Este Capítulo recoge los diferentes artículos publicados por BILAN sobre la situación española entre 1934 y 1938. El artículo LA LECCIÓN DE LOS ACONTECIMIENTOS DE ESPAÑA es un estudio histórico de la evolución del capitalismo español realizado no por placer académico sino con la finalidad de dar un marco donde comprender las situaciones a las que hacía frente el proletariado.
En los demás hay un seguimiento bastante pormenorizado de la evolución de la situación a partir de julio de 1936. Un artículo importante por su claridad y su apasionada defensa de los obreros masacrados por los esbirros del Frente Popular es el de PLOMO, METRALLA Y SANGRE, escrito en respuesta a la masacre de los obreros de Barcelona en mayo 1937.
También merece destacarse el artículo EL AISLAMIENTO DE NUESTRA FRACCION que expone la situación contrarrevolucionaria dominante y sus consecuencias en la vanguardia del proletariado: reducida a la más mínima expresión. Este era el duro precio a pagar para defender las posiciones de nuestra clase en una situación difícil y adversa.
La lucha de clases en el único motor de los acontecimientos actuales.
El problema que preocupa a los que se reclaman del marxismo revolucionario es el siguiente: la tragedia española ¿arroja luz al desarrollo histórico actual?, ¿se puede considerar ya como el punto central de un periodo en el cual el capitalismo mundial intenta evitar la catástrofe de una guerra entre estados, para desatar en el interior de cada país un ataque contra el proletariado bajo las formas de una lucha entre democracia y fascismo?. Para nosotros que defendemos la tesis de que el motor de las guerras, así como de las revoluciones, se encuentra en la evolución de la lucha de clases; que se trata de dos salidas que de las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista oponen a la contradicción irresoluble que arrojan las fuerzas productivas y las relaciones mezquinas y condenadas del mecanismo económico de la sociedad actual; para nosotros que como marxistas pretendemos examinas la evolución histórica, nos interesa más su sustancia real que las formas que adopta.
Por medio de la guerra imperialista, la burguesía de todos los países pretende anonadar cualquier forma de supervivencia de la única clase que puede acabar para siempre con todos los regímenes basados en la explotación del hombre por el hombre. En 1.914 se da el caso de que la lucha de clases no había alcanzado el momento culminante –momento que se dará después de la guerra- y es únicamente a ello que el capitalismo debe la posibilidad de un sincronismo en la masacre de los proletarios. También aquí se encuentra la explicación de la apariencia de una vasta competición imperialista que revistió la guerra de 1.914 para numerosos marxistas.
La fase actual en que la burguesía ha llegado a destruir en sus fundamentos, por el empleo sistemático de la violencia fascista y de la corrupción democrática el más gigantesco de los ataques revolucionarios que el proletariado ha lanzado –el de la revolución rusa- y que, sin embargo, su victoria es puesta en duda continuamente por el estallido de las contradicciones inherentes a la sociedad capitalista, ¿por qué proclamar antimarxista la opinión que volverá a defender para la burguesía la posibilidad de localizar los conflictos imperialistas, pasando seguidamente a la masacre de los proletarios allí donde las contradicciones de clase exijan una solución inmediata?. La tragedia española nos ofrece una imagen dolorosa que debe hacernos reflexionar acerca de estas cuestiones, con una gran fuerza capaz de librarnos de los prejuicios y esquemas caducos para que el proletariado, aún frente a semejante perspectiva, tenga la posibilidad de mantener sus posiciones de clase y de continuar su lucha por la revolución comunista.
En España vivimos un momento de la guerra capitalista –la única que la historia ha puesto al desnudo- en donde, bajo la bandera de Azaña por un lado y de Franco por otro, los proletarios son arrojados a una carnicería que la burguesía necesita para los fundamentos de su régimen. El único medio que el capitalismo ha encontrado para quemar con el hierro rojo de la guerra a los obreros y campesinos pobres de la península Ibérica ha sido hacer del levantamiento obrero de Barcelona, Madrid y tantas otras localidades, la señal de una guerra entre democracia y fascismo. Para ello había que dar a los obreros la impresión de que el frente antifascista era también su frente de clase, al igual que en 1.914 se tuvo que dar a los obreros franceses la impresión de que luchaban contra el militarismo prusiano y a los obreros alemanes la de que luchaban contra el zarismo ruso.
Debemos aprender de los acontecimientos que se desarrollan ante nuestros ojos sin limitarnos al verbalismo revolucionario, teniendo ante todo el coraje de mantener –a pesar y en contra de todos, frente a la cortedad de los fanáticos, contra la corriente- las nociones fundamentales del marxismo, verificadas y confirmadas por la sangre que tan generosamente vierten los proletarios españoles por una causa que no es la suya. Si es cierto que ya vivimos la guerra capitalista, localizada en diferentes zonas donde la tensión entre las clases y la explosión de las contradicciones de la sociedad capitalista tienen más fuerza, no es menos cierto que el intervencionismo en España equivale al intervencionismo de 1.914 y que el desarrollo de los acontecimientos en los otros países no conocerá otra cosa.
En estas condiciones se comprenderá inmediatamente la importancia programática que puede adquirir la determinación de las posiciones proletarias ante los acontecimientos de España. Pero aunque el desarrollo histórico fuera repentinamente segado por la eclosión de una guerra imperialista a nivel mundial, generalizada a todos los países, no sería menos cierto que los acontecimientos de España, en lugar de haber representado un paso atrás en esta dirección, habrían sido un elemento de aceleración.
Pero también esto habrá que explicarlo, no con palabras “revolucionarias”, sino por medio de un análisis que no podrá disimular que la estabilización de la lucha en España entre dos frente militares –el del antifascismo y el del fascismo- ha permitido no solo la masacre de los obreros españoles sino la movilización de los proletarios de otros países hacia la consecución de una monstruosa hecatombe.
Sin querer basar nuestro trabajo de investigación en simples hipótesis, reivindicamos no obstante el derecho a interpretar los acontecimientos actuales según el método de análisis del marxismo. Y cuando constatamos que la repercusión mundial de los sucesos en España conducen fundamentalmente al mecanismo internacional de la lucha de clases antes que a una agravación de las contradicciones interimperialistas, no hacemos sino confirmar un postulado esencial de la doctrina marxista. Si en Francia, Bélgica y en menor medida Inglaterra, el frente del antifascismo se ha solidificado en la sangre de los obreros españoles, tanto de un lado como de otro; y si para Italia y Alemania, a pesar de la intensidad de la represión, la noción de Frente Popular se alimenta con el martirio de los trabajadores españoles; esto significa que el capitalismo internacional arriesga en la misma medida la eventual destrucción de las fuerzas de la producción y de la masa improductiva de capitales mediante el choque sangriento entre derecha e izquierda burguesas, fascismo y antifascismo, para impedir con ellos la mínima explosión proletaria ante las explosiones de los contrastes mortales de la sociedad burguesa.
Contra la tentativa de las clases dominantes de encorsetar la lucha de clases en la camisa de fuerzas del pseudo-dilema “antifascismo-fascismo”; contra su tentativa de hacer de cada estallido de las contradicciones entre las clases la señal de una guerra capitalista; contra su tentativa de evitar el abismo de una guerra imperialista mundial en donde zozobren simultáneamente todas sus fuerzas de dominación y de donde surgiría la ola internacional del proletariado hacia la revolución comunista, luchan hoy los núcleos marxistas que sienten en su propio seno las dificultades de la fase actual y expresan el curso accidentado y sinuoso que sigue la lucha de clases. Estos núcleos oponen hoy a los demagogos, a los renegados y a los traidores, las armas ideológicas antes de pasar mañana al asalto por las armas, como habrá que hacer sin duda cuando el proletariado haya encontrado su camino de clase, y nada nos hará retroceder en la defensa de posiciones contra las que se movilizan con rabia histérica el antifascismo y sus aliados.
Aún al margen de cualquier perspectiva internacional, los sucesos de España representan para nosotros un momento de la guerra capitalista que, en esencia, significa la destrucción de las fuerzas vivas de la clase obrera, último recurso para evitar que los antagonismos de la sociedad capitalista no encuentren su expresión en un programa de la revolución proletaria.
Nadie duda que vivimos una tragedia histórica en la Península Ibérica. Aún así, los gigantescos esfuerzos de los obreros de Barcelona y Madrid el 19 de Julio, sus ilusiones cuando creían entusiasmadamente que ofrecían su vida por la revolución proletaria, no pueden borrar ni por un instante la monstruosa confusión entre las clases, la realización de una Unión Sagrada, la transformación inmediata de la revuelta obrera en una batalla militar entre antifascismo y fascismo, lo que en último análisis no es sino el mejor medio para ahogar los intereses de las masas proletarias para pasar a su destrucción física.
Sin la aniquilación de los proletarios más avanzados, nunca hubiéramos vivido semejante tragedia. Nunca hubieran llegado a localizar y ahogar la batalla de España para transformarla en una guerra capitalista. Porque hay que decirlo abiertamente: en España no existían las condiciones para transformar los embates de los proletarios españoles en la señal del despertar mundial del proletariado, aún cuando existieran seguramente unos contrastes en las condiciones económicas, sociales y políticas, más profundos y exacerbados que en otros países. Incluso sin mediar análisis alguno –que realizaremos más adelante- la posibilidad que han tenido las fuerzas social-centristas de todos los países para trasformar y desnaturalizar la significación de los acontecimientos en España a un ritmo mil veces más rápido que el de las organizaciones obreras implantadas en Cataluña, por ejemplo, prueba que el capitalismo mundial no se ha equivocado en su apreciación y que ha comprendido inmediatamente que podría proceder a masacrar a los obreros de España.
No obstante de la fase actual se desprenden unas enseñanzas de inapreciable riqueza. Hay que armar a los proletarios de todos los países para las batallas, que no siendo ya meras revueltas, debe para poder triunfar tomar la vía de la revolución comunista. Ni los fusiles, ni las ametralladoras, ni los sacrificios sublimes y sangrientos de los obreros pueden reemplazar una visión histórica y programática de la situación, y dicha visión no se adquiere espontáneamente sino que es el resultado del análisis de las bases y del mecanismo mismo de la lucha de clases.
Nuestra fracción ha intentado aportar su contribución a los hechos de España, contribución de naturaleza política y dirigida hacia la defensa de las posiciones que puedan dar a los obreros españoles conciencia de la naturaleza de su lucha y de las posiciones de clase que, a nuestro entender –y en esto somos portadores de una horrible experiencia de guerra civil- hacen posible encontrar el camino de la revolución proletaria. El lector encontrará aquí el producto de nuestra intervención.
La sociedad española es capitalista.
En “BILAN” ha sido ya expuesta la idea de que la burguesía española pertenecía a las viejas burguesías de Europa, y que era completamente erróneo hablar de revolución burguesa, incluso con respecto a una estructura económica donde subsisten profundos anacronismos. Hemos defendido la tesis de que la burguesía española, en vez de avanzar a base de un desarrollo industrial dirigiéndolo en una lucha a muerte contra el feudalismo, se desarrolló por el contrario en base a la inversión de capital en los inmensos territorios coloniales mientras se adaptaba a la estructura del feudalismo, al que intentaba acomodar a sus necesidades. La pérdida de las colonias y la revolución industrial que inauguraba la era de la revolución mundial del capitalismo, lanzaba a España a las convulsiones sociales con las que el capitalismo se veía imposibilitado a encontrar una salida, al mismo tiempo que una solución al desarrollo económico, necesitando para ello un cambio total en la configuración de la economía.
Nos limitaremos aquí a poner en evidencia los elementos de la evolución histórica que confirman plenamente nuestra apreciación, reservándonos para volver más tarde sobre el proceso de formación y evolución económica del capitalismo en España.
Con el cambio social determinado por la revolución francesa, y gracias a la guerra de la Independencia contra la dominación francesa, la burguesía intenta dotarse de una constitución liberal. La Junta Central era quien debía conducir a la Constitución de Cádiz de 1.812, en la que el elemento predominante desde el punto de vista ideológico era evidentemente la burguesía liberal. A partir de este momento aparecerá un fenómeno que una y otra vez encontraremos a lo largo de la evolución española, puesto que el desarrollo económico de la estructura de la sociedad española no contiene los fundamentos que permiten asentar las bases del estado capitalista moderno (según el modelo inglés o francés); es a través de la violencia, del ejército, como los liberales intentaron instaurar el régimen “del pueblo”, al igual que por medio del ejército serán aplastados tanto el propio liberalismo como los movimientos sociales que se desencadenaron en reacción a sus tentativas.
De 1.812 a la República democrática actual, España ha conocido más de cien constituciones, sin contar con la efímera República de Pí y Margall. A lo largo de este accidentado desarrolló histórico encontraremos el mismo esquema, cada vez más acentuado por la creciente intervención del proletariado. Cada paso de la burguesía para conformar su desarrollo al del capitalismo de los otros países chocará con la imposibilidad de cambiar la estructura económica y, de una manera sistemática, al liberalismo sucederá la reacción más negra, de modo que la formación y el crecimiento del proletariado ibérico discurrirá en el seno de estos antagonismos insolubles.
Desde 1.840, la aparición del movimiento obrero en Cataluña, las huelgas de los obreros del textil hicieron comprender a la burguesía la imposibilidad de una transformación pacífica de los sectores anacrónicos de su economía y la necesidad de pasar previamente a la masacre de los obreros, única condición para acceder a una transformación de su sistema sin estremecer sus propios fundamentos. Por eso a las primeras huelgas en Cataluña les sigue la masacre del General Espartero y a las diversas fases constitucionales la masacre de los obreros. España abordará la fase mundial del imperialismo en un estado de convulsiones internas en que los movimientos sociales brotan por doquier chocando con las tentativas del capitalismo por instaurar una estructura de democracia burguesa sin disponer para ello de las bases económicas indispensables. La lamentable guerra con América por el dominio de Cuba aporta por otra parte la demostración aplastante del carácter senil del capitalismo español. A partir de esa época España debe a la intervención del capitalismo mundial su propio desarrollo industrial. Inglaterra, Francia y Alemania son las que se encargan de poner en explotación las ricas minas de mercurio, plomo, cobre y minerales de hierro en España, y desde entonces se estabilizará una estructura económica que consagrará la instauración de la monarquía de Alfonso XIII, en 1.902, y que no se modificará en lo fundamental en el curso de la guerra y la posguerra.
