En Arte, canal público de televisión franco-alemán, se difundió reciente-mente un largo documental con un título elocuente: "Lo ocultado de la guerra del Golfo". Cuando se difundió este documento también se publicaron artículos en semanarios con "revelaciones" sobre lo que había sido la preparación y la realización deesa guerra. El título del artículo publicadopor el semanario francés Marianne (22-28enero 2001) es todavía más explícito: "Les mensonges de la guerre du Golfe" (Las mentiras de la guerra del Golfo). ¿Por qué esas "revelaciones" diez años más tarde? ¿Por qué, tras toneladas de mentiras sobre esta guerra, que acompañaron a las toneladas de bombas, algunas fracciones de la burguesía desvelan hoy las patrañas criminales de la administración Bush (el padre) en la preparación y la realización de esta guerra, entre el verano de 1990 hasta febrero de 1991 e incluso hoy todavía?
La versión oficial"La guerra del Golfo fue una operación militar llevada a cabo en enero y febrero de 1991 por Estados Unidos y sus aliados, bajo la égida de la ONU, contra Irak, para poner fin a la ocupación de Kuwait, invadido por las tropas de Sadam Husein el 2 de agosto de 1990. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas había exigido desde el 2 de agosto la retirada de las fuerzas iraquíes, instaurando después un embargo comercial, financiero y militar (operación Escudo del Desierto), que acabaría transformándose en bloqueo. El 29 de noviembre una nueva resolución del Consejo de Seguridad había autorizado a los Estados miembros a recurrir a la fuerza a partir del 15 de enero de 1991 si las tropas iraquíes no se había retirado de Kuwait. El 17 de enero, la coalición antiiraquí, basada en Arabia Saudí y formada por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y unos veinte ejércitos aliados, inicia la operación Tempestad del desierto, bajo mando americano, bombardeando los objetivos militares iraquíes y kuwatíes. Una ofensiva terrestre victoriosa, del 24 al 28 de febrero, en dirección a Kuwait capital, pone fin al conflicto en el terreno. Las pérdidas humanas alcanzarán varias decenas de miles de muertos civiles y militares para Irak, contra menos de doscientos muertos en la coalición. Los dos tercios del potencial militar iraquí fue destruido. Las condiciones del alto el fuego, definidas por el Consejo de seguridad de la ONU (sobre todo la destrucción por Irak de sus armas químicas y biológicas y de sus misiles de corto y medio alcance), al ser aceptadas por Sadam Husein, la guerra se terminó oficialmente el 11 de abril de 1991".
Es ese tipo de relato el que podríamos encontrarnos en los manuales escolares (1). En cualquier caso, todos los elementos del cuadro están ahí para hacer creer que se respeta la "objetividad" histórica. ¿No era eso lo que se nos decía más o menos hace 10 años (excepto quizás en lo referente al cómputo de los muertos)? La justificación de la guerra fue la defensa del sacrosanto "derecho internacional", que el "vil" Sadam había conculcado al invadir Kuwait. Por lo visto, estábamos entonces viviendo en una época en la que, tras el desmoronamiento del bloque del Este, se iba a abrir ante la humanidad un radiante "porvenir de paz y prosperidad". Eso era en todo caso lo que nos prometían y así lo resumió el entonces presidente de EEUU en la fórmula "el nuevo orden mundial". Había pues que darse todos los medios para sujetar el brazo asesino del causante de la guerra que no respetaba el "derecho internacional". En ese relato, hay, primero, el escenario de la puesta en condición de la llamada opinión pública internacional (el proletariado, en realidad), o sea la ONU, pretendido foro internacional de "paz", en donde, desde el embargo hasta el bloqueo, se representó la siniestra farsa diplomática. En fin, la guerra misma, una pretendida "guerra limpia", quirúrgica, una especia de guerra que, como quien dice, solo iba a matar a los "malvados". La guerra se terminó "oficialmente" en abril de 1991, pero, en realidad, el epílogo de esta guerra está todavía por escribir, pues desde hace diez años, la burguesía americana, ahora en solitario (o acompañada por su acólito británico) utiliza regularmente a Sadam (o más bien a la población iraquí) como putching-ball para mostrar sus músculos en un mundo que, después de esa guerra, no ha hecho más que hundirse todavía más en la barbarie (2).
"La verdad revelada"Cierta prensa burguesa reconoce hoy lo que la CCI afirmaba hace diez años. No estamos "orgullosos" ni mucho menos por ello. No es eso lo que nos interesa. Lo que nos interesa es, por un lado, dejar bien clara la necesidad para los revolucionarios de arraigar sus análisis en el método marxista, ser vigilantes ante los acontecimientos, poner nuestros análisis ante la prueba de la realidad, saber ser críticos, no cambiando de orientación como veletas al viento. Esa es una condición sine qua non para que la lucha de nuestra clase pueda avanzar: es una de las funciones primordiales de las organizaciones revolucionarias. Por otro lado, se trata de saber por qué la burguesía, hoy, "desvela" lo que ocultó y, en fin de cuentas, cuáles son los mecanismos de lo se podría llamar el "Goebbels democrático"(3).
La trampa de WashingtonAsí dice el semanario francés Marianne (y eldocumento de Arte): "La trampa de Washington (…):Washington apenas reacciona cuando Sadam habla de invadir su antigua provincia (…)"; Washington insiste en que Estados Unidos no tiene "ningún acuerdo de defensa con los kuwaitíes", "se trata de una maquinación para meterlo en una trampa"; "puede decirse que los americanos rechazaban una solución diplomática después de la invasión", concluye D. Halliday…de la ONU". Son esos algunos extractos de la revista mencionada.
Esto decíamos nosotros a primeros de septiembre de 1990, un mes después de la invasión de Kuwait por las tropas de Sadam y mucho antes de que se declarara la guerra: "Pero la hipocresía y el cinismo no se quedan ahí. Discretamente se da a saber que EEUU habría dejado de manera deliberada que Irak emprendiera su aventura guerrera (…) Cierto o falso - y es seguramente cierto esto nos da una idea del comportamiento y la práctica de la burguesía, de sus mentiras, sus manipulaciones, de cómo utiliza esos acontecimientos. (…) a Irak no le quedaba otra alternativa (…) Se le imponía esa política. Y EEUU dejó hacer, favoreciendo y explotando la aventura guerrera de Sadam Husein, con toda conciencia de la situación de caos creciente, con toda conciencia de la necesidad de dar un ejemplo" (4).
