Acción Proletaria 2006

   

Acción Proletaria nº 187, 15 Enero - 15 de Marzo

Para construir el porvenir hay que acabar con el capitalismo

El año 2005 comenzó bajo los peores auspicios: con el horror por los destrozos del tsunami en el Sudeste asiático que provocó más de 300 mil muertos. Y se acaba con una doble amenaza de probables peores consecuencias: la contaminación de las aguas a causa de la explosión de una fábrica química que expone la vida de más de 5 millones de personas en China y en Rusia y el riesgo de propagación de una nueva plaga - la gripe aviar -, sobre cualquier parte del mundo, con el flujo migratorio de las aves en la próxima primavera.

Durante el año pasado hemos asistido igualmente impotentes a los destrozos del ciclón Katrina que borró prácticamente del mapa la ciudad de Nueva Orleáns y sus alrededores, y a continuación a una oleada sin precedentes de huracanes devastadores en el golfo de México, al terremoto en la Cachemira paquistaní y otros cataclismos similares. Estas imágenes apocalípticas no son producto de una fatalidad, ni simples catástrofes naturales. Son las leyes del capitalismo las que las han transformado en espantosas y dramáticas catástrofes sociales; es la incuria de este sistema lo que las agrava incapaz como se manifiesta de prevenir los efectos de estas catástrofes en las poblaciones ni para socorrerlas eficazmente cuando ya se han desencadenado.

Por otra parte, la concurrencia comercial a ultranza, la búsqueda de la explotación máxima y de la rentabilidad inmediata, la trasgresión permanente de las normas de seguridad más elementales, el mayor de los desprecios por la vida humana, provocan cada vez más catástrofes mortíferas, como los repetidos accidentes de aviación, o la progresión escalofriante de accidentes laborales como los sucedidos en China, pero también en los países “avanzados” como España.

Pero la locura y la barbarie del capitalismo se manifiestan todavía más claramente en el carácter cada vez más irracional de las guerras y los conflictos sangrientos que destruyen el planeta, alimentados por los apetitos imperialistas de todos los estados, y que engendran cada vez más caos y destrucción. Al avivamiento de los odios interétnicos y de las guerras tribales endémicas como las de África, se suman las masacres cotidianas en Irak, Líbano. Oriente Medio, en el Cáucaso,… y estas a su vez se “proyectan” sobre todo el planeta a través del recurso sistemático a los atentados “kamikaze” y su multiplicación como arma de la guerra imperialista. Tras el 11 de septiembre de 2001, las cruzadas antiterroristas no han hecho más que exacerbarlos y darles otra dimensión, pues se mostrado capaces de golpear ciegamente cualquier rincón del globo terrestre como hemos visto con la serie de atentados de Londres durante el verano, pero también en Indonesia, en Egipto y en la India.

Esta extensión de la barbarie sobre gran parte del planeta converge además con una aceleración sin precedentes de los ataques contra la clase obrera en los países centrales del capitalismo que sufre los hachazos resultantes de la agravación de la crisis económica. Todos los gobiernos, sean de derechas o de izquierdas, toman las mismas: someter a los proletarios a condiciones de explotación cada vez más insoportables, a una creciente pauperización creciente: la agravación del paro, la intensificación de los planes de despido en todos los sectores y la precarización laboral se añaden al aumento de los ritmos de explotación y de las jornadas laborales, al desmantelamiento de la protección social, a la caída del poder adquisitivo de los salarios, a la degradación de sus condiciones de vivienda,… El capitalismo no sólo echa a la calle a cada vez más obreros sino que se muestra cada vez más incapaz de proporcionarles los medios de vida más elementales. La amplitud y la profundidad de los ataques de la burguesía contra la clase obrera revelan el hundimiento inexorable del capitalismo en las convulsiones de su crisis mundial. Se pone de manifiesto que la burguesía no tiene más “solución” que ofrecer que atacar cada vez con mayor brutalidad las condiciones de existencia más vitales de aquellos a los que explota. El capitalismo se ve obligado a desvelar así su bancarrota histórica como forma de organización de la sociedad humana. La aceleración dramática de esta situación en todo el planeta demuestra con rotundidad no sólo que este sistema de explotación es incapaz de asegurar un futuro mejor para la humanidad, sino que amenaza directamente con anegar el planeta en un abismo de miseria y barbarie.

Ante la gravedad de lo que está en juego no existe más que una sola salida: el derrocamiento de este sistema por la única clase que sólo puede perder las cadenas de su explotación, el proletariado. La clase obrera tiene la llave del porvenir.

Únicamente ella tiene los medios para sacar a la humanidad de este atolladero mediante el desarrollo de sus luchas. Sólo ella es capaz de oponerse a la perpetuación de este sistema de explotación. Ella es la única clase de la historia portadora de otra sociedad donde el motor no será jamás el beneficio y la explotación, sino la satisfacción de las necesidades humanas.


Traducido de Révolution Internationale nº 364, publicación de la CCI en Francia.

Lecciones de la huelga de SEAT: No a las «movilizaciones» sindicales, Sí a la lucha obrera

El 23 de Diciembre, tras 4 meses de expectativas y negociaciones de la Plataforma Unitaria (CCOO, UGT y CGT) con la patronal y la Generalitat, y de convocatorias sindicales, los obreros de SEAT desencadenan espontáneamente un paro contra los despidos, que es una expresión de indignación y de solidaridad ante la forma cobarde como se anuncian y ante la traición de CCOO y UGT que los han firmado, y la pasividad de los demás sindicatos para plantear una alternativa de lucha. CGT, a la que otras formaciones sindicales “radicales” y “de base” (CNT, la Xarxa...) dan su apoyo, y que el mismo día (16 de Diciembre) de la firma de los despidos emplaza a los trabajadores... ¡para Enero!, se sube en marcha al carro de la respuesta obrera, primero para frenarla, llamando el mismo día 23 a limitar el paro a 3 horas; luego, cuando comprueba tras las Navidades que no hay una continuidad de la dinámica de lucha, para presentarse como sindicalismo “combativo”, con un programa de “movilizaciones”. ¿Qué lecciones tenemos que sacar de todo esto?

Algunos (como Corriente Roja, o el sector crítico de COO, etc) dicen que frente al pactismo y la traición de CCOO y UGT, hay que construir un sindicalismo “combativo” y “de clase”; lo que prueban sin embargo las luchas obreras durante la mayor parte del s. XX hasta la huelga actual de SEAT, es que en el periodo actual, la forma sindical de lucha no sirve para defender nuestros intereses; sólo la lucha de masas, que la burguesía llama “salvaje”, organizada por nosotros mismos en asambleas y comités elegidos y revocables, que busca la extensión sumando a la lucha a otros obreros, que se plantea como una misma lucha de clase, puede crear una relación de fuerzas que defienda nuestras reivindicaciones.


Las convocatorias y “movilizaciones sindicales” organizan la desmovilización de los obreros


Desde que, a principios de Septiembre, la empresa planteara el chantaje de elegir entre 1400 despidos, o una reducción salarial del 10% para toda la plantilla, planteando así un terreno trampeado de división entre los trabajadores y de consideraciones sobre la «rentabilidad» y la «competitividad», etc, los sindicatos se han ceñido a pies juntillas a ese guión, entrando al trapo de desviar la reflexión de los obreros sobre lo que se les venía encima, manteniéndolos ocupados en valoraciones sobre los beneficios de la empresa y los planes de productividad, más propios de contables, y totalmente a la expectativa de los despidos, sin que se expusiera claramente el ataque que se desencadenaba contra ellos.

El 5 de Noviembre, la dirección de SEAT plantea un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para 1346 trabajadores, haciendo pública y directa así, la amenaza de despidos. Se constituye una Plataforma Unitaria (PU), formada por CCOO,UGT y CGT, a la que apoyan “críticamente” los sindicatos más “radicales” (CNT, Xarxa, Revolta Global). La PU dice desde el principio que los despidos son «inaceptables»; pero hace lo contrario: «la Plataforma Unitaria integrada por CCOO, UGT y CGT, no planteó el rechazo frontal del ERE desde el primer momento exigiendo el mantenimiento de todos los puestos de trabajo. Se aceptó el marco general de la reducción de plantilla y de derechos» (¡Y esto lo dice alguien que en el mismo texto apoya a la CGT !, Angeles Maestro, Corriente Roja)1.

A pesar de que se ha hecho todo lo posible por que los trabajadores no estén en condiciones de responder al ataque, y de su propia dificultad para desarrollar la combatividad, el mismo día que se anuncia el ERE, los obreros desbordan la convocatoria sindical de un paro parcial, haciendo manifestaciones en Zona Franca y en Martorell, que cortan las carreteras. Desde el momento mismo pues, en que se descubre a las claras el ataque, se puede ver quien está por aceptar los despidos y quien está por luchar. A partir de aquí, la acción sindical (incluyendo la más “radical”, e independientemente de lo que piensen y de la voluntad de muchos militantes sindicalistas), no busca reforzar la lucha obrera, sino hacer aceptar el ERE...aunque sea «el menos malo posible».

Así es como hay que valorar la convocatoria de un nuevo paro, esta vez de un día, para el 10 de Noviembre, y una manifestación...para presionar a la Generalitat. De esta forma, bajo la apariencia de una continuación del brote de combatividad que había surgido el día 5, aún muy debilitado por la falta de confianza de los obreros en sus propias fuerzas, por las dudas de entrar en lucha de los mayores, por la falta de experiencia de los jóvenes, se hacía que los obreros pusieran esa confianza que les faltaba en sí mismos, en la Generalitat, que había aceptado de entrada tramitar el ERE. Los obreros acuden masivamente a la manifestación, y se palpa una inquietud, pero no se toma la iniciativa, se está a la espera de “ver qué pasa”. Y lo que pasa es que, al dejar la iniciativa en manos de las negociaciones entre la PU, la empresa y la Generalitat, los trabajadores quedan desmovilizados.

Como si la cosa ya no fuera con los obreros de SEAT, no hay ninguna convocatoria de movilización ¡Hasta 3 semanas después! El día 1 de Diciembre. Esto deja absolutamente pasivos a los trabajadores, a merced del resultado de las negociaciones. La consecuencia es que el día 16 de Diciembre, por sorpresa y a escondidas, a traición, CCOO y UGT (CGT se descuelga dos días antes) firman un acuerdo con la patronal aceptando 660 despidos puros y duros, que tienen el cinismo de presentar como una «victoria», porque la patronal habría «cedido» rebajando el número de despedidos; pero no dicen que a esos despedidos hay que añadir 296 bajas voluntarias, lo que suma prácticamente cerca de mil despedidos.


23 de Diciembre: la respuesta obrera, indignación y solidaridad


El día 22 de Diciembre por la noche, y a la entrada el día 23, el último día de trabajo antes de los 9 días que la fábrica estará cerrada en Navidad, se va citando uno a uno a “los que están en la lista” a las oficinas, y se les entrega la carta de despido. Ninguno de los afectados lo sabía de antemano. La indignación por la forma cobarde y canalla como se presentan los despidos va creciendo. Los despedidos reaccionan y rechazan irse a casa. Piden la solidaridad de los demás compañeros. De forma espontánea, la huelga estalla en los talleres de pintura y se extiende como un reguero de pólvora. Los obreros abandonan los talleres y se reúnen en una asamblea espontánea. La factoría está totalmente parada. Los dirigentes de CCOO y UGT desaparecen del mapa. Sus sedes en la empresa están fuertemente custodiadas por guardias de seguridad. El turno de la tarde y la noche, tras hablar con los compañeros, se suma a la huelga, que se extiende igualmente a la fábrica de la Zona Franca y Landaben (Navarra).

Frente a la desmovilización sindical desde el verano, la respuesta del día 23 de Diciembre es el comienzo de una respuesta de clase. A la aceptación de los despidos y las promesas de “recolocación” que ofrecen los sindicatos, los obreros oponen la lucha en solidaridad con los despedidos; en vez de «paros parciales», la extensión rápida; frente a las convocatorias sindicales, unión y discusión a través de las asambleas, comunicación directa entre los obreros, tomar la lucha a cargo. Se ve igualmente, una indignación, no sólo con la patronal, sino también con UGT y CCOO, que expresa una cierta toma de conciencia del papel de sabotaje de la lucha que han jugado, de que no se puede confiar la lucha a los sindicatos.

Algunos medios han dicho que la huelga del día 23 fue convocada y dirigida por CGT2, pero su actuación se limitó a tratar de coger el tren de la lucha en marcha para no quedarse fuera de juego, e incluso a tratar de frenar las iniciativas obreras. El mismo 16 de Diciembre que se firmaron los despidos, CGT convocó una concentración de rechazo, bien lejos de la fábrica, a la otra punta de Barcelona, que reunió a 200 personas y pasó sin pena ni gloria; aunque sí sirviera para «acentuar» que CGT, a pesar de que había participado desde el verano en toda la estrategia de desmovilización, no firmaba los despidos, es decir, para “caer de pie”. Lejos de preparar o convocar ninguna acción de lucha que se opusiera a los despidos, emplazó a los obreros... ¡a Enero! Lo que muestra que el día 23 (y toda la semana anterior), CGT no estaba pensando precisamente en ninguna huelga:

«CGT informaremos la próxima semana de la convocatoria que realizaremos a primeros de Enero para coordinar a los/as afectados ante la problemática que se les viene encima» (comunicado CGT, 16 de Diciembre)

El mismo día 23, este sindicato anarquista y «radical», llamó durante el turno de la mañana, a limitar el paro a unas horas porque no era legal. Como se sabe, los obreros pasaron olímpicamente, igual que de esperarse a Enero, mostrando por segunda vez quien estaba por la lucha y quien no.

Pero pese a todo, la respuesta obrera espontánea del día 23 no es el producto de un desarrollo de la lucha, de un aumento de la confianza de los obreros en sus fuerzas, sino que aparece más como un fogonazo de indignación y de voluntad de luchar. Por eso, y por las condiciones difíciles para mantener en el momento actual una continuidad de la discusión y la lucha durante las vacaciones3, se presentaba bien difícil retomar la lucha sobre las bases del día 23 a la vuelta en Enero. Por eso, y por la actuación de la CGT.


CGT a la vanguardia... ¡del entierro de la lucha!


A partir de la vuelta al trabajo el 2 de Enero, CGT se presenta como la alternativa sindical frente a la traición de CCOO y UGT, con el apoyo indirecto de CNT, y otros sindicatos “de base”. Pero ¿Qué aporta a la lucha obrera ese “otro sindicalismo”? Más de lo mismo.