Las zonas económicas industriales serán la textil en Cataluña, una industria mecánica que se desarrollará sobre todo durante la guerra del 14, Vizcaya con los minerales de hierro, Asturias y el Norte de León con las minas de carbón, Murcia y Jaén con las de plomo. Hecho característico: estas empresas que estaban en gran parte bajo control de capital extranjero se limitan a extraer el mineral que será transformado en Inglaterra, Francia y Alemania, no en España que permanecerá esencialmente como zona de extracción.
Por el contrario, Aragón, Valencia, Extremadura, Castilla la Nueva y Castilla la Vieja, Andalucía y Galicia quedarán como zonas principalmente agrícolas, donde junto a las tierras de baldío, no cultivable o de pasto, se yuxtaponen formas de explotación del tipo más diverso y opuesto. En Cataluña domina la pequeña y mediana propiedad. En Valencia hay empresas agrícolas dotadas de medios de explotación modernos. En Extremadura y Andalucía dominan grandes latifundios con medios de explotación ultra primitivos.
La guerra mundial ha sacudido en gran medida el edificio económico y social de España pero ha respetado los caracteres esenciales y el flujo de capitales extranjeros que durante este periodo ha determinado un alza en la industrialización, no en el sentido de la transformación de la economía, sino desarrollando determinadas zonas. Las grandes huelgas de 1.917-18, los movimientos sociales que han seguido a la guerra hasta 1.923, obligaron al capitalismo a recurrir a la dictadura de Primo de Rivera que, bajo un feroz terror militar, debía impedir que el movimiento proletario consiguiera el desmoronamiento del sistema económico burgués. Solamente a este precio la burguesía pudo dirigir los beneficios realizados durante la guerra hacia el desarrollo de la red bancaria, de los medios de comunicación y de la electrificación. Y nuevamente, el ejercito no tuvo otra función que la de sustituir la violencia militar por las deficiencias de un aparato incapaz de, simultáneamente, canalizar el movimiento proletario y permitir a la burguesía mantener y desarrollar sus beneficios de clase dominante.
El desarrollo del proletariado español no podía dejar de resentirse a causa de las contradicciones que acompañaban el desarrollo de la burguesía.
Pero si la burguesía llegaba, a través del ejército, a recomponer las partes desperdigadas de su economía y a mantener una centralización de las regiones más opuestas desde el punto de vista de su desarrollo, el proletariado por el contrario, bajo el impulso de las contradicciones de clase tendía a localizarse en sectores en los que dichas contradicciones se expresaban violentamente. El proletariado de Cataluña fue arrojado a la arena social, no en función de una modificación del conjunto social de la economía española, sino en función del desarrollo de Cataluña. El mismo fenómeno se verificó para las otras regiones comprendiendo a las regiones agrarias.
Aquí se encuentra, a nuestro entender, la explicación del triunfo de la ideología anarquista en todas las regiones de la periferia ya que sólo ella correspondería a ese federalismo de la lucha de clases[1], a la imposibilidad de armonizar los esfuerzos del proletariado para llegar así a la constitución de un partido de clase. Sólo en Madrid fue donde el marxismo pudo instalarse, aunque forzosamente de modo artificial ya que, en lugar de expresar un proceso económico en alza por la concentración industrial y la aparición de un proletariado unido, expresaba la centralización bastarda que la burguesía intentó efectuar alrededor de Madrid entre sectores opuestos de su economía. La falta de un Partido Socialista poderoso antes de la guerra en España y la imposibilidad de extender las bases de un partido comunista después de la revolución rusa, a pesar de los grandes movimientos sociales de los obreros de la península Ibérica, afectaron en su raíz el desarrollo de la lucha de clases en España, las condiciones de la formación del proletariado y las condiciones históricas particulares en que se desarrolló la burguesía.
Puesto que los obreros reaccionaban siempre bajo el motor de los antagonismos de clase sin llegar nunca a coordinar sus esfuerzos para llegar a una visión unitaria de su finalidad, no debe asombrarnos que sea en las organizaciones sindicales, basadas en la ideología federativa de los anarquistas, donde el movimiento obrero toma amplitud. No obstante esto prueba también que los movimientos sociales en España no han tenido la fuerza suficiente para sobrepasar el estado de revuelta y alcanzar el estado de la revolución y que, abandonado a su suerte, el proletariado español no puede llegar a crear los cimientos que, no brotando del mecanismo de la lucha de clases, sean tan violentos que puedan convertirse en erupciones sociales.
No son los fusiles de los proletarios los que permiten remontar los obstáculos reales para la configuración de un partido de clase, de la misma forma que la burguesía no puede llegar nunca a solucionar los antagonismos insolubles de su mecanismo económico y la imposibilidad de alcanzar el centralismo armonioso de su economía, mediante la violencia y la centralización por la fuerza militar. El proletariado español debe recibir ayuda de los proletarios más avanzados que, sin haber vivido todas las explosiones sociales que aquel ha vivido a los largo de un siglo, han podido no obstante tener unas condiciones más favorables de la lucha de clases y adquirir una visión programática de los instrumentos y de las posiciones que pueden conducir al proletariado mundial hacia su emancipación.
La victoria del Frente Popular y los acontecimientos de Julio.
El advenimiento de la República en 1.931 no modificó en nada la estructura de la sociedad española, si no es porque obligó a la burguesía a adaptar la estructura política al desarrollo económico verificado desde 1.923. La crisis económica mundial del capitalismo conducía a la burguesía española a unas convulsiones que su nueva estructura “democrática” fue incapaz de contener en su seno, debido al doble enfrentamiento de contradicciones inherentes a sus bases caducas y de las contradicciones propias de un sistema nuevo, que desde el punto de vista mundial estaba llegando al término de su papel histórico.
Es por esto que el advenimiento de la “República de los trabajadores” iba a abrir de hecho una época gigantesca de masacres de obreros: única solución que el capitalismo pudo encontrar para limar las contradicciones de su régimen. Las funciones del ejército y de la Guardia Civil no se alteraron durante esa fase “democrática”, ya que el capitalismo no podía trastocar la estructura económica, resultado de una evolución histórica particular, y no podía tampoco transformar los instrumentos indispensables para ahogar los enfrentamientos sociales que brotaban de esta situación. Por esta razón, de la misma forma que los proyectos agrarios quedaban en letra muerta, la reforma del ejército no podía ser más que una comedia. Porque, tanto el problema de la tierra como el del ejército, no se relacionaban con el carácter inacabado de la revolución burguesa, sino con la incapacidad orgánica de la burguesía española de imitar los trazos de otras burguesías que habían tomado el poder después de que el feudalismo hubiera sufrido una profunda transformación en el plano económico y social.
En efecto, la burguesía española se encontró con la posibilidad de invertir capital en enormes territorios coloniales sin efectuar un cambio industrial en su economía, y cuando perdió sus colonias se encontró con la imposibilidad de modificar su estructura, ya que el problema de la tierra por ejemplo, lejos de ser un problema de reparto, constituía un problema de roturación e industrialización agrícola, lo que implicaba una inversión de grandes capitales poco rentables en comparación con el beneficio que se obtenía de la explotación de las minas. Tan sólo el 50% de las tierras estaban cultivadas y, aún así, hay que tener en cuenta que el porcentaje de tierras fértiles era muy bajo ya que en todos los sitios existía el problema de la irrigación y el de los abonos.
El problema del ejército proviene de su intervención en el sistema económico para mantener a cualquier precio la cohesión que el centralismo de Madrid, fuertemente burocratizado, no puede asegurar. Los movimientos separatistas, lejos de ser instrumentos de l a revolución burguesa, son en este caso expresiones de las contradicciones irresolubles e inherentes a la estructura de la sociedad capitalista española, que realizó la industrialización en toda su periferia mientas que las mesetas centrales quedaban en un estado de estancamiento económico. El separatismo catalán, como cualquier otro, en lugar de tender a una independencia total, queda atrapado en la estructura de la sociedad española, haciendo que las formas extremas en que se manifiesta vayan en función de las necesidades de canalizar el movimiento proletario.
Esta claro que, en lo esencial, nada podía modificar la República de 1.931, que tenía ante todo como fin permitir al capitalismo realizar la máxima resistencia frente al asalto de las fuerzas de la producción y al estallido de sus contradicciones particulares.
Los rasgos fundamentales de esta época nos parece que son los siguientes: a través de la Izquierda burguesa y con el apoyo de la UGT, la burguesía se opone a las huelgas y aplasta el asalto del proletariado y de los campesinos conjugando la maniobra democrática con una represión sangrienta, cuyo nuevo instrumento será la Guardia de Asalto constituida por la República. La victoria de las Derechas en 1.933 coronará dicha práctica y, puesto que la perspectiva mundial del sistema capitalista no suministrará ya ningún periodo de calma a la burguesía española, la práctica de la represión en los enfrentamientos sociales irá creciendo a lo largo de 1.934, en que vemos a las derechas con Lerroux y Gil Robles pasar a la ofensiva, mientras que las izquierdas intentan paralizar a los trabajadores y velan para que el estallido de los antagonismo sociales, que surgen con renovada fuerza en una o otra región, no pueda romper el marco de la dominación burguesa.
De la misma forma con que a la burguesía le fue posible amordazar al movimiento popular en 1.931 con la proclamación de la República, podrá nuevamente controlar la batalla de Asturias gracias a la modificación del gabinete Lerroux, y las repercusiones de esta batalla con la exacerbación de los enfrentamientos sociales por medio de las elecciones de Febrero de 1.936.
La violencia de estos acontecimientos no debe inducirnos a error en la valoración de su naturaleza. Todos provienen de la lucha a muerte entablada por el proletariado contra la burguesía, pero prueban también la imposibilidad de reemplazar solo por la violencia –que es un instrumento de lucha y no un programa de lucha- una visión histórica que el mecanismo de la lucha de clases no tiene capacidad para fecundar. Puesto que los movimientos sociales no tienen la fuerza de fecundar una visión finalista de los objetivos proletarios, y puesto que no confluyen con una intervención comunista orientada en esta dirección, aquel caerá finalmente dentro de la órbita del desarrollo capitalista, arrastrando en su quiebra a las fuerzas sociales y políticas que hasta entonces representaban de una manera clásica las escaramuzas de clase de los obreros: los anarquistas.
Cuando llega el momento de Febrero de 1.936, todas las fuerzas actuantes en el seno del proletariado se encontraban en un solo frente: la necesidad de alcanzar la victoria del Frente Popular para desembarazarse del dominio de las derechas y obtener la amnistía. Desde la Social-democracia al Centrismo, hasta la CNT y el POUM, sin olvidar a todos los partidos de izquierda republicana, se estaba de acuerdo en orientar el estallido de las contradicciones de clase hacia la arena parlamentaria. Y aquí se encontraba inscrita con letras flamantes la incapacidad de los anarquistas y del POUM, así como la función real de todas las fuerzas democráticas del capitalismo. El Gobierno de Azaña, en primer lugar, y después el de Casares Quiroga se vieron llevados inmediatamente a atacar a un proletariado que tanto en el campo como en las ciudades intentaba imponer sus reivindicaciones de clase. Nos encontramos pues ante un periodo de confusión sin parangón. La debilidad económica del capitalismo no le permite maniobrar ampliamente en lo que se refiere a dar concesiones a los obreros. Por otra parte, a pesar de las reformas agrarias escritas sobre el papel, no se puede cambiar tampoco su economía campesina. Se hace pues necesario pasar a la represión violenta de los movimientos campesinos (Yestes), precipitar la contrarrevolución de los centristas, inducir a la UGT a romper violentamente las huelgas, cercar a la CNT e inducirla a compromisos vergonzosos. Objetivamente la burguesía pronto se da cuenta de la imposibilidad de alcanzar verdaderos resultados sin un ataque frontal y violento contra los obreros, y el Frente popular velará por desintegrar el movimiento de las masas, dejando prepararse al movimiento de militares que cuidarán a su vez de unirse a la reacción social, fecundada por la represión del Frente Popular.
Desde Febrero de 1.936 a Julio, el desarrollo de las batallas entre las clases seguirá esta trayectoria.
En su Congreso de Zaragoza, en Mayo de 1.936, la CNT propondrá una alianza sindical con la UGT, alianza que ésta rechazará para seguir con la línea de desintegración directa de los movimientos huelguistas. A raíz de la huelga de pescadores en Málaga surgirán disputas violentas entre la UGT y la CNT, que permitirán al Gobierno del Frente Popular lanzar su represión sobre esta última. En Barcelona, serán los centristas los que intervendrán directamente para romper la huelga de camareros. En Madrid, en Junio, se desencadenará la gran huelga de la construcción en donde intervendrán la UGT y la CNT, que pedirán como reivindicaciones esenciales la semana de 36 horas y un salario de 16 pesetas. Aquí el hecho curioso será el referéndum de la UGT en plena huelga para decidir la entrada al trabajo (referéndum del que la CNT se desinteresará) que concluyó con la vuelta al trabajo de los miembros de la UGT. Esta huelga continuará hasta el 19 de Julio solo con los miembros de CNT, que a pesar de la aceptación del estado de cosas por su organización, ocupará violentamente las obras. También aquí surgieron violentos incidentes entre la UGT y la CNT, lo que permitió a la policía cerrar los locales de la CNT y detener a varios de sus militantes hasta el 19 de Julio.
Es en esta situación de efervescencia proletaria en las ciudades, cuando las fuerzas del Frente Popular se empeñan en desintegrar las luchas obreras y reprimirlas violentamente, cuando la CNT se esfuerza desesperadamente sin poder dar una dirección a las luchas reivindicativas, y cuando se desencadenará el movimiento de Franco en Marruecos.
