En el año 2003 se ha cumplido el 25 aniversario de la Constitución española. En un ambiente de precampaña electoral, y con el referéndum sobre el plan Ibarretxe pendiente, se ha desencadenado una ofensiva ideológica que pretende implicar a la clase obrera en la defensa de la constitución como garantía de “la unidad de España” y de la “convivencia democrática”.
El capitalismo se hunde en una crisis sin salida, y frente a la preocupación que se desarrolla en las filas obreras sobre el futuro que nos depara, sobre la degradación de la cohesión social, sobre el paro, sobre las pensiones, etc, nos llaman a que reflexionemos, discutamos y nos pronunciemos sobre si sería conveniente o no modificar la Constitución para mantener sus “valores” y “conquistas”; a que comprobemos si se cumplen o no los “derechos” y las “garantías” de “los ciudadanos”.
Pero contra la disminución de los salarios y las pensiones, contra el paro, la Constitución no es un arma de la clase obrera para defenderse de la degradación de sus condiciones de vida que le impone el capital en crisis, ni para plantear una alternativa. La única vía es su lucha histórica y su conciencia. Y la Constitución impone frente a la lucha de clase del proletariado, la unida nacional, el sometimiento a los intereses globales del capital nacional, y por tanto, la explotación y los sacrificios en nombre de la economía nacional. La única unidad que garantiza la constitución es la unidad de la burguesía contra el proletariado.
Frente al nacionalismo y la xenofobia, la alternativa para el proletariado no es ni la “unidad patria” ni el federalismo, sino el internacionalismo.
La constitución y el Estado democrático son la hoja de parra tras la que se esconde la dominación de clase de la burguesía, la dictadura del capital, y por eso tampoco pueden garantizar la conciencia del proletariado, sino su división y su confusión tras los cantos de sirena de las “libertades” y las “conquistas”.
Como ya denunciamos en el periodo de los años 70, apoyándose en las ilusiones democráticas del proletariado en España, la burguesía opuso al desarrollo de las luchas el engaño de las “reivindicaciones democráticas”. La constitución del 78, como planteamos entonces, no se implantó como una “conquista” del desarrollo de las luchas obreras, sino contra ellas. Junto con los Pactos de la Moncloa, el Estatuto de los trabajadores, y todo el marco de legislación “democrática” constituyó el esqueleto de la contraofensiva de la burguesía en España contra el proletariado.
25 años después nos sirven, con diferente salsa (pues esta vez es la derecha la que defiende con uñas y dientes la salvaguarda de la constitución; mientras que la izquierda propone reformarla) el mismo plato envenenado.
Publicamos a continuación una hoja que editamos en Octubre de 1978, para denunciar esa patraña y que 25 años después, en lo substancial, ha mostrado su validez.
Televisión, prensa, partidos, sindicatos, ministros, no hablan de otra cosa: el día 6 de Diciembre vamos a votar la Constitución. Una gigantesca campaña de propaganda quiere convencernos de que, a cambio del voto, tendremos libertades y leyes justas.
Ante tanta propaganda, los trabajadores debemos preguntarnos: ¿Porqué tienen tanto interés en que votemos? ¿Nos ayudará la Constitución a resolver el paro, la inflación y los mil problemas de la vida diaria que estamos sufriendo?
Queremos contribuir a la toma de conciencia de los trabajadores sobre qué es la Constitución y a quien sirve.
Derechos muchos, hechos ninguno
El artículo 15 de la Constitución nos promete: «Todos tienen derecho a la vida». Pero la realidad es que, según estadísticas oficiales, un obrero muere cada 4 horas por accidente laboral. Y no hablemos de los muertos y heridos causados por la policía antes y después de la democracia contra las luchas obreras.
El artículo 21 reconoce «el derecho de reunión pacífica y sin armas». Pero los obreros de los cientos de asambleas y manifestaciones disueltas por la policía saben perfectamente que ese artículo no es mas que palabrería. Solo se reconoce el «derecho» a mítines sindicales y a manifestaciones-procesión que no sirven para nada a la lucha obrera.
El artículo 35 promete: «todos los españoles tienen el derecho y el deber al trabajo». MILLON Y MEDIO de parados y cientos de miles de compañeros que están con los dos pies en la calle saben muy bien que eso son cuentos chinos.
El artículo 41 proclama: «Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo». ¡Que se lo pregunten a los parados cuyo subsidio medio es de 16-20 mil pesetas mes y que solo el 39,9% lo cobran! En cuanto a la asistencia médica del Seguro ¡Mejor no hablar!
El artículo 47 dice: «Todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada». Pero MEDIO MILLON de familias viven en chabolas y el 62,5% de las viviendas tienen menos de 60 metros cuadrados, o sea, que más que viviendas son latas de sardinas.
Podríamos seguir artículo por artículo y llegaríamos siempre a lo mismo: derechos muchos, hechos ninguno. Y ¿Por qué este abismo entre las promesas y las realidades?
La historia demuestra que la clase capitalista nos ha llenado siempre de derechos y libertades pero, al mismo tiempo, nos ha explotado salvajemente y nos ha condenado a guerras, miseria, represión... Nuestra situación no se arreglará jamás con leyes o Constituciones, porque nuestros males están en el régimen de producción capitalista: este se basa en nuestra explotación, la burguesía vive de nuestro trabajo y cuanto más nos explota más ganancia saca. Sus negocios se levantan sobre nuestra miseria. Cada vez que el capitalismo, por sus propias leyes de funcionamiento, entra en crisis, los que pagamos el pato somos siempre los trabajadores.
Desde principios de este siglo, el capitalismo se ha metido en una CRISIS MORTAL, lo cual ha significado para los obreros mil calamidades: paro, planes de austeridad, guerras imperialistas... Esos males no los arregla ni los arreglará jamás el Estado burgués con toda su cantinela de derechos, Constituciones y programas sociales. Todo eso no es más que falsas promesas para ocultarnos que vivimos en una sociedad hundida cada vez más en la barbarie y hacernos olvidar que solo nuestra lucha de clase es el único camino posible para defender nuestros intereses.
Por eso, a la vez que denunciamos a los partidos del SÍ (Alianza Popular, UCD, PC, PSOE, ORT, PT), que quieren hacernos creer que con esta Constitución todo se arreglará, denunciamos a los del NO y la abstención, que nos dicen que sería precisa otra Constitución con «más derechos» o «más popular y democrática». Estas ideas, que propugnan MC, LCR, etc., quieren crearnos ilusiones sobre las posibilidades del Estado para darnos una mejor situación y hacernos olvidar la verdadera raíz de nuestros problemas. Denunciamos igualmente la demagogia de Fuerza Nueva que dice que «con Franco vivíamos mejor». Bajo Franco y bajo la «democracia» hemos sufrido igualmente la explotación capitalista, con sus calamidades de crisis, miseria, terror, etc.
Ningún gobierno burgués, sea azul o «rojo», ningún derecho democrático, ninguna Constitución, podrá arreglar unos problemas que tienen su raíz en la explotación a que nos somete el capitalismo. En Francia, Estados Unidos o Rusia, tienen Constituciones, a cual más «democrática» o más «favorable al trabajador», pero la situación de la clase obrera es igual que aquí: el paro no para de crecer, la inflación devora los salarios, despidos y cárceles castigan toda protesta... La historia habla de la misma manera; en 1931 la burguesía española estableció una Constitución que en su primer artículo decía: «España es una República de trabajadores». La tal «República de trabajadores» asesinó a cientos de obreros en Casas Viejas, Sevilla, Alto Llobregat, Asturias, y encarceló a miles de ellos por defender sus condiciones de vida.
Una falsa solución para nuestros problemas
¿Por qué nos regalan tantos derechos y libertades? ¿Por qué tienen tanto interés en que votemos?
- Porqué la Constitución está ahí para hacernos creer que tenemos en el Estado partidos «obreros» (PC, PSOE) que nos representan, sindicatos que nos defienden, autoridades que nos escuchan y cauces legales a nuestro favor. Y todo eso no es sino un falso camino que solo sirve para dividirnos y desmoralizarnos. Mil veces hemos podido ver que las peticiones a parlamentarios, las manifestaciones-procesión, los paros simbólicos, los trámites legales, etc. Sólo sirven para cansarnos y hacer nos desistir de nuestras reivindicaciones.
- Porqué la Constitución sirve para hacernos creer que todos somos iguales, que todos tenemos un interés nacional común y hacernos olvidar el antagonismo irreconciliable que existe entre nosotros y el capital. Busca disolver nuestra unidad de clase y hacernos fraternizar con patronos, policías, etc., cuyos intereses son contrarios a los nuestros. Busca hacernos confiar en empresarios, políticos, autoridades... para hacernos bajar la guardia y así pegarnos la puñalada cuando quieran. Busca hacernos olvidar un viejo principio del movimiento obrero: EN LA SOCIEDAD CAPITALISTA, EL PROLETARIADO NO TIENE MAS QUE FALSOS AMIGOS Y ENEMIGOS DECLARADOS.
Y es que la burguesía, para defender la explotación y aplastar nuestras luchas, tiene dos armas: LA REPRESIÓN Y EL ENGAÑO. Las mentiras, las promesas, las ilusiones, o sea: EL ENGAÑO, le sirven para desunirnos y desarmarnos, y así entregarnos como fruta madura a la represión. La Constitución, los partidos «obreros» y los sindicatos, están ahí para reforzar la represión y formar con ella la barricada que la burguesía nos opone.
¡Solo la lucha paga!
El capital está en crisis, no sólo en España, sino en todo el mundo. No va hacia «un futuro mejor» sino hacia una catástrofe de paro, austeridad y guerras. Quienes vamos a pagar los platos rotos somos y seremos los trabajadores.
Defendernos y luchar es para nosotros cuestión de vida o muerte. Para ello no sirven ni la Constitución ni los diputados «obreros». Eso son engaños que el capital pone para impedirnos nuestro único camino: la LUCHA DE CLASES (la huelga, la autoorganización en asambleas y delegados, la unidad de clase, la resistencia a muerte contra todas las agresiones del capital, no aceptar los pactos y planes de austeridad...)
Dicen que la LUCHA DE CLASES es una utopía. Pero no es verdad: en 1976 miles de huelgas obreras recorrieron España haciendo temblar al capital. A pesar de sus fallos nos defendieron, aunque por poco tiempo, contra la inflación y otros males. Pero no solo es España: desde 1960 las luchas obreras se han extendido a todos los países, lo cual nos demuestra que es posible la UNIDAD MUNDIAL DEL PROLETARIADO, la cual le dará una fuerza invencible. Ahora mismo hay fuertes huelgas en Inglaterra, Italia, Francia, Irán, Perú, etc., que demuestran que la RESISTENCIA OBRERA sigue viva. Es la misma crisis general del capitalismo, que amenaza sumir a la humanidad en un mar de calamidades, la que nos obliga a luchar, a defendernos y avanzar hacia la REVOLUCION COMUNISTA que salve la humanidad de la barbarie capitalista.
Alternativas
La clase obrera no puede caer en el juego del Sí, el No, o la abstención a la Constitución. El referéndum está trucado pues nos pide el voto para ALGO QUE YA HA SIDO DECIDIDO DE ANTEMANO POR TODAS LAS FUERZAS DE LA BURGUESIA. No es en el terreno del voto donde defenderemos nuestros intereses, sino en el terreno de la LUCHA DE CLASES ¡Ese es nuestro único camino y debemos perfeccionarlo día a día, lucha a lucha, hasta la victoria final.
¡LA EMNANCIPACION DE LOS TRABAJADORES SERA OBRA DE LOS PROPIOS TRABAJADORES!
Corriente Comunista Internacional, Suplemento de Acción Proletaria.
Octubre 1978
Presentamos a continuación el balance de su actividad que nos ha hecho llegar el círculo obrero de Barcelona. La lectura de dicho balance muestra de forma elocuente el trabajo de discusión y clarificación sobre los problemas fundamentales del movimiento obrero y la humanidad que han realizado los compañeros de una forma seria y exhaustiva.
El proceso de toma de conciencia del proletariado es un proceso mundial e histórico que tiene una serie de canales relacionados entre si y que se influyen mutuamente: las organizaciones comunistas constituyen el medio más sistemático, coherente y avanzado. Pero ellas no constituyen el único lugar del proceso de toma de conciencia. Las luchas aportan valiosas experiencias que permiten la clarificación de las posiciones comunistas y contribuyen a su extensión en el seno de la clase. También, elementos de la clase se reúnen en círculos de discusión donde clarifican los problemas más importantes y se van delimitando contra las posiciones de la burguesía y en dirección hacia las del proletariado. Esa es la labor que han realizado los compañeros, que han sido capaces de llegar a conclusiones militantes: plantean la necesidad de continuar la intervención en las luchas y los esfuerzos de conciencia de la clase, y por tanto, se proponen claramente continuar con su propio desarrollo político.
