CCI Online 2005

   

Huelga espontánea de los trabajadores de SEAT: PARA PODER DESARROLLAR LA LUCHA HAY QUE ENFRENTAR EL SABOTAJE SINDICAL

El 23 de diciembre, los obreros de SEAT tanto del turno de la mañana como del turno de la tarde han parado espontáneamente en solidaridad con 660 compañeros a quienes ese mismo día la empresa les entregaba la carta de despido.

Ha sido el principio de una respuesta a un criminal atentado contra sus condiciones de vida. Un atentado perpetrado con total premeditación y alevosía por parte del Triángulo Infernal formado por Patronal, Generalitat y Sindicatos. Un atentado que va más allá de los 660 despidos, pues a estos se suman los despidos disciplinarios de los trabajadores que participaron en las acciones de principios de Diciembre, así como los despidos encubiertos de 296 bajas “voluntarias”, los planes de intensificación de la explotación aumentando la producción, cobrándoles a los trabajadores su “deuda de horas”,… En definitiva, un ataque brutal que abre la puerta a nuevos ataques. No en vano el presidente de la compañía ha anunciado con descaro y provocativamente que « las medidas contempladas en el acuerdo no absorben todo el excedente de personal».

Los compañeros de SEAT y todos los trabajadores NECESITAMOS LUCHAR pero para poder luchar con fuerza hemos de sacar lecciones lo más rápidamente posible de la estrategia de manipulación y desmovilización que PATRONAL, GOBERNANTES y SINDICATOS han perpetrado contra los trabajadores.

Una estrategia calculada para la desmovilización de los trabajadores

Desde que a mediados de Agosto la empresa anunciara la “necesidad” de llevar a cabo una reducción de plantilla, “canjeable” eso sí por una reducción salarial del 10%, los empresarios, así como quienes se dicen nuestros “representantes”, o sea los Sindicatos y el Gobierno de “izquierdas” de la Generalitat, se han repartido los papeles para impedir que una verdadera lucha obrera pudiera impedir su aplicación.

Durante más de dos meses, desde Agosto hasta principios de Noviembre, los representantes sindicales se dedicaron a tratar de anestesiar la inquietud que cundía en los trabajadores ante la amenaza de los despidos, al indicar que estos no estarían justificados, puesto que “la empresa tenía beneficios”, la crisis de SEAT sería “coyuntural” o debida a una “mala política comercial”. Con semejantes falsedades - que denunciamos en nuestra hoja «SEAT: Salvar la empresa significa despidos y contratos basura. La respuesta es la lucha obrera»- hacían bajar la guardia de los trabajadores, haciéndoles creer que se trataba de una bravata de una insaciable Patronal, a la que los estudios económicos de los sindicatos o las presiones del Gobierno “progresista” y de “izquierdas” de la Generalitat acabarían por pararle los pies. La propia Patronal contribuyó a hacer efectivo este engaño, jugando al escondite durante semanas hasta que el 7 de Noviembre anunció el ERE (Expediente de Regulación de Empleo) para 1346 trabajadores.

Ese día los Sindicatos tenían previsto un paro parcial, que los trabajadores desbordan a través de manifestaciones que en la Zona Franca y en Martorell, cortan las carreteras. Ante tal situación la Plataforma Unitaria (donde participan UGT, CCOO y la CGT) convocan un paro de un día para el 10 de Noviembre, y una manifestación para “exigir” a la Generalitat que «se implique en el conflicto a favor de los trabajadores»(¿?). Los 3 sindicatos quieren con esta “acción” «que confiemos nuestra suerte a quienes son nuestros verdugos, a los maestros de las buenas palabras y la puñalada trapera. El Estado no es el representante del pueblo sino el defensor incondicional de los intereses del capital nacional. Todas las autoridades –desde el presidente del gobierno hasta el último alcalde- están ahí para velar por su defensa», como denunciamos en la hoja antes citada.

Tras esta patochada, los 3 sindicatos dieron largas al asunto y no volvieron a convocar nada ¡hasta el uno de diciembre!, es decir, 3 semanas en las que los trabajadores fueron mantenidos en la pasividad y a la expectativa, mareados por interminables “negociaciones” y después con la “mediación” del Señor Rañé, conseller de Trabajo. Una táctica en la que, como denunciamos en la hoja, « entre “presión” y “petición”, los obreros somos paseados y engañados».

La Plataforma Unitaria de los 3 sindicatos se comprometió a “volver a la carga” tras la semana del “puente” (del 5 al 10 de Diciembre). ¡Pero se trató de una mentira más! Aduciendo los límites legales que imponía el ERE, las presiones de la Generalitat que amenazaba con un laudo,… “olvidaron” las movilizaciones y el 15 de diciembre, CCOO y UGT (CGT se había descolgado el 13) firmaron los 660 despidos.

Pero lo peor estaba por venir: durante una semana entera mantuvieron el silencio sobre quienes serían las víctimas, dejando para el último día antes de vacaciones el “gordo” de las cartas de despidos que, en el colmo del cinismo y la humillación, trataban a los afectados de poco menos que “vagos y maleantes”. Ha sido una maniobra vil y cobarde que los pone en evidencia (¿no decían que habían firmado el “mejor acuerdo posible”?) pero también demuestra que NOS TEMEN pues sí se hubieran sentido seguros los habrían anunciado enseguida y no habrían multiplicado los vigilantes privados que custodiaban fuertemente las sedes de UGT y CCOO.

CGT se presenta como el “sindicato bueno” que está junto a los trabajadores. Es cierto que 145 de sus afiliados están entre los despedidos. Pero el sufrimiento de estos compañeros y la solidaridad con ellos, no puede tapar que no ha sido una alternativa a CCOO-UGT y, por el contrario, les ha ido a la zaga. ¿Por qué participó de la farsa de “negociación” y “lucha” de la Plataforma Unitaria de la que sólo se descolgó en la tardía fecha del 13 de diciembre? ¿Porqué cuando CCOO y UGT firmaron, la única “movilización” que convocó fue una concentración fuera de la factoría, de la que muy pocos trabajadores se enteraron, y a la que solo acudieron 200 personas? ¿Porqué la mañana del 23 ante los paros espontáneos « la CGT decidió limitar la protesta a unas horas» (Recopilación de Kaosenlared, 24-12-05) cuando era el momento de poner toda la carne en el asador y había fuerzas como se demostró con el turno de tarde que reunido en asamblea decidió parar toda la jornada? ¿Por qué toda su alternativa se reduce a “revisar caso por caso cada uno de los despidos y si es preciso recurrir ante los tribunales”?.

La lucha tiene que ser llevada por la ASAMBLEA DE TRABAJADORES

Hasta el 23, los trabajadores han sido víctimas de una DESMOVILIZACION, de una ESTRATEGIA PARA IMPEDIR SU RESPUESTA. Los Sindicatos no nos la juegan únicamente cuando firman los despidos, nos la juegan previamente cuando organizan sus “Planes de Lucha”. Su acción contra los obreros se concreta en 3 facetas íntimamente relacionadas:

  • sus pactos y acuerdos con la Patronal y el Gobierno

  • sus planes de “lucha” que son en realidad estrategias contra la lucha

  • su defensa incondicional del Interés de la Empresa y de la Economía Nacional que pretenden hacer coincidir con el de los trabajadores cuando en realidad son DIAMETRALMENTE.

Por eso la principal lección de la lucha de SEAT que empieza a ser sacada en la práctica por los obreros mismos con LOs paros espontáneos y las asambleas del 23 es que NO SE PUEDE CONFIAR LA LUCHA A LOS SINDICATOS.

El 23, los despedidos en lugar de marcharse a casa a rumiar en soledad la angustiosa perspectiva que supone el desempleo se han dirigido hacia sus compañeros y estos, en lugar del dejarse llevar por el falso alivio del “a mí no me ha tocado” o por la respuesta individualista de que “cada uno se las apañe como pueda”, han manifestado la solidaridad de la LUCHA. Ese terreno de la solidaridad, de la respuesta común de despedidos y de los que aún conservan el puesto de trabajo, de parados y activos, de precarios y fijos,… es la base de una respuesta efectiva a los inhumanos planes de los capitalistas

El año 2006 empieza con el drama de los 660 despidos de SEAT pero ¿alguien se cree que esos despidos serán los últimos? Todos sabemos que no. Que la puñalada de los despidos, que el crimen de los accidentes laborales, que la angustia de no poder pagar una vivienda digna, que las amenazas a las pensiones, que la “reforma” laboral que cocinan el trío infernal Gobierno – Patronal – Sindicatos, van a ser la fuente de nuevos sufrimientos. Que en el sector del automóvil, que en todos los países, van a continuar los ataques a las condiciones de vida obreras, que los males de la guerra, el hambre, la barbarie, que acompañan al capitalismo, como la guadaña acompaña a la muerte, van a continuar.

Por eso, hay que lanzarse a la lucha. Pero para que la lucha sea eficaz y sea fuerte es necesario que se desarrolle LA SOLIDARIDAD DE CLASE y esté ORGANIZADA Y CONTROLADA POR LOS OBREROS MISMOS.

Solidaridad de clase

El problema de SEAT no se reduce a los 660 despedidos es un problema de TODA LA PLANTILLA. Pero el problema no es solo de los obreros de SEAT sino de TODOS LOS TRABAJADORES, tanto funcionarios con “puesto asegurado” (¿hasta cuando?) como de la empresa privada, tanto sin papeles como con papeles, tanto de empresas con beneficios como de empresas con pérdidas. ¡Todos estamos o estaremos en la misma situación que los compañeros de SEAT!

Nuestra fuerza es la SOLIDARIDAD DE CLASE, luchar unidos. Una lucha limitada a SEAT y encerrada en SEAT sería una lucha perdida.

¿Pero en qué consiste la solidaridad? ¿Consiste en boicotear la compra de coches de la marca (¿es que acaso las otras marcas no despiden?)? ¿Consiste en acampadas a las puertas de la fábrica por parte de los despedidos? ¿Consiste en “declaraciones” de “apoyo” del “sector crítico” de CCOO o de EUA –que apoya indirectamente el Tripartito, partícipe de la canallada de SEAT? ¿Consiste en “actos ciudadanos” en barrios?

Esa “solidaridad” es tan falsa como falsos han sido los “planes de lucha” de la Plataforma Unitaria de SEAT ¡La única solidaridad efectiva es UNIRSE A LA LUCHA! Fundirse obreros de los diferentes sectores, de los diferentes barrios, en una MISMA LUCHA rompiendo esas barreras que tanto nos debilitan: la empresa, el sector, la nacionalidad, la raza, mediante la fuerza directa de delegaciones, asambleas y manifestaciones conjuntas.

Asambleas soberanas

La experiencia de SEAT es clara: ya sabemos lo que pasa cuando dejamos que sindicatos, comités de empresa o “plataformas unitarias” jueguen con nuestros destinos. La dirección de la lucha debe estar de principio a fin en las manos de los propios trabajadores. Son ellos quienes deben calibrar la fuerza con la que cuentan, las reivindicaciones a plantear, las posibilidades de extender la lucha. Su respuesta no puede ser marcada por las provocaciones de la empresa o por los “planes de lucha” de sus cómplices sindicales, sino por la decisión colectiva de los trabajadores organizados en Asambleas y Comités Elegidos y Revocables. Las negociaciones con la Patronal o con los Gobiernos han de hacerse a la vista de todos, como sucedió en Vitoria en 1976 en España o en Polonia en 1980. Han de ser las propias Asambleas las que asuman la búsqueda de la solidaridad, organizando delegaciones y manifestaciones.

Los tiempos de la resignación, la pasividad y la desorientación deben acabar. El margen de maniobra que durante años esa situación le proporcionó al Capital empieza a menguar. Es la hora de la lucha. La voz de la clase obrera debe hacerse oír cada vez con más fuerza.

Corriente Comunista Internacional 27-12-05

"Dirigentes mundiales", "terroristas internacionales": ¡Todos ellos son responsables de la masacre de los trabajadores!

Dirigentes mundiales”, “Terroristas internacionales”: ¡Todos ellos son responsables de la masacre de los trabajadores!


¿Quiénes han sido las primeras víctimas de los atentados en el centro de Londres el 7 de Julio de 2005? Al igual que sucediera en Nueva York en 2001 o en Madrid en 2004, las bombas se han dirigido intencionadamente contra obreros que se apretujan en el metro o en autobuses para ir al trabajo. Al Queda al reivindicar la autoría de esta matanza en masa dice que ha querido vengar “las masacres que el ejército británico ha perpetrado en Irak”. Pero la clase obrera de Gran Bretaña no tiene ninguna culpa de la inmensa carnicería que está sufriendo la población de Irak. Los responsables son en realidad las clases dominantes de Gran Bretaña y EEUU, sin olvidarnos de los terroristas de la llamada “Resistencia” que prodigan igualmente los asesinatos de trabajadores y de civiles indefensos en Bagdad y otras ciudades. Y mientras, los arquitectos de la guerra de Irak, los Bush y Blair, siguen estando sanos y salvos. Peor aún, ya que las atrocidades cometidas por los terroristas les ponen en bandeja la excusa para lanzarse a nuevas aventuras belicistas, como demostraron en Afganistán e Irak aprovechando los atentados del 11 de Septiembre.


Todo esto forma parte de la lógica de la guerra imperialista: guerras llevadas a cabo en interés de la clase capitalista, guerras por el dominio del mundo. La gran mayoría de las víctimas de esas guerras son los trabajadores, los oprimidos, los esclavos asalariados del capital. La lógica de la guerra imperialista exacerba los odios nacionales y raciales y hace de la población de tal país o región el “enemigo” a quien vejar, atacar o destruir. Esa lógica enfrenta a unos obreros contra otros y les impide defender sus intereses comunes. Y lo que aún es más terrible: apela a esos mismos trabajadores a que se alineen tras “su” bandera nacional, tras “su” Estado nacional, para marchar entusiastas a la guerra en defensa de unos intereses que no son los suyos, sino los de quienes les explotan.


