España 1936, Franco y la República masacran al proletariado

Introducción: ¿Qué interés tiene para los trabajadores de hoy los acontecimientos de 1936?

1 – Las falsas y las verdaderas lecciones sobre los acontecimientos de 1936

El objeto de esta tercera edición de nuestro folleto sobre la Guerra Civil Española de 1.936 es, en primer lugar, reponer las existencias ya agotadas de la segunda edición. Esto es indicador del interés que este problema histórico despierta no solo en España sino en otros países como Gran Bretaña, Bélgica, Holanda, Alemania, Rusia, Brasil etc.

Pero este interés no es solo producto del esfuerzo de elementos proletarios que quieren conocer y sacar lecciones de esta trágica experiencia del proletariado. También, es resultado de una campaña de los medios burgueses que airean los acontecimientos de 1936 y dan cancha a grupos radicales (trotskistas, anarquistas etc.), directores de cine (en los últimos años se han producido dos películas famosas sobre el tema: Tierra y Libertad y Libertarias), académicos etc., cuyo “balance de 1936” parece “diferente” e incluso “opuesto” al que predomina en la versión oficial pero que en realidad constituye el vehículo de mistificaciones más refinadas y por tanto más eficaces para crear confusión en la conciencia de la clase obrera.

Para combatir estas mistificaciones y contribuir a una reflexión sólida y lo más amplia posible, el grueso de este libro está dedicado a textos publicados en la época, es decir, en los años 30, por organizaciones proletarias de entonces. La mayor parte son de BILAN (Fracción Italiana de la Izquierda Comunista en el exilio), organización que presentamos en el siguiente texto y que, a nuestro juicio, fue la única capaz de denunciar la guerra del 36 como una guerra imperialista en cuya orgía de sangre murieron más de un millón de personas. También fue la más clara en llamar al derrotismo revolucionario como ya habían hecho los revolucionarios en 1.914 frente al matadero que constituyó la Primera Guerra Mundial.

La guerra del 36 fue el preludio de la Segunda Guerra Mundial. Las grandes potencias de la época se implicaron directamente en el conflicto perfilándose en él los dos bandos imperialistas que se enfrentarán de 1.939 a 1.945: el bando franquista es apoyado por Alemania e Italia y el bando del Frente Popular por la Rusia de Stalin y las democracias (Gran Bretaña y Francia).

Ante la matanza que durante 3 años inundó de sangre las tierras españolas las organizaciones que decían reclamarse de la clase obrera, empezando por los “socialistas”, siguiendo con los “comunistas” y acabando con los trotskistas y los anarquistas, proponían a los obreros y los campesinos españoles comprometerse de lleno en la guerra, eligiendo el campo republicano frente al bando fascista y uniéndose a la burguesía “democrática” y a las potencias mundiales “garantes de la libertad”. Solo una pequeña minoría, con BILAN a la cabeza, tuvo el coraje de continuar la posición de los revolucionarios de 1914: la lucha contra los dos bandos burgueses, el llamamiento a los obreros y campesinos de los dos frentes a desertar de la guerra militar y volver a sus casas para, uniéndose con los obreros de la retaguardia, llevar la lucha contra todo el Estado Capitalista, tanto en su rama franquista como en su rama republicana. Era retomar y llevar más lejos el impulso inicial de los obreros españoles que luchando en su terreno de clase en los días posteriores al 18 de julio del 36 fueron capaces de parar la intentona golpista de Franco (que dicho sea de paso el gobierno del Frente Popular dejó preparar impunemente con premeditación y alevosía a los generales facciosos) y del cual hubo una nueva manifestación, esta vez en condiciones muy diferentes, en mayo de 1.937 cuando los obreros de Barcelona tras una valiente lucha son masacrados por las fuerzas de asalto gubernamentales y traicionados por el POUM y los anarquistas que además forman parte descaradamente de los gobiernos de la Generalitat y de la República.

Nosotros nos reivindicamos del trabajo político de BILAN que en esa época difícil para el proletariado – de derrota y contrarrevolución, los tiempos de Hitler y los procesos de Moscú- se mantuvo fiel a su combate histórico y fue capaz de enriquecerlo con toda una serie de aportaciones sacando lección de los intensos acontecimientos que de forma rápida y concentrada se suceden entre 1914 y 1939: la guerra imperialista de 1914, el intento de revolución proletaria de 1915-23, la contrarrevolución en Rusia y a escala mundial, la tremenda depresión de 1929 y la barbarie a una escala todavía más salvaje de la 2ª Guerra Mundial.

Ahora bien, reivindicarnos de BILAN no significa despreciar la contribución de otros grupos proletarios de la época. Por eso publicamos textos del Comunismo de los Consejos y de grupos de México y Bélgica que desde el trotskysmo se orientaron hacia las posiciones de BILAN. Del mismo modo, analizamos el esfuerzo de grupos que, aunque cayeron en la trampa de apoyar la guerra en nombre del antifascismo y la “revolución social”, trataron de defender una posición proletaria: es el caso de la Sección Bolchevique Leninista, cuyo militante más destacado fue Munis, y de los Amigos de Durruti que, desde el terreno del anarquismo, trataron de defender una posición de clase y se rebelaron contra la colaboración descarada de la CNT con las fuerzas de la burguesía.

No pretendemos elevar BILAN a los altares. Todo lo contrario, BILAN reconocía con humildad que iba a tientas y que no tenía una solución acabada para los múltiples problemas que se le presentaban al proletariado y al conjunto de la humanidad. Dentro de BILAN había un debate vivo y una minoría se dejó llevar por los cantos de sirena de la “revolución en marcha en España”. Publicamos textos de esta discusión con los puntos de vista de la mayoría y la minoría. Este debate, como corresponde a la tradición histórica del movimiento obrero, no se llevó a puerta cerrada sino que se expresó públicamente en la revista.

De la guerra española se han escrito miles de libros. Unos ofrecen la visión maniquea del franquismo que la presenta como una “cruzada” contra la masonería y el “comunismo rojo”. En las postrimerías del régimen franquista y sobre todo desde 1975, cuando el Estado burgués español se da el barniz de la “democracia”, los libros que aparecen son más “neutrales”: reparten culpas entre ambos bandos y presentan la contienda como una tragedia que sólo podría superarse mediante la “democracia” la cual sería la gran solución al reconciliar las dos Españas.

Frente a estos dos enfoques, se desarrolla otro más crítico y radical que reclama el “protagonismo” de la clase obrera y rechaza la visión franquista y la democrática porque coinciden ambas en la defensa del orden burgués. Se trata de la posición del anarquismo y del trotskysmo.

Ahora bien, pese a su aparente oposición a las dos versiones anteriores en realidad defienden el mismo terreno: glorifica la guerra antifascista, es decir, la matanza de unos obreros contra otros en nombre de una causa al servicio del capitalismo; defiende al Estado burgués en su forma “democrática” y “republicana” haciendo elegir este disfraz de la dictadura capitalista frente a la otra forma menos presentable por su violencia descarnada, la franquista.

Esta visión pretende dar la palabra al proletariado y lo presenta como actor de una “revolución social” desarrollando con ello la peor de las mistificaciones: en vez de llamar al pan pan y al vino vino, es decir, a la guerra imperialista guerra imperialista la transforma por arte de birlibirloque en una “revolución social”. La guerra imperialista, la quintaesencia de la barbarie, el sufrimiento y la degradación es disfrazada de lo que es diametralmente opuesto: la Revolución social, la expresión más avanzada de liberación, conciencia y emancipación colectiva. ¡La mejor forma de atacar el comunismo y apuntalar el capitalismo es travestizar sus expresiones más espantosas como revoluciones !.

Los trotskistas y los anarquistas, estos “defensores de la clase obrera”, vuelven a repetir la misma maniobra de 1936 que la burguesía desarrolló ante la reacción espontánea de los obreros contra el golpe de Franco: enrolarlos en la guerra en nombre de la “revolución social”, de “ganar al fascismo para a continuación construir el socialismo”.

En esta mistificación tomaron la delantera los más “radicales”: el POUM y la CNT. Los textos de BILAN y los de otras corrientes proletarias que publicamos denuncian con claridad la traición cometida por el POUM y la CNT-FAI como último banderín de enganche que utiliza la burguesía republicana para desviar a la clase obrera de su terreno de clase y llevarla al matadero.

¿Por qué hoy, cuando nos dicen que todo eso de la “revolución” es cosa del pasado, los grandes medios de comunicación dejan un hueco a los grupos y personalidades que nos presentan España 1936 como teatro de una “gran transformación social”, como una “verdadera revolución mucho más profunda que la Revolución rusa de 1917”?.

En los años noventa hemos asistido junto a la campaña anticomunista posterior a la caída del Muro de Berlín donde se denigra al comunismo equiparándolo al estalinismo (cuando la realidad histórica nos muestra que éste fue el enterrador de la Revolución de Octubre del 17), a una promoción del anarquismo como verdadero movimiento revolucionario frente a los Bolcheviques y Lenin que serían unos meros conspiradores que instauran su dictadura mediante un golpe de estado.

Presentar al anarquismo como “vanguardia” del impulso revolucionario y a España 1936 como “modelo” de revolución social, no supone ninguna contradicción con la campaña anticomunista. En realidad es su continuación y reforzamiento. Por mucho que los medios más entusiastas de la burguesía proclamen el triunfo del capitalismo y un “Alicia en el país de las maravillas” con los ensueños de INTERNET y la “nueva economía”, el capitalismo es muy consciente de que semejantes músicas celestiales necesitan el contrapunto crítico de ideologías y modelos aparentemente muy radicales pero que en el fondo defienden el orden capitalista por otros medios. La llamada “revolución” española de 1.936 y el endiosamiento del anarquismo suponen una tergiversación de la historia que persigue fundamentalmente atraer a todos los elementos que expresan un esfuerzo de conciencia en las filas del proletariado hacia el pantano de confusión que constituyen las posiciones anarquistas.

El anarquismo se presenta como una ideología “anti-sistema”, ante las diferentes facetas de la vida social parece situarse en las posturas más radicales y extremas. Del mismo modo, toda una serie de fenómenos de 1936 (las colectividades, las milicias antifascistas, la CNT) son rodeados de una vaga aureola de “liberación” y “acción revolucionaria”. Contra semejantes imposturas, el libro que presentamos trata de mostrar, haciendo hablar a los hechos, adonde conduce el anarquismo y cual fue la realidad de su “modelo revolucionario” experimentado en España.

La historia del siglo XX es la de la decadencia del modo de producción capitalista. Todas las guerras son producto de esa decadencia histórica. En 1.914 los revolucionarios denunciaron la matanza imperialista y llamaron al proletariado a la revolución. La oleada revolucionaria de 1.917 a 1.923 (cuyas culminaciones son las revoluciones en Rusia y en Alemania) supuso el mayor intento del proletariado por derribar el capitalismo y construir una sociedad comunista. La burguesía para derrotar la revolución utilizará todas las armas en sus manos: acelera el fin de la guerra, coloca en los gobiernos a la izquierda del capital y un largo etcétera. La guerra civil española de 1.936-39 forma parte de la segunda carnicería mundial donde la burguesía utilizará la alternativa tramposa fascismo-antifascismo como un pinza criminal para llevar al matadero a los obreros.

En la actualidad la burguesía agita el peligro fascista de los Haider, Le Pen, Pinochet... A diferencia de 1.936 no nos encontramos en un período de contrarrevolución que ponga a la orden del día los regímenes fascistas como puntilla de la derrota del proletariado. El curso histórico está abierto, dependiendo el futuro de toda la humanidad del desarrollo de la lucha de clases: el triunfo del proletariado nos llevará a la construcción de la sociedad comunista, el triunfo de la burguesía a la barbarie más atroz con el peligro de la extinción incluso de la vida en el planeta bien por medio de una Tercera Guerra Mundial o a través de una agonía lenta del modo de producción capitalista como vemos en la actualidad: crisis económica, hambrunas en la mayor parte del mundo, proliferación de las interminables guerras locales que incluso ya han llegado a suelo europeo, contaminación y envenenamiento de la naturaleza y los alimentos... La única solución para el porvenir de la humanidad es la revolución comunista.

En esas condiciones lo esencial para la burguesía es enfrentar a un proletariado que no está derrotado. En ese objetivo agitar el espantajo fascista sirve de aval a los regímenes “democráticos”, les permite aparecer como más humanos, más justos, más protectores y con el chantaje de “¡que viene el ogro fascista!” hacer tragar medidas económicas, sociales y represivas que sí intentaran ser instauradas por los Gil y Gil, Haider y Cía. suscitarían fuertes movilizaciones. La experiencia española de 1936 es muy aleccionadora al respecto y aporta claves para desmontar el engaño antifascista de la burguesía

El libro que exponemos a la consideración de los lectores ha supuesto un esfuerzo considerable para nuestras limitadas fuerzas militantes. Hemos recibido una valiosa colaboración de lectores y simpatizantes.

Uno de ellos, que se reclama del comunismo de los consejos, ha traducido textos de grupos de esta corriente directamente del holandés, dos de los cuales aparecen en esta edición y otros que nos ha aportado recientemente los integraremos en futuras ediciones. Le agradecemos calurosamente esta contribución.

Otros compañeros han realizado la ingrata tarea de transcribir al ordenador diferentes textos. Les agradecemos igualmente esta aportación imprescindible. Al saludar estos esfuerzos hacemos un llamamiento para que cunda el ejemplo. La ayuda para publicar libros necesarios para el armamento teórico y político del movimiento obrero es vital y abarca desde traducciones, trascripción al ordenador hasta aportaciones económicas y suscripciones.

El libro que publicamos no es por supuesto completo. En primer lugar, sería interesante incorporar más textos representativos de las diferentes posiciones adoptadas por el Comunismo de los Consejos. A este respecto las nuevas traducciones aportadas por el lector antes mencionado son de gran valor.