Pero al mismo tiempo los compañeros son capaces de ver los límites de los círculos de discusión: estos son un medio temporal para alcanzar el fin de la clarificación y la intervención sistemática y organizada sobre una base histórica y mundial. Y esto no se puede realizar desde los círculos de discusión que cumplen un papel transitorio, por eso los compañeros han sido capaces de darle un fin al círculo y de sacar la conclusión más consecuente: « hay que profundizar más en la perspectiva de una mayor implicación en las posiciones de clase pero ya en el marco de las organizaciones revolucionarias en la perspectiva de la militancia», como ellos mismo señalan. Únicamente las organizaciones políticas pertenecientes a la corriente histórica de la Izquierda Comunista pueden ofrecer el marco adecuado y fructífero para contribuir a las luchas de la clase, al desarrollo de su conciencia y al avance hacia la formación del partido mundial del proletariado. La Izquierda Comunista es la corriente que supo luchar contra la degeneración de la Internacional Comunista y el paso de los partidos comunistas al campo del capital, que sacó lecciones de la derrota de la revolución de Octubre y la terrible contrarrevolución capitalista que se abatió contra el proletariado en los años 20 y 30, y que mantuvo viva la continuidad histórica de las posiciones de clase comprendiendo los procesos que se han venido operando desde entonces en el capitalismo y en la clase obrera.
El esfuerzo de las generaciones actuales de minorías revolucionarias que hoy está segregando la clase obrera no puede hacerse partiendo de cero, creyendo que se está descubriendo por primera vez el mundo y pretendiendo elaborar desde las experiencias particulares del momento actual un conjunto de posiciones. Eso llevaría al despilfarro de esas energías revolucionarias, a su disgregación y esterilización, con las consecuencias nefastas que tendría para la lucha de la clase obrera y para el futuro de la humanidad cada vez más amenazado por la barbarie creciente del capitalismo. Es necesario integrar ese esfuerzo de toma de conciencia en el marco sólido de la continuidad histórica de las posiciones de clase del proletariado que defienden las organizaciones de la Izquierda Comunista. El proletariado no es una clase inmediata que reacciona como el perro de Pavlov ante los impulsos que le provocan las convulsiones del capitalismo, el proletariado es una clase histórica y mundial capaz de integrar las experiencias de cada época en el marco de su continuidad histórica y mundial. Y ello es lo único que puede darle la claridad y la fuerza para comprender sus derrotas, sus dificultades, sus errores, de tal forma que generen la conciencia, la unidad y la voluntad capaz de enfrentarse con el capitalismo y destruirlo.
Por eso sostenemos el llamamiento que realizan los compañeros: «Animamos a las nuevas generaciones de obreros a la constitución de círculos como este. Estamos dispuestos a trabajar con ellos lo mismo que seguiremos trabajando al lado de las organizaciones revolucionarias». Formar círculos de discusión con el método y la orientación que han desgajado los compañeros de Barcelona, ES NECESARIO Y POSIBLE.
Por último, queremos denunciar a la llamada FICCI que en el número 22 de su boletín dedican unos comentarios insultantes al Círculo de Barcelona. Estos señores que se dedican a hacer de soplones y provocadores (Ver APs nº 168 y 172), continúan su labor atacando y provocando a elementos obreros que hacen un esfuerzo de clarificación. Así del Círculo de Barcelona dicen: «es sintomático que este ‘círculo de discusión’ familiar se haga conocer internacionalmente justamente sobre ese sujeto[1]. ¡Y con qué arrogancia! Pero sin duda no tienen nada que decir sobre las cuestiones políticas generales».
El Balance que publicamos a continuación desmiente rotundamente las insinuaciones de la FICCI. Los compañeros han hecho un estudio exhaustivo sobre “las cuestiones políticas generales”. Por otra parte, los lectores pueden ver el comunicado de Acción Proletaria nº 173 para comprobar la prudencia y la seriedad de la toma de posición del círculo lo que desmiente la “arrogancia” que les atribuye la FICCI. ¡La FICCI solo existe para destruir, atacar, provocar, denunciar, todos los esfuerzos que hace la clase obrera!.
A lo largo de los últimos 4 años nos hemos estado reuniendo con regularidad casi mensual en Barcelona un grupo de trabajadores a raíz de nuestra participación en unas jornadas sobre la guerra de Bosnia convocadas por la CCI, y en cierta manera impulsados por la mayor claridad política de esta organización, decidimos formar un grupo de discusión que permitiera seguir profundizando las posiciones históricas del movimiento obrero y entre ellas las de la Izquierda Comunista. El grupo, como decidimos desde el principio, ha estado abierto a todos aquellos que estuviesen dispuestos a discutir cuestiones que atañen al marxismo, la lucha de clases, la historia del movimiento obrero, la perspectiva comunista… El grupo que llegó a contar hasta 8 compañeros y quedó reducido al final a 4, contó siempre con la presencia de la CCI que colaboró con nosotros en la preparación de los temas y en la discusión.
Desde luego ha sido fundamental la regularidad, el rigor, la seriedad de las discusiones y la responsabilidad de los compañeros para prepararlas. Durante todo este tiempo hemos venido analizando tanto la historia del movimiento obrero (periodo ascendente del capitalismo) como las luchas actuales de nuestra clase en el actual periodo histórico (decadencia y descomposición).
Hemos tratado lo más profundamente posible temas y cuestiones tan fundamentales de conocer y comprender para la clase obrera como:
¿Qué significa el marxismo para la clase obrera? El método marxista de análisis: teoría y práctica
El Estado (incluida la cuestión del Estado en el Periodo de Transición), el parlamentarismo, la cuestión sindical, la cuestión nacional y el imperialismo
Revolución proletaria en Rusia. La Tercera Internacional. Derrota del proletariado en Alemania. Derrota de la Revolución de Octubre. La degeneración de la Internacional Comunista
El Estalinismo. Las Izquierdas Comunistas
Lucha reivindicativa y lucha política.
La organización política de la clase obrera. La cuestión del Partido: la relación partido –clase. La cuestión organizativa en el Segundo Congreso del POSDR. El Uno paso adelante, dos atrás de Lenin.
Los periodos históricos del capitalismo
Las dificultades que tiene hoy la clase obrera para constituirse en clase para si y retomar su programa histórico y formar el partido mundial del proletariado; y las mistificaciones pequeño burguesas a que se ve sometido el proletariado en este periodo. A lo cual cooperan toda clase de movimientos interclasistas con la difusión de ideologías como la antiglobalización, el ecologismo… apoyados de todo tipo de fracciones y grupos de la Izquierda del Capital que como ellos intentan desviar al proletariado y las minorías revolucionarias o los elementos en búsqueda de las posiciones de clase del proletariado.
Estos encuentros, a quienes hemos trabajado en ellos, nos han ido formando no sólo en el conocimiento y comprensión de la historia de la clase obrera, con sus avances, sus derrotas y su toma de conciencia de clase histórica explotada y revolucionaria; sino también a conocer la necesidad de luchar contra el Estado burgués y sus aliados: sindicatos, partidos de la Izquierda del Capital, y las ideologías que destilan: nacionalismo, reformismo, sindicalismo, parlamentarismo, pacifismo, estalinismo = comunismo… Hemos llegado a la conclusión después de varios años de discusión que sólo la clase obrera puede acabar con el sistema capitalista, que el objetivo final de sus combates no es obtener victorias parciales, mejoras salariales inmediatas… sino que sin dejar de luchar por estas, el objetivo final de sus combates es la destrucción del capitalismo por medio de la insurrección proletaria y la revolución mundial que abra la perspectiva, a través de un periodo de transición, de la sociedad comunista.
Los compañeros del círculo hemos llegado a la conclusión de que el círculo se nos queda corto para seguir el desarrollo político, que hay que profundizar más en la perspectiva de una mayor implicación en las posiciones de clase pero ya en el marco de las organizaciones revolucionarias en la perspectiva de la militancia.
El círculo ha cumplido la función que nos dimos para la formación colectiva hasta un cierto nivel. Sabíamos desde que lo formamos que tendría una vida. Hoy hemos decidido darle fin.
Animamos a las nuevas generaciones de obreros a la constitución de círculos como este. Estamos dispuestos a trabajar con ellos lo mismo que seguiremos trabajando al lado de las organizaciones revolucionarias.
Barcelona 7.11.2003
[1] Se refiere al comunicado que el círculo de Barcelona emitió – y que publicamos en Acción Proletaria nº 173- sobre el comportamiento intolerable de soplones y provocadores de los señores de la FICCI.
Tras Porto Alegre en enero de 2001, Florencia en noviembre de 2002 y Larzac el pasado verano; otro espectáculo “antiglobalizador”, un nuevo show del “otro mundo es posible” ha vuelto a agotar las localidades. Esta vez ha sido en las ciudades francesas de París, Ivry, Bobigny y Sant-Denis los días12 a 15 de noviembre de 2003 con ocasión de la segunda edición del Foro Social Europeo (FSE). Cerca de 50 mil personas, venidas de todos los rincones de Europa, han pasado por los centenares de “debates” programados para esos días. La traca final del Forum la puso el 15 de Noviembre una manifestación que reunió 80.000 personas. Con semejante balance se podría decir que el movimiento antiglobalización (o “altermundialismo”, como se dice ahora) va viento en popa. Y esto no incomoda a la burguesía, sino todo lo contrario. Al fin y al cabo ella es quien patrocina el espectáculo.
Desde sus orígenes en el Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre, la clase dominante ha aparecido como el principal “sponsor” de la antiglobalización. Al diario Le Monde Diplomatique y a la asociación ATTAC, emblemas de este movimiento, les fueron concedidos en enero de 2002 por el ministerio francés de Asuntos Exteriores 80.000 euros para contribuir a la organización del 2º FSM Foro Social Mundial en Brasil. Igualmente, en Larzac, hace unos meses, el Consejo regional de Midi-Pyrénées contribuyó con la generosa cifra de 50.000 euros a esa causa. Respecto al FSE de noviembre en París lo menos que se puede decir es que la burguesía francesa no ha escatimado medios. Matignon ha bendecido la cita altermundialista” con medio millón de euros. Los Consejos Generales de Seine-Saint-Denis, de Val de Marne y de la Essonne han “aflojado” más de 600.000 euros. Por último el ayuntamiento de París ha puesto sobre la mesa un millón de euros y el de Saint-Denis, 570.000 euros. Y todo eso sin contar la enormidad de medios logísticos puestos graciosamente a disposición de la organización: salas municipales, teatros, bibliotecas, gimnasios e incluso ¡locales de la Prefectura! “El esfuerzo financiero y logístico asumido por el Consejo de París, las alcaldías de distrito y los servicios municipales (disponibilidad de un lugar para la organización de este evento, subvención para el acondicionamiento de la zona de la Villette, apertura de espacios de reunión y de albergue…) ilustra, creo yo, una voluntad que está a la altura de las exigencias de esta reunión” (Bertrand Delanöe).
La implicación de la burguesía en el movimiento antiglobalización es tan escandalosamente patente que los alcaldes de las ciudades de acogida, sean del PCF o del PS ( París), han tenido el honor de pronunciar los discursos de apertura del FSE el 12 de Noviembre, mostrando que ellos llevaban la voz cantante. No resulta sorprendente pues la importante presencia de fuerzas burguesas de encuadramiento de la clase obrera, tales como sindicatos, partidos de izquierda y de extrema izquierda del capital, en el seno de este Foro. Efectivamente, numerosos sindicatos como la CGT, FO, CFDT, CFTC, el G10Solidarios - del que forma parte el SUD -, la FSU…, así como el IGMetall alemán, la CUT brasileña, etc., todos ellos reputados maestros del sabotaje de la lucha de clases y de las técnicas de mistificación de la clase obrera, no sólo figuraban como los principales animadores de muchos debates, sino que algunos de ellos eran incluso co-organizadores del Forum SE. ¡Qué más puede decirse!
Lo mismo puede decirse de los partidos burgueses a los que hipócritamente les estaba vetada la participación, pero que estuvieron presentes e intervinieron cuanto quisieron, agazapados tras las asociaciones, fundaciones o periódicos que están bajo su control. Por ejemplo, el PS aprovechó el Movimiento de Jóvenes Socialistas, la Federación nacional Léo Legrange o la Fundación Jean Jaurès como portavoces. El mismo PCF estuvo particularmente presente en los debates por medio de su periódico L´Humanité y su fundación Espace Karl Marx. La LCR tenía también cabida en el Forum por medio de su semanario Rouge (que mientras duró el FSE se convirtió en diario y se distribuyó gratuitamente), y sus Juventudes Comunistas Revolucionarias.
Esta es la verdadera cara de los animadores y los organizadores de la antiglobalización. He aquí lo que se oculta en esa pretendida “escena política renovada”, esas “nuevas alternativas”: toda la vieja quincalla burguesa de los sindicatos y la social-democracia, pasando por el trotskismo y otros componentes del izquierdismo.
Pero ¿por qué la burguesía gasta tanto dinero y despliega tal cantidad de medios y energías para animar un movimiento que repite de mil maneras que otro (incluso otros) mundo es posible y necesario porque éste no anda bien? ¿Acaso se le han cruzado los cables a la clase dominante? ¡Seguro que no! Si no cabe duda de que ha sido ella quien creó y quien financia, organiza y da gran publicidad a este movimiento antiglobalización, es por que ese ambiente verbenero de “cambio radical” esconde en realidad una poderosa arma de mistificación contra la clase obrera.