Desde el punto de vista de la lucha contra los despidos, las posiciones de CGT no rompen con el cuadro de aceptación de los despidos y el ERE planteado por la PU. Así, en su comunicado del 12 de Enero, la sección sindical de CGT en SEAT, dice de los despidos que «carecen de criterios objetivos»; que «no han seguido criterios de polivalencia y profesionalidad» y que «no se ha reducido suficientemente el número de despedidos forzosos». ¿Cuáles son los “criterios objetivos” para despedir?¿Se quiere decir que se merecen el despido los que tienen menos capacidades en el trabajo? ¿Hasta cuánto habría que “reducir los despidos forzosos” para aceptarlos?. La actitud de CGT frente a esta cuestión también se pone de manifiesto en las alternativas que ha planteado a los despedidos desde el día 3, que básicamente consisten en acogerse a lo que se ha firmado. La excepción que confirma la regla son los despidos de embarazadas, de delegados sindicales en activo o discapacitados, que son abiertamente ilegales, y que la empresa ha tenido que echar atrás. En el colmo del cinismo, se nos quieren presentar estos casos de readmisiones como producto de la lucha y la solidaridad.

Por otra parte CGT, basándose en que 145 de los despedidos son militantes de su sindicato, trata de presentar el ataque a los trabajadores como un ajuste de cuentas disciplinario de la empresa contra CGT, poniéndose como víctima y haciendo en ocasiones de la lucha contra los despidos, una lucha electoral, hasta tal punto que hasta sus propios militantes en los foros de internet, tienen que reconocer que les “chirría” tanto autobombo4.

Pero donde CGT hace su “contribución” a la lucha, donde se demuestra realmente que sería una alternativa “radical” al sindicalismo oficial, es en su apoyo al desarrollo de un programa de acciones de lucha, de convocatorias. ¿No es cierto que ha convocado una asamblea de despedidos el día 3, y otra el 12? ¿No ha llamado a acciones en los concesionarios? ¿No ha convocado una manifestación (de CGT) del sector del automóvil? ¿No ha impulsado la formación de un comité de solidaridad para el 18? Efectivamente no se puede negar que ha lanzado un verdadero bombardeo de actividades; pero la cuestión es ¿Sirven para ampliar y profundizar la dinámica de lucha del día 23 de Diciembre, o surgen precisamente del agotamiento de esa dinámica, y sólo sirven para “torear” a los despedidos, y para evitar que se saquen las lecciones del sabotaje sindical de las luchas? Para responder esta pregunta hay que ir a ver qué pasó el día 3 de Enero.

La asamblea que había convocado CGT en el “Casinet de Hostafranchs” era un momento importante, donde tras la vuelta de Navidades podían encontrarse los despedidos y con los demás obreros de SEAT (y otros) y discutir como continuar la lucha; sin embargo CGT no sólo había convocado en un local notablemente pequeño, sino que además, la noche anterior, había planteado que sólo podrían entrar los despedidos, ni siquiera otros obreros de la SEAT, ni afiliados a CGT..., por no hablar ya de otros obreros, o grupos políticos. La afluencia sin embargo desbordó las previsiones y se tuvo que ceder a la presencia de otros obreros que venían a expresar su solidaridad con los despedidos.

Pero a pesar de todas las ganas de luchar y del malestar que había, la asamblea fue decepcionante y mostró que ya no estaba presente la dinámica del día 23, de la respuesta obrera. Los abogados hicieron sus recomendaciones a los despedidos, y en medio de la rabia de los compañeros, que se iban desengañados, la CGT comenzó a lanzar propuestas de acción a diestro y siniestro y organizó una manifestación al final, que presentó como expresión de la reanudación de la lucha, cuando en realidad era más bien el séquito de su entierro.

Algunos “post” de Kaos en la red, pueden servir para mostrar cual era el ambiente:

- «Soy trabajadora de SEAT, de las que por el momento han tenido suerte. Desde que salieron las listas de los/as despedidos en esta web no me pierdo ni un día de leer el foro. Cada día estoy más confusa, y me siento engañada por todos los sindicatos y lo digo con causa porque mi compañero de piso estuvo como delegado en uno independiente y se venden igual que todos y no podéis llegar a imaginar los chanchullos que hay entre ellos y la empresa. Al final todos a comer con la empresa y no se libra ninguno. LO SIENTO PERO ESA ES LA CONCLUSION FINAL QUE SACO, ME SIENTO ENGAÑADA....»

- «Hace casi un mes que se anunciaron los despedidos y aún no hay una campaña importante para que se reincorporen los despedidos. Parece que la CGT no se dio cuenta (no hay peor ciego que el que no quiere ver) que la patronal declaró la guerra a los trabajadores. Aún no se editó una octavilla, ni un cartel. Sólo organizó 2 asambleas con 2 pobres manifestaciones a Pza España ¿Esto es lo único que pudimos hacer desde el 22/12 cuando se dijo quienes iban a ser los despedidos?»

Se puede ver pues, en qué condiciones despliega CGT su “activismo”. Cuando el día 23 los trabajadores se ponen en huelga espontáneamente, luchando unidos, expresando la fuerza de su lucha, CGT era todo timidez y prudencia; sin embargo después del 3 de Enero, cuando no hay una dinámica de lucha, enseña su rostro más “radical” y “combativo”. ¿Para qué? Para defender ante los trabajadores que los sindicatos “luchan”, que son “órganos de clase”, lavándose la conciencia y ocultando ante los trabajadores que han colaborado a su derrota, a imponer los despidos. En realidad el sindicalismo de CGT, “combativo” y “de clase” (apoyado por otras formaciones sindicales “de base”, y hasta por su “contrario” CNT), no es una “alternativa” al sindicalismo de UGT y CCOO, sino un complemento.

Hemos de mirar cara a cara la realidad: la batalla parcial que se ha librado en SEAT se ha saldado con una derrota. Urge sacar lecciones de ella porque va a haber nuevos despidos en otras muchas empresas y en la propia SEAT, más pronto o más tarde. Y ataques en todos los frentes como la “reforma laboral” que anuncian el trío infernal Gobierno – Patronal – Sindicatos. ¡La necesidad de luchar está planteada en SEAT y en todas partes!


¿«Lucha» sindical o lucha obrera?


Algunos, como la misma CGT, o Corriente Roja, o CNT, etc, dicen que la alternativa a las múltiples traiciones de los grandes sindicatos, es “otro” sindicalismo “combativo” y “de clase”, que defienda la lucha de los trabajadores. Pero como muestra la misma experiencia de SEAT, en realidad la actitud de ese “otro” sindicalismo sirve de complemento, para acabar llevando a los obreros a aceptar las condiciones de la patronal y el Estado. El problema no es tal o cual sindicato, sino la forma sindical de lucha y de organización.

La lucha sindical nos separa por sectores, empresas, categorías y sindicatos, cada uno con tablas salariales, incentivos y legislación diferentes; pero lo que necesitamos es una lucha unida, como clase obrera, a la que se sumen cuanto más obreros mejor; reivindicaciones comunes, que nos unan, en vez de separarnos en mil cláusulas distintas. En las luchas de los años 70 en España, se pedían aumentos lineales iguales para todos y «readmisión de todos los despedidos» y se gritaba «¡Compañero únete!», parando, de fábrica en fábrica, los polígonos. En Vitoria 1976 5, donde los obreros de toda la ciudad confluyeron en una asamblea unida, se decidió que ninguna fábrica volviera al trabajo hasta que no se readmitiera a todos los despedidos. Sólo una lucha que se plantee como un enfrentamiento de clases puede crear una correlación de fuerzas con la patronal y el Estado burgués.

En la lucha sindical se entrega el control de la lucha, la capacidad para tomar decisiones, a los (normalmente burócratas) que negocian y que no rinden cuentas ni reciben ningún mandato de la asamblea, que no puede tampoco destituirlos inmediatamente caso de que no cumplan con lo acordado; se está a expensas de las convocatorias sindicales, en una posición de pasividad, de espera, que nos deja indefensos y no nos permite reaccionar frente a las maniobras de la burguesía. Lo que necesitamos son asambleas que agrupen a todos los obreros y permitan una discusión y tomar decisiones (como las que se produjeron espontáneamente el día 23 en la SEAT). Necesitamos nombrar comités de huelga que surjan de las asambleas y que respondan ante ellas, que sean revocables en todo momento, porque esa es la única forma de controlar la negociación. En 1980, en Gdansk (Polonia), los MKS (comités elegidos por las asambleas), negociaban con el gobierno mientras la asamblea permanente escuchaba directamente por megafonía y podía intervenir. El gobierno no pudo separar al comité negociador de la asamblea y llevarlo a su terreno sino al cabo de algunos días; cuando finalmente lo consiguió, se “estropeó” la megafonía precisamente el día que se firmaron los «acuerdos de Gdansk» que eran una traición a los obreros. También necesitamos una comunicación directa entre los obreros, tomar la iniciativa, decidir cuando hay que parar y cuando salir en manifestación, etc

La lucha sindical se inscribe en el marco de la legalidad del Estado burgués y de las necesidades de la economía nacional, ciñendo las reivindicaciones a lo que el capital considera posible y necesario. Por eso se aceptan reducciones de plantilla y de salarios en nombre de la «competitividad» y la «rentabilidad»; la lucha obrera parte de lo que necesitamos (aumentos salariales reales, readmisión despedidos), confrontándose con las exigencias de la explotación, y se da los medios necesarios (manifestaciones, paros, asambleas, piquetes de extensión, etc) para crear una relación de fuerzas con la patronal y el Estado burgués.

La respuesta obrera de SEAT del día 23 de Diciembre expresa la lucha que necesitamos; aunque sólo sea un anuncio, una muestra, y no haya podido crear una dinámica de lucha con una continuidad, desbordando la lucha sindical, por las dificultades que aún existen en la clase obrera para desarrollar una combatividad y por la intervención del sindicalismo; pero junto a otras explosiones similares, como la que se produjo en Heathrow en Gran Bretaña, o en el transporte en Suecia, o en NYC (poner nota), expresan que el desarrollo de la combatividad va abriéndose camino y que la clase obrera busca darse los medios para llevar a cabo su lucha. En ese viaje, la clase obrera sólo puede contar con las lecciones de sus experiencias y la intervención de los revolucionarios6.


Hic Rodas

1La Haine-Kaos en la red, 09.01.2006, http://www.lahaine.org/index.php?p=11851&more=1&c=1

2«Los paros, no convocados legalmente, fueron promovidos por la CGT» (Kaos. Laboral y Solidaridad -recopilación de prensa-). CGT, que sepamos, no se ha atrevido a tanto, y en sus comunicados habla de que «los delegados de CGT estuvimos presentes en esos paros» (comunicado de la sección sindical de CGT de SEAT, 12 de Enero), y de «canalizar el descontento que la plantilla demostró el pasado 23 de diciembre»

3Cosa que sí se hacía durante las luchas de los años 70, cuando había una tradición de lucha asentada, y una combatividad plenamente desarrollada; los obreros se reunían en asociaciones de vecinos, o clubs de barrio, etc durante el tiempo que las fábricas permanecían cerradas, para preparar las luchas a la vuelta.

4Ver en “alasbarricadas”foro sobre «¿Es posible un nuevo sindicalismo»?

5Ver artículo en Acción Proletaria nº 8: «Vitoria, la alternativa proletaria»; republicado el 25 aniversario en Acción Proletaria nº 157

6Ver en este mismo número de Acción Proletaria el artículo: «Balance de nuestra intervención en SEAT»

Balance de nuestra intervención en SEAT

Publicamos a continuación un balance de nuestra intervención en la lucha de los trabajadores de SEAT contra los despidos. Esta intervención ha tenido como eje principal apoyar el comienzo de una lucha obrera auténtica y denunciar el sabotaje sindical de esa manifestación de combatividad y solidaridad obreras. Si publicamos una reseña de lo que nuestra organización ha defendido a las puertas de las fábricas, en las asambleas, en las manifestaciones de estos compañeros, es precisamente para demostrar que la disyuntiva: acatar lo que organicen los sindicatos o quedarse rumiando la impotencia y la desmoralización, es totalmente falsa. También es falsa la idea de que la actividad de una organización revolucionaria sea una especie de club de debates estériles y distantes. Nuestra intervención en la lucha de SEAT demuestra que nuestras posiciones políticas, lecciones de más de 200 años de lucha obrera contra la explotación, pueden y deben concretarse en propuestas y orientaciones para fortalecer la lucha de los trabajadores de hoy y de mañana y para advertirles contra las trampas de sus enemigos. Algunos nos han recriminado que hayamos aparecido ante los trabajadores de SEAT como “oportunistas” o “buitres” tratando de sacar tajada del río revuelto. Nuestra intervención demuestra que no hemos ido a las manifestaciones y asambleas, a los corrillos de los trabajadores para “disputar” ninguna representación, ni para captar adeptos desengañados. Hemos ido a decirles a los trabajadores: “Haced asambleas para dirigir vosotros mismos la lucha” “No dejéis que os dividan” “No dejéis que trunquen vuestra combatividad con movilizaciones que os debilitan y aíslan, y que vuelven a haceros confiar en quién os ha vendido”, …

Hemos dicho, pues, en voz alta, lo que un buen número de trabajadores, de SEAT o de cualquier otro sector o país, piensan para sus adentros, sin atreverse a expresarlo abiertamente. Y lo seguiremos haciendo porque esas son las bases de la verdadera lucha obrera, la del día 23 en SEAT y las de las luchas en las empresas del automóvil en Alemania en 2004, las de Argentina el pasado año,… Son la única forma que la clase explotada tiene de ganar solidaridad, fuerza y confianza en si misma para oponerse al capitalismo.

Eso es lo que hemos defendido desde el primer momento de nuestra intervención como se refleja en el primer comunicado que hicimos en los primeros días de Enero, del que, a continuación reproducimos algunos extractos.


Intervención de la CCI en Solidaridad con los trabajadores de SEAT


Con nuestras fuerzas limitadas nos hemos movilizado para apoyar a los trabajadores de SEAT y aportar nuestra contribución. El lunes 2 de enero a las 5,30 de la mañana, el primer día tras el paréntesis vacacional, hemos acudido a las puertas de SEAT a repartir nuestra hoja «PARA LUCHAR HAY QUE ENFRENTAR EL SABOTAJE SINDICAL» (ver ccionline/solidaridad.htm).