Pensamos que será necesario hacer un estudio más sistemático del anarquismo y de la historia y evolución de la CNT. También deben ser abordadas algunas corrientes críticas frente a la orientación dominante en la CNT: Bernieri, el libro de Vernon Richards. Del mismo modo hay que evaluar la posición lamentable que adoptó Trotsky y que fue seguido por las diferentes corrientes trotskistas. Respecto al POUM, que no era específicamente trotskista, habrá que analizar el mito del “valor revolucionario” de una corriente “crítica” que surgió en su seno y que desorientó en su momento a la minoría de BILAN.

Por último, estamos interesados en publicar tomas de posiciones, debates y correspondencia que se produzcan actualmente en los elementos y grupos proletarios. Las críticas, las polémicas de los lectores, serán bienvenidas.

ACCION PROLETARIA 29-3-2000



2 – La voz revolucionaria de BILAN ante la guerra de España

Por fin podemos ver realizada la idea que teníamos de publicar un folleto en español con una compilación de textos de BILAN sobre la guerra en España de 1.936[1].

BILAN (Balance), publicación de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista, vivió durante el período más siniestro de la historia del movimiento obrero, el que va desde el triunfo de Hitler en Alemania hasta la IIª. Guerra Mundial. Como ya veremos luego esta compilación dedicada a textos sobre la guerra de 1.936 no la hacemos por gusto por la erudición histórica. Si hemos escogido este tema es ante todo por el valor político que tienen para los revolucionarios las posiciones y discusiones de BILAN en aquel entonces, ante la actual situación en España.

Tras casi 50 años de triunfo de la contrarrevolución, la difícil reanudación de la lucha de la clase obrera que empieza a notarse desde mediados de los años sesenta ha venido tropezando en su camino ascendente con todas las ideologías segregadas en las aguas cenagosas de la contrarrevolución, puestas al gusto del día por la cada vez más profunda descomposición de la pequeña burguesía: fueron por los años sesenta la fiebre contestataria marcusiana[2], sobre todo con los llamados movimientos estudiantiles en donde se había decretado la “completa integración de la clase obrera en el sistema”, en extraño mejunje con idolatrías a Castros y Guevaras, apoyo a “liberadoras” guerras como la del Vietnam y el tercermundismo más lloricón... luego vino a añadirse a la salsa lo de la “revolución cultural” y el estalinismo “new look” maoísta y todo tipo de “frentes de liberación” de esto y aquello, todo mezclado con una verborrea modernista, acabando a fin de cuentas en la nada más completa o en un estúpido terrorismo o ocupando un respetable sillón entre la extrema izquierda del capital.

Hoy, en un contexto bien diferente al de los años 30, tanto por la agudización de la crisis como por la cada vez más clara aparición de la clase obrera en sus luchas como clase[3], volver a publicar BILAN no es un “acto de fe marxista” sino reafirmar una serie de bases proletarias en la lucha que los revolucionarios de entonces supieron mantener en pie contra el avance irresistible de la barbarie contrarrevolucionaria.



La revista BILAN son 46 números publicados (1.478 páginas) desde noviembre de 1.933 a enero de 1.938. Empezó como “Boletín teórico de la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia”. En febrero de 1.938, OCTUBRE sustituye a BILAN con el subtítulo de “órgano mensual de la Izquierda Comunista”[4]. Aparecieron 5 números de OCTUBRE, el último en agosto de 1.939, un mes más tarde empezaba la IIª. Guerra Mundial.

La fracción italiana había sido excluida del PCI y de la IC en el Congreso de Lyon de 1.926. La Fracción, en el difícil exilio francés perseguida tanto por el fascismo como por el estalinismo, vuelve a constituirse en 1.929 y publica la revista PROMETEO en lengua italiana y un boletín de información en francés que acabará siendo una publicación teórica.

Comprometida a fondo en el movimiento comunista internacional, la Fracción en la emigración tomará parte muy activa en dicho movimiento sobre todo en Francia y en Bélgica, participando con todas sus fuerzas en la lucha contra la degeneración de la IIIª. Internacional y de sus partidos, definitivamente dominados por el estalinismo. Por eso mantendrá contactos estrechos con todas las corrientes y grupos de izquierda expulsados uno tras otro de lo que había sido la Internacional Comunista, manteniendo la lucha en medio de una terrible desolación y una inmensa confusión debidas a la amplitud de la derrota de la primera gran oleada revolucionaria mundial y a la consiguiente desmoralización.

El intento de acercamiento a la Oposición de Izquierda de Trotski no daría ningún resultado, lo que pondría en evidencia el carácter fundamentalmente divergente de las orientaciones de ambas corrientes. Si el trotskismo concebía la Oposición como grupos que simplemente luchaban por el “enderezamiento” de los PC y que estaban dispuestos en todo momento a reintegrarse a ellos renunciando a existir como órganos autónomos, la Izquierda Italiana partía de las diferencias programáticas cruciales que sólo podrían resolverse con la constitución de organismos comunistas independientes, las Fracciones, que estaban luchando por la destrucción de la corriente contrarrevolucionaria estalinista.

La discusión sobre el análisis de la situación en Alemania 1933, acabaron por hacer definitivamente incompatible todo trabajo en común. Frente a la amenaza hitleriana, Trotski preconizaba una amplio “Frente Único Obrero” entre el PC estalinista y la socialdemocracia. Era en ese frente único entre los contrarrevolucionarios de 1.914 y los de entonces en donde Trotski veía la fuerza capaz de cerrar el paso al fascismo, evitando así el problema esencial de la naturaleza de clase de las fuerzas en presencia y el hecho de que la lucha contra el fascismo no tiene ningún sentido para la clase obrera si se la separa de la lucha general contra la burguesía y el sistema capitalista.

Trotski, haciendo juegos con imágenes brillantes, decía que el Frente Único podría hacerse “con el diablo y su abuela” con lo cual demostraba no menos brillantemente que estaba perdiendo la noción misma del terreno de clase del proletariado. En plena vena verbal, Trotski, bajo el seudónimo de Gurov, llegó a afirmar que la revolución comunista podría triunfar “bajo la dirección de Thaelman[5]”. Desde entonces resultaría evidente que el camino tomado por Trotski acabaría por llevarle a abandonar una tras otra las posiciones comunistas hasta la participación en la IIª. Guerra Imperialista, en nombre, claro está, de la “defensa de la URSS”.

Diametralmente opuesto fue el camino tomado por la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista. El desastre que representaba para el proletariado el triunfo del fascismo, triunfo que hicieron posible e inevitable las catastróficas y sucesivas derrotas que le infligieron la socialdemocracia primero y el estalinismo después, dejaba plenamente abierta la “solución” capitalista a la crisis histórica de su sistema: una nueva guerra imperialista mundial. Los revolucionarios sólo podían frenar esta perspectiva si se esforzaban en agrupar al proletariado sobre un terreno de clase, manteniéndose firmes en los principios programáticos del comunismo y para ello, lo más urgente era someter a un examen crítico toda la experiencia del periodo transcurrido desde la gran oleada revolucionaria que puso freno a la Iª. Guerra Imperialista, abriendo un horizonte de esperanzas a la clase obrera hacia su emancipación definitiva. Comprender las razones de su derrota posterior, hacer balance de lo adquirido y de los errores, sacar lecciones y, con estas bases, elaborar las nuevas posiciones políticas, todo esto era indispensable para que la clase pudiera volver, mejor armada y por tanto más capaz, a encarar su tarea histórica de la revolución comunista. Y fue esta impresionante tarea la que se propuso emprender BILAN (Balance, nombre apropiado), y para llevarla a cabo BILAN invitó a todas las fuerzas comunistas que habían sobrevivido al desastre de la contrarrevolución. Pocos grupos respondieron a la llamada, pero también es verdad que pocos grupos pudieron resistir a la terrible apisonadora de aquel periodo de reacción y de preparación para la IIª. Carnicería Mundial. Cada año que pasaba eran menos los grupos, sin embargo, BILAN, que aguantó gracias a la entrega de algunas decenas de miembros y simpatizantes, mantuvo siempre las puertas abiertas para que se expresaran, dentro del marco estricto de las fronteras de clase, otros pensamientos divergentes a los suyos. Nada le fue más extraño que el espíritu de secta o la búsqueda de un éxito de capilla inmediato. Por eso encontramos en BILAN artículos de discusión y reflexión que provienen de compañeros de la Izquierda Alemana, Holandesa o de la Liga de Comunistas Internacionalista de Bélgica.

BILAN no tenía la estúpida pretensión de aportar respuestas definitivas a todos los problemas de la revolución. Tenía conciencia de que a menudo andaba a tientas, pues sabía que las respuestas definitivas sólo podían ser resultado de la experiencia viva de la lucha de clases, de la confrontación y la discusión al interior mismo del movimiento. Sobre muchos problemas la respuesta de BILAN fue insuficiente, pero nadie puede poner en duda la seriedad, la sinceridad, la profundidad del esfuerzo y, por encima de todo, la validez de su visión, la justeza de su orientación y la firmeza de sus principios revolucionarios.

No se trata únicamente de rendir homenaje a este pequeño grupo que supo mantener firme la enseñanza de la revolución en medio de una tempestad contrarrevolucionaria, sino también y sobre todo, se trata de asimilar lo que nos han legado y proseguir el esfuerzo con una continuidad que no es estancamiento sino superación.

No es, como ya hemos dicho, por gusto de erudito por lo que hemos escogido, para esta primera recopilación de textos de BILAN, una serie de artículos que se refieren a los acontecimientos de España entre 1.934 y 37. El análisis de los acontecimientos tenía un alcance global que superaba el marco español y daba la base para entender la evolución de la situación mundial, de las fuerzas de la clase obrera, de sus formaciones políticas, y, por encima de todo, ofrecían una imagen cruda de la inmensa tragedia en la que se hundía el proletariado internacional y el español en primer lugar.

España se encuentra, hoy, de nuevo, en una situación clave, si bien es verdad que hay que dejar bien clara la diferencia entre los acontecimientos de la España de los años 30 (que tenían lugar tras una larga y aplastante serie de derrotas del proletariado que lo arrastraban inexorablemente al alistamiento para la guerra imperialista) y el periodo actual de reanudación de la lucha y de la combatividad obrera en todo el mundo. Situación clave la de hoy como la de entonces, porque tras 15 años de luchas obreras incesantes y de cada vez mayor alcance a pesar de la salvaje represión, la clase obrera de España se encuentra con una acumulación de experiencias que tendrá que potenciar en los próximos combates contra el empeoramiento de la situación para ir más lejos en su conciencia, organización autónoma y extensión de la lucha[6]. Y es ahora cuando el capitalismo mundial y en particular el europeo va a apoyar a la burguesía española en su esfuerzo de lastrar los próximos combates de clase. Después de haber desechado y haber desmantelado un régimen senil incapaz ya de mantener el "orden laboral”, la burguesía intentará por todos los medios “democráticos” poner freno al avance proletario. Y dentro de esa estrategia general el capitalismo pondrá por delante a su ala izquierda (PCE, PSOE, y demás izquierdistas) para, en nombre del “antifascismo”, o del “mal menor” o de “programas mínimos”, intentar romper esa combatividad. Para la burguesía no está hoy al orden del día la ciega represión franquista, aunque tampoco en este aspecto los “demócratas” nada tienen que envidiar a los “fascistas”[7].

Con lo que va a encontrarse el proletariado en los meses que vienen, es con las mismas fuerzas que en 1.936 consiguieron sacarlo de su camino para después cargárselo a fondo. Y esas fuerzas volverán a utilizar el mismo tipo de argumentos, perfeccionados con el tiempo. Una de sus mayores mentiras consiste en predicar a los obreros que “olviden el pasado” en nombre de la “reconciliación nacional”. Es decir, que olviden las lecciones de su sangrienta experiencia, cogidos como lo fueron entre los dos dientes, el “democrático” y el “fascista”, de la tenaza. En los años 30 el proletariado en España que se había mostrado extremadamente combativo resultaba muy peligroso para los planes de guerra imperialista que preparaba el capital mundial. Había que masacrarlo primero, último bastión de resistencia obrera en Europa, para facilitar su alistamiento, y después el de toda la clase obrera a nivel mundial

Frente a la formidable respuesta obrera contra el alzamiento derechista de 1.936, esas mismas fuerzas de izquierda, etapa por etapa, fueron anegando, destruyendo y quitando fulminante a los focos de resistencia obrera que intentaban mantenerse en un terreno de clase. Esa labor de zapa por parte de la República y de la izquierda ya desde 1.931, se vio consumada en la represión directa y el aplastamiento de los obreros (los “incontrolados”), durante las trágicas jornadas de Mayo del 37 en Barcelona.



«PROLETARIOS:

El 19 de julio de 1.936 los proletarios de Barcelona, con puño desarmado, aplastaron batallones de Franco ARMADOS HASTA LOS DIENTES. El 4 de Mayo de 1.937, estos mismo proletarios, ARMADOS, dejan en la calle muchas más víctimas que en Julio cuando tuvieron que repeler a Franco, y es el gobierno antifascista –incluidos la CNT-FAI y del que el POUM es indirectamente solidario- quien da suelta a la gentuza de las fuerzas represivas contras los obreros» (BILAN: mayo 1937).