La prensa burguesa misma, en aquel verano de 1990, había hablado muy discretamente de esas informaciones. Y es ahí donde puede verse perfectamente cómo funciona la propaganda en los regímenes de dictadura democrática: después de que algunos periódicos hablaran, siempre a medias tintas, de la trampa tendida por EEUU a Sadam, en el momento en que las cosas se tensan y la guerra se prepara, prácticamente todos los medios sirven de eco a la propaganda bélica de la coalición antiirakí. Esos hipócritas lo reconocen hoy: "El ejército americano se asegurará, esta vez, "la lealtad" de los periodistas. "El Gobierno había decidido mantener a la prensa al margen y lo consiguió. "En realidad, ustedes no sabían lo que estaba pasando", resume Paul Sullivan, presidente del Centro de ayuda a los veteranos del Golfo (…) Durante cuatro meses, se jugará así a darse miedo alimentando la idea de que el ejército iraquí, "el cuarto del mundo" era un adversario temible…" (del semanario francés Marianne). (…) "Esta estúpida ceguera [sic] no impidió a los periodistas occidentales hacer interminables peroratas sobre el talento maniobrero del "diabólico" Sadam (…) La prensa occidental relata hasta la saciedad los desmanes reales o inventados del ejército de ocupación. Publica, por ejemplo, el testimonio de una "joven del pueblo", testigo de horrores incalificables. En realidad, aquella "evadida" era la mismísima hija del embajador de Kuwait en Washington…" (ídem) Así, después del 2 de agosto de 1990, día de la invasión de Kuwait por las tropas iraquíes, se hizo todo para "poner en condición a la opinión" para que aceptara lo que iba a seguir. Y entonces, los periodistas, voluntaria o más o menos involuntariamente, participaron plenamente en esa "puesta en condición".
Lo que en cambio no explican, ni podrán explicar nunca, esos periodistas que hoy se pretenden "honrados" es que la trampa montada por EEUU sirvió sobre todo contra sus "aliados" de entonces, es decir contra las demás grandes potencias.
En un artículo fechado en noviembre de 1990 de nuestra Revista internacional(5), tomábamos ampliamente posición sobre la situación creada por la crisis del Golfo, antes de lo que iba a convertirse en Guerra del Golfo. Nuestro análisis se basaba en tomas de posición anteriores en las cuales poníamos de relieve que el hundimiento del bloque del Este había acarreado la disgregación del bloque occidental y el desarrollo en su seno de fuertes tendencias centrífugas ("cada uno para sí") por parte de las grandes potencias. Por ello, el pretendido "nuevo orden mundial" no era más que una siniestra ficción. La determinación de EE UU en la trampa que tendieron a Irak no tenía como objetivo principal someter a ese país o a la región, ni siquiera la cuestión del petróleo era primordial. Lo que trataba EE UU era de poner firmes a las demás potencias, a Francia especialmente, obligándola a enfrentarse a su aliado tradicional iraquí, a Alemania y Japón, obligándolos a participar financieramente; en cuanto a la URSS, ya en plena descomposición, lo único que pudo hacer fue dar unos cuantos pasos de baile diplomático para disimular. "En agosto del 90, EE UU exhibía la unanimidad de fachada de la "comunidad internacional" contra el "loco Sadam" en la "crisis del Golfo; apenas dos meses después, lo que reina en dicha "comunidad" es "cada uno por su cuenta"" (ídem). Sadam Husein, "porque tenía conciencia de las divisiones existentes entre esos diversos países" (ídem) va a intentar jugar con las disensiones evidentes en el seno de la coalición occidental: manda liberar a todos los rehenes franceses a finales de octubre de 1990 y recibe la visita, también entonces, del ex canciller alemán Willi Brandt, con la consecutiva liberación de los rehenes alemanes.
La guerra contra Irak fue, en realidad, una ocasión para la potencia norteamericana, en un momento en que su hegemonía iba a ser necesariamente puesta en entredicho a causa del hundimiento del bloque adverso, de "dar una muestra de su fuerza y afirmar su determinación ante los demás países desarrollados" (ídem). Esa demostración de la determinación americana se hizo al precio de un castigo sangriento y asesino contra Irak. En ese mismo artículo de la Revista nº 64, bajo el párrafo titulado "La oposición entre EE UU, secundado por Gran Bretaña, y los demás", escribíamos: "El hundimiento del bloque imperialista ruso trastornó toda la correlación de fuerzas político-militares y geoestratégicas del planeta. Y esa situación no solo ha abierto un período de caos total en los países y regiones de ese ex bloque, sino que ha acelerado también, en todas partes, la tendencia al caos, amenazando el "orden" capitalista mundial cuyo principal beneficiario es EE UU. Fue este país el primero en reaccionar. Provocó la "crisis del Golfo" en agosto del 90, no solo para instalarse en la región, sino, sobre todo, y es lo que fue decisivo en su determinación, para convertirlo en ejemplo destinado a servir de advertencia a quien se le ocurriera desafiar su primacía de superpotencia en el ruedo capitalista mundial" (ídem).
Se declara la guerra: los medios de comunicación a las órdenesEn enero de 1991, EEUU ha logrado dominar la coalición onusiana. Un diluvio de bombas va a caer sobre Irak. El cinismo de los gángsters de la "coalición" va hasta pretender hacer creer en una "guerra limpia". "El Pentágono contó que esos bombardeos eran de lo más preciso. Era totalmente falso. Durante cuarenta y dos días, se soltaron sobre Irak 85000 toneladas de bombas, algo equivalente ¡a más de siete Hiroshimas! Entre 150000 y 200000 personas fueron matadas, sobre todo civiles" (Ramsay Clark, antiguo fiscal general de EE UU, en Marianne y el documental T.V. de Arte). "En realidad, la coalición va mucho más allá de la aniquilación de la máquina de guerra iraquí: destruye metódicamente la infraestructura económica" (Marianne).
La prensa colaboró plenamente con el poder de los diferentes países implicados en la guerra y prácticamente sin el menor escrúpulo. No se limitó a acusar al régimen iraquí y a su sangriento dictador (6), se puso firmes ante los militares de la coalición. Recuérdense los estudios de televisión con invitados especialistas civiles y militares eructando estupideces sobre el "peligrosísimo" ejército iraquí, al que no vacilaban en presentar como el cuarto del mundo. Y todos esos periodistas nos detallaban las armas terroríficas en manos del poder de Bagdad, el cual podía enviarlas casi a cualquier sitio del "mundo civilizado". Nos contaban cómo los ejércitos del sanguinario Sadam mataban a bebés en las hospitales de Kuwait y, en cambio, cómo "nuestros" pilotos, tan majos ellos, iban a poner sumo cuidado destruyendo únicamente los lugares estratégicos del odiado poder.
El semanario Marianne confirma hoy esa despreciable sumisión y esa complicidad de los medios: "Durante cuatro meses, se jugará así a darse miedo, repitiendo la idea de que el ejército iraquí seguía siendo un enemigo temible (…). Se evocarán las factorías de pesticidas reconvertidas, la venta de uranio enriquecido, (…) el alcance del "supercañón". Nadie se atrevió, por lo visto, a plantearse la hipótesis más sencilla. Matón bocazas, duro de pacotilla [Sadam] era sencillamente tan tonto como cabezón. En cambio, los verdaderos especialistas de la historia militar no se dejaban engañar por esa puesta en condición: "el ejército iraquí, expuesto en pleno desierto, no aguantará una hora frente a la potencia de fuego de la coalición" (…) Puesta en condición, la opinión occidental se tragará la ficción de las "bombas inteligentes" y de los bombardeos reducidos a lo estrictamente necesario".
La manipulación no cesó con la guerra: Estados Unidos incitó a la rebelión de los kurdos en el Norte y de los shiíes en el Sur contra Sadam. "El 3 de marzo, el general Schwarzkopf recibe la rendición de los iraquíes, autorizándolos a conservar sus helicópteros [para poder reprimir la rebelión](7). Desde hace semanas, la radio de la CIA los anima a la insurreción. Los aliados no se mueven cuando Sadam lanza contra los rebeldes las mejores unidades de su guardia republicana, milagrosamente salvadas de los bombardeos…".