Los acontecimientos del 19 de julio.
Nos importa ante todo poner claramente a la luz algunos elementos del hecho en sí. Cuando el movimiento del 19 de Julio en Marruecos fue conocido en Madrid y Barcelona, la primera preocupación del capitalismo fue escuchar las reacciones del proletariado para orientarse en una u otra dirección.
Ante todo, como ya apuntábamos en el penúltimo número de “BILAN”, el Gobierno de Casares Quiroga fue sustituido por el de Martínez Barrio, con el fin de intentar completar la conversión pacífica de la izquierda a la derecha.
Pero ante la amplitud del levantamiento obrero en Cataluña y Madrid, dicha tentativa fracasa lamentablemente y Giral accede al poder mientras Martínez Barrio parte hacia Valencia donde intentará, en nombre del Gobierno, legalizar la revuelta obrera.
El desarrollo de los acontecimientos a partir del 17 de Julio confirma nuestra apreciación: el 17 de Julio el sindicato del Transportes Marítimos de Barcelona se había apoderado de las armas halladas en los buques “Manuel Arnús”, “Argentina”, “Uruguay” y “Marques de Comillas” (150 fusiles y municiones), y las había transportado a su local. El 18, vísperas del levantamiento militar, la policía se lleva una parte de las armas.
Cuando después del 17, los jefes de los diversos partidos obreros fueron a pedir armas a Companys, ya que era públicamente notorio que los militares saldrían a la calle el domingo al amanecer, el presidente de la Generalitat les tranquilizó explicando que la Guardia Civil y la Guardia de Asalto bastarían y que, en todo caso, si aquellos no retrocedieran los obreros no tendrían más que coger los fusiles de los muertos para intervenir. Según Companys lo mejor que podían hacer los obreros el sábado por la tarde y el domingo era quedarse en casa y esperar a que acabara la batalla.
Pero la efervescencia del proletariado se encontraba en pleno auge. El domingo por la mañana el proletariado, dotado con toda suerte de medios y en su mayoría sin armas, está en las calles. A las 5 se desata la batalla. Rodeados por los obreros, la Guardia de Asalto y una parte de la Guardia Civil deban marchar contra los militares. De inmediato, el coraje y el heroísmo de los obreros, de entre los que particularmente se distinguen los militantes de la CNT y de la FAI, demuestran la razón de los puntos de vista esenciales de la sublevación, ya que en todas partes los soldados fraternizan con los proletarios, como ocurre en el cuartel de Tarragona. Esa misma tarde los militares son derrotados y el General Goded capitula. A partir de ese momento el proletariado se va armando cada vez más.
En cuanto a la Generalitat, se oculta miedosa ante el arrojo de los obreros pero, sin embargo, no teme que aquellos que le habían pedido las armas, ahora que los obreros las han cogido por la fuerza, las vuelvan contra ella.
El lunes día 20, la CNT y también la UGT, lanzaron la consigna de huelga general en toda España. No obstante los obreros se encuentra ya en la calle por doquier. Cogen las armas y plantean, al mismo tiempo, sus reivindicaciones de clase. El antiguo desacuerdo entre la CNT y la UGT, en cuanto a la semana de 36 ó 40 horas; el problema de los salarios, todo esto va surgiendo en el transcurso de la lucha ya que los obreros empiezan a ocupar numerosas empresas. El mismo día 20 aparecen y se constituyen las milicias que limpian Barcelona. El día 21 se publica un decreto de la Generalitat afirmando: “Primero: se han creado milicias ciudadanas para la defensa de la República y la lucha contra el fascismo y la reacción”.
El Comité Central de las milicias incluirá un delegado del Consejo de la Gobernación, un delegado del Comisario General de Orden Público y la representación de todas las fuerzas obreras o políticas que se encuentren luchando contra el fascismo.
Es así como la Generalitat intenta, desde el día 21, no solo imprimir su sello en las iniciativas de los obreros armados, sino encorsetarlas en el cuadro de la legalidad burguesa.
El día 24 sigue la huelga general y el POUM (Partido de Unificación Marxista) propone continuarla hasta que el fascismo sea completamente aplastado. Pero la CNT, que controla Barcelona lanza ese mismo día la consigna de vuelta al trabajo en las industrias de alimentación y servicios públicos. El POUM publica el aviso sin criticarlo. Sin embargo se continúa hablando de reivindicaciones de clase. Los obreros expropian la Compañía de Tranvías, el Metro, y todos los medios de transporte incluido el ferrocarril.
También aquí la Generalitat interviene y legaliza la situación tomando la expropiación por su cuenta. Más tarde tomará la delantera en algunas empresas y las expropiará antes que los obreros.
El mismo día, el Front d’Esquerres, que agrupa a los partidos burgueses de izquierda, recibe una carta del POUM en la que acepta la invitación de Comapnys a colaborar con todos los partidos contra el fascismo pero rehusa, previa deliberación con su C.E, colaborar en un Gobierno de Frente Popular.
Parece pues que a partir del día 24, bajo la presión de la Generalitat, la mayor parte de las organizaciones obreras intentan frenar el movimiento reivindicativo. Los Socialistas de Barcelona están en contra de la prolongación de la huelga, la CNT ha dado la orden de vuelta al trabajo, el POUM se esfuerza por mantener su programa reivindicativo pero no dice nada sobre si aprueba o no la vuelta al trabajo.
A partir del día 24 se organiza la partida de columnas de milicianos hacia Zaragoza. Es necesario que los obreros partan con la sensación de haber obtenido alguna satisfacción en lo concerniente a sus reivindicaciones. La Generalitat lanza un decreto: los días de huelga serán retribuidos. No obstante, en la mayoría de las fábricas los obreros han obtenido ya, armas en mano, satisfacciones particulares. Puesto que gracias a los partidos y organizaciones sindicales que se reclaman del proletariado la burguesía ha conseguido parar la huelga general, y que en las empresas ocupadas por los obreros la llamada jornada de 36 horas se ha sustituido ipso facto, el 26 de Julio la Generalitat promulga un decreto instaurando la semana de 40 horas con un aumento de salarios del 15%.
Así mientras la Generalitat se esfuerza en controlar el estallido de las contradicciones sociales, llegamos al 28 de Julio que marca ya un cambio importante en la situación. El POUM, que controla a través de la POUS el “sindicato mercantil”[2] y algunas pequeñas empresas, lanza la orden de continuación del trabajo a los obreros que no están en las milicias. Es necesario crear la mística de la marcha sobre Zaragoza. ¡Tomemos Zaragoza!, se dirá a los obreros, después ya arreglaremos las cuentas a la Generalitat y a Madrid.
El POUM expresará claramente con esta consigna de ingreso, el cambio de la situación y el acierto de la maniobra burguesa encaminada a terminar con la huelga general, lanzando después decretos para evitar las reacciones de los obreros y colocando por fin a los proletarios fuera de las ciudades, encaminados hacía el cerco de Zaragoza.
Pero en Zaragoza continúa la huelga general con sus fases de retroceso y aceleración, y no será hasta más tarde cuando los obreros cederán ante el ultimátum de Cabanellas de elegir entre volver al trabajo o la masacre total.
A partir de entonces su temor no se centrará en un rebrote de las batallas huelguísticas sino en la victoria de las fuerzas gubernamentales, y Cabanellas podrá organizar su feroz y sanguinaria represión.
“La Batalla”, órgano del POUM, en su edición del 29 de Agosto destaca que los obreros de Zaragoza hayan mantenido la huelga general durante 15 días. He aquí lo que dice este periódico: “El domingo por la mañana, el 19 de Julio (cuando los militares salieron a la calle) los obreros organizaron inmediatamente la resistencia y la lucha duró numerosos días. La huelga fue absolutamente general hasta 15 días más tarde, y los tiros en las barricadas obreras duraron mucho más tiempo”. Siempre había “algunos héroes irreductibles que preferían perder la vida que aceptar la dominación fascista”.
A partir del 28 de Julio cambia el aspecto del movimiento en Cataluña. Se continúa expropiando a las empresas, nombrando consejos obreros, pero ya todo este se hace de acuerdo con los delegados de la Generalitat que, evidentemente, no manifiestan ninguna resistencia a los obreros armados pero que saben que, por necesidades de la guerra en la que se enrola al grueso del proletariado, obtendrán lo que quieren.
Se perfilan ya los contornos precisos del ataque del capitalismo español. En las regiones agrícolas en las que no existe un proletariado fuerte, el problema agrario se resolverá por el aplastamiento feroz y sanguinario de Franco, que en lo que a esto respecta no tendrá nada que envidiar a Mussolini o Hitler. En los centros industriales, sobre todo en Cataluña, donde no existe el problema agrario, se hace preciso enfrentar al proletariado de perfil, lanzarlo a un ghetto casi militar, debilitar su frente interior, para así poco a poco llegar a aniquilarlo. En Madrid será el Frente Popular quien se encargará de esto. En Cataluña, la Generalitat llegará en el terreno de la gestión económica y de la dirección política, a cambio de concesiones formales y nos sustanciales, a enfeudarse a la CNT y al POUM, partido oportunista del Buró de Londres en el que hoy uno de sus jefes, el extrotsquista Nin es Ministro de Justicia.
En Madrid después del 19 de Julio la huelga general no será sino la prolongación de la gran huelga de la construcción, que duraba desde Junio, y no terminará hasta algunos días después de que acabara en Cataluña.
Mientras que en Barcelona han sido aplastados ya los militares, en Madrid los obreros salen a la calle únicamente el lunes. El Gobierno de Martínez Barrio ha durado algunas horas, y Giral que le sucede promete todo lo que le piden excepto las armas que le reclaman las organizaciones obreras. Sin armas los proletarios madrileños se dirigen el lunes hacia el Cuartel de la Montaña y lo asaltan. A partir de entonces los cuarteles de Madrid se ponen de acuerdo y se lleva a cabo una breve lucha en los alrededores de Madrid, desde donde los militares querían marchar sobre la ciudad. El martes los obreros que están en huelga general buscan a sus enemigos y, puesto que todo el mundo desde la CNT a los Socialistas han proclamado que el Gobierno del Frente Popular es un aliado, el brazo vengador del proletariado armado, los trabajadores se dispersan en la provincia de Madrid y encuentran a los militares en el Guadarrama y después de una lucha sangrienta y confusa de una y otra parte, aquellos se retiran a sus posiciones mientras que el grueso de los obreros volverán a Madrid en donde en ese momento será lanzada la consigna de acabar tanto con la huelga como con la organización de las columnas.
Tanto en Barcelona como en el resto de España los obreros, que desde Febrero de 1.936 habían sido inducidos a considerar al Frente Popular como un aliado seguro, cuando se lanzaron a la calle el 19 de Julio no pudieron dirigir sus armas en la dirección que les hubiera permitido acabar con el Estado capitalista y eliminar a Franco. Dejaron a los Giral en Madrid y los Companys en Barcelona a la cabeza del aparato del Estado, concentrándose en quemar iglesias, “limpiar” instituciones capitalistas como la Dirección General de Seguridad, policía, Guardia Civil y Guardia de Asalto. Los obreros expropiaron en Cataluña las armas fundamentales de la producción con el mismo funcionamiento capitalista que antes.
De todos modos estos elementos serán examinados ulteriormente de forma minuciosa sobre una base documentada.
Del 19 al 28 de Julio la situación hubiera permitido a los obreros armados, al menos en Barcelona, tomar íntegramente el poder, aunque ciertamente de forma confusa pero que habría representado sin embargo una experiencia histórica formidable. La marcha hacía Zaragoza salvó a la burguesía. “La Batalla” órgano del autodeterminado partido “marxista” proclamaba que alrededor de Zaragoza se encontraba la atención mundial revolucionaria. Pero ya a partir del 27 de Julio la burguesía bate el terreno prudentemente. En Figueras, militantes de la CNT son desarmados por Guardias Civiles y milicianos del Frente Popular después de vencer a los fascistas. La CNT publica entonces un llamamiento a las masas en que recomienda emprenderla a tiros contra los que intentes desarmarlos. La Generalitat está dividida pero se las arregla por otros medios.
El 2 de Agosto, la Generalitat, tras una nueva tentativa de legalizar organizadamente la situación, decide hacer un llamamiento a unificar bajo un mando único las diversas clases de armas. Los soldados no quieren ir a otro sitio que no sean las milicias. La CNT toma partido inmediatamente: “Milicianos ¡Si!, Soldados ¡No!”. El POUM pide la disolución, no la eliminación, del ejército.
Por otra parte la composición del CC de las Milicias Antifascistas será el siguiente: 3 delegados de la CNT, 3 delegados de la UGT, 1 delegado de Izquierda Republicana, 2 Socialistas Unificados, 1 de la Lliga dels Rabassaires (pequeños campesinos bajo la influencia de la izquierda catalana), 1 delegado de la coalición de partidos republicanos, 1 del POUM y 4 representantes de la Generalitat (el Consejero de Defensa, Coronel Sandino, el Comisario General de Orden Publico, Gobernador de Barcelona y dos delegados de la Generalitat sin cargo fijo).
Desde el punto de vista de la evolución política al proletariado de Madrid se le coloca rápidamente sobre una plataforma abiertamente burguesa, mientras que en Barcelona serán necesarias algunas semanas de guerra y maniobras para llegar a esto.
En Madrid La Pasionaria declara, desde el 30 de Julio, que se trata de defender la revolución burguesa y acabar de completarla. El 1 de Agosto, la policía permanecerá activa en Madrid y “Mundo Obrero”, ante la tentativa de Giral de extender la orden de arresto a las milicias, hablará de la “confusión” que es preciso disipar convenciendo al Frente Popular de la ordenación de las milicias.
El 3 de Agosto “Mundo Obrero” proclama que defiende la propiedad privada de los amigos de la República, y añadirá: “¡No a las huelgas en la España democrática!, ¡Ningún obrero ocioso en la retaguardia!”. Todo su programa se resume en: “primero acabar con el fascismo y después de haber acabado con él, la izquierda republicana habrá aprendido la lección y la situación anterior al 19 de Julio no volverá a repetirse”.
