¿ES POSIBLE OTRO SINDICALISMO?

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Versión para impresiónEnviar por email Muchos compañeros están hartos de CCOO y UGT, de su participación descarada, mano a mano con Patronal y Gobierno, en la interminable cadena de despidos, contratos precarios, recortes en pensiones etc. Frente a ese cuestionamiento, están proliferando grupos, tendencias, organizaciones, que se presentan como otro sindicalismo, que sería distinto y alternativo a los sindicatos mayoritarios. Los hemos visto intervenir en la lucha de SEAT e igualmente se ha celebrado recientemente en Granada una “Conferencia de sindicatos de clase”. Parafraseando a los movimientos altermundialistas el eslogan de estos grupos es “Otro sindicalismo es posible”.

¿Es verdad que ese sindicalismo es realmente alternativo? ¿Es posible otro sindicalismo diferente del de CCOO y UGT? De forma más general y profunda, ¿Cuál es la naturaleza del sindicalismo? ¿Se acomoda de verdad a la defensa de los intereses de la clase obrera?i

¡Con crisis o sin crisis hemos de luchar contra los despidos!

Uno de esos organismos, la XARXA DEL BAIX LLOBREGAT, afirma: « Es mentira que estemos ante una crisis. Lo que hay es una "crisis" fabricada por la empresa que sólo busca reducir costes laborales. En SEAT no hay pérdidas sino grandes beneficios (que enmascaran como "gastos" por el uso de patentes y que van a parar a la casa matriz en Alemania). Por lo tanto, no hay motivos para que ningún compañero pierda su puesto de trabajo».

No podemos entrar aquí en una debate sobre sí hay o no hay una crisis económica mundialii . Lo que llama la atención es la justificación que da para rechazar los despidos: el que la empresa no estaría en crisis. ¡Es decir: sí la empresa estuviera en crisis habría que tragar con los despidos!

Los despidos son inaceptables haya o no haya crisis, tenga el empresario grandes beneficios o grandes pérdidas. Perder el puesto de trabajo es perder el medio de vida y sí la empresa o la economía nacional van mal nosotros tenemos que seguir viviendo, mantener a nuestros hijos, asegurarnos una vejez aceptable. ¿Es que acaso nuestra vida y nuestros intereses tienen que depender de cómo le vaya al Capital? ¡Eso es hacernos esclavos del Capital! La elección es o nosotros o la empresa. No hay conciliación posible.

Los grandes sindicatos plantean siempre lo mismo: sí el capital va bien entonces hay que pedir algunas migajas pero sí va mal hay que sacrificarse, aceptar despidos, precariedad y lo que haga falta para “salvar la empresa y la economía nacional”. Con ello se acomodan como un reloj a las necesidades del capital: sí hay vacas gordas nos dan una miseria, sí hay vacas flacas nos hunden en la miseria. Semejante planteamiento significa renunciar a nuestra lucha reivindicativa que se basa, sencillamente, en oponer nuestras necesidades a las exigencias inhumanas de la reproducción del capital. Esta lucha reivindicativa contiene la perspectiva de una sociedad alternativa al capitalismo: el interés del Capital es sacrificar la vida humana en el altar de la producción. El interés de los trabajadores es una producción consagrada a la satisfacción plena de las necesidades humanas. El interés del capital es la vida para la producción, el interés de los trabajadores es la producción para la vida.

En esta cuestión crucial estas organizaciones no rompen con los grandes sindicatos. Ofrecen el mismo sindicalismo de siempre.

El capitalismo no tiene ningún plan de futuro

Revolta Global de SEAT se lamenta de que «No hay un verdadero Plan industrial con nuevos modelos que cubran el conjunto de la gama para fabricar en SEAT, saturar su capacidad productiva y mantener el empleo», la antes mencionada XARXA DEL BAIX LLOBREGAT reclama « UN PLAN SOLVENTE QUE GARANTICE EL FUTURO DE LA MARCA», la XARXA SOLIDARIA CONTRA LOS CIERRES Y LA PRECARIEDAD pide «un plan solvente que garantice la continuidad de la marca y de la plantilla».