Con esta acción hemos continuado nuestra presencia activa en la lucha de SEAT: primero a las puertas de la fábrica desde octubre, después en las manifestaciones realizadas (ver nuestra hoja: «SEAT: Salvar la empresa significa despidos y contratos basura. ¡La respuesta es la lucha obrera!» en http://es.internationalism.org/AP/185_SEAT.htm) y el propio día 23 de diciembre cuando se produjo la huelga espontánea de los compañeros.

A las puertas de la factoría había un grupo de despedidos de SEAT. Es una iniciativa muy buena, de no quedarse en casa, de luchar, de dirigirse a los compañeros que más pronto o más tarde también serán víctimas de los despidos. Gritaban “No a los despidos”, “Hoy somos nosotros mañana podéis ser vosotros”, denunciaban a los sindicatos firmantes del pacto de los 660 despidos. Es muy importante que no se produzca la separación entre compañeros despedidos y compañeros que se quedan. Es necesaria la unidad y esta acción va en el sentido de defenderla. Los despedidos no pueden quedarse aislados, hay que rechazar medidas de aislamiento, de cada uno a la suya, como las de ir a los tribunales a reclamar el despido individualmente, caso por caso.

Apoyamos a los compañeros: READMISION DE LOS DESPEDIDOS. NINGUN DESPIDO. Una idea que podría ser útil: organizar delegaciones a otras fábricas, a barrios, a otros centros de trabajo, a plantear el problema de los despidos en SEAT pidiendo la verdadera solidaridad: hoy por mi mañana por ti, luchar para impedir hoy los despidos en SEAT es desarrollar fuerzas para luchar contra futuros despidos en otras empresas o en otros sectores. Muchos trabajadores están pendientes de lo que hagan los compañeros de SEAT y se sienten estimulados por su lucha.

  • Otros compañeros se suman a nuestra intervención

Hemos recibido correos de apoyo de compañeros que han mostrado su disposición para ayudarnos en nuestra intervención solidaria. Hay compañeros que van a colaborar en nuestros repartos de hojas en fábricas y en barrios. Un compañero ha enviado la siguiente toma de posición:

Queridos compañeros: Hoy mismo, día 28, recibo vuestro correo con la hoja de intervención adjunta sobre el tema de SEAT, lo que paso a responder brevemente:

La hoja de intervención recoge, a mi juicio, de forma profunda los acontecimientos de SEAT siendo el análisis completamente justo, sobre todo la importancia cualitativa del intento de los trabajadores por emprender su lucha autónoma y romper con las bridas de los sindicatos y el resto del aparato estatal y patronal que están detrás de ellos. Por tanto saludo la intervención, me solidarizo con su contenido y con los trabajadores que, a pesar de la policía sindical, se han declarado en huelga espontánea, esto último es lo verdaderamente significativo. La CGT no creo que salga tan fortalecida como algunos piensan de este envite, porque los trabajadores se están desengañando no solo de los sindicatos sino del sindicalismo. Estar afiliado a un sindicato ya no sirve ni como garantía para que no te incluyan en un ERE. Habrá una reflexión en los trabajadores sobre esto. Hay que denunciar especialmente el sindicalismo radical, incluso proponiendo entre los trabajadores que los delegados dimitan de los comité de empresa, de las mesas negociadoras, etc.”, Firmado: Germán”.

Esta movilización de compañeros nos llena de alegría y nos da fuerzas para continuar el combate. La agradecemos profundamente.

A la “Carta” que los despedidos y despedidas de SEAT han dirigido al presidente de la empresa hemos enviado la siguiente respuesta:

Compañeros:

Primero que nada expresaros nuestra más total SOLIDARIDAD. Sumar nuestra voz para que el grito READMISION DE LOS DESPIDOS. NINGUN DESPIDO MAS, se haga oír lo más fuerte posible.

En segundo lugar, proponer una sugerencia: ¿Por qué no se hace una CARTA A TODOS LOS TRABAJADORES? Esto lo solían hacer los despedidos en las luchas de los años 70 y sería una tradición que podríamos recuperar. Una carta señalando que los despidos de SEAT son el remate de muchos despidos que ha habido antes: por ejemplo en Gearbox, en Unidad Hermética, en Papelera etc., y el anuncio de muchos más en otras empresas y en LA PROPIA SEAT como el Presidente anunció con toda la cara dura una vez firmado el acuerdo de la vergüenza el pasado 15 de diciembre. Una carta para decir que hoy sois vosotros pero mañana pueden ser otros muchos. Una carta para pedir la SOLIDARIDAD de todos los trabajadores en el sentido que tiene la verdadera solidaridad: hoy por ti mañana por mí, hoy por los compañeros de SEAT para que mañana se tengan fuerzas ante nuevos despidos. Esta solidaridad se podría concretar en la convocatoria de una manifestación en el centro de Barcelona adonde puedan acudir trabajadores de todas las empresas sin distinción de empresa, sector, sexo o nacionalidad. Una manifestación unitaria para decirle claramente a la Patronal, al Gobierno y a los sindicatos mayoritarios que los trabajadores están hartos y ya no se van a dejar atropellar, una manifestación para poder sentir en la práctica la fuerza de los trabajadores.

En vuestra carta se da la siguiente idea: “y deje que SEAT sea lo que fue siempre, una empresa ESPAÑOLA, realmente COMPETITIVA, con sus problemas pero SIN DESPIDOS”. Vivimos en una sociedad donde la competencia es la ley. Las naciones compiten a muerte entre ellas por el reparto del mercado mundial haciendo suyo el eslogan de Hitler de “Exportar o morir”. Del mismo modo, las empresas compiten ferozmente por el sector. En esa competencia unos Estado ganan y otros pierden, unas empresas se imponen en detrimento de otras. Sin embargo, tanto en los perdedores como en los ganadores hay unos que SIEMPRE PIERDEN: los trabajadores y la gran mayoría de la humanidad. En los ganadores porque para ser competitivos necesitan despedir, extender la precariedad, rebajar sueldos, imponer horarios infernales recurriendo a trucos como las “bolsas de horas”. En los perdedores porque cierran fábricas, despiden gente para mantenerse a flote. La competitividad es la causa de los despidos, de la precariedad, del ataque a nuestras condiciones de vida. Los trabajadores, como la gran mayoría de seres humanos, tenemos unas necesidades de comer, vestir, una vivienda digna, un futuro para los hijos, que no podemos supeditar a que España o la empresa sean competitivas. El capitalismo es un sistema donde la vida se sacrifica a la producción mientras que la sociedad a la que aspiramos los trabajadores se basa en que la producción esté al servicio de la vida. A SU COMPETITIVIDAD DEBEMOS OPONER NUESTRA SOLIDARIDAD.

Saludos compañeros, ¡Solidaridad y lucha!”


Como mostramos en el artículo de este mismo AP: «Lecciones de la lucha de SEAT,...», los sindicatos que habían estado retrasando y escamoteando la verdadera lucha ¡desde Septiembre!, contaban con la desmovilización por las vacaciones navideñas para que la indignación y la combatividad del día 23 de Diciembre se fuera diluyendo. La CGT que había asumido el “padrinazgo” de los despedidos, relegó toda reunión de trabajadores de SEAT, hasta el día 3 de Enero (¡10 días más tarde!) a una reunión alejada de la factoría, y en la que sólo podrían tomar parte los despedidos. Aún así acudimos también a difundir nuestras hojas y a discutir con quienes acudieron a esa asamblea, y produjimos a continuación un segundo comunicado sobre nuestra intervención que resumimos a continuación



Continuación de la Intervención de la CCI sobre los despidos de SEAT


Este pequeño texto no tiene la pretensión de hacer un análisis sino de informar sobre cómo hemos continuado la intervención ante la situación de despidos creada en SEAT.

El día 3 estaba convocado una Asamblea de Despedidos/as de SEAT. Esta Asamblea había sido organizada por CGT y se planteó de la siguiente forma: «La CGT nos informó ayer que a la reunión asistirán los compañeros/as despedidos/as y serán ellos los que decidan que tipo de acciones realizar. Los demás compañeros/as de CGT o de otros sindicatos y organizaciones anticapitalistas entendemos debemos estar presentes en el exterior del recinto como forma de apoyo a esos compañeros y como muestra que si bien la lucha la deberán dar ellos no están solos. La mayoría de compañeros consultados piensan que una vez estos decidan que acciones realizar el resto de personas podremos mostrar nuestra solidaridad » (Kaosenlared 2-1-06). En el Foro Alasbarricadas una persona que firmaba “Cegetero” señalaba: «Ojo: la asamblea de SEAT no está clara la convocatoria. El cartel EN CABEZA Y EN TORNO AL DIBUJO pone: contra los despidos de SEAT ¡no faltes! Pero en la cabecera de la noticia del Rojo y negro dice: ASAMBLEA DE DESPEDIDAS/OS DE SEAT. Luego según esto no es ni tan siquiera de toda la plantilla de SEAT, sino de las personas despedidas. Después más abajo, pone que no se permitirá la entrada de afiliado/as de CGT que no sean de SEAT».

Los trabajadores deben decidir por sí mismos. Pero eso no quiere decir en absoluto que no puedan contar con la participación, la contribución y el apoyo activo de compañeros de otros sectores, la aportación de militantes organizados etc. La presencia de otros sectores de la clase obrera, da ánimos, permite atreverse a emprender acciones para las que solos y aislados sentimos que no tenemos fuerza. Además, los asuntos de un sector de la clase obrera son asunto de toda la clase obrera pues son problemas que no son ajenos: despidos, precariedad, bajos salarios etc.

Aquí ¡no se permite la entrada a trabajadores de la propia SEAT que no estén despedidos! ¿Qué unidad puede desarrollarse con ellos en tales condiciones? Por otro lado, ni siquiera a afiliados/as de otros sectores y empresas tienen autorizada la entrada.

El argumento parece muy “democrático”: que decidan únicamente los afectados. Pero ¿es que acaso los trabajadores no tienen el suficiente criterio para discernir qué propuestas les convienen y cuales no? ¿Por qué habría que “protegerlos” de “influencias externas”?

Todo esto lo que trae es el encierro y el aislamiento de los despedidos, su separación del resto de la clase obrera y de sus propios compañeros de SEAT. Esto no puede sino llevarles a la impotencia, a un sentimiento de abandono y soledad, a la idea tan corriente en esta sociedad de individualismo y competencia de “¡qué cada cual se las apañe como pueda!”, a la desconfianza hacia “el resto del mundo” que “no debería inmiscuirse”.

En las puertas de la sala y en los distintos lugares donde se reunían compañeros, nuestros militantes repartieron nuestra hoja y defendieron que la única posibilidad que había de desarrollar una lucha era que todos los despedidos, juntos y en bloque, fueran a las puertas de la fábrica y plantearan al resto de compañeros (que mañana también pueden sufrir el despido) la necesidad de una lucha común alrededor del objetivo READMISION DE LOS DESPEDIDOS. NINGUN DESPIDO. Ese había sido el punto de partida de la huelga del 23 y ese era el único planteamiento válido para poder continuar la lucha.

¿Qué planteamientos se hicieron a la Asamblea? « En la segunda parte se ha realizado una exposición jurídica de la situación y de cómo se debería afrontar desde el punto de vista legal la lucha en defensa de los puestos de trabajo» (texto de relato de la Asamblea aparecido en Kaosenlared 3-1-06). ¿Qué quiere decir esto? Pues lo dice muy bien un compañero que firma “Treballador de SEAT” en un comentario colgado en respuesta al documento anterior: «Pero ahora, CGT hace una asamblea, lleva una abogada (que va a cobrar como todos y es justo porque también comen los abogados), acepta las condiciones de lo pactado por ugt y ccoo (aunque son muy malas) y recomiendan apuntarse a un reingreso que, según CGT, no existe. Aquí alguien o es muy incoherente o quiere hacer pasar gato por liebre. La única opción es la movilización permanente» (Kaosenlared 3-1-06).

El planteamiento que se llevó a la Asamblea no era pues de lucha común sino de ¡sálvese quien pueda!, por eso otro comentario firmado por Yolanda dice muy claramente: «(Así con mayúsculas) QUE VERGUENZA!!!!! TODO ESTO ES UNA MANIPULACION, COMO ESPOSA DE UNO DE LOS DESPEDIDOS, TAN SOLO DECIR QUE ES UNA VERGUENZA POR PARTE DE TODOS LOS SINDICATOS UGT, CCOO Y CGT, MI MARIDO ESTABA AFILIADO A ESTE ULTIMO, Y ESTA EN LA CALLE POR SER DE CGT, ME GUSTARIA VER MAS MOVIMIENTO POR PARTE DE ESTE SINDICATO, YA QUE LA REUNION DE AYER ME PARECIO UNA MENTIRA MAS, LO CIERTO ES QUE HAY 660 PERSONAS EN LA CALLE, LOS DEMAS ESTAN DENTRO, Y ES MUY FACIL HABLAR DESDE DENTRO, Y ES MUY TRISTE QUE TE ECHEN POR FALTA DE POLIVALENCIA..!MENTIRA!!!Y AHORA LLAMANDO A GENTE DE LA CALLE PARA ENTREVISTAS Y ENTRAR EN SEAT, ¡quien lo entienda me lo explique!, DEJAR YA DE APROVECHAROS DE LOS DESPEDIDOS NO OS HAGAIS TANTA PUBLICIDAD, Y LUCHAR DE VERDAD POR TODA ESTA GENTE QUE ESTA EN LA CALLE» (Kaosenlared 3-1-06).

La compañera tiene toda la razón y lo dice muy alto y claro. Por que, ¿aparte de las reclamaciones legales qué movilizaciones se propusieron? Pues el texto citado anteriormente señala que «La tercera parte ha consistido en la preparación de movilizaciones el debate ha sido amplio y se ha decido continuar con el día 12 de enero en el mismo lugar. Las propuestas han sido de lo más variado, sugerentes y decididas. Estás se harán públicas en el momento adecuado» (Kaosenlared 3-1-06). Es decir, absolutamente nada de nada. Esperemos al día 12. Y, sí aún nos quedan ganas: « se ha decidido participar en la manifestación y jornada de lucha de los trabajadores del sector de la automoción europeo que se realizará en Zaragoza el día 20 de enero».

Nos dicen que hay que impulsar una alternativa al sindicalismo traidor de CCOO y UGT. ¿Pero es esto realmente una “alternativa”? ¿No es más de lo mismo?