El 8 de Agosto, Jesús Hernández aplaudía en un discurso de gran resonancia la lucha de los obreros por la República democrática burguesa y sólo por ella, y el 18 de Agosto los centristas podían decir que la lucha en España se ha convertido en una guerra nacional, en una guerra por la independencia de España. Para éstos será necesario crear un nuevo ejército del pueblo con los viejos oficiales y las milicias, y a partir de aquí se convertirán en partidarios de una severa disciplina.
Desde la constitución del gabinete Giral, los Largo Caballero y los Prieto pedirán la constitución de una comisión del Frente Popular adjunta al Ministerio de la Guerra, en donde ellos mismos participarán. De este modo serán Ministros “oficiosos”.
Mientras tanto en Barcelona, una vez se entra en la nueva fase de guerra para tomar Zaragoza, condición primordial para “resolver” (¿?) el problema social, la “Solidaridad Obrera” saludará desde el 1 de Agosto la nueva era y el comienzo de la fase tendente hacia el comunismo libertario.
Cuando se produce la constitución del Gobierno de Casanovas (después de la salida del Gobierno de los delegados del PSUC) la CNT, aunque afirmando que dicho Gobierno no concretaba en la realidad que los obreros habían conquistado, le concede sin embargo su total apoyo.
Durante la primera semana de Agosto la CNT movilizará a las armas en torno a la partida hacia el Frente de Aragón, insistiendo en que no se trata de un ejército regular sino de batallones de milicianos voluntarios en donde cada oficial del antiguo ejército debía ser vigilado por un miliciano. En resumidas cuentas, la CNT pone en evidencia una noción totalmente desconocida hasta entonces por los anarquistas: la disciplina militar.
Pero la CNT está abocada de esta forma a la necesidad de controlar las iniciativas de los obreros en el terreno económico con el fin de mantenerlos dentro de una línea que obtenga mayores rendimientos para la guerra.
El 14 de Agosto la “Solidaridad Obrera” escribirá abiertamente que también en el terreno económico existen relaciones de guerra.
Pero este aspecto del problema lo examinaremos separadamente cuando analicemos las relaciones económicas de los nuevos órganos surgidos en el terreno social y político en Cataluña.
Nos falta todavía señalar la posición del POUM que, lejos de ser un partido evolucionado hacia posiciones revolucionarias, representa una amalgama de tendencias oportunistas (socialista de izquierda, comunistas de extrema derecha, trotskistas) que es un obstáculo más para la clarificación revolucionaria.
El esquema según el cual intervino el POUM en los acontecimientos fue más o menos este: los bolcheviques lucharon primeramente contra el zarismo, después contra la burguesía y sus agentes mencheviques. Sin el ejército rojo no se hubiera podido vencer a los enemigos, tanto exteriores como interiores, (“La Batalla”, 4 de Agosto)... Así pues, el POUM luchará primeramente contra el fascismo y después contra la burguesía olvidando que Lenin, en contra de Stalin y Kamenev, llevó en Abril de 1.917 un programa de lucha contra todas las formas de dominación de la burguesía. ¡Como si no fuera posible luchar contra el fascismo sin llevar a delante una lucha contra el conjunto del sistema capitalista!.
Las nuevas instituciones y su significado.
Ante todo queríamos poner en evidencia el elemento central sobre el cual los acontecimientos proyectan su luz. En el momento en que el ataque capitalista se desencadena con el levantamiento de Franco, ni el POUM ni la CNT sueñan con llamar a los obreros a ocupar la calle, sino que organizan delegaciones alrededor de Companys para obtener armas. El 19 de Julio, los obreros salen espontáneamente a la calle, y cuando la CNT y la UGT lanzan la consigna de huelga general no hacen más que consagrar una situación de hecho.
Puesto que los Companys y Giral son considerados de inmediato como aliados del proletariado, como personas que debían facilitar las llaves para abrir las puertas de los depósitos de armas, es natural que, cuando los obreros tomaron las armas después de haber aplastado a los militares, nadie soñó ni por un instante en plantear el problema de la destrucción del Estado que, con Comanys a su cabeza, quedó intacto. Se trató entonces de acreditar la utopía que afirma que es posible hacer la revolución expropiando a las empresas y tomando las tierras sin mover el aparato del Estado capitalista ni su sistema bancario.
La constitución de un Comité Central de las milicias debía dar la impresión del inicio de una fase de poder proletario y la constitución del Consejo Central de Economía la ilusión de que se entraba en una fase de gestión de una economía proletaria.
Sin embargo, lejos de ser organismo de dualidad de poder, se trataba de organismos con una naturaleza y función capitalista ya que, en lugar de constituirse sobre la base del impulso del proletariado buscando formas de unidad de la lucha para plantearse el problema del poder, fueron desde su comienzo órganos de colaboración con el Estado capitalista.
El CC de las Milicias de Barcelona será por otra parte un conglomerado de partidos obreros y burgueses, y de sindicatos, y no un organismo del tipo de los Soviets que surge de un planteamiento de clase, espontáneamente y en donde se puede verificar la evolución de la conciencia de los obreros. Este organismo se unirá a la Generalitat para luego desaparecer por simple decreto cuando se constituya, en Octubre, el nuevo Gobierno de Cataluña.
El CC de Milicias representará el arma inspirada por el capitalismo para arrastrar a los proletarios, por medio de la organización de las milicias, fuera de las ciudades y de sus lugares hacia los frentes territoriales donde fueron despiadadamente masacrados. Representará también el órgano que restablece el orden en Cataluña, no con los obreros que han sido dispersados en los frentes sino contra ellos. Es cierto que el ejército regular fue prácticamente disuelto, pero será reconstituido gradualmente con las columnas de milicianos donde el Estado Mayor se conserva netamente burgués con los Sandino, los Villalba y consortes. Las columnas fueron voluntarias y pudieron conservarse así hasta el momento en que desapareció la embriaguez y la ilusión de la revolución y reapareció la realidad capitalista. Entonces se caminará a grandes pasos hacia el restablecimiento oficial del ejército regular y el servicio obligatorio.
Lejos de ser un embrión del Ejército Rojo, las columnas se constituyeron en un territorio y una dirección no pertenecientes al proletariado. Para que esto no hubiera sucedido hubiera hecho falta tomar el poder destruyendo el estado capitalista, o por lo menos que los obreros volvieran sus armas contra el Estado. Y las columnas de milicianos no se constituyeron en esa dirección, en cambio se trataba de marchar sobre Zaragoza y Huesca por lo que respeta a Cataluña, y hacia Toledo y el Guadarrama en cuanto a Madrid. Los obreros armados fueron arrojados al antifascismo y no ha una lucha contra el conjunto de las formas del capitalismo. En estas condiciones todas las formas democráticas que en un primer momento se manifestaron en el seno las columnas no tuvieron más que una importancia insignificante. Lo que importaba era la dirección seguida por las milicias y esta era, francamente, la del Frente Popular: la lucha antifascista respetando los órganos de dominación capitalista, y aún reforzándolos, por medio del apoyo que le dieron los anarquistas y el POUM participando en los ministerios.
En Madrid las milicias estarán prácticamente bajo el control del Departamento de Guerra de Largo Caballero, que suministrará los grados a las diferentes organizaciones, pasando después a la formación de las columnas.
En definitiva, así como el grueso del ejército regular pasó a Franco, el Frente Popular y sus aliados intentó trasladar a los obreros, por medio de la organización de las milicias, del territorio social al terreno de la formación de un nuevo ejército regular, esto explica porqué los obreros a pesar de su valor fueron aplastados. En el terreno militar Franco obra con certeza, mientras que los Companys, Largo Caballero y compañía desplegaron una estrategia más social que militar, consistiendo en favorecer la masacre de los obreros que por su incorporación al nuevo ejército no tuvieron la fuerza de reencontrar el camino mediante el cual vencieron a los militares en Barcelona y en Madrid el 19 de Julio.
Pasemos ahora al examen de los otros instrumentos de la dominación capitalista. La Guardia Civil célebre por las masacres de obreros en la época de la Monarquía, fue transformada en Guardia Nacional Republicana. Cierto que en Barcelona la CNT procedió a una limpieza de ésta ultima, pero la institución quedó en pie embellecida por la entrada de militantes anarquistas en su seno.
En Madrid la Guardia Civil quedó intacta guardando celosamente las cajas fuertes del capitalismo: los bancos. Solo en Valencia desapareció la Guardia Civil en donde los obreros de la Columna de Hierro (CNT) ejerciendo el acuerdo tomado por su organización de pedir a la Guardia Civil la devolución de sus fusiles, volvieron al frente para, con la amenaza de sus ametralladoras, desarmar completamente a los guardias civiles e ir quemando los archivos de la policía.
Madrid comprendió por otra parte que en este punto valía más retirar a la Guardia Civil y a la Guardia de Asalto y dejar que se constituyeran bajo la dirección del Comité Ejecutivo Popular (una especie de Frente Popular) una G.P.A. (Guardia Popular Antifascista) que mantuviera firmemente el orden en la retaguardia.
La Guardia de Asalto que los obreros soportaron bajo la República quedó intacta y ha sido fuertemente armada en Barcelona actualmente.
Por lo que concierne a la Dirección General de Seguridad se procedió a una simple limpieza de la institución que, por lo demás, quedó intacta. En Francia Blum renueva los funcionarios por decreto y democratiza el Estado: en España se ha renovado a los funcionarios con fusiles para “proletarizar” las instituciones capitalistas. Los anarquistas toman la Dirección general de Seguridad en Barcelona, primeramente bajo la forma de la sección de investigación del C.C. de Milicias, hoy bajo la forma de Departamento de seguridad en donde el militante de la CNT Fernández es Secretario General.
En Madrid a principios de Octubre, después de la promulgación del decreto sobre la militarización, todas las secciones de vigilancia de las organizaciones políticas o sindicales estuvieron sometidas al Departamento de la Dirección General de Seguridad. Ni en Barcelona ni en Madrid se publicaron las listas de los confidentes empleados por la policía política en las organizaciones obreras: estos resulta significativo.
Los tribunales fueron restablecidos rápidamente en su funcionamiento con la ayuda de la antigua magistratura y la participación de las “organizaciones antifascistas”. Los tribunales populares de Cataluña, tanto la primera versión como la posteriormente la versión “extremistas” (decreto del Ministro del POUM, Nin) parten siempre de la colaboración con los magistrados profesionales y los representantes de todos los partidos, aunque Nin los ha innovado suprimiendo el jurado popular. En Madrid el porcentaje de magistrados profesionales será más alto que en Barcelona pero, desde Octubre, Largo Caballero dispondrá de decretos para simplificar el procedimiento durante el curso de los juicios a fascistas, poniéndose de esta forma a la altura de Nin.
Sólo una institución será barrida seriamente en Cataluña: la iglesia y, puesto que no se trata de un elemento esencial en la dominación capitalista, dará a las masas la impresión de un cambio general mientras que es fácil reconstruir iglesias y poblarla de nuevos curas cuando el régimen capitalista subsiste en sus fundamentos.
Por otra parte si se toma otro hecho, se comprenderá inmediatamente que la iglesia no es el nudo del problema. Toda la Banca y el Banco de España quedaron intactos, y por doquier se tomaron medidas de precaución para impedir (aun con la fuerza de las armas) que las masas se inmiscuyeran. Con lo dicho acerca de la demolición de iglesias y la pasividad ante los bancos, se encuentra el hilo de los acontecimientos en el curso de los cuales las masas se vieron impelidas a demoler aquello que estuviera al margen del sistema capitalista pero no el propio sistema.
Examinemos ahora dos géneros de organismos que fueron constituidos en oposición los unos a los otros. Los Consejos de fábrica y el Consejo de Economía de Cataluña. Cuando los obreros reemprendieron el trabajo allí donde los patronos habían huido o fueron fusilados por las masas, se constituyeron Consejos de Fábrica que fueron la expresión de la expropiación de dichas empresas por los trabajadores. Aquí intervinieron rápidamente los sindicatos para establecer normas con el fin de constituir una representación proporcional de los miembros de la CNT y de la UGT. En fin, al tiempo que se efectúa la vuelta al trabajo con la petición de los obreros de la semana de 36 horas y el aumento de salarios, los sindicatos intervienen para defender la necesidad de trabajar a pleno rendimiento para la organización de la guerra sin respetar demasiado una reglamentación del trabajo y del salario.
Ahogados de inmediato, los comités de fábrica y los comités de control de las empresas donde la expropiación no se realizó (en consideración al capital extranjero o por otras razones) se transformaron en órganos para activar la producción y, por eso mismo, fueron desdibujados en cuanto a su significado de clase. No se trata ya de organismos creados en el curso de una huelga insurreccional para derribar al Estado sino de organismos orientados hacia la organización de la guerra, condición esencial para permitir la supervivencia reforzamiento de dicho Estado.
Controlados enseguida por los sindicatos y movilizados para la guerra antifascista desde el 11 de Agosto, los comités de fábrica fueron adheridos al Consejo de Economía quien, después del decreto oficial fue el organismo deliberador para establecer acuerdos en materia económica entre las diversas organizaciones representadas (3 Estado Republicano Catalán, 3 CNT, 2 FAI, 1 POUM, 3 UGT, 1 Acción Catalana, 1 Unión Republicana) y el Gobierno de la Generalitat, que ejecutará los acuerdos que resulten de sus deliberaciones.
En adelante, los obreros en el seno de las fábricas que habían creído conquistar sin destruir el estado capitalista se convertirán en los prisioneros de éste último y pronto, en Octubre bajo el pretexto de trabajar para una nueva era y ganar la guerra, se militarizará a los obreros de las fábricas. El Consejo de Economía desde su constitución se pondrá a trabajar para el socialismo de acuerdo con los partidos republicanos y la Generalitat. Ni más, ni menos. Quien realizará –sobre el papel- este “primer paso del capitalismo al socialismo será el Sr. Nin que elaborará los 11 puntos del Consejo. En Septiembre, el nuevo ministro “obrero” de la Generlitat será el encargado de realizar ese “primer paso” pero para entonces el engaño y la mistificación serán muy evidentes.