La filosofía de los Planes de Industria, instituidos en los años 30, es la conciliación de clases, la suposición falsa de que Capital y Trabajo tienen un mismo interés en “desarrollar la economía” bajo la tutela del Estado que haría de agente “neutral”. Esto lo que supone en realidad es la sumisión completa de los trabajadores a los intereses del capital nacional. Por eso pudo ser fácilmente adoptada por los fascistas, entre ellos su “teórico” español, José Antonio, hijo del dictador Primo de Rivera, que acuñó la frase tan repetida de “obreros y patronos van en el mismo barco”. Por eso mismo, el lenguaje de los Planes es el lenguaje común de Gobierno, Patronal y Sindicatos. En los últimos 25 años, los grandes sindicatos han utilizado esos “Planes” para cargarse innumerables luchas obreras y hacer tragar los peores sacrificios. Los Planes de Reconversión de los años 80, impuestos por los gobiernos “socialistas” de González, supusieron el despido de UN MILLON DE TRABAJADORES.

Nos piden que nos preocupemos del “futuro de la marca SEAT” y nos dicen que eso evitará los despidos. Es falso. Para que una marca sea competitiva debe despedir trabajadores. Para que una empresa tenga “futuro” ha de despedir, deslocalizar, bajar salarios. Para que una empresa sea “solvente” ha de reducir costes y el principal coste es la fuerza de trabajo. ¡Bajo el capitalismo realmente existente no hay otra forma de hacer las cosas!. Cuando los trabajadores se colocan en ese terreno de la marca, el futuro de la empresa o la solvencia del negocio, se colocan en el terreno del Capital y por tanto este puede maniobrar a placer pues está jugando en su propio campo.

El Interés del Capital (bien sea de la empresa, bien sea de la economía nacional) es diametralmente antagónico con el interés del proletariado y de la gran mayoría de la humanidad. ¿Cuál es la realidad de los últimos 30 años? A través de una cadena interminable de “Planes de Futuro”, “Acuerdos de Fomento del Empleo”, “Reformas del Mercado Laboral”, “Pactos para garantizar las pensiones” etc., nos van hundiendo en una mayor miseria y en un futuro cada vez más incierto. La generación que hoy tiene 70-80 años pudo comprarse un piso e incluso una segunda residencia; la generación de 50-60 años apenas ha podido pagar un piso; la generación de 25-30 años tiene muy incierta la posibilidad de comprarlo. La generación de 70-80 años tuvo trabajo fijo gran parte de su vida; la generación de 50-60 años ha perdido en muchos casos el empleo y está prejubilada o dando tumbos en toda clases de trabajos inseguros; la generación de 25-30 años solo conoce el trabajo precario. La generación de 70-80 años tiene pensiones aceptables; la de 50-60 años tendrá pensiones de miseria; la de 25-30 años no tendrá pensiones.

¡Esos son los frutos amargos de cientos de Planes de “futuro”, “solvencia”, “viabilidad” etc., que han firmado los grandes sindicatos! EL CAPITALISMO NO TIENE NINGUN PLAN DE FUTURO. Su “futuro” se resume en paro, miseria y guerra. En este terreno los “alternativos” tampoco ofrecen la más mínima alternativa.

Los “alternativos” ponen a los trabajadores a la cola de los grandes sindicatos…

Ante la lucha de SEAT, la XARXA DEL BAIX LLOBREGAT dice « Hay que exigir a los sindicatos que se dejen de medias tintas y convoquen un plan de lucha de verdad, decidido y votado por todos los trabajadores en asamblea», ante las negociaciones en Madrid sobre la Reforma Laboral, la conferencia de Sindicatos de Clase de Granada “exige” «a las direcciones de UGT y CCOO que se retiren de las negociaciones y luchen»

CCOO y UGT llevan 25 años firmando acuerdos vendeobreros, saboteando las luchas obreras. ¿Cómo van a cambiar y van a hacer lo que nunca han hecho ni harán?

Los obreros tenemos que desarrollar nuestra propia lucha, al margen y en contra de los sindicatos. Tenemos que levantar nuestras propias Asambleas, que elijan sus propios Comités responsables únicamente ante ellas. Son las Asambleas quienes deben decidir qué se negocia, quién negocia y hasta donde se negocia.

Todo esto significa que los obreros aprendan a confiar en sí mismos, en la fuerza de su acción directa como clase, en su unidad, en su responsabilidad colectiva, en su solidaridad y acción común.