El fracaso del capitalismo no sólo se evidencia en el desarrollo de la barbarie guerrera en los cuatro puntos cardinales del globo, sino también en la irresoluble crisis económica que se agrava cada vez más y de la que derivan violentos ataques contra el proletariado. Los recientes hachazos a las pensiones y a las prestaciones sanitarias en Francia, Alemania, USA,... así lo atestigua. Todo ello hace surgir inevitablemente una inquietud por el futuro que nos puede deparar el capitalismo. Por eso la clase dominante necesita imperativamente cortar cuanto antes esa reflexión. Y es justamente para eso para lo que les sirve la antiglobalización. La propia “disposición” del FSE (cuatro sedes diferentes para que los desplazamientos de uno a otro sean un auténtico quebradero de cabeza, dispersión de las salas de reunión de una punta a otra de las ciudades convertidas en un auténtico laberinto) estaba especialmente “diseñada” para poner trabas al encuentro y a la discusión al margen de los “debates” oficiales. “Debates” que, dicho sea de paso, estuvieron completamente “prefabricados” para reservar las intervenciones orales a los “expertos” (filósofos, periodistas, sindicalistas…) que se alternaban como “moderadores” u “oradores”, mientras al público se le relegaba a ser mero espectador destinatario del lavado de cerebro.
“Otro mundo es posible”… “Si. Pero ¿qué mundo?” Esta es la cuestión común y convenida que se formula a la antiglobalización, y que se repetía una y otra vez, en los periódicos, los “platós” de televisión, etc., pues eso permite que los “líderes” de este movimiento como Bernard Cassen de ATTAC, o José Bové de la Confederación Campesina, expliquen y justifiquen por qué la antiglobalización no postula ninguna perspectiva precisa. “Nos lo estamos pensando” vienen a decir estos personajes. Y por ello el cometido de encuentros como el FSE sería el de obrar como un gigantesco “laboratorio de ideas” en el que definir los contornos de ese “otro mundo” o, más ambiguamente aún, “esos posibles mundos”.
Pero si la antiglobalización se mantiene en ese limbo y reivindica además tal indefinición es porque no conlleva ninguna alternativa al capitalismo y sí, en cambio, un verdadero callejón sin salida para la clase obrera.
“¡Contra la globalización liberal, hay que actuar AQUÍ y AHORA por una nueva lógica económica y social!” (panfleto del Movimiento Republicano y Ciudadano). He ahí el arquetipo de las propuestas “altermundialistas” que nos han estado machacando por todos lados a lo largo del FSE. Si el mundo va mal, buena gente, es debido a esas malditas multinacionales sin escrúpulos, esencia del “neoliberalismo”, y ávidas de beneficios. O sea el clásico y rancio discurso izquierdista consistente en clamar contra los malos patronos “que organizan el sistema para su propio beneficio”, pero que en realidad salva la cara del sistema capitalista, ya que no sería necesario barrer el capitalismo de la faz de la tierra, sino simplemente trocar su “lógica neoliberal” por una lógica más “humana”.
¡Claro! ¿Cómo no lo habremos pensado antes de todas esas crisis y todas esas guerras que han asolado y asolan aun hoy la especie humana? Las desvergonzadas mentiras de la burguesía rozan a veces el ridículo.
“El proceso de producción capitalista está determinado por el beneficio. Para el capitalista, la producción sólo tiene finalidad y razón de ser cuando obtiene de ella, un año tras otro, un beneficio neto’…Pero la ley fundamental de la producción capitalista, la que la distingue de las demás formas económicas basadas en la explotación, no es solamente la obtención de ganancias tangibles en oro constante y sonante, sino la obtención de ganancias en una ‘progresión cada vez mayor’”. (Rosa Luxemburgo, “La acumulación del Capital. El problema en cuestión”. Cuadernos de P y P nº 51).
“El crecimiento del capital en sí mismo aparece como principio y fin, como finalidad en sí mismo y sentido de toda la producción…La producción por el beneficio y no por los hombres se convierte en ley para todo el planeta; y el subconsumo, la inseguridad de poder consumir, y por momentos, el no-consumo de la inmensa mayoría de la humanidad, se convierta en la regla”. (Rosa Luxemburgo, “Introducción a la Economía Política. Las tendencias de la economía capitalista”. Cuadernos de P y P nº 35.
Es esta ley de bronce, esta implacable lógica fundamento de la naturaleza del capitalismo, es la pretenden escamotearnos los antiglobalizadores para justificar su ideología reformista o sea la ilusión de un capitalismo con rostro humano.
La burguesía tiene suficiente experiencia en materia de mistificación para saber que en las viejas ollas es donde se cuecen los mejores guisos. Y el potaje antiglobalizador que le ofrece hoy al proletariado, pese a apariencia “novedosa”, tiene el regusto de ese viejo puchero que es el reformismo.
Querernos hacer creer que sería posible una gestión “diferente” y “humana” del capitalismo es la mayor estafa de las perpetradas por este movimiento que se califica a sí mismo como “lleno de esperanza”, pero que en realidad no persigue otro objetivo que impedir que la clase obrera llegue la conclusión de que el capitalismo se halla en una situación de bancarrota histórica irreversible, que sólo puede “ofrecer” miseria y barbarie, ya desde su entrada en su periodo de decadencia a comienzos del siglo XX.
A la clase dominante se le plantea sin embargo un problema: ¿Qué hacer con quienes no se dejan seducir, o los que se muestran insatisfechos con un FSE tan netamente reformista? ¿Qué hacer con los que se muestran reticentes a esta descomunal mascarada de inspiración estalinista en la que todos los “debates” estaban previamente preprogramados? No pasa nada. Los “altermundialistas” lo tenían todo previsto, incluso la organización de un “contra-foro”, el llamado Foro Social Libertario (FSL) que celebró al mismo tiempo en Saint-Ouen.
“Los libertarios proponen reivindicaciones inmediatas de ruptura con el capitalismo”. Reclaman, “no una reforma de la economía capitalista sino su abolición”, contrariamente al FSE que “no pone en cuestión la economía de mercado” (página Internet de presentación del FSL).
Así pues el FSL, animado por las organizaciones oficiales del anarquismo (CNT, Alternativa Libertaria, Federación Anarquista, OCL,..), se presentaba y se promocionaba utilizando un vocabulario copiado del de los revolucionarios. Pero dejémoslo claro, no se trata más que de un escaparate para atraer a los elementos a los elementos más reticentes o que buscan una perspectiva de ruptura, y acabar encarrilándolos al regazo reformista de la antiglobalización. Como prueba de ello veamos los asuntos discutidos y las propuestas realizadas por el FSL “para intentar construir alternativas”: “el acceso de todos a la cultura”, “una educación igualitaria para todos” o “un mejor reparto de las riquezas”, o sea temas calcados de los programados por el FSE y que son expresión de puro y simple reformismo.
Y ello sin hablar de la ideología autogestionaria a la que tan apegados están los anarquistas y que ha sido retomada por la antiglobalización en su conjunto con la famosa consigna de la “democracia participativa”. Una peligrosa ideología que incita a los obreros a organizar su propia explotación en las fábricas o que lleva a las poblaciones a gestionar directamente la miseria sin que jamás puedan solucionarla, como en el caso de Porto Alegre.
No sorprende pues que los libertarios se sumaran al cortejo de la manifestación del 15 de noviembre, o que Alternativa Libertaria animara un debate en el seno de la FSE sobre la “actualidad de la autogestión”, ni que el Foro de Saint-Ouen estuviese previsto en el mismo marco que el FSE. En efecto, en la página web del FSE y en su rúbrica “En torno al FSE”, se encontraban todas las informaciones concernientes al “contra-foro anarquista”. El anarquismo oficial es pues una componente cien por cien de la antiglobalización. Un eslabón de la cadena en la que tiene una función clave: hacer de enganche para llevar a los elementos más críticos y más rebotados ante la barbarie del mundo capitalista a la trampa reformista de los “altermundialistas”.
“Otro mundo es posible…pero, sobre todo, que no sea el comunismo”. He ahí el “leit motiv” del movimiento antiglobalización: ponerle trabas a la clase obrera en su difícil esfuerzo de reapropiación de su conciencia de clase. En la ideología antiglobalización no hay lugar para la clase obrera, sino para “multitudes”…de ciudadanos, evidentemente. ¡Nada de lucha de clases!, sino movilizaciones ciudadanas a cuál más interclasista: desde la lucha por los derechos de los homosexuales o de las mujeres, hasta el combate por un “mundo sin pesticidas” o por “la protección de los animales de laboratorio”. ¡Ni hablar de revolución proletaria!, más bien perfeccionamiento de la democracia burguesa, que es la forma más refinada de la dictadura de la burguesía contra los explotados.
Frente a la ofensiva antiglobalización contra el proletariado enfilada a obnubilar la conciencia de clase de éste, los revolucionarios no pueden quedarse con los brazos cruzados. Tienen por el contrario la responsabilidad de reafirmar que únicamente la sociedad comunista puede representar un porvenir para la humanidad y que sólo la clase obrera es portadora de ese nuevo mundo. “Dado que la abolición de la explotación equivale, en lo fundamental, a la abolición del salariado, sólo la clase que sufre esta forma específica de explotación, es decir el proletariado, puede ser portador de un proyecto revolucionario.”…”El proyecto comunista del proletariado... es perfectamente realizable, no sólo porque el capitalismo ha creado las premisas para tal sociedad sino porque es el único proyecto que puede sacar a la humanidad del marasmo en que se hunde” (De la serie “Quién puede cambiar el mundo” Revista Internacional nº 73).
Ese fue el sentido de la intervención de la CCI: venta de su prensa (en seis idiomas) y la difusión de una octavilla en la web del FSE y en la manifestación del 15 de noviembre, así como intervenciones orales en los debates del FSL. Todo ello ilustra la decidida voluntad de la CCI de defender las posiciones marxistas y de demostrar por qué la antiglobalización (desde ATTAC a los anarquistas del FSL) es una trampa montada contra el proletariado.
Sólo si la clase obrera es capaz de desarrollar sus luchas en su propio terreno reivindicativo contra el sistema capitalista, el proletariado podrá señalar la perspectiva de que no hay otro mundo posible que el comunismo.
Azel (26 noviembre 2003).
Traducido de Revolution Internationale (órgano de la CCI en Francia) nº 341.
Presentamos a continuación amplios extractos del llamamiento que dirige un lector, simpatizante de la CCI y de toda la Izquierda Comunista, a la unidad y el trabajo en común de los grupos de la Izquierda Comunista.
Nosotros apoyamos en lo esencial este llamamiento, particularmente la indignación que expresa frente a la incapacidad de los grupos de la Izquierda Comunista de superar el sectarismo para plantear una respuesta de clase unida frente a la guerra; aunque hay formulaciones concretas y análisis que, como nuestros lectores conocen por nuestras publicaciones, planteamos en otros términos. El lector tiene toda la razón cuando dice que todos los grupos de la Izquierda Comunista estamos unidos por el internacionalismo y que ello traza una frontera de clase respecto a los grupos de la burguesía. Hay organizaciones dentro del aparato político de la burguesía que dicen reclamarse del “cambio de sociedad” y la “liberación de la humanidad” pero que en realidad sirven al interés nacional del capital, a la guerra y a la explotación, es decir, a todo lo contrario de lo que proclaman: actúan por la conservación de esta sociedad de explotación y por la opresión de la humanidad. Son los grupos estalinistas, maoístas o los que dicen reclamarse de Trotski pero también el movimiento “anti-globalización” o “alter-mundialización”, que proclama vagamente que “otro mundo es posible” para convencernos de que “otro capitalismo es posible”. Por eso es muy importante que los grupos de la Izquierda Comunista sepan trazar la línea roja que los separa de todos esos falsificadores y embaucadores, a pesar de que el anquilosamiento en un comportamiento sectario ha hecho imposible que puedan plantearse (como pide nuestro lector) Conferencias Internacionales hoy, y de que, por otra parte, la formación de un Partido Comunista Internacional (que también menciona) no sea una perspectiva a corto plazo.
Es cierto que los grupos de la Izquierda Comunista tienen entre sí muchas diferencias pero esas diferencias se ubican dentro de un marco común que es el programa que les une de lucha contra el capitalismo, contra la guerra, contra el interés nacional del capital. Es sectario e irresponsable enarbolar las diferencias para ocultar lo que nos une y evitar un debate franco y sistemático sobre ellas para lograr su clarificación.
Es una irresponsabilidad tremenda como denuncia justamente el lector el no trabajar en común invocando esas diferencias, que en realidad se ponen como pretexto, olvidando y dejando de lado los puntos de unión. Es una irresponsabilidad terrible frente a las guerras imperialistas que se suceden y que amenazan ser cada vez más destructivas, es una irresponsabilidad suicida frente a la agravación de la crisis del capitalismo, es una irresponsabilidad ciega ante la realidad que madura en el proletariado de luchas y de desarrollo de nuevas minorías que buscan una perspectiva revolucionaria. Es algo por lo que elementos revolucionarios como este lector o grupos nuevos que surgen en el proletariado internacional pedirán cuentas, pues la situación histórica se va agravando y, como señala el lector, está en juego la disyuntiva Revolución Comunista Mundial o Destrucción de la Humanidad.