El hecho más interesante en este terreno es el siguiente: a la expropiación de las empresas en Cataluña, a su coordinación efectuada por el Consejo de Economía en Agosto, al decreto del Gobierno en Octubre dando las normas para pasar a la “colectivización”, sucedieron cada vez nuevas medidas para someter a los proletarios a una disciplina en las fábricas, disciplina que nunca hubiera sido tolerada viniendo de los antiguos patronos.
En Octubre la CNT lanzará sus consignas sindicales por medio de las cuales prohibirá las luchas reivindicativas de cualquier tipo y hará del aumento de la producción el deber más sagrado del proletariado. Aparte del hecho que hemos rechazado ya frente al engaño que consiste en asesinar físicamente a los proletarios en nombre de la “construcción de un socialismo” que nadie atisba aún, ¡declaramos abiertamente que, a nuestro entender, la lucha en las empresas no cese un momento mientras subsista la dominación del Estado capitalista!. Es verdad que los obreros deberán hacer sacrificios después de la revolución proletaria, pero un revolucionario nunca podrá predicar el fin de la lucha reivindicativa para llegar al socialismo. De la misma forma no levantaremos ante los obreros el arma de la huelga después de la revolución, pero cuando el proletariado no tiene el poder –y este es el caso en España- la militarización de las fábricas equivale a la militarización de las fábricas en no importa que Estado capitalista en guerra.
Para llegar a ser armas revolucionarias los Consejos de Fábrica hubieran debido permitir a los obreros expandir su lucha contra el Estado, pero dado que sus organizaciones se alinearon con la Generalitat esto era imposible so pena de dirigirse contra la CNT, UGT, etc. Es inútil pues hablar al respecto de dualidad de poder frente al Estado en Cataluña. Es evidente que ni en Valencia ni, con mayor razón aún, en Madrid encontramos estas formas de intervención obrera. Pero nos falta espacio para examinar con más detenimiento las iniciativas obreras en estas dos ciudades.
Antes de reemprender el análisis de los acontecimientos queríamos decir algunas palabras sobre el problema agrario. Es verdad que este terreno se produjeron numerosas innovaciones. En Cataluña fue decretada la “sindicalización” obligatoria de diversas actividades agrícolas (venta de productos, compra de material agrícola, seguros,…). Por otra parte es evidente que desde el 19 de Julio los rabasaires (pequeños propietarios) se descargaron de una serie de rentas y servidumbre, al tiempo que cuando las tierras pertenecían a propietarios sospechosos de simpatías hacia el fascismo se pasó al reparto de las mismas bajo la égida de los comités antifascistas. Pero enseguida, primero el Consejo de Economía y después el Consejo de la Generalitat de Octubre, se pusieron manos a la obra para encuadrar estas iniciativas y dirigirlas hacia las necesidades de la economía de guerra que se ponía en marcha.
El punto 11 del programa del Consejo de Economía decía ya en el mes de Agosto: “colectivización de la gran propiedad agraria, que será explotada por los sindicatos campesinos con la ayuda de la Generalitat…”. Enseguida, más concretamente en Septiembre y Octubre, la consigna de la CNT y de otras organizaciones fue la siguiente: “Nosotros respetaremos la pequeña propiedad campesina. ¡Campesinos, poneos a trabajar!”. En fin, se estará en contra de la colectivización forzosa y el Consejo de Agricultura velará para tranquilizar a los campesinos que simplemente se verán afectados en las medidas generales concernientes a la venta de productos y a la compra de material, mientras que se pondrá en evidencia que “la colectivización de la tierra debía limitarse a las grandes propiedades agrícolas confiscadas”.
Por lo que concierne a la provincia de Valencia también aquí, con el reflujo de los acontecimientos, se tenderá a construir comités de explotación de naranjas, arroz, cebollas, etc, mientras que las tierras pertenecientes a propietarios fascistas serán confiscadas por los campesinos quienes mantendrán un carácter colectivo en las explotaciones a causa de las propias necesidades del cultivo (problemas de irrigación).
En Madrid, Uribe, Ministro comunista de Agricultura promulgará un decreto en el mes de Octubre en donde se especificará “que se autoriza la expropiación sin indemnización a favor del Estado de las propiedades agrícolas cualquiera que sea su extensión y tipo pertenecientes, el 18 de Julio de 1.936 a personas naturales o jurídicas que intervinieran de forma directa o indirecta en el movimiento insurreccional contra la República”.
En el fondo no se trata más que de medidas de guerra que en cualquier Estado burgués se toman “contra el enemigo”. La única diferencia es que los Uribe y consortes debieron tener en cuenta la intervención de las masas campesinas que, después del 19 de Julio fueron mucho mas lejos que sus decretos.
Pero, aún admitiendo que una “revolución agraria” se hubiera efectuado en España habría que probar que aquella fuera el eje de la situación y no el reforzamiento del Estado capitalista en las ciudades, que precisamente hace ilusorio toda cambio profundo y duradero en las relaciones económicas y de las bases de la agricultura en el sentido revolucionario. No pensamos zanjar todos estos problemas con la breve enunciación que debemos limitarnos a efectuar aquí.
En otro estudio profundizaremos con la documentación precisa.
La masacre de obreros.
Durante el mes de Agosto la precipitación hacia los frentes prosigue en medio del entusiasmo de los proletarios. “Amenazamos Huesca, marchamos triunfalmente sobre Zaragoza, el cerco a Teruel se lleva a cabo”. Tales serán las consignas que los obreros oirán durante meses repetidas por todas las organizaciones. Pero paralelamente cada organización intervendrá para sustituir las iniciativas de los obreros en la retaguardia por las iniciativas y decisiones tomadas en común.
El 19 de Agosto, el POUM intervendrá con un editorial en la que el sentido central es el siguiente: “los órganos regulares creados por la revolución son los únicos órganos encargados de administrar la justicia revolucionaria”.
Poco más o menos al mismo tiempo “La España antifascista”, edición de Barcelona, publicará una entrevista a Companys en donde ésta pondrá en evidencia que la CNT y la FAI son hoy los representantes del orden y que la burguesía catalana no es una burguesía capitalista (sic), sino humanitaria y progresista[3].
El 22 bajo la consigna de “Hasta el final” se organizará la expedición a Mallorca donde serán arrojados millares de obreros catalanes, de los cuales una gran parte deberán ser evacuados enseguida a Barcelona ante el silencio más completo de todos los frentes antifascistas. Esta experiencia, que probará claramente la voluntad de la burguesía “humanitaria” catalana de arrojar a los proletarios a las masacres militares, tendrá su repercusión en un mayor ligamen entre el comité de guerra del Comité Central de Milicias y el departamento de guerra de la Generalitat.
El 25, la agravación de la situación militar repercutirá en las relaciones entre las diversas organizaciones. El POUM se hará eco pidiendo que la cordialidad de los milicianos en el frente se manifieste también en la retaguardia. Respecto a la CNT, el POUM dirá que la convergencia entre el esfuerzo revolucionario de aquella y el suyo se completa, y que la unidad de acción de las masas se debe mantener a cualquier precio.
Pero, desde el 25, “Solidaridad Obrera” escribirá que en su ultimo pleno la CNT ha adoptado acuerdos concluyentes respecto al desarme del 60% de los milicianos pertenecientes a los diferentes partidos. Estos aplicarán por si mismos dichas medidas que en caso de no llevarse a cabo será la CNT quien se encargue de hacerlas adoptar por sus propios medios. La consigna central del pleno era: todas las armas al frente.
De este modo la CNT daba a entender que en lo que a ella concernía la lucha violenta en la retaguardia –en las ciudades- se había terminado y que no quedaba más que un frente en el que los obreros debían batirse: el frente militar.
Todos los partidos compartieron esta opinión y el 29 se publica un decreto del CC de Milicias: los que poseen armas deben entregarlas inmediatamente o irse al frente. A partir de entonces Companys pudo frotarse las manos con satisfacción.
Al mismo tiempo se precisará la comedia de la no-intervención. Todos los estados capitalistas y Rusia se pondrán de acuerdo para facilitar el creciente envío de armas pesadas a Franco y la expedición de columnas de obreros extranjeros a Companys y Largo Caballero. Todos los Estados velarán por intervenir en España para activar la masacre de los proletarios según el acuerdo de “no-intervención”. Italia y Alemania suministrarán armas a Franco. Blum facilitará la formación de “legiones extranjeras proletarias” (según “Solidaridad Obrera”) vigilando al mismo tiempo el envío de armas.
Desde entonces el POUM y la CNT concebirán la ayuda del proletariado internacional como una presión sobre los respectivos Gobiernos para obtener “aviones para España”. Dichos aviones vendrán de Rusia una vez la militarización haya sido aplicada y los obreros españoles se encuentren ya en la imposibilidad de escapar a la masacre de Franco. Pero examinaremos esto más a delante.
El 1 de Septiembre el Sr. Nin, en un mitin del POUM, defenderá la tesis de que “nuestra revolución es más profunda que la efectuada en Rusia en 1.917”. ¿Será esta la razón por la que en España se incitará a las masas a hacer la revolución sin echar por tierra el Estado capitalista?. Para Nin la originalidad de la revolución española consistirá en que la dictadura del proletariado será ejercida por todos los partidos y organizaciones sindicales (incluidos los partidos de la izquierda burguesa del Sr. Companys). Pero el 1 de Septiembre cuando se entraba en la fase de la caída de Irún, los periódicos de Barcelona, y “La Batalla” en primer lugar, lanzaban el grito de júbilo –“la caída de Huesca es inminente”, y al día siguiente se gritará “estamos en las primeras casas de Huesca”, pero los días y las semanas pasarán sin resultados y finalmente se cuchicheará que el comandante en jefe de las fuerzas gubernamentales es un traidor y que es por su culpa que... El día 2, el POUM “profundizará” la revolución liquidando su organización sindical dentro de la UGT so pretexto de inyectar a ésta una dosis revolucionaria. Pero la derrota de Irún llegará pronto y con ella la traición de elementos del Frente Popular. En “La Batalla” y la “Soli” se desencadenará una campaña contra los que, como Prieto, desearían realizar un compromiso con los fascistas.
¿Qué ha pasado en Badajoz?, ¿qué pasa en San Sebastián? Preguntará el POUM. Y él mismo se contestará diciendo: hace falta un Gobierno obrero.
La CNT y los social centristas de Barcelona reaccionaron frente a la aventura de Mallorca y la traición de Badajoz e Irún desencadenando una fuerte campaña por el mando único de las milicias y la centralización de las mismas. Pero en ese momento la atención de las masas se volverá hacia Huesca y por todas partes se dirá “se ha completado el último cerco a Huesca y su caída es inminente”.
Entonces es cuando debuta el Gobierno de Largo Caballero que se presentará como un “programa constitucional” y propondrá como tarea el mando único de la guerra. Badajoz e Irún serán pronto olvidadas cuando los nacionalistas vascos entreguen San Sebastián a las tropas de Franco, se constituirá un departamento vasco en el Gobierno de Largo Caballero que elaborará un estatuto jurídico para el Estado libre del país vasco.
Largo Caballero, que ha intentado arrastrar a la CNT a su ministerio se contenta con el sostén técnico de la misma y, pasará a la organización de la derrota de Toledo y de la caída de Madrid.
Antes de esto el POUM había saludado el Gobierno de Largo Caballero como un Gobierno progresista en relación con Giral, pero había declarado que para ser verdaderamente obrero debía incorporar a todos los partidos obreros y, en primer lugar, a la CNT y la FAI (y, del mismo modo, también al POUM).
Por estas razones mantenía su consigna de una Gobierno obrero apoyado en una Asamblea Constituyente de obreros y soldados. “Mundo Obrero”, el órgano de los centristas madrileños, con varios ministros en el Gobierno lanzará la consigna de “todo para el Gobierno y por el Gobierno”.
El día 12 se está todavía “ante las primeras casas de Huesca”. Pero el 13, aun no se había tomado Huesca, será necesario intentar normalizar la situación en Cataluña en previsión de una guerra larga. La CNT se dirigirá a los campesinos para afirmar que no quería colectivizar más que las grandes propiedades mientras que respetaba la pequeña propiedad: “¡al trabajo campesinos!” será su consigna. El POUM expresará públicamente su acuerdo y continuará arrastrándose de forma lamentable detrás de la CNT, a la que tirará flores regularmente pese a que ésta se dedica a despreciarlas públicamente.
El día 20 partirá en Madrid una campaña a favor del restablecimiento de un ejército regular, siendo los centristas quienes la empiecen. El POUM aceptará el principio de un ejército rojo. La CNT se callará desdeñosamente y pasará a la organización del pleno nacional de sus regionales en Madrid.
Las decisiones de éste ultimo fueron las siguientes: comenzar la campaña para obtener la creación de un Consejo Nacional de Defensa, apoyado por Consejos Regionales, cuya finalidad será la lucha contra el fascismo y la construcción de unas nuevas bases económicas. La composición del Consejo Nacional de Madrid deberá ser: 5 representantes de la UGT, 5 de la CNT y 4 de partidos republicanos. La presidencia del Consejo será para Largo Caballero mientras que Azaña quedará a la cabeza de la República. Su programa comportaba el mando único y la supresión de las milicias voluntarias, etc.
En torno a estas posiciones se desencadenaron inmediatamente vivas polémicas. Pero había dos hechos esenciales que se daban por supuestos: los anarquistas participarían en los ministerios a condición de que estos cambiaran sus nombres, lo que no es muy difícil, dirá “Claridad” órgano de Largo Caballero. En definitiva, los mismos que el día 2 de Agosto recomendaban a los obreros de Barcelona que rehusaran hacerse soldados para ser milicianos del pueblo, aceptaban ahora el principio de la militarización.