Entre Julio del 36 y Mayo del 37 se suceden una serie de gobiernos cada vez más a la “izquierda” contra la cada vez mayor radicalización  obrera. La burguesía antifascista no puede consentir cualquier esbozo de “doble poder”, con comités y milicias paralelas al gobierno “legal”. En función de una eficacia militar y “respetabilidad” perfectamente capitalista, el gobierno impone mano dura, a la vez que se “izquierdiza” cada vez más. Para ello no basta con la tendencia “revolucionaria” de los UGT-PSOE de Largo Caballero. Es entonces cuando el PCE empieza a desplegar su mayor fuerza y poder contrarrevolucionario. Este partido, producto perfecto de la degeneración de la IC, impone su mano de hierro en los centros claves de la vida social y del ejército. Además su presencia es necesaria para obtener la ayuda del tirano que ha consumado la derrota de la Revolución Rusa: Stalin. Pero con éstos no basta. Citemos a BILAN, 1.937, en su saludo a Camilo Berneri: «Su inmolación por el ideal anarquista es una denuncia más de una corriente política que se ha ido hundiendo a lo largo de los sucesos de España: ha sido bajo el mando de un gobierno con participación anarquista que la policía ha vuelto a realizar sobre el cuerpo de Berneri la hazaña de Mussolini sobre el de Matteoti»[8]

Una corriente política, el anarco-sindicalismo, que se fue hundiendo cada vez más en las aguas putrefactas de la contrarrevolución, a pesar de su “horror” a la dictadura, a todo estado y a todo gobierno. La irresponsabilidad, la incoherencia histórica del anarco-sindicalismo quedó patente en este juego trágico de balanceo en la permanente duplicidad de las “autoridades”, de la “antiautoritaria” CNT, manifestando una falta criminal de visión histórica y de clara teoría revolucionaria que pagarían con sus vidas muchos de sus militantes entregados a la causa de su clase. En Febrero del 36, la CNT, que despreciaba el electoralismo, hizo todo lo que pudo para que los trabajadores fueran a votar. En Julio del 36 la CNT-FAI avala los Comités Revolucionarios y las milicias procurando que no se desmanden y dejando hacer al Gobierno republicano. En octubre, la CNT ya tiene representantes en el Gobierno de Largo Caballero, cuyo objetivo declarado es liquidar toda resistencia obrera y obtener el respeto de las “democracias” europeas. En septiembre quedan disueltos los comités, se militarizan por la fuerza las milicias y la CNT... entra en la Generalitat. Justifican su presencia porque así “quedan garantizadas las conquistas revolucionarias”. Lo que garantizan es la puesta en orden, apoyando de hecho e incluso en mítines comunes a sus “mortales enemigos” estalinistas. Dan argumentos del tipo “el Gobierno ha dejado de ser una fuerza de opresión de la clase obrera”... “porque en él está la CNT” (Abad de Santillán). O cuando para justificar la integración en la Generalitat del Comité de Milicias y la entrada de Aragón en el “orden republicano”, García Oliver afirma que “querer llevar a cabo el comunismo libertario es imponer una dictadura anarquista”. Sorprendente lógica, criminal simplismo.

Estas explicaciones nada tienen que envidiar a los sofistas del estalinismo o la social democracia. La CNT-FAI, por su ideología apolítica y su incomprensión de la naturaleza de clase del estado que le impide ejercer todo tipo de influencia para destruirlo, fue la última defensa del capitalismo contra la clase obrera.

Así, lo que habían sido órganos de resistencia de la clase obrera contra su integración capitalista para la guerra imperialista (los Comités y las Milicias) se transformaron en órganos de encuadramiento del estado burgués en nombre del “antifascismo”. La República, con el fiel auxilio de la CNT-FAI, destrozó paso a paso la lucha del proletariado, la salvaje represión franquista remató la faena.

«La lucha de los obreros es proletaria a condición de dirigirse contra el capitalismo y su estado, sirve los intereses del enemigo si no va dirigida contra él, en todo instante, en todos los dominios, en todos los órganos proletarios que las diversas situaciones hacen surgir» (BILAN, 1.937).



La historia de la clase obrera está jalonada de derrotas. Esas derrotas han sido la dolorosa escuela por la que el proletariado ha tenido que pasar. En cierto sentido y hasta cierto punto, hoy son la condición para la victoria final. A través de ellas, la clase toma conciencia de sí misma, de su meta y del camino que lleva hacia ésta. El proletariado aprende así a corregir sus errores, a reconocer a los demagogos, a evitar los callejones sin salida, a organizarse mejor y a mejor medir la relación de fuerzas en un momento determinado. Al ser una clase sin ningún poder en la sociedad, sólo su conciencia de clase, alimentada y reforzada por su experiencia, es la mejor baza de su poder y esta experiencia se ha formado en gran parte, gracias a la asimilación de las lecciones de sus derrotas.

BILAN pudo comprobar con amargura el estado de aislamiento al que se veía reducido cada día más, aislamiento que consideraba, con razón, como la manifestación más trágica de la derrota del proletariado en un momento en el que la histeria militarista gangrenaba cada vez más el cuerpo y el cerebro de los obreros. Como cada gran acontecimiento decisivo, la guerra de España no dejaba lugar para ambigüedades. La alternativa estaba clara: o con el capitalismo y la guerra o con el proletariado contra la guerra. El aislamiento al que estaba condenado BILAN fue entonces el precio inevitable de su fidelidad a los principios del comunismo; pero también fue su mérito y su honor cuando tantos grupos comunistas de izquierda (e incluso la minoría del mismo BILAN) se dejaron coger en el criminal engranaje del enemigo de clase.

Al contrario de lo que ocurrió con BILAN, tenemos hoy la firme convicción de que, al recoger las misma posiciones de clase, no iremos “contra corriente” sino que nos encontraremos en medio de la nueva y gran oleada de la revolución comunista y que podremos contribuir a su empuje.

CORRIENTE COMUNISTA INTERNACIONAL (Junio 1.977)



[1] La primera edición de este folleto apareció en 1977 y este texto es el prólogo a la misma.

[2] El adjetivo “marcusiana” se refiere a un filósofo, Marcuse, que tuvo un éxito efímero en medios estudiantiles e intelectuales a principios de los años 60. Su principal “descubrimiento”, muy interesante para la burguesía, pero de nulo valor científico, fue que la clase obrera “se había aburguesado” y que el nuevo sujeto revolucionario estaría constituido por una coalición de mujeres feministas, estudiantes radicales, intelectuales revolucionarios etc.

[3] Este prólogo se publicó en 1977 en un momento de gran proliferación de luchas obreras. Sin embargo, actualmente aunque la lucha obrera tiene fuertes dificultades, el marco histórico no ha variado, la perspectiva es hacia grandes enfrentamientos de clase, el proletariado mundial no está derrotado.

[4] Para más detalles sobre la historia de la Izquierda Comunista Italiana ver nuestro libro “Contribución a la historia del movimiento revolucionario: La Izquierda Comunista Italiana” publicado en castellano, inglés, francés e italiano.

[5] Thaelman: dirigente del PC alemán completamente enfeudado al eestalinismo.

[6] Debemos recordar que este prólogo se escribió en 1977 cuando la gran oleada de luchas obreras de 1974-76 estaba declinando afectada por los engaños y promesas tanto del “franquismo renovado” de Suarez como de los “héroes” de la oposición “democrática” al franquismo: el PSOE y, especialmente, el PCE. En ACCION PROLETARIA números 8 a 15 hay un análisis detallado de esta época. Ver también nuestro folleto DEL FRANQUISMO A LA DEMOCRACIA: LA EXPLOTACION CAMBIA DE DISFRAZ.

[7] Notemos que fue bajo un gobierno “en tránsito a la democracia” cuando la policía asesinó a 3 obreros en la represión de la huelga masiva de Vitoria el 3 de marzo de 1976. Ver ACCION PROLETARIA nº 8.

[8] Camilo Bernieri fue un anarquista italiano que intentó en aquellos trágicos acontecimientos mantenerse fiel al proletariado. Fue asesinado por las hordas estalinistas. BILAN le rindió homenaje pese a las importantes diferencias políticas que había con él.



3 – 1936, curso a la guerra imperialista, hoy curso hacia enfrentamientos de clase decisivos

Presentamos la 2ª Edición de los textos de BILAN sobre la guerra de España de 1936. Incorporamos otros textos sobre el tema aparecidos en nuestra REVISTA INTERNACIONAL.

Con esta publicación queremos responder de forma militante a la preocupación y a la reflexión de los elementos obreros sobre esta experiencia trágica del proletariado. Al mismo tiempo queremos denunciar las falsificaciones con las que la burguesía va a conmemorar la efemérides.

Lo que ha cambiado entre entonces y ahora: la relación de fuerzas entre las clases

La primera cuestión que se plantea al tratar los acontecimientos de 1936 es comparar aquella época (los años 30, previos a la 2ª Guerra Mundial) con nuestra época, los años 80.

Los años 30 estaban marcados, como en la actualidad, por la agravación de la crisis histórica del capitalismo (depresión de 1929, escalada fulminante del paro, descomposición del aparato económico en el caso de España, etc.) planeando sobre la sociedad la amenaza de una nueva guerra imperialista mundial, al igual que actualmente[1].

Sin embargo, entonces la relación de fuerzas entre la burguesía y el proletariado se orientaba indefectiblemente hacia el aplastamiento de los obreros y su alistamiento en la carnicería imperialista de 1939-45.

Hoy, en cambio, pese a que el proletariado se mueve todavía en un terreno de luchas defensivas y estamos aún lejos de una situación revolucionaria, que se caracterizaría por una ofensiva proletaria internacional contra el poder burgués, los condiciones son completamente diferentes: la combatividad de los obreros, su defensa intransigente de sus intereses de clase, su desconfianza creciente frente a las mentiras de la burguesía, cierran la ruta de momento a la generalización de los conflictos interimperialistas, sí bien no pueden detener su constante agravación[2].

Respecto a esta comparación entre las dos épocas, los años 30 y los años 80, la burguesía, como en otras muchas cosas, nos presenta el mundo al revés. Sus medios de comunicación, sus partidos, sus sindicatos, nos presentan 1936 como una “revolución social” mientras que, inversamente, la época actual la pintan con las tintas negras de la “crisis del proletariado”, su “aburguesamiento”, “sumisión” etc.

Este poner patas arriba la realidad, Marx decía que la ideología burguesa presenta los hechos “caminando sobre la cabeza en vez de sobre los pies”, en el que insisten particularmente los partidos de izquierda y los sindicatos, tiene un fin muy preciso: desmoralizar al proletariado, empujar sus luchas al aislamiento, ahogarlo en una falta total de perspectivas.

Pero el martilleo de la burguesía sobre la “derrota y crisis del proletariado” no es sino la expresión de su miedo profundo a la potencialidad y a la dinámica que encierran las luchas actuales de nuestra clase. La comparación entre los años 30 y la época actual lo pone en evidencia.

ENTONCES, la combatividad del proletariado español, expresada en la multitud de huelgas que jalonan la etapa que va desde 1931 a 1937, no tenía eco en el resto del proletariado internacional que iba de derrota en derrota y se plegaba cada vez más al interés de cada capital nacional: aceptar sacrificio tras sacrificio hasta la inmolación suprema, el matadero de la 2ª Guerra Mundial.

HOY, las luchas del proletariado en España, que se desarrollan desde las huelgas de Asturias en 1962, se inscriben dentro de un proceso general de ascenso de las luchas obreras en todos los países, tanto en el Este como en el Oeste, tanto en las naciones industrializadas como en el llamado Tercer Mundo. Actualmente, las batallas de AHM, sector naval, la huelga contra la “reforma” de la Seguridad Social, Telefónica, Bazán etc., participan de una oleada internacional de resistencia cuya simultaneidad es la más fuerte desde 1917-23, expresándose tanto en los países europeos como en el resto del mundo: recordemos simplemente la huelga minera en Gran Bretaña, las huelgas masivas en Dinamarca, Grecia y Escandinavia, las movilizaciones de parados en Francia y Alemania ...[3]

ENTONCES, en 1936, las mistificaciones del “antifascismo”, de la defensa de la “democracia”, el elegir campo entre las fracciones opuestas de la burguesía (fascismo-antifascismo, derecha-izquierda, Franco-República ...)polarizaban de forma creciente al proletariado, profundizando su desmoralización y desmovilización e incrementando su adhesión a los planes guerreros del capital.

HOY, las mistificaciones del “antifascismo”, la “democracia”, el apoyo a Rusia, “patria del socialismo”, convencen cada vez menos a los obreros que muestran un progresivo distanciamiento de esas patrañas. Cierto es que tal alejamiento se traduce más en negativo (actitud escéptica y expectante) que en positivo, pero, con el desarrollo de las luchas obreras y la intervención activa de los revolucionarios, esa postura simplemente negativa puede acabar transformándose en una posición activa, abierta a alternativa revolucionaria masiva[4].

ENTONCES, los Gobiernos de Izquierda, sus famosos Frentes Populares, suscitaron una amplia adhesión en las filas obreras hasta el extremo de ser en muchos países (Francia, España, Bélgica ...) los encargados de convencer a los trabajadores de que aceptaran todos los sacrificios imaginables en aras del interés superior de la “lucha contra el fascismo”, vehículo para llevarlos al matadero imperialista.

HOY, la clase obrera se opone, en defensa de sus necesidades como clase, a todo Gobierno, tanto de Derechas como de Izquierdas. Hemos visto cómo en Francia, Suecia, España o Grecia, los obreros hacen frente a los despidos o a los recortes en la Seguridad Social sin dejarse engañar por el chantaje de que hacer huelga contra un gobierno de izquierdas sería “hacerle el juego a la Derecha”[5].

ENTONCES, los partidos proletarios creados con la formación de la IIIª Internacional, los partidos comunistas, culminaban un trágico proceso de degeneración oportunista integrándose definitivamente en el campo del capital y utilizaban su indiscutible pasado obrero como aval para hacer tragar a los obreros las ruedas de molino de los planes de armamento, de austeridad y de guerra.

HOY, esos partidos (PC, PS y sus acólitos izquierdistas), así como sus agencias sindicales, suscitan una sorda hostilidad y una creciente desconfianza entre los obreros. Una vez más, eso se traduce más bien de una forma pasiva y negativa, lo que es aprovechado por el Capital para inducir la idea reaccionaria y desmovilizadora de “todos son iguales” y “hay que pasar de la política”. Sin embargo, esa situación encierra el potencial, con el desarrollo de las luchas y la intervención decidida de grupos que como la CCI se sitúan en un terreno proletario, para que en las entrañas de nuestra clase se vayan forjando las bases para la constitución de su Partido Mundial de Clase, la nueva Internacional.

Lo que NO ha cambiado entre entonces y ahora: el papel antiobrero de Izquierda y Sindicatos

Sí la comparación entre las dos épocas nos muestra una clara diferencia (¿hacia donde va la sociedad? ¿hacia la guerra generalizada o hacia enfrentamientos de clase?), también nos presenta una clara coincidencia: la continuidad en la labor antiobrera de los partidos de izquierda y los sindicatos, entonces y ahora. Sus tácticas no son necesariamente las mismas, porque son diferentes las condiciones de la lucha de clases, el estado de la conciencia en los obreros, pero LO QUE NO HA VARIADO EN ABSOLUTO es su función antiobrera, su papel clave en la estrategia política de la burguesía para enfrentar a los obreros, tratar de derrotarlos y de arrastrarlos al lodazal sangriento de la guerra.