Los trabajadores debemos sacar una clara lección de todo esto: ningún tipo de sindicato nos va a defender, ni el amarillo de CCOO-UGT ni el rosáceo de CGT, ni ningún otro, la alternativa es organizar la lucha por nosotros mismos a través de Asambleas y Comités elegidos y revocables o ver como te llevan a la desmovilización y la derrota dejando las cosas en manos de esos “especialistas”.

Nuestra intervención que, recordémoslo, aportaba propuestas concretas de lucha, pareció molestar a un pequeño círculo de sindicalistas que se dirigieron a un compañero nuestro y le tiraron las hojas y le llamaron “vendido a la patronal”, después, ante la serenidad del compañero que no entró en sus provocaciones se dirigieron a una compañera. Esta tampoco entró al trapo del forcejeo y les pidió que dieran argumentos que demostraron en qué nuestras hojas o nuestras propuestas mostraban que estuviéramos vendidos a la patronal. Finalmente, optaron por retirarse.

Declaramos nuestra solidaridad total con nuestros compañeros y denunciamos estos actos de chulería y provocación. No nos vamos a amedrentar. Estamos abiertos a la discusión con compañeros que no comparten nuestras posiciones pero responderemos con firmeza a toda tentativa de insulto, calumnia o hacernos callar1.


Con la “asamblea” del día 3, se ha dado un golpe mortal a la lucha, se ha expoliado a los despedidos de su verdadera fuerza, es decir la movilización unitaria de todos los trabajadores contra los despidos, y en cambio se ata a estos compañeros a una rueda de “acciones” más aparentes que efectivas, que van a permitir a la CGT y cofrades representar el papel de campeones de la lucha cuando en realidad se han dedicado a sabotearla. Por ello ante la asamblea convocada el 12 de Enero, una auténtica “liquidación” definitiva de la lucha, nuestra organización ha decidido no intervenir por las razones que hemos explicado en un tercer comunicado



¿Por qué no hemos ido a intervenir en la Asamblea de Despedidos del día 12 de Enero?


Estuvimos en las manifestaciones de Noviembre, estuvimos con vosotros el día 23 cuando os comunicaron los 660 despidos y parasteis espontáneamente (¡nadie os convocó, ni lo “organizó”) en solidaridad con ellos y en protesta contra el acuerdo de UGT, CCOO y la Patronal. Estuvimos a primera hora del día 2 para ver si era posible continuar esa dinámica de lucha. También hemos estado en la Asamblea del día 3 en el Casinet de Hostafranchs. Esta misma semana hemos estado a las puertas de Zona Franca y Martorell para seguir mostrándoos nuestra solidaridad ante un ataque a las condiciones de vida que a todos nos afecta, y para explicar las que son, a nuestro juicio, las razones que han hecho posible ese hachazo a los trabajadores. Hemos estado en todas aquellas concentraciones, reuniones, en las que podía haber un mínimo, por mínimo que fuera, de dinámica de lucha colectiva de los trabajadores, con objeto de intentar impulsarla como puede verse en nuestros comunicados anteriores. Sin embargo no queremos ser cómplices de una reunión adonde se pretende reforzar la derrota y el entierro que se impusieron el día 3 de Enero.

El sindicalismo actúa de forma que cuando hay fuerza y combatividad de los trabajadores todo son excusas con objeto de retrasar la lucha, de diluir la combatividad, de debilitarla en definitiva. En cambio, cuando la lucha se acaba, cuando los trabajadores están abatidos y sienten la realidad de la derrota, el sindicalismo se pone “radical” y lanza propuestas “ultracombativas” tendentes en realidad a aumentar la desmoralización y la humillación de los trabajadores.

El 23 de Diciembre hubo una explosión de solidaridad y combatividad de los trabajadores contra los 660 despidos. ¿Qué hicieron los sindicatos? No digamos UGT y CCOO que se limitaron a esconderse. La propia CGT que dice “comprometerse” en luchar contra los despidos veía pegas por todas partes: que si los paros eran ilegales, que si nada se podía hacer hasta el día 3 de Enero,...

El día 2 de Enero todavía pende en el aire la incógnita de sí los trabajadores van a continuar lo que dejaron el día 23, o si por el contrario la desmovilización navideña organizada con la complicidad de los sindicatos, que no convocan acto alguno en esos días va a pesar más. ¿Qué se encuentran los trabajadores de SEAT? Una convocatoria de CGT no a las puertas de la fábrica, sino en un local en Barcelona. Los sindicatos dicen que son necesarios para nuestra lucha porque tienen “poder de convocatoria”, porque disponen de locales y medios organizativos para los obreros. En la lucha de SEAT se ha demostrado, una vez más, que ese aparato sindical no está al servicio de la lucha de los trabajadores, sino más bien para impedir una verdadera lucha.

La asamblea del día 3 es un mazazo brutal. Los despedidos deben pasar por las oficinas de la compañía para firmar el enterado de los despidos y a esperar a una nueva convocatoria, ¡otros diez días más tarde!, el 12 de Enero… ¿Y, mientras tanto? LA NADA. Y todo esto es presentado por la CGT, con total cinismo, como «un gran ambiente de lucha».

Del 3 al 12 de Enero se recorre el camino entre la nada y la miseria. El día 12, prácticamente un mes después del acuerdo por el que 660 compañeros se van a la calle como resultado del pacto firmado por la Patronal, los sindicatos CCOO y UGT, y el Gobierno Tripartito de Cataluña, con la aquiescencia de la inmensa mayoría de organizaciones izquierdistas que le respaldan, la gran propuesta de solidaridad que se les hace a los despedidos es la creación de un Comité de Solidaridad con los despedidos de SEAT «unitario, abierto a las redes, plataformas, organizaciones, movimientos y entidades sociales, sindicales, políticas y ciudadanas, con el objeto de organizar la solidaridad con los despedidos/as de SEAT, movilizarse por su readmisión, y oponerse a la ofensiva de la patronal que busca precarizar todavía más el empleo y abaratar los despidos»(publicado en KaosenlaRed). A esto se suman propuestas tan peregrinas y estériles como “acciones” contra los concesionarios de la marca,…

En resumidas cuentas sofocar por todos los medios lo que pudiera quedar de verdadera respuesta masiva y unitaria de los trabajadores, y echar fango para tratar de enterrar las verdaderas lecciones de la lucha de SEAT. Si los obreros pudieron comprobar con las 660 cartas de despido del día 23 que de nada sirvieron las “movilizaciones” para sensibilizar a la opinión pública como las manifestaciones de Noviembre, la propuesta que ahora se les hace es sencillamente más de lo mismo. Si el 23 de Diciembre, o el 2 de Enero, los trabajadores aprendieron en sus propias carnes que están solos, que sólo pueden confiar en su lucha de clase, en su solidaridad de clase; ahora se les vuelve a vender la moto de que la intercesión de la ciudadanía, de los organismos políticos y sindicales, pueden conseguir la readmisión de los despedidos. Y pretenden hacerlo además arrogándose la continuación de la lucha de los obreros de SEAT contra los despidos.

Entre la lucha obrera del día 23 y la pantomima del Comité ciudadano de Solidaridad media un abismo como el que separa el día de la noche. Lo primero es una tentativa sincera y solidaria de los trabajadores de solidarizarse con sus compañeros despedidos, lo segundo es una burla cínica de la solidaridad de clase.

Por eso no hemos querido participar en ese simulacro de solidaridad. Por ello defendemos que la verdadera solidaridad con los despedidos de SEAT consiste en que los trabajadores saquemos las verdaderas lecciones de su derrota. Estas lecciones nos van a servir para preparar nuevas luchas pues nadie puede llamarse a engaño: los despidos van a llover en el textil, en el automóvil y en la propia SEAT; la precariedad se va a reforzar con la nueva “reforma” laboral. Necesitamos luchar con fuerza combatiendo el sabotaje sindical.


CCI (14 de Enero de 2006).


1 Agradecemos por lo que representan manifestaciones de solidaridad, como la que ha dado a conocer “Germán” y que trascribimos a continuación:

«SOLIDARIDAD ACTIVA CON LOS MILITANTES Y SIMPATIZANTES DE LA “CORRIENTE COMUNISTA INTERNACIONAL” (CCI) Y CONTRA LAS PROVOCACIONES Y AMENAZAS DE LA “PIOVRA” SINDICALERA.

Hoy mismo recibo la información, vía Internet, de las provocaciones sufridas por unos militantes de la CCI por parte de elementos sindicalistas, intentando reprimir por la fuerza la difusión de una hoja sobre el conflicto en SEAT, que conozco y con la que estoy de acuerdo, ya que pone las cosas en su sitio y, además, boicoteando la intervención oral de los compañeros.

Es una vergüenza que las “fuerzas especiales” del sindicalismo tengan que recurrir a estos métodos viles para enmudecer a unos militantes obreros que querían solidarizarse con los compañeros despedidos y discutir con ellos como luchar contra esos despidos, para contribuir a la necesaria claridad que consiste en que los trabajadores tomemos conciencia de que no podemos luchar por representación ni por apoderados de unas elecciones sindicales convocadas y reglamentadas por el estado capitalista, sino que solo y exclusivamente podemos confiar en nuestras propias fuerzas, en la autoorganización, en la extensión de la lucha, ya que su aislamiento supone siempre la derrota y el triunfo de la patronal y sus fieles servidores los sindicatos por muy ultra revolucionarios que se digan. ¿Qué se han creído estos caballeretes? ¿Qué tienen el monopolio y la exclusiva de la movilización? ¡de eso nada¡ todo lo contrario son los especialistas consumados en anestesiar las luchas encerrándolas en los legalismos impuestos por los capitalistas y su estado totalitario con el principal objetivo de crear entre los obreros un sentimiento de impotencia y, al mismo tiempo, de dependencia de los sindicatos. No tengo ninguna evidencia de que los provocadores sean dirigentes de CGT u otro sindicato, pero creo que entre los trabajadores en general, incluidos los que están sindicados, empieza a cundir la impresión de que el sindicalismo ya no es un arma de los obreros sino de la patronal, por esa profunda razón la jet sindical se ponen muy nerviosas cuando algunos compañeros que no evitan la discusión sino al contrario, que la promueven, porque la discusión abierta es un arma de la clase obrera, ya que temen como el mismo sistema la reflexión de los obreros. ¿Por qué los jefes sindicales tienen miedo de hablar públicamente del sindicalismo? Desde ahora y a raíz de la lucha de SEAT propongo un debate en todos los foros sobre la naturaleza de los sindicatos hoy, es decir, ¿son órganos de la clase obrera o del estado y el capital?

Disculpad la brevedad de mi intervención producto de una rápida toma de postura y de mi enojo por los comportamientos de los jefes sindicales con los militantes objeto de la provocación (por cierto, a ver si los vemos emplear esta “valentía” en defensa de los trabajadores ante la patronal).

Envío mi solidaridad más cálida con todos los compañeros de SEAT despedidos y con los militantes y simpatizantes de la CCI provocados y/o amenazados.

Barcelona, 5/1/2006. German.»


Huelgas en Suecia y en la ciudad de Nueva York: Una confirmación del desarrollo de la combatividad

Desde la primavera de 2.003, con las huelgas y manifestaciones masivas contra la reforma de las pensiones desarrolladas en Francia, numerosos países han visto como poco a poco se han producido nuevos combates obreros contra la austeridad capitalista. Los momentos más significativos de estas luchas se han vivido con las huelgas en las industrias del automóvil en Alemania en 2.004 y, en las huelgas salvajes, durante el verano de 2.005 en el aeropuerto londinense de Heatrow. En todos estos combates, la voluntad de luchar como clase, la necesidad de desarrollar la solidaridad obrera y, la preocupación por el futuro que depara el capitalismo a las actuales y futuras generaciones obreras, han estado muy presentes. Dos nuevos episodios significativos de ese desarrollo de las luchas obreras a nivel internacional han tenido lugar en Suecia y Nueva York (EEUU), a finales de 2.005, confirmando el “giro” en la situación de la lucha de clases que hemos analizado en nuestras publicaciones.



Suecia: un “modelo de paz social” comienza a tambalearse


La burguesía sueca ha alardeado durante mucho tiempo de ser un modelo de “paz social”, de ser el país de Europa con el nivel más bajo de conflictividad laboral desde 1.995. Pero las cosas han cambiado en 2.005. En los hospitales de Malmö y Umea, desde finales de Septiembre hasta finales de año, un total de 70.000 trabajadores del sector sanitario han desarrollado diferentes movimientos y huelgas en demanda de mejoras salariales y contra del empeoramiento de sus condiciones de trabajo. En el mismo periodo, los obreros que construyen la refinería Pret en Lysekil han desencadenado una huelga salvaje contra de sus brutales condiciones de trabajo. Doscientos de ellos, obreros tailandeses, han sido especialmente presionados por la dirección y los sindicatos que con un discurso de supuesta “solidaridad” apelaban a los huelguistas a atenerse a los «acuerdos de trabajo suecos y la legislación del país» para poder conseguir las reivindicaciones solicitadas. Tras diez días de conflicto la huelga concluyó con la promesa de la dirección de aumentos salariales, pero tras organizar el silencio más absoluto en torno al conflicto, los obreros tailandeses han sido expulsados del país, sustituidos por obreros filipinos y del aumento de salario,… nunca más se supo, pues la huelga, según patronos y sindicatos, había sido promovida por la influencia “exterior”.

Pero, sin duda, el conflicto más significativo en todo este período ha sido el protagonizado por los trabajadores de la mayor empresa de transportes de viajeros de Suecia, Connex SL. Su lucha contra los hachazos a las condiciones de jubilación y las pensiones vuelve a plantear, como en Francia 2.0003, la enorme preocupación obrera sobre este asunto que, como veremos más adelante, ha sido planteado igualmente en la lucha de los obreros del metro en Nueva York.

La empresa Connex se ha desdicho de acuerdos anteriores sobre las condiciones de jubilación, pasando la edad mínima de 63 a 65 años, exigiendo flexibilidad en los horarios de trabajo que alargan las jornadas hasta 10 horas en uno de los empleos más peligroso y estresantes del país. Los obreros hartos ya de los chantajes y errores permanentes en sus nóminas no han soportado más provocaciones y han desarrollado una huelga que ha paralizado la ciudad de Estocolmo durante varios días.