En su declaración a propósito de los atentados de Londres, tras la reunión de la Cumbre de ricos y poderosos del G-8, Blair ha señalado que: “es importante que quienes practican el terrorismo sepan que nuestra determinación para defender nuestros valores y nuestra forma de vida es mayor que su determinación para sembrar la muerte y la destrucción entre la población inocente”.


Lo cierto es que los valores de Blair son exactamente los mismos que los de Bin Laden. Tanto uno como otro no tienen el menor reparo en sembrar la muerte y la destrucción entre la población inocente con tal de salvaguardar sus sórdidos intereses. Lo que les diferencia es que Blair es un gran gángster imperialista mientras que Bin Laden es más modesto. Debemos rechazar totalmente todos aquellos que nos llaman a tomar partido por uno u otro.


Todas las declaraciones con las que los “líderes mundiales” han expresado su solidaridad con las víctimas de los atentados de Londres son, pura y simplemente, hipocresía. El sistema social que ellos dirigen causó en el siglo pasado el exterminio de decenas de millones de seres humanos en dos terroríficas guerras mundiales y en innumerables conflictos desde Corea al Golfo, de Vietnam a Palestina. Son los dirigentes de un sistema que – en contra de la criminal ilusión que tratan de inculcarnos los Geldof, el cantante Bono, y compañía –, por su propia naturaleza no puede hacer realidad eso del “make poverty history”, hacer de la pobreza una reliquia histórica; sino que más bien condena a centenares de millones de personas a una creciente miseria, del mismo modo que envenena cada día más el planeta para obtener el sacrosanto beneficio. La solidaridad que proclaman los “líderes mundiales” es una falsa solidaridad pues es la unidad nacional entre las clases que les permitirá desencadenar nuevas guerras en el futuro.


La única solidaridad verdadera es la solidaridad internacional de la clase obrera basada en los intereses comunes de los explotados de todos los países. Una solidaridad que supera todas las divisiones raciales y religiosas, y que constituye la única fuerza capaz de oponerse a la lógica capitalista del militarismo y la guerra.


La historia ha demostrado la fuerza que supone esta solidaridad: en 1917-18 fueron los motines y las revoluciones en Rusia y Alemania las que pusieron fin a la carnicería de la 1ª Guerra Mundial. Pero también demuestra la historia el terrible precio que tuvo que pagar el proletariado cuando, en cambio, esta solidaridad de clase se vio reemplazada por el odio nacional y la lealtad a la clase dominante: el holocausto de la 2ª Guerra Mundial. Hoy el capitalismo expande nuevamente la guerra por todo el orbe. Para impedir ser engullidos por el caos y la destrucción debemos rechazar los llamamientos patrióticos de nuestros dirigentes, luchar en defensa de nuestros intereses como trabajadores, y unirnos contra esta sociedad moribunda que no puede ofrecernos más perspectiva que horror y muerte a una escala cada vez mayor.


Corriente Comunista Internacional, 7 de Julio de 2005.

A propósito de la carta de un lector: ¿En qué consiste la lucha de clase del proletariado?

Un lector que mantiene una discusión con nosotros y que ha participado en reuniones públicas y otras actividades nos envía una carta donde muestra sus divergencias. Aunque se manifiestan sobre diferentes cuestiones, su centro de gravedad es la cuestión ¿en qué consiste la lucha de clases del proletariado?. Para el lector acciones de violencia realizadas por minorías, revueltas sociales, saqueos o incluso los actos de guerrilla y sabotaje que grupos de la resistencia iraquí ejecutan contra el ejército americano, formarían parte de la lucha de clases del proletariado. En la primera parte se publica íntegra la carta del lector. En la segunda parte, desarrollamos nuestra respuesta. Ni que decir tiene, que todos los lectores están invitados a participar enviando sus comentarios y sus contribuciones más o menos desarrolladas.

1ª parte: CARTA DEL LECTOR

Estimados compañeros:

Prosiguiendo con la discusión sobre la cuestión de la violencia revolucionaria y del terror rojo. Tuvimos amplias coincidencias sobre el carácter masivo y liberador de la violencia del proletariado, única clase que al abolirse a sí misma libera a la humanidad de la explotación, cuya fuerza reside en su toma de conciencia y su autoorganización autónoma dando una perspectiva a toda la humanidad, no pudiendo desarrollar relaciones de coerción sobre sí mismos y sobre otras clases no explotadoras sin degenerar en la creación de un poder burocrático con un aparato terrorista autónomo.

Pero también en la práctica los consejos obreros habrán de confrontar los problemas de la insurrección y de la resistencia armada de la burguesía, la guerra civil y la extensión internacional de la revolución poniendo en el orden del día la necesidad del terror rojo. Y no sólo durante y después de la insurrección si no ya antes. La constitución del proletariado en clase es un proceso (y la insurrección es indudablemente una fase en tal proceso), por lo que en éste proceso los proletarios deben pasar por acciones y objetivos parciales antes de la insurrección. En la práctica real la guerra de clases se caracteriza por la acción de grupos minoritarios de vanguardia en lucha contra el terror del capital y no por la acción de la clase en su conjunto. La vanguardia comunista a partir de un determinado nivel de enfrentamiento habrá de segregar un aparato clandestino específico, unos núcleos armados como lo tenían los bolcheviques, el KAPD (con Max Hölz, etc.), u a otro determinado nivel lo fue la FAI hasta julio de 1936.

Es más la guerra de clases genera y generará espoleada por la crisis histórica del capitalismo (como vemos en la Argentina, la Cabilia, en Irak...) la necesidad de contraponer al mundo de la mercancía y de la propiedad privada las propias necesidades del proletariado confrontando a la propiedad privada y a los aparatos estatales que la protegen. La denuncia de estos movimientos porque no se expresan con un programa comunista o de las acciones contra la propiedad y el estado como revueltas estériles y sin perspectiva, campo de batalla entre fracciones burguesas y manifestaciones de terrorismo, sólo conduce a posiciones indiferentistas y derrotistas y de complicidad con la represión. Ninguna revolución proletaria aparece “pura”, con un programa comunista claro, sin ideologías nacionalistas o burguesas, sin encuadramientos con la izquierda del capital, sin la presencia de lumpenes, ni de saqueadores ni destrucciones ni acciones de terror de minorías. La denuncia socialpacifista de esos movimientos porque no se ajustan a los parámetros de un movimiento ordenado y colectivo, resultado de las luchas preferiblemente reivindicativas del proletariado de los centros capitalistas a lo que lleva es a negar el movimiento real de afirmación del proletariado y a renunciar a actuar como vanguardia real. Se imponen la conclusión a la que llegó Plekhanov en la revolución de 1905: «No había que haber empuñado las armas». Por lo que la supuesta vanguardia se recluye en una torre de marfil siendo incapaz de ver los movimientos proletarios reales caracterizándolos de revueltas interclasistas estériles y sin futuro.

Ningún movimiento proletario ni tan sólo la revolución rusa han estado libres de ideologías burguesas ni de acciones de terror ni de destrucciones. Sino hay el ejemplo de la revolución rusa de 1905, comenzada en enero de 1905 implorando al zar reivindicaciones democráticas bajo la dirección de un provocador policial. O también habría que denunciar la revolución de 1917 por acciones que mancillarían la “pureza” de la clase obrera como la toma de rehenes entre la burguesía y otra serie de actos “indignos” propios de la descomposición capitalista en vez de esperar a la fraternización con la Guardia Blanca. ¿O es que se es tan ingenuo para pensar que el proletariado no va a recibir en herencia de la burguesía más que ruinas?

La CCI se escuda en pretextos “humanistas” para no llamar a la acción directa ni a su centralización y su sistematización. Así lo preferible sería una lucha perfectamente ordenada y colectiva, con programas claros y garantías de victoria. Esquema que lleva a la desconfianza hacia las acciones de vanguardia de la lucha proletaria, acusadas de conducir a derrotas parciales momentáneas, de favorecer las provocaciones y los ataques de la burguesía. Se rechaza organizar acciones de vanguardia. De lo que se trata de organizar un movimiento de educación por la propaganda, de construir un movimiento reivindicativo estructurado dentro del marco legal, con métodos pacíficos de progresión dentro del movimiento obrero y susceptible de conquistar las conciencias por la convicción ideológica.

Oponerse a la violencia de las minorías proletarias en nombre del antiterrorismo, de una mítica “violencia de la clase en su conjunto” es hacerse cómplice con la represión del Estado burgués. Observar el desarrollo de la lucha de clases y la agudización de la crisis capitalista limitándose a constatar las confrontaciones interburguesas y la ausencia de consignas programáticas comunistas en las luchas reales que desarrolla la clase obrera sin considerar que las luchas del proletariado lo son por su contenido y no por su “pureza” programática es complacerse en jugar un papel de teóricos elitistas, espectadores pasivos ante la lucha de clases, es la miseria de la teoría que no va acompañada de los actos de la crítica. Se sobre valoran las luchas economicistas en defensa del estado del bienestar en los países centrales, que como mucho dan lugar  a formas de sindicalismo de base y que se mueven al nivel del valor de cambio del proletariado como capital variable fuera de los periodos revolucionarios. Y en cambio se niega el carácter proletario a movimientos donde se confronta directamente al Estado burgués, imponiendo la violencia de clase, el derrotismo revolucionario y sus propios órganos autónomos y el rechazo a las elecciones y el ataque simultáneo a todas las fracciones burguesas: gobierno, islamistas y nacionalistas como se hace en la Cabilia. Respecto a los acontecimientos argentinos la prueba de que no todo el movimiento piquetero está encuadrado por el Polo Obrero y la CTA y los planes de trabajo es que la burguesía envíe a Toni Negri y a los partidarios del subcomandante Marcos a difundir la ideología gestionista y de la no toma del poder entre las fracciones más radicales de los piqueteros: el MTD, del que el NCI no habla por cierto. En oriente Medio en donde la CCI no ve proletariado por ningún lado, negando que el capitalismo sea el único modo de producción a nivel mundial y que haya engendrado a sus sepultureros también en la región. Allí existe una afirmación proletaria real que se confronta con la fracción más agresiva de la burguesía mundial, tanto en Irak contra el ejército norteamericano y el israelí en Palestina, contando éstos con la solidaridad de las otras fracciones burguesas rivales recubiertas bajo la bandera del pacifismo y del humanitarismo. La guerra tiene por función primordial el aniquilamiento del proletariado a nivel físico e ideológico con la polarización entre las fracciones democráticas, nacionalistas e islamistas.

Las carencias evidentes de estas luchas a nivel de conciencia y de perspectiva internacional sólo podrá ser superada por la acción de las minorías revolucionarias que centralicen (y quizás desde el Centro) su acción internacional permitiendo dar a estas luchas una perspectiva, unificando las luchas del Primer y del Tercer Mundo.

Compartiendo con vosotros las posiciones fundamentales de la izquierda comunista y estando abierto a la discusión y a la colaboración con la CCI no por eso voy a dejar de rechazar los ataques sectarios que hacéis a UHP y de solidarizarme con sus posiciones políticas. También comparto los análisis sobre Argentina. Y tampoco estoy dispuesto a daros un cheque en blanco a vuestra forma de solventar las divergencias políticas o las rupturas orgánicas con la CCI, en que quien sale de la CCI se convierte en “parásito” que tiene que ser fulminado y aplastado. Es la táctica de quien no está conmigo está contra mí. No niego la existencia de auténticos aventureros políticos destructores como la FICCI. Pero no puedo abonar ataques sectarios  a quien mantiene diferencias políticas con vosotros.

En fin deseando seguir la discusión, un cordial saludo

2ª parte: NUESTRA RESPUESTA

Hemos mantenido con este compañero discusiones sobre diferentes temas, entre otros ¿cuál es la naturaleza de la violencia revolucionaria de la clase obrera?; pero esta vez lo que nos plantea no concierne exclusivamente a la continuación de esa discusión[1]. Plantea otros temas entre los que destaca la tesis siguiente: «La guerra de clases genera y generará espoleada por la crisis histórica del capitalismo (como vemos en la Argentina, la Cabilia, en Irak...) la necesidad de contraponer al mundo de la mercancía y de la propiedad privada las propias necesidades del proletariado confrontando a la propiedad privada y a los aparatos estatales que la protegen. La denuncia de estos movimientos porque no se expresen con un programa comunista o de las acciones contra la propiedad y el estado como revueltas estériles y sin perspectivas, campo de batalla entre fracciones de la burguesía y manifestaciones del terrorismo, solo conduce a posiciones indiferentistas y derrotistas y de complicidad con la represión».

Esta tesis es más o menos similar a las defendidas por UHP-Arde, que hemos criticado en Acción Proletaria nº 178 y 180, cosa que nuestro lector no oculta, puesto que «se solidariza con sus posiciones políticas». Sin embargo, pese a que la carta contiene descalificaciones gratuitas de la CCI (nos tacha de “social-pacifistas”, “humanistas”, “vanguardia encerrada en una torre de marfil” para acabar con la acusación grave –que no demuestra en ningún momento- de que “calificaríamos de parásitos a todos los que rompen con nosotros”[2]) plantea no obstante una confrontación de posiciones que puede permitir una clarificación.

Queremos discutir con el compañero –y, por ende, con todos aquellos que comparten sus ideas de fondo- pese a que su carta se limita a enunciar sus críticas y a afirmar sus planteamientos sin exponer en ningún momento las argumentaciones que avalan lo uno y lo otro.