De manera serena y tenaz, hemos de luchar por conseguir que los grupos de la Izquierda Comunista se doten de un marco donde poder colaborar frente al enemigo común y poder debatir y clarificar las divergencias. Este combate es una de las orientaciones centrales de la actividad de la CCI[1].
España / País Vasco / 12 noviembre 2003
Estimados camaradas:
Después de mirar con frialdad la guerra de EE.UU. en Irak veo con pena la labor que ha hecho la Izquierda Comunista. Me parece increíble la falta de unión que han demostrado las diferentes organizaciones revolucionarias en esta guerra contra Irak. Todas las organizaciones cada cual en su rincón sin buscar una unión con las otras y unir las pocas fuerzas militantes que tenemos. Creo que se podría haber hecho una hoja conjunta entre todas las organizaciones de la Izquierda Comunista. Pero ha podido más el orgullo herido y la soberbia, el temor a que nos puedan quitar algún militante, el tener a cada cual encerrado en su capilla, el evitar que los militantes se relacionen con las otras organizaciones revolucionarias.
Es una pena que cada grupo fuera con su hoja a las manifestaciones contra la guerra cuando se podría haber repartido una hoja común que habría dado más fuerza y solidaridad. Pero cada grupo se cree el ombligo del mundo y que los demás no son nada.
¿Por qué tanta discordia, unos grupos criticando a otros, sin saber lo que realmente dijeron, sino simplemente zinzaneando unos contra otros? ¡Así no se consigue nada! Hay varios grupos que se consideran el único partido y que los demás no son nada. ¡Al menos podrían unirse ellos, esclarecer lo que los junta y lo que los separa y formar un Partido Comunista Internacional de verdad!
El PCI, el BIPR, la CCI, podrían debatir en torno a una mesa qué les separa y qué les une. Una vez hecho esto se podría discutir lo que les separa para ver las posibilidades de limar las diferencias.
Con la guerra de Irak se ha visto que todos los grupos son internacionalistas y que eso es lo más importante frente a los grupos de la burguesía. ¿Por qué no organizar Conferencias Internacionales de la Izquierda Comunista?
Hay que reaccionar pues la siguiente guerra nos va a hacer más daño y además la burguesía está preparando ataques muy fuertes contra la clase obrera de todo el mundo. Sí las minorías revolucionarias de la clase obrera no se van unificando iremos de guerra en guerra y eso nos va a quemar, nos irán destruyendo ideológicamente y luego nos destruirán físicamente. Por eso os pido que os unáis. ¡Esa unidad que tanto necesita el proletariado para desarrollar su conciencia!
Yo, como simpatizante de todas las organizaciones de la Izquierda Comunista, os ruego que hagáis Conferencias Internacionales. Hay que hacer un frente común contra la burguesía imperialista y destruir de una vez el capitalismo, sediento de sangre obrera y queriendo destruir la humanidad. ¡Por eso tenemos que destruir el capitalismo para que no destruya a la humanidad!
Se que hay muchas dificultades para unirse pero se podría hacer un esfuerzo, porque hay que partir de lo que más nos une que es el Internacionalismo que nos diferencia de los trotskistas, los maoístas y los estalinistas, porque esos grupos defienden el nacionalismo de la misma forma que los grupos terroristas de toda calaña.
Se que os pido mucho pero debemos debatir las cuestiones que nos unen y las que nos separan pues hoy el capitalismo está moribundo y nos destruirá porque solo busca el Beneficio y sacar la máxima plusvalía a la clase obrera pero eso tropieza con que cada vez hay más sobreproducción y más destrucción de la humanidad.
Solo la clase obrera y sus minorías revolucionarias pueden enfrentarse contra la burguesía y su capitalismo de Estado. Los órganos de la burguesía son sus partidos, los sindicatos –que se meten dentro de la clase obrera-, su policía y su ejército. Todos colaboran para destruir el proletariado. El poder de la burguesía se defiende mediante los medios de comunicación que alienan la mente de la clase obrera. Y, sin embargo, sus minorías revolucionarias dispersas y desmoralizadas, cada una en su rincón, sin contacto con las demás. ¿Cómo pueden así contribuir a la única solución que es la Revolución Proletaria Mundial que destruya el capitalismo desde arriba hasta abajo y una la clase obrera mundial, la única que puede hacerlo, en Consejos Obreros en todo el planeta?
Hoy el planeta Tierra tiene que defenderse de la amenaza de su destrucción. Puede que las futuras generaciones se encuentren con la destrucción de la Tierra sin ningún signo de supervivencia. Por una parte, cada Estado masacra al proletariado pero, por otro lado, cada Estado se enfrenta con los demás en una guerra imperialista. Ahora bien, si la clase obrera se niega a la guerra y se levanta por sus propios intereses entonces todos los Estados son capaces de unirse contra el proletariado porque éste es la única clase revolucionaria.
Todos los proletarios tienen que unirse en su propio país y en el mundo entero. Proletarios de todos los países ¡uníos! Revolucionarios de todos los países ¡uníos! Porque no hay otra solución que Revolución Comunista Mundial o Destrucción de la Humanidad.
Saludos comunistas a todos los grupos de la Izquierda Comunista
Salud camaradas
SOC
[1] Ver nuestras propuestas cara a la guerra de Irak y las respuestas recibidas en la REVISTA INTERNACIONAL nº 113
Hasta este momento van ya 202 muertos y más de 1500 heridos, 4 trenes reventados, cuerpos tan destrozados que sólo podrán ser identificados por el ADN,... este es el sangriento balance del atentado terrorista, bautizado con el nombre de “trenes de la muerte”, que ha sacudido desde muy pronto la mañana del 11 de Marzo en Madrid.
Al igual que cuando el ataque contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11-S del 2001 hoy estamos ante un acto de guerra. Sus víctimas, una vez más, se cuentan entre la población civil indefensa y más particularmente entre los trabajadores: obreros que como todos los días, como en todas partes, se embuten en los trenes de cercanías para ir desde la periferia de las grandes ciudades hasta su trabajo; hijos de obreros que, como todos los días, cogen esos mismos trenes en los suburbios para ir al instituto o a la universidad. Precisamente el hecho de vivir hacinados en barrios obreros, viajar en unos transportes públicos masificados, les ha convertido en víctimas fáciles del terror que ha podido así alcanzar una mayor y más macabra amplitud.
El 11 de Marzo, como el 11 de Septiembre, marca un hito en las masacres terroristas. No solo es la mayor masacre vivida por la población en España desde la guerra civil de 1936, sino que además es el mayor atentado terrorista –en cuanto a víctimas- que se ha producido en Europa desde el final de la segunda guerra mundial.
La burguesía derrama hoy cínicamente sus lágrimas de cocodrilo sobre las víctimas, tres días de luto nacional, informativos especiales las 24 horas del día, minutos y más minutos de silencio, convocatoria de manifestaciones contra el terrorismo, etc. Por nuestra parte, como hicimos cuando el 11 de Septiembre, negamos todo derecho a la burguesía y a la prensa a su servicio a lloriquear por los obreros asesinados, porque “la clase dominante es responsable ya de demasiadas matanzas: la espantosa carnicería de la primera guerra mundial; la todavía más atroz de la segunda, en la que por primera vez, los civiles fueron sus blancos principales. Recordemos de qué ha sido capaz la burguesía: bombardeos de Londres, de Dresde y Hamburgo, de Hiroshima y Nagasaky, millones de muertos en campos de concentración nazis y en los gulags estalinistas... Recordemos el infierno de los bombardeos sobre las poblaciones civiles y del ejercito iraquí huyendo durante la Guerra del Golfo en 1991 y sus cientos de muertos. Recordemos las matanzas cotidianas, de hoy de ayer y de mañana, en Chechenia, perpetradas por la burguesía rusa con la complicidad plena de los Estados democráticos de Occidente. Recordemos que la población afgana, ha sufrido 20 años de guerra ininterrumpida... Esos son sólo alguno ejemplos de los desmanes de un capitalismo hundido en una decadencia irremediable, un capitalismo en el atolladero”. Esa barbarie que describíamos en nuestra Revista Internacional nº 107 en el año 2001, lejos de aminorarse se ha ido acrecentado, añadiendo a la siniestra lista nuevos jalones de horror como la segunda guerra de Irak, la masacre incesante en Oriente Medio, la reciente matanza en Haití, o los atentados de Bali, Casablanca, Moscú... y ahora el de Atocha.
Los atentados del 11 de Marzo no son un ataque “contra la civilización” sino que son la expresión misma de lo que realmente es la “civilización” burguesa: un sistema de explotación que supura miseria, guerra y destrucción por todos sus poros. Que no tiene más perspectiva que ofrecer a la humanidad que la barbarie y la aniquilación. El terrorismo no es un subproducto, un hijo bastardo del capitalismo al que éste quisiera perder de vista, todo lo contrario es un producto orgánico del capitalismo, su hijo legítimo, como lo es la guerra imperialista, y a medida que el capitalismo se hunde en la fase ultima de su decadencia que es la de su descomposición, el terrorismo se torna cada vez más salvaje e irracional.
Una de las características que impone la decadencia del capitalismo es que la guerra imperialista se convierte en el modo de vida permanente de ese sistema, por ello “esas clases [ pequeño burguesas] han perdido por completo su independencia y sólo sirven de masa de maniobra y apoyo en los enfrentamientos entre diferentes fracciones de la clase dominante tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales” (Revista Internacional nº 14 “Terror, terrorismo y violencia de clase”, 1978). La evolución del terrorismo desde los años 60 hasta hoy día confirma plenamente su carácter de instrumento aprovechado por tal o cual fracción de la burguesía nacional, o por tal o cual imperialismo, para batirse contra sus rivales internos o en la arena imperialista. Por eso el terrorismo es un hijo muy querido del capitalismo, cuidadosamente amamantado con sangre por unos u otros. Efectivamente terrorismo y pugnas imperialistas han sido, son y van a ser cada vez más sinónimos sangrientos. En los años 60 y 70 la burguesía no dudó en utilizar el asesinato “selectivo” de tal o cual dirigente político para arreglar sus “asuntos internos”. Recordemos que el bombazo que catapultó a Carrero Blanco (Primer Ministro español del régimen de Franco) a los cielos y a ETA al estrellato terrorista sirvió para acelerar el proceso de cambio de régimen político en España. Tampoco dudó a la hora de emplear el terrorismo como medio para desestabilizar la situación imperialista en Oriente Medio asesinando a al Presidente Egipcio Sadat en 1981 o al israelí Isaac Rabin en 1995. La burguesía, cuando se trata de defender sus intereses contra fracciones nacionales rivales, o contra estados imperialistas rivales, no se para en mientes, y acude directamente a masacres indiscriminadas sobre la población civil si eso conviene a sus intereses. Por poner solo un ejemplo, ese fue el caso del atentado contra la estación de Bolonia, Italia, en Agosto de 1980, que causó 80 muertos, achacado durante mucho tiempo a las Brigadas Rojas pero en realidad hecho por los servicios secretos italianos y la red Gladio instalada por USA en toda Europa para contrarrestar la influencia del imperialismo rival ruso. En todo este periodo el terrorismo está cada vez más al servicio de las peleas imperialistas que se dirimen en el marco de la confrontación entre los dos grandes bloques.
Desde finales de los años 80, en que el capitalismo entra en su fase de descomposición (1), la tendencia al caos preside la confrontación imperialista. El marco de los bloques imperialistas constituidos tras la segunda guerra mundial deja paso al reino creciente del “cada uno a la suya” (2). En ese contexto, el terrorismo se convierte cada vez más en un arma de guerra, al tiempo en las guerras los ejércitos emplean cada vez más los métodos terroristas en sus hazañas bélicas, basta ver los bombardeos contra hospitales y colegios en la reciente guerra de Irak. La descomposición del capitalismo va marcando progresivamente su impronta en los atentados terroristas: las bombas buscan cada vez menos “objetivos militares o políticos” y apuntan directamente contra la población civil indefensa. Esta trágica cadena se inauguró con los muertos por las explosiones de bombas indiscriminadas en las calles de París en Septiembre de 1987, llegó al paroxismo al estrellar dos aviones llenos de personas contra las torres gemelas a su vez repletas de gente, continua con los muertos por las bombas de Bali y Casablanca, en Moscú... y se ceba ahora en los trabajadores que viajaban en los trenes de cercanías hacía la estación de Atocha. Pero no hay que hacerse ninguna ilusión: esta barbarie no se detendrá aquí. Mientras la clase obrera –que es la única fuerza de la sociedad capaz ofrecer una alternativa a la barbarie capitalista- no acabe de una vez por todas con este sistema bárbaro de explotación la humanidad vive bajo la amenaza constante de nuevos atentados cada vez más salvajes, y de nuevas guerras cada vez más destructivas, en cualquier parte del planeta.