¿ Por qué los medios lo dicen "todo" hoy ?En esa cita, Marianne habla de "puesta en condición". Y esa tarea primordial les incumbió a los medios de comunicación en general y a la televisión en particular. Pudo comprobarse lo que quiere decir "libertad de prensa" para la burguesía "democrática", sobre todo en momentos decisivos como durante la guerra del Golfo. Todos aquellos que tienen constantemente la boca llena de ese gran "derecho democrático", se pusieron sin el menor reparo a las órdenes de la coalición. Y si por casualidad alguien quería jugar a Tintín en busca de la verdad o de un scoop extraordinario, los servicios de los Ejércitos lo ponían inmediatamente firmes. Marianne lo dice a su manera: " Nadie se atrevió, por lo visto, a plantearse la hipótesis más sencilla".
Ahí se ve perfectamente cómo funcionan los servicios de propaganda en los sistemas democráticos. En el momento en que los acontecimientos exigen el silencio, nada importante filtra. En cambio, se hacen pasar toda clase de mentiras, medias verdades y manipulaciones, aderezadas con la opinión de peritos "independientes", especialistas universitarios, todavía más creíbles precisamente gracias al prestigio de la "libertad de expresión" de la prensa de los países democráticos. Se asiste entonces a un auténtico diluvio de desinformación, sobre todo gracias al medio más "popular", la T.V. Diez años después, "la verdad" solo se dice en revistas de poca tirada y en canales de televisión con poca audiencia. Este mecanismo hemos podido volver a verlo usar en 1995 con el genocidio de Rwanda y, sobre todo, con la última guerra en la ex Yugoslavia (Kosovo), en donde el modelo mediático del Golfo ha vuelto a servir.
Además, tras la guerra del Golfo, después de haber entregado a la población kurda y shií a los matarifes de Sadam, las "grandes democracias" lanzaron con un cinismo inaudito, su famosa "intervención humanitaria" para "socorrer a poblaciones inocentes". Desde entonces, el plato del "deber de injerencia humanitaria" nos lo han servido hasta la náusea. En esto, la Guerra del Golfo ha servido de boceto a partir del cual se han bordado todas las campañas imperialistas que se desarrollan por el mundo.
El que una parte de la verdad aparezca hoy a las claras responde primero a la necesidad de la clase dominante de justificar sus sistema. Quieren hacernos creer que el capitalismo "democrático" es el único que lo permite. Y el "todo puede decirse en democracia" sirve para justificar los momentos en los que todo debe ser manipulado, deformado, ocultado.
Pero hay otra razón que permite explicar por qué, hoy, algunos medios difunden o publican esos hechos. Esos artículos y esos documentales tienen algo en común: el Estado norteamericano aparece como único culpable. Aunque todas las grandes potencias comparten la responsabilidad de las matanzas ocasionadas por la guerra, es cierto que fue Estados Unidos el principal organizador de aquella "cruzada", fue este país el que preparó y tendió la trampa, fue él el principal brazo armado de la coalición. Y así, hoy, algunas potencias europeas, Francia y Alemania en cabeza, para las cuales EE UU es el principal adversario en el ruedo imperialista mundial, tienen el mayor interés en deformar una vez más la realidad de esta guerra para que su responsabilidad aparezca disminuida, insistiendo en la bestialidad y el cinismo del "imperialismo americano", que, evidentemente, son muy reales.
La intervención de los revolucionariosEvidentemente, nosotros también sacamos nuestra información de la prensa burguesa. En el verano de 1990, ya algunos periódicos se había hecho eco de la manipulación. Después, el diluvio de mentiras fue de tal envergadura que lo que nosotros afirmábamos en nuestra prensa nos hacía aparecer (incluso ante gente de buena fe e incluso algunos militantes de la Izquierda comunista) por gente que andaba delirando viendo maquiavelismo por todas partes.
Pero la información en sí misma no es lo más importante. Lo que importa es el método con el que se analizan los acontecimientos y nuestro método es el marxista. Si nosotros fuimos capaces de comprender lo que se cocinaba en 1990-91 en Oriente Medio fue porque habíamos hecho una labor de análisis sobre las consecuencias del hundimiento del bloque del Este y sobre la descomposición del capitalismo. Los revolucionarios ni tienen ni podrán tener nunca "informadores secretos". Nuestra fuerza viene del apego a nuestra clase, el proletariado, a su historia y a la teoría, el marxismo, que se ha ido forjando.
Por otra parte, tampoco hay que hacerse ilusiones: los revolucionarios viven bajo "libertad vigilada" y así pueden publicar. Nuestra única protección no se la debemos desde luego a la "libertad de prensa", sino a la fuerza y a la lucha de nuestra clase.
Durante los acontecimientos de 1990-91, solo los revolucionarios fueron capaces de mostrar lo que estaba en juego y, por consiguiente, fueron capaces de denunciar la barbarie y las manipulaciones de la clase dominante. Algunas fracciones de la burguesía denunciaron la barbarie contra Irak, pero era por razones nacionalistas (antiamericanas) o, claramente, apoyando al imperialismo iraquí, como así fue con algunos grupos izquierdistas. Solo los grupos de la Izquierda comunista defendieron la posición internacionalista proletaria contra la guerra. Y entre ellos, solo la CCI fue capaz de poner en evidencia lo esencial de la situación. La trampa tendida a Irak no tenía sentido si la causa hubiera sido únicamente el petróleo. En cambio, cobraba todo su sentido si lo que estaba en juego era el mantenimiento del liderazgo estadounidense, liderazgo que, en cuanto de desmoronó el bloque del Este, había empezado a ser puesto en entredicho (8). Y solo en este contexto, la cuestión del petróleo puede tener todo su sentido como factor de una política imperialista global.
En el plano de la propaganda y de la "información", la burguesía lo hace todo para que la clase obrera, la única clase capaz de acabar con ella y con su sistema, no logre tomar conciencia de todo lo que está en juego. Esos esfuerzos los multiplica cuando, en particular, se trata de problemas como la crisis económica mortal que afecta desde hace más de 30 años a su sistema o acontecimientos como la guerra del Golfo. Y en medios ideológicos para mentir, ocultar o deformar la realidad, la burguesía democrática es, con mucho, la más capaz y en eso no tiene nada que envidiar a los especialistas de la "información" de los regímenes totalitarios. Es deber de los revolucionarios no solo denunciar la barbarie imperialista, sino también los mecanismos con los cuales la burguesía intenta anestesiar al proleta riadoembruteciéndolo con propagandas mentirosas.