En 1931, el PSOE, que ya había mostrado su integración en el Estado capitalista con su descarada colaboración con la dictadura de Primo de Rivera (Largo Caballero era consejero de estado y la UGT ejercía de chivato en las fábricas), se alió con los partidos republicanos en un gobierno (la Conjunción Republicano-socialista) que hasta su dimisión en 1933, enfrentó las huelgas obreras y las revueltas campesinas con un furiosa represión cuyo broche de oro fue la cruel matanza de Casas Viejas donde el hoy ensalzado Azaña dictó su famoso telegrama a los guardias: “Disparen a la barriga”.

Cuando en 1982, los sindicalistas, los izquierdistas, mostraron su “alegría” por el famoso “cambio” de Felipe González, nosotros denunciamos firmemente esa algarabía y esto no lo hacíamos como simples aguafiestas o basados en análisis inmediatos, nos apoyábamos en la experiencia histórica y mundial de nuestra clase, tanto en España como en el mundo. Esta nos suministra un cúmulo de experiencias y, sobre todo, un cuadro global de análisis, que nos permite confirmar al PSOE como servidor incondicional del Capital, verdugo de los obreros, enemigo cínico e hipócrita de su lucha precisamente porque su especialidad es disfrazarse con la piel de cordero “progresista” y “a favor de los obreros”.

Esa experiencia histórica nos muestra que sí a partir de marzo de 1933 el PSOE dejó el gobierno y se radicalizó a marchas forzadas seguido por la UGT, sí Largo Caballero (el mismo que en 1925 era consejero de Primo de Rivera y que en 1931-33 fue ministro de trabajo) tuvo la desfachatez de proclamarse el “Lenin español”, fue precisamente para continuar su hoja de servicios al capital pero esta vez DESDE LA OPOSICION. En el Estado capitalista para mejor engañar a los obreros y someter al conjunto de la población no solo necesita un Gobierno, necesita aún más una oposición que se dedique a dividir, desviar y llevar a callejones sin salida, las luchas obreras. Es lo que hace hoy aquí el PCE o lo que acaba de hacer el PS francés siguiendo el ejemplo de sus compinches del PCF que dejaron el gobierno en 1984.

En efecto, estos servicios al capital desde la oposición, lo concretaron en 1933-36 la pareja formada por el PSOE y la UGT empujando a los obreros a batallas insurreccionales perdidas de antemano por su total aislamiento, que precisamente Largo Caballero y sus “revolucionarios” se encargaron de provocar. Todo esto llevó a una terrible sangría en las filas obreras cuya culminación fue Asturias 1934: el PSOE prometió a los mineros que tendrían todo el apoyo del proletariado español, pero en octubre, una vez desencadenada la insurrección en las cuencas mineras, el PSOE se opuso por todos los medios a cualquier movilización en el resto del país, a lo sumo admitió alguna huelga inofensiva. El resultado fue que las tropas de la República, mandadas por el general Franco, organizaron una espantosa matanza en Asturias y una salvaje ola represiva se extendió por toda España.

En 1936, los obreros fueron llevados en febrero a la farsa electoral con la “grandiosa” expectativa del Frente Popular, donde se compincharon  PSOE, PCE y los republicanos, con el apoyo “crítico” de CNT y POUM, hasta entonces organismos obreros pero que con ese paso empezaban a ganarse una poltrona en el campo enemigo.

El Frente Popular en España (como su contemporáneo en Francia) reemplazaba la lucha de clases contra todas las fracciones de la burguesía por una lucha exclusivamente contra las de índole fascista al servicio de las que se etiquetaban como “antifascistas”. Sustituía la lucha reivindicativa de los obreros por un ilusorio programa de reformas que jamás se cumplió. Oponía, en fin, a la única perspectiva eficaz para el proletariado y la humanidad – la Revolución Comunista Mundial- el mito demagógico y reaccionario de la “revolución democrática”.

Tan criminal es el verdugo que levanta el hacha para cortar la cabeza que el gentil abogado defensor que conduce a la víctima a la ejecución haciéndole creer que va a evitar o, incluso más, que va acabar con el verdugo. Ese fue el primer crimen del Frente Popular (luego vinieron otros): desmovilizar la proletariado, desviar su lucha de clase al terreno de la burguesía, desarmarlo políticamente para que cayera, atado de pies y manos, bajo la represión que los militares preparaban, en la más completa impunidad, desde el día siguiente del triunfo del Frente Popular y a los ojos de todos.

Cuando, por fin, el 18 de julio, los militares con Franco a la cabeza se levantaron, el Frente Popular, mostrando su verdadero rostro, trató de paralizar a los obreros, impidiendo que tomaran las armas contra la sublevación y haciendo continuos llamamientos a la “calma”. Su divisa, sellada en una famosa declaración el mismo 18 de julio, fue “EL GOBIERNO MANDA, EL FRENTE POPULAR OBEDECE”. Esta marcial proclamación tenía como objetivo inmovilizar a los obreros dejando el terreno libre para que los militares organizaran la masacre. De hecho, el Frente Popular, nombró inmediatamente un gobierno, presidido por el republicano Martínez Barrio, con la expresa intención de pactar con los militares sublevados. Allí donde los obreros se dejaron embaucar por la consigna de “EL GOBIERNO MANDA, EL FRENTE POPULAR OBEDECE” los militares pudieron campar a sus anchas fusilando o hacinando en las cárceles a todos los obreros y campesinos “rojos”. Tal fue el caso de Sevilla –feudo del PCE- donde el general Queipo de Llano con unas fuerzas muy pequeñas pudo imponer cómodamente una represión despiadada.

Sólo, como vamos a ver en los textos que siguen, el levantamiento de los obreros de Barcelona y otros centros industriales importantes, uniendo la lucha reivindicativa con la lucha política, comprometió los planes conjuntos de republicanos y nacionales haciendo fracasar el golpe militar.

Esta respuesta obrera, obligó al Frente Popular a un viraje de 180 grados. El 19 de julio, Martínez Barrio fue licenciado y se formó otro gobierno, presidido por Giral, que se mostró mucho más “intransigente” frente a los militares y se declaró “a favor de los obreros”. Este cambio táctico constituyó una hábil maniobra para convencer a los obreros de que debían abandonar el terreno clasista de la lucha contra la explotación, el cual contenía una oposición clara a la vez contra Franco y contra la República, para sustituirlo por el terreno de la defensa de la República contra Franco.

La maniobra fue un éxito gracias al apoyo entusiasta de la CNT y del POUM que con ello se integraban de forma inapelable en el campo del Capital. Estos traducían el lenguaje “moderado” del Frente Popular y el gobierno republicano a un lenguaje “radical” que llegaba mejor a unos obreros exasperados y que tenían armas arrebatadas en los cuarteles. Su “argumento” de impecable “sentido común” es que había que ganar primero al fascismo para defender a la revolución “en marcha”. La pinza entre los “moderados” del Frente Popular y los “radicales” de CNT-POUM permitió llevar a los obreros al frente de batalla, a la masacre bajo uniformes burgueses –el uno “republicano”, el otro “nacional”. Las armas que habían ganado los obreros se desviaban hacia la guerra entre banderas burguesas – la roja, amarillo y roja por un lado, la tricolor morada por otro -. La defensa de una pretendida “revolución social”, amenazada únicamente por el fascismo –por supuesto en un primer momento, luego ya se vería ...-, era el banderín de enganche que la CNT-FAI y el POUM empleaban para que los obreros aceptaran una explotación bestial en la retaguardia y el derramamiento de sangre en el frente.

Dentro del bando republicano, el PCE se colocó a la vanguardia del esfuerzo de guerra. Una de las piezas de ésta era poner orden en la retaguardia. Esto significó, sobre todo, una feroz represión de los obreros combativos. El partido de José Díaz, Pasionaria y Carrillo se mostró sin tapujos como el partido del orden atrayendo a su órbita a propietarios, policías y señoritos fascistas del territorio republicano. En la misma proporción que el PCE vaciaba las cárceles de patronos y fascistas las iba llenando de obreros combativos, de anarquistas sinceros. Enarbolando la divisa “No a las huelgas en la España democrática” se opuso con las armas en la mano a toda manifestación de resistencia contra los racionamientos, los sueldos de hambre, la inflación, la militarización de los centros de trabajo. Los obreros en lucha recibían un doble ataque: por un lado, las balas y las porras, las torturas en las checas, de la “policía del pueblo”; de otro lado, el oprobio de ser tildados de “colaboradores del fascismo”. Esta feroz batalla culminó con los sucesos de Mayo 1937 en Barcelona donde el PCE, a la cabeza de la represión republicana, desplazó tropas del frente de Aragón y de Valencia para aplastar el movimiento de los obreros que había estallado contra una situación insoportable en el territorio supuestamente “liberado” y “revolucionario”. Mostrando una vez más que República y Franco, PCE y Falange, pertenecían al mismo campo, el mando fascista detuvo momentáneamente las hostilidades en Aragón para dejar las manos libres a los verdugos republicanos contra los obreros.

Aquella hoja de servicios al Capital de los PCE, PSOE, CNT etc., ha seguido llenándose por otros medios en nuestra época.

Fueron ellos, junto con CCOO, UGT y todos los grupúsculos izquierdistas, los que desmovilizaron las luchas obreras de los años 70 agitando la superchería de la “restauración de la democracia”. Fueron ellos los que de forma entusiasta convencieron a sus compadres de la Derecha para acordar el famoso Pacto de la Moncloa (1977), el cual sirvió de plataforma para constantes y continuados ataques a las condiciones de vida obrera en los años siguientes. Fueron ellos los que firmaron, vendiéndolos como “garantía contra los despidos”, los “acuerdos sobre la siderurgia y el sector naval” en 1981, que sirvieron de base para las tremendas reconversiones del gobierno PSOE en 1983-84 en AHM, el sector naval etc. Fueron ellos los que firmaron y defendieron ante los obreros como “instrumentos contra el paro”, los AMI, ANE, AES ... etc., que han traído más despidos y peores condiciones de trabajo.

Y por si quedaba alguna duda, el Gobierno PSOE, reverdeciendo los laureles de Largo Caballero, Negrín, Prieto y compañía, ha alcanzado las más altas cumbres en la agresión contra los trabajadores: han destruido UN MILLON de puestos de trabajo con las reconversiones en la siderurgia, el sector naval, la industria electrodoméstica y tantos otros sectores. Con la “reforma” de la Seguridad Social le han pegado un serio hachazo a las pensiones y a los subsidios de paro, invalidez etc. Con sus medidas de “reforma” del mercado de trabajo han instaurado la precariedad y la inseguridad en el empleo y han puesto en marcha mecanismos que van a endurecer las condiciones de trabajo.

En materia de represión contra las luchas obreras ahí está el asesinato de obreros en huelga en Gijón y Bilbao durante las manifestaciones del sector naval. Ahí está igualmente la amenaza de penas de cárcel contra 600 jornaleros andaluces.

¡Para qué hablar de su defensa incondicional de los planes imperialistas del jefe USA!. Fueron el gobierno del “cambio” como se ha visto con el cambio de 180 grados en su postura sobre la OTAN: antes de 1982 era “OTAN de entrada no”, ahora “OTAN, nada de salir”.

Pero hoy el papel de la izquierda no está en el gobierno sino esencialmente en la oposición como se ve en muchos países de Europa. La razón es que los obreros se creen cada vez menos las mentiras de “izquierdas” que embaucaron a sus antepasados llevándolos a sacrificarse en la guerra entre capitalistas. Hoy los obreros tienden a agarrarse al terreno concreto de sus luchas, de la defensa de sus intereses, un terreno lleno de promesas. Esto es lo que obliga a la burguesía a una estrategia muy distinta de la de 1936.

Sí el PSOE está en el gobierno es por la debilidad e incapacidad de la Derecha española. Una derecha demasiado provinciana y con demasiados reflejos franquistas como lo muestra el hecho de que no pueda quitarse de encima ese fantasma del pasado que es Fraga. Esta situación obliga al PSOE a asumir el papel de verdugo descarado de los obreros correspondiendo el papel más y cínico y más dañino para estos a los PCE, UGT, CCOO: se declaran “amigos” de los obreros, se dicen “a favor” de sus luchas, para de esta forma conservar su control y poder sabotearlas y aislarlas DESDE DENTRO. Es el esquema típico de la estrategia de la burguesía: en el Gobierno, la Derecha (hoy el PSOE) golpea y la Izquierda (PCE, CCOO y UGT) atan de pies y manos a los obreros para hacerles encajar el golpe.

El PCE que en 1936-37 servía al Capital encarcelando y torturando obreros en la zona republicana, gritando insolente “No a las huelgas en la España republicana”,  hoy tiene como trabajo, junto a su sucursal CCOO, gritar una oposición radical a las medidas de despidos y aumento de la explotación, para mantener el control de las luchas obreras y encerrarlas en el aislamiento, es decir, hacerlas INUTILES e INEFICACES contra los golpes del Capital. ¡Son dos papeles distintos para una misma función anti-obrera!.

También el  “socialista” Largo Caballero que en 1925 servía al capital como consejero de Estado del dictador Primo de Rivera continuó ese servicio bajo el papel radicalmente diferente de “Lenin Español” en 1934 para llevar a los obreros a la derrota segura. También el PSOE cuando entre 1976 y 1982 se desgañitaba contra el paro y la OTAN para hacer todo lo contrario desde el momento que subió al poder[6].

Pero el justificado odio que inspiran estos enemigos encubiertos del proletariado que en el poder y en la oposición siempre sirven al capital, compinchados, abierta o secretamente, con la Derecha, la Patronal, el Ejército, la Iglesia etc., no nos debe conducir a una apoliticismo nefasto, al rechazo de toda organización política en las filas del proletariado.