A medida que la descomposición capitalista avanza, proliferan como setas las fracciones más irresponsables, más irracionales, subproductos de la descomposición de la sociedad, que son el actual vivero del que se nutren todo tipo de bandas terroristas, señores de la guerra, gángsteres locales, etc., que disponen de un lado de unos medios de destrucción inusitados y de otro lado de gran cantidad de “padrinos” a quienes pueden beneficiar sus crímenes. Como analizamos cuando las Torres Gemelas “No podemos afirmar hoy con certeza que haya sido Osama Ben Laden el responsable del ataque a las Torres Gemelas, como lo acusa el Estado norteamericano. Si esta hipótesis se confirmara, se trataría de un señor de la guerra vuelto incontrolable por sus antiguos amos” (Revista Internacional º 107). Efectivamente, y esta es la cuestión crucial en la evolución hacia la barbarie, independientemente de que tal o cual potencia imperialista, tal o cual fracción de la burguesía, saque y sigan sacando provecho de las acciones terroristas, el fenómeno del terrorismo tiende a escapar cada vez más al los planes trazados por aquellos que lo han engendrado. Como en el aprendiz de brujo, la “criatura” es cada vez más ingobernable.
En el momento en que escribimos este artículo, a falta de elementos verdaderamente concretos y con la poca confianza que podemos conceder a los medios de la burguesía (3), solo nos cabe aplicar nuestro cuadro de análisis y nuestra experiencia histórica, y preguntarnos...
Como hemos analizado antes, terrorismo y confrontación imperialista son sinónimos sangrientos. No se pueden separar el uno de la otra. Los atentados contra las Torres Gemelas del 11 de Septiembre fueron ampliamente aprovechados por el imperialismo americano para imponer a sus antiguos aliados, convertidos en rivales tras el hundimiento del bloque ruso (como Francia y Alemania) que le apoyasen plenamente en su campaña militar para ocupar Afganistán. El clima emocional provocado por el 11 de Septiembre permitió también que la Administración Bush hiciera acepar a la mayoría de la población americana una segunda guerra del Golfo en el 2003. Por eso es totalmente legítimo preguntarse si la increíble “falta de previsión” de los servicios secretos americanos antes del 11 de Septiembre no es producto, pura y simplemente, de su voluntad de “dejar hacer” a Al Queda(3) . Por lo que concierne a los atentados del 11 de Marzo, está claro que en absoluto benefician a los americanos. Es justo lo contrario. A Aznar, que había dado su apoyo incondicional a la política americana (formando parte del “Trío de la Azores” –USA, Inglaterra y España- miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que se habían aliado para lanzar la segunda Guerra del Golfo), le sucede Zapatero vencedor de las elecciones del 14 de Marzo, cuya victoria se debe en gran parte a los atentados de Atocha, quien anuncia la retirada de las tropas española de Irak. Esto supone un escarmiento para la administración americana, y una victoria incontestable para el tandem franco alemán que, actualmente, está a la cabeza de la oposición a la diplomacia USA.
Dicho eso, este fracaso de la política americana no constituye, en modo alguno, una victoria para la clase obrera, como algunos intentan que creamos. El PSOE, que estuvo en el Gobierno de España entre 1982 y 1996, ha dado ya suficientes pruebas de ser un ferviente defensor de los intereses del capitalismo. Su retorno no aliviará en nada los ataques de la burguesía contra el proletariado. Igualmente, el actual éxito diplomático de Chirac y Schoeder, a su vez leales defensores de los intereses del capitalismo, nada aportará a la clase obrera. Lo que es aún peor: los sucesos que acabamos de vivir han permitido un gran éxito ideológico a la burguesía como un todo, que ha logrado reforzar la mentira de que el antídoto contra el terrorismo es la “democracia”, que las elecciones son el medio eficaz para acabar con las políticas anti-obreras y belicistas de la burguesía, y que las movilizaciones pacifistas suponen una barrera real a la guerra.
La clase obrera no solo ha sufrido un ataque en sus propias carnes con los muertos y heridos del 11 de marzo, ha sufrido también un ataque político de primera magnitud.
El crimen, una vez más, ha beneficiado a la burguesía. Por todo esto, frente a la barbarie terrorista, expresión de la guerra imperialista y de la explotación solo hay un camino:
Con los muertos aún por enterrar, con decenas de cadáveres sin ni siquiera identificar, con decenas de inmigrantes ilegales (29 muertos y más de 200 heridos son inmigrantes) que no se atrevían a buscar a sus familiares en los hospitales o en las morgues improvisadas por temor a ser expulsados del país... la burguesía se libra a la vorágine de impedir que los proletarios puedan reflexionar, ni siquiera mínimamente, sobre lo sucedido, sobre sus causas y sus consecuencias. En los primeros momentos de la tragedia, cuando los mecanismos del Estado aún no han llegado, son las propias víctimas, los trabajadores y los hijos de la clase obrera que viajaban en esos mismos trenes, o en otros que se cruzaban con ellos en las estaciones siniestradas, los obreros que viven en los barrios de Santa Eugenia o el Pozo...los que acuden a socorrer y solidarizarse con los heridos, a tapar con mantas los cadáveres esparcidos entre las vías. La solidaridad es el sentimiento que los impulsa. Es esa la solidaridad que, de forma embrionaria, han expresado miles y miles de personas que han dado sangre, que han corrido a los hospitales, los bomberos, trabajadores sociales y de la sanidad que además de su jornada de trabajo han hecho voluntariamente todas las horas posibles, a pesar de la dramática falta de medios resultado de los recortes de gasto en materia sanitaria o de protección civil. Los revolucionarios, y el conjunto del proletariado mundial debemos proclamar, alto y fuerte, nuestra solidaridad con las víctimas.. Solamente el desarrollo de la solidaridad de la que es portador el proletariado como clase revolucionaria que se expresa en particular en su combate contra el capitalismo, podrá crear las bases de una sociedad donde estos crímenes, esta explotación, esa barbarie abominable puedan ser definitivamente superadas y abolidas para siempre.
La justa indignación de la clase obrera por el abominable atentado, su solidaridad natural con las víctimas, es explotada y manipulada por el capital para desviarla hacia la defensa de sus intereses y objetivos. Como respuesta al crimen ellos nos llamaron, el viernes 12, a manifestarnos “contra el terrorismo, y por la Constitución”, nos pidieron que cerrásemos filas como ciudadanos españoles al grito de “España unida jamás será vencida”, nos llamaron a votar masivamente el domingo 14 como el mejor medio para que “nunca se repitan estas salvajadas”.
Las dosis de patrioterismo destiladas tanto por la derecha –Aznar declara “han muerto por ser españoles”- como por la izquierda del capital –“si España no hubiera entrado en la guerra de Irak esto no habría pasado”- solo busca que los trabajadores pensemos que el interés de la nación es también nuestro interés. ¡Es mentira!, una cínica y descarada mentira. Esa mentira sirve para engordar el pacifismo, que como hemos defendido en nuestra prensa, no solo no sirve para luchar contra la guerra sino que es un medio ideal para impedir una lucha real contra las causas de todas las guerras: el capitalismo.
El capitalismo no tiene otro futuro que ofrecer a la humanidad más que su destrucción a través de guerras, atentados, hambre, miseria... La consigna con la que la Internacional Comunista resumió, a principios del siglo XX, el reto que la entrada del capitalismo en su fase de decadencia suponía para la sociedad: “la era de las guerras o la revolución” en la que la alternativa histórica se decidirá entre “Socialismo o barbarie”; sigue siendo plenamente válida y es más actual que nunca.
Para que la humanidad pueda vivir, el capitalismo debe morir, y sólo hay una clase social capaz de jugar el papel de enterrador del capitalismo: el proletariado. Si la clase obrera mundial no logra afirmar su propia independencia de clase en la lucha por la defensa de sus propios intereses primero, y por el derrocamiento de esta sociedad putrefacta después; lo único que ante nosotros habría sería la multiplicación de enfrentamientos entre pandillas burguesas y entre los Estados burgueses en los que se emplean todos los medios, incluidos los más bestiales, y entre ellos el uso cotidiano del arma terrorista.
Corriente Comunista Internacional, 19/03/04
Notas:
(1).- Ver en la Revista Internacional nº 62 “Tesis sobre la descomposición”.
(2).- Ver en la Revista Internacional nº 113 “Resolución sobre la Situación Internacional del XVº Congreso de la CCI” .
(3).- Ver en la Revista Internacional nº 108 “Pearl Harbour 1941, las Torres Gemelas 2001, el maquiavelismo de la burguesía”.
El Foro Social Mundial (FSM) que se venía celebrando anualmente en Porto Alegre (Brasil), ha sido montado este año en Bombay (India) entre el 16 y el 21 de enero. El FSM de Bombay no ha sido diferente a otros encuentros del mismo tipo, es decir, tenía todos los atributos de una inmensa feria (de hecho ha tenido lugar en el Parque Nacional de Exposiciones -donde suelen hacerse habitualmente las Ferias comerciales) con pronunciados aromas “étnicos” y “tribales”. El espectáculo fue innegablemente gigantesco con cerca de 80.000 personas venidas de 132 países que participaron en los 1200 foros organizados en torno al FSM. Incluso un número aún mayor se sumó a la manifestación anti-americana organizada el último día del Foro, el 21 de enero
El FSM tenía todo el aspecto de una gran fiesta social y política aunque ningún partido u organización política estuviese presente con sus siglas o sus banderas. Parecía estar hecha para todos los gustos. Había numerosos seminarios y talleres sobre todo tipo de temas y gran cantidad de programas y espectáculos culturales que se desarrollaron simultáneamente en las diferentes sedes del circuito del Foro Social. Todo el recinto del Foro estaba ocupado por una enorme muchedumbre agitada, ruidosa, inquieta, ocupada en una u otra actividad.
Entre los participantes había también numerosos jóvenes que parecían encantados, como si su participación en este foro fuese para ellos la etapa más importante etapa del camino para lograr otro mundo sin imperialismo, sin ninguna clase de capitalismo, ni de guerra, de polución, explotación, represión, dominación o de discriminación. Había gran cantidad de carteles, pósteres y pancartas dedicadas al tema estrella: “Otro mundo es posible”. La mundialización fue denunciada como el mayor de los monstruos y la causa de todos los males sociales, políticos y económicos del mundo entero. El imperialismo –eso sí, únicamente el imperialismo norteamericano- fue presentado como la cosa más diabólica del mundo actual. Había carteles que insistían en el derecho a la nacionalidad y a la independencia nacional. Himnos a la democracia y al control democrático fueron ensalzados en consignas y carteles. También los había que reivindicaban los derechos humanos, los derechos de los refugiados y los de protección del ambiente. Se podían ver y oír igualmente consignas contra la ocupación de Irak, reivindicando el final de esta ocupación y la libertad de la población iraquí para elegir su propio régimen político y social. Otros eslóganes iban dirigidos también contra la ocupación de Afganistán. En fin, todo ello daba la imagen de un calidoscopio político abigarrado y cegador. Reivindicaciones por los derechos y la emancipación de las mujeres se difundían en abundancia. Consignas contra la segregación así como contra los ataques a los Dalit (“Intocables” –miembros de la casta inferior), y a favor de la armonía comunitaria y por los derechos y la emancipación de los Dalit eran abundantemente difundidas, con el objetivo de aportarle un “toque indio” a este gran “show internacional”. No obstante, el más atrayente de todos los mensajes fue la llamativa fórmula: “Otro mundo es posible”.
La burguesía mima al FSM
Hemos mostrado en diferentes ocasiones cómo la burguesía mundial, desde que se hundió la burguesía estalinista en la ex-URSS, ha hecho todo lo posible para aniquilar la conciencia de la clase obrera. Ha intentado abatir cualquier idea que vaya en el sentido de la necesidad de destruir el sistema capitalista. Los ideólogos del capital han martillado día tras día que “No hay alternativa a la economía de mercado”. Esta propaganda engañosa ha impactado ciertamente en la clase obrera. Sin embargo, con la profundización de la crisis, que extiende cada vez más la miseria y las guerras genocidas por el planeta entero, se ha manifestado patentemente el cinismo y la hipocresía de esta mentirosa propaganda. La clase obrera ha vuelto a encontrar el camino de sus combates de clase y ha iniciado un proceso en el que comienza a hacerse preguntas, a poner en cuestión el sistema capitalista. Además, esa misma situación ha provocado en el seno de la población en general y por todo el mundo, una cólera legítima contra los causantes de las guerras, los bandidos imperialistas.
La burguesía ha detectado este fermento que va surgiendo en el seno del proletariado y se ha visto obligada a buscar nuevos instrumentos de mistificación para contener ese proceso emergente. El FSM, con sus simulacros “alternativos”, se ha revelado como un importante instrumento de la burguesía no únicamente para contener a la clase obrera, sino además como instrumento añadido de las rivalidades imperialistas. Los medios de difusión burgueses de todo el mundo han echado el resto para ayudar a la burguesía con el FSM.