El ataque a la propiedad privada y a la mercancía

El compañero afirma « la necesidad de contraponer al mundo de la mercancía y de la propiedad privada las propias necesidades del proletariado confrontando a la propiedad privada y a los aparatos estatales que la protegen». Pero ¿qué quiere decir exactamente?. La fórmula es muy ambigua pues habla de la mercancía y de la propiedad privada vistas en general sin precisar a lo que se refiere.

Estos “matices” tienen mucha más importancia de la que parece. El capitalismo produce mercancías[3] pero lo hace a partir de la obtención de plusvalía explotando una mercancía especial: la fuerza de trabajo suministrada por los obreros. Esto es lo que distingue realmente al capitalismo y por ello las mercancías que vemos en los escaparates o en las estanterías de los hipermercados no son sino un resultado de un sistema cuyo fundamento es la explotación del trabajo asalariado. “Atacar la mercancía” consiste en atacar un símbolo: asaltar un MacDonalds, robar en un supermercado, saquear un comercio no supone ningún “golpe” al sistema capitalista pues lo que hace es cebarse sobre el resultado regular del régimen burgués.

Del mismo modo, no es lo mismo la “propiedad privada” en general que la propiedad privada de los medios de producción. Lo que caracteriza el capitalismo no es el título de propiedad jurídica sobre bienes, tierras, máquinas o instalaciones, sino una relación social que separa a los productores –los obreros- de todo medio de producción y de vida y les obliga a someterse a la extracción de plusvalía para ganarse la existencia. Hablamos de propiedad privada capitalista en el sentido de privación y exclusión de la gran mayoría del control y gestión de los medios de producción[4].

“Atacar la propiedad” resulta ser una fórmula tan ruidosa como vacía. En el mejor de los casos, ataca un efecto pero no la causa, enfrenta una ramificación pero no la raíz. En su polémica con Proudhon, Marx rebate esos radicalismos grandilocuentes «La propiedad constituye la última categoría en el sistema del señor Proudhon. En el mundo real, por el contrario, la división del trabajo y todas las demás categorías del señor Proudhon son las relaciones sociales que su conjunto forman lo que actualmente se llama propiedad; fuera de esas relaciones, la propiedad burguesa no es sino una ilusión metafísica y jurídica»[5]

Es iluso creer que se ataca el capitalismo porque se asalta un supermercado, se “ocupa” una vivienda[6] o, en el marco de una convulsión guerrera –como fue el caso de Irak-, se saquean viviendas, museos, ministerios... Nuestro lector ve tales acciones como «una ofensiva contra la propiedad privada a la que el proletariado opone sus necesidades». Francamente, ni constituyen una “ofensiva contra la propiedad” (son simplemente un cambio en los beneficiarios de la propiedad) ni suponen una satisfacción de las necesidades del proletariado, lo más que llegan es a la satisfacción temporal de las necesidades de un puñado de individuos.

De forma general, «es la posesión o la no posesión, de los medios producción, así como el modo de su puesta en práctica, lo que determina, en esencia, el lugar en la sociedad de sus miembros y su acceso a las riquezas, es decir, la pertenencia a una clase social y la existencia de intereses comunes con otros miembros de la misma clase. De forma general, el hecho de poseer medios de producción y ponerlos a trabajar individualmente determina la pertenencia a la pequeña burguesía (artesanos, explotaciones agrícolas, profesiones liberales, etc). El hecho de estar privado de medios de producción y de estar obligado, para vivir, a vender su fuerza de trabajo a los que los detentan y los utilizan en su proyecto para apropiarse de una plusvalía determina la pertenencia a la clase obrera. En fin, forman parte de la burguesía, los que detentan (en el sentido jurídico o en el sentido global de su control, de manera colectiva o individual) medios de producción que para ponerlos en marcha utilizan el trabajo asalariado y que viven de la explotación de este último bajo la forma de plusvalía que éste produce» (Revista Internacional nº 73: El proletariado es la clase revolucionaria)

Por eso, la apropiación de bienes de consumo, o su “expropiación”, como pomposamente la llaman ciertos grupos anarquistas, no significa ningún ataque a la propiedad privada capitalista. En todo caso es un cambio de manos de la propiedad y si la apropiación fuera suficientemente importante (lo cual está fuera de lugar en el caso de asaltos, etc y sólo lo planteamos para desarrollar el razonamiento hasta sus últimas consecuencias), podría incluso llegar a satisfacer las necesidades de algunos obreros, que entonces dejarían de serlo, para siempre; pero no podría significar nunca una solución para toda la clase obrera y para la humanidad. Si tratamos de imaginar una sociedad donde la consigna sea «expropiaos los unos a los otros» sólo tenemos que mirar alrededor, al capitalismo: «Los matices entre especulación comercial, de la bolsa, pseudo-negocios de ocasión, adulteración de alimentos, chantaje, peculado, robo, escalamientos y rapiñas se confunden tanto entre sí que desaparecen los límites que separaban a la honorable burguesía de la delincuencia. Se repite el mismo fenómeno que conduce regularmente a la rápida degradación de las aparentes virtudes de los burgueses, una vez trasplantados al terreno social extraño de las condiciones de las colonias de ultramar. Con el abandono de las barreras y de los soportes convencionales de la moral y del derecho, la sociedad burguesa, cuya ley íntima de existencia es la más profunda inmoralidad, la explotación del hombre por el hombre, recae directa y desenfrenadamente en la pura y simple delincuencia. La revolución proletaria deberá por tanto, luchar contra este enemigo (el lumpen, NdR) instrumento de la contrarrevolución» Rosa Luxemburgo: “La revolución rusa”, Ed Castilla SA, Madrid, 1975, pag. 68-9)

El proletariado moderno tampoco puede plantearse como perspectiva el reparto de los bienes y riquezas existentes por la sencilla razón de que –como demostró Marx frente a las teorías de Proudhon- la raíz de la explotación de los obreros y del hundimiento del capitalismo no está en el modo en que se reparte lo producido, sino en las relaciones sociales a través de las cuales se organiza la producción[7].

Revueltas sociales y lucha del proletariado

Nuestro lector coloca en el mismo plano de la “guerra de clases” cosas radicalmente diferentes como son las revueltas sociales de Argentina; los saqueos perpetrados por el lumpen en museos, mansiones o ministerios cuando las tropas americanas entraron en Bagdad;  las “acciones de terror de minorías” y la “afirmación proletaria real” en confrontaciones imperialistas como las de Irak o Palestina.

Sin embargo lo único que no cabe en ese cajón de sastre es la verdadera lucha de clase del proletariado. Esta es rechazada por nuestro lector con todos los calificativos negativos posibles. Afirma perentoriamente que ««se sobre valoran las luchas economicistas en defensa del Estado del bienestar en los países centrales, que como mucho dan lugar a formas de sindicalismo de base y que se mueven al nivel del valor de cambio del proletariado como capital variable fuera de periodos revolucionarios», después dice que preconizaríamos «un movimiento ordenado y colectivo, resultado de luchas preferiblemente reivindicativas del proletariado», finalmente que trataríamos «de construir un movimiento reivindicativo estructurado dentro del marco legal, con métodos pacíficos de progresión dentro del movimiento obrero y susceptible de conquistar las conciencias por la convicción ideológica».

No sabemos de donde ha deducido el compañero esa visión nuestra de un “movimiento pacifista, legalista, economicista”. Desde luego una lectura, incluso superficial, de nuestra publicaciones no permite sacar tales conclusiones. Dejando eso de lado y yendo al meollo de la cuestión lo que nuestro lector entiende por lucha obrera es en realidad el sabotaje sindical de la misma. Es incapaz de distinguir entre el intento de los obreros por defenderse y la acción sindical para sabotearlos. Cuando los obreros intentan responder a los despidos, los sindicatos les imponen el corsé desmovilizador y capitalista de la defensa de la empresa. Cuando los obreros se movilizan contra el recorte de las pensiones los sindicatos tratan de entramparlos en el objetivo de luchar por el mantenimiento de un “Estado del bienestar” que no es sino el envoltorio atractivo del capitalismo de Estado[8].

Nuestro lector no comprende que una de las manifestaciones clave de la lucha de clases es la confrontación entre los obreros que intentan luchar y el policía del Estado en los centros de trabajo: los sindicatos. La burguesía es muy consciente del peligro que representa el proletariado y para ello emplea a los sindicatos, a los partidos de “izquierda” y “extrema izquierda”, para anticiparse a la lucha obrera, para llevarla a la derrota, para impedir que los obreros constituyan su propio terreno de clase, su autonomía política y social,  diluyéndolos en un plano economicista, dividiéndolos, o desviándolos al terreno del capital.  Los obreros tienen que hacer frente a los sindicatos, imponerles una relación de fuerzas y desde esa confrontación, junto con otras experiencias en el terreno social, político e ideológico, se irán fraguando las condiciones para poder pasar a luchas masivas, a grandes huelgas de masas que permitan a nuestra clase lanzar una ofensiva general contra el Estado capitalista[9].

Esta confrontación es bastante áspera, a veces pasa por episodios más o menos sonados como las huelgas salvajes pero la mayor parte del tiempo toma la forma de luchas dispersas, donde las tendencias obreras apenas se esbozan pues lo predominante es que son rápidamente apagadas por el bombero sindical. Este proceso, tan laborioso como difícil y penoso, la única vía posible para laborar el terreno social hasta ponerlo en condiciones del estallido internacional de huelgas de masas, decepciona a nuestro impaciente lector, llevándole a negar el pan y la sal a estas luchas considerándolas “valor de cambio del proletariado como capital variable” (¿), extravagante fórmula tan pedante como desprovista de sentido. Prefiere, como Santo Tomás, tocar inmediatamente las llagas del cuerpo de Cristo, quiere las cosas para ya, aquí y ahora, ahora o nunca. Por eso, las revueltas sociales satisfacen mejor sus expectativas de “lucha de clases”. En efecto, en ellas, como en Argentina, multitudes desfilan por las calles y toman por asalto el parlamento, los bancos son apedreados, los supermercados saqueados, las avenidas están jalonadas de barricadas, hay choques con la policía... Se trata de llamaradas de fuego espectaculares que sin embargo pasan pronto y no dejan el más mínimo rastro en el terreno social. Tras las explosiones más o menos ruidosas lo que queda es la apatía y la frustración, una vez pasada la tormenta el poder capitalista sale fuertemente reforzado –como podemos ver actualmente en Argentina[10]. Tal es la diferencia cardinal –junto a otras- entre las revueltas sociales y la huelga de masas proletaria. Las primeras estallan rápidamente pero como el fuego hecho a base de pajas, se apagan con la misma rapidez con la que se habían encendido. En cambio, la huelga de masas proletaria nace del fuego de un tronco que cuesta horrores encenderlo pero una vez ha prendido resulta muy difícil extinguirlo.

Nosotros somos solidarios con los sufrimientos terribles de las capas sociales protagonistas de esas revueltas y llamamos al proletariado a solidarizarse con ellas. Pero solidaridad no quiere decir comulgar con ruedas de molino aceptando como válidos combates sin perspectiva que no hacen sino reflejar el caos que reina en la sociedad capitalista.

Esta crítica provoca las iras de nuestro lector que nos acusa de “indiferencia” y “derrotismo” y de ponernos de lado con la represión. ¿No comprende que señalar las limitaciones insalvables de los movimientos de estas capas y darles como perspectiva unirse a la lucha del proletariado es lo único que dará una alternativa real a sus mejores elementos?. «De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria...Las capas medias –el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino-, todas ellas luchas contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales capas medias. No son, pues, revolucionarias, sino conservadoras. Más todavía, son reaccionarias, ya que pretenden volver atrás la rueda de la historia. Son revolucionarias únicamente cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, cuando abandonan sus puntos de vista para adoptar los del proletariado (...) El lumpenproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus condiciones de vida está más bien dispuesto a venderse a la reacción para servir a sus maniobras» (Manifiesto Comunista)

El porvenir de la humanidad depende de que el proletariado sea capaz de afirmarse como clase autónoma e independiente, definiendo su propio terreno de clase, liberándose de los planteamientos ideológicos y políticos que lo atan a la burguesía pero, simultáneamente, no diluyéndose en los movimientos de otras capas sociales que, pese a sus sufrimientos terribles, no encierran ninguna alternativa.

Eso le obliga a distinguir. Distinguir entre su terreno de clase constituido por la unidad, la solidaridad, la defensa intransigente de sus reivindicaciones, el internacionalismo, y el terreno burgués de la Nación, la guerra, la defensa de la democracia... Distinguir entre su lucha coherente, aunque su proceso de desarrollo sea lento y penoso, y las explosiones súbitas pero sin continuidad ni futuro de las capas pequeño burguesas o marginadas. Distinguir en fin entre su lucha solidaria y responsable y las acciones de robo, saqueo y picaresca del lumpen. Nuestro lector no distingue, para él es oro todo lo que reluce, “tout ce qui bouge est rouge”,como dicen los franceses[11]. Con tal método está causando un perjuicio grave a la lucha por la autonomía de clase del proletariado.

Las confrontaciones imperialistas son la negación más brutal de la lucha obrera

Pero donde nuestro lector se mete en un terreno muy peligroso es cuando dice que: «En Oriente Medio en donde la CCI no ve proletariado por ningún lado, negando que el capitalismo sea el único modo de producción a nivel mundial y que haya engendrado a sus sepultureros también en esta región. Allí afirma una afirmación proletaria real que se confronta con la fracción más agresiva de la burguesía mundial, tanto en Irak contra el ejército norteamericano y el israelí en Palestina, contando estos con la solidaridad de las otras fracciones burguesas rivales recubiertas bajo la bandera del pacifismo y del humanitarismo».