Pero ¿qué plantean estos “alternativos”? Pues pedir a los grandes sindicatos que sean quienes tomen el mando de la lucha. Los sindicatos no tienen que “convocar ningún plan de lucha”, han de ser las propias asambleas las que piensen, discutan y decidan su propio plan de lucha. De lo contrario, se convierte a los trabajadores en simple “fuerza de presión” que, como mucho y en el colmo del “atrevimiento” “exige a las direcciones” que “hagan algo”.

Los “alternativos” piden a los trabajadores que confíen en los grandes sindicatos que tanto critican de boquilla, que renuncien a actuar como fuerza autónoma, que no confíen en sus propias fuerzas y que siempre estén a la espera de lo que hagan, digan o dejen de hacer o de decir los sindicatos “mayoritarios”. Una vez más no estamos ante “otro sindicalismo” sino ante un mero apéndice de los grandes sindicatos.

… y también les ponen a la cola de los gobernantes de turno

La XARXA DEL BAIX LLOBREGAT reclama: «Hay que exigir a Maragall y al Tripartito que se pongan del lado de los trabajadores y rechacen el expediente de la multinacional». La XARXA SOLIDARIA CONTRA LOS CIERRES Y LA PRECARIEDAD pide a la Generalitat que «rechace el expediente de SEAT». Respecto a la Reforma Laboral, la Conferencia de Sindicatos de Clase exige « AL GOBIERNO ZAPATERO LA RETIRADA DE SU PROPUESTA DE REFORMA LABORAL: porque recoge las principales pretensiones de la patronal (lo mismo ocurre con su propuesta de reforma de las pensiones públicas) y porque, de llevarse a cabo, representaría un nuevo y gravísimo atropello contra la clase trabajadora». Esta misma Conferencia dirige una carta al Señor Zapatero donde se lamenta de que si la reforma laboral fuera aprobada «constituiría un retroceso inmenso para la clase obrera del conjunto de los pueblos del Estado español y aquella afirmación de las Elecciones Generales pasadas de que gobernaría escuchando al pueblo, al ciudadano, se habría convertido otra vez en que se desoyó y defraudó al pueblo por otro Presidente que se llama socialista, pero que al final obedeció sólo a los que viven y se aprovechan de él. Nos gustaría con sinceridad que no volviera a ser así».

Los sindicatos “mayoritarios” concentran todos sus esfuerzos en reducir a los obreros a una masa de “ciudadanos” que esperan la “buena voluntad” de los gobernantes a los que han dado el voto. Organizan procesiones para pedir la intercesión del “Presidente” de turno para que haga “entrar en razón” al empresario desaprensivo o a la multinacional de marras. ¡Pero sí son precisamente esos “gobernantes elegidos” los que han dado el visto bueno a las medidas anti-obreras! Por eso, como estos señores se ríen de esas peticiones, los sindicatos “suben el tono” y acaban “exigiendo” que “adopten una decisión“, incluso que “intervengan la empresa”.

Se trata de una mascarada con el fin de desmovilizar a los obreros, de acreditar ante ellos la mentira de la “democracia”, el engaño de unos gobernantes “elegidos por el pueblo” y que “están a su servicio” con objeto de tenerlos atados de pies y manos al Estado Capitalista y de quitarles toda capacidad de lucha contra este.

Los “alternativos” no se salen ni un milímetro de ese guión. Piden que Maragall y sus colegas del Tripartito se pongan del lado de los trabajadores cuando siempre han estado, están y estarán en el otro lado de la barricada. Piden que el Señor Zapatero “obedezca” al pueblo, cuando lo que hace–como antes hiciera González o mucho antes hiciera Largo Caballero (¡consejero de Estado del dictador Primo de Rivera!) - es obedecer a las necesidades del Capital Nacional.

Los obreros necesitan comprender que el Estado Capitalista –aunque se legitime periódicamente con la comedia del “voto democrático”- es su enemigo, que todo el conglomerado de partidos del Capital con sus múltiples “ideologías”- desde la extrema derecha a la “extrema izquierda”, desde el nacionalismo pequeño catalán del ridículo Carod Rovira al nacionalismo gran español del patético Bono- son servidores incondicionales del Capital Nacional y su Estado. Necesitan asumir una lucha autónoma como clase, independiente del Estado y de todos los partidos que le sirven. Y esa comprensión es atacada por los malabarismos de los grandes sindicatos con su juego de “peticiones” y “exigencias”, el cual es secundado sin fisuras por los “alternativos”.