Bastante antes del inicio del FSM 2004, estos medios -televisión, prensa, radio- burgueses en India, siguiendo fielmente los pasos de sus socios occidentales, hacían propaganda de las virtudes del Foro. La televisión y la prensa indias han cubierto el evento con interés y “buen hacer”. El mundo indio del comercio y de la industria le han concedido “el respeto que se merece” como expresión legítima de la oposición. También se han volcado con ellos el partido Congreso Nacional Indio (CNI) - en su día partido dominante en India y que gobierna hoy en Bombay- así como el partido burgués Dalit (republicano) socio del CNI en el gobierno de coalición de Bombay. Estos últimos han aportado un toque “étnico” al FSM. La mayoría de los foros estuvieron presididos por políticos indios de alto rango conocidos por sus relaciones con las “castas inferiores” como V. P. Singh (ex-primer ministro indio célebre por haber provocado enfrentamientos entre castas para reforzar el Estado indio) y R. K. Naryanan, ex-presidente indio. Ambos han sido, en un momento u otro, pilares del partido CNI.
Pero los principales organizadores del FSM en India han sido los partidos estalinistas –el PC Indio-M (M,..¡de “marxista”!) y el PCI, que han movilizado ampliamente a sus aparatos. De hecho el Buró del FSM en Bombay asentó sus reales en un inmueble del partido estalinista (el “Estalingrado Plaza”), y las organizaciones juveniles de los estalinistas han proporcionado el “voluntariado” para el FSM. Los intelectuales estalinistas ornaron con su presencia los estrados de numerosos foros del FSM,...
Como en otras partes del mundo, los estalinistas indios así como los maoístas han hecho un esfuerzo por adaptarse a ese cuestionamiento del capitalismo que se está desarrollando en el seno de la clase explotada; pero como leales servidores del capital que son, esos estalinistas de todo pelaje lo hacen para desviar este proceso de puesta en entredicho del sistema por el proletariado.
También estuvieron presentes en el FSM de Bombay numerosas de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que dan cobertura ideológica a los ataques llevados a cabo por los Estados contra el salario social. Y no faltaron a la cita las omnipresentes personalidades de la “orbita” de Le Monde Diplomatique, ni el líder de los agricultores franceses José Bové. Tampoco los parlamentarios laboristas británicos: Clare Short, Jeremy Corbin; ni W. Mandela y otros tantos consortes.
Según diferentes fuentes la burguesía ha soltado una enorme cantidad de dinero para hacer posible el FSM de Bombay (29,7 millones de dólares, según una de ellas). Una proporción considerable de este montante ha sido provista por fundaciones: la Oxfam, la Fundación Ford,… El Estado capitalista y el imperialismo indio han tendido igualmente su mano caritativa para asegurar el éxito de este Forum “¡Antiimperialista y anticapitalista!”. De hecho, diversas fracciones tanto de derechas como de izquierdas de la burguesía mundial - a través de diferentes ONG, de donaciones y contribuciones de fundaciones y de “trustes” completamente capitalistas, o de partidos y de organizaciones de masa de izquierda -, han sufragado la enorme carga financiera que representa la organización de tan vasto espectáculo, con un objetivo político bien definido y deliberado: reforzar la defensa del sistema capitalista mundial decadente.
El FSM de Bombay ha hecho suyas todas las consignas y eslóganes conocidos y por conocer. Ha habido foros sobre “comercio justo”, sobre democracia ciudadana, sobre autogestión y sobre otros muchos temas del mismo género. El toque de color indio al gusto de las necesidades de los estalinistas del país y de la burguesía Dalit (casta inferior) ha consistido en las consignas del anticomunalismo y la “emancipación Dalit”.
Sin embargo, el tema estrella del show del FSM de Bombay ha sido el imperialismo; lo que la terminología maoísta denomina la “mundialización imperialista”. El antiimperialismo del FSM no ha sido otra cosa que antiamericanismo. Con el recinto lleno de eslóganes del tipo “Estados Unidos fuera de Irak”, “Bush fuera de Afganistán”, el FSM se sumaba al coro de los rivales imperialistas de Norteamérica. No se ha oído denuncia alguna de otros gángsteres imperialistas tales como Francia, Alemania, Rusia o China, por no mencionar al propio bandido imperialista local, el Estado indio. Así las cosas cualquier esfuerzo para comprender las raíces del imperialismo, quedaba anegado.
Los Foros “alternativos” al servicio de la misma causa burguesa que el FSM
Si el FSM de Bombay ha constituido, sin lugar a dudas, la pieza más importante del espectáculo, dos espectáculos paralelos – imitando lo que sucediera en el FSE de París (ver artículo en el número anterior de AP) - fueron organizados al mismo tiempo por grupos maoístas rivales y ambos bajo el mismo tema: el antiimperialismo y el antiamericanismo.
Así el Foro “Mumbay (Bombay) Resistencia 2004”, el más numeroso de estos dos, se desarrolló en los locales de la Escuela de Veterinaria, frente a la sede del FSM, a iniciativa de la ILPS (Liga Internacional de las Luchas del Pueblo), red internacional de grupos maoístas y de sus partidarios de otros países, europeos (incluidos, por ejemplo, Turquía, Italia, Alemania, Bélgica, Gran Bretaña, Grecia, etc.). Los organizadores indios eran en realidad tapaderas de grupos maoístas como el Grupo de la Guerra del Pueblo (MPWG), que intentó recientemente asesinar al ministro del Estado de Andhra al sur de India. El MR-2004 se concebía no como oposición al FSM, sino como un movimiento paralelo a éste, como se pudo comprobar en las numerosas personalidades, sobre todo indias (por ejemplo Arunditi Roy, Nandita Ras, Vandana Shiva y otros), que intervinieron tanto en las reuniones del FSM como en las del MR-2004. Gran número de participantes se desplazaban de un Foro a otro.
El principal tema del MR-2004 era también el mismo que el del FSM: el imperialismo, la mundialización imperialista, aunque con tonos más “radicales” en la denuncia del imperialismo norteamericano, pero se guardaba un cómplice silencio sobre los apetitos imperialistas de los rivales de Estados Unidos, entre los cuales India no está entre los menores. Una cobertura radical al antiamericanismo del FSM, eso es todo lo que la retórica maoísta se ha limitado a aportar.
Aunque estas dos manifestaciones hayan servido ambas para canalizar el descontento de la población hacia el terreno del capital y del nacionalismo, había una cierta diferencia entre las audiencias de los dos Foros. La del FSM era marcadamente internacional con predominio urbano pequeño-burgués y entre ella se movía un tropel de grupos “étnicos” y “tribales” proponiendo espectáculos folclóricos. Al MR-2004, donde también había una importante participación internacional, asistía sobre todo la pequeña-burguesía radical y los campesinos.
Un tercer foro se celebró simultáneamente en Bombay: la “Convención contra la mundialización imperialista”. Fue más reducida y duró solo tres días. Tuvo lugar no lejos de los lugares de encuentro de los otros dos Foros y fue organizada por otro de los numerosos grupos maoístas (Nueva Democracia). Dejando a un lado las oscuras diferencias entre el FSM y esta tercera convención, esta demostración, puramente local, contó con un único extranjero, un alemán que incorporaba el toque “blanco” al evento
La intervención de la CCI
La CCI intervino en los tres Foros. Como en el FSE de París en noviembre de 2003, el objetivo de la CCI no fue el de intervenir en las conferencias, etc. Nuestros camaradas, llegados de distintos lugares de India intervinieron con hojas, folletos, publicaciones periódicas,... Durante esas intervenciones mantuvimos cientos de discusiones sobre este acontecimiento. Las cuestiones que surgían una y otra vez en las discusiones fueron:
- la idea del comercio justo, la mundialización y la antimundialización;
- ¿Qué otro mundo es posible?;
- ¿Es Estados Unidos la única potencia imperialista?;
- la naturaleza de las alternativas maoístas (Democracia del Pueblo, Nueva Democracia).
No puede haber nada equitativo en el comercio, ya sea libre o esté protegido. El mercado ha sido y será siempre favorable a los capitalistas más fuertes o a los Estados capitalistas más potentes. La CCI ha defendido siempre que el carácter mundial del capitalismo no es una novedad. El capitalismo ha sido un sistema mundial desde su creación y abarca todo el planeta desde finales del siglo XIX. Ya en 1848, en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels demostraron la naturaleza internacional del sistema capitalista. Manifestaron entonces que la destrucción del sistema capitalista por el proletariado no podía llevarse a cabo si no era por medio de una revolución mundial. Hoy, en el periodo de decadencia y de descomposición del capitalismo, el proletariado no ha de defender las particularidades nacionales contra la naturaleza internacional del sistema capitalista. Al contrario, su tarea es destruir este sistema a escala mundial al mismo tiempo que destruye el marco de los Estados nacionales y sustituirlo por la comunidad comunista universal. Todos los discursos sobre el comercio justo o equitativo, la antimundialización o sobre “otro mundo es posible”, sin poner por delante la perspectiva comunista, suponen un fortalecimiento de la mistificación reformista y tienen por objetivo parar el naciente proceso de toma de conciencia que se está operando en el seno de la clase obrera.
A propósito del imperialismo la CCI ha insistido en que no es algo característico de tal o cual nación, o de tal o cual facción de la burguesía. Hoy, el capitalismo como un todo es imperialista, de lo que se deriva que todas las naciones, grandes o pequeñas son imperialistas. Éstas se mueven por los mismos apetitos imperialistas y sólo las diferencia su capacidad para satisfacerlos. Que la burguesía inglesa parezca comportarse como el “perrillo faldero” de los USA, que naciones como Francia, Alemania y Rusia reciban los puntapiés de los norteamericanos, o que Pakistán, Irak o India sean habitualmente maltratados por el Tío Sam, no quiere decir que estas naciones no sean imperialistas. En un mundo gobernado por la ley del más fuerte, todos estos países no son algo distinto que gángsteres de menor envergadura obligados a satisfacer sus apetitos imperialistas dentro de los límites impuestos violentamente por el “padrino” americano. La tarea de la clase obrera, en contra de lo que propugnan el FSM, MR-2004 y los otros, no es seguir el juego de los pequeños imperialismos contra los Estados Unidos.
Estas discusiones nos han llevado frecuentemente a tener que enfrentar las “alternativas” de los maoístas –su patriotismo, la demagogia de Democracia del Pueblo, o de Nueva Democracia. La política de los maoístas, insistimos, es opuesta a la que ha defendido siempre el proletariado: el internacionalismo. En el apogeo del capitalismo, en 1871, cuando según su punto de vista el nacionalismo alemán era aun progresista, Marx y Engels adoptaron una posición internacionalista frente a la guerra Franco-Prusiana. Los socialistas alemanes fueron encarcelados por haberse negado a secundar la defensa de la patria alemana. Durante la 1ª Guerra mundial los comunistas defendieron el internacionalismo. Lenin lo primero que hizo fue mantener un duro y despiadado combate contra la traición patriótica de Kautsky y consortes. Contrariamente a los marxistas, quienes han hecho siempre del internacionalismo la piedra clave de su política, los maoístas y los estalinistas proclaman alto y fuerte su patriotismo. Esto concuerda perfectamente con su naturaleza de clase pues son los defensores más firmes del capital nacional, del Estado nacional. La teoría de la “India hipotecada” (o del mismo género la “Turquía, Irán, Siria, África del Sur,… hipotecada”, según los maoístas de los respectivos países) mantiene a la clase obrera bajo el yugo del capital nacional.
El maoísmo le dice a la clase obrera de los países del Tercer Mundo: “no luchéis por la destrucción del sistema capitalista y de sus aparatos nacionales. Mejor, donad vuestra vida al Estado nacional que está hipotecado”. Contra todos esos discursos nosotros hemos puesto por delante que la tarea de la clase obrera es, sobre todo, luchar por la destrucción del capitalismo y del imperialismo de su propia burguesía, y trabajar por la construcción de una sociedad sin clases, sin dinero y basada sobre la eliminación de los Estados nacionales.
Communist Internationalist, sección de la CCI en India (31 enero 2004).
Hace 130 años, Engels escribió la “Contribución al problema de la vivienda”, adonde se denunciaba la escasez de viviendas para alojar a las familias obreras, el estado anticuado e insalubre de la mayoría de ellas, el hacinamiento terrible que sufrían, la ausencia de servicios básicos en las barriadas obreras (agua, alcantarillado, pavimento etc.)
En los años 50 se padeció en la Europa de posguerra una tremenda escasez de viviendas. Muchos obreros que hoy tienen 50-60 años nacieron en casas donde sus padres vivían realquilados o se hacinaban varios matrimonios pertenecientes a una misma familia.
Hoy, en Europa o en USA (¡no hablemos de países como Japón donde las viviendas de 50-60 metros cuadrados constituyen un lujo!) los hijos de esa generación vuelven a padecer el problema de la vivienda: sus altos precios, los empleos precarios, los salarios indignos, les obligan a permanecer en casa de los padres. Vuelve a repetirse el que varias familias tengan que hacinarse en pisos de 3-4 habitaciones. A todo ello se añade el número creciente de personas sin techo (lo que en inglés se llama homeless) fenómeno que que afecta cada vez más a obreros (emigrantes o no) cuyo sueldo es tan mísero y el empleo tan inestable que no pueden pagar una vivienda[1].