¿Qué se desprende de esta embarullada frase? Empieza con un ingenioso sofisma: la CCI no ve proletarios en Oriente Medio de lo que deduce con admirable “lógica” que la CCI no ve que “el capitalismo sea el único modo de producción a nivel mundial y que haya engendrado a sus sepultureros también en esta región”. ¡Los escolásticos se relamerán de placer ante tan brillante silogismo!

El proletariado en Oriente Medio es débil, poco concentrado, sometido a la confrontación imperialista más brutal, a violentas ideologías nacionalistas y guerreras. Por ello no está presente como clase social autónoma. Pero eso no significa que en el futuro, al calor del desarrollo de la lucha revolucionaria del proletariado de los países centrales, no podrá reaparecer y ajustarle las cuentas a los diferentes verdugos que hoy lo machacan: sionistas, islamistas, palestinos etc.

Nuestro lector está dominado por el más lamentable inmediatismo: sí el proletariado no está presente cada día del año y en cada lugar del planeta, entonces habría desaparecido. ¿No es capaz de comprender que la existencia del proletariado es histórica y que ello va más allá de su ausencia o presencia en una época o en un país determinados?

La búsqueda desesperada por nuestro lector de un “proletariado” presente “urbi et orbi” le lleva a pensar que hay una “afirmación proletaria real” (¿??) en Irak[12] y Palestina. Tan alambicada frase quiere decir que la confrontación criminal entre bandidos imperialistas encerraría una “lucha de clases”. Es decir, está tomando partido en la guerra imperialista, eligiendo un bando frente al otro. Atrapado en esa dinámica encuentra «la fracción más agresiva de la burguesía mundial» en el bando formado por el imperialismo americano y el israelí, dando a entender que sus rivales de la “resistencia iraquí” o del bando palestino serían “menos agresivos”.   

En este punto, nuestro lector coincide con la posición de ARDE-UHP[13] y la del GCI[14] tal y como él mismo reconoce. Esta posición la criticamos en Acción Proletaria nº 180 señalando que «Desde luego a los autores de Arde no ha debido “arderles” demasiado la cabeza para descubrir su innovadora teoría de “la lucha de clases en Irak”. Toda la extrema izquierda (desde el trotskismo hasta el anarquismo oficial) es una consumada especialista en vender como “movimiento de masas” con “dirección burguesa” las causas imperialistas de la burguesía. Pero Arde tiene otro maestro experto en esa “arte y ciencia”, no del zoquete, sino del enredo y el embaucamiento: el llamado G”C”I. Su especialidad, aparte de llamar al asesinato de militantes comunistas es apoyar mediante hábiles subterfugios al Bloque Popular Revolucionario de El Salvador, el Zapatismo en México, a Sendero Luminoso en Perú. Estos subterfugios han consistido en presentar las acciones encuadradas por esas fuerzas burguesas como “movimientos de proletarios en armas” (en el caso de Sendero Luminoso como “defensa de proletarios prisioneros”) haciendo creer que serían ellos quienes llevarían la iniciativa independientemente de la “dirección formal” que sería, por supuesto, “burguesa” y que el G”C”I “no apoyaría en absoluto” (Acción Proletaria nº 131, los parásitos del G”C”I llaman al asesinato de nuestros camaradas en México)»

A esta tesis peligrosa aporta el granito de arena del argumento de suponer que determinados imperialismos representarían la parte más agresiva o más extrema del capitalismo mundial. Habría por así decirlo imperialismos “pata negra” y otros de menos monta. Habría que elegir y polarizarse contra los primeros. Es el mismo argumento que emplean muchos grupos trotskistas para elegir campo en cualquier guerra imperialista. ¡Siempre habría un imperialismo peor que otro!.

Este “argumento” niega que el capitalismo es un sistema mundial de cuyo engranaje forman parte todos los estados nacionales, sea cual sea su tamaño, sus alianzas, su régimen o la ideología oficial que profesen. Como dijo Rosa Luxemburgo «el imperialismo no es la creación de un estado o grupo de estados imperialistas. Es el producto de determinado grado de madurez en el proceso mundial del capitalismo, es una condición congénitamente internacional, una totalidad indivisible, que solo se puede reconocer en sus relaciones y del que ninguna nación se puede apartar a voluntad» (La crisis de la socialdemocracia, página 116 edición española).

Nuestro lector añade otro argumento de “peso pesado” pues lo repite varias veces. En primer lugar nos dice que «Ninguna revolución proletaria aparece “pura”, con un programa comunista claro, sin ideologías nacionalistas o burguesas sin encuadramientos con la izquierda del capital», después añade que «ningún movimiento proletario ni tan solo la revolución rusa han estado libres de ideologías burguesas ni de acciones de terror ni de destrucciones», para concluir triunfalmente «está el ejemplo de la revolución rusa de 1905, comenzada en enero de 1905 implorando alzar reivindicaciones democráticas bajo la dirección de un provocador policial. O también, habría que denunciar la revolución de 1917 por acciones que mancillarían la ‘pureza’ de la clase obrera»

Todo esto constituye una pésima demagogia. Nos atribuye la búsqueda desesperada del santo Grial de una “lucha obrera pura” aduciendo la perogrullada de que toda lucha obrera está infestada desde sus inicios por los miasmas de la ideología burguesa. ¡Pero el problema está en que lo que hoy ocurre en Irak nada tiene que ver con lo que ocurrió en Rusia 1905 o 1917!. ¡Son como el infierno y el cielo!. En Irak se ventila una confrontación imperialista, en Rusia se ventilaba una revolución social. ¿Cómo es posible que nuestro lector caiga en la ceguera manifiesta de confundir lo uno y lo otro?. En Irak lo que vemos son bombas, matanzas ciegas, choques militares, manifestaciones de chiitas, sunitas y demás sectas archí reaccionarias. En Irak vemos muerte, desolación, ruinas, la violencia más desbocada, la eclosión de la peor barbarie. En Rusia 1905 y 1917 lo que vimos eran Asambleas Generales, pensamiento libre y colectivo de las masas, debates apasionados, solidaridad, fraternización, esperanza ...

Poner en el mismo plano hechos tan diametralmente opuestos es el resultado del “método” de amalgamas y generalidades abusivas que recorre el texto del lector. Es verdad que una guerra imperialista y una lucha proletaria tienen en común la presencia de mistificaciones burguesas. No puede ser de otra manera puesto que la ideología dominante es la ideología burguesa y por definición su influencia está presente en todo acontecimiento social incluso en aquellos que se proponen destruir el sistema. De esta verdad de Perogrullo nuestro lector, en un silogismo barato, deduce que como en todo acontecimiento social está presente la ideología burguesa ¡todo acontecimiento social pertenece a la lucha de clases!. Sin embargo, la naturaleza y la lógica de esas mistificaciones es radicalmente diferente en cada una de ellas: en la guerra esas ideologías van en el sentido de su desarrollo, son su banderín de enganche. En cambio, en la lucha obrera son un peligroso obstáculo que esta tiene que superar.

El papel de las minorías

El proletariado engendra en sus filas minorías más avanzadas que ven antes que el resto las perspectivas, los medios y los problemas del combate de clase. ¿Cuál es el papel de estas minorías más avanzadas? ¿Deben sustituir al conjunto de la clase luchando en su lugar en las largas épocas en las que esta no se manifiesta? ¿Deben ser los representantes autoproclamados de su combate que la dirigen como un general manda a la tropa?

Hace mucho tiempo que el movimiento obrero ha rechazado claramente esas visiones. Como dice el Manifiesto Comunista «todos los movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de minorías. El movimiento proletario es un movimiento independiente de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría». Dentro de ese movimiento, el papel de los compañeros más avanzados no es el de luchar en lugar del conjunto de la clase o el de conducirla como el pastor que conduce el rebaño, sino el de desarrollar su toma de conciencia, su unidad, su solidaridad, para que sea capaz de lanzarse victoriosamente contra el Estado capitalista. «¿Cuál es la posición de los comunistas con respecto a los proletarios en general? Los comunistas no forman un partido aparte opuesto a los otros partidos obreros. No tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado. No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario. Los comunistas solo se distinguen de los demás partidos proletarios en que por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad. Y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre proletariado y burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto» (Manifiesto Comunista).

Sin embargo, para nuestro lector todo eso hay que echarlo al cubo de la basura pues «en la práctica real, la guerra de clases se caracteriza por la acción de grupos minoritarios de vanguardia en lucha contra el terror del capital y no por la acción de la clase en su conjunto».

¿En qué consiste esa “acción de grupos minoritarios de vanguardia en lucha contra el terror del capital”? A lo largo de la carta, nuestro lector nos proporciona algunas pistas: «la vanguardia comunista a partir de un determinado nivel de enfrentamiento habrá de segregar un aparato clandestino específico, unos núcleos armados como lo tenían los bolcheviques, el KAPD (con Max Holx etc.) o a otro determinado nivel lo fue la FAI hasta julio de 1936». Preconiza la necesidad de «acciones de terror», «violencia de minorías proletarias»...

Nuestro lector, como es la tónica en su carta, mezcla y embarulla las cuestiones. Una cosa es que en un periodo de preparación de la insurrección proletaria el partido revolucionario se dote de medios específicos para contribuir a su éxito. Otra muy diferente es la acción de Max Hölz y sus grupos minoritarios dentro del periodo revolucionario en Alemania (1919-23). Pero esas dos experiencias, de por si muy diferentes, no tienen nada que ver con la posición de dedicarse aquí y ahora a “acciones de terror”, “violencia de minorías proletarias”.

Esta última posición se asemeja a la de ciertas tendencias anarquistas que preconizan la acción de grupos minoritarios de afinidad que cada día deciden “libremente” qué van a hacer para oponerse al capital.

Aquí no podemos entrar en un análisis de los resultados nefastos que a lo largo de la historia del movimiento obrero han tenido esos “movimientos” de propaganda por el hecho, de acción directa de minorías, de enfrentamientos minoritarios con la policía o las bandas a servicio del capital. Volveremos sobre ello. Aquí solo queremos insistir en algo que nos parece muy importante: actualmente, el proletariado está generando en su seno una nueva generación de minorías revolucionarias. Es muy peligroso que sectores de esa generación se pierdan en el pozo de la acción de grupos minoritarios de vanguardia, pues sencillamente ello significa que se van a quemar tras una temporada de estéril activismo cayendo en la desmoralización y retirándose de toda actividad combativa. La energía, la convicción y el entusiasmo de estos compañeros no puede despilfarrarse en esas trampas sino que debe orientarse hacia el desarrollo de la conciencia, de la unidad, de la solidaridad, de la fuerza, de las luchas obreras. La tarea de las minorías de vanguardia no es la de perderse en esas acciones minoritarias que propone el compañero sino la de contribuir activa y pacientemente a la preparación de las condiciones de la huelga de masas. Es un camino duro y difícil, pero es el único posible.

Acción Proletaria 13-4-05



[1] Que por otra parte hemos desarrollado en una reunión pública sobre este tema (ver en Acción Proletaria nº 180, «la violencia terrorista es antagónica a la violencia de clase del proletariado»)

[2] En un encuentro con este compañero celebrado tras la escritura de la carta reconoció que no tenía ninguna prueba con la que justificar tal acusación: «Ante nuestra demanda de en qué pruebas basabas esas acusaciones tu respuesta fue que no la sustentas en ninguna. Ante nuestra reflexión de que en esas condiciones hay que abstenerse de hacer tales acusaciones gratuitas, mostraste tu acuerdo y compromiso en abstenerte de hacer tal tipo de afirmaciones» (Acta del Encuentro).

[3] Hay que precisar que la mercancía no es exclusiva del capitalismo: bajo el feudalismo y el esclavismo, existían los mercaderes, es decir, individuos que traficaban con mercancías. Del mismo modo, en el proceso de hundimiento del viejo orden feudal aparecieron formas de intercambio simple de mercancías, por ejemplo, entre granjeros y artesanos en las ciudades medievales o en las primeras etapas de desarrollo de las colonias que luego darían lugar a Estados Unidos.

[4] Por esta razón, y en continuidad con el marxismo, siempre hemos rechazado el “argumento” de los trotskistas que veían los regímenes existentes en Rusia (o Cuba) como “socialistas” o “comunistas” por el hecho abstracto de que la propiedad de los medios de producción está en manos del Estado y supuestamente se habría abolido la propiedad privada. La propiedad bajo el capitalismo, sea de titulación estatal o de titulación “privada”, supone siempre la expropiación de los productores: los obreros y la mayoría de la población explotada.

[5] Marx: La miseria de la filosofía página 154 edición española

[6] Sobre la cuestión específica de las ocupaciones de vivienda ver en Acción Proletaria nº 176 nuestro artículo a propósito de nuestra intervención en unas Jornadas sobre el problema de la vivienda celebradas en Madrid en abril 2004.

[7] La consigna de los proletarios de Roma, que popularizó el cristianismo, era el reparto de las riquezas. Pero ellos  podían plantearse así la cuestión porque no jugaban ningún papel en la producción, que recaía enteramente en el trabajo de los esclavos: «Los proletarios romanos no vivían del trabajo, sino de las limosnas que les daba el gobierno. Por eso la demanda de los cristianos de propiedad colectiva no se refería a los medios de producción, sino a los medios de consumo. No pedían que la tierra, los talleres y las herramientas e instrumentos de trabajo fueran propiedad colectiva, sino que se dividiera todo entre ellos, casas, ropas, alimentos y otros productos necesarios para la vida. Las comunidades cristianas se cuidaban bien de no investigar el origen de esas riquezas. El trabajo de producción recaía siempre en los esclavos» (Rosa Luxembug: “Socialism and the churches”, tomado de Archivo de autores marxistas de Internet y traducido por nosotros)

[8] Siguiendo las aportaciones de los grupos de la Izquierda Comunista y lo que empezó a desarrollar la IC en su primer congreso, nosotros vemos que el capitalismo desde las primeras décadas del siglo XX (donde se inicia su periodo de decadencia) tiende en todos los países al capitalismo de Estado, tendencia que toma diferentes formas: en los países “socialistas” la de una estatización más o menos completa de todas la economía; en cambio, en los países occidentales es la de una combinación entre la intervención del Estado y la propiedad “privada” clásica.