Si bien es cierto que estas luchas han podido ser fácilmente controladas y dirigidas por los sindicatos y, en especial en Connex, por los sindicalistas radicales, lo que queremos desatacar es que en un contexto general de desarrollo de la lucha de clases, lento y difícil pero real, los trabajadores suecos se suman progresivamente a ese combate, lo que es una confirmación más de la realidad innegable de esta situación.



Nueva York: un nuevo paso para recuperar la identidad, la confianza y la solidaridad de clase


Una táctica común en los ataques capitalistas contra las pensiones y las prestaciones sanitarias es la tentativa de crear sistemas de “multi-servicios”, en los que los nuevos trabajadores reciben muchas menos prestaciones y pensiones inferiores, al tiempo que se les exige aumentar sus contribuciones al sistema de pensiones bajo la amenaza de no recibir más que unas migajas llegado el momento de la jubilación. Al mismo tiempo a los obreros más antiguos se les asegura que a ellos no les afectarán tales recortes, aunque tampoco se les asegura nada en firme para el futuro. Tradicionalmente los sindicatos ayudan activamente a que tales propuestas estatales sean aceptadas por los trabajadores, presentando todos esos recortes como supuestas “victorias” obreras. Está táctica divide a los obreros y los enfrenta entre sí, ya que, oponiendo los intereses de los obreros más antiguos a los de los más jóvenes - un veneno contra la unidad de la clase obrera – se permite que la patronal divida y pueda vencer.

Ha sido precisamente esa tentativa de dividir a los trabajadores lo que ha estado en el centro de la reciente lucha de los transportes de Nueva York. La Autoridad del Transporte Metropolitano (MTA, en inglés), controlada por el Gobernador del estado y en menor medida por la alcaldía, ha intentado retrasar la edad de jubilación de los nuevos empleados de los actuales 55 a los 62 años, exigiendo al mismo tiempo un aumento del 6% en las cotizaciones de los salarios de los jóvenes empleados a los fondos de pensiones de la compañía. Desde hace mucho tiempo la edad de jubilación estuvo fijada en 55 años (tras 25 años de servicio), como reconocimiento de las condiciones de trabajo extremadamente duras en las que desarrollan su trabajo los obreros en metros que tienen más de cien años de antigüedad, con el aire totalmente viciado de humos, infestado de ratas y con una falta evidente y atroz de medidas sanitarias básicas. La propuesta del Gobernador no afectaba, en cambio, a los obreros más veteranos.

Pero los obreros de metro y autobús no estaban en absoluto dispuestos a dejarse dividir por esta maniobra. En nombre de una clase que ha sufrido repetidamente duros ataques contra las pensiones, los trabajadores de los transportes han trazado una línea roja y han rechazado aceptar el más mínimo cambio en sus jubilaciones. Se han declarado en huelga para proteger las pensiones de obreros que aún no están trabajando en sus puestos, lo que ellos llaman los “aún no nacidos”, sus futuros colegas, aún desconocidos. Por si misma esta lucha se ha convertido en la concreción más clara de la reafirmación de la identidad de clase de la clase obrera y de la solidaridad, a día de hoy. Este combate ha tenido un impacto muy profundo en los trabajadores que han participado y también en otros sectores de la clase obrera. Los obreros del metro se han declarado en huelga por solidaridad de clase con la futura generación. Su consigna: «¡No toquéis nuestras pensiones!» ha resonado con fuerza entre muchos obreros de diferentes sectores.



La significación de la lucha de metro y autobuses


La huelga de los 33.700 obreros del metro que paralizó la ciudad de Nueva York durante tres días la semana antes de Navidad de 2.005 ha sido la lucha más significativa en los últimos quince años en los Estados Unidos. Y ha sido importante por la convergencia de varias razones:

1ª.- El contexto internacional en el que se han desarrollado.

2ª.- El desarrollo de la conciencia de clase entre los huelguistas.

3ª.- El impacto potencial de la huelga sobre otros sectores obreros.

La significación de esta huelga no debe ser exagerada. No puede ser comparada con las que, en los años 80, pusieron en cuestión la autoridad del aparato sindical destinado ha hacer fracasar cualquier lucha obrera que se hubiera planteado la extensión de las luchas a otros sectores obreros. Sin embargo, considerando el contexto de las condiciones difíciles en las que la clase obrera lucha hoy en día, esta significación debe ser claramente comprendida.

A pesar de ser una lucha controlada por una dirección sindical local dominada por izquierdistas y sindicalistas de base, la huelga del metro refleja no sólo la combatividad creciente de la clase obrera sino también avances significativos e importantes en el desarrollo de un sentimiento reencontrado de identidad de clase, confianza y desarrollo de la solidaridad por encima de fronteras generacionales y de lugares de trabajo. Los obreros de los transportes públicos han declarado la huelga sabiendo perfectamente que violaban la “Ley Taylor” de Nueva York que prohíbe las huelgas en el sector público y penaliza a los huelguistas con dos días de salario por cada día de huelga, lo que realmente significa perder tres días de salario por cada uno de huelga (uno no trabajado más los dos de penalización). Las autoridades de la ciudad habían amenazado con presentar una demanda penal de 25.000 dólares por día contra cada obrero que se uniera a la huelga y amenazó con doblarla con el paso de los días: 25.000 dólares el primer día, 50.000 el segundo, 100.000 el tercero,…En ese contexto y ante tales amenazas la decisión de hacer huelga no ha sido tomada a la ligera por los obreros, muy al contrario, ha representado un acto muy valiente de resistencia militante.



El contexto internacional de la lucha


La huelga del metro de Nueva York se desarrolla en un contexto internacional de creciente combatividad del proletariado en defensa de sus intereses de clase, tras un retroceso que ha durado quince años, y que comenzó tras el fin de los bloques imperialistas surgidos de la Segunda Guerra Mundial. En 1.989, el hundimiento del bloque estalinista dirigido por la URSS, que fue seguido por el hundimiento de su rival occidental dirigido por los USA, así como los acontecimientos caóticos que se agravaron a nivel mundial, abrió un período de profunda desorientación para la clase obrera internacional. El cambio provocado por esas nuevas condiciones históricas, la ofensiva ideológica de la burguesía y sus medias proclamando el “fin del comunismo, el triunfo de la democracia y el fin de las clases”, tuvieron un efecto nefasto en el proletariado. El proceso de clarificación que se había desarrollado desde los años 1.960 se rompió y los avances en la conciencia de clase conocieron un importante retroceso. Esto se manifestó sobre todo en lo concerniente al papel de los sindicatos, en el pasado organizaciones obreras pero integradas en el Estado en la época del capitalismo decadente, y actores del sabotaje de las luchas obreras. También afectó al desarrollo de formas de lucha que permitan a los obreros controlarlas por si mismos. Tan profundo ha sido el retroceso en la lucha de clases y tan sistemático el ataque ideológico de la clase dominante, que el proletariado ha mostrado signos muy importantes de pérdida de confianza en si mismo y una dificultad para reconocer su propia identidad de clase.

Sin embargo, la gravedad de la crisis económica y la creciente escalada de los ataques de la clase dominante al nivel de la vida obrera implicaba que, inevitablemente, tal periodo de desorientación del proletariado no podía durar eternamente. En 2003 hemos visto comenzar un giro en la evolución de la lucha de clases internacional, que no se ha caracterizado por el desarrollo de espectaculares combates, sino por la acumulación de luchas que intentan, de forma difícil y vacilante, volver a encontrar su lugar en la escena histórica. La primera cuestión planteada por estas luchas que se desarrollan de forma incipiente a escala internacional no es la extensión de las luchas más allá de las fronteras geográficas o de sector, sino la reapropiación de lo más elemental de su conciencia de clase, es decir, la identidad de clase y la solidaridad.

Este proceso ha recorrido su camino también en los Estados Unidos, como lo demuestran las luchas de los empleados de las fábricas de salazones en California, las luchas de Boeing y Nortwest Airlines, la huelga de transportes en Filadelfia, y la lucha de profesores auxiliares en la Universidad de Nueva York. Lo que hace que la huelga de los transportes en Nueva York sea más significativa en este proceso, no es tanto su impacto por haber paralizado la mayor ciudad de los Estados Unidos durante tres días, sino, sobre todo, por lo que ha aportado al desarrollo de la conciencia de clase.

Como hemos señalado, la principal cuestión planteada en la huelga ha sido la defensa de las pensiones de jubilación, que están siendo atacadas en todo el mundo y muy especialmente en los Estados Unidos. En este país, las ayudas gubernamentales de la Seguridad Social son mínimas y los obreros han de contar con sus empresas o con los fondos de pensiones ligados a su trabajo para intentar mantener su nivel de vida tras la jubilación. Estos dos tipos de pensiones están en peligro en el momento actual, el primero por los esfuerzos de la administración Bush para “reformar” la Seguridad Social y, el segundo por la situación de falta de fondos en las empresas y la presión de las mismas para reducir el pago de las pensiones. Tras la famosa quiebra de la Enron Corporation con la que se hundieron los empleos y las pensiones de miles de trabajadores, multitud de empresas norteamericanas han revisado a la baja sus cotizaciones a las pensiones. Ante la situación de bancarrota de los fondos de pensiones, hemos visto recientemente que empresas muy importantes del sector aeronáutico incumplían sus compromisos con los mismos. La agencia gubernamental federal que asume la responsabilidad de los fondos de pensiones corporativos fallidos, no puede garantizar más que el 50% de lo que los obreros afectados deberían cobrar por derecho. Tal es la cantidad de fondos que están en bancarrota, que esta agencia opera con un déficit anticipado de 24 mil millones de dólares. La industria del automóvil, con la amenaza de bancarrota para la General Motors y la Ford, está poniendo igualmente tales fondos en peligro.



El desarrollo de la conciencia de clase entre los huelguistas


En numerosos hechos de esta huelga de los transportes se ha podido ver la reafirmación de la capacidad de la clase obrera para sentirse y concebirse en tanto que clase. De entrada el motivo central de la huelga – la defensa de las pensiones de los futuros obreros – pone en evidencia este aspecto. Pero también hemos asistido a demostraciones aún más explícitas. Por ejemplo, en un piquete de huelga en una base de autobuses en Brooklyn, docenas de obreros e reunieron en pequeños grupos para discutir sobre la marcha de la huelga. Uno de ellos planteó que no estaba de acuerdo en luchar por defender las pensiones de los futuros trabajadores, de gente que no conocía. Sus compañeros le contestaron señalando, con mucho acierto, que muy posiblemente los futuros obreros que se verían obligados a aceptar recortes tan brutales en las pensiones «podrían ser nuestros hijos». Otro obrero señalaba, en el mismo sentido, que es muy importante mantener la unidad de las diferentes generaciones de la fuerza de trabajo. Y argumentaba diciendo que muy probablemente futuros gobiernos intentarían disminuir las ayudas médicas o el pago de las pensiones y que entonces «será importante para nosotros, cuando estemos jubilados que los jóvenes que estén trabajando recuerden que nosotros luchamos por ellos, y que ellos puedan luchar por nosotros y les impidan rebajar nuestras pensiones». Discusiones similares se han desarrollado en toda la ciudad, reflejando clara y concretamente la tendencia de los obreros a concebirse como clase, a solidarizarse unos con otros más allá de las barreras generacionales que el capitalismo intenta utilizar para dividir a los obreros.

Otros obreros pasaban por delante de los obreros en huelga haciendo sonar el claxon de sus vehículos o gritando mensajes de apoyo. En Brooklyn un grupo de trabajadores de la enseñanza de una escuela elemental expresaron su solidaridad con la huelga debatiendo con sus alumnos en clase e invitando a los niños de 9 a 12 años a hacer una visita a alguno de los piquetes. Los niños llevaron sus felicitaciones navideñas a los huelguistas con mensajes, como este: «Os apoyamos, por que vuestra lucha es por el respeto». Los niños también entrevistaron a los obreros y les pidieron más explicaciones sobre los motivos de la huelga.

Al día siguiente de finalizar la huelga, uno de nuestros camaradas tomo un autobús y tuvo una conversación con el conductor, que revela el avance que ha supuesto esta lucha. Tras haber pagado su billete, le dijo al conductor, un trabajador latino de unos 35 años:

  • «Habéis hecho lo que se tenía que hacer».

El chofer respondió:

  • «Pero no hemos ganado. Hemos vuelto al trabajo sin el convenio».

  • «Pero lo más importante es lo que habéis hecho. Habéis dicho que no aceptabais que se tocaran vuestras pensiones. Los obreros tienen necesidad de estar unidos, pase lo que pase. Es, sin duda, un ejemplo importante para muchos otros trabajadores», dijo nuestro camarada.

A esto el chofer respondió:

- «Si, es cierto. Ha sido muy importante que lucháramos por la clase obrera».



El impacto de la lucha en otros trabajadores


La huelga en los transportes ha sido un punto de referencia para obreros de otros sectores. Además de las manifestaciones de apoyo y solidaridad mencionadas anteriormente hay muchos más ejemplos. Uno de ellos: un grupo de profesores auxiliares de la Universidad de Nueva York en huelga que realizó una visita a los huelguistas para discutir de la huelga y de su estrategia con los otros obreros. En otros muchos lugares de la ciudad obreros de otros sectores debatieron la importancia de la solidaridad basándose en el ejemplo de esta lucha por la defensa de las pensiones. Entre los obreros municipales, de los que la mayor parte están desde hace tres o cuatro años sin contrato, caló hondo la consigna de los huelguistas: «No hay convenio, no hay trabajo», lo que muestra la importancia de esta lucha.

La simpatía hacia los huelguistas fue tan fuerte que el primer día de huelga el presidente del sindicato de transportes, Roger Toussaint tenía, según los sondeos de los media capitalistas, un índice de popularidad más alto que el alcalde o el gobernador. Que se supiera además que la Autoridad Metropolitana de Transportes tenía un excedente financiero de más de 1 millón de dólares, hizo que la dureza de la empresa apareciera como particularmente severa e injustificada ante los obreros.

El segundo día de huelga, la burguesía intentó apoyarse en una campaña que pretendía demonizar a los huelguistas. Los periódicos “Post” y “Daily News”, trataron a los huelguistas de “ratas” y “cobardes”. Incluso el muy liberal “New York Times” denunció la huelga como “irresponsable” e “ilegal”.