El problema alcanza cotas de espanto en el resto del mundo: en numerosos países con grandes concentraciones obreras (como China, Rusia, Brasil, México, Argentina.) el “techo” de la inmensa mayoría de familias obreras (así como de otras capas no explotadoras de la población) se reduce a chabolas realizadas con materiales precarios hacinadas en gigantescas villas miseria que carecen de las más mínimas condiciones de higiene, urbanismo y servicios. ¡No hablemos de la situación dramática en África, numerosos países de Asia o de América Latina!
130 años después de la aparición del libro de Federico Engels el capitalismo no solo no ha resuelto el problema de la vivienda sino que lo ha agravado hasta extremos de pesadilla. Como dice Engels «para acabar con esta penuria de la vivienda no hay más que un medio: abolir la explotación y la opresión de las clases laboriosas por la clase dominante (…) La cuestión de la vivienda no podrá resolverse hasta que la sociedad esté lo suficientemente transformada para emprender la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo, oposición que ha llegado al extremo en la sociedad capitalista. Lejos por remediar esta oposición la sociedad capitalista tiende a aumentarla cada día más» (Obras Escogidas de Marx y Engels Tomo 2º edición española páginas 324 y 353).
Bajo el capitalismo –y particularmente en su situación histórica actual que calificamos de periodo de descomposición- se extreman y se hacen irresolubles una cantidad creciente de problemas que agobian a la humanidad causando sufrimientos interminables. Dejando de lado la lacra horrorosa de la guerra –presente cotidianamente en la existencia de millones de seres humanos- podemos hablar de la degradación del medio ambiente que alcanza cotas increíbles, de la proliferación de enfermedades cada vez más letales, de la creciente inseguridad de la vida cotidiana. Todo eso sin referirnos a la escandalosa degradación moral que vemos en la TV basura, la conducta de los políticos, la adicción a la droga etc. Este magma caótico de problemas no se puede resolver bajo el capitalismo. Pero tampoco se puede siquiera mitigar mediante luchas parciales concentradas monográficamente en cada uno de ellos.
Las luchas parciales:
- atacan los efectos pero no las causas y al dejar estas intactas aquellos se reproducen una y otra vez cada vez con mayor amplitud y virulencia.
- se basan en el interclasismo: no constituyen una lucha de clase contra clase sino una movilización de “ciudadanos” (es decir, obreros, pequeño burgueses, políticos, curas etc.) todos juntos y revueltos “contra” un “enemigo” indeterminado y vago (oligarquías, multinacionales, especuladores etc., presentados como chivos expiatorios de los males de la sociedad).
- son propiciadas por las organizaciones “más radicales” de la burguesía (Izquierda y Extrema Izquierda, sindicatos, ONG’s) que procuran darle un aspecto de “movimiento de base”. Sin embargo, políticamente no tienen nada de independientes ni de espontáneas sino que vienen muy bien a la defensa de la dominación burguesa y gozan del apoyo discreto de los sectores más inteligentes del Capital.
- no sirven para resolver los problemas que agobian al proletariado y a la humanidad sino que, por el contrario, los agravan dramáticamente y constituyen un obstáculo a la recuperación de la lucha unida, masiva y consciente del proletariado..
El problema de la vivienda es igualmente un efecto y no una causa de la explotación capitalista: «La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. No es una consecuencia directa de la explotación del obrero como tal obrero por el capitalista» (Engels, op. Cit., página 325). El problema de la vivienda no puede ser abordado de forma positiva a través de una lucha parcial la cual solo conduce a disolver el proletariado en el pantano del interclasismo.
Este punto estuvo en el centro del debate. Había compañeros que defendían las acciones específicas sobre el problema como contribución al desarrollo de la lucha y la conciencia obreras. Frente a ello defendimos –apoyados por una minoría de los asistentes- que semejante terreno solo servía para fomentar en nuestra clase actitudes individualistas, disolvía a los obreros en categorías interclasistas como “los vecinos” o “los ocupantes de viviendas” y los apartaban de una auténtica lucha de clase. Por tanto, retrasaba y alejaba el despertar de la lucha obrera que la mayoría de asistentes sinceramente buscaba.
El otro punto crucial de discusión fue el de las okupaciones de viviendas. Había compañeros que decían que tal método constituía una solución al problema de la vivienda: como hay muchos pisos vacíos (en España hay más de 2 millones) lo que debe hacerse es ocuparlos “sin permiso de la autoridad” mediante acciones colectivas de grupos de jóvenes. Frente al legalismo y el reformismo de sindicatos y partidos de izquierda (exigir a las autoridades la construcción de viviendas sociales, organizar cooperativas de viviendas) que, efectivamente, no sirven para nada, estos métodos de acción directa serían más radicales y combativos.¿No aspira el proletariado a expropiar a la burguesía? Pues empecemos de una vez haciendo expropiaciones de vivienda. Este punto de vista era apoyado por un asistente que decía que las ocupaciones no resolvían nada pero podían servir para que los obreros se unan y empiecen a tomar conciencia de clase.
Nuestra respuesta –que apoyó una minoría de asistentes- se centró en los puntos siguientes:
Las okupaciones sólo se diferencian de los métodos propugnados por sindicatos y partidos de izquierda en el “radicalismo” superficial de su carácter ilegal pero su planteamiento es idéntico: el reformismo de atacar los efectos sin abordar las causas. Si la okupación tiene éxito, el Estado burgués la legalizará como ha sucedido con la ocupaciones masivas en las ciudades de Brasil que Lula les ha dado escritura y las ha vinculado a hipotecas[2].
Las okupaciones se basan en el individualismo más extremo lo cual es la negación del carácter colectivo y social de la lucha del proletariado, germen de la liberación comunista de la humanidad. Ese individualismo de raíz no se remedia con el “expediente” de las “acciones colectivas”. Por muy “colectivas” que sean las acciones, la meta de la okupación es que cada individuo obrero se convierta en “propietario” (legal o ilegal) de una vivienda. Se trata de una “expropiación” pero totalmente individualista y de cada cual a la suya. La expropiación que el proletariado ejecutará sobre el Capital nada tiene que ver como semejantes métodos: es una expropiación colectiva, es decir, se toma el poder sobre los medios de producción como clase y no a través de una suma de propiedades de individuo o de grupo; es una expropiación social pues se trata de resolver los problemas de la sociedad y no los de un grupo más o menos grande de individuos; es una expropiación de la clase enemiga y no de propiedades particulares de individuos o entidades.
Una asistente respondió a estos argumentos diciendo que “tomar una vivienda”, “robar en un supermercado por parte de un ama de casa obrera” o que los obreros se lleven materiales de la empresa a su casa era un acto “liberador” y “revolucionario”.
Nosotros y otros asistentes combatimos estas ideas. Nada tiene de “liberador” y menos aún de “revolucionario” actos que forman parte de las costumbres y la moralidad degenerada que impera en la sociedad capitalista. El capitalismo se basa en la concurrencia y el todos contra todos, eso quiere decir que cada cual debe expropiar al otro sin ningún escrúpulo. Individualmente, los capitalistas se “expropian” entre si los unos a los otros, si pueden con métodos legales y si eso no es posible saltándose la ley. El capitalismo se basa históricamente en la expropiación individual de millones de campesinos y artesanos que despojados –legal o ilegalmente- de sus medios de producción y vida se transformaron en proletarios. Todos los días, a todas horas, el capitalismo roba a la gran mayoría de la población: «el reparto de la plusvalía producida por los obreros y que se les arranca sin retribución, se efectúa entre las clases ociosas en medio de las más edificantes disputas y engaños recíprocos. Como este reparto se hace por medio de la compra y de la venta, uno de sus principales resortes es el engaño del comprador por el vendedor, engaño que, en el comercio al por menor, y principalmente en las ciudades grandes, se ha convertido en una necesidad vital para el vendedor. Pero cuando el obrero es engañado por el panadero o su tendero en el precio o la calidad de la mercancía, esto no le ocurre en su calidad específica de obrero» (Engels, op cit, página 325).
Nada hay de “revolucionario” ni de “liberador” en que individuos obreros –aislada o incluso colectivamente- realicen actos de venganza oponiendo a la expropiación histórica y social sufrida por su clase una expropiación individual y particular que únicamente tiene como resultado meterles en el engranaje de las costumbres sociales del capitalismo del todos contra todos, el engaño mutuo, el robar todo lo que se pueda a amigos o enemigos. Si semejantes políticas se popularizaran en la clase obrera ésta se vería atrapada en el ambiente de corrupción, degradación moral y caos, que impera en la actual fase de descomposición de la sociedad capitalista. De tal forma, la clase obrera no sería capaz de plantear una alternativa revolucionaria al desorden capitalista sino que se vería arrastrado por él.
El reclamo que tienen estas ideas –de tipo netamente anarquista- entre compañeros que buscan honradamente participar en la lucha revolucionaria viene de la identificación de lo ilegal y lo violento con lo revolucionario[3].
La revolución proletaria es el acto más ilegal del mundo, su “ilegalidad” viene de que colectiva y masivamente los obreros en lucha levantan un poder alternativo al poder legal de la clase dominante –el poder internacional de los Consejos Obreros- y desde esa base de fuerza acaban por derrocar el Estado en todos los países. La “ilegalidad” de la lucha del proletariado está en que niega toda legitimidad social e histórica al Estado Capitalista, a sus leyes, a su moral, a sus instituciones y levanta contra ellas la legitimidad de una nueva organización social basada en la abolición del Estado, las fronteras nacionales, la dominación de una clase sobre otra.
En cambio, la ilegalidad de actos de “expropiación” o de rebeldía individuales (o de grupos de individuos[4]) participa –pese a las buenas intenciones que se tengan que nadie niega- plenamente del sinfín de ilegalidades grandes o pequeñas que forman parte del funcionamiento de la sociedad capitalista. Como antes señalaba Engels, la compra venta de mercancías lleva incluida el timo y el robo de tal forma que las grandes superficies y los grandes almacenes aumentan los precios en función de un porcentaje de los robos que sufren. En toda sociedad dividida en clases, la ley incluye la ilegalidad, las normas morales su violación, de la misma forma que la riqueza necesita la pobreza como condición misma de su existencia.
Una lucha efectiva contra el capitalismo y contra la cantidad infinita de “daños colaterales” que genera en todos los órdenes de la vida humana y social (entre ellos el cada vez más acuciante problema de la vivienda) solo puede ser eficaz si se concentra en desarrollar la lucha unitaria, autónoma y revolucionaria de la clase obrera. Esta lucha –en contra del tópico imperante y que un asistente nos reprochó- no es únicamente económica. Engels defendió que la lucha del proletariado tiene 3 dimensiones inseparables: lucha económica, lucha ideológica y lucha política, las 3 forman un todo unida que es la lucha histórica del proletariado por emancipar a la humanidad del yugo destructor del capitalismo. Es esa lucha en 3 dimensiones a la que hay que contribuir con un esfuerzo de actividad, reflexión, organización, por parte de jóvenes y veteranos de nuestra clase.
Smolni 14-5-04
[1] En 1989 escribíamos en nuestra Revista Internacional nº 57: «En Estados Unidos hay ahora millones de trabajadores (el 15% de la población que vive por debajo del umbral de la pobreza), en su mayor parte asalariados de jornada completa, que se han transformado en vagabundos sin hogar, obligados a dormir en las aceras, en los cines pornográficos o en los coches, por la imposibilidad de pagar un alquiler» (artículo La Descomposición del Capitalismo). Este fenómeno no ha cesado de agravarse y extenderse desde entonces.
[2] Estos “éxitos” son más bien la excepción. El destino de la mayor parte de ocupaciones es el fracaso y el desalojo. Con ello se queman muchas energías revolucionarias como apuntó claramente un asistente en su intervención muy crítica contra tales acciones
[3] No abordamos aquí por qué la lucha del proletariado es violenta y por qué sin embargo está violencia –colectiva y consciente- nada tiene que ver con el terror y el terrorismo. Ver a este propósito “Violencia de clase, terror y terrorismo” en REVISTA INTERNACIONAL números 14 y 15.
[4] Que es lo que los anarquistas bienintencionados llaman lucha colectiva.
Los trabajadores estatales argentinos que trabajan en el estado nacional, provincial, municipal, entes antárticos, descentralizados, o empresas estatales se hallan divididos, no sólo como consecuencia de la artificial separación que la constitución del estado burgués de 1853 y sus sucesivas reformas, sino también, que dicha división abarca también a los trabajadores producto del accionar de un aparato estatal al servicio del capital que son los sindicatos.
Es así, que los estatales se hallan afiliados a un ramillete de organizaciones sindicales, y es a través de dicha división artificial generada por el estado burgués y el aparato de dominación burguesa como son los sindicatos, y que está consagrada por la legislación capitalista, como es la ley de asociaciones profesionales, estatutos, etc.
Los sucesivos gobiernos capitalistas han podido aplicar un feroz ajuste a los trabajadores del estado, antes a través de las llamadas “Reformas del estado” y políticas de privatización, que implicó el despido abierto de miles y miles de trabajadores o en forma encubierto a través del mecanismo llamado “retiro voluntario”. La inauguración de las políticas denominadas de reformas del estado significó también a partir de 1991 que se congelaran los salarios de la totalidad de los trabajadores estatales en el ámbito nacional, provincial, municipal, y de los distintos entes estatales.