PA, 30/03/2001
1. Esta cita está extraída y traducida de la Encyclopaedia Universalis, versión francesa de la Encyclopaedia Britannica. Como los artículos de esa enciclopedia son redactados por eminentes historiadores, puede uno suponer que los capítulos sobre el tema de los libros de texto usados en la enseñanza de la Historia, con los que se embuten los cerebros de las jóvenes generaciones, podrían estar redactados por el estilo. 2. Ese relato no habla de los comparsas que sirvieron para completar la puesta en escena: el papel de extras de los pretendidos "antiimperialistas" y demás fauna pacifista. Confundiendo antiamericanismo con antiimperialismo, algunas fracciones de la burguesía, desde la extrema derecha a la extrema izquierda, pasando, por ejemplo en Francia, por los nacional-republicanos y otros "soberanistas", expresaron su desacuerdo con la política de los gobiernos que, tanto de izquierdas como de derechas, gobernaban entonces en los países de Europa. En general, todas esas fracciones de la burguesía que expresaban un desacuerdo más o menos crítico con la colación antiiraquí se basaban en explicaciones en las que el petróleo era la causa primera de la guerra. En Francia, había un gobierno socialista bajo la presidencia de Mitterrand. El único en expresar sus reticencias respecto a la coalición antiiraquí fue el nacional-republicano de izquierdas Chevènement. En España, el gobierno socialista de González, a pesar de los ascos de algunos socialistas, participó en la coalición antiiraquí. En cuanto a Alemania, cabe señalar que en aquel entonces, los Verdes eran unos ferocísimos pacifistas. Hoy están en el gobierno. En la última guerra en Yugoslavia (1999), fueron favorables, sin hacer ascos, al bombardeo de Serbia. La ventaja con los Verdes alemanes es que no hace falta hacer un largo análisis para saber qué es el pacifismo, ideología de la burguesía. Basta con recordar sus "hazañas". 3. Goebbels fue el ministro de Información y Propaganda del régimen nazi. Usamos esa expresión porque Goebbels se convirtió en el símbolo del técnico del aporreo ideológico y de la manipulación de Estado. Pero, y este artículo intenta demostrarlo, los ejemplos no faltan en cualquier otro régimen burgués, estalinista o democrático. 4. "Crisis del Golfo Pérsico. El capitalismo es la guerra", Revista internacional nº 63, (4/09/90) 5. "Ante la barbarie guerrera, la única solución: ¡desarrollo de la lucha de clases!", Revista internacional nº 64, 1er trimestre de 1991. 6. En verdad, hasta el momento de la Guerra del Golfo, Sadam tenía buena prensa en los medios occidentales. Se le consideraba "moderno" y sobre todo era alguien a quien había que apoyar contra las ambiciones del Irán de los molás en el momento de la guerra Iran-Irak. Sadam había llevado a cabo una bestial represión antikurda, a base de armas químicas, que los gobiernos occidentales apoyaron por la sencilla razón que Sadam era, en aquel entonces, una pieza clave contra Irán. 7. El semanario francés Marianne dice: "algo así como si, durante el invierno de 1945, los Aliados se hubieran detenido en el Rin dejando suficientes armas a Hitler para que pudiera aplastar eventuales levantamientos". No es "algo así como si…", pues eso fue exactamente lo que hicieron los Aliados en Italia en 1944: parar su avance hacia el Norte para dejar al régimen fascista las manos libres para aplastar la insurrección y las huelgas obreras. 8 "El medio político proletario ante la guerra del Golfo" (01/11/1990), Revista internacional nº 64, 1ertrismestre de 1991.
En la primera parte de este artículo "nos hemos esforzado por contestar a la tesis del BIPR según la cual organizaciones como la nuestra se habrían "alejado del método y de las perspectivas de trabajo que llevan a la composición del futuro partido revolucionario". Para ello, hemos tenido en cuenta los dos niveles en que se plantea el problema de la organización (cómo concebir la futura internacional y qué política llevar a cabo para la construcción de la organización y el agrupamiento de los revolucionarios); y en ambos niveles, hemos demostrado que es el BIPR, y no la CCI, quien se sale de la tradición de la Izquierda comunista italiana. En realidad, el eclecticismo que guía al BIPR en su política de agrupamiento recuerda más al de un Trotski metido en su construcción de la IVª internacional; la visión de la CCI, en cambio, es la de la Fracción italiana, la cual siempre combatió para que el agrupamiento se hiciera con la mayor claridad, y gracias a ello poder ganarse a los elementos del centro, a los indecisos" (1).
Sacábamos esas conclusiones al final de un artículo de 7 páginas, y que no tiene nada que ver con elucubraciones sin sentido, sino que son la expresión de un esfuerzo realizado por la defensa de un método de trabajo, el nuestro, y de una crítica firme pero fraterna hacia un grupo político que nosotros consideramos, sin la menor duda, que está del mismo lado de la frontera de clase que nosotros. Para ello, nuestros argumentos críticos en los debates con el BIPR siempre han tenido como base sus propios textos - que nosotros procuramos reproducir lo mejor que podemos en nuestros artículos. Nuestros argumentos se basan en una confrontación con la tradición común de la Izquierda comunista para así comprobar la validez de tal o cual hipótesis en la difícil labor de construcción de la vanguardia revolucionaria..
Como respuesta, Battaglia Comunista (BC), uno de los componentes del BIPR, ha publicado un artículo (2) que plantea más de un problema. En realidad, el artículo es una respuesta a la CCI, a la que únicamente se cita cuando no les queda más remedio. El conjunto del artículo es superficial, sin citas de nuestras posiciones, que son, en cambio, sintetizadas por BC reproduciendo algunas de una manera patentemente deformada (estamos dispuestos a pensar que eso se debería a una incomprensión de ellas y no a la mala fe).
En fin de cuentas, aparece claramente a través de ese artículo, que lo que busca BC son "efectos de estilo" para atraerse la simpatía de sus lectores y no plantear abiertamente las cuestiones y confrontarlas. BC parece negarse a situarse en el único terreno de confrontación posible, terreno en el que estaba construida nuestra respuesta, el método histórico.
Síntoma de esa actitud es el juicio de BC sobre nuestro artículo, el cual expresaría "acritud" y en el cual habría "bilis y calumnias"(3). Esta actitud de BC confirma plenamente, a nuestro entender, la crítica de oportunismo que hemos dirigido al BIPR en el artículo precedente, pues, históricamente, el oportunismo ha procurado evitar siempre los debates políticos serios pues ponen evidentemente de relieve sus propios fallos. En cuanto a nosotros, remitimos al lector a nuestro artículo anterior para que así pueda medir hasta qué punto la respuesta de BC es falsa cuando no de mala fe (4). No vamos a seguir a BC por ese camino, perdiéndonos en polémicas estériles e interminables. Vamos a procurar en este nuevo artículo dar elementos suplementarios sobre el tema de la construcción de la organización de los revolucionarios. Esto, a través de:
1. una respuesta a la argumentación sobre el tema presentada por BC en su artículo;
2. una respuesta a las críticas del BIPR sobre nuestro pretendido idealismo, el cual sería la causa de nuestra incapacidad y nuestra inaptitud para ser una fuerza digna de participar en la construcción del partido mundial.
Más sobre la construcción del partidoLa segunda parte del articulo de BC intenta defender su propia política oportunista de construcción del partido internacional en oposición a nuestra manera de proceder. Vamos a recordar los elementos esenciales desarrollados anteriormente en respuesta a la crítica del BIPR sobre cómo crear secciones nacionales de una organización internacional. El BIPR escribe:
"Negamos por principio y con la base de las diferentes resoluciones de nuestros congresos, la hipótesis de que se creen secciones nacionales mediante germinación de brotes de una organización preexistente, aunque fuera la nuestra. No se construye una sección nacional del partido internacional del proletariado creando en un país, de modo más o menos artificial, un centro de redacción de publicaciones redactadas en otro país y, de todos modos, sin vínculos con las batallas políticas reales y sociales en el propio país." (subrayado nuestro) (5).
