, recogiendo a algunos niños de la calle y a los indigentes, persiguiendo a las prostitutas, reubicando a los buhoneros, etc.), o culpabiliza de ella a los golpistas opositores o al imperialismo norteamericano, las expresiones de la  pauperización son inocultables.

Los sectores de oposición, haciendo uso de la más asquerosa hipocresía, hacen críticas al gobierno por estas manifestaciones de la pobreza, con el fin de presentarse ellos como la mejor opción de “defensa de los pobres”; cuando su verdadero interés es volver a controlar el aparato estatal para preservar este sistema que nos lleva a la miseria y la barbarie. Por su parte, los medios de comunicación del gobierno no divulgan o minimizan esta situación, que no son propias de las ciudades venezolanas, sino que es el común denominador en otras ciudades de los países de la periferia. Es la inhumanidad del capitalismo, que el chavismo intenta ocultar tras su ensordecedora propaganda supuestamente a favor de los pobres.

Al lado de estas expresiones visibles de una pobreza inminente, se encuentran otras menos visibles que acentúan la pauperización de las masas proletarias: mediante el cooperativismo impulsado por el estado se ha formalizado el empleo precario, ya que los trabajadores contratados no cuentan con los beneficios de los trabajadores formales y según denuncia de sindicatos y de los propios cooperativistas, no llegan a percibir el salario mínimo oficial[5]; la discusión de los contratos colectivos, sobre todo en el sector público, han sufrido retrasos importantes; los incrementos de salarios se dan a través de decretos y en su gran mayoría mediante bonificaciones que no tienen incidencia en los beneficios sociales, y cuando llegan a ser pagadas se hace con retrasos importantes; a través de las misiones y otros planes del gobierno se han creado órganos de servicios paralelos a los existentes formalmente en las áreas de salud y educación, entre otros, que se han utilizado para presionar a los trabajadores formales y desmejorar sus condiciones laborales. Como vemos, la precariedad, la flexibilidad laboral y el acoso al salario de los trabajadores, propios del “capitalismo salvaje” son inevitables para cada burguesía, así sea ésta la mas “antineoliberal”, tal como se cataloga la burguesía chavista.

También los asalariados y las propias masas excluidas pagan los costos del incesante gasto público que exige consolidar a la “nueva” burguesía chavista, a través de los altos niveles de inflación, que en los últimos 3 años han sido los mayores de América Latina (2004-19,2%; 2005-14,4; 2006-17%, según cifras oficiales). Este impuesto, ocasionado fundamentalmente por la política económica del estado, ha deteriorado las condiciones de vida del conjunto de la población, principalmente de las masas pobres, quienes dedican un 70% o mas de sus ingresos a la compra de alimentos, rubro en el cual la inflación acumulada en el período señalado ha sido del 152% (26% en el 2006), según las propias cifras del Banco Central de Venezuela. Las estimaciones para el 2007 no son nada gratas, ya que se espera una inflación superior al 20%; la de enero 2007 ha sido del 2%, también la mayor de la región. Al impuesto inflacionario se une el incremento de la carga tributaria (que tarde o temprano terminamos pagando los consumidores), en particular el Impuesto al Valor Agregado (en la actualidad del 14%), impuesto implantado abiertamente por el chavismo y que pecha a la mayoría de bienes y servicios.

Esta es la verdadera cara de la “revolución bonita”, la que no se ve por Telesur (televisora de cobertura internacional financiada casi en su totalidad por el gobierno venezolano), ni en la infinidad de periódicos financiados por el estado y ante la cual se hacen los ciegos los que apoyan al chavismo a nivel nacional e internacional.

La acentuación de la pauperización no se debe a un problema de mala gestión de tal o cual gobierno, sea de derecha o de izquierda, sino que es el camino inevitable al que lleva el capitalismo al proletariado y al conjunto de la sociedad; y el gobierno de Chávez, pese a toda su verborrea “revolucionaria” es un gobierno capitalista sustentado en la explotación de los trabajadores.

Con el triunfo electoral, el chavismo tiene “luz verde” para proseguir con los ataques a los trabajadores

A pocos días después de las elecciones, dada la avalancha de votos del chavismo y su control sobre las instituciones del estado, se pensó que podría haber una baja en las confrontaciones políticas entre las fracciones de la burguesía nacional, e incluso se abrió la posibilidad de que mejoraran las relaciones con los EEUU. No había terminado el año, cuando el propio Chávez se encargó de echar a la basura estas aspiraciones de algunos sectores de la oposición: el gobierno ha acelerado un conjunto de medidas para reforzar su proyecto de “socialismo del siglo 21”, argumentando que con las elecciones, “el pueblo” le había dado su apoyo a tal proyecto.

Lo primero que ha hecho el gobierno, es mostrar su músculo ante los sectores burgueses adversos tanto del capital nacional como internacional, anunciando una serie de medidas de nacionalización en diversas áreas de la economía (telecomunicaciones, medios audiovisuales, energía, etc.), un control mayoritario de la explotación petrolera en manos de las transnacionales y un incremento de la carga impositiva. Estas medidas apuntan hacia el objetivo principal de la burguesía chavista: tener un mayor control del aparato económico nacional a través de medidas de corte radical de capitalismo de estado.