El tema de la “ilegalidad” de la huelga fue retomado sistemáticamente por el alcalde Michael Bloomberg y el Gobernador George Pataki. Este declaró que la huelga era criminal y que no habría ningún tipo de negociación hasta que los huelguistas no retornaran al trabajo. Bloomberg se hizo eco de esta posición, tratando a los huelguistas de “bandidos” y “criminales”. El alcalde multimillonario se convirtió de la noche a la mañana en el campeón de la causa de los pobres obreros incomodados por los huelguistas, supuestamente tomados como rehenes por los huelguistas de los transportes a los que presentó como “unos privilegiados”. En el mismo sentido, el presidente del sindicato de transportes se presentó como el mejor defensor de los obreros contra los insultos de las autoridades.

Los reportajes de televisión se centraron deliberadamente en mostrar las dificultades ocasionadas por la huelga al conjunto de la población obligada a compartir vehículo para ir o volver del trabajo, o a caminar a lo largo de los puentes del East River o Manhattan. Pero, a pesar de esta intensa campaña, las autoridades de la ciudad sabían que la solidaridad con los huelguistas era intensa. Un juez local amenazó con penas de prisión a los dirigentes sindicales y de apercibir individualmente a los huelguistas por haber desobedecido la orden de parar la huelga y volver al trabajo, pero el alcalde Bloomberg recomendó, y consiguió, que el tribunal aumentara las amenazas individuales contra los huelguistas pero no detuviera a los dirigentes sindicales ya que, se corría el riesgo de hacer de Toussaint “un mártir”, y provocar huelgas de solidaridad de otros empleados del sector público.

La “ilegalidad” de la huelga ha desencadenado discusiones importantes en el seno de la clase obrera tanto en Nueva York como en todo el país. ¿Cómo puede ser ilegal que los obreros protesten ausentándose de sus puestos de trabajo?, se preguntaban muchos obreros. Como dijo un obrero durante una discusión en una escuela de Manhattan «es como si sólo pudiéramos hacer huelga cuando esta no tenga ningún efecto».



El papel de los sindicatos en el sabotaje de la lucha


Muchos obreros habían comprobado en sus propias carnes que la actual dirección sindical que ahora parecía “muy combativa”, había cedido en un convenio anterior con aumentos salariales de un 0% el primer año, y un 3% el segundo y tercer año. Por tanto los sindicatos estaban ahora sujetos a una presión importante motivada por la cólera y la combatividad obreras. Por ello mientras el sindicato local de los obreros del transporte, en manos de izquierdistas y sindicalistas “de base”, controlaba claramente la dinámica de la huelga, empleando una retórica combativa plagada de discursos de solidaridad, etc. el sindicato de transportes ha jugado su papel de minar la lucha y minimizar el impacto de una lucha importante. Casi desde el principio los sindicalistas dejaron caer la reivindicación de un aumento salarial del 8% para tres años, y se focalizaron en el tema de las pensiones. El mitin sindical que votó la huelga no permitió ninguna discusión o debate y fue de hecho conducido como un desfile sindical, con una vedette a la cabeza, el reverendo Jesse Jackson.

La estrecha colaboración entre el sindicato de transportes y la dirección de la empresa fue puesta al descubierto por un reportaje que, al finalizar la huelga, publicó el “New York Times”, y en el que se podía comprobar que las supuestas tensiones e insultos entre los sindicatos y los responsables estatales o municipales era una completa farsa. Así, mientras el alcalde y el gobernador salían a todas horas diciendo que hasta que no se acabara la huelga no empezarían las negociaciones, lo cierto es que esas negociaciones estaban teniendo lugar, secretamente, en el Hotel Helmsley. En esos tejemanejes el alcalde aceptaba, a escondidas, una proposición de Toussaint consistente en obtener de la dirección de la empresa la retirada del ataque contra las pensiones a cambio de aumentar las cotizaciones de los obreros al seguro por enfermedad, para así compensar al Gobierno del coste que representaría el mantenimiento de las pensiones para los futuros empleados.

Este final de huelga orquestado por sindicatos y Gobierno no puede pillarnos por sorpresa. Es, simplemente, una confirmación más de la naturaleza antiobrera de todo el aparato sindical. Pero eso no invalida en absoluto los avances en la conciencia de clase de este sector de la clase obrera. Al contrario sirve para recordarnos que para llevar adelante nuestras luchas debemos deshacernos del control sindical y luchar por conseguir y mantener el control de las luchas en sus propias manos.


Artículos traducidos de Internationell Revolution, publicación de la CCI en Suecia y de Internationalism, publicación de la CCI en los Estados Unidos.

¿Es posible un nuevo sindicalismo?

ccionline/sb.htm

Accion Proletaria nº 188, 15 Marzo - 15 Mayo

Tres años después de la guerra de Irak: en vez de paz y democracia, guerra y barbarie

Se cumplen 3 años de la invasión de Irak. Se demostró que las justificaciones invocadas para tal barbarie eran todas mentiras. Pero igualmente se ha puesto en evidencia el incumplimiento de las radiantes promesas que hicieron. Iban a acabar con un tirano y han instaurado una tiranía aún peor. Iban a dar un golpe al terrorismo y este no ha hecho sino multiplicar su barbarie. Iban a estabilizar Oriente Medio y lo han desestabilizado mucho más. Iban a desarrollar la democracia y lo que han hecho es reforzar a regímenes como los Ayatolás iraníes, India o Pakistán o a fracciones abiertamente dictatoriales como los chiitas o Hamas.

La situación en Irak y en toda la zona de Oriente Medio y Asia Central muestra que le futuro que el capitalismo depara a la humanidad es cada vez más amenazante.

¿Camina el mundo hacia la paz? Se acumulan hechos y elementos que apuntan a todo lo contrario: el mundo no camina hacia la paz sino hacia guerras imperialistas más devastadoras. En Irak, el enfrentamiento armado entre las distintas fracciones burguesas (chiitas, sunitas, kurdos) es inevitable, los últimos acontecimientos con la llamada “guerra de las mezquitas” acercan aún más esa perspectiva.

Pero el problema no está circunscrito a Irak, lo que allí se produce anuncia una tendencia hacia el estallido de guerras caóticas en los diferentes estados de la zona amenazados por una violenta desestabilización. Esto se ve claro en países como Líbano, Siria, Yemen, Arabia Saudita o Pakistán.

Empantanado en las arenas movedizas de Irak, Estados Unidos ven su autoridad como gendarme mundial cada vez más debilitada. Eso hace que gángsteres de barrio como el régimen de los ayatolás se le suban a las barbas y le lancen un ambicioso desafío con la cuestión nuclear y con la utilización de las famosas caricaturas de Mahoma para atizar los odios religiosos y las tensiones nacionalistas en su propio beneficio.

La respuesta de Estados Unidos con su alianza nuclear con India es la semilla de violentas tensiones con China, Pakistán etc. Una vasta región del planeta puede verse sumergida en tremendos choques militares.

El eterno conflicto Israel – Palestina amenaza con agudizarse mucho más con la subida al poder de Hamas y los intentos de los rivales de USA de apadrinarlo.

En definitiva, toda la zona de Oriente Medio y Asia Central que constituye el corazón estratégico del mundo tanto por sus reservas de combustible como por su posición militar de encrucijada de continentes, puede convertirse en una gigantesca hoguera de choques imperialistas e ínter burgueses.

El proletariado no puede considerar estos acontecimientos como algo lejano que no le incumbe. A la humana indignación contra los sufrimientos intolerables que las burguesías en liza están causando a las poblaciones de la zona debe unirse la preocupación por el futuro de toda la humanidad.

La progresión de los choques imperialistas acarrea consecuencias en los países centrales del capitalismo (Europa, Estados Unidos, Japón) que significan un ataque en todos los planos a los trabajadores y al conjunto de la población de estas metrópolis cada vez menos “privilegiadas”.

En primer lugar, significa más hombres movilizados para ser enviados a los teatros de guerra y todo ello lleva consigue innumerables tragedias humanas: son más de 2200 soldados americanos muertos y más de 20.000 heridos, con el consiguiente sufrimiento para ellos y sus familias.

En segundo lugar, el incontrolable gasto de guerra lleva consigo la necesidad de atacar los salarios, reducir las ya de por si recortadas prestaciones sociales: pensiones, servicios de enseñanza, sanidad etc.; hace imprescindible generalizar la precariedad y los contratos basura como vemos actualmente en Francia.

En tercer lugar significa un reforzamiento de la represión y del control totalitario del Estado sobre la población como se ve claramente con la Ley Patriótica en USA, las diferentes medidas adoptadas en Gran Bretaña o las recientemente tomadas en Francia –que han llegado al Estado de Sitio aprovechando las revueltas en las barriadas periféricas.

Otra consecuencia es que la guerra vuelve como un boomerang al corazón mismo de los países centrales del capitalismo bajo la forma de atentados terroristas masivos como las Torres Gemelas en 2001; Madrid 2004 y Londres 2005. La desestabilización en las relaciones internacionales, el caos general imperialista, hace que el terrorismo se convierta en una forma más de guerra. Toda guerra es una confrontación entre Estados que se realiza tomando como rehenes a las poblaciones de los bandos contendientes. La barbarie imperialista actual tiene en los atentados terroristas masivos una forma de golpear a los Estados tomando como carne de cañón a sus “ciudadanos”. Como se vio en los trenes de Atocha o en el metro londinense es la clase obrera quien con su sangre paga la cuenta de este choque entre bandidos.

Esta perspectiva solo puede ser detenida y finalmente erradicada por la lucha consciente del proletariado. Este ha pasado por un largo periodo de dificultades, pero hoy su estado de ánimo empieza a cambiar como ha podido verse con luchas, todavía limitadas, pero que muestran el comienzo de una respuesta: SEAT en España, el metro en Nueva York, Heathrow en Gran Bretaña, Argentina… En estos días, los estudiantes universitarios y de enseñanza media francesa junto con jóvenes obreros muestran masivamente su protesta y su inquietud ante la situación cada vez más deteriorada.

Frente a la guerra, frente a la miseria, frente al deterioro de la situación que provoca la crisis del capitalismo, ES NECESARIO LUCHAR. NO TENEMOS OTRO CAMINO QUE LA LUCHA.

Acción Proletaria 10-3-06

 

Movilizaciones contra el «CPE» en Francia: Estudiantes, obreros activos o parados: ¡UN MISMO COMBATE CONTRA EL CAPITALISMO!

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Correo sobre la lucha de SEAT: ¿Sirve el sindicalismo para defender las reivindicaciones obreras?

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Cuatro intervenciones públicas de la CCI en Brasil: Un reforzamiento de las posiciones proletarias

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Karl Marx: ¿Demócrata o revolucionario?

El archimediático ex consejero de F. Mitterrand en el Elíseo, Jaques Attali, nos ha obsequiado recientemente con un libro sobre la vida de Marx, titulado Karl Marx o el espíritu del mundo. La aparición de este libro, más de quince años después de que la burguesía pusiese en escena sus campañas sobre la muerte del comunismo, y justamente cuando la clase obrera comienza a levantar cabeza, no es fruto de la casualidad. Frente a un creciente cuestionamiento del capitalismo, y a un desarrollo de las luchas del proletariado, la burguesía sabe que su mejor arma es desviar a su enemigo al terreno nefasto de la defensa de la democracia. Esa es la razón, sin duda, para que uno de sus intelectuales más significados se haya propuesto hacer de Marx un icono inofensivo, situándolo en las antípodas del comunismo, endosándole encima la etiqueta de ser uno de los “padres fundadores de nuestras modernas democracias”.

En su recién impresa obra, el costalero del Sr. Mitterrand se pavonea de haber escrito una biografía “de referencia”, “objetiva” y lo “más completa posible” (es verdad: se mencionan todas y cada de las crisis de furunculosis que padeció el viejo Marx, lo que desde luego atestigua la seriedad de la obra). Evidentemente, de “objetiva” nada de nada, salvo el punto de vista de un burgués y de su clase, que no pueden sino denigrar a uno de los más grandes combatientes de la clase obrera.

Attali ya no describe a Marx como un demonio de “ideas sanguinarias”, tal y como siempre le ha gustado presentarlo a la burguesía (véase si no el libro de Françoise Giroud en su libro Jenny Marx o la mujer del diablo). No. Para Attali, Marx es el “espíritu del mundo”, pero un espíritu, eso sí,  totalmente democrático: “Periodista ante todo, la libertad de pensamiento le parece el más sagrado de los derechos; para él la democracia parlamentaria debe ser protegida, pase lo que pase” (pág. 203). Utilizando esta clase de recursos, al margen de todo contexto, nuestro biógrafo desarrolla un virulento ataque contra Marx: «Este libro permite (…) reinterpretar un siglo XIX del que todos somos herederos y comprender como algunos de sus sucesores (de Marx) han creado nuestras democracias; mientras que otros han usurpado y distorsionado sus ideas, convirtiéndolas en el fundamento de las dos principales barbaries de la historia.” (pág. 4 de las solapas).

 

Karl Marx fue un auténtico militante revolucionario

 

Con el elogio,… el oprobio. Así se nos presenta a Marx como padre espiritual de la democracia burguesa y cuyo verdadero legado lo constituiría el reformismo pequeño burgués que floreció en el seno de la Segunda Internacional en torno a revisionistas de la calaña de Bernstein.

O sea que Marx no habría sido nunca marxista. Es más: el marxismo (es decir la concepción revolucionaria del mundo) sería exactamente lo contrario del pensamiento de Marx: “lo que acabaría siendo después de Marx, contra Marx, el marxismo”. Si hay alguien que se supere a sí mismo en insolencia ese es Monsieur Attali. Para que la salsa de un Marx “campeón del parlamentarismo burgués” ligue, hay que añadirle además un ingrediente que le dé consistencia. Attali se sirve de una entrevista concedida por Marx al periódico americano New York World  en julio de 1871, en relación con el movimiento obrero en Inglaterra: “cuando el periodista le interroga sobre las formas democráticas o violentas que debe tomar la conquista del poder, él responde que la revolución es inútil en una  situación democrática porque (y sigue la respuesta de Marx): “En Inglaterra, por ejemplo, la vía obrera que lleva al poder político está abierta para la clase obrera. Una insurrección sería una locura allí donde la agitación pacífica puede lograrlo todo con prontitud y seguridad.” (pág. 351).