Y así respondíamos nosotros esa Revista internacional nº 103: "Es evidente que nuestra política de agrupamiento internacional está ahí ridiculizada intencionadamente, cuando se habla de "de brotes de una organización preexistente", de creación "en un país, de modo más o menos artificial, de un centro de redacción de publicaciones redactadas en otro país", una manera de inducir una especie de sentimiento difuso de rechazo a la estrategia de la CCI."
"(…) Según el BIPR, si surge un nuevo grupo de camaradas, supongamos en Canadá, que se acerca a las posiciones internacionalistas, ese grupo podrá sacar provecho de la contribución crítica fraterna, incluso polémica, pero deberá crecer y desarrollarse a partir del contexto político de su propio país, vinculado a "las batallas políticas reales y sociales en el propio país". Lo cual quiere decir para el BIPR, que el contexto actual y local de un país particular es más importante que el marco internacional e histórico determinado por la experiencia del movimiento obrero. ¿Cuál es, en cambio, nuestra estrategia de construcción de la organización a nivel internacional" (…) Haya uno o cien candidatos que quieren militar en un nuevo país, nuestra estrategia no es crear un grupo local que deba evolucionar en dicho territorio "vinculado a las batallas políticas reales y sociales en el propio país", sino integrar lo antes y mejor posible a esos nuevos militantes en el trabajo internacional de organización, dentro del cual, de manera central, se incluye la intervención en el país de los camaradas que en él se encuentran. Por eso, incluso con exiguas fuerzas, nuestra organización procura estar cuanto antes presente con una publicación local bajo la responsabilidad del nuevo grupo de camaradas, pues es, sin lugar a dudas, el medio más directo y más eficaz para ampliar, por una lado, nuestra influencia y, por otro, proceder directamente a la construcción de la organización revolucionaria. ¿Qué hay ahí de artificial? ¿Por qué hablar de no se sabe qué germinación de brotes preexistentes? Que nos lo expliquen."
Lo que de verdad sorprende es que, frente a nuestros argumentos, BC no es capaz de oponer el más mínimo argumento político. Lo único que dice es que… no se lo cree. Esta es, en efecto su postura: "¿Puede pensarse en una "expansión" multinacional de las organizaciones más fuertes y más representativas? No. Porque la política revolucionaria es una cosa seria: no puede uno imaginarse que una "sección" de unos cuantos camaradas en un país diferente del de la sección "madre" pueda ser concretamente un elemento de una organización de verdad [¿y por qué no?, NDLR].
"Hay que tener el valor de reconocer las dificultades para hacer funcionar realmente una organización a escala nacional; la coordinación misma de una "campaña" a escala nacional no siempre es completa: la distribución de la prensa en las condiciones organizativas nuestras, de "escasas fuerzas", se resiente del menor cambio en la disponibilidad de los militantes y solo podemos avanzar con los elementos concretos de la organización"
¡Ésa es pues la verdad!. BC cree que es imposible constituir una organización internacional simplemente porque ella misma es incapaz de gestionar una organización como la suya a nivel nacional. ¡No será porque BC no sea capaz que la cosa es imposible! La existencia de la CCI es un desmentido total a esa argumentación. BC habla de la dificultad de difundir la prensa a nivel internacional, pero es incapaz de ver (es solo un ejemplo) que la prensa en inglés y en español de la CCI (especialmente esta Revista internacional) se difunde en unos veinte países del mundo en los que no existe obligatoriamente una sección. No se da cuenta tampoco que nuestra organización es capaz, y así lo ha demostrado cada vez que ha sido necesario, de difundir, a la vez, el mismo panfleto en todos los países en los que está presente e incluso en otros. Una vez más, BC no ve una realidad patente, que la CCI es una organización unitaria de verdad, una organización que actúa, piensa, trabaja e interviene como cuerpo político único, como organización internacional, sea cual sea el tamaño de la sección de tal o cual país.
Todo eso da una idea del valor de los argumentos de BC cuando dice que " Hay que tener el valor de reconocer las dificultades para hacer funcionar realmente una organización", un argumento que se usa únicamente para negar la posibilidad de construir ya hoy una organización internacional, un argumento sin la menor base científica.
Pero hay más en el artículo de BC. De él emerge una idea perniciosa sobre la manera con la que debe desarrollarse una organización en un país:
"Además, una minisección, llegada del cielo, no tiene la posibilidad de implantarse en la escena política de ese país, posibilidad que sí tiene una organización - y en este caso poco importa que sea pequeña - que ha surgido de ese escenario político, orientándose hacia posiciones revolucionarias. (…) Los que no comprenden o fingen no comprender que la identidad política no basta para hacer una organización, una de dos: o no poseen el sentido de la organización, o les falta tanta experiencia organizativa que creen que la cuestión no viene al caso. (…) No se vuelve uno capaz de cumplir sus tareas si no se desarrolla la tarea primordial de arraigarse, aunque sea de forma limitada hoy, en la clase" (6). Nos inquieta, de verdad, el sentido de ese pasaje. Lo que se saca de lo expuesto por BC es que vale más tener un grupo "surgido de esa escena política [del lugar], orientándose hacia posiciones revolucionarias", sin que importe el grado de confusión al principio, que tener en el mismo territorio "una minisección caída del cielo".
El verdadero "arraigo" de una organización en la clase no se juzga en saber si sus posiciones son momentáneamente más o menos "populares" entre los obreros. Eso es inmediatismo y oportunismo. El arraigo verdadero se juzga a una escala histórica, entre la experiencia del pasado de la clase y su porvenir. El principal criterio de "arraigo" es la claridad programática y los análisis que permiten a una organización:
- aportar una verdadera contribución frente a las confusiones que puede haber entre los obreros;
- construirse sólidamente para el porvenir.
En eso estribó el debate entre Lenin y los mencheviques. Éstos querían recabar una influencia mayor abriendo las puertas del partido a elementos confusos y vacilantes. Fue también ése el debate, en los años 1920, entre la Izquierda italiana y la mayoría de la IC en relación con la formación de los PC (con bases "estrechas" según la idea de la izquierda o "amplias" según la de la IC), sabiendo justamente que la IC buscaba tener un "arraigo" en las masas obreras lo más rápido posible. Y lo mismo en cuanto a la posición de la Fracción frente a la de los trotskistas en los años 1930. El arraigo de la organización en la clase nunca debe hacerse rebajando los principios y quitándoles hierro. Esa es una de las grandes enseñanzas del combate de la Izquierda del que el BIPR se olvida hoy, como lo había olvidado ya el PC Internacionalista en 1945.
De hecho, lo insubstancial de la argumentación de BC se debe a que este grupo se niega obstinadamente a contestar a dos preguntas de fondo, preguntas que les habíamos planteado en nuestro artículo precedente:
1. ¿Considera BC que el principio sobre la construcción de la organización que el movimiento obrero expresó en el pasado, y especialmente la Izquierda, era errónea? Y en este caso ¿por qué?