[9] No podemos desarrollar aquí cómo es el proceso que lleva a la huelga de masas. Llamamos a nuestros lectores a tomar en consideración la serie de artículos sobre la revolución rusa de 1905 que hemos iniciado en la REVISTA INTERNACIONAL nº 120. Del mismo modo, éste va a ser el tema que abordaremos en las próximas Reuniones Públicas que celebraremos en el mes de mayo. Finalmente, recomendamos la lectura del libro de Rosa Luxemburgo Huelga de masas, partido y sindicatos.

[10] Ver nuestro artículo sobre los acontecimientos argentinos en REVISTA INTERNACIONAL nº 109

[11] Todo lo que se mueve es rojo

[12] En un Encuentro celebrado con posterioridad al envío de la carta que estamos debatiendo, el lector cambió de posición sobre la naturaleza de la situación en Irak. Como señalamos en un acta que realizamos de dicho Encuentro y que enviamos al compañero para su verificación: « En el encuentro tras una intensa discusión llegaste a la conclusión de que la actual confrontación que tiene lugar en Irak nada tiene que ver con la lucha de clases sino que se trata de una batalla imperialista entre dos bandos –el americano por un lado y el de la llamada “resistencia iraquí” del otro- que son igualmente enemigos del proletariado y de la humanidad. Esta decantación tuya nos parece importante por lo que supone de ruptura con los argumentos tramposos y sofísticos de izquierdistas y similares de “hay que golpear al bando imperialista más fuerte”, “hay que estar con los que luchan”, “no hay que hacer el juego al imperialismo” etc.». Esto honra al compañero. Sin embargo hemos mantenido la respuesta original pues de lo que se trata es de discutir una posición que –sea acertada o errónea- no pertenece a nadie sino que es una herramienta para comprender la realidad.

[13] Queremos precisar que ARDE-UHP no representa a todo UHP. Hay compañeros dentro de este medio que no comparten los puntos de vista de los señores de ARDE . 

[14] Grupo “Comunista” Internacional. Grupo anarco-parásito que edita la publicación Comunismo, y por el que UHP-Arde siente un gran aprecio, y en el que encuentra “inspiración”

Balance de la Reunión Pública de Buenos Aires agosto 2005

Balance Reunión Pública Buenos Aires

El pasado 26 de agosto tuvo lugar en Buenos Aires una reunión pública de la CCI sobre el tema: La experiencia de Zanón: La autogestión ¿solución a la miseria o gestión de la miseria?

En un anexo adjuntamos la presentación que hicimos. Vamos a dar cuenta de la discusión que fue muy animada y en la que participaron compañeros del Núcleo Comunista Internacionalista y del Colectivo Nuevo Proyecto Histórico.

Los compañeros de este último colectivo repartieron su texto –que contiene elementos de denuncia de la autogestión- titulado Empresas recuperadas: La autonomía empantanada e intervinieron activamente en la reunión. También otros compañeros plantearon diferentes cuestiones. Queremos destacar algunas de ellas haciendo una breve reflexión.

El alud de cierres de empresas es impresionante en Argentina, como lo es también en la mayoría de países, especialmente los industrializados. De un día para otro, el patrón cierra la fábrica o declara la quiebra y deja a los obreros sin ningún medio para comer, ellos y sus familias. Estos tienen que defenderse y la mejor defensa es crear una relación de fuerzas contra el Capital y su Estado. ¿Cómo conseguirla? Buscando la solidaridad y la movilización para la lucha de los demás obreros sin distinción de empresa, sector o región.

Esa capacidad de manifestarse como UNA SOLA CLASE adonde cualquier sector obrero siente el ataque a otros compañeros como un ataque a si mismo, está todavía lejos de ser alcanzada por nuestra clase. Desde hace 15 años predomina la situación opuesta de dispersión, de apatía, de dificultad para reconocerse siquiera como clase. Ante semejante situación, los obreros se agarran desesperadamente a medidas como la ocupación de la empresa cerrada para que sigua funcionando y ante la espantada del patrón ellos mismos la ponen en marcha.

Pero estas medidas lo más que consiguen es prolongar durante un cierto tiempo la agonía de la empresa a costa de terribles sacrificios por parte de los trabajadores: en la mayoría de los casos se ven obligados a bajarse los salarios trabajando muchas más horas y, más pronto o más tarde, hay que despedir a compañeros para mantener la empresa a flote. Es decir, los trabajadores toman a cargo su propia explotación, se convierten en funcionarios del capital, sometidos a las leyes del mercado y semejante transformación no les garantiza ni mucho menos un medio de vida.

Pero lo peor es que se ven obligados a atacar sus armas más preciadas, cuyo desarrollo es lo que de verdad les permitirá acabar con las causas de la miseria y la barbarie. Al tener que organizar la explotación, tienen que enfrentarse unos contra otros, tienen que tomar medidas como despedir compañeros, o sea, imponer la violencia dentro de la propia clase. Destruyen por tanto su UNIDAD COMO CLASE no solo al interior de la empresa sino respecto a los demás obreros que a sus ojos dejan de serlo para convertirse en los de la empresa tal o los de la empresa cual, es decir, son vistos como competidores.

La empresa “autogestionada” está sometida a las reglas del mercado y, por ello, la preocupación que inevitablemente se apodera de sus trabajadores es cómo hacerla competitiva, cómo hacerla productiva, como vencer a los rivales. Los obreros identifican sus intereses con el interés de la empresa, con el interés de la economía nacional. En vez de luchar contra el Capital y el Estado nacional, se someten a él y a sus leyes. Es decir, destruyen su CONCIENCIA DE CLASE.

Ante esta denuncia, que se acompañó por parte de dos asistentes de una crítica del movimiento piquetero, un asistente planteó “entonces ¿cómo luchar?”. Esto dio lugar a un debate que un compañero del colectivo NPH formuló así “o lucha antagónica contra el capital o lucha creando un contrapoder de los trabajadores dentro de la sociedad capitalista misma”

Al hilo de esta cuestión, una compañera del mismo colectivo, planteó, junto a otras cuestiones interesantes, “¿es posible crear un espacio anti-capitalista dentro del propio capitalismo?”.

Respondimos que no. La burguesía pudo desarrollar un contra-poder económico al interior de la sociedad feudal porque era una clase explotadora que aspiraba a una nueva forma de explotación. El capitalismo se desarrolló al interior de la propia sociedad feudal. Sin embargo, eso no es posible para el proletariado: éste no aspira a instaurar una nueva explotación sino a abolir toda forma de explotación y no posee ningún poder económico previo al interior de la sociedad capitalista. Sus armas son su unidad, su conciencia, su solidaridad y su capacidad de auto-organización, factores que convergen en el asalto revolucionario contra el Estado burgués para establecer el poder mundial de los Consejos Obreros que abre el periodo de transición del capitalismo al comunismo.

Otra compañera planteó, junto con otro compañero que intervino en el mismo sentido, la terrible situación de los millones de personas que se debaten en las villas miseria del conurbano bonaerense, que no pueden encontrar trabajo, que apenas tienen de qué comer. ¿Cómo salir de esa situación? ¿Adquirir una cultura es una alternativa?

El capitalismo está en una crisis cada vez más grave, no solo en Argentina donde el cinturón de pobreza rayana en el hambre que constituye la mayoría del Gran Buenos Aires es un testimonio desgarrador, sino en todo el mundo. No tiene los medios para crear los puestos de trabajo que absorban esa ingente masa de desocupados pero, más aún, recorta despiadadamente los salarios hasta el extremo de que, como decía una enfermera del hospital Garrahan en huelga, «ni siquiera teniendo un trabajo se puede vivir». En ese sentido darse una formación para “ser competitivo y obtener un puesto de trabajo” es un engaño. Pero darse cultura es otra cosa. La lucha del proletariado no se basa en la ignorancia y la incultura. Se funda en una comprensión de los fines y los medios de su lucha como clase. En su conciencia revolucionaria se integra de forma crítica todo el desarrollo cultural de la humanidad durante siglos y que hoy se ve amenazado por la creciente barbarie, la degeneración moral, la degradación, que supura por todos sus poros el capitalismo en descomposición.

La discusión fue muy animada, apuntando numerosos temas que no se pudieron abordar por falta de tiempo, destacando la cuestión de ¿quién es el sujeto histórico de la revolución? y, más particularmente, los temas de la movimiento piquetero planteado por una compañera o de los comedores populares que mucha gente, no solo en la villas miseria del conurbano bonaerense sino en barrios de la propia capital federal (como San Bernardo o San Telmo), se ve obligada a organizar para sobrevivir.

Estas cuestiones pueden seguir discutiéndose bien a través de círculos de discusión que algunos de los asistentes se animaron a impulsar, bien a través de Internet. Nosotros participaremos en esos debates con el máximo interés.

En el balance de la primera reunión que nuestra Corriente organizó en Buenos Aires hace justo un año decíamos: « Varios asistentes expresaron su agradable sorpresa por la discusión viva y animada, con participación activa de los presentes. Lo veían en los antípodas de las reuniones de grupos de izquierda o extrema izquierda del capital, adonde un orador (o varios turnándose) sueltan discursos interminables que cansan a la gente que acaba yéndose a su casa desmoralizada. En contra de todo eso, se demostró palpablemente que la Reunión Pública de la CCI es un lugar donde se puede discutir, se pueden contraponer argumentos, todo ello en vistas a la clarificación, la claridad es un arma de la clase obrera, del fuego del debate nace la luz de la claridad.». En esta reunión eso volvió a comprobarse. Fue una discusión viva, directa, entre compañeros interesados apasionadamente en contribuir a la lucha por la liberación de la humanidad.

CCI

ANEXO: Presentación realizada en la Reunión Pública

La experiencia de Zanón: La autogestión ¿solución a la miseria o gestión de la miseria?

La toma de la fábrica Zanón desde hace 4 años ha tenido resonancia a nivel nacional e internacional. Son numerosas las páginas en Internet, así como los artículos en la prensa escrita, principalmente de izquierda, anarquista y del movimiento antiglobalización, que hablan de esta experiencia de los ceramistas de Neuquén.

Lo que comenzó siendo una lucha de resistencia de los trabajadores de esta fábrica ante los despidos inminentes debido a su cierre, ha terminado siendo un movimiento autogestionario; es decir, la fábrica ha sido puesta en funcionamiento por los propios trabajadores.

Los trabajadores, en su lucha por su emancipación de las cadenas del capital, deben hacer en todo momento una evaluación de las mismas: cuál es el balance de sus fuerzas y de la clase enemiga; y sobre todo evaluar si los medios de lucha utilizados y sus consecuencias fortalecen su organización y su conciencia, únicos medios de que dispone la clase obrera en su lucha histórica contra el capital.

En ese sentido, debemos preguntarnos si la autogestión fortalece o debilita la organización y la conciencia proletarias.

Consideramos que la autogestión, en vez de fortalecer al proletariado, lo debilita en su lucha contra el capital. ¿Por qué?

La autogestión, junto con el cooperativismo y la cogestión, son armas económicas del capital, tienen como fin hacer aceptar a los obreros las dificultades de las empresas golpeadas por la crisis y hacerles organizar las modalidades de su propia explotación.

El hecho que los trabajadores intervengan de alguna manera en la gestión de la empresa, o que ésta funcione bajo la modalidad de una cooperativa, o que asuman la figura jurídica de “socio”, en nada cambia las relaciones de producción, no elimina ni la ley del valor, ni la competencia, ni las leyes del mercado, que son las características fundamentales de la producción capitalista. No elimina tampoco, el hecho de que dicha empresa tendrá que funcionar bajo la exigencia de ciertos niveles de productividad, tal como ocurre con cualquier empresa capitalista del mundo. Ellas continuarán operando al interior de la economía nacional, independientemente que el Estado asuma o no el control de ciertos sectores de la economía a través de expropiaciones o nacionalizaciones, o que compre la totalidad de la producción de la empresa.

En cualquiera que sea la modalidad de gestión económica empleada, deben cumplirse las leyes del capital, las cuales obligan a una reducción de costos y a un incremento de los ritmos de explotación; la autogestión y cogestión, constituyen en este sentido, un terreno propicio para aceptar cualquier medida que afecte de manera negativa las condiciones de vida del proletariado; pero también, para que éste quede atrapado entre la necesidad de luchar para defender sus condiciones de vida o defender los intereses de “su” empresa.

En última instancia, la autogestión lleva a los trabajadores a defender los intereses nacionales, al tener que acompañar forzosamente a la burguesía en su lucha por intentar de hacerse un espacio en el mercado ante la crisis mundial que sacude al capitalismo.

La autogestión tiene como fin último “dividir a la clase obrera, encerrándola y aislándola fábrica a fábrica, barrio a barrio, ramo a ramo, atar a los obreros a las preocupaciones por la economía capitalista que ellos tienen como tarea destruir, desviar al proletariado de la primera tarea que hace posible su emancipación: la destrucción del aparato político del capital y la implantación de la dictadura del proletariado a escala mundial”.