Si los partidos socialistas y comunistas fueron perdidos por el proletariado no por ello este ha perdido la necesidad y la posibilidad de crear un partido político propio, una Internacional revolucionaria que agrupe a sus elementos más conscientes y combativos.

Es verdad que los partidos que forja la clase obrera tienden a degenerar y ser atrapados por los engranajes de la burguesía. Pero es verdad también y esto es lo más importante, que contra esa degeneración se levantan siempre Fracciones de Izquierda que con su lucha crean la base para la formación de nuevos partidos de la clase obrera. La Internacional Comunista surgió de las fracciones de izquierda que pelearon contra la degeneración y paso al Capital de los partidos socialistas. A su vez, las Fracciones de Izquierda Comunista llevaron una lucha frontal contra la degeneración y paso al Capital de los antiguos partidos comunistas.

Entre las Fracciones de Izquierda Comunista, BILAN, cuyos textos, junto a los de otras organizaciones de la Izquierda Comunista de la época, publicamos en el presente libro, supo resistir las trampas de la burguesía y mantenerse fiel al proletariado. LA CONSIGNA DE LA HORA ES NO TRAICIONAR. Ese fue el lema de BILAN y fiel a ese principio supo sacar las lecciones de toda la atormentada época que va desde 1914 a 1939 viendo por qué y cómo habían degenerado los partidos de la 3ª Internacional, por qué y cómo el combativo proletariado español iba a ser llevado a una masacre sangrienta que prepararía la carnicería de la 2ª Guerra Mundial.

El legado de BILAN, junto al de otros fracciones de la Izquierda Comunista, es la base que tenemos las organizaciones comunistas de hoy para intervenir activamente en las luchas obreras, orientarlas hacia una perspectiva revolucionaria y contribuir al surgimiento del partido de clase, de la nueva internacional, que necesita el proletariado.

ACCION PROLETARIA 05/06/1986

 



[1] Este texto fue escrito en 1986. El peligro de una IIIª Guerra Mundial, con el grave enfrentamiento en Afganistán y la tremenda carrera de armamentos impuesta por Reagan con lo que se llamó la “guerra de las estrellas” no se podía subestimar. Es verdad que, desde 1989 con la caída del bloque del Este, la desaparición progresiva del bloque del Oeste y las dificultades para formar nuevos bloques, hoy no existe un peligro inmediato de guerra mundial. Sin embargo, como hemos mostrado en numerosos documentos, eso no significa en manera alguna que la humanidad se haya liberado del zarpazo asesino de la guerra imperialista. Al contrario, las guerras del Golfo, Grandes Lagos, Yugoslavia y ahora Chechenia, muestran que las tendencias destructivas del capitalismo se han agravado considerablemente tomando una forma particularmente caótica. Ver en nuestra REVISTA INTERNACIONAL nº 64 “La guerra en el periodo de la descomposición”.

[2] En la actualidad, año 2000, la tendencia sigue siendo hacia los enfrentamientos de clase decisivos. Es verdad, como previmos claramente desde principios de los 90 (ver en REVISTA INTERNACIONAL nº 60 “Dificultades crecientes para el proletariado”) que la caída del falso “comunismo” de los países del Este y toda la campaña anticomunista que la burguesía organizó causaron un importante retroceso en la conciencia y de forma parcial en la combatividad del proletariado mundial. Del mismo modo, el desarrollo de la descomposición del capitalismo (ver artículo en REVISTA INTERNACIONAL nº 62) plantean dificultades adicionales a la lucha y la toma de conciencia de los obreros. Sin embargo, ni uno ni otro factor ponen en cuestión la orientación dominante de nuestra época hacia enfrentamientos de clase decisivos de cuyo desenlace dependerá la suerte de la humanidad.

[3] Es cierto, debido a lo analizado en la nota 2, que los años 90 han visto una sensible disminución del número y la fuerza de las luchas obreras en el mundo. Sin embargo, las reservas de combatividad del proletariado siguen intactas, éste no ha sufrido ninguna derrota decisiva y venimos asistiendo a un lento y difícil proceso de recuperación de su combatividad que encierra el potencial de recuperación progresiva de su conciencia. Por eso, pese al golpe sufrido y las dificultades, la perspectiva histórica sigue siendo la misma que enunciamos en los años 80.

[4] También en este plano los años 90 han aportado cambios respecto a lo que escribíamos entonces. Las mistificaciones capitalistas de la “democracia”, el sindicalismo, las “reformas sociales” de los gobiernos de izquierda, han recobrado un nuevo impulso. Ello expresa el retroceso de la conciencia en la clase. No obstante, su impacto es mucho menor que en los años 30 que constituyó la época dorada de esas mistificaciones.

[5] Desde finales de los años 90, la burguesía ha puesto por toda Europa gobiernos de izquierda. Su función no es, sin embargo, la misma que en los años 30. Entonces se planteaban la adhesión del proletariado a los planes de austeridad y guerra y a ellos canalizaban ideológicamente las luchas obrera como sucedió con las huelgas francesas de julio 1936. Hoy tienen como misión plantear los ataques a los trabajadores de la forma políticamente más hábil con el fin de ganar tiempo y retrasar todo lo posible el estallido de luchas masivas que provoca objetivamente la agravación constante de la crisis histórica del capital. Ver nuestro texto de orientación sobre los gobiernos de izquierda en REVISTA INTERNACIONAL nº 98.

[6] Las necesidades del servicio al capital nacional son las que inspiran los virajes en la política tanto de IU (montaje del PCE) como del PSOE. IU para desalojar al PSOE del gobierno no dudó en mantener una alianza apenas encubierta con el PP aunque después ha ido girando hacia posiciones más de oposición. El PSOE, una vez abandonado el poder, se ha convertido en campeón de los más desfavorecidos, en defensor de la democracia, las pensiones, los salarios etc. etc. ¡Todo lo que pisoteaba y atacaba cuando el servicio al capital le exigía estar en el gobierno!.

Capítulo I: BILAN ante los acontecimientos de España

Este Capítulo recoge los diferentes artículos publicados por BILAN sobre la situación española entre 1934 y 1938. El artículo LA LECCIÓN DE LOS ACONTECIMIENTOS DE ESPAÑA es un estudio histórico de la evolución del capitalismo español realizado no por placer académico sino con la finalidad de dar un marco donde comprender las situaciones a las que hacía frente el proletariado.

En los demás hay un seguimiento bastante pormenorizado de la evolución de la situación a partir de julio de 1936. Un artículo importante por su claridad y su apasionada defensa de los obreros masacrados por los esbirros del Frente Popular es el de PLOMO, METRALLA Y SANGRE, escrito en respuesta a la masacre de los obreros de Barcelona en mayo 1937.

También merece destacarse el artículo EL AISLAMIENTO DE NUESTRA FRACCION que expone la situación contrarrevolucionaria dominante y sus consecuencias en la vanguardia del proletariado: reducida a la más mínima expresión. Este era el duro precio a pagar para defender las posiciones de nuestra clase en una situación difícil y adversa.

1.La lección de los acontecimientos de España

La lucha de clases en el único motor de los acontecimientos actuales.

El problema que preocupa a los que se reclaman del marxismo revolucionario es el siguiente: la tragedia española ¿arroja luz al desarrollo histórico actual?, ¿se puede considerar ya como el punto central de un periodo en el cual el capitalismo mundial intenta evitar la catástrofe de una guerra entre estados, para desatar en el interior de cada país un ataque contra el proletariado bajo las formas de una lucha entre democracia y fascismo?. Para nosotros que defendemos la tesis de que el motor de las guerras, así como de las revoluciones, se encuentra en la evolución de la lucha de clases;  que se trata de dos salidas que de las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista oponen a la contradicción irresoluble que arrojan las fuerzas productivas y las relaciones mezquinas y condenadas del mecanismo económico de la sociedad actual; para nosotros que como marxistas pretendemos examinas la evolución histórica, nos interesa más su sustancia real que las formas que adopta.

Por medio de la guerra imperialista, la burguesía de todos los países pretende anonadar cualquier forma de supervivencia de la única clase que puede acabar para siempre con todos los regímenes basados en la explotación del hombre por el hombre. En 1.914 se da el caso de que la lucha de clases no había alcanzado el momento culminante –momento que se dará después de la guerra- y es únicamente a ello que el capitalismo debe la posibilidad de un sincronismo en la masacre de los proletarios. También aquí se encuentra la explicación de la apariencia de una vasta competición imperialista que revistió la guerra de 1.914 para numerosos marxistas.

La fase actual en que la burguesía ha llegado a destruir en sus fundamentos, por el empleo sistemático de la violencia fascista y de la corrupción democrática el más gigantesco de los ataques revolucionarios que el proletariado ha lanzado –el de la revolución rusa- y que, sin embargo, su victoria es puesta en duda continuamente por el estallido de las contradicciones inherentes a la sociedad capitalista, ¿por qué proclamar antimarxista la opinión que volverá a defender para la burguesía la posibilidad de localizar los conflictos imperialistas, pasando seguidamente a la masacre de los proletarios allí donde las contradicciones de clase exijan una solución inmediata?. La tragedia española nos ofrece una imagen dolorosa que debe hacernos reflexionar acerca de estas cuestiones, con una gran fuerza capaz de librarnos de los prejuicios y esquemas caducos para que el proletariado, aún frente a semejante perspectiva, tenga la posibilidad de mantener sus posiciones de clase y de continuar su lucha por la revolución comunista.

En España vivimos un momento de la guerra capitalista –la única que la historia ha puesto al desnudo- en donde, bajo la bandera de Azaña por un lado y de Franco por otro, los proletarios son arrojados a una carnicería que la burguesía necesita para los fundamentos de su régimen. El único medio que el capitalismo ha encontrado para quemar con el hierro rojo de la guerra a los obreros y campesinos pobres de la península Ibérica ha sido hacer del levantamiento obrero de Barcelona, Madrid y tantas otras localidades, la señal de una guerra entre democracia y fascismo. Para ello había que dar a los obreros la impresión de que el frente antifascista era también su frente de clase, al igual que en 1.914 se tuvo que dar a los obreros franceses la impresión de que luchaban contra el militarismo prusiano y a los obreros alemanes la de que luchaban contra el zarismo ruso.

Debemos aprender de los acontecimientos que se desarrollan ante nuestros ojos sin limitarnos al verbalismo revolucionario, teniendo ante todo el coraje de mantener –a pesar y en contra de todos, frente a la cortedad de los fanáticos, contra la corriente- las nociones fundamentales del marxismo, verificadas y confirmadas por la sangre que tan generosamente vierten los proletarios españoles por una causa que no es la suya. Si es cierto que ya vivimos la guerra capitalista, localizada en diferentes zonas donde la tensión entre las clases y la explosión de las contradicciones de la sociedad capitalista tienen más fuerza, no es menos cierto que el intervencionismo en España equivale al intervencionismo de 1.914 y que el desarrollo de los acontecimientos en los otros países no conocerá otra cosa.

En estas condiciones se comprenderá inmediatamente la importancia programática que puede adquirir la determinación de las posiciones proletarias ante los acontecimientos de España. Pero aunque el desarrollo histórico fuera repentinamente segado por la eclosión de una guerra imperialista a nivel mundial, generalizada a todos los países, no sería menos cierto que los acontecimientos de España, en lugar de haber representado un paso atrás en esta dirección, habrían sido un elemento de aceleración.

Pero también esto habrá que explicarlo, no con palabras “revolucionarias”, sino por medio de un análisis que no podrá disimular que la estabilización de la lucha en España entre dos frente militares –el del antifascismo y el del fascismo- ha permitido no solo la masacre de los obreros españoles sino la movilización de los proletarios de otros países hacia la consecución de una monstruosa hecatombe.

Sin querer basar nuestro trabajo de investigación en simples hipótesis, reivindicamos no obstante el derecho a interpretar los acontecimientos actuales según el método de análisis del marxismo. Y cuando constatamos que la repercusión mundial de los sucesos en España conducen fundamentalmente al mecanismo internacional de la lucha de clases antes que a una agravación de las contradicciones interimperialistas, no hacemos sino confirmar un postulado esencial de la doctrina marxista. Si en Francia, Bélgica y en menor medida Inglaterra, el frente del antifascismo se ha solidificado en la sangre de los obreros españoles, tanto de un lado como de otro; y si para Italia y Alemania, a pesar de la intensidad de la represión, la noción de Frente Popular se alimenta con el martirio de los trabajadores españoles; esto significa que el capitalismo internacional arriesga en la misma medida la eventual destrucción de las fuerzas de la producción y de la masa improductiva de capitales mediante el choque sangriento entre derecha e izquierda  burguesas, fascismo y antifascismo, para impedir con ellos la mínima explosión proletaria ante las explosiones de los contrastes mortales de la sociedad burguesa.

Contra la tentativa de las clases dominantes de encorsetar la lucha de clases en la camisa de fuerzas del pseudo-dilema  “antifascismo-fascismo”; contra su tentativa de hacer de cada estallido de las contradicciones entre las clases la señal de una guerra capitalista; contra su tentativa de evitar el abismo de una guerra imperialista mundial en donde zozobren simultáneamente todas sus fuerzas de dominación y de donde surgiría la ola internacional del proletariado hacia la revolución comunista, luchan hoy los núcleos marxistas que sienten en su propio seno las dificultades de la fase actual y expresan el curso accidentado y sinuoso que sigue la lucha de clases. Estos núcleos oponen hoy a los demagogos, a los renegados y a los traidores, las armas ideológicas antes de pasar mañana al asalto por las armas, como habrá que hacer sin duda cuando el proletariado haya encontrado su camino de clase, y nada nos hará retroceder en la defensa de posiciones contra las que se movilizan con rabia histérica el antifascismo y sus aliados.

Aún al margen de cualquier perspectiva internacional, los sucesos de España representan para nosotros un momento de la guerra capitalista que, en esencia, significa la destrucción de las fuerzas vivas de la clase obrera, último recurso para evitar que los antagonismos de la sociedad capitalista no encuentren su expresión en un programa de la revolución proletaria.