2. Si BC no lo considera así, ¿le parece entonces que la fase histórica actual es radicalmente diferente de la los tiempos de Lenin y de Bilan (del mismo modo que hubo una diferencia de fondo entre el período ascendente y el período decadente del capitalismo), exigiendo un tipo de organización diferente? Y si es así, ¿por qué?
Seguimos esperamos la respuesta.
Acerca de nuestro pretendido idealismoBC, ya se sabe, nos acusa de idealismo y de que analizamos la actualidad con ese enfoque. Últimamente, en una reunión pública de Battaglia comunista en Nápoles, a una petición de explicaciones sobre nuestro pretendido idealismo, BC contestó así: "Hay tres puntos que caracterizan el idealismo de la CCI:
"El primero es el concepto de decadencia: es un concepto que nosotros también usamos; pero no se puede explicar el conflicto de decadencia basándose únicamente en factores sociológicos. El problema es que puede explicarse la decadencia basándose en la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Nosotros decimos que el capitalismo sufre su decadencia no porque haya crisis (crisis cíclicas las ha habido siempre), sino porque ésta es una crisis particularmente grave. Decimos que la CCI es idealista porque el concepto de decadencia es abstracto, idealista. En segundo lugar, el análisis del imperialismo: cuando existía la URSS, estábamos acostumbrados a ver el imperialismo con dos caras, la URSS y los Estados Unidos. Uno de los dos polos desapareció, el otro domina en el plano militar, económico, etc. Hay sin embargo, en esta nueva situación, una tentativa de agrupamiento imperialista en Europa. ¿Cómo puede ahora la CCI explicar esta nueva fase hablando únicamente de caos? La CCI confunde las aspiraciones conscientes a predominar en el ruedo imperialista con el caos.
"La tercera razón es la cuestión de la conciencia y es lo más importante. Hemos oído cosas increíbles, cosas como que la clase obrera posee tal nivel de conciencia que ha podido impedir una tercera guerra mundial."
Suponemos que con esa crítica sobre el idealismo, BC quería acusar a nuestra organización de no estar en los problemas reales y dedicarse a delirar. Lo que nosotros comprendemos, en cambio, y eso es lo que intentamos demostrar, es que esa crítica de BC se basa en una comprensión deficiente y poco profunda de nuestros análisis políticos que solo se justifica por el deseo incontenible de querer desmarcarse de nuestra organización.
Intentemos pues a dar algunos elementos de respuesta, aunque evidentemente nos es imposible hacer aquí unas exposiciones apropiadas a temas tan amplios.
La decadencia del capitalismo. Es cierto que el análisis de la CCI es diferente del de BC. Es totalmente falso, en cambio, que para nosotros "el concepto económico de decadencia" se explique "basándonos únicamente en factores sociológicos". Los camaradas de BC saben perfectamente que, mientras que su posición se basa en la tendencia decreciente de la cuota de ganancia, la CCI se refiere a los aportes teóricos sucesivos de Luxemburg (7) sobre la saturación de los mercados y la práctica desaparición de los mercados extracapitalistas, lo cual no excluye ni mucho menos, el factor de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Nuestra posición, por lo tanto, también tiene una base económica y ni mucho menos sociológica. De todos modos, más allá de ambas explicaciones económicas diferentes, el aspecto fundamental es que ambos análisis llevan a la misma visión histórica que es la de la decadencia del capitalismo, en la cual estamos totalmente de acuerdo. ¿Dónde está, pues, el idealismo?
Imperialismo y caos. Si, sobre este tema, la CCI defendiera efectivamente la posición que dice BC que tiene, no será creíble en absoluto. Para nosotros el caos guerrero no es un fenómeno en sí, sino la consecuencia precisamente de la desaparición de los dos bloques imperialistas después de 1989 y de la pérdida de la disciplina interna que implicaba su existencia, disciplina que, en la época de la guerra fría, había garantizado en fin de cuentas, a pesar de los peligros de guerra mundial, cierta "pacificación" en el seno de cada bloque y en el ruedo internacional.
Según BC, "la CCI confunde las aspiraciones conscientes a predominar en el ruedo internacional con el caos". ¡Ni mucho menos! La CCI, precisamente a partir de las aspiraciones conscientes de cada Estado para hacer prevalecer sus intereses imperialistas en el ruedo mundial, no solo de las grandes potencias, sino también de los países menores, ve en la situación actual una tendencia conflictiva cada vez más extendida y en todas direcciones, una tendencia de cada cual a enfrentarse a todos los demás, mientras que no existen, o al menos por ahora (y es algo que debe excluirse a corto plazo) nuevos bloques imperialistas que puedan reunir y orientar en una sola dirección las veleidades imperialistas de cada país (8).
En esta nueva situación, al ir desapareciendo la disciplina de la que hablábamos antes, cada país se ha lanzado a aventuras imperialistas enfrentándose cada vez más a los demás, de ahí el caos, es decir una situación sin control ni disciplina pero cuya dinámica fundamental es muy clara. ¿Es acaso nuestra posición disparatada e… idealista?
En fin, sobre la clase obrera que impide la guerra: recordemos, una vez más, que cuando afirmamos que la reanudación histórica de la lucha de clase iniciada en 1968 impidió que la burguesía fuera hacia la conclusión de la crisis del capital, o sea hacia una tercera guerra mundial, no queremos decir en absoluto que la clase obrera fuera consciente del peligro de guerra y se opusiera conscientemente a él. Si así hubiera sido, estaríamos sin la menor duda en una fase prerrevolucionaria, lo cual, evidentemente, no es el caso. Lo que sí queremos decir, en cambio, es que la reanudación histórica ha vuelto la clase obrera mucho menos manipulable por la burguesía que en los años 1940 y 1950. El no tener al proletariado a su plena disposición es lo que le ha planteado problemas a la clase dominante, impidiéndole lanzarse en un conflicto imperialista generalizado.
En efecto, en el período actual, incluso si la combatividad y la conciencia de clase están a un bajo nivel, la burguesía no tiene capacidad de encuadrar a los obreros de los países avanzados tras las banderas de la guerra (sean éstas la nación, el antifascismo o el anti-imperialismo). Para hacer la guerra no basta con disponer de obreros poco combativos, se necesitan obreros dispuestos a arriesgar su vida por algún ideal de la burguesía.