Esta posición sobre la autogestión no se basa en un invento de la CCI, sino que se apoya en la experiencia del movimiento obrero: Marx y Engels en el siglo 19 confrontaron las utopías pequeño burguesas defendidas por los prudhonistas, que plantearon diversos mecanismos para que la clase obrera se hiciera con espacios de poder dentro del capitalismo (ver por ejemplo, Miseria de la Filosofía de Marx). Sin embargo, lo que en el siglo antepasado era pura ilusión utópica; a partir del siglo 20, cuando el capitalismo inicia su fase de decadencia, no es mas que pura mistificación capitalista. También la historia del movimiento obrero nos enseña cómo la burguesía, en períodos de crisis aguda y de debilidad de la lucha de clases, recurre a esta vieja trampa capitalista para embaucar a los trabajadores. Para sólo mencionar dos ejemplos:

-las colectividades de 1936 en España, promovidas por los anarquistas y la izquierda española, permitieron desviar las luchas obreras hacia la defensa de la economía nacional, lo que posteriormente facilitó la masacre de millares de obreros en la confrontación entre republicanos y franquistas.

-a comienzos de los años 70 varias fábricas en Europa pasan a ser gestionadas por los propios obreros; una de ellas fue la fábrica de relojes LIP en Francia (nuestra Corriente intervino e hizo una toma de posición defendiendo la posición marxista, cuando todo el espectro izquierdista saludaba tal iniciativa como expresión de “poder obrero”). Es importante detenerse brevemente en qué contexto se desarrollaba este movimiento autogestinario de los años 70:

-cuando comienza la quiebra de fábricas debido al reinicio de la crisis del capitalismo después de finalizada la reconstrucción de las economías de Europa y Japón destruidas durante la segunda guerra mundial;

-todavía las luchas obreras eran incipientes, aunque se habían dado luchas importantes como las de mayo 68 en Francia, Italia 69,etc; situación que llevó a varios intelectuales de izquierda como el francés Marcuse a proclamar que la revolución no la iba a desarrollar la clase obrera, sino los estudiantes, los desclasados y las masas excluidas del Tercer Mundo.

Hoy debemos preguntarnos por qué esa trascendencia mundial de Zanón y por qué la autogestión toma auge en varios países de América Latina y en el mundo.

Por una parte, se mantiene y se profundiza la crisis del capitalismo que se inició a finales de los 60, acrecentando el número de fábricas y empresas quebradas o en proceso de quiebra, con su secuela de desempleo y pauperización, más notable en los países de la periferia, pero también presente en los países centrales. Los planes de flexibilización laboral de cada burguesía nacional, basados en una precarización del empleo, no han sido suficientes para incrementar el empleo de manera significativa; mas bien vemos como la burguesía es capaz de crear empleo pero en un contexto de mayor pauperización.

Por otra parte, las luchas y la conciencia de clase de los proletarios no se han recuperado del duro golpe que recibieron después de 1989, cuando el derrumbe del bloque ruso fue presentado como el “fin de la lucha de clases”, “la desaparición del proletariado como sujeto histórico” (coincidencia con Marcuse) y la “muerte del marxismo”. Esta situación ha ocasionado que durante la década de los 90 y parte del nuevo siglo, el papel central del proletariado como única clase que puede desarrollar una lucha por la superación revolucionaria del capitalismo, haya quedado “invernando”. En este contexto han tomado fuerza movimientos interclasistas, como el de los Piqueteros en Argentina, MST en Brasil, bolivarianismo en Venezuela y la toma de fábricas a través de la autogestión; todas ellas trampas que sumergen al proletariado en luchas sin perspectiva, dejándolo a merced de las fuerzas de derecha e izquierda del capital, así como en manos de sindicatos y grupos y partidos izquierdistas, desviando la verdadera solidaridad de clase, hacia una falsa solidaridad que lo que promueve es la caridad y en muchos casos de manera abierta la hipocresía propia de la burguesía. Consideramos que éstas son armas que utiliza y utilizará la burguesía para desviar y confundir las luchas que desarrollará la clase obrera en su propio terreno, en la búsqueda de su debilitada identidad de clase; tal como lo vemos en las luchas de varios sectores del proletariado activo en Argentina (Garrahan, Subte, trabajadores públicos, etc.).

Manifestamos nuestra solidaridad con la lucha del proletariado y la lucha cotidiana que lleva por su supervivencia en el capitalismo; apoyamos las manifestaciones de solidaridad entre proletarios por darse ayuda material y moral ante los embates del capital. Pero denunciamos la autogestión como trampa del capital contra la clase, por que desarrolla ilusiones dentro de la clase de que es posible crear bastiones proletarios dentro del capitalismo, que es posible superar los efectos de la crisis capitalista; ilusiones que lo alejan de un proceso de toma de conciencia. Apoyar y defender la autogestión, es apoyar la preservación de las relaciones capitalistas de producción

La única y verdadera forma de que el proletariado logre un control sobre los medios de producción, es destruyendo el capitalismo como sistema social a través de la revolución proletaria, para utilizarlos en función de la satisfacción de las necesidades del conjunto de la sociedad; lo que permitirá pasar del reino de la precariedad al de la abundancia: la sociedad comunista. 



Balance Reunión Pública de Valencia sobre huracán Katrina

El pasado 24 de septiembre celebramos una reunión pública en Valencia bajo el título “El huracán Katrina: el capitalismo lleva la humanidad al desastre”.

En esta breve reseña no vamos a retomar la presentación que realizamos cuyos ejes se encuentran en el texto que hemos publicado sobre el tema y que aparece en nuestra Web. Nos vamos a ceñir al contenido de la discusión que fue muy animada y contó con la participación activa de los asistentes.

La crisis económica del capitalismo lleva a este a una frenética carrera por reducir los costes de producción. El principal coste es la fuerza de trabajo y por ello asistimos a continuas oleadas de despidos en todos los países que siembran la miseria y la zozobra en gran número de hogares obreros. Sin embargo, otro renglón de la reducción de costes es en el mantenimiento de las obras públicas, así en Nueva Orleáns los diques no se habían reparado desde hace años y ello constituyó un factor decisivo en las inundaciones.

Un compañero planteó sin embargo que “la crisis era poco visible para la mayoría, la gente se compra pisos y coches, los restaurantes están llenos, el nivel de vida se mantiene”. Otros asistentes respondieron con ejemplos concretos: el endeudamiento creciente de los hogares, el estado de abandono de servicios sociales como la sanidad, el hecho de que la carga de trabajo es cada vez mayor, por ejemplo, en este último sector.

Todo esto llevó la discusión a una clarificación sobre cómo podemos caracterizar la crisis histórica del capitalismo de la cual resumimos las ideas clave:

- el marxismo jamás ha dicho que la crisis de este sistema social –en realidad tampoco en ninguno de los que le precedieron- se manifieste bajo la forma de un hundimiento súbito y total. En realidad, toma la forma de un proceso de crecientes convulsiones, especialmente en el terreno de las guerras imperialistas, una dislocación del aparato económico, una miseria generalizada y, muy particularmente, una creciente falta de perspectivas: cada vez se percibe más que pese a todos los apaños y remiendos el modo de producción capitalista se entrampa en contradicciones irresolubles y la guerra, la barbarie, la destrucción medioambiental, la miseria, se van enseñoreando del planeta.

- en todos los países se desarrolla la tendencia al capitalismo de Estado, es decir, que el Estado intervenga cada vez más para mantener a flote la economía. Durante el periodo posterior a la 2ª Guerra Mundial esta tendencia tomó la forma en los países occidentales del “Keynesianismo”: el estado hace inversiones no rentables pero que mantienen un mercado y facilitan la actividad económica al conjunto de capitalistas. Estas políticas remediaron en parte las contradicciones del capitalismo pero las exacerbaron en grado sumo llevando a finales de los años 70 a una explosión inflacionaria de consecuencias muy graves. Esto obligó a un cambio general en la política de intervención del Estado en la economía que tomó la forma de “neo-liberalismo”. El Estado se desprendió de la propiedad de numerosas empresas públicas que resultaban gravosas para su presupuesto y trasladó a propietarios privados la responsabilidad de los cuantiosos despidos que conllevaba su liquidación. Asimismo, extendió el endeudamiento a las empresas y a los particulares propiciando el endeudamiento generalizado. Estas medidas no han supuesto un “menos Estado”, como falazmente nos dicen, sino otra forma de intervención del Estado: este lleva las riendas de la economía de forma “indirecta” a través de la política económica, las compras a las empresas privadas, las concesiones y licencias, las llamadas “políticas sociales” etc..

Este cambio en la acción del capitalismo de Estado se produce por el avance incontenible de la crisis que obliga a una reducción generalizada de costes y ha ir abandonando progresivamente partes enteras del aparato económico. La burguesía, particularmente su  ala izquierda, quiere entramparnos en el dilema “más Estado”, que hacen equivaler a un Estado “social” que se ocuparía de las necesidades de la población, o “menos Estado” que supondría un “funesto neoliberalismo” de abandono de los más pobres. Ese dilema no existe en la realidad: el Estado siempre se ocupa del interés de los capitalistas y la fase llamada “social” o “keynesiana” corresponde a un periodo de la crisis capitalista que ha dado paso a otro peor y más grave. En el periodo actual, llamado “neo-liberal”, el Estado interviene todavía más en la economía, sólo que lo hace bajo otras formas diferentes del viejo modelo.

Esta necesidad de no enredarse en el falso dilema “empresa pública – empresa privada” fue señalada por una compañera: “No solo reduce costes la empresa privada, también la pública. Por ejemplo, en la Sanidad cada vez hay más gente afiliada pero cada vez hay menos trabajadores para atenderlos y cada vez menos medios”. Esto fue corroborado por otro compañero para el caso de la prevención y lucha contra los incendios que es una responsabilidad del Estado: “he participado a través del voluntariado social en la lucha contra los incendios. Es una estafa. Te dan una bici en estado penoso y un walki-talki y allá te las compongas. ¡Y dicen que con eso están solucionando el problema de los incendios!”.

- el criterio para identificar que un sistema social está en crisis histórica, en decadencia, no es tanto que haya pobreza. En realidad, esta plaga ha acompañado a todas las sociedades divididas en clases tanto en sus periodos ascendentes como decadentes. El criterio es que las fuerzas productivas desarrolladas choquen de forma repetida con las relaciones sociales propias de ese sistema llevando a convulsiones crecientes y cada vez más imposibles de superar. Para decirlo simplemente: el traje que el modo de producción impone a la fuerza productiva humana se hace cada vez más estrecho y provoca su ahogo progresivo dando lugar a tensiones crecientes.

- el capitalismo, sobre todo en los países más importantes y donde hay un proletariado muy concentrado, trata de dar una imagen de normalidad, de que “la economía va bien” (el “España va bien” de Aznar que ha seguido con el “España va más que bien” de Zapatero). Sin embargo, la economía se mantiene a flote de una forma cada vez más convulsa y aberrante lo que revela su crisis profunda: endeudamiento generalizado (las hipotecas para la vivienda son de 40 años lo que significa toda la vida laboral de un obrero ¡si la tiene!), huida ciega en la inversión inmobiliaria que provoca graves destrozos medioambientales,  escalada de los precios del petróleo etc., como resumió un compañero “una cosa es la apariencia, otra cosa es la realidad que hemos de demostrar: hay una crisis cada vez más profunda”.

Un segundo capítulo de la discusión versó sobre cómo superar la atomización, el individualismo, que dominan a la gran mayoría de los obreros y de la población explotada. Esta preocupación fue claramente expresada por un compañero: “Yo creo que la gente percibe y siente la crisis en sus propias vidas. El problema es que la gente no se siente con fuerzas para luchar, está muy individualizada, va a la suya”.

La discusión clarificó que el individualismo es un pilar de la ideología burguesa y que esa es la ideología que prevalece en la gran mayoría de los miembros de la sociedad. La ideología democrática de la burguesía pretende que la sociedad está formada por una suma de individuos iguales y libres cuando la realidad es que la sociedad está dividida en clases con intereses opuestos.

Los capitalistas solo son capaces de unirse para luchar contra el proletariado. En todo lo demás son profundamente individualistas: su modo de vida es la competencia, la trampa contra el de al lado, la maniobra, en definitiva, la guerra de todos contra todos. Esta realidad la plasman ideológicamente en la idea del “individuo libre y soberano que tiene que triunfar”. “Sí triunfas es que eres muy bueno, si fracasas es que no vales para nada”. Esta ideología atenta profundamente a la naturaleza social de la humanidad. Hasta los científicos más contaminados por la ideología burguesa reconocen que la fuerza de los seres humanos es la cooperación, la acción común.

El proletariado es la clase social revolucionaria no solo porque sus intereses son antagónicos con los de la explotación capitalista sino porque la base misma de su existencia es el trabajo en común, la producción social. Los obreros tienen intereses unitarios y comunes. La perspectiva revolucionaria que lleva el proletariado en su seno es la de una comunidad humana mundial donde los individuos trabajan unidos aportando lo mejor de si mismos por la plena satisfacción de las necesidades de todos. En contra de las mentiras de la ideología burguesa que habla del comunismo como la negación del individuo, el comunismo proporciona la base social para el pleno desarrollo y realización de los individuos.

La última parte de la discusión se centró en ¿qué podemos hacer como compañeros que quieren luchar activamente contra esta sociedad? La clase revolucionaria de la sociedad es el proletariado, la contribución de los compañeros más activos es al desarrollo de la conciencia, la lucha, la solidaridad, del proletariado. Contribuir a que comprenda cuales son los fines y los medios de su lucha, quienes son sus amigos y quienes son sus enemigos.

Las Reuniones Públicas que celebra la CCI son cada dos meses, los asistentes plantearon la necesidad de discutir para aclararse y ver cómo se puede actuar, con más frecuencia. Ello llevó a acordar un Encuentro para el próximo 29 de octubre a las 6 de la tarde en el mismo lugar –Librería Sahiri c/Danzas 5- y se propuso como tema de discusión ¿Cuál es la función de los revolucionarios?  Se adoptó como texto de a utilizar como punto de partida uno de nuestra organización titulada La Función de los Revolucionarios aparecido en la Revista Internacional nº 29 y que se colgará en nuestra Web: es.internationalism.org

Corriente Comunista Internacional 29-9-05



Comedores populares: ¿Lucha contra el hambre o adaptación al hambre?