Pero la burguesía sabe que no es suficiente el control a nivel económico, son necesarias medidas para un mayor control político y social, ante las inminentes medidas impopulares que tendrá que tomar para enfrentar una crisis económica en ciernes, la cual asoma sus aristas a pesar de los altos ingresos petroleros. La burguesía sabe que tarde o temprano la crisis le pasará factura debido al excesivo gasto público que implica sostener un modelo político como el del chavismo, que tiene que atender el frente interno (malestar social, oposición, malestar dentro del propio chavismo) y externo (geopolítica frente a EEUU, Colombia, México, pero también frente a  “aliados” como Brasil) a punta de petrodólares. Por ello, los llamados “motores de la revolución bolivariana”, contemplan medidas de mayor control político y social contra los trabajadores y la población en general a través del llamado Poder Popular y los Consejos Comunales.

A la par que se anuncia el fortalecimiento de estos órganos de control social, el gobierno ha iniciado el año tomando o anunciando medidas que atentan contra las condiciones de vida de los trabajadores y la población:

  • medidas de control y represivas contra los vendedores ambulantes de la capital, que se extenderán al resto del país.
  • se ha anunciado un aumento del precio de la gasolina, que tarde o temprano se hará efectivo.
  • se observa cierto abandono de las misiones, tales como la de distribución de alimentos (Mercal) y de atención médica primaria (Barrio Adentro), que ha ocasionado el cierre de varias de sus instalaciones, y un desabastecimiento de los productos de primera necesidad con precios regulados por el estado. El gobierno, de manera inteligente, ha acusado a los sectores del capital privado como los culpables de esta situación, cuando éste es el resultado de las propias medidas del gobierno.
  • se ha proclamado una lucha contra la burocracia y la corrupción. En este sentido, Chávez ha pedido a los altos burócratas que recorten los abultados sueldos de los altos burócratas del estado (que en algunos casos llegan a ser hasta 50 veces el salario mínimo oficial). Esta es una medida efectista y de distracción, pues el propio chavismo ha comprado la fidelidad de los altos burócratas del estado y militares, asignándoles salarios multimillonarios y permitiéndoles el manejo a discreción de los recursos del estado. El verdadero objetivo de esta medida es atacar a los burócratas de abajo, es decir, los empleados públicos, precarizando su situación laboral (forzándolos a formar cooperativas, por ejemplo) e incluso despidiéndolos.

El gobierno, montado en su alta popularidad, está mostrando su verdadera cara de gobierno burgués: después de haber utilizado electoralmente a los trabajadores y capas excluidas, ahora está anunciando medidas de austeridad y represión. Para la burguesía chavista es una necesidad reducir sus gastos, mas aun cuando está anunciada una baja en los precios del petróleo para el 2007 (en lo que va del 2007 ha bajado en $6 el barril de crudo venezolano), lo que va a limitar la fuente de recursos para las exigentes necesidades de la burguesía bolivariana que requiere de un alto y creciente gasto público, que tarde o temprano se reflejará a nivel de una agudización de la crisis capitalista. Aquí la “cuerda revienta por lo mas delgado”, mediante una desmejora de las condiciones de vida de los trabajadores del privado y del sector público, que creció de manera acelerada durante el primer gobierno de Chávez, y seguramente de los propios beneficiarios de las misiones.

La lucha y el desmontaje ideológico del chavismo: la única salida

Ante este panorama nada halagador, los trabajadores en Venezuela, al igual que en el resto del mundo, no tenemos otro camino que desarrollar las luchas contra los ataques incesantes del capital. Sabemos que esta lucha no será fácil, debido en parte a las confusiones que introduce la ideología chavista, que ha desvirtuado y manipulado la idea misma del socialismo, es decir, la superación del reino de la precariedad a través de la lucha revolucionaria del proletariado.

Para confundirnos aún más dentro del chavismo es promovido el debate “abierto” y “democrático” sobre el socialismo, el comunismo, el partido, el control obrero, etc., siempre y cuando no se ponga en tela de juicio el carácter de clase del régimen.

Por otro lado, está el veneno del “antiimperialismo”. El chavismo, para su sobrevivencia interna y externa, requiere de la confrontación interna, pero sobre todo de la confrontación contra “el enemigo principal”, los EEUU (principal socio comercial de Venezuela). De allí la permanente retórica incendiaria “anti-yanqui”, para buscar el apoyo de los trabajadores a la política imperialista de la burguesía venezolana. Por ello también ha utilizado los escenarios de las recientes proclamaciones de los gobiernos de izquierda de Ortega en Nicaragua y Correa en Ecuador, para firmar una serie de acuerdos políticos y  comerciales, con miras a ampliar el eje Cuba-Bolivia-Venezuela.