Lo que se le escapa a Attali es que Marx no era un “cerebro infalible”. Por otra parte el marxismo no es la teoría de la verdad acabada y caída directamente del cielo, sino un método vivo de pensamiento que se nutre constantemente de la experiencia histórica para criticarse a sí mismo, volver sobre sus errores e incomprensiones y finalmente superarlos. Por eso, el pensamiento de Marx no está exento de errores[1] que él mismo, o el movimiento obrero corrigieron después. La extrapolación abusiva de las posibilidades abiertas por el desarrollo del movimiento obrero en Inglaterra constituye un ejemplo típico de estos errores.

Marx pasó la mitad de su vida en Londres, rodeado del proletariado más desarrollado engendrado por la primera potencia industrial del siglo XIX, y también del más organizado a través de sus “trade-unions” (los primeros sindicatos). Es lógico que muchos revolucionarios, y también Marx, pusiesen sus esperanzas en esta vanguardia del proletariado mundial. Sin embargo tal esperanza se vio frustrada. Precisamente el peso de las “trade-unions” y de la lucha por la defensa de los intereses económicos en las condiciones legales de la democracia, acabaron minando desde dentro el desarrollo político del movimiento obrero en Inglaterra. Mientras que Marx veía en la 1ª Internacional fundada en 1864 la expresión de la unificación del proletariado mundial, base necesaria para la revolución futura, los jefes tradeunionistas no la concebían más que como medio de asegurar el éxito de las huelgas al impedir la entrada de esquiroles en Inglaterra.

En todo caso, por muy decepcionante que resultara el desarrollo del movimiento obrero inglés, y a pesar de su error de generalizar una particularidad de éste, Marx jamás de afirmar que la lucha de clases es el motor de la historia. Tres años después de la muerte de su viejo amigo y camarada de combate, Engels escribió en el Prefacio a la traducción inglesa de El Capital que: «Ciertamente, debe escucharse… la voz de un hombre para quien la teoría es el resultado de una vida consagrada al estudio de las condiciones económicas de Inglaterra; este estudio le lleva a concluir que, al menos en Europa, Inglaterra es el único país en el cual la inevitable revolución podría efectuarse por medios legales y pacíficos. Sin embargo a él (se refiere a Marx. N de la R.) no se le olvidó nunca  añadir que en absoluto esperaba que las clases dominantes de Inglaterra se sometiesen, sin “rebelión esclavista”, a esta revolución ‘pacífica y legal’»

Attali se dedica pues a la clásica argucia de sacar de contexto tal o cual cita de Marx. Es verdad que, desde su etapa en la Liga de los Comunistas de 1848, Marx combatió enérgicamente el abstencionismo, y el boicot a las elecciones que erigieron en principio primero los blanquistas y luego los bakuninistas, partidarios de “tomémoslo todo, ya mismo. Pero eso no significa que Marx fuera un apóstol del parlamentarismo. Se trata , en realidad de una de las primeras lecciones del socialismo científico: la revolución proletaria no es posible sin que la economía capitalista, a través del desarrollo de su producción industrial, asiente las condiciones materiales de una nueva sociedad, capaz de liberar a la humanidad de sus cadenas. Para Marx la participación en las elecciones en el siglo XIX en apoyo de las fracciones más progresistas de la burguesía, no tenía otro sentido que el de acelerar el movimiento de la historia, derribar los obstáculos del absolutismo, favorecer en todas partes el desarrollo del capitalismo y de la clase obrera y acercarse, así, al momento en que la revolución comunista mundial pudiera estar verdaderamente a la orden del día. Marx tenía claro que ésta no contaría con el consentimiento democrático de la burguesía. Por eso, pese al error cometido respecto a Inglaterra (como respecto a EEUU y Holanda) añadirá mas tarde: «Debemos igualmente reconocer que en la mayor parte de los países del continente la fuerza ha de ser la palanca de nuestras revoluciones. Habrá que recurrir, durante un tiempo, a la  fuerza, para imponer el reinado del trabajo  durante un tiempo con el fin de imponer el reino del trabajo». (Discurso pronunciado en Ámsterdam en setiembre de 1872). Podríamos poner multitud de citas que demuestran que ese era el sentido profundo del progenitor más ilustre del socialismo científico. Nos conformaremos con dos:

- «Si el proletariado en su lucha contra la burguesía se constituye, como debe ser, en clase; si se erige por la fuerza de una revolución en clase dominante; destruye por la violencia el antiguo régimen de producción; destruye  al mismo tiempo que ese régimen las condiciones del antagonismo de clase, (…)» (Manifiesto Comunista).

- «En la Edad Media existía en Alemania un tribunal secreto, la “Santa Vehma” que escarmentaba todas las fechorías cometidas por los poderosos. Cuando se veía una cruz roja pintada en una casa se sabía que su propietario se las iba a ver con la Santa Vehma. Hoy la misteriosa cruz roja marca todas las casas de Europa (dicho de otra manera, las naciones europeas. N de la R.). La propia historia hará justicia y el proletariado ejecutará la sentencia.” (Discurso de Marx pronunciado en una fiesta de los Cartistas de Londres el 14 de abril de 1856).

 

El movimiento comunista, único heredero de las aportaciones de Karl Marx

 

Presentar a Marx como “parlamentario y padre fundador de la democracia moderna” es ya una indignante calumnia. Pero Jacques Attali no se para en barras, y viene a decirnos que si no vemos a ese “Marx demócrata”, al que evidentemente él “conoce bien” desde lo alto de su erudición burguesa, es porque el “gran pensador de la democracia” fue traicionado por su más fiel camarada, Federico Engels, quien en su Anti-Dühring, (siempre según Attali): «inicia la perversión de la filosofía de la libertad que Marx elaboró en sus propios textos». (pág. 390). J. Attali apunta, ¡y dispara!, a Engels cuando dice que «las ideas (de Marx), que serán un día, y quizá el lo presentía, usurpadas y tergiversadas por los demonios» (pág. 286). ¡Ya nos extrañaba que tardara en salir el “demonio marxista”!.

Attali no se conforma con inventar y sacarse de la chistera un “Marx demócrata” sino que quiere hacer de él un esquizofrénico. Lo  verdaderamente cierto es que la mayoría de las obras de Marx y de Engels vieron la luz gracias a una estrecha colaboración entre ambos. Así pasó con La Ideología alemana,  el Manifiesto del partido comunista, El Capital,… hasta el Anti Dühring. Aunque la humildad de Engels le llevó a presentarse siempre como «un segundo violón», la verdad es que se trataba de un trabajo concertado. He aquí lo que Engels describe en el Prefacio de su Anti Dühring de septiembre de 1885: «Un comentario de pasada: las bases y el desarrollo de las concepciones de este libro se deben en su mayor parte a Marx, y a mí aunque en menor medida. Dimos por hecho que no escribiría mi exposición sin que él la conociera. Yo le leí todo el manuscrito antes de la impresión y fue él quien redactó el segundo capítulo de la parte sobre la economía»

Así pues, acusando a Engels de traición, Attali llega a la absurda conclusión de que Marx se traicionó a sí mismo.

Aunque su saña contra Engels es indecente, no nos cabe ninguna duda de que si Attali hubiera podido, habría presentado también a un Engels que no tuviera traza alguna de militante revolucionario. Ya otros lo procuraron  antes y se dejaron los dientes en el intento. La corriente revisionista de la   socialdemocracia alemana intentó travestir a Engels en reformista, adulterando su Prefacio al texto de Marx sobre La lucha de clases en Francia. Rosa Luxemburgo en su Discurso sobre el programa, se sublevó contra ese mangoneo: «Engels no pudo vivir lo suficiente para ver los resultados, las consecuencias prácticas de la utilización que han hecho de su Prefacio (…) Pero yo estoy segura de una cosa: cuando se conocen las obras de Marx y de Engels, cuando se conoce el espíritu revolucionario vivo, auténtico, íntegro que se desprende de sus escritos, de todas sus enseñanzas, te convences de que Engels habría sido el primero en protestar contra los excesos resultantes del puro y simple parlamentarismo (…) Engels e incluso  Marx, si hubiesen vivido, habrían sido los primeros en sublevarse violentamente contra eso, para impedir, para frenar tajantemente al vehículo y que no acabase en el fango». Rosa no sabía en ese momento que ya Engels había protestado vivamente contra esas infames manipulaciones. El 1 de abril de 1895 escribió a K. Kautsky para expresar su indignación al ver en el periódico del partido, el Vorwarts, un extracto manipulado de su Prefacio que le hacía “aparecer como partidario, a toda costa, de la legalidad». Igualmente se quejó a Lafargue de que : «[Wilhelm] Liebknecht me acaba de hacer una buena jugada. Ha tomado de mi Introducción a los artículos de Marx sobre Francia desde 1848 a 1858, todo lo que pueda respaldar la táctica pacífica y nunca violenta que le gusta predicar desde hace ya tiempo».

Es cierto que, a diferencia de Engels, Marx no vivió lo suficiente como para defenderse él mismo. Solo los comunistas, sus auténticos herederos, pueden defender su memoria. Es lo que hizo naturalmente Engels en el discurso que pronunció en los funerales de Marx: «…Fue, por encima de todo, un revolucionario. Su misión en la vida ha sido contribuir, de una manera o de otra, a derribar la sociedad capitalista y las instituciones del Estado que ésta ha creado, a liberar al proletariado moderno, de quien fue el primero en definir las condiciones de su emancipación. En el combate se encontraba en su elemento.  Luchaba con una pasión, una tenacidad y un éxito sin parangón (…) Marx fue el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Gobiernos  absolutistas y republicanos le deportaron.  Burgueses, conservadores o demócratas, se han unido contra él. De todo eso él nunca se ocupó salvo en caso de extrema necesidad. Murió adorado, reverenciado y llorado por millones de camaradas revolucionarios desde las minas de Liberia a California, en Europa y en América». Contrariamente a lo que pretenden las obscenas falsificaciones de Attali, para quien el marxismo nació enterrando a Marx, éste ha sido uno de los grandes militantes revolucionarios y de ninguna manera el padre del reformismo pequeñoburgués. 

«Decididamente la vía de la revolución es inútil, piensa Marx» (pág. 315). ¿No debería decir, más bien, “piensa Monsieur Attali” puesto que es de eso de lo que se trata? ¿Cómo tomarse ni por un instante en serio a un señor consejero del Elíseo que pretende inmiscuirse en el espíritu de Marx atribuyéndole estupideces que sólo tienen sentido en la boca de un “Señor Consejero”?

El Manifiesto comunista de 1848, redactado por Marx y Engels, muestra muy claramente cual era el objetivo que, sin ningún equívoco, perseguían: «Los comunistas no se rebajan a disimular sus opiniones y sus proyectos. Proclaman abiertamente que sus objetivos no pueden alcanzarse de otra manera que con la destrucción violenta de todo el antiguo orden social. ¡Tiemblen las clases dirigentes ante la idea de una revolución comunista! Los proletarios no tienen nada más que perder que sus cadenas. Tienen, en cambio, todo un mundo por ganar».

 

Azel (1 de febrero de 2006)

 



[1] Especialmente en 1848 y en 1864 cuando pensó que ya había condiciones materiales para la revolución estaban presentes. Así, por ejemplo, le escribió a Engels en 1857: «Trabajo como un loco para acabar mi libro sobre la economía política porque sino el sistema se va a venir abajo antes de que haya podido acabar mi libro».

Un nuevo engaño recorre el mundo: El «socialismo del siglo XXI» de Chávez

Publicamos a continuación el contenido de nuestra intervención en el Foro Alasbarricadas (www.alasbarricadas.org) donde se discutía sobre Chávez y su “revolución bolivariana”.

 El Foro titulado «Anarquismo, antiimperialismo, Cuba y Venezuela», plantea qué posición a tomar frente a Chávez y su “revolución bolivariana” en Venezuela.

Chávez se ha convertido en el nuevo mito con el cual hacernos creer que dentro del capitalismo, dentro de su Estado opresor, dentro de la defensa de la nación, se podría conseguir algún “avance” hacia la “liberación de los pueblos”.

Para mantenernos atados de pies y manos a la lógica del capital, la burguesía de izquierdas se dedica a vendernos falsos modelos de “liberación social”. En los años 30 el gran mito fue la “Patria Socialista” de Rusia – apoyándose en las cenizas de la revolución proletaria aplastada desde dentro por el partido bolchevique degenerado -. Ante el desgaste considerable de este mito, en los años 60-70, la “extrema izquierda” del Capital (estalinistas “críticos”, trotskistas, maoístas, anarquistas oficiales) levantaron nuevos ídolos: Che Guevara, la “revolución” cubana, Vietnam, la China de Mao … Esos engaños tuvieron corta vida. Se comprobó que esos nuevos ídolos tenían los pies… de barro capitalista. Aparecieron “nuevas esperanzas”: los Sandinistas, los Zapatistas, el PT brasileño… ¡a los que también se les ha visto el plumero… capitalista!

Queremos decir que compartimos y apoyamos los argumentos de compañeros anarquistas y no anarquistas que rebaten a los que desde las filas anarquistas piden el apoyo “crítico” (como haría cualquier trotskista que se precie) al Sargento Chávez. No deja de ser paradójico que elementos que se reclaman del anarquismo propongan apoyar de manera “crítica” un “proceso” como el venezolano que se basa en el reforzamiento absolutista del Estado, en la preponderancia del Ejército y del más brutal militarismo, en un feroz capitalismo de Estado y en el culto a la personalidad del “gran líder bolivariano” el radiofónico Chávez. Sin embargo, nos vamos a ceñir al contenido del Foro aportando 3 argumentos para desmitificar el engaño Chávez:

1º Su supuesto anti-imperialismo

2º Las pretendida conquistas sociales del pueblo

3º La llamada “organización del pueblo”.


Los imperialismos disfrazados de “anti-imperialismo”

 
Rosa Luxemburgo en su denuncia de la carnicería de la primera guerra mundial señalaba que «la política imperialista no es obra de un país o de un grupo de países. Es el producto de la evolución mundial del capitalismo en un momento dado de su maduración. Es un todo inseparable que no se puede comprender más que en sus relaciones recíprocas y al cual ningún estado puede sustraerse».