Nuestra experiencia de intervención en Argentina nos lleva a abordar una actividad muy extendida consistente en organizar Comedores Populares que se proponen una triple finalidad:

- proporcionar comida a un cierto número de personas

- realizar actividades de enseñanza más o menos elemental

- crear un medio de reunión adonde los vecinos puedan discutir, desarrollar una solidaridad y poder reflexionar sobre cómo luchar contra la situación cada vez más insoportable que nos impone el capitalismo.

Apoyamos la voluntad de solidaridad y de lucha contra el capitalismo que hay en esa tentativa, sin embargo, debemos preguntarnos si la actividad de los Comedores Populares constituye o no un medio para concretar esa voluntad.

¿Por qué proliferan en Argentina –y en otros países- organizaciones de base del tipo Comedores, piqueteros, economía solidaria etc.?

En los últimos 10 años están proliferando una multitud de organizaciones de base: Comedores Populares, Piqueteros, Redes de Economía Solidaria, Redes de Empresas Autogestionadas etc. Las primeras organizaciones de este tipo han surgido de la iniciativa de gente de los barriales que apenas tienen de qué comer. También, han sido creadas por personas que apenas tienen ingresos y que como forma de supervivencia tratan de compartir con otros en su misma situación un mínimo de productos y servicios. Otro problema cada vez más frecuente, es que los obreros –especialmente de empresas pequeñas y medias- se encuentran con que al volver del descanso de fin de semana el dueño ha cerrado dejándolos a todos en la calle, lo cual les ha obligado a ocupar la fábrica para intentar mantener su trabajo.

El movimiento piquetero tiene un origen similar. En 1996-97 se produjeron en diferentes regiones argentinas cortes de carretera protagonizados por desocupados que luchaban por obtener un medio de vida. Estas primeras acciones expresaban una lucha proletaria genuina. Sin embargo, no pudieron extenderse, se quedaron aisladas, la gente empezó a desmoralizarse y a “buscarse la vida”. Una minoría trató de mantener a toda costa la organización primitiva. Pero esta fue poco a poco infiltrada y “organizada” por sindicalistas radicales, por grupos de extrema izquierda (principalmente trotskistas) dando lugar a lo que hoy conocemos como “movimiento piquetero” que ya no se parece en nada a la organización inicial. Es una estructura directamente vinculada al Estado a través del reparto de los bolsones de comida y los subsidios que otorga el gobierno. Además, sus miembros tienen que asistir obligatoriamente a las asambleas y a las movilizaciones convocadas. Sí no están convencidos corren el riesgo de perder esas ayudas. Los líderes piqueteros detraen una porción del dinero que les corresponde a los miembros. Lo que en un principio era una organización obrera vinculada directamente a la lucha, al hacerse permanente, al pretender mantenerse hubiera o no hubiera luchas, ha ido siendo absorbida por las estructuras del Estado.

El proceso es más o menos el mismo en las otras organizaciones. Tomemos el caso de los Comedores Populares. Los compañeros que los inician buscan responder al problema de cómo obtener un mínimo de comida. Reaccionan frente a una situación desesperada. Pero rápidamente, organizaciones políticas, sindicales, ONG’s, la propia Iglesia, les ofrecen sus “servicios”: la coordinación entre comedores, las gestiones ante los organismos de asistencia de la Provincia etc. En Capital Federal hay más de 100 comedores coordinados, se calcula que son más de 400 los comedores de la zona sur del Gran Buenos Aires… Poco a poco, se comprueba amargamente que, a cambio de unas subvenciones administradas con cuentagotas, de migajas que no calman el hambre, esas organizaciones escapan al control de los interesados y se transforman en estructuras a través de las cuales el Estado burgués los encuadra, los controla y los utiliza políticamente para sus fines.

¿Por qué son recuperadas por el Estado y transformadas en algo radicalmente contrario a las intenciones de sus iniciadores?

En el siglo XIX y principios del XX, en la época en que el capitalismo era un sistema progresista, el proletariado podía constituir organizaciones de masas permanentes: sindicatos, cooperativas de consumo, cooperativas de producción, asociaciones de mujeres y de jóvenes, universidades populares, casas del pueblo etc. Aunque esas organizaciones caían con frecuencia en graves desviaciones reformistas, en ilusiones de gestión cotidiana de la miseria, globalmente pertenecían al proletariado. Estas organizaciones podían existir sobre la base de un programa que no ponía en cuestión el conjunto del sistema capitalista pues éste tenía delante de si una perspectiva de crecimiento y desarrollo económico y social. Eran auténticas escuelas de lucha de los obreros donde éstos podían reunirse y desarrollar su solidaridad de clase.

La situación cambia radicalmente con la entrada del capitalismo en su fase histórica de decadencia. De forma global, el sistema no puede desarrollarse más allá de situaciones puntuales o parciales; ya no puede dar una perspectiva duradera y permanente de progresión de las condiciones de vida de la clase obrera y, en general, de las masas oprimidas. Con ello, las organizaciones de masas permanentes basada en la lucha contra aspectos parciales de la explotación, pierden su razón de ser, ya no tienen dinámica ni contenido. Su existencia, tras el impulso inicial de sus miembros más sinceros, solo puede garantizarse si se integran y vinculan al Estado Capitalista.

El caso más claro son los sindicatos. Se ha intentado formar a lo largo de todo el siglo XX toda clase de sindicatos: asamblearios, combativos, anarquistas, radicales, de base, unitarios etc. SIEMPRE HAN FRACASADO COMO ORGANISMOS OBREROS. Si durante más de 80 años los sindicatos siempre traicionan y se vuelven contra los obreros es porque no es posible en la decadencia del capitalismo una organización de masas permanente que tenga como objetivo la mejora de tal o cual aspecto parcial de la explotación. Además, en la decadencia del capitalismo el Estado se vuelve totalitario, tiende a absorber bajo sus garras el conjunto de la sociedad. No puede tolerar una organización masiva de los explotados y oprimidos, tiene que destruirla. Esta destrucción se hace por dos vías: la represión y la integración. La vía integradora es tanto más fácil por cuanto esas organizaciones han perdido todo el sentido que tenían en el pasado y ya no sirven realmente a los intereses obreros. Por un lado, el Estado, a través de múltiples agentes (comisiones parlamentarias, instituciones ministeriales diversas, sindicatos, Iglesia, partidos, ONG’s etc.) busca cómo fagocitar cualquier tentativa de expresión independiente de las masas. De otro lado, toda tentativa de organización permanente sobre una base que no ponga en cuestión el capitalismo facilita esa absorción.

Las causas del hambre y de la miseria

¿Cuál es la causa de la malnutrición rayana en el hambre de muchos niños del conurbano bonaerense, de numerosas provincias argentinas, de un buen número de países sudamericanos, africanos, asiáticos… y que empieza a afectar también a países europeos? ¿Es el mal gobierno? ¿Es la corrupción? ¿Es el mal reparto de las riquezas? ¿Injusticia? ¿Escasez de alimentos? En la última pregunta está la clave de la respuesta. Constatamos fácilmente que no hay escasez de alimentos. Por sólo limitarnos a Argentina vemos que sobra carne, trigo, soja, que las huertas de Tucumán rebosan de todo tipo de hortalizas y frutales, mientras allí es uno de los lugares de mayor índice de malnutrición infantil.

En todo el planeta sobran alimentos, los escaparates están repletos, muchos productos perecederos que no se venden son arrojados al mar…Aquí vemos una de las causas fundamentales del hambre o la malnutrición que afectan actualmente a gran parte del género humano: LA SOBREPRODUCCION. El Manifiesto Comunista, escrito en 1848, dice que “durante las crisis, una epidemia social, que en cualquier época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la sobreproducción”. El capitalismo es la primera sociedad de la historia humana en la que se pasa hambre no porque se produzca demasiado poco sino porque se produce demasiado.El capitalismo no entra en crisis por escasez de producción sino por exceso de producción. A diferencia de lo que ocurría en el feudalismo, no es por la sequía, ni por las malas cosechas, ni por las plagas de langosta, por lo que se produce el hambre y la miseria sino “porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiada industria, demasiado comercio”, prosigue el Manifiesto Comunista, que concluye que tal absurdo “precipita en el desorden a toda la sociedad burguesa”.

La actividad de buscar comida en las sobras de empresas alimentarias o distribuidoras, de recabar subsidios de las instituciones asistenciales del gobierno, supone encerrar a un puñado de compañeros en un círculo cerrado que no sólo no puede solucionar las causas de la miseria, sino que tampoco palia los efectos de esas calamidades. Mientras que el número de bocas necesitadas de comida crece vertiginosamente los comedores apenas consiguen dar de malcomer (¡no de comer!) a un puñado de bocas.

Se trata de una actividad de gestión de la miseria. No se soluciona el hambre, lo que se hace es adaptarse a ella. Supone convertirse en auxiliares involuntarios del Estado en su tarea de perpetuar a los explotados y oprimidos dentro de las cárceles de la de miseria, el hambre y la desesperación. Millones de seres humanos son abandonados a su suerte por el Estado capitalista y los bolsones que reparten las organizaciones piqueteras y las sopas que organizan los comedores dan la impresión de que se está “haciendo algo”, de que el Estado “democrático” no se olvida de los más desfavorecidos, de que habría “solidaridad” con ellos… Cuando en realidad lo que se está haciendo es mantener y agravar la situación, dejarla encerrada como en un gueto dentro del barrial o del poblado.

La cultura y la formación son una necesidad humana pero no garantizan un puesto de trabajo

Con la organización de Comedores Populares se pretende, como decíamos al principio, un segundo fin: proporcionar cultura y formación a niños y adultos.

La cultura y la formación son necesidades de la clase obrera que se propone construir una sociedad sin explotación, sin fronteras, sin estados, en la cual todos los hombres puedan conocer y aplicar para su vida en común, todo lo que la historia de la humanidad ha aportado a sus conocimientos.

Observamos en todos los países –tanto los más desarrollados como en los menos- un abandono creciente por parte del Estado de servicios como la educación. Las instalaciones escolares se deterioran y no son renovadas, la enseñanza –salvo para una élite privilegiada- pierde calidad o es directamente abandonada en los barrios más pobres. Que asociaciones de los barrios más olvidados organicen cursos para darse cultura, pone en evidencia la voluntad de conocimiento, el ansia de dignidad, de esos millones de seres humanos que por vivir en el conurbano bonaerense son despreciados por las altas esferas tratándolos de “lúmpenes”, de la misma forma que en Francia Sarkozy ha llamado “canalla” a los jóvenes de los barrios de suburbios.

Ahora bien, ese intento, pese a su buena intención, no pone en cuestión el sistema capitalista ni se inscribe realmente en una dinámica de lucha contra él. Por ello, consideradas en sí mismas, son actividades que el Estado recupera y esteriliza, terminando por convertirlas en un medio auxiliar de su objetivo de control y encuadramiento de la población.

Por otra parte, la cultura y la formación no garantizan un puesto de trabajo. Al trabajador se le exigen cada vez mayores requisitos de formación y adiestramiento pero ni aún con eso puede conseguir un trabajo regular porque el problema del capitalismo es el desempleo galopante y su capacidad de crear empleos es muy inferior al número de los que destruye. Además, ni siquiera con un puesto de trabajo se pueden garantizar unos medios de vida suficientes pues los salarios van cayendo cada vez más hasta niveles que ni siquiera permiten vivir decentemente. ¡Recordemos lo que decía una trabajadora del hospital Garrahan: “ni siquiera tener un sueldo todos los meses te permite vivir”!

No es la incultura, la falta de preparación o de formación, lo que provoca que miles y miles de jóvenes no consigan un empleo sino que es la crisis sin salida del capitalismo la que hace que éste sea incapaz de integrar a la mayoría dentro de la actividad productiva condenándolos a la exclusión social: la legión de seres humanos apartados del proceso productivo, condenados a malvivir y en la más terrible inseguridad, crece dramáticamente en numerosos países.

¿Un lugar de reunión para discutir y organizarse?

Se podría decir que al menos la actividad del Comedor serviría para agrupar a la gente y plantearle los problemas que hay en la sociedad, cómo luchar contra ellos. En definitiva, serviría para ganar gente a la causa de la lucha revolucionaria. Compañeros que participan en esos organismos dan ese argumento: “la verdad es que lo que hacemos no sirve para nada, es reformista y le hace el caldo gordo al Estado, pero, al menos, logramos reunir a la gente, concienciarla y enseñarle a ser solidaria”.

Actualmente en Argentina, en organizaciones de base (piqueteros, comedores, empresas autogestionadas, redes de economía solidaria etc.) hay muchos miles de personas “organizadas”, que supuestamente “se reúnen”, “se conciencian”, “hacen algo” etc. En apariencia, esto representa una fuerza imponente, pero en la realidad, hay miles y miles de personas paralizadas, atadas de pies y manos por el Capital y su Estado. Esto se ha comprobado repetidas veces, la última fue cómo esas organizaciones de masas ahogaron a los trabajadores de Garrahan en una falsa solidaridad.

La actividad que domina esas organizaciones es la asistencia, el mantenimiento de la miseria, su utilización por el Estado para perpetuar la explotación. Todo eso se hace contra la voluntad y los deseos de la mayoría de sus miembros. No se puede discutir de cómo salir de la miseria cuando todo lo que se está haciendo gira alrededor de cómo mantenerse dentro de ella. Por ello, por mucha buena voluntad que se le ponga, por muchos intentos de persuasión que se hagan, no se podrá desarrollar una discusión y una actividad dirigidas a la lucha revolucionaria.