El BIPR, que hoy se las da de aleccionador, de sabelotodo, ha tenido y sigue teniendo notorias dificultades para analizar la situación internacional. Cuando la caída del bloque del Este, por ejemplo, BC no tuvo al principio las ideas muy claras que digamos. Atribuyó la "caída" del bloque del Este a un proceso que habría sido conducido por Gorbachov para redistribuir las cartas entre los bloques e intentar marcar puntos frente al imperialismo americano:
"Lo que se acaba, o se ha acabado ya, son los equilibrios de Yalta. Las cartas se están volviendo a repartir en medio de una crisis que, si ya golpea dramáticamente la zona del rublo, también va a seguir desarrollándose en el área del dólar (…) Gorbachov juega con habilidad en los dos tapetes: en el de Europa y en el de la otra superpotencia. La marcha hacia un acercamiento entre la Europa del Este y la del Oeste no es algo que vaya a tranquilizar a los USA y Gorbachov lo sabe" (de "Las cartas de redistribuyen entre los bloques: las ilusiones sobre el socialismo real se desmoronan", Battaglia Comunista nº 12, diciembre de 1989) (9).BC habló también entonces de apertura de nuevos mercados en los países del Este, que podrían dar oxígeno a los países occidentales: "El hundimiento de los mercados de la periferia del capitalismo, los de Lationoamérica por ejemplo, ha creado nuevos problemas de solvencia en la remuneración del capital…Las nuevas oportunidades abiertas en Europa del Este podrían representar una válvula de seguridad para las necesidades de inversión… Si se concreta ese largo proceso de colaboración Este-Oeste, habrá un nuevo oxígeno para el capital internacional" (10).
Cuando la burguesía rumana a principio de los 90, decide deshacerse del dictador Ceaucescu, recurriendo a una puesta en escena de lo más dramático para alentar en la gente la sed de democracia (que es la dictadura más eficaz de la burguesía), BC llegó a hablar de Rumania como de un país en el que estaban reunidas "todas las condiciones objetivas y casi todas las subjetivas para que pueda proseguir la insurrección y convertirse en verdadera revolución social, pero la ausencia de una fuerza auténticamente de clase ha dejado cancha abierta a las fuerzas favorables al mantenimiento de las relaciones de producción burguesas" (Battaglia Comunista nº 1, enero de 1990)
¿Y qué decir del artículo escrito por simpatizantes de Colombia y publicado por BC en la primera página de su periódico? Artículo en el que la situación en ese país es presentada como casi insurreccional y eso sin el menor comentario o crítica por parte de BC:
"En los últimos años, los movimientos sociales en Colombia (…) han adquirido un radicalismo y una amplitud considerables (…) Hoy, las huelgas se transforman en motines, las paralizaciones urbanas en revueltas, las protestas de las masas urbanas se concluyen con violentos enfrentamientos callejeros (…) Resumiendo: en Colombia, hay un proceso insurreccional en curso, desencadenado por mecanismos capitalistas y por la agudización y la extensión del conflicto entre los dos frentes militares burgueses" (extracto de Battaglia Comunista nº 9, septiembre de 2000, subrayado nuestro).
Cabe preguntarse a ese respecto dónde están los idealistas. ¿En nuestros artículos o en los análisis delirantes del BIPR? (11)
Últimos disparates sobre la decadenciaHay cosas todavía más graves. Lo que hemos notado desde hace algún tiempo a ese respecto, es que BC lanza juicios despectivos sobre el campo proletario, el cual "habría fracasado por no haber estado a la altura de las tareas del momento" y, a la vez, es BC la que precisamente pone en entredicho, una tras otra, las piedras angulares de su análisis (y del nuestro) sobre el período histórico actual, dejando cada día más espacio a la improvisación del redactor que le ha tocado escribir el artículo. Hemos tenido nosotros que intervenir con tono polémico en los debates de BC para corregir un importante traspié sobre el papel de los sindicatos en la fase actual (12) que se contradecía con los propias posiciones históricas de BC. Pero he aquí que en el mismo artículo de Prometeo nº 2, nos encontramos con una serie de pasajes que vuelven a tratar el tema, sin hacer la menor mención a la polémica anterior, poniendo en entredicho el concepto mismo de decadencia del capitalismo, posición que une desde siempre a nuestros organizaciones, el BIPR y la CCI, y que es una herencia del movimiento revolucionario, de Marx, de Engels, de Rosa Luxemburg y de Lenin (de quienes, sin embargo, el BIPR se reivindica), de la IIIª Internacional y hasta las Izquierdas comunistas que de ésta surgieron tras la desaparición de la oleada revolucionaria en los años 20.
De hecho, el artículo define la situación actual de manera extraña, con "fases ascendentes del ciclo de acumulación" y "fases de decadencia del ciclo de acumulación" y no de período histórico de decadencia irreversible del capitalismo por oposición a la fase histórica precedente, con sus ciclos de crisis, sí, pero globalmente fase de desarrollo general: "Hay (…) un esquema. Es el que divide la historia del capitalismo en dos grandes épocas, la de la ascendencia y la de la decadencia. Casi todo lo que era válido para los comunistas en la primera ya no lo es en la segunda, precisamente por el hecho de que ya no es una fase de crecimiento sino de decadencia. ¿Un ejemplo? Los sindicatos servían y se justificaba que los revolucionarios trabajaran en ellos para ocupar su dirección; después ya no fue válido. Ni la sombra de una referencia al papel histórico institucional de mediación del sindicato; todavía menos a la relación entre ese papel y las diferentes fases del capitalismo, o del vínculo objetivo entre las cuotas de ganancia y el campo de la negociación (…) En las fases ascendentes del ciclo de acumulación, el sindicato, como "abogado" puede arrancar concesiones salariales y reglamentarias (pero inmediatamente recuperadas por el capital); en las fases de decadencia del ciclo, quedan reducidos a cero los márgenes de mediación y el sindicato, que sigue con la misma función histórica, se ve reducido a hacer de mediador, sí, pero a favor de la conservación, operando como agente de los intereses capitalistas en el seno de la clase obrera.
"La CCI, al contrario, divide la historia en dos partes: cuando los sindicatos son positivos para la clase obrera - sin especificar en qué terreno - y cuando se vuelven negativos.
"Esos esquematismos se verifican en la cuestión de las guerras de liberación nacional. "Y es así como la proposición formal de posiciones indiscutibles y, por lo tanto que, en apariencia, podríamos compartir, está acompañada de una divergencia sustancial, o incluso de una no pertenencia al materialismo histórico y de una incapacidad para examinar la situación objetiva" (13).
Puesto que esa parte del artículo está escrita refiriéndose explícitamente a la CCI, debemos nosotros hacer notar que BC tiene una memoria corta si ya ni siquiera se acuerda de las posiciones de base de la CCI sobre los sindicatos, posiciones desarrolladas en decenas y decenas de artículos y, en especial, en un folleto dedicado a ese tema (14), en el cual nos referimos ampliamente " al papel histórico institucional de mediación del sindicato" y a "la relación entre ese papel y las diferentes fases del capitalismo". Invitamos a los camaradas a leer o a volver a leer nuestro folleto para que se den cuenta hasta qué punto las afirmaciones de BC no tienen la menor base.
Nos parece, sin embargo, importante recordar lo que escribieron Marx y Engels hace siglo y medio:
"A cierto grado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, utilizando un término jurídico, con las relaciones de propiedad en cuyo seno se habían desarrollado hasta entonces. Esas relaciones, tras haber sido formas de desarrollo de las fuerzas productivas, se transforman en trabas de esas fuerzas. Se llega así a una época de revolución social" (15).