Entre tanto la situación militar se agrava. Toledo está a punto de claudicar y, en contrapartida, se seguirá estando “en las primeras casas de Huesca”. Se precisa ya la amenaza sobre Madrid.
El 26 se abre la crisis del Gobierno de la Generalitat. Al día siguiente se constituye un nuevo Gobierno en el que participan la CNT, el POUM y los social-centristas. El programa de este “Gobierno obrero”, en el que los partidos de izquierda burguesa participan como expresión de la pequeña burguesía, comporta el mando único, la disciplina, la supresión de los voluntarios, etc.
Algunos días después Largo Caballero estima que ha llegado el momento para promulgar el famoso decreto sobre la militarización de las milicias y la aplicación del código militar en este nuevo ejército regular. En Madrid el decreto será aplicado a partir del 10 de Octubre; en las regiones periféricas, donde será necesario durante un tiempo maniobrar frente al proletariado, se aplicará a partir del 20. La constitución del nuevo Consejo de la Generalitat y el decreto de Caballero, llegarán a tiempo para impedir que el proletariado plantease estas dos cuestiones: ¿Qué ha pasado en Toledo?, ¿Por qué estamos siempre “en las primeras casas de Huesca”?, ¿por qué Oviedo que había sido tomada por los mineros pudo ser ganada tan fácilmente por las tropas fascistas?, ¿por qué y para quien nos hacemos masacrar?. Los Largo Caballero, Sandino, Companys, Villalba, el gran Estado Mayor, a los que se unían los Grossi, Durruti, Ascaso ¿no son los mismos que en 1.931, 1.932, 1.934 hicieron con los cadáveres de obreros una alfombra para la llegada de las derechas?, ¿podemos conocer otra cosa que no sean derrotas y masacres habiendo traidores en la dirección de las operaciones militares?.
Los obreros no tienen tiempo para platearse estos problemas que significarían el abandono de los frentes y el desencadenamiento de la lucha armada tanto contra Largo Caballero como contra Franco. Los proletarios no tienen tiempo de entrever este camino, que sería el único donde podrían encontrar una posibilidad de acabar con el fascismo habiendo acabado también con el capitalismo. El nuevo Consejo de la Generalitat los detiene en Cataluña y el decreto sobre la militarización de Madrid interviene en las demás regiones con la amenaza de graves sanciones.
Los acontecimientos se suceden ahora con rapidez. En Cataluña un simple decreto disuelve el Comité Central de Milicias (que conservaba un aspecto revolucionario frente a las maniobras del capitalismo) porque, dirá García Oliver, delegado de la CNT, “ya estamos representados en el Consejo de la Generalitat”. Todos los comités antifascistas fueron disueltos y remplazados por los Ayuntamientos. Ninguna institución del 19 de Julio sobrevivirá, y un segundo decreto precisará que toda tentativa de reconstruir organismos al margen de los ayuntamientos constituye un acto delictivo.
El 14 de Octubre aparecerán las consignas sindicales de la CNT: decreto de movilización y militarización en Cataluña. Ese mismo día en que el buque soviético “Zanjarin” hará escala en el puerto de Barcelona para remarcar pomposamente que la URSS había roto la política de “no-intervención” y corría por fin en ayuda de los obreros españoles.
Las consignas de la CNT tendieron a prohibir absolutamente “mientras estemos en guerra” las reivindicaciones sobre las nuevas bases de trabajo, sobre todo si venían a agravar la situación económica. Dichas consignas afirmaban que en las producciones que tuvieran una relación directa o indirecta con la lucha contra el fascismo no se podrá exigir que sean respetadas las bases del trabajo, ni en salarios ni en jornada. En fin, los trabajadores no podían pedir remuneraciones por las horas extra efectuadas en las producciones útiles para la guerra antifascista y debían aumentar la producción respecto al periodo anterior al 19 de Julio.
Los sindicatos, los comités y delegados de taller y obra, serán los encargados de aplicar dichas consignas con “la ayuda de los revolucionarios”.
La militarización de las milicias sustituirá la captación de proletarios y campesinos, para dejarlos en el frente en nombre de la guerra por el “socialismo”, por el llamamiento a las clases y luego a toda la población con el fin de oponer al fascismo la “nación armada” en “lucha por la libertad”.
El POUM y la CNT tendrán que maniobrar para cegar a las masas y disfrazar la militarización como una “necesidad vital” que su “constante vigilancia de clase” (¿?) impedirá que se transforme en un instrumento de estrangulamiento de los obreros. Pero el caso es que la militarización se aplicará estrictamente. En el fondo mostrará como el capitalismo llega a crucificar al proletariado en los frentes, en donde Largo Caballero y sus aliados “revolucionarios” prepararán minuciosamente las catástrofes militares. En adelante la masacre de los obreros en España tomará la forma de una guerra principalmente burguesa en la cual, con dos ejércitos regulares: el “democrático” y el fascista, serán masacrados los obreros.
El mismo día en que el decreto se aplicó en Barcelona atracó el Zanjarin, buque ruso que remarcó simbólicamente la vuelta de Rusia hacia España. La URSS intervendrá aportando armas y técnicos, sólo después de que la constitución del ejército regular de Largo Caballero dijera abiertamente que se trataba de una guerra burguesa. No olvidemos que al comienzo de los acontecimientos Rusia asesinaba a Zinoviev-Kamenev y a tantos otros. Ahora podrá pasar directamente al asesinato de los obreros españoles, para los cuales sus aviones y sus tanques serán un argumento de peso para su aceptación o para la aceptación de su incorporación en un ejército burgués dirigido por personas hábiles en la masacre de proletarios.
En Madrid hasta el momento de la constitución del nuevo Ministerio (o Consejo, como lo llamaban los anarquistas) la CNT más bien se oponía a la militarización. Aún en el “Frente Libertario” (órgano de las milicias confederadas de la CNT en Madrid) del 27 de Octubre encontramos esta posición: “Milicias o Ejército nacional. ¡Para nosotros, milicias populares!”. Pero también aquí de la posición de la CNT se desprende un vergonzoso oportunismo ya que, a pesar de no tener actividad en el seno del Gobierno y de no poder controlar las operaciones militares, mantendrá una posición huraña.
Como se ve Largo Caballero mata dos pájaros de un tiro reajustando su gabinete 8 días antes de su huida a Valencia. Los anarquistas entran en el “Consejo” dando de esta forma, no solamente el visto bueno a la militarización y a la creación de un ejército regular, sino también a toda la maniobra de Largo Caballero quien después de la caída de Toledo ha permitido, si no facilitado, el camino de los fascistas hacia Madrid. La burguesía dará por cada derramamiento de sangre proletaria un paso hacia la extrema izquierda. De Giral a Largo Caballero en Madrid, de Casanovas a Fábregas-Nin en Barcelona; hoy García Oliver es ministro y los representantes de las juventudes socialistas y libertarias han entrado en la Junta de Defensa madrileña.
A este ritmo se sucederán los acontecimientos. En Cataluña bajo la bandera del Consejo “revolucionario” de la Generalitat la alianza de los anarquistas con los social-centristas trata de impedir que los obreros luchen por sus reivindicaciones de clase y de mantenerlos bajo la lluvia mortífera de balas y bombas. En Madrid Largo Caballero parte hacia Valencia, pero hasta el último de los proletarios se hará matar pagando así el precio de la trágica aberración que les hizo confiar su suerte a los agentes del capitalismo y a los traidores. ¡Ah!, el General Mola tenía razón cuando decía: “Tengo 5 columnas que van a tomar Madrid, 4 alrededor y una en la propia ciudad”. La quinta columna, la de Largo Caballero y sus consortes ha acabado su obra, y se dispone a continuarla unida fraternalmente con la CNT y el POUM en las regiones. Después de Madrid será el proletariado de Barcelona y Valencia a los que el capitalismo atacará con furia.
Debemos concluir aquí nuestro análisis de los acontecimientos en España, aunque somos conscientes de la insuficiencia del análisis del periodo calificado por nosotros de “masacre de proletarios”. Volveremos sobre este periodo en el próximo número de “BILAN”. Ahora nos interesa sobre todo acabar con una breve enunciación de las posiciones que nuestra Fracción opone a la mistificación del antifascismo.
Nos dirigimos con vehemencia a los proletarios de todos los países para que no acrediten, con el sacrificio de su vida, la masacre de los obreros en España. Para que se nieguen a ir a España en las Columnas Internacionales, y en cambio comprometan su lucha de clase contra su propia burguesía. El proletariado español no debe mantenerse en el frente por la presencia de obreros extranjeros que le den la impresión de que luchan por una causa internacional.
En cuanto a los proletarios de la península ibérica no tienen ahora más que una salida, la misma que el 19 de Julio: huelga en todas las empresas, sean de guerra o no, tanto del lado de Companys como del lado de Franco; contra los jefes de sus organizaciones sindicales y del Frente Popular, y por la destrucción del régimen capitalista.
Que los obreros no se espanten de que les digan que actuando de esa manera le hacen el juego al fascismo. Sólo los charlatanes y los traidores podrán pretender que luchando contra el capitalismo, que se encuentra tanto en Sevilla como en Barcelona, se hace el juego al fascismo. El proletariado revolucionario debe permanecer fiel a su idea de clase, a sus armas de clase, y todo sacrificio que hoy haga en esa dirección será fructífero para las batallas revolucionarias de mañana.
BILAN Nº 36 octubre-noviembre 1936
[1] Excepto Asturias y Vizcaya donde el desarrollo de la industria pesada y minera ha minado las bases de la ideología anarquista.
[2] Sindicatos de empleados.
[3] Pregunta: El papel cotidiano preponderante de la CNT en Cataluña ¿No será nocivo para el Gobierno democrático?
Respuesta de Companys: No la CNT ha tomado para si los deberes abandonados por la burguesía y los fascistas que han huido: establece el orden y defiende la sociedad..., la CNT es ahora la fuerza, la legalidad, el orden.
Pregunta: ¿No cree Ud. que una vez aplastado el fascismo el proletariado revolucionario examinará a su vez a la burguesía.
Respuesta: No olvide que la burguesía catalana difiere de la burguesía de ciertos países democráticos de Europa. El levantamiento fascista ha sido su suicidio. Nuestro Gobierno, aunque burgués no defiende intereses financieros de ningún tipo, defiende a las clases medias. Hoy caminamos hacia un orden proletario. Es posible que nuestros intereses se resientan algo pero tenemos el deber de ser útiles aún en el proceso de transformación social. No queremos dar privilegios exclusivos a las clases medias. Queremos crear un derecho democrático-individual sin coacciones sociales o económicas.
¿Cuántos habrán muerto? Imposible conocer una cifra incluso aproximada del número de víctimas caídas en una orgía de sangre, digna ceremonia de la apertura de las Cortes de la “República de los Trabajadores de España”. La Derecha agraria y monárquica, la Derecha Republicana, la Izquierda Radical, el partido socialista y la Izquierda Catalana, en un frente único admirable, manifiestan su satisfacción por esta victoria del Orden. De Maciá –el “libertador de Cataluña- a Maura, de Lerroux a Prieto, todos rinden el adecuado homenaje a la “sensatez de los obreros españoles” por haber abandonado a los “malos pastores” que este caso resultarían ser los anarquistas de la Federación Anarquista Ibérica. No se trataría, por supuesto, de un movimiento obrero ahogado a base de ametralladoras y cañones, sino sencillamente - ¡y qué sencillamente!- de una especie de depuración realizada por la burguesía en interés de los trabajadores. Una vez la úlcera extirpada, la sensatez, la prudencia innata, volverían y los trabajadores se apresurarían a dar las gracias a sus verdugos por haberlos liberado de los anarquistas.
Habría que establecer lo antes posible el balance de las víctimas que constan en el activo de la República de los Azaña, Largo Caballero y demás, así como de estas nuevas Cortes, con lo que se llegaría a establecer la verdadera significación de esta República y de la pretendida revolución democrática de 1931 mucho mejor que a través de cualquier controversia teórica. Este balance no es mejor que el de la monarquía y acabará demostrando al proletariado que no hay ninguna forma de organización burguesa que pueda defender. Que tampoco hay para él un “mal menor” y que hasta que no haya llegado la hora de presentar la batalla insurreccional no puede defender nada más que las posiciones de clase que ha conquistado y que no ha de confundir con las formas de organización y gobierno del enemigo, aunque sean las más democráticas. Los trabajadores españoles, así como el proletariado, tanto de los países del “paraíso democrático” como los del fascismo, acaban de realizar una vez más esta experiencia.
“Movimiento anarquista”. Así han calificado este levantamiento que han ahogado en sangre. Y, cómo no, las formaciones de la izquierda burguesa, los socialistas y el liberal Maciá dirán que entre los “agitadores” anarquistas estaban mezclados los inevitables “provocadores” de la monarquía. De este modo su conciencia republicana recobrará serenidad y su alma seguirá sin mancha. Pero el proletariado sabe reconocer a los suyos y sabe muy bien que no son “provocadores” los que la Guardia Civil ha abatido sino los más valerosos de sus hijos que se habían levantado contra la opresión del capitalismo republicano.
Estos movimientos sociales de tal amplitud no dependen, y no pueden depender, de un plan establecido de antemano. La concepción propia del enemigo considera la lucha de masas contra la opresión como el producto de un partido que se dedica a tramar complots. La revuelta proletaria encuentra su causa real, no desde luego en no se sabe qué maquinación anarquista, sino en la situación general de la clase obrera. Tampoco tiene nada que ver con las elecciones a Cortes. Estas, en todo caso, han podido aportar una ocasión fortuita pero no son su elemento determinante de la revuelta obrera de estos últimos días.
La falta de un partido revolucionario del proletariado, eso es lo que ha salvado a los defensores del capitalismo español. La construcción de este partido se hace al precio de innumerables víctimas proletarias. Las condiciones de su formación y de su desarrollo como guía de la clase obrera pueden surgir de las experiencias de lucha sangrienta del proletariado contra el capitalismo.