Nadie duda que vivimos una tragedia histórica en la Península Ibérica. Aún así, los gigantescos esfuerzos de los obreros de Barcelona y Madrid el 19 de Julio, sus ilusiones cuando creían entusiasmadamente que ofrecían su vida por la revolución proletaria, no pueden borrar ni por un instante la monstruosa confusión entre las clases, la realización de una Unión Sagrada, la transformación inmediata de la revuelta obrera en una batalla militar  entre antifascismo y fascismo, lo que en último análisis no es sino el mejor medio para ahogar  los intereses de las masas proletarias para pasar a su destrucción física.

Sin la aniquilación de los proletarios más avanzados, nunca hubiéramos vivido semejante tragedia. Nunca hubieran llegado a localizar y ahogar la batalla de España para transformarla en una guerra capitalista. Porque hay que decirlo abiertamente: en España no existían las condiciones para transformar los embates de los proletarios españoles en la señal del despertar mundial del proletariado, aún cuando existieran seguramente unos contrastes en las condiciones económicas, sociales y políticas, más profundos y exacerbados que en otros países. Incluso sin mediar análisis alguno –que realizaremos más adelante- la posibilidad que han tenido las fuerzas social-centristas de todos los países para trasformar y desnaturalizar la significación de los acontecimientos en España a un ritmo mil veces más rápido que el de las organizaciones obreras implantadas en Cataluña, por ejemplo, prueba que el capitalismo mundial no se ha equivocado en su apreciación y que ha comprendido inmediatamente que podría proceder a masacrar a los obreros de España.

No obstante de la fase actual se desprenden unas enseñanzas de inapreciable riqueza. Hay que armar a los proletarios de todos los países para las batallas, que no siendo ya meras revueltas, debe para poder triunfar tomar la vía de la revolución comunista. Ni los fusiles, ni las ametralladoras, ni los sacrificios sublimes y sangrientos de los obreros pueden reemplazar una visión histórica y programática de la situación, y dicha visión no se adquiere espontáneamente sino que es el resultado del análisis de las bases y del mecanismo mismo de la lucha de clases.

Nuestra fracción ha intentado aportar su contribución a los hechos de España, contribución de naturaleza política y dirigida hacia la defensa de las posiciones que puedan dar a los obreros españoles conciencia de la naturaleza de su lucha y de las posiciones de clase que, a nuestro entender –y en esto somos portadores de una horrible experiencia de guerra civil- hacen posible encontrar el camino de la revolución proletaria. El lector encontrará aquí el producto de nuestra intervención.

La sociedad española es capitalista.

En “BILAN” ha sido ya expuesta la idea de que la burguesía española pertenecía a las viejas burguesías de Europa, y que era completamente erróneo hablar de revolución burguesa, incluso con respecto a una estructura económica donde subsisten profundos anacronismos. Hemos defendido la tesis de que  la burguesía española, en vez de avanzar a base de un desarrollo industrial dirigiéndolo en una lucha a muerte contra el feudalismo, se desarrolló por el contrario en base a la inversión de capital en los inmensos territorios coloniales mientras se adaptaba a la estructura del feudalismo, al que intentaba acomodar a sus necesidades. La pérdida de las colonias y la revolución industrial que inauguraba la era de la revolución mundial del capitalismo, lanzaba a España a las convulsiones sociales con las que el capitalismo se veía imposibilitado a encontrar una salida, al mismo tiempo que una solución al desarrollo económico, necesitando para ello un cambio total en la configuración de la economía.

Nos limitaremos aquí a poner en evidencia los elementos de la evolución histórica que confirman plenamente nuestra apreciación, reservándonos para volver más tarde sobre el proceso de formación y evolución económica del capitalismo en España.

Con el cambio social determinado por la revolución francesa, y gracias a la guerra de la Independencia contra la dominación francesa, la burguesía intenta dotarse de una constitución liberal. La Junta Central era quien debía conducir a la Constitución de Cádiz de 1.812, en la que el elemento predominante desde el punto de vista ideológico era evidentemente la burguesía liberal. A partir de este momento aparecerá un fenómeno que una y otra vez encontraremos a lo largo de la evolución española, puesto que el desarrollo económico de la estructura de la sociedad española no contiene los fundamentos que permiten asentar las bases del estado capitalista moderno (según el modelo inglés o francés);  es a través de la violencia, del ejército, como  los liberales intentaron instaurar el régimen “del pueblo”, al igual que por medio del ejército serán aplastados tanto el propio liberalismo como los movimientos sociales que se desencadenaron en reacción a sus tentativas.

De 1.812 a la República democrática actual, España ha conocido más de cien constituciones, sin contar con la efímera República de Pí y Margall. A lo largo de este accidentado desarrolló histórico encontraremos el mismo esquema, cada vez más acentuado por la creciente intervención del proletariado. Cada paso de la burguesía para conformar su desarrollo al del capitalismo de los otros países chocará con la imposibilidad de cambiar la estructura económica y, de una manera sistemática, al liberalismo sucederá la reacción más negra, de modo que la formación y el crecimiento del proletariado ibérico discurrirá en el seno de estos antagonismos insolubles.

Desde 1.840, la aparición del movimiento obrero en Cataluña, las huelgas de los obreros del textil hicieron comprender a la burguesía la imposibilidad de una transformación pacífica de los sectores anacrónicos de su economía y la necesidad de pasar previamente a la masacre de los obreros, única condición para acceder a una transformación de su sistema sin estremecer sus propios fundamentos. Por eso a las primeras huelgas en Cataluña les sigue la masacre del General Espartero y a las diversas fases constitucionales la masacre de los obreros. España abordará la fase mundial del imperialismo en un estado de convulsiones internas en que los movimientos sociales brotan por doquier chocando con las tentativas del capitalismo por instaurar una estructura de democracia burguesa sin disponer para ello de las bases económicas indispensables. La lamentable guerra con América por el dominio de Cuba aporta por otra parte la demostración aplastante del carácter senil del capitalismo español. A partir de esa época España debe a la intervención del capitalismo mundial su propio desarrollo industrial. Inglaterra, Francia y Alemania son las que se encargan de poner en explotación las ricas minas de mercurio, plomo, cobre y minerales de hierro en España, y desde entonces se estabilizará una estructura económica que consagrará la instauración de la monarquía de Alfonso XIII, en 1.902, y que no se modificará en lo fundamental en el curso de la guerra y la posguerra.

Las zonas económicas industriales serán la textil en Cataluña, una industria mecánica que se desarrollará sobre todo durante la guerra del 14, Vizcaya con los minerales de hierro, Asturias y el Norte de León con las minas de carbón, Murcia y Jaén con las de plomo. Hecho característico: estas empresas que estaban en gran parte bajo control de capital extranjero se limitan a extraer el mineral que será transformado en Inglaterra, Francia y Alemania, no en España que permanecerá esencialmente como zona de extracción.

Por el contrario, Aragón, Valencia, Extremadura, Castilla la Nueva y Castilla la Vieja, Andalucía y Galicia quedarán como zonas principalmente agrícolas, donde junto a las tierras de baldío, no cultivable o de pasto, se yuxtaponen formas de explotación del tipo más diverso y opuesto. En Cataluña domina la pequeña y mediana propiedad. En Valencia hay empresas agrícolas dotadas de medios de explotación modernos. En Extremadura y Andalucía dominan grandes latifundios con medios de explotación ultra primitivos.

La guerra mundial ha sacudido en gran medida el edificio económico y social de España pero ha respetado los caracteres esenciales y el flujo de capitales extranjeros que durante este periodo ha determinado un alza en la industrialización, no en el sentido de la transformación de la economía, sino desarrollando determinadas zonas. Las grandes huelgas de 1.917-18, los movimientos sociales que han seguido a la guerra hasta 1.923, obligaron al capitalismo a recurrir a la dictadura de Primo de Rivera que, bajo un feroz terror militar, debía impedir que el movimiento proletario consiguiera el desmoronamiento del sistema económico burgués. Solamente a este precio la burguesía pudo dirigir los beneficios realizados durante la guerra hacia el desarrollo de la red bancaria, de los medios de comunicación y de la electrificación. Y nuevamente, el ejercito no tuvo otra función que la de sustituir la violencia militar por las deficiencias de un aparato incapaz de, simultáneamente, canalizar el movimiento proletario y permitir a la burguesía mantener y desarrollar sus beneficios de clase dominante.

El desarrollo del proletariado español no podía dejar de resentirse a causa de las contradicciones que acompañaban el desarrollo de la burguesía.

Pero si la burguesía llegaba, a través del ejército, a recomponer las partes desperdigadas de su economía y a mantener una centralización de las regiones  más opuestas desde el punto de vista de su desarrollo, el proletariado por el contrario, bajo el impulso de las contradicciones de clase tendía a localizarse en sectores en los que dichas contradicciones se expresaban violentamente. El proletariado de Cataluña fue arrojado a la arena social, no en función de una modificación del conjunto social de la economía española, sino en función del desarrollo de Cataluña. El mismo fenómeno se verificó para las otras regiones comprendiendo a las regiones agrarias.

Aquí se encuentra, a nuestro entender, la explicación del triunfo de la ideología anarquista en todas las regiones de la periferia ya que sólo ella correspondería a ese federalismo de la lucha de clases[1], a la imposibilidad de armonizar los esfuerzos del proletariado para llegar así a la constitución de un partido de clase. Sólo en Madrid fue donde el  marxismo pudo instalarse, aunque forzosamente de modo artificial ya que, en lugar de expresar un proceso económico en alza por la concentración industrial y la aparición de un proletariado unido, expresaba la centralización bastarda que la burguesía intentó efectuar alrededor de Madrid entre sectores opuestos de su economía. La falta de un Partido Socialista poderoso antes de la guerra en España y la imposibilidad de extender las bases de un partido comunista después de la revolución rusa, a pesar de los grandes movimientos sociales de los obreros de la península Ibérica, afectaron en su raíz el desarrollo de la lucha de clases en España, las condiciones de la formación del proletariado y las condiciones históricas particulares en que se desarrolló la burguesía.

Puesto que los obreros reaccionaban siempre bajo el motor de los antagonismos de clase sin llegar nunca a coordinar sus esfuerzos para llegar a una visión unitaria de su finalidad, no debe asombrarnos que sea en las organizaciones sindicales, basadas en la ideología federativa de los anarquistas, donde el movimiento obrero toma amplitud. No obstante esto prueba también que los movimientos sociales en España no han tenido la fuerza suficiente para sobrepasar el estado de revuelta y alcanzar el estado de la revolución y que, abandonado a su suerte, el proletariado español no puede llegar a crear los cimientos que, no brotando del mecanismo de la lucha de clases, sean tan violentos que puedan convertirse en erupciones sociales.

No son los fusiles de los proletarios los que permiten remontar los obstáculos reales para la configuración de un partido de clase, de la misma forma que la burguesía no puede llegar nunca a solucionar los antagonismos insolubles de su mecanismo económico y la imposibilidad de alcanzar el centralismo armonioso de su economía, mediante la violencia y la centralización por la fuerza militar. El proletariado español debe recibir ayuda de los proletarios más avanzados que, sin haber vivido todas las explosiones sociales que aquel ha vivido a los largo de un siglo, han podido no obstante tener unas condiciones más favorables de la lucha de clases y adquirir una visión programática de los instrumentos y de las posiciones que pueden conducir al proletariado mundial hacia su emancipación.

La victoria del Frente Popular y los acontecimientos de Julio.

El advenimiento de la República en 1.931 no modificó en nada la estructura de la sociedad española, si no es porque obligó a la burguesía a adaptar la estructura política al desarrollo económico verificado desde 1.923. La crisis económica mundial del capitalismo conducía a la burguesía española a unas convulsiones que su nueva estructura “democrática” fue incapaz de contener en su seno, debido al doble enfrentamiento de contradicciones inherentes a sus bases caducas y de las contradicciones propias de un sistema nuevo, que desde el punto de vista mundial estaba llegando al término de su papel histórico.

Es por esto que el advenimiento de la “República de los trabajadores” iba a abrir de hecho una época gigantesca de masacres de obreros: única solución que el capitalismo pudo encontrar para limar las contradicciones de su régimen. Las funciones del ejército y de la Guardia Civil no se alteraron durante esa fase “democrática”, ya que el capitalismo no podía trastocar la estructura económica, resultado de una evolución histórica particular, y no podía tampoco transformar los instrumentos indispensables para ahogar los enfrentamientos sociales que brotaban de esta situación. Por esta razón, de la misma forma que los proyectos agrarios quedaban en letra muerta, la reforma del ejército no podía ser más que una comedia. Porque, tanto el problema de la tierra como el del ejército, no se relacionaban con el carácter inacabado de la revolución burguesa, sino con la incapacidad orgánica de la burguesía española de imitar los trazos de otras burguesías que habían tomado el poder después de que el feudalismo hubiera sufrido una profunda transformación en el plano económico y social.

En efecto, la burguesía española se encontró con la posibilidad de invertir capital en enormes territorios coloniales sin efectuar un cambio industrial en su economía, y cuando perdió sus colonias se encontró con la imposibilidad de modificar su estructura, ya que el problema de la tierra por ejemplo, lejos de ser un problema de reparto, constituía un problema de roturación e industrialización agrícola, lo que implicaba una inversión de grandes capitales poco rentables en comparación con el beneficio que se obtenía de la explotación de las minas. Tan sólo el 50% de las tierras estaban cultivadas y, aún así, hay que tener en cuenta que el porcentaje de tierras fértiles era muy bajo ya que en todos los sitios existía el problema de la irrigación y el de los abonos.

El problema del ejército proviene de su intervención en el sistema económico para mantener a cualquier precio la cohesión que el centralismo de Madrid, fuertemente burocratizado, no puede asegurar. Los movimientos separatistas, lejos de ser instrumentos de l a revolución burguesa, son en este caso expresiones de las contradicciones irresolubles e inherentes a la estructura de la sociedad capitalista española, que realizó la industrialización en toda su periferia mientas que las mesetas centrales quedaban en un estado de estancamiento económico. El separatismo catalán, como cualquier otro, en lugar de tender a una independencia total, queda atrapado en la estructura de la sociedad española, haciendo que las formas extremas en que se manifiesta vayan en función de las necesidades de canalizar el movimiento proletario.