Todo Estado es necesariamente imperialista. El capitalismo es un sistema mundial y todo capital nacional se integra dentro de él. Cada Estado nacional practica una política imperialista adecuada a su posición económica, su papel estratégico, sus capacidades militares etc. Estados Unidos tiene aspiraciones de gendarme mundial. En cambio, las ambiciones de Venezuela son más limitadas – el Caribe y América Latina - pero no por ello menos voraces.  La burguesía venezolana anda dividida sobre qué opción tomar: ¿la tradicional alianza con el gran vecino del Norte defendida por los partidos clásicos, la Democracia Cristiana y los “socialistas” de Mister Pérez? ¿O el “desafío bolivariano” que propugna el sargento Chávez? Todo indica que esta última es apoyada por un sector importante del Capital venezolano pues conviene a sus necesidades de expansión y conquista de áreas de influencia. Por ejemplo, ha tejido una alianza ventajosa con el régimen castrista dándole el balón de oxígeno de sustituir el petróleo ruso por el de Maracaibo.

P.Moras, uno de los participantes en el Foro que se reclama del anarquismo, dice «la participación del movimiento anarquista en los procesos de lucha antiimperialista se advierte indispensable». La ideología “anti-imperialista” se basa en reducir el imperialismo a un pequeño grupo de Estados y considerar a los demás como “víctimas”. Este reduccionismo suele llegar al extremo de ver a Estados Unidos como el único imperialismo o como “el imperialismo número uno”. A partir de esta jugarreta “dialéctica” se nos hace apoyar a los Estados que se oponen al tío Sam ocultando que participan del mismo sistema que Estados Unidos y tienen las manos igualmente manchadas de sangre. Además, la matraca sobre “Estados Unidos imperialismo número uno” echa un tupido velo sobre las cínicas ambiciones de sus rivales como Francia o Alemania (o de servidores de estos últimos como el Gobierno Zapatero).

La ideología “anti-imperialista” de Chávez es tan imperialista como la “lucha anti-terrorista” de Mister Bush. Ambas cumplen la misma función: servir de banderín de enganche para que obreros y explotados den su vida por la causa capitalista. Frente a ello reivindicamos la lucha contra todos los bandos imperialistas en vistas a preparar las condiciones para la Revolución Social Mundial que acabe con todos ellos.

La miseria encubierta como “conquistas sociales del pueblo”

La burguesía es la clase más hipócrita que ha existido en la historia. Siempre encuentra un “argumento” para justificar su explotación, sus guerras y su barbarie. ZP – como antes hiciera el adusto Aznar - justifica nuevos contratos basura en nombre de la “creación de empleo”. En Venezuela, Chávez justifica la agravación de la miseria y el hambre en nombre de la ayuda a las masas empobrecidas mediante las “Misiones” con las cuales «se informalizan las condiciones de trabajo, lo que “flexibiliza” (es decir, hace precaria) la fuerza de trabajo a través de las cooperativas, donde los trabajadores perciben salarios de hambre menores que el salario mínimo sin ningún tipo de cobertura social; por otra parte, por cada área de servicio o producción que se cubre a través de las misiones, se desmejoran las condiciones salariales y sociales de los trabajadores formales que hasta ahora laboran en esas áreas, ya que son violadas las contrataciones colectivas y son chantajeados con el despido» (Internacionalismo. Publicación de la CCI en Venezuela).

Respecto a las pretendidas “conquistas sociales” que habría aportado el chavismo, el post de El Libertario, un grupo anarquista venezolano con posiciones sin embargo bastante claras sobre Chávez, denuncia el mito de “la sanidad y la educación” que es la misma milonga que nos cuentan para pedir el apoyo al régimen cubano. Los “progresos en educación y sanidad” sirven para encubrir el avance vertiginoso de la miseria y la explotación en estos últimos 8 años. Los compañeros del grupo argentino Nuevo Proyecto Histórico en su interesante texto “La guerra social por otros medios” aportan datos claros: «Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el INDEC venezolano, en el año 1999 la pobreza extrema alcanzaba al 19,9 por ciento y en cambio ahora todo empeoró, ya que afecta al 28,1% de la población. La pobreza era en 1999 del orden del 43% y en el 2005 aumentó hasta llegar al 54%. El 22 por ciento de los venezolanos está desnutrido y el 47% vive con dos dólares por día».

El engaño de la “democracia participativa”

Los barrios pobres de las ciudades, las más remotas estancias campesinas, se han llenado de “Círculos bolivarianos”, “milicias”, “órganos de cogestión” etc. Esta telaraña de “organismos participativos”, la mayoría tutelados por miembros del Ejército,  nos la pintan como la alternativa de la “democracia participativa” frente a la vieja “democracia representativa” liberal.

Algunas intervenciones en el Foro se emocionan sobre las “experiencias de autogestión” que estarían en curso en Venezuela. No vamos a entrar aquí sobre la naturaleza de la autogestión, simplemente queremos apoyar la respuesta contundente que hace El Libertario a esas especulaciones: «Por ejemplo, se refiere a obreros y campesinos en lucha, aparentemente aludiendo a los imaginativos cuentos que la propaganda chavista difunde en el exterior sobre las tomas de fabricas y haciendas, situación que solo ha ocurrido en términos muy limitados y bajo control del aparato gubernamental, que ha estatizado empresas agrícolas e industriales en bancarrota o con graves problemas judiciales, operándolas bajo régimen de capitalismo estatal y sin ninguna intención de dejarlas en manos de sus trabajadores».

El Estado venezolano se dota de instrumentos “participativos” cuya misión es controlar a los trabajadores y a la población, someterlos a una férrea vigilancia, chantajearlos (“si no participas en la revolución no tienes derecho a las ayudas sociales”), reprimirlos si hace falta en caso de huelgas o manifestaciones obreras. ¿Qué diferencia hay realmente entre esos organismos de encuadramiento estatal y las “milicias populares” de los regímenes estalinistas o las SA del nazismo? La diferencia está únicamente en la justificación ideológica.

El Estado burgués es una dictadura totalitaria de la clase explotadora sobre la inmensa mayoría de la población. Para enmascararla adopta los más variados disfraces. El más utilizado es la Democracia. En Venezuela, ante el evidente desprestigio de la vieja democracia liberal representada por los partidos tradicionales, los creativos publicitarios de Chávez han encontrado nuevos envoltorios.

El “anti-imperialismo” de Chávez, su “democracia representativa”, sus “conquistas sociales”, constituyen otros tantos reclamos para que lo elijamos –aunque sea “críticamente”- como nuevo “libertador”. Y si rechazamos tales patrañas se nos chantajea atribuyendo « a todo el que tenga una posición principista de independencia de clase que no quiere “mancharse las manos". ¿Esto que quiere decir? Que lo correcto es "mancharnos las manos" o "embarrarnos los pies"», como muy bien denuncia P Mattick, otro participante en el mencionado Foro que se reivindica de una posición consejista. 

A esos chantajistas les respondemos muy sencillamente: LO QUE ES PRACTICO PARA LA BURGUESIA NO LO ES PARA EL PROLETARIADO. Para la burguesía resulta muy práctico que los obreros elijamos campo entre los diferentes gángsteres que la componen. Que aceptemos la explotación, la guerra y la miseria en nombre de la “lucha anti-imperialista”.

¡Pero eso no es práctico para el proletariado y para la inmensa mayoría de la humanidad! Lo práctico para el proletariado es defender su autonomía de clase, mantener su independencia en reivindicaciones, organización y métodos de lucha.  El arma más perniciosa de la burguesía es obligarle a elegir plato en el menú podrido del capitalismo: entre Chávez y Bush, entre ZP y Aznar, entre altermundialistas y globalizadores, entre demócratas y fascistas, entre militares y civiles… El proletariado debe reconocerlos como servidores incondicionales del Estado Capitalista y luchar de forma autónoma contra todos ellos. Recordemos la letra de “La Internacional”: «Ni en dioses, reyes ni tribunos está el supremo salvador, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor».

 
Acción Proletaria.

Acción Proletaria nº 189, 15 Mayo - 15 Julio

¿De dónde puede surgir una alternativa al capitalismo?

Aunque los organismos económicos internacionales no reconocen estadísticamente una recesión económica en la mayoría de los países centrales ni cuanto menos un estancamiento, la vida cotidiana se hace cada vez más imposible para millones de jóvenes desempleados sin posibilidad de acceder a su primer empleo, o contratados en precario en condiciones miserables; o para los jubilados con pensiones que apenas permiten sobrevivir dignamente; obreros amenazados de despidos o chantajeados con la exigencia de trabajar más y cobrar menos para evitar las deslocalizaciones o los cierres de empresas… Así se suceden los llamados eufemísticamente “planes de empleo juveniles” (en Francia con el CPE querían instaurar el despido libre los dos primeros años de contrato), o “reformas del mercado de trabajo” (España: abaratamiento del despido), los “acuerdos de salvamento económico” (Alemania: la burguesía tenía “in mente” algo parecido a lo de Francia, más atrasar la jubilación a los 67 años; más aumento 3% IVA), o los recortes del “Estado del bienestar” en todas partes (en Gran Bretaña se anuncia igualmente  en el sector público la obligación de trabajar hasta los 65 años); o los anuncios directos o indirectos de despidos, como en el automóvil en España, o el sector público en Alemania…  Mientras muchos seres humanos se las arreglan para sobrevivir como pueden en medio de una miseria y una barbarie crecientes, no sólo en los países de la periferia, sino en el corazón mismo de las principales metrópolis capitalistas, como París (como han mostrado las revueltas de Otoño 2005 en la periferia de las ciudades francesas) o Nueva Orleáns.

Tampoco resultan tranquilizadores que digamos el «nuevo orden mundial», ni la «libertad duradera»[1], ni los «planes de Paz» en Oriente Medio…, al contrario, el fantasma de una guerra civil se perfila en Irak, y un aumento de las tensiones guerreras entre Israel y los países árabes. El fiasco de la invasión de Irak, ha desencadenado la barbarie más absoluta en el país, con centenares de muertos cada día en atentados y enfrentamientos armados, a los que hay que sumar los enfermos, ancianos y niños carentes de las mínimas condiciones higiénico-sanitarias. El esfuerzo bélico USA para imponer sus dictados en la región (no sólo a Saddam y las fracciones árabes radicales; sino fundamentalmente frente a los intereses de las potencias europeas), que comienza a despertar las protestas contra la guerra de la población americana recordando el «síndrome de Vietnam», está llevando en realidad a un reforzamiento de la fracción chiita[2] apoyada por Irán; el imperialismo iraní, que resulta el beneficiario momentáneo de esta situación de caos en la región, amenaza con su rearme nuclear y su candidatura a potencia regional.

De hecho, bajo la cobertura mediática de una aparente “normalidad”, se está produciendo una verdadera agravación de la crisis, los ataques a nuestras condiciones de vida y las tensiones imperialistas.

Sobrevivir en el capitalismo se hace cada vez más duro para la mayoría de la población mundial no explotadora. A la miseria del desempleo, la pobreza, la guerra y los atentados indiscriminados que amenazan a los obreros de cualquier ciudad del mundo, desde Tel-Aviv a Londres, Moscú o Madrid, se suma el impacto de la degradación social, la violencia, la delincuencia[3]… El capitalismo no ofrece ninguna perspectiva a la humanidad; al contrario, su subsistencia significa cada vez más miseria, barbarie y caos en todo el mundo.

Frente a ello se puede constatar un desarrollo de la combatividad de la clase obrera en todo el mundo, y de la reflexión sobre la perspectiva, sobre si existe una alternativa al capitalismo. Las movilizaciones contra el CPE en Francia, de las que ha sido protagonista una nueva generación de la clase obrera, son un impulso y una confirmación de esta dinámica, por su determinación, pero también por su búsqueda de la solidaridad, su organización en asambleas masivas, y el desarrollo de una conciencia sobre el futuro que el capitalismo ofrece a la clase obrera y a toda la humanidad. Aunque aún estamos lejos de ver un “crescendo” de luchas masivas en todas partes, estos combates no son un trueno en un cielo sereno, sino que expresan un cambio de espíritu en la clase obrera, particularmente en los jóvenes, que no han sufrido el impacto de las campañas sobre la muerte del comunismo. Son una confirmación del giro en la lucha de clases que se viene produciendo desde 2003, y cuyas características habíamos planteado:

«– implican a sectores muy significativos de la clase obrera de los países del centro del capitalismo (por ejemplo en Francia en 2003);

– manifiestan una mayor preocupación por problemas más explícitamente políticos. En particular los ataques a las pensiones de jubilación plantean la cuestión del futuro que la sociedad capitalista puede depararnos a todos;

– la cuestión de la solidaridad de clase se plantea de una forma mucho más amplia y más explícita de lo que se planteó en los años 1980, como hemos visto, sobre todo, en los movimientos más recientes en Alemania;

– se ven acompañadas del surgimiento de una nueva generación de elementos que tratan de encontrar claridad política. Esta nueva generación se expresa tanto en una nueva afluencia de elementos netamente politizados, como en nuevas capas de trabajadores que, por vez primera, se incorporan a las luchas. Como se ha podido comprobar en algunas de las manifestaciones más importantes, se están forjando las bases de una unidad entre esta nueva generación y la llamada “generación de 1968” en la que se incluyen tanto la minoría política que reconstruyó el movimiento comunista en los años 1960 y 1970, como sectores más amplios de trabajadores que vivieron la rica experiencia de luchas de la clase obrera entre 1968 y 1989.» (Resolución sobre la situación internacional del 16º Congreso de la CCI, Revista Internacional nº 122).

Además del movimiento de la primavera francesa, se han desarrollado luchas en el metal de Vigo, donde los obreros han buscado la solidaridad de otros compañeros, y han convocado “asambleas públicas” en la calle, donde pudieran intervenir otros obreros; en el sector postal de Irlanda del Norte, donde se han unido católicos y protestantes, organizando manifestaciones conjuntas en ambas zonas de Belfast; en la administración pública en Gran Bretaña y Alemania, contra las medidas de atraso de la jubilación; en Delhi, India, donde los obreros de Honda han recibido la solidaridad de las fábricas vecinas y de la población, etc. Desde 2003, diferentes luchas obreras han jalonado puntualmente esta dinámica, que lentamente se va a acelerando y consolidando (como la huelga de transportes en Nueva York, en defensa de las pensiones, donde los obreros han luchado para defender las condiciones laborales de sus compañeros más jóvenes; SEAT en España; hospital Garrahan en Argentina; Mercedes Benz en Alemania…)[4].

Al famoso Mayo del 68 francés, siguió rápidamente, como un reguero de pólvora, del “Otoño caliente” italiano en 1969, las luchas de Polonia en 1970, o España en 1976… La clase obrera, que apenas había levantado la voz tras la guerra, emprendía una dinámica de lucha y de búsqueda de una alternativa al capitalismo muy marcada por el entusiasmo y las ilusiones inm