Las víctimas obreras caídas en la lucha en España no pertenecen a ninguna escuela particular. Ellas no pueden ser materia de una especulación favorable o contraria a los anarquistas. El proletariado de todos los países honrará los muertos de España, ayudando al proletariado ibérico a forjarse el instrumento indispensable para su victoria, su partido de clase, para el desencadenamiento de la insurrección proletaria.
BILAN nº 2 diciembre 1933
¬ Este artículo se publicó como respuesta a la terrible masacre de obreros agrícolas en Casas Viejas (Cádiz) perpetrada bajo la responsabilidad directa de Azaña que telegrafió a los guardias “disparad a la barriga”.
Después de la guerra, la socialdemocracia, favorecida por el auge económico que se manifestó en todos los países, incluso en España que permaneció neutral, no dejó de apoyar abiertamente la dictadura de Primo de Rivera (para terminar colaborando con ella más tarde[1]). Al caer éste último en desgracia, como era el único grupo organizado a nivel nacional (las familias republicanas de vieja o de nueva estirpe sólo existían localmente), la socialdemocracia ganó una influencia superior a su potencia real: 114 diputados en las elecciones constituyentes. Estas circunstancias le permitieron presentarse como el agente central necesario para salvaguardar el orden capitalista en los momentos peligrosos y consolidar ulteriormente el orden a partir del cual se podía lanzar la contraofensiva contra el proletariado.
Durante la dictadura de Primo de Rivera que se instaló en 1.923, y bajo el gobierno de transición de Berenguer que le sucedió en enero de 1.930 se llevó a cabo una división de los partidos históricos de la burguesía, instaurándose así la era de los partidos de las clases medias: había varias agrupaciones republicanas cuyas fronteras eran bastante difusas, todas ellas bastante próximas al partido radical de Lerroux y al partido radical socialista creado por la izquierda del partido radical.
Lo que caracteriza a este período es, entre otras cosas, el pacto de San Sebastián firmado en agosto de 1.930 por los partidos catalanes y los partidos antimonárquicos (socialistas, radical-socialistas, radicales, derecha republicana) que debía resolver el peliagudo problema de la autonomía de Cataluña y las provincias vascongadas y la tentativa prematura que se realizó en 1.930 con el levantamiento de la guarnición de Jaca y la proclamación de la República en Madrid.
El capitalismo posee una notable flexibilidad que le permite adaptarse a las situaciones más difíciles; los burgueses españoles, monárquicos en un principio, comprendieron bien pronto que por el momento era más útil abandonar el poder en las “manos amigas” de los socialistas y de los republicanos que correr el riego de enfrentarse con una resistencia que podría poner en peligro sus intereses de clase. Por otra parte todas las divergencias políticas que se habían manifestado en las formaciones republicanas se esfumaron con vistas a la consolidación del poder. Así pues, de la noche a la mañana, de monárquica se convirtió en republicana, y cuando las elecciones municipales del 12 de abril de 1.931 dieron la mayoría a los partidos de oposición que en su mayoría eran antimonárquicos –de 50 capitales de provincia ganaron en 46- se operó un cambio pacífico en la decoración política y tuvo lugar la abdicación de Alfonso XIII. En su lugar se formó un gobierno provisional constituido por los republicanos y socialistas signatarios del manifiesto de diciembre de 1.930.
En el primer gobierno de transición los socialistas ocuparon las carteras de trabajo, justicia y hacienda, las dos últimas después de un intercambio con las de instrucción y obras públicas.
En treinta meses de coalición gubernamental, los socialistas avalaron y encubrieron todos los crímenes y felonías de la burguesía “liberal”, la represión de los movimientos obreros y campesinos, como las matanzas de Arnedo y Casas Viejas, la ley de Defensa de la República, la de Orden Público, la ley reaccionaria sobre las asociaciones, la mistificación de la ley agraria.
La función histórica de la socialdemocracia consistió sobre todo en mantener las ilusiones democráticas entre los obreros, impedir su radicalización y ahogar su ímpetu revolucionario.
Cuando la burguesía se sintió lo bastante fuerte como para arreglárselas sin la socialdemocracia los envió a paseo y los socialistas que habían reforzado su demagogia verbal en proporción a su pérdida de influencia en el seno del gobierno, parieron una izquierda que se esforzó por mantener la bandera de la traición entre los proletarios. Largo Caballero, ministro cuando la matanza de Casas Viejas amenazó a la burguesía con la dictadura proletaria y un régimen soviético.
Verdaderamente es una “ley de bronce” la que impulsa a la socialdemocracia a movilizar al proletariado con eslóganes democráticos para pasar a continuación a la oposición izquierdista y preparar por fin la traición futura mientras los partidos de la clase media se integran en la reacción y pasan al ataque. Entonces los acontecimientos sobrevienen con una velocidad y una lógica implacables.
Así, en España, al gobierno de coalición sucede un gobierno radical de transición para proceder a nuevas elecciones. Este último delegó el poder en un gobierno radical orientado hacia la derecha y dirigido personalmente por Lerroux después de la derrota de los socialistas en las elecciones de noviembre de 1.933. Pero la burguesía no se sentía todavía en estado de pasar a una ofensiva violenta y Lerroux es relevado por Samper. Entonces ya se podía decir que los partidarios abiertos de la reacción tenían la sartén por el mango.
A partir de entonces los hechos son de sobra conocidos: en respuesta a la reconstitución del gobierno Lerroux en el que las carteras más importantes quedaban en manos de los populistas católicos (es decir, el partido más reaccionario de la Península Ibérica), los socialistas proclamaron la huelga general para el 5 de octubre. Se trataba de una huelga “legal” destinada a provocar la caída de Lerroux para ser sustituido por la antigua coalición republicano-socialista.
Como en 1.922 en Italia, donde la huelga decidida por la Alianza del Trabajo debía eliminar el peligro fascista de Mussolini para ser sustituido por un “gobierno mejor”, el de Turati-Modigliani, en España la socialdemocracia luchó contra el “peligro fascista” para reconstituir un gobierno de coalición republicano-socialista. Pero esta segunda fase, a la que hay que vincular la comedia de la proclamación del estado catalán, duró poco y estuvo determinada por la lucha del proletariado al que las desviaciones separatistas no habían alcanzado, esta lucha se desarrolló sobre todo en la cuenca minera de Asturias, donde se realizó la verdadera unidad obrera en torno a la lucha armada para conquistar el poder.
El gobierno acabó concentrando un verdadero ejército de 30.000 hombres con medios de destrucción ultramodernos contra las “Asturias rojas”: aviación de bombardeo, tanques de asalto, etc.; para controlar la rebelión fueron empleadas las tropas más seguras: la legión, esa basura de la sociedad y los tiradores marroquíes. Se sabe hoy que estas precauciones no eran inútiles: en Alicante los marineros asaltaron el arsenal; en Oviedo 900 soldados, a pesar de estar sitiados, se negaron a disparar contra los obreros que iban a asaltar el cuartel.
Por otra parte algunas guarniciones de la provincia de León, donde hubo encarnizados combates, tuvieron que ser transportadas urgentemente a otras regiones más tranquilas. Pero al fin, aislados, viendo que en España nadie se movía los héroes asturianos terminaron aplastados, que no vencidos, ya que todavía hoy quedan grupos de rebeldes en las montañas que continúan la lucha.
El Partido Comunista Español fue concebido por Borodin de vuelta de uno de sus viajes a China y fue conducido en su primera época por Graziadei, un oportunista italiano. Surgió de las Juventudes Socialistas y de una pretendida “ala izquierda del socialismo”. Estos “izquierdistas”, una vez cumplieron su misión de sabotear el impulso revolucionario de las masas, volvieron a sus orígenes. Así, uno de los primeros jefes comunistas (García Cortés) acabó en las filas liberales y Pérez Solís se hizo clerical.
El partido español –el peor de la IIIª Internacional, en palabras de Manuilsky[2]- ha tenido en España una posición absurda y completamente opuesta las realidades inmediatas de la situación. Durante la dictadura de Primo de Rivera proclamó que la única salida sería inevitablemente la revolución social y que todo paréntesis democrático debía ser descartado a priori. Tras el 14 de abril, el partido con 400 miembros en toda España lanzó la consigna de “toma del poder” y “gobierno obrero y campesino”. En lugar de trabajar dentro de la CNT y de la UGT, practicó la escisión sindical creando un “Comité de Reconstrucción” que posteriormente se transformó en una fantasmal CGTU que lo aisló completamente de la masa obrera.
El partido, al seguir las deformaciones y traiciones de la línea centrista[3] abdicó de todo papel de guía de la clase obrera a favor de comités, diferentes en el nombre pero idénticos en su impotencia. La liquidación del equipo Bullejos-Trilla ha significado la imposición de una nueva dirección igualmente nociva y aún más sumisa a las órdenes de Moscú.
El papel nefasto jugado por el centrismo en España ha permitido subsistir a la coalición socialista y le ha dado carta blanca para preparar los crímenes del mañana. Además, los nuevos virajes de centristas y trotskistas dan a los socialistas una nueva virginidad en las próximas situaciones.
Amplias capas obreras siguen bajo la influencia negativa del anarcosindicalismo. Por otra parte, los hechos han probado que la CGTU representa como mucho una sinecura para algunos bonzos en las Alianzas Obreras se realizó en el último momento como consecuencia de la negativa de los socialista a formar un Frente Unico político. Esto no impide a Correspondencia Internacional[4] escribir que “la CGTU(de la cual por prudencia no son dan las cifras de afiliación) goza de una influencia que supera de lejos el ritmo de crecimiento de su organización”. ¡La revolución en España fue naturalmente dirigida por los centristas!.
Si enfrentamos la actitud del anarcosindicalismo durante los acontecimientos de España no es desde luego por sectarismo ni para provocar una polémica estéril. Pero nos encontramos con un país- sí se exceptúa los de América Latina- donde la influencia de la ideología anarquista sobre las masas obreras se plantea de manera aguda cuando, incluso en Rusia, ese problema fue muy restringido. Este problema debe ser examinado porque a la luz de los hechos el anarcosindicalismo se está revelando como una fuerza negativa para los intereses de la clase obrera. Una fuerza que se niega a tener en cuenta un siglo de experiencia de clase y la significación de Octubre 1917.
En 1873 los bakuninistas españoles – para no citar más que un ejemplo- impidieron la eclosión de un movimiento de masas en Barcelona a la vez que promovían golpes de mano en Alcoy o Sanlúcar y terminaron, ellos que se dicen enemigos de todo poder, entrando dentro de mayorías pequeño burguesas en las Juntas, órganos de gobierno de las ciudades sublevadas contra el poder central en el movimiento llamado “cantonalista”.
En 1931, sus herederos directos, los dirigentes de la CNT, colaboraron con los Comités Republicanos y proclamaron que la República, aunque fuera burguesa, era un progreso respecto a la monarquía, como si los poderes de un presidente Roosevelt no fueran mucho mayores que los de un rey constitucional, por ejemplo, el de Inglaterra.
Pero estos pecados del primer periodo de la República han sido puestos en la cuenta de un chivo expiatorio: Pestaña y su entorno, antiguo dirigente de la CNT.
La CNT, en el pasado la más potente de las organizaciones obreras de España (notemos sin embargo que el más de millón de adherentes que presume tener es difícil de verificar y se refiere al periodo de la inmediata posguerra y no a la reconstitución que ha seguido tras su disolución voluntaria bajo la dictadura de Primo de Rivera) ha sido y sigue siendo muy heterogénea en su composición. Organiza a los obreros de todas las tendencias y en su mayoría indiferentes sino pasivos. El anarcosindicalismo debe su éxito en gran medida al aspecto negativo de su organización: descentralización a ultranza y muy bajas cotizaciones. Todo esto añadido al carácter primitivo e impulsivo de los países meridionales explica su éxito en la Península Ibérica y en América Latina.
El anarcosindicalismo de la CNT ha desembocado en un sindicalismo reformista de una CGT francesa, con Pestaña ejerciendo de Jouhaux ibérico. Pero esta caracterización no debe perdernos en sutiles distinciones entre anarquistas puros, anarcosindicalistas etc., pues ello podría servir de cobertura a su responsabilidad.
Consideremos ahora la acción de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) que controla hoy la CNT. Tras la caída de Azaña en 1933, la FAI reclamó una amnistía general que incluía también a los generales responsables de los pronunciamientos militares, amigos del general Sanjurjo y desautorizó a los obreros cenetistas de Sevilla que habían hecho fracasar las tentativas golpistas de este último. En octubre de 1934 tomó la misma posición frente a la insurrección obrera de Asturias so pretexto que se trataba de un enfrentamiento entre marxistas y fascistas diciendo que eso no interesaba al proletariado, el cual debería esperar para intervenir cuando unos y otros se hubieran liquidado entre ellos.
Su abstención, su actitud pasiva cuando las elecciones no hizo sino facilitar la victoria electoral de las derechas. Señalamos lo de actitud pasiva para evitar especulaciones fáciles sobre el valor a atribuir a la fuerza electoral del sufragio universal.
Para ser exactos los anarquistas declararon que su abstención no debía ser pasiva sino concretarse en una acción ¡para ganar un 50% de electores para la abstención!. “Ello significaría nuestra victoria y con ella en la mano haríamos la revolución” (palabras de un líder anarquista en un mitin en la plaza de toros Monumental de Barcelona, 5-8-1933). ¿Qué diferencia hay entre el 50% más uno de electores abstencionistas como garantía de la revolución y la propuesta de los socialistas de conseguir un 50% más uno de los electores para instaurar el socialismo?.