Cabe destacar que la inflación no se mantuvo inalterable, ya que incluso en el periodo de la llamada convertibilidad hasta el año 2001 los trabajadores sufrieron aumentos en los precios de los productos básicos de alrededor del 60%, y a partir del descalabro de la política económica inaugurada por Menem, el poder de compra de los trabajadores se redujo entre un 30% a 50% según se tratare en dólares o en pesos.
Es así, que todo este período de casi 14 años los trabajadores estatales salvo excepciones en las provincias o en algunos municipios, que se movilizaban por falta del pago de los salarios y bajo la atenta mirada de los sindicatos, protestaban poco y nada, constituyendo los municipales parte integrante de aquella porción que no luchaba, y todo ello con salarios de hambre.
Pero producto de la más brutal caída de salario de los trabajadores estatales y aislados de todo aumento de emergencia que el gobierno otorgó - $250- a los privados, y ante el silencio sindical, los trabajadores rompieron amarras con el sindicalismo y comenzaron bajo la mirada desesperada de los sindicatos a reunirse en forma espontánea en asambleas generales de trabajadores, en donde se planteaban que debía participar todos los trabajadores sin distinción de sindicatos, sin importar si están o no afiliados a institución alguna, o si eran de planta permanente o no contratados o no, y allí comenzaron a debatir la problemática salarial, y la necesidad de luchar hasta arrancar los $250- .
Ante esta situación la actitud de los mayores sindicatos estatales de la Ciudad de Buenos Aires, fueron dos, pero si bien con distintos métodos, los mismos se encontraban unidos en el objetivo central, que era agotar las energías obreras, desviar, y destruir la lucha de los trabajadores. Una de las tácticas adoptadas, en este caso por SUTECBA1, era amenazar a los trabajadores con la pérdida de horas extras, beneficios, e incluso con la pérdida del trabajo. La otra de ATE2, era intentar subirse a la lucha planteando planes de lucha meramente testimoniales, como abrazos, marchas y paros de actividades por 24, 48 y 72 horas., pero aislando a los trabajadores de sus compañeros de clase de otros establecimientos, por cierto una vieja táctica de los sindicatos. Pero la persistencia de la lucha y de la acción de los trabajadores motivó que este último sindicato abandonara el “plan de lucha”sin llegar ni tan siquiera a cumplirlo.
Es por eso y a sabiendas que los sindicatos están contra la clase obrera que los trabajadores de los hospitales comenzaron no solo a reunirse en sus lugares de trabajo, sino a intentar generalizar las medidas de lucha hacia otros hospitales y a fomentar la celebración de asambleas generales unificadas de todos los hospitales, bajo la consigna de aumento salarial ya!!!, o ,SIN ATE NI SUTECBA!!!
Algunos hospitales plantearon la necesidad de luchar por el aumento salarial por fuera de los sindicatos, no aceptando ni sus bravuconadas amenazadoras, ni sus falsas consignas ”combativas” llegando incluso a impedir la palabra a los dirigentes sindicales que intentaban sea boicotear la lucha, sea desviarlas en actos simbólicos. Pero solos no significaba aislados en su lugar de trabajo, sino unificando a todos los trabajadores y generalizando la lucha a todos los estatales, en la medida de sus posibilidades.
Prueba de ello lo constituyó que las asambleas que espontáneamente surgían como hongos en todos lo lugares, sectores etc., iban día a día aumentando la cantidad de trabajadores que participaban, planteándose desde el aumento salarial, el rechazo a los ajustes del gobierno, y que bajo el capitalismo no hay solución. Ello sucedió en diversos hospitales y ha marcado un hito entre los trabajadores municipales, históricamente alejados de las luchas obreras, por considerarse como parte de una “aristocracia obrera”, hoy ese falso mito se ha roto por siempre, algo ha cambiado, y las lucha por venir será testigo de ello-
Estas asambleas mandataban a los delegados cuando estos iban a las asambleas o a las reuniones inter- hospitalarias, que no tenían carácter cerrado sino que era abierta y participaban todos los compañeros con voz y voto, y pese a la presión de diversas corrientes político-sindicales, decidieron que ningún representante o delegado podía negociar en nombre de los trabajadores y todo acuerdo debía ser aprobado por el conjunto de los trabajadores.
Viendo el cariz que tomaba la lucha de los municipales de la rama salud de la capital federal, y ante el riesgo de que pudiera extenderse no solo a los trabajadores municipales, sino a los provinciales, nacionales, etc., los sindicatos especialmente ATE suspendió las medidas de fuerza, y el SUTECBA utilizó todo su arsenal para amedrentar a los trabajadores, y engañarlos con supuestos aumentos salariales que el 80% de los municipales no han cobrado, para así poder frenar la lucha que había surgido.
Esta táctica, aunada a las presiones de sanciones disciplinarias y económicas facilitó que la lucha de los trabajadores de la salud se detuviera.
Conclusiones
Los trabajadores deben tener en claro que fue un paso plantear:
- “SIN ATE NI SUTECBA, LAS DECISIONES LA TOMAN LA ASAMBLEA”,
- “LOS SINDICATO SON NUESTROS ENEMIGOS”
- “UNIDAD DE LOS TRABAJADORES SIN DISTINCIÓN ENTRE PERMANENTES Y CONTRATADOS”.
Si bien no hemos logrado el objetivo del aumento salarial, hemos empezado una nueva gimnasia política en la lucha, ya sea planteando la unidad de la clase, sea intentando generalizar la lucha, sea que nos dimos herramientas de lucha, como fueron las asambleas.
No fuimos ciento de miles de trabajadores en lucha, sino unos pocos de miles, pero lo importante es que pudimos experimentar, que la clase obrera es una sola, no hay diferencias entre los trabajadores que están presos a la afiliación a un sindicato, y los que no lo están, no hay diferencias entre contratados y permanentes, todos somos trabajadores, todos tenemos las mismas necesidades y el mismo enemigo común el estado burgués y los sindicatos.
Pero lo mas importante junto a la unidad y a los organismos de lucha, etc., no hemos caído la mayoría de los trabajadores en los cantos de sirena de los izquierdistas con la construcción de listas o agrupaciones clasistas, o de nuevos sellos sindicales, sino que nuestra experiencia practicada dada por la lucha de clases nos ha demostrado que cualesquiera la forma que adopte el sindicato, sea bajo la “burocracia”, sea bajo el “clasismo” estos son irrecuperables para las luchas obreras, y estos últimos por más buena fe que pudieran tener, acabaran siendo absorbidos por el estado capitalista y ser un aparato al servicio de este sistema en descomposición.
Es así que esta lucha de carácter inédita entre los trabajadores hospitalarios, y que muchos no le dan la importancia que se merece, ha marcado un momento muy especial, y es fundamentalmente la generalización de las asambleas de base como herramienta y la constitución de un cuerpo de delegados con mandato y rotativos que actuaron.
Así todas las luchas cuando son lideradas por los sindicatos todas sin excepción acaban en derrotas catastróficas para los trabajadores, es por ello que frente a acciones de la clase obrera por fuera de los aparatos sindicales, con decisiones tomadas en asambleas de base y ampliando las luchas lo más posible al conjunto de la clase obrera, provoca entre la burguesía y los sindicatos ocasionan que las patronales, privadas o estatales se agiten y recurran a o todos los medios posibles a su alcance para derrotar al movimiento
Por ello los trabajadores debemos auto-organizarnos al margen de los sindicatos, crear nuestras propias herramienta de lucha y ampliar la lucha lo más posible al conjunto de la clase obrera. Este camino lo iniciamos, no pudimos concretarlo, pero las ricas lecciones de esta lucha serán una gran experiencia en las nuevas luchas de los trabajadores que están por venir, confiando únicamente en las fuerzas de nuestra clase y no de las de nuestros enemigos y falsos amigos.-
M./N.C.I.
Notas:
(1) SUTECBA SINDICATO UNICO DE TRABAJADORES Y EMPELADOS DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES- AFILIADA A LA CONFEDERACIÓN GENERAL DEL TRABAJO-
(2) ATE. ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES DEL ESTADO- AFILIADA A LA CENTRAL TE TRABABAJADORES ARGENTINOS- CTA
Comentario
Este texto ha sido producido por los compañeros del Núcleo Comunista Internacional de Argentina que han elaborado unas Pautas Programáticas muy próximas a las posiciones de la CCI y desarrollan actualmente discusiones con nuestra organización y con el conjunto de la Izquierda Comunista en una perspectiva militante e internacionalista.
El valor del texto es doble: por un lado da testimonio de una lucha combativa y rica en experiencias de los trabajadores de los hospitales municipales de Buenos Aires. Por otro lado, es una toma de posición que defiende la unidad de la clase obrera («la clase obrera es una sola, no hay diferencias entre los trabajadores que están presos a la afiliación a un sindicato, y los que no lo están, no hay diferencias entre contratados y permanentes, todos somos trabajadores, todos tenemos las mismas necesidades y el mismo enemigo común el estado burgués y los sindicatos»), apoya sus métodos de lucha y denuncia claramente a los sindicatos. El final del texto es elocuente: «los trabajadores debemos auto-organizarnos al margen de los sindicatos, crear nuestras propias herramienta de lucha y ampliar la lucha lo más posible al conjunto de la clase obrera. Este camino lo iniciamos, no pudimos concretarlo, pero las ricas lecciones de esta lucha serán una gran experiencia en las nuevas luchas de los trabajadores que están por venir, confiando únicamente en las fuerzas de nuestra clase y no de las de nuestros enemigos y falsos amigos».
Hemos combatido –y los compañeros del NCI han participado activamente en este combate- el engaño de ver en las revueltas que hubo en Argentina durante diciembre de 2001 un “movimiento obrero” cuando claramente se trató de una revuelta interclasista sin perspectivas[1]. Hemos recibido por ello numerosas críticas de otros grupos revolucionarios que nos pintaban como “derrotistas” y gente que “despreciaba las luchas obreras reales”. Frente a ello argumentamos que es absurdo agarrarse a una quimera y ver gigantes donde solo hay molinos de viento y señalamos que confiábamos plenamente en las capacidades del proletariado argentino. Hoy, esta pequeña experiencia de la lucha de los hospitales viene a confirmar este planteamiento. No tanto porque sea una lucha espectacular y decisiva sino porque manifiesta cómo el proletariado en Argentina participa de las mismas tendencias que hoy maduran de forma muy lenta y contradictoria dentro de todo el proletariado mundial.
Precisamente desde esa perspectiva queremos precisar un aspecto del texto de los compañeros. En algunos pasajes dicen que « los trabajadores rompieron amarras con el sindicalismo » y que eran sabedores de que los sindicatos están en contra de la clase obrera y que «la mayoría de los trabajadores no confían en los cantos de sirena de los izquierdistas con la construcción de listas o agrupaciones clasistas, o de nuevos sellos sindicales». Efectivamente, existe una tendencia dentro de la clase obrera internacional a desconfiar en los sindicatos y a enfrentarse con sus maniobras, sin embargo, no creemos que se haya generalizado al conjunto del proletariado mundial o de sus hermanos en Argentina. El proletariado tiene que recorrer todavía un largo y difícil camino para recuperar la confianza en si mismo, su propia identidad de clase y la comprensión de que los sindicatos son sus enemigos y que las múltiples variantes del sindicalismo forman parte igualmente del Estado burgués.
Tenemos que hacer un esfuerzo para comprender la relación de fuerzas global e histórica dentro de la que se inscribe cada batalla parcial que libra el proletariado. Una cosa es que una pequeña minoría de trabajadores empiecen a comprender las cuestiones antes enunciadas, otra muy distinta es que dicha conciencia se generalice de forma irreversible a amplios sectores obreros.
Para nosotros, en función de un análisis dinámico de la situación actual de la lucha de clases[2], es muy importante que una minoría de compañeros haya sacado esas lecciones y las haya hecho públicas para que puedan inscribirse en las esfuerzos de lucha y toma de conciencia que de forma todavía muy contradictoria, difícil y minoritaria, están madurando en el proletariado mundial. Eso es lo que ayudará a que se vaya modificando la relación de fuerzas con la burguesía a favor del proletariado.
[1] Ver REVISTA INTERNACIONAL nº 109
[2] Ver artículo en este mismo AP y en la REVISTA INTERNACIONAL nº 117
Antes de darse a conocer por el establecimiento de un terror policial sin precedentes en la historia, el estalinismo empezó su carrera como defensor de la teoría de «la construcción del socialismo en un solo país». Desde 1925 Stalin fue el portavoz de esta concepción, absolutamente contraria a lo que el movimiento obrero había defendido previamente. El movimiento de la clase obrera presentó desde sus comienzos su vocación internacionalista. Como escribió Engels en 1847: «...la revolución comunista no será una revolución meramente nacional, sino una revolución que transcurrirá en todos los países civilizados en forma simultánea (...) Asimismo ejercerá una considerable influencia sobre los restantes países del mundo, modificando por completo su modo de desarrollo de hasta ese momento y acelerándolo en gran medida. Es