Esta claro que, en lo esencial, nada podía modificar la República de 1.931, que tenía ante todo como fin permitir al capitalismo realizar la máxima resistencia frente al asalto de las fuerzas de la producción y al estallido de sus contradicciones particulares.

Los rasgos fundamentales de esta época nos parece que son los siguientes: a través de la Izquierda burguesa y con el apoyo de la UGT, la burguesía se opone a las huelgas y aplasta el asalto del proletariado y de los campesinos conjugando la maniobra democrática con una represión sangrienta, cuyo nuevo instrumento será la Guardia de Asalto constituida por la República. La victoria de las Derechas en 1.933 coronará dicha práctica y, puesto que la perspectiva mundial del sistema capitalista no suministrará ya ningún periodo de calma a la burguesía española, la práctica de la represión en los enfrentamientos sociales irá creciendo a lo largo de 1.934, en que vemos a las derechas con Lerroux y Gil Robles pasar a la ofensiva, mientras que las izquierdas intentan paralizar a los trabajadores y velan para que el estallido de los antagonismo sociales, que surgen con renovada fuerza en una o otra región, no pueda romper el marco de la dominación burguesa.

De la misma forma con que a la burguesía le fue posible amordazar al movimiento popular en 1.931 con la proclamación de la República, podrá nuevamente controlar la batalla de Asturias gracias a la modificación del gabinete Lerroux, y las repercusiones de esta batalla con la exacerbación de los enfrentamientos sociales por medio de las elecciones de Febrero de 1.936.

La violencia de estos acontecimientos no debe inducirnos a error en la valoración de su naturaleza. Todos provienen de la lucha a muerte entablada por el proletariado contra la burguesía, pero prueban también la imposibilidad de reemplazar solo por la violencia –que es un instrumento de lucha y no un programa de lucha- una visión histórica que el mecanismo de la lucha de clases no tiene capacidad para fecundar. Puesto que los movimientos sociales no tienen la fuerza de fecundar una visión finalista de los objetivos proletarios, y puesto que no confluyen con una intervención comunista orientada en esta dirección, aquel caerá finalmente dentro de la órbita del desarrollo capitalista, arrastrando en su quiebra a las fuerzas sociales y políticas que hasta entonces representaban de una manera clásica las escaramuzas de clase de los obreros: los anarquistas.

Cuando llega el momento de Febrero de 1.936, todas las fuerzas actuantes en el seno del proletariado se encontraban en un solo frente: la necesidad de alcanzar la victoria del Frente Popular para desembarazarse del dominio de las derechas y obtener la amnistía. Desde la Social-democracia al Centrismo, hasta la CNT y el POUM, sin olvidar a todos los partidos de izquierda republicana, se estaba de acuerdo en orientar el estallido de las contradicciones de clase hacia la arena parlamentaria. Y aquí se encontraba inscrita con letras flamantes la incapacidad de los anarquistas y del POUM, así como la función real de todas las fuerzas democráticas del capitalismo. El Gobierno de Azaña, en primer lugar, y después el de Casares Quiroga se vieron llevados inmediatamente a atacar a un proletariado que tanto en el campo como en las ciudades intentaba imponer sus reivindicaciones de clase. Nos encontramos pues ante un periodo de confusión sin parangón. La debilidad económica del capitalismo no le permite maniobrar ampliamente en lo que se refiere a dar concesiones a los obreros. Por otra parte, a pesar de las reformas agrarias escritas sobre el papel, no se puede cambiar tampoco su economía campesina. Se hace pues necesario pasar a la represión violenta de los movimientos campesinos (Yestes), precipitar la contrarrevolución de los centristas, inducir a la UGT a romper violentamente las huelgas, cercar a la CNT e inducirla a compromisos vergonzosos. Objetivamente la burguesía pronto se da cuenta de la imposibilidad de alcanzar verdaderos resultados sin un ataque frontal y violento contra los obreros, y el Frente popular velará por desintegrar el movimiento de las masas, dejando prepararse al movimiento de militares que cuidarán a su vez de unirse a la reacción social, fecundada por la represión del Frente Popular.

Desde Febrero de 1.936 a Julio, el desarrollo de las batallas entre las clases seguirá esta trayectoria.

En su Congreso de Zaragoza, en Mayo de 1.936, la CNT propondrá una alianza sindical con la UGT, alianza que ésta rechazará para seguir con la línea de desintegración directa de los movimientos huelguistas. A raíz de la huelga de pescadores en Málaga surgirán disputas violentas entre la UGT y la CNT, que permitirán al Gobierno del Frente Popular lanzar su represión sobre esta última. En Barcelona, serán los centristas los que intervendrán directamente para romper la huelga de camareros. En Madrid, en Junio, se desencadenará la gran huelga de la construcción en donde intervendrán la UGT y la CNT, que pedirán como reivindicaciones esenciales la semana de 36 horas y un salario de 16 pesetas. Aquí el hecho curioso será el referéndum de la UGT en plena huelga para decidir la entrada al trabajo (referéndum del que la CNT se desinteresará) que concluyó con la vuelta al trabajo de los miembros de la UGT. Esta huelga continuará hasta el 19 de Julio solo con los miembros de CNT, que a pesar de la aceptación del estado de cosas por su organización, ocupará violentamente las obras. También aquí surgieron violentos incidentes entre la UGT y la CNT, lo que permitió a la policía cerrar los locales de la CNT y detener a varios de sus militantes hasta el 19 de Julio.

Es en esta situación de efervescencia proletaria en las ciudades, cuando las fuerzas del Frente Popular se empeñan en desintegrar las luchas obreras y reprimirlas violentamente, cuando la CNT se esfuerza desesperadamente sin poder dar una dirección a las luchas reivindicativas, y cuando se desencadenará el movimiento de Franco en Marruecos.

Los acontecimientos del 19 de julio.

Nos importa ante todo poner claramente a la luz algunos elementos del hecho en sí. Cuando el movimiento del 19 de Julio en Marruecos fue conocido en Madrid y Barcelona, la primera preocupación del capitalismo fue escuchar las reacciones del proletariado para orientarse en una u otra dirección.

Ante todo, como ya apuntábamos en el penúltimo número de “BILAN”, el Gobierno de Casares Quiroga fue sustituido por el de Martínez Barrio, con el fin de intentar completar la conversión pacífica de la izquierda a la derecha.

Pero ante la amplitud del levantamiento obrero en Cataluña y Madrid, dicha tentativa fracasa lamentablemente y Giral accede al poder mientras Martínez Barrio parte hacia Valencia donde intentará, en nombre del Gobierno, legalizar la revuelta obrera.

El desarrollo de los acontecimientos a partir del 17 de Julio confirma nuestra apreciación: el 17 de Julio el sindicato del Transportes Marítimos de Barcelona se había apoderado de las armas halladas en los buques “Manuel Arnús”, “Argentina”, “Uruguay” y “Marques de Comillas” (150 fusiles y municiones), y las había transportado a su local. El 18, vísperas del levantamiento militar, la policía se lleva una parte de las armas.

Cuando después del 17, los jefes de los diversos partidos obreros fueron a pedir armas a Companys, ya que era públicamente notorio que los militares saldrían a la calle el domingo al amanecer, el presidente de la Generalitat les tranquilizó explicando que la Guardia Civil y la Guardia de Asalto bastarían y que, en todo caso, si aquellos no retrocedieran los obreros no tendrían más que coger los fusiles de los muertos para intervenir. Según Companys lo mejor que podían hacer los obreros el sábado por la tarde y el domingo era quedarse en casa y esperar a que acabara la batalla.

Pero la efervescencia del proletariado se encontraba en pleno auge. El domingo por la mañana el proletariado, dotado con toda suerte de medios y en su mayoría sin armas, está en las calles. A las 5 se desata la batalla. Rodeados por los obreros, la Guardia de Asalto y una parte de la Guardia Civil deban marchar contra los militares. De inmediato, el coraje y el heroísmo de los obreros, de entre los que particularmente se distinguen los militantes de la CNT y de la FAI, demuestran la razón de los puntos de vista esenciales de la sublevación, ya que en todas partes los soldados fraternizan con los proletarios, como ocurre en el cuartel de Tarragona. Esa misma tarde los militares son derrotados y el General Goded capitula. A partir de ese momento el proletariado se va armando cada vez más.

En cuanto a la Generalitat, se oculta miedosa ante el arrojo de los obreros pero, sin embargo, no teme que aquellos que le habían pedido las armas, ahora que los obreros las han cogido por la fuerza, las vuelvan contra ella.

El lunes día 20, la CNT y también la UGT, lanzaron la consigna de huelga general en toda España. No obstante los obreros se encuentra ya en la calle por doquier. Cogen las armas y plantean, al mismo tiempo, sus reivindicaciones de clase. El antiguo desacuerdo entre la CNT y la UGT, en cuanto a la semana de 36 ó 40 horas; el problema de los salarios, todo esto va surgiendo en el transcurso de la lucha ya que los obreros empiezan a ocupar numerosas empresas. El mismo día 20 aparecen y se constituyen las milicias que limpian Barcelona. El día 21 se publica un decreto de la Generalitat afirmando: “Primero: se han creado milicias ciudadanas para la defensa de la República y la lucha contra el fascismo y la reacción”.

El Comité Central de las milicias incluirá un delegado del Consejo de la Gobernación, un delegado del Comisario General de Orden Público y la representación de todas las fuerzas obreras o políticas que se encuentren luchando contra el fascismo.

Es así como la Generalitat intenta, desde el día 21, no solo imprimir su sello en las iniciativas de los obreros armados, sino encorsetarlas en el cuadro de la legalidad burguesa.

El día 24 sigue la huelga general y el POUM (Partido de Unificación Marxista) propone continuarla hasta que el fascismo sea completamente aplastado. Pero la CNT, que controla Barcelona lanza ese mismo día la consigna de vuelta al trabajo en las industrias de alimentación y servicios públicos. El POUM publica el aviso sin criticarlo. Sin embargo se continúa hablando de reivindicaciones de clase. Los obreros expropian la Compañía de Tranvías, el Metro, y todos los medios de transporte incluido el ferrocarril.

También aquí la Generalitat interviene y legaliza la situación tomando la expropiación por su cuenta. Más tarde tomará la delantera en algunas empresas y las expropiará antes que los obreros.

El mismo día, el Front d’Esquerres, que agrupa a los partidos burgueses de izquierda, recibe una carta del POUM en la que acepta la invitación de Comapnys a colaborar con todos los partidos contra el fascismo pero rehusa, previa deliberación con su C.E, colaborar en un Gobierno de Frente Popular.

Parece pues que a partir del día 24, bajo la presión de la Generalitat, la mayor parte de las organizaciones obreras intentan frenar el movimiento reivindicativo. Los Socialistas de Barcelona están en contra de la prolongación de la huelga, la CNT ha dado la orden de vuelta al trabajo, el POUM se esfuerza por mantener su programa reivindicativo pero no dice nada sobre si aprueba o no la vuelta al trabajo.

A partir del día 24 se organiza la partida de columnas de milicianos hacia Zaragoza. Es necesario que los obreros partan con la sensación de haber obtenido alguna satisfacción en lo concerniente a sus reivindicaciones. La Generalitat lanza un decreto: los días de huelga serán retribuidos. No obstante, en la mayoría de las fábricas los obreros han obtenido ya, armas en mano, satisfacciones particulares. Puesto que gracias a los partidos y organizaciones sindicales que se reclaman del proletariado la burguesía ha conseguido parar la huelga general, y que en las empresas ocupadas por los obreros la llamada jornada de 36 horas se ha sustituido ipso facto, el 26 de Julio la Generalitat promulga un decreto instaurando la semana de 40 horas con un aumento de salarios del 15%.

Así mientras la Generalitat se esfuerza en controlar el estallido de las contradicciones sociales, llegamos al 28 de Julio que marca ya un cambio importante en la situación. El POUM, que controla a través de la POUS el “sindicato mercantil”[2] y algunas pequeñas empresas, lanza la orden de continuación del trabajo a los obreros que no están en las milicias. Es necesario crear la mística de la marcha sobre Zaragoza. ¡Tomemos Zaragoza!, se dirá a los obreros, después ya arreglaremos las cuentas a la Generalitat y a Madrid.

El POUM expresará claramente con esta consigna de ingreso, el cambio de la situación y el acierto de la maniobra burguesa encaminada a terminar con la huelga general, lanzando después decretos para evitar las reacciones de los obreros y colocando por fin a los proletarios fuera de las ciudades, encaminados hacía el cerco de Zaragoza.

Pero en Zaragoza continúa la huelga general con sus fases de retroceso y aceleración, y no será hasta más tarde cuando los obreros cederán ante el ultimátum de Cabanellas de elegir entre volver al trabajo o la masacre total.

A partir de entonces su temor no se centrará en un rebrote de las batallas huelguísticas sino en la victoria de las fuerzas gubernamentales, y Cabanellas podrá organizar su feroz y sanguinaria represión.

“La Batalla”, órgano del POUM, en su edición del 29 de Agosto destaca que los obreros de Zaragoza hayan mantenido la huelga general durante 15 días. He aquí lo que dice este periódico: “El domingo por la mañana, el 19 de Julio (cuando los militares salieron a la calle) los obreros organizaron inmediatamente la resistencia y la lucha duró numerosos días. La huelga fue absolutamente general hasta 15 días más tarde, y los tiros en las barricadas obreras duraron mucho más tiempo”. Siempre había “algunos héroes irreductibles que preferían perder la vida que aceptar la dominación fascista”.

A partir del 28 de Julio cambia el aspecto del movimiento en Cataluña. Se continúa expropiando a las empresas, nombrando consejos obreros, pero ya todo este se hace de acuerdo con los delegados de la Generalitat que, evidentemente, no manifiestan ninguna resistencia a los obreros armados pero que saben que, por necesidades de la guerra en la que se enrola al grueso del proletariado, obtendrán lo que quieren.