Pero volvamos a la conducta de los anarquistas cuando los sucesos de Asturias 1934. En Andalucía, Extremadura, Valencia, Aragón y Cataluña (las regiones donde la CNT concentra el grueso de sus fuerzas) solo tuvieron lugar escaramuzas sin importancia. En Barcelona hubo sin embargo conflictos violentos pero insuficientes para “permitir a la ciudad rebelde cumplir con su deber”. Lo que pasó en Barcelona es rico en enseñanzas. Cataluña entera estaba en huelga y en algunas ciudades se había proclamado la república; en otras la Alianza Obrera había proclamado la República Obrera e incluso hubo lugares donde los anarcosindicalistas proclamaron la Comuna Libertaria cuando Companys, jefe del gobierno de la Generalitat catalana, el 6 de octubre por la noche creó la “República Catalana Independiente dentro de una España Federal”. El ejército de la Generalitat no disponía de artillería pero contaba con bombas de mano y ametralladoras en cantidad. Sin embargo Companys había contado con un general catalán, o al menos pro-catalanista, que estaba al mando de la guarnición y con los soldados que en su mayoría eran catalanes. Pero ante su rechazo creyó que no podía resistir. Dos horas después de la proclamación de independencia Companys capitulaba ante una compañía de soldados tras escuchar el primer cañonazo contra el edificio de la Generalitat.
El Estado de Sitio se abatía especialmente sobre los obreros. Ante esto la CNT no hizo más que reconocer pasivamente lo que hacían en los pueblos sus militantes de base. Estos habían proclamado la huelga general contra la cual la CNT se había pronunciado. Más aún: el 8 de octubre cuando militantes cenetistas aislados y sindicalistas disidentes proseguían la lucha, la CNT lanzó la consigna de acabar con una huelga general ¡que no había proclamado!.
Es verdad que la CNT no podía alinearse con los verdugos de ayer, hoy y mañana, en cuyas filas estaba Companys. Pero también es verdad que en una situación de huelga generalizada en toda España y con los obreros de Asturias lanzados a la insurrección, la CNT declinó toda acción contra todas las fracciones de la burguesía.
Esta pasividad de la CNT facilitó el que la burguesía tras aplastar la sublevación obrera de Asturias pasara abiertamente a la provocación con sus ejecuciones “legales” de dos combatientes mineros: José Laredo Corrales en Gijón y Josué Guerra en León, perpetradas el 7 de noviembre.
La CNT que no había movido un dedo ante los miles de ejecutados “extralegales” en Asturias y en otros lugares, armó el gran escándalo frente a estas 2 ejecuciones y posteriormente ante 23 nuevas penas de los tribunales militares contra militantes revolucionarios. Lanzó un llamamiento a la huelga general. Mientras los obreros estaban luchando en Asturias, la CNT no llamó a la huelga general en un momento en que en toda España había condiciones y al hacerlo hubiera al menos atenuado el aplastamiento de los mineros. Sin embargo, después, cuando los obreros habían sido masacrados y las fuerzas flaqueaban, la CNT proclamó la huelga general que se saldó con un lamentable fracaso.
La Unión Anarquista Francesa ha intentado en un manifiesto defender a los libertarios españoles contra la acusación de haber desertado la batalla y favorecido así la victoria del gobierno Lerroux. Según ellos “los anarquistas españoles no podía unirse a un movimiento de carácter político que tenía como fin la caída del gobierno ... Sin embargo, los libertarios, sindicalistas o anarquistas, han cumplido como siempre valientemente con su deber”.
En realidad, la FAI y en consecuencia la CNT, han estado contra la huelga general y cuando sus militantes han participado por su propia iniciativa ha llamado a la detención de la huelga en Barcelona y no ha hecho nada para ampliar el movimiento en aquellas regiones donde era la fuerza preponderante. Tal es la pura verdad.
Gatto Mammone BILAN nº 14 diciembre 1934.
[1] Largo Caballero que en los años 30 se proclamó el “Lenin español” fue nombrado consejero de Estado del dictador en 1925.
[2] Uno de los dirigentes de la IC en el periodo de los años 30 cuando había sido transformada en una mera agencia del Estado ruso.
[3] Nombre dado por BILAN al estalinismo.
[4] Órgano de la IC en aquella época.
Existen dos criterios que permiten comprender los acontecimientos. Son dos plataformas opuestas en torno a las cuales se concentra la clase obrera. Así y sólo así es como podremos analizar las últimas hecatombes en las que miles de proletarios, de la Península Ibérica, han sucumbido fusilados, ametrallados y bombardeados por la “República de los trabajadores españoles”.
Una de dos: o la República y las libertades democráticas no son mas que una mistificación que utiliza el enemigo, cuando no puede emplear la violencia y el terror, para aplastar al proletariado; o la República y las libertades democráticas representan un mal menor, incluso una condición favorable para la marcha victoriosa del proletariado, en cuyo caso éste debería apoyarlas a fin de favorecer su ataque ulterior para liberarse de las cadenas del capitalismo.
La terrible matanza de estos últimos días en España debería eliminar de los espíritus la artimaña mental de la “dosificación”; según la cual, la República sería realmente una conquista obrera que habría que defender, claro que, bajo “ciertas condiciones” y sobre todo “con tal que” no sea lo que es. Defender “a condición” de que se convirtiera en lo que no puede convertirse; y en fin “si”, en lugar de tener la significación y los objetivos que tiene, estuviera dispuesta a convertirse en el órgano de dominio de la clase de los trabajadores. Este tipo de reflexión resulta igualmente muy difícil de digerir en lo que se refiere a las situaciones que precedieron a la actual situación cuando el capitalismo nos dio la prueba de su fuerza contra el proletariado. En efecto, desde su fundación en abril de 1931 y hasta diciembre del mismo año ni la “marcha hacia la izquierda” de la República española, ni la formación del gobierno Azaña - Largo Caballero – Lerroux, ni la amputación en diciembre del treinta y uno del ala derecha representada por éste último indican en absoluto que existiera un avance en las posiciones de clase del proletariado o que se hubieran formado organismos capaces de dirigir la lucha revolucionaria. Y no se trata aquí, ni mucho menos, de considerar lo que el Gobierno republicano hubiera podido hacer por la .... “revolución comunista”; sino de indagar si es cierto o no que esta conversión del capitalismo a la izquierda o a la extrema izquierda, que ese común acuerdo que aglutinaba desde los socialistas hasta los sindicalistas, para la defensa de la República, condicionaron el desarrollo de las conquistas obreras y de la marcha revolucionaria del proletariado; o por el contrario, si esta conversión a la izquierda no venía dictada por la necesidad en que se encontraba el capitalismo de camelar a los obreros, inflamados estos por un profundo ímpetu revolucionario, para que abandonasen su lucha. El rumbo que tomó la burguesía en 1934 hubiera sido, en 1931, demasiado arriesgado. En aquel momento los obreros habrían podido vencer al capitalismo, debido a las dificultades que éste tenía para reclutar un ejército de represión.
Por otra parte el separatismo vasco y catalán (considerados como una brecha abierta en el aparato de dominación del enemigo, brecha que había que ensanchar hasta sus últimas consecuencias, para impulsar así la revolución proletaria) habían hecho una buena demostración de su fuerza erigiendo, el segundo, una República catalana.... que duró pocas horas y que fue más tarde aplastada por el mismo general Batet a quien con anterioridad Companys había llamado a defender la independencia de Cataluña. En Asturias las fuerzas armadas, la policía y la aviación fueron lanzadas contra los mineros y los obreros, privados de guía en su lucha heroica. El separatismo vasco, que no había hecho mas que anunciar la tormenta que se preparaba en sus protestas de los últimos meses, dejó que aplastaran las luchas de Asturias. Y , por si fuera poco, también los batallones del terror gubernamentales fueron dirigidos por un separatista que volverá a prestar, sin dudarlo, un nuevo juramento de fidelidad a la República y a las autonomías regionales.
Entre 1930 y 1934 una coherencia de hierro establece la lógica de los acontecimientos. En 1930 el general Berenguer es llamado por el rey Alfonso XIII que espera poder repetir la maniobra de 1923, cuando logró contener las consecuencias de los desastres marroquíes dentro del marco de la legalidad monárquica. En 1923 Primo de Rivera releva a Berenguer, considerado responsable del desate de Marruecos, y esta modificación del Gobierno permitió desviar el ataque de las masas que evidentemente acabarían pagando los platos rotos de la operación gubernamental que concluyó en siete años de dictadura clerical – agraria. Pero en 1930 la situación económica se hallaba muy alterada por la aparición de la crisis y el recurso de echar mano a una simple maniobra gubernamental, ya no bastaba. En Febrero de 1931 las condiciones eran ya favorables a un movimiento proletario y los ferroviarios amenazaban con la huelga. Es entonces cuando, con un sonado golpe de efecto, se ofrecen a las masas las cabezas de Berenguer y del rey. Tras la intervención del monárquico Guerra y de acuerdo con el republicano Alcalá Zamora se organiza la huida del rey antes de que los obreros saliesen de las fábricas. El movimiento de expansión hacia la izquierda continúa hasta finales de 1931, dificultando así a las masas la tarea de forjar el organismo de la victoria: su partido de clase. Como no se podían suprimir los conflictos de clase al capitalismo le quedaba el recurso de encaminarlos hacia un callejón sin salida. Y para eso sirve la República. A principios de 1932 el gobierno de izquierda hace un primer intento y se lanza a un violento ataque contra la huelga general proclamada por los sindicatos. En aquel momento el capitalismo se aglutinaba en torno a su ala izquierda y el reaccionario Maura hará que las Cortes republicanas plebisciten el gobierno Azaña – Largo Caballero.
El ímpetu de las masas, después de haberse descarriado por los caminos de la República y la Democracia, fue quebrado por la violencia reaccionaria del Gobierno radical – socialista. De todo esto resultó una traslación de la burguesía al sentido opuesto, es decir, hacia el ala derecha: en Agosto de 1932 tendremos la primera escaramuza del general Sanjurjo intentando concentrar todas las fuerzas de derechas. Unos meses más tarde, en diciembre de 1933, llevan a cabo la matanza de los obreros con motivo de la nueva huelga decidida por los sindicatos. Las elecciones proporcionan la ocasión de desplazar hacia la derecha la República española. Por consiguiente, octubre de 1934 indica el principio de la batalla frontal destinada a aniquilar todas las fuerzas y organizaciones del proletariado español. Como triste y cruel epílogo de las andadas sindicalistas veremos que la CNT decide abstenerse ante tales crímenes pues considera que no debía mezclarse en movimientos políticos.
Izquierda – Derecha, República – Monarquía, apoyo a la izquierda en contra de la derecha y la Monarquía ; he aquí los dilemas y las posiciones que han defendido los diversos movimientos que actuaban en el interior de la clase obrera. El verdadero dilema estaba en la oposición Capitalismo o Proletariado; Dictadura de la burguesía para aplastar al proletariado o Dictadura del proletariado para erigir un baluarte de la revolución mundial y suprimir el Estado y las clases.
Aunque económicamente hubiera podido sacar partido de las ventajas obtenidas por su posición mundial en la Primera Guerra Mundial, la estructura del capitalismo español ofrecía una resistencia muy débil a los reveses de la crisis económica. Es un sector industrial demasiado limitado frente a una economía agraria demasiado extendida y dominada por fuerzas y formas de producción no industrializadas. Estos fundamentos explican por qué las regiones industriales se convierten en el teatro de movimientos separatistas que no desembocan en nada y que deben adquirir una significación reaccionaria por el hecho de que la clase que detenta el poder es el capitalismo que extiende por todo el territorio el dominio de los organismos bancarios en los que se concentran – en torno a los grandes magnates - los productos de la plusvalía de los proletarios y del sobre-trabajo de los campesinos. Tal base económica permite entrever que la perspectiva abierta ante la clase obrera española, (colocada frente a unas condiciones similares a las que sufrieron los obreros rusos, es decir, frente a una clase que no puede establecer su dominio si no es a sangre y fuego); que la única salida es el triunfo de la insurrección.
La tragedia española, como la austriaca, se desarrollará en medio de la indiferencia del proletariado mundial, inmovilizado por la acción contrarrevolucionaria de los centristas y los socialistas. Una simple oferta por parte de la IC a la que se negará la Internacional Socialdemócrata poniendo el pretexto de que ya había pasado el momento favorable. Como si después de la victoria de Hitler, cuando el momento favorable había pasado también, la Internacional Socialdemócrata no hubiera dirigido proposiciones de acción común a la IC. Pero la podredumbre y la corrupción de los organismos que todavía se atreven a llamarse obreros son tan grandes que los cementerios están llenos de proletarios. Hasta el día en que los obreros logren eliminar, a la vez que a la clase que los oprime, a todas las fuerzas que los traicionan. La muerte de miles de obreros españoles no será vana, pues de la sangre con que se ha manchado la República española florecerá la lucha por la revolución comunista, suprimiendo todos los engaños y escaramuzas que el enemigo no dejará de oponer a la marcha liberadora de la clase obrera.
BILAN nº 12 noviembre 1934
Cabe señalar que para salvar a los obreros que iban a ser fusilados uno por uno por la República no se oyeron las voces de ningún Gobierno “democrático”, ni partido de izquierda, ni de asociaciones “pro-derechos humanos”, ni del Papa. Bien es cierto, que a los compañeros de BILAN no se les pasó ni un momento por la cabeza apelar a los sentimientos “humanitarios” de dichos personajes.
Han dejado de oírse los cañonazos en España. Miles de proletarios han sido pasados por las armas despiadadamente: este es el balance que la burguesía puede exhibir orgullosa al lado de las matanzas de Febrero en Austria o de las decapitaciones en Alemania.
El proletariado mundial yace descuartizado y su sangre generosa es mancillada por las botas de los tiranos de la burguesía que vienen a imponer su orden a cañonazos. De Este a Oeste reina el terror bestial de las clases dominantes que hacen rodar cabezas por el suelo, que mandan obreros l paredón a fin de estrangular la lucha revolucionaria. Nuestro homenaje se dirige en primer lugar a los luchadores asturianos. Han combatido hasta la muerte, han sacrificado mujeres y niños por su clase, por la revolución, pero sin guía, han sucumbido.
Qué bien comprenderán los mineros de Oviedo lo que significa