El sindicalismo está atado de pies y manos al Capital

Hay que mirar cara a cara a la realidad y comprender que no es posible “otro sindicalismo”, que todo sindicalismo está atado de pies y manos a la defensa del Capital.

«En el siglo XIX en el periodo de mayor prosperidad capitalista, el proletariado se dio, al precio de luchas encarnizadas y sangrientas, organizaciones permanentes y profesionales destinadas a asegurar la defensa de sus intereses económicos: los sindicatos. Estos órganos asumieron un papel fundamental en la lucha por mejoras y reformas sustanciales de las condiciones de vida de los trabajadores, que el sistema podía otorgar. Constituían igualmente lugares de agrupamiento de la clase y de desarrollo de su solidaridad y de su conciencia, en los cuales los revolucionarios intervenían activamente para convertirlos en escuelas del comunismo. En consecuencia, aunque la existencia de sindicatos haya estado siempre indisolublemente ligada al salariado y aunque, en el periodo ascendente, se habían burocratizado de forma importante, constituían no obstante, auténticos órganos de la clase, en la medida en que la abolición del salariado no estaba todavía a la orden del día» (Plataforma de la CCI, punto VII).

¿Pero qué ocurre cuando desde principios del siglo XX el capitalismo pierde definitivamente su carácter progresista y prisionero de contradicciones irresolubles precipita a la humanidad en guerras criminales, en crisis sucesivas, en una barbarie sin parangón en la historia? «El capitalismo pierde toda capacidad para acordar mejoras y reformas a favor de la clase obrera. Habiendo perdido toda posibilidad de ejercer su función inicial de defensores eficaces de los intereses proletarios y confrontados a una situación histórica donde solamente está a la orden del día la abolición del salariado, y por tanto su propia desaparición, los sindicatos se han transformado, como condición de su propia supervivencia, en auténticos defensores del capitalismo, en agentes del estado burgués en el medio obrero evolución que ha sido fuertemente favorecida por la tendencia inexorable del estado en la periodo decadente a absorber todas las estructuras de la sociedad» (ídem.).

Esa realidad implacable ha hecho que los sindicatos dejaran de ser organizaciones capaces de defender los intereses de la clase obrera. Con la primera guerra mundial en 1914, los grandes sindicatos –como la CGT francesa, la confederación sindical alemana o las Trade Unions inglesas- se convirtieron en sargentos reclutadores de los obreros para el frente y en capataces para hacer trabajar hasta el agotamiento a los que se quedaban en la retaguardia. Desde entonces, todas las tentativas de fundar nuevos sindicatos se han visto abocadas al fracaso.

Pero por eso mismo también, de la clase obrera ha surgido históricamente una alternativa al sindicalismo. La tendencia latente en los obreros es, desde entonces, a romper con los sindicatos, a chocar con ellos, a organizarse fuera y en contra de ellos. Sí en el siglo XIX los obreros se organizaban masivamente en sindicatos, en el siglo XX cuando los obreros alcanzan un mínimo de fuerza se organizan en Asambleas Generales, eligen Comités Revocables en todo momento, ponen las comisiones encargadas de negociaciones bajo el estricto control de la Asamblea. Y en una situación revolucionaria estas estructuras se transforman en los Consejos Obreros, órganos para la destrucción del Estado Capitalista y para el ejercicio directo del poder por las masas obreras.

La cuestión no es “otro sindicalismo es posible”. La cuestión es OTRA ORGANIZACIÓN ES POSIBLE, DISTINTA Y OPUESTA AL SINDICALISMO: la de las Asambleas y los Consejos Obreros.

Corriente Comunista Internacional 20-12-05


iPara no hacer excesivamente largo el presente texto no planteamos una pregunta muy necesaria: ¿Cuál la experiencia histórica de la clase obrera sobre los sindicatos en los últimos 100 años? Es evidente que es una cuestión de la mayor importancia pues los trabajadores no deben andar repitiendo siempre las mismas experiencias sino que las lecciones del pasado les deben servir como arma para la lucha del presente y del porvenir. Como contribución a la respuesta de esa cuestión hemos publicado un folleto y numerosos artículos. Se pueden pedir a nuestra dirección mail: [email protected]

iiSalta a la vista que con despidos en todas las empresas, en todos los sectores y en todos los países (incluida China) alguna crisis económica mundial debe haber.