Este ataque ideológico contra la clase obrera no sólo se da desde el frente del chavismo, sino que la oposición ha acentuado su campaña de la necesidad de frenar “el comunismo” totalitario de Chávez y su gente. Ante la exigencia de varios sectores de la oposición (dentro de ellos la Iglesia) que le han pedido una explicación a Chávez acerca del “socialismo del siglo 21”, éste les ha respondido “léanse a Marx y allí encontraran la explicación”. Son frecuentes en el chavismo y en la oposición las referencias a verdaderos militantes de la nuestra clase, como Marx, Engels, Lenin, Trotsky e incluso Rosa Luxemburgo, para cada uno defender sus posiciones burguesas.

Aunque el gobierno ha tomado la delantera con una avalancha de medidas de corte económico, político y social, la oposición, aunque bastante debilitada, intenta “calentar la calle” pues no cuenta con representantes en el parlamento. De esta manera intentará canalizar el descontento social, lo que plantea la continuidad de la polarización interburguesa.

Como se puede apreciar, el proletariado está sujeto al “fuego cruzado” de las fracciones de la burguesía. Con el triunfo del chavismo se ha acentuado el ataque ideológico contra la clase obrera en Venezuela y en la región. Esta situación ha causado cierta confusión dentro de los elementos proletarios que iniciaban una crítica al chavismo desde un punto de vista de clase. Esta situación momentánea, si bien afecta la conciencia y la combatividad de la clase, no va a detener el proceso de reflexión en sus minorías, pues las elecciones no son el termómetro que mide la lucha de clases.

En perspectiva, de no responder a tiempo la clase obrera, no se descarta el estallido de revueltas sociales. Es posible que el gobierno sobrestime su control sobre las masas excluidas, quienes desde antes de las elecciones expresaban su descontento, muchas veces de manera violenta, culpando a los funcionarios y exculpando a Chávez de su situación. Este panorama hace más urgente la lucha de los trabajadores y el desmontaje de la ideología chavista desde el punto de vista marxista, ya que ésta, gracias al trabajo de los altermundialistas y la izquierda del capital, trasciende las fronteras de Venezuela y de América Latina.

CCI

18-02-07

[1] Mediante las llamadas misiones el estado “atiende” las áreas de distribución de alimentos, salud, educación, subsidios a madres sin trabajo, empleos temporales, etc. Desde el 2003 se han generado varias misiones, muchas de ellas no permanentes y en su mayoría para generar una fachada de preocupación por los pobres. Llevan nombres de héroes de las luchas de independencia contra el dominio español, o de las áreas que atienden: Barrio Adentro (salud), Mercal (distribución de alimentos), Madres del Barrio (ayuda a madres sin empleo), Ribas (educación), etc.

[2] Chávez en particular es hijo de maestros, aunque él es un oficial del ejército. No es la primera vez que un personaje de extracción pobre, asume tareas de jefe de estado, órgano garante de la preservación de la explotación del capital sobre el trabajo; están los casos de Lech Walesa en Polonia en los 80 y de Lula en Brasil, ambos obreros. El hecho de que una persona de extracción pobre o proletaria asuma un alto cargo dentro de la burocracia estatal, lo ubica inequívocamente en el campo de la burguesía, ya que el estado es el órgano de dominación de la clase burguesa.

[3] Una de las obras inauguradas fue el segundo puente sobre el río Orinoco, a la que asistió Lula debido a que la obra es construida con capital brasileño; en esa oportunidad Lula dio su apoyo público a Chávez; apoyo que muestra el interés económico del capital brasileño, pero sobre todo el geopolítico, ya que Brasil se colocaría como un país que puede controlar la influencia del “infant terrible” Chávez en la región. No es por casualidad que Bush visitará a Lula en su excepcional viaje a América Latina el próximo mes de marzo.

[4] Existen serias dificultades de las ONG para llevar estadísticas fiables sobre las manifestaciones de la pobreza. El gobierno, a través del control de las instituciones, en particular del Instituto Nacional de Estadísticas, manipula de la manera más burda las cifras para ajustarlas al discurso oficial. Ante un reclamo de Chávez al INE, éste ente logró la hazaña de bajar el índice de pobreza de 55,1% de finales de 2003 a 37,9% para finales de 2005. El año pasado hubo una fuerte polémica entre la FAO y el gobierno, cuando esa Organización reveló que entre 2001 y 2003, 4,5 millones de venezolanos (18% de la población) sufre de desnutrición; representantes del gobierno dijeron que ese organismo “no está calificado para medir el proceso revolucionario”. La manipulación estadística, que de alguna manera la hacen la mayoría de los gobiernos, evidencia la hipocresía de la burguesía que pretende ocultar lo inocultable.

[5] El salario mínimo oficial es equivalente a $232, es el segundo más alto de la región, calculado a la tasa de cambio controlada por el gobierno de Bs. 2150 por $; pero según la tasa no oficial, se reduciría a la mitad. El salario mínimo no lo reciben la totalidad de los trabajadores formales y mucho menos los informales, que representan casi la mitad de la fuerza laboral de 12 millones de trabajadores. La mayoría de los beneficiados por las misiones y de los trabajadores agrupados en las cooperativas reciben menos del salario mínimo oficial.