Sí hemos de organizarnos para la lucha contra la miseria hemos de asentar una actividad que vaya a sus causas. Sólo la lucha de la clase obrera puede acabar con las causas de la miseria. Sin embargo, su lucha es todavía muy limitada y va a tardar tiempo en tomar una fuerza revolucionaria que le permita levantarse contra el capitalismo. Entretanto, hay que contribuir con una actividad de discusión, de intervención en las luchas, de reagrupamiento internacional de los revolucionarios, de animación de círculos de discusión en torno a las posiciones comunistas. Es una actividad que parece “abstracta”, desligada de todo lo inmediato que nos rodea, pero cada vez que hay una lucha masiva de la clase obrera vemos la utilidad de que haya un puñado de revolucionarios que contribuyan con análisis, propuestas y orientaciones al avance de su lucha. Así vimos la oleada de huelgas que hubo en Argentina entre junio y agosto, adonde una intervención podría haber ayudado a ir más lejos, a sacar lecciones, a romper las trampas de la burguesía. Hace unos días, Chavez y Maradona montaron una farsa de “lucha anti-imperialista” en Mar del Plata. Hacía falta una voz revolucionaria que denunciara ese tinglado que va a desviarlos hacia un activismo inoperante y va hundirlos progresivamente en la confusión y la desmoralización.

Por eso, los compañeros más conscientes y combativos, más indignados contra la miseria y el hambre, deben canalizar esa voluntad y esos sentimientos hacia la clarificación de las posiciones revolucionarias del proletariado, hacia la intervención en su seno, hacia la lucha contra los engaños y las trampas que el Estado capitalista nos tiende.

CCI 19-11-05>

Constitución Europea: En el terreno electoral la burguesía siempre gana

“Hemos ganado”, jaleaba la tarde del 29 de Mayo el “pueblo de izquierdas” en la Plaza de la Bastilla. “…Esta victoria es ante todo la victoria de los obreros, de los empleados, de los jóvenes, de los parados (que) se han unido en el camino hacia las urnas para rechazar esta camisola liberal….” declaraba Marie-George Buffet, secretaria nacional del Partido Comunista Francés (PCF), añadiendo: “…Esta victoria se ha construido (…)  en una dinámica de reagrupamiento popular que recuerda los grandes momentos del Frente Popular o del Mayo de 1.968…”; “…es un triunfo de la Europa de los ciudadanos…”, proclamaba David Assouline, diputado del Partido Socialista (PS) partidario del NO; “…Es una victoria contra las elites político-mediáticas…”, añadía un responsable de ATTAC, mientras que Besancenot, líder de la organización trotskista LCR evocaba la existencia de un “…movimiento de revancha social…”; “…Es un Mayo de 1.968 en las urnas..”, remataba, dejándose llevar por la imaginación más calenturienta, un comentarista europeo.

La Izquierda se ha colocado en primera línea para presentar la victoria del NO al referéndum sobre la Constitución Europea como una “..gran victoria de la clase obrera…”. ¡MENTIRA!, ¡Pura estafa ideológica!. La clase obrera no ha ganado nada. Al contrario, ha caído en una trampa, ha sido empujada fuera de su terreno de clase hacia un callejón sin salida. La burguesía francesa ha jugado con el calendario electoral con objeto de pudrir la conciencia obrera, aprovechándose de las ilusiones, aún muy fuertes, que existen entre los proletarios a propósito de la democracia y el terreno electoral.

Los proletarios deben aprender a sacar lecciones de las amargas experiencias que han vivido sus mayores, de las anteriores generaciones obreras. Deben recordar que todo aquello que les ha sido presentado como “…grandes victorias obreras…”, han representado siempre históricamente las peores y más peligrosas derrotas para la clase obrera. Así, en 1.936, fue la llegada del Gobierno del Frente Popular (aún hoy presentado como una “gran victoria”) lo que permitió a la burguesía arrastrar a los obreros masivamente tras la bandera del anti-fascismo a los horrores  y las masacres de la Segunda Guerra Mundial. En nombre de la gran mentira del “…triunfo de la dictadura del proletariado…”, “…de la victoria del socialismo en un solo país…” y de los “…avances en la construcción de una sociedad comunista…”, generaciones enteras de obreros han sido atados y sacrificados en el altar de la contra-revolución  estalinista durante más de medio siglo tras la ideología de la “...defensa de la patria socialista..”, y también fueron explotados, masacrados, deportados y asesinados por la “..patria del socialismo…”. Algo más cercano al tiempo que vivimos, debemos guardar en la memoria, la engañosa euforia que siguió a la elección de Mitterrand en 1.981 ( y lo mismo cabria decir de los triunfos de los Gobiernos “socialistas” o “progresistas” de todo tipo que hemos sufrido en los últimos 25 años ).

Ante el referéndum sobre la Constitución Europea en Francia, los obreros han caído en la trampa que les presentaba esta consulta electoral como una cuestión crucial para la clase obrera. ¡Nada más falso!. La burguesía ha sido capaz de explotar esta situación para acentuar su ventaja en el terreno social e intoxicar la conciencia de los obreros, haciéndoles creer que la papeleta electoral sería mucho más eficaz que el desarrollo de la lucha de clases. Bien es cierto que los efectos de esta propaganda engañosa no puede tardar mucho en evaporarse, pero sin duda van a hacer daño a nuestra clase.

La enorme e incesante matraca electoral sobre el referéndum, que ha durado más de tres meses, no ha tenido mas que un objetivo: hacer creer a la clase obrera que el medio más eficaz para hacer retroceder a la burguesía y de hacer oír su voz, de expresar su hartazgo sobre la situación, no es el desarrollo de la lucha de clases, sino el voto en tal o cual elección.

Una campaña ideológica repleta de mentiras

Todas las fuerzas políticas, desde la extrema derecha a las organizaciones izquierdistas, la propaganda electoral, modulada y dramatizada a medida de las necesidades durante tres meses, ha intentando descaradamente implicar al máximo número de proletarios en el terreno electoral.

Y, de hecho, la burguesía ha conseguido sin duda alguna polarizar la atención de los obreros, sembrar las peores confusiones, y arrastrar a muchos obreros al terreno electoral. El referéndum ha estado presente, y de forma abrumadora, en todos los medios de comunicación. No ha sido posible escapar a virulentos debates, a polémicas apasionadas sobre los supuestos retos que se jugaban en este escrutinio. Esta matraca ideológica pretendía persuadir a cada “ciudadano”, sobre todo a cada proletario, de que esta consulta representaba una encrucijada absolutamente crucial y determinante. Todas las fracciones de la burguesía se han felicitado al haber conseguido lanzar y animar“…un gran debate democrático…” cuyo único objetivo era el de desorientar, sembrar el máximo de confusiones y de ilusiones en la cabeza de los obreros. Todos los medios de comunicación y ciertos responsables políticos lo han proclamado: “…votar si o votar no, pero votad…”. El principal veneno ideológico de esta campaña ha sido el de intentar hacer creer que tras la votación “…nada será como antes…”, que el aumento del No a lo largo de la campaña, alimentado por el descontento social hacia el Gobierno, habría obligado a la burguesía a colocar la preocupación social  en el centro de su campaña. Esto es en parte cierto, pero el único objetivo de esta maniobra era lanzar a los obreros en los brazos de la trampa democrática, en la trampa electoral, en la medida en que, anteriormente, este tipo de campañas suscitaba, con toda razón, el enojo y el desinterés más completo en el seno de la clase obrera. Solo a partir del momento en el que la burguesía es capaz de canalizar el descontento social en torno al referéndum, cuando intenta hacer creer que podría hacer retroceder y retirar la directiva Bolkestein (de hecho para avivar esta sensación el Gobierno hizo ciertas mini concesiones en algunos conflictos sociales), es cuando consigue relanzar y dar un nuevo impulso a la mistificación democrática y al terreno electoral. Y tras ello, ahora, la burguesía quiere hacernos creer que en el post-referendum, sin duda, la prioridad, será la cuestión social. ¡Esto es, simplemente, mentira!. Más que nunca el futuro que nos reserva el capitalismo, es la intensificación de los ataques anti-obreros. Esta propaganda ideológica pretende que confundamos la gimnasia con la magnesia, hacer creer que la reacción “ciudadana” puede hacer cambiar el curso del capitalismo, debilitar a la burguesía y barrer de un plumazo al liberalismo y las deslocalizaciones. Sin embargo la realidad es y será que, la política gubernamental no va a cambiar ni un ápice.

El principal objetivo de la burguesía respecto de los obreros en cualquier tipo de elecciones es el intentar obligarlos a abandonar su terreno de clase, el terreno de la lucha colectiva de la lucha de clases para que se expresen como “ciudadanos”, atomizados, sin pertenencia alguna de clase, en la llamada “cabina de votación”, en un terreno podrido de antemano y que en modo alguno es el suyo, sino el de la burguesía. Para la clase obrera, el terreno electoral es una trampa ideológica destinada a sembrar las peores confusiones y a impedir el desarrollo de su conciencia de clase.

Las elecciones no son más que una mistificación

No siempre ha sido así. En el siglo XIX, los obreros luchaban y caían muertos en su lucha por conseguir el sufragio universal. Hoy día, inversamente, son los Gobiernos los que movilizan todos los medios de los que disponen para que el máximo número de ciudadanos vayan a votar. La cuestión es ¿Por qué sucede esto?.

Durante el periodo de ascendencia del capitalismo, los Parlamentos representaban el lugar donde, por excelencia, las diferentes fracciones de la burguesía se enfrentaban o se unían para defender sus intereses. A pesar de los peligros y las ilusiones que esta situación podía entrañar para la clase obrera, los obreros, en un periodo en el que la revolución proletaria no estaba aún a la orden del día, tenían interés en intervenir en ciertos enfrentamientos entre fracciones burguesas y, según las circunstancias, apoyar a alguna de ellas, con el objetivo de intentar mejorar su suerte dentro del sistema. De tal forma, los obreros en Inglaterra consiguieron la reducción de la jornada de trabajo a 10 horas en 1.848, que el derecho de sindicación se reconociera en Francia en 1.884, etc..

Pero la situación es completamente diferente después del inicio del siglo XX. La sociedad capitalista entra entonces en su fase de crisis histórica permanente y en su declive irreversible. El capitalismo ha conquistado el planeta y el reparto del mundo entre las grandes potencias ha terminado. Cada potencia imperialista tiene que ganar terreno a costa de las otras. La época que se abre, es una nueva “…era de guerras y revoluciones…”, como declaró la Internacional Comunista en 1.919, una era marcada por los hundimientos económicos como la crisis de 1.929, las dos Guerras Mundiales y la irrupción del proletariado en 1.905 en Rusia, de 1.917 a 1.923 en Rusia, Alemania, Hungría o Italia. Para hacer frente a sus dificultades crecientes, el capital está obligado a reforzar constantemente el poder de su Estado. Cada vez más, el Estado tiende a convertirse en el guía del conjunto de la vida social, y en primer lugar, en el terreno económico. Esta evolución del papel del Estado se acompaña de un debilitamiento del papel del legislativo a favor del Ejecutivo. Como dijo el Segundo Congreso de la Internacional Comunista: “…el centro de gravedad de la vida política actual ha salido completa y definitivamente del Parlamento…”.

Para los trabajadores, no se trata de buscar un lugar en el capitalismo sino de destruirlo en la medida en que este sistema no es capaz de ofrecerle ni reformas duraderas, ni de mejorar su suerte.

Para la burguesía, el Parlamento se ha convertido, a lo sumo, en una cámara que registra las decisiones que se han tomado previamente. Sin embargo, en estas circunstancias históricas, queda un papel ideológico determinante para el electoralismo. La función mistificadora de la institución parlamentaria existía ya en el siglo XIX pero se situaba en un segundo plano, por detrás de su función política.

Hoy día, la mistificación es la única función que queda para la burguesía: tiene por objetivo hacer creer que la democracia es el bien más precioso, que es la expresión de la soberanía del pueblo, que da la “libertad” de elegir a los explotadores. La democracia parlamentaria y sobre todo la mistificación ideológica democrática sigue siendo el mejor medio de envenenar la conciencia obrera y, por tanto, el arma ideológica más eficaz y peligrosa para intentar domesticar al proletariado.

Los ataques anti-obreros no han cesado de incrementarse a lo largo de los últimos años y meses. El día después de esta cita electoral, los proletarios verán deteriorarse sus condiciones de vida y trabajo aún más profunda y rápidamente de lo que lo han sufrido hasta ahora. La burguesía busca ganar tiempo para posponer, en la medida de lo posible, las fechas de las confrontaciones masivas con el proletariado.

Cada vez más esta obligada a buscar engaños ideológicos y a desarrollar el máximo de esfuerzos para frenar la toma de conciencia de la quiebra histórica del sistema capitalista en el seno de la clase obrera.

Como escribimos recientemente en nuestra prensa, “…el resultado de este voto no cambiara nada. La intensificación de los ataques anti-obreros desarrollados por las diferentes burguesías nacionales, la aceleración de la degradación de las condiciones de vida de los obreros, los despidos, las deslocalizaciones, el crecimiento del paro y de la eventualidad, la amputación de todos los presupuestos sociales o el desmantelamiento de la protección social. Todos ellos son productos de la crisis y manifestaciones del declive del sistema capitalista a nivel mundial y, en modo alguno el resultado de la política de tal o cual Gobierno de turno…”.

Ante la angustia que produce el futuro, algo que está en el centro de las preocupaciones obreras actuales, la respuesta no puede desarrollarse en el terreno electoral ni de la democracia, solo el desarrollo de la lucha de clases, es el único terreno sobre el que los obreros pueden responder a los ataques de la burguesía.

Corriente Comunista Internacional ( 30 de Mayo de 2.005)