Se perfilan ya los contornos precisos del ataque del capitalismo español. En las regiones agrícolas en las que no existe un proletariado fuerte, el problema agrario se resolverá por el aplastamiento feroz y sanguinario de Franco, que en lo que a esto respecta no tendrá nada que envidiar a Mussolini o Hitler. En los centros industriales, sobre todo en Cataluña, donde no existe el problema agrario, se hace preciso enfrentar al proletariado de perfil, lanzarlo a un ghetto casi militar, debilitar su frente interior, para así poco a poco llegar a aniquilarlo. En Madrid será el Frente Popular quien se encargará de esto. En Cataluña, la Generalitat llegará en el terreno de la gestión económica y de la dirección política, a cambio de concesiones formales y nos sustanciales, a enfeudarse a la CNT y al POUM, partido oportunista del Buró de Londres en el que hoy uno de sus jefes, el extrotsquista Nin es Ministro de Justicia.

En Madrid después del 19 de Julio la huelga general no será sino la prolongación de la gran huelga de la construcción, que duraba desde Junio, y no terminará hasta algunos días después de que acabara en Cataluña.

Mientras que en Barcelona han sido aplastados ya los militares, en Madrid los obreros salen a la calle únicamente el lunes. El Gobierno de Martínez Barrio ha durado algunas horas, y Giral que le sucede promete todo lo que le piden excepto las armas que le reclaman las organizaciones obreras. Sin armas los proletarios madrileños se dirigen el lunes hacia el Cuartel de la Montaña y lo asaltan. A partir de entonces los cuarteles de Madrid se ponen de acuerdo y se lleva a cabo una breve lucha en los alrededores de Madrid, desde donde los militares querían marchar sobre la ciudad. El martes los obreros que están en huelga general buscan a sus enemigos y, puesto que todo el mundo desde la CNT a los Socialistas han proclamado que el Gobierno del Frente Popular es un aliado, el brazo vengador del proletariado armado, los trabajadores se dispersan en la provincia de Madrid y encuentran a los militares en el Guadarrama y después de una lucha sangrienta y confusa de una y otra parte, aquellos se retiran a sus posiciones mientras que el grueso de los obreros volverán a Madrid en donde en ese momento será lanzada la consigna de acabar tanto con la huelga como con la organización de las columnas.

Tanto en Barcelona como en el resto de España los obreros, que desde Febrero de 1.936 habían sido inducidos a considerar al Frente Popular como un aliado seguro, cuando se lanzaron a la calle el 19 de Julio no pudieron dirigir sus armas en la dirección que les hubiera permitido acabar con el Estado capitalista y eliminar a Franco. Dejaron a los Giral en Madrid y  los Companys en Barcelona a la cabeza del aparato del Estado, concentrándose en quemar iglesias, “limpiar” instituciones capitalistas como la Dirección General de Seguridad, policía, Guardia Civil y Guardia de Asalto. Los obreros expropiaron en Cataluña las armas fundamentales de la producción con el mismo funcionamiento capitalista que antes.

De todos modos estos elementos serán examinados ulteriormente de forma minuciosa sobre una base documentada.

Del 19 al 28 de Julio la situación hubiera permitido a los obreros armados, al menos en Barcelona, tomar íntegramente el poder, aunque ciertamente de forma confusa pero que habría representado sin embargo una experiencia histórica formidable. La marcha hacía Zaragoza salvó a la burguesía. “La Batalla” órgano del autodeterminado partido “marxista” proclamaba que alrededor de Zaragoza se encontraba la atención mundial revolucionaria. Pero ya a partir del 27 de Julio la burguesía bate el terreno prudentemente. En Figueras, militantes de la CNT son desarmados por Guardias Civiles y milicianos del Frente Popular después de vencer a los fascistas. La CNT publica entonces un llamamiento a las masas en que recomienda emprenderla a tiros contra los que intentes desarmarlos. La Generalitat está dividida pero se las arregla por otros medios.

El 2 de Agosto, la Generalitat, tras una nueva tentativa de legalizar organizadamente la situación, decide hacer un llamamiento a unificar bajo un mando único las diversas clases de armas. Los soldados no quieren ir a otro sitio que no sean las milicias. La CNT toma partido inmediatamente: “Milicianos ¡Si!, Soldados ¡No!”. El POUM pide la disolución, no la eliminación, del ejército.

Por otra parte la composición del CC de las Milicias Antifascistas será el siguiente: 3 delegados de la CNT, 3 delegados de la UGT, 1 delegado de Izquierda Republicana, 2 Socialistas Unificados, 1 de la Lliga dels Rabassaires (pequeños campesinos bajo la influencia de la izquierda catalana), 1 delegado de la coalición de partidos republicanos, 1 del POUM y 4 representantes de la Generalitat (el Consejero de Defensa, Coronel Sandino, el Comisario General de Orden Publico, Gobernador de Barcelona y dos delegados de la Generalitat sin cargo fijo).

Desde el punto de vista de la evolución política al proletariado de Madrid se le coloca rápidamente sobre una plataforma abiertamente burguesa, mientras que en Barcelona serán necesarias algunas semanas de guerra y maniobras para llegar a esto.

En Madrid La Pasionaria declara, desde el 30 de Julio, que se trata de defender la revolución burguesa y acabar de completarla. El 1 de Agosto, la policía permanecerá activa en Madrid y “Mundo Obrero”, ante la tentativa de Giral de extender la orden de arresto a las milicias, hablará de la “confusión” que es preciso disipar convenciendo al Frente Popular de la ordenación de las milicias.

El 3 de Agosto “Mundo Obrero” proclama que defiende la propiedad privada de los amigos de la República, y añadirá: “¡No a las huelgas en la España democrática!, ¡Ningún obrero ocioso en la retaguardia!”. Todo su programa se resume en: “primero acabar con el fascismo y después de haber acabado con él, la izquierda republicana habrá aprendido la lección y la situación anterior al 19 de Julio no volverá a repetirse”.

El 8 de Agosto, Jesús Hernández aplaudía en un discurso de gran resonancia la lucha de los obreros por la República democrática burguesa y sólo por ella, y el 18 de Agosto los centristas podían decir que la lucha en España se ha convertido en una guerra nacional, en una guerra por la independencia de España. Para éstos será necesario crear un nuevo ejército del pueblo con los viejos oficiales y las milicias, y a partir de aquí se convertirán en partidarios de una severa disciplina.

Desde la constitución del gabinete Giral, los Largo Caballero y los Prieto pedirán la constitución de una comisión del Frente Popular adjunta al Ministerio de la Guerra, en donde ellos mismos participarán. De este modo serán Ministros “oficiosos”.

Mientras tanto en Barcelona, una vez se entra en la nueva fase de guerra para tomar Zaragoza, condición primordial para “resolver” (¿?) el problema social, la “Solidaridad Obrera” saludará desde el 1 de Agosto la nueva era y el comienzo de la fase tendente hacia el comunismo libertario.

Cuando se produce la constitución del Gobierno de Casanovas (después de la salida del Gobierno de los delegados del PSUC) la CNT, aunque afirmando que dicho Gobierno no concretaba en la realidad que los obreros habían conquistado, le concede sin embargo su total apoyo.

Durante la primera semana de Agosto la CNT movilizará a las armas en torno a la partida hacia el Frente de Aragón, insistiendo en que no se trata de un ejército regular sino de batallones de milicianos voluntarios en donde cada oficial del antiguo ejército debía ser vigilado por un miliciano. En resumidas cuentas, la CNT pone en evidencia una noción totalmente desconocida hasta entonces por los anarquistas: la disciplina militar.

Pero la CNT está abocada de esta forma a la necesidad de controlar las iniciativas de los obreros en el terreno económico con el fin de mantenerlos dentro de una línea que obtenga mayores rendimientos para la guerra.

El 14 de Agosto la “Solidaridad Obrera” escribirá abiertamente que también en el terreno económico existen relaciones de guerra.

Pero este aspecto del problema lo examinaremos separadamente cuando analicemos las relaciones económicas de los nuevos órganos surgidos en el terreno social y político en Cataluña.

Nos falta todavía señalar la posición del POUM que, lejos de ser un partido evolucionado hacia posiciones revolucionarias, representa una amalgama de tendencias oportunistas (socialista de izquierda, comunistas de extrema derecha, trotskistas) que es un obstáculo más para la clarificación revolucionaria.

El esquema según el cual intervino el POUM en los acontecimientos fue más o menos este: los bolcheviques lucharon primeramente contra el zarismo, después contra la burguesía y sus agentes mencheviques. Sin el ejército rojo no se hubiera podido vencer a los enemigos, tanto exteriores como interiores, (“La Batalla”, 4 de Agosto)... Así pues, el POUM luchará primeramente contra el fascismo y después contra la burguesía olvidando que Lenin, en contra de Stalin y Kamenev, llevó en Abril de 1.917 un programa de lucha contra todas las formas de dominación de la burguesía. ¡Como si no fuera posible luchar contra el fascismo sin llevar a delante una lucha contra el conjunto del sistema capitalista!.

Las nuevas instituciones y su significado.

Ante todo queríamos poner en evidencia el elemento central sobre el cual los acontecimientos proyectan su luz. En el momento en que el ataque capitalista se desencadena con el levantamiento de Franco, ni el POUM ni la CNT sueñan con llamar a los obreros a ocupar la calle, sino que organizan delegaciones alrededor de Companys para obtener armas. El 19 de Julio, los obreros salen espontáneamente a la calle, y cuando la CNT y la UGT lanzan la consigna de huelga general no hacen más que consagrar una situación de hecho.

Puesto que los Companys y Giral son considerados de inmediato como aliados del proletariado, como personas que debían facilitar las llaves para abrir las puertas de los depósitos de armas, es natural que, cuando los obreros tomaron las armas después de haber aplastado a los militares, nadie soñó ni por un instante en plantear el problema de la destrucción del Estado que, con Comanys a su cabeza, quedó intacto. Se trató entonces de acreditar la utopía que afirma que es posible hacer la revolución expropiando a las empresas y tomando las tierras sin mover el aparato del Estado capitalista ni su sistema bancario.

La constitución de un Comité Central de las milicias debía dar la impresión del inicio de una fase de poder proletario y la constitución del Consejo Central de Economía la ilusión de que se entraba en una fase de gestión de una economía proletaria.

Sin embargo, lejos de ser organismo de dualidad de poder, se trataba de organismos con una naturaleza y función capitalista ya que, en lugar de constituirse sobre la base del impulso del proletariado buscando formas de unidad de la lucha para plantearse el problema del poder, fueron desde su comienzo órganos de colaboración con el Estado capitalista.

El CC de las Milicias de Barcelona será por otra parte un conglomerado de partidos obreros y burgueses, y de sindicatos, y no un organismo del tipo de los Soviets que surge de un planteamiento de clase, espontáneamente y en donde se puede verificar la evolución de la conciencia de los obreros. Este organismo se unirá a la Generalitat para luego desaparecer por simple decreto cuando se constituya, en Octubre, el nuevo Gobierno de Cataluña.

El CC de Milicias representará el arma inspirada por el capitalismo para arrastrar a los proletarios, por medio de la organización de las milicias, fuera de las ciudades y de sus lugares hacia los frentes territoriales donde fueron despiadadamente masacrados. Representará también el órgano que restablece el orden en Cataluña, no con los obreros que han sido dispersados en los frentes sino contra ellos. Es cierto que el ejército regular fue prácticamente disuelto, pero será reconstituido gradualmente con las columnas de milicianos donde el Estado Mayor se conserva netamente burgués con los Sandino, los Villalba y consortes. Las columnas fueron voluntarias y pudieron conservarse así hasta el momento en que desapareció la embriaguez y la ilusión de la revolución y reapareció la realidad capitalista. Entonces se caminará a grandes pasos hacia el restablecimiento oficial del ejército regular y el servicio obligatorio.

Lejos de ser un embrión del Ejército Rojo, las columnas se constituyeron en un territorio y una dirección no pertenecientes al proletariado. Para que esto no hubiera sucedido hubiera hecho falta tomar el poder destruyendo el estado capitalista, o por lo menos que los obreros volvieran sus armas contra el Estado. Y las columnas de milicianos no se constituyeron en esa dirección, en cambio se trataba de marchar sobre Zaragoza y Huesca por lo que respeta a Cataluña, y hacia Toledo y el Guadarrama en cuanto a Madrid. Los obreros armados fueron arrojados al antifascismo y no ha una  lucha contra el conjunto de las formas del capitalismo. En estas condiciones todas las formas democráticas que en un primer momento se manifestaron en el seno las columnas no tuvieron más que una importancia insignificante. Lo que importaba era la dirección seguida por las milicias y esta era, francamente, la del Frente Popular: la lucha antifascista respetando los órganos de dominación capitalista, y aún reforzándolos, por medio del apoyo que le dieron los anarquistas y el POUM participando en los ministerios.

En Madrid las milicias estarán prácticamente bajo el control del Departamento de Guerra de Largo Caballero, que suministrará los grados a las diferentes organizaciones, pasando después a la formación de las columnas.

En definitiva, así como el grueso del ejército regular pasó a Franco, el Frente Popular y sus aliados intentó trasladar a los obreros, por medio de la organización de las milicias, del territorio social al terreno de la formación de un nuevo ejército regular, esto explica porqué los obreros a pesar de su valor fueron aplastados. En el terreno militar Franco obra con certeza, mientras que los Companys, Largo Caballero y compañía desplegaron una estrategia más social que militar, consistiendo en favorecer la masacre de los obreros que por su incorporación al nuevo ejército no tuvieron la fuerza de reencontrar el camino mediante el cual vencieron a los militares en Barcelona y en Madrid el 19 de Julio.

Pasemos ahora al examen de los otros instrumentos de la dominación capitalista. La Guardia Civil  célebre por las masacres de obreros en la época de la Monarquía, fue transformada en Guardia Nacional Republicana. Cierto que en Barcelona la CNT procedió a una limpieza de ésta ultima, pero la institución quedó en pie embellecida por la entrada de militantes anarquistas en su seno.

En Madrid la Guardia Civil quedó intacta guardando celosamente las cajas fuertes del capitalismo: los bancos. Solo en Valencia desapareció la Guardia Civil en donde los obr