Estamos dispuestos a creer que BC ha hecho un simple error de escritura, utilizando términos inapropiados al intentar contestar a nuestros argumentos. Si así no fuera, cabría preguntarse qué significa lo escrito por BC. ¿Significa que tras una fase de recesión y con la reanudación de un ciclo de acumulación la clase obrera puede contar de nuevo con los sindicatos para "arrancar concesiones salariales y reglamentarias"? Si así fuera, nos interesaría saber cuáles han sido, según ella, en las últimas décadas "las fases de ascendencia del ciclo de acumulación" y cuáles han sido las "concesiones salariales yreglamentarias" correspondientes, obtenidas por la clase obrera gracias a los sindi catos. También, respecto a las luchas de liberación nacional, que la CCI analizaría con un "igual esquematismo", ¿qué quieren decir los camaradas de BC? ¿Que podría apoyarse a Arafat u a otros con tal de que esté asegurado el ciclo de acumulación del capital y que no haya recesión? Si no es ésta la buena interpretación, ¿qué quiere decir BC?
ConcluyendoHemos demostrado en este segundo artículo que no es la CCI la que tendría una visión idealista de la realidad, pero que sí es BC la que va dando tumbos en plena confusión teórica y que tiene un enfoque oportunista en su intervención. Tenemos la sensación de que todos los argumentos empleados por BC en su polémica contra "un campo político proletario que ya no está a la altura de las tareas del momento y que, por lo tanto, se ha quedado atrás" no son más que humo con el que ocultar sus propios descarrilamientos oportunistas, incluso en el plano programático, que empiezan a ser de lo más preocupante. Respecto a la tendencia actual del BIPR, en particular, a considerarse como "solo en el mundo" frente a un "un campo político proletario que ya no está a la altura de sus tareas", sería muy conveniente que los camaradas volvieran a leer el folleto y otros muchos textos que ellos han escrito en polémica contra los bordiguistas, textos en los que critican con mucha razón el que cada grupo bordiguista se considere como EL PARTIDO y todos los demás como basura. Por eso invitamos a BC (y al BIPR) a tomarse en serio nuestras críticas sin ocultarse tras acusaciones ridículas de que esas críticas se deberían a una descarga de bilis y cosas por el estilo. Procuremos estar todos a la altura de nuestras tareas.
Ezechiele, 9 de marzo de 2001
1. "La visión marxista y la visión oportunista en la política de construcción del partido", Revista internacional nº 103. 2. "La nueva internacional será el Partido internacional del proletariado", en Prometeo nº 2, diciembre de 2000.3. Hay que notar que en el movimiento obrero, las acusaciones de "calumnia", "bilis", etc. son típicas de elementos centristas y oportunistas hacia las polémicas hechas contra ellos por las corrientes de izquierda (a Lenin lo consideraban como un "horrible calumniador" cuando entabló el combate contra los mencheviques. Rosa, de igual modo, fue acusada de "histérica" cuando entabló la pelea contra Bernstein y más tarde contra Kautsky sobre la huelga de masas). Mejor que acusaciones de ese estilo, le preguntamos al BIPR en qué son falsas nuestras críticas, o "calumniadoras". No basta con afirmar. Hay que demostrar. Por lo demás, el BIPR no es el más indicado para hacer ese tipo de críticas, pues no andan cortos en calificativos, en especial, sin el menor argumento, cuando les da por decir que nosotros ya no formamos parte del campo proletario. Es la historia de quien ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el suyo. 4. Hay que notar que los camaradas de BC recibieron nuestra primera respuesta con bastante rencor, porque ellos asocian el calificativo "oportunista" a "contrarrevolucionario". Esta asociación, para cualquiera que conozca la historia del movimiento obrero, es totalmente errónea, sin el menor fundamento. Es, como mínimo, expresión de ignorancia política. El oportunismo siempre ha sido identificado como deformación de posiciones revolucionarias, y eso dentro del movimiento obrero. Es la ambigüedad y la ausencia de claridad del bordiguismo (y de BC también) lo que les permite seguir llamando oportunistas a formaciones políticas que en realidad se pasaron al campo de la contrarrevolución, como así fue con los diferentes PC estanilistas, identificando así oportunismo y contrarrevolución. 5. BIPR, "Verso la Nuova Internazionale" (Hacia la nueva Internacional), en Prometeo nº 1, serie VI, junio de 2000, citado ya en nuestro artículo del nº193 de esta Revista. 6. "La nueva internacional será el Partido Internacional del proletariado". 7. Ver especialmente las dos obras principales de Rosa Luxemburg en las que desarrolla esa teoría:La acumulación del capital , y En qué han convertido los epígonos de la teoría de Marx: una anticrítica, obras ambas que se suelen publicar juntas. 8. Uno de los factores de más importancia por los cuales la formación de nuevos bloques no está a la orden del día es que no existen países capaces de rivalizar mínimamente con Estados Unidos en el plano militar. Se necesitarían años (quizás una década) para que un país como Alemania pueda disponer de una potencia militar creíble. 9. Para comprender mejor esa ausencia de visión por parte de BC, ver también "La "Tormenta del Este" y respuesta de los revolucionarios", Revista internacional nº 61). 10. Idem. 11. Recordemos también que cuando las huelgas en Polonia de agosto de 1980, la CWO lanzó la consigna de "¡Revolución, ya!" en su periódico, cuando, en realidad, la situación no era nada revolucionaria. Los camaradas de la CWO nos dijeron después que fue un accidente, que ese título fue cosa de un militante, sin el acuerdo de los demás miembros, y que el periódico fue inmediatamente retirado de la circulación. Aceptamos esas explicaciones, pero hay que reconocer, sin embargo, que en la CWO de entonces no había una gran claridad tanto política como organizativa, puesto que uno de sus miembros pudo pensar y escribir semejante absurdo sin que la organización pudiera impedir su publicación. El militante de marras debía ser probablemente alguien con bastante responsabilidad puesto que CWO le otorgó la de publicar el periódico sin control previo por parte de la organización o de un comité de redacción. Solo entre los anarquistas puede ocurrir ese tipo de patinazo individual o, también, en el Partido socialista italiano, en 1914-15, cuando Mussolini publicó sin avisar a nadie un editorial en Avanti llamando a participar en la guerra. Pero en aquel entonces, el Benito era nada menos que director del diario (y había sido comprado secretamente por Cachin con fondos del gobierno francés). En todo caso, la organización interna de CWO dejaba que desear en los años 80. Es de esperar que haya mejorado desde entonces. 12. Ver artículo "Polémica con Battaglia comunista: ¿han cambiado los sindicatos de función con la decadencia del capitalismo?", en Rivoluzione Internazionale nº 116 (publicación de la CCI en Italia) 13. "La nueva internacional será el Partido Internacional del proletariado", p. 8-9. 14. Los sindicatos contra la clase obrera, folleto de la CCI, con versiones en las diferentes lenguas de las secciones territoriales de la organización. 15. Marx y Engels, "Prefacio" a la Contribución a la crítica de la economía política.
Ocho años después de su padre, G.W. Bush inicia su mandato depresidente de Estados Unidos de América. Aquél nos había prometido "una era de paz y prosperidad" tras la implosión del bloque del Este y el estallido de la URSS. Su hijo hereda una situación de miseria generalizada que se ha ido agudizando yextendiéndose a lo largo de los años 90. La situación del mundo esrealmente catastrófica. Y no es ni provisional, ni transitoria enespera de la profecía del G. Bush padre. Todo está indicando queel mundo capitalista arrastra a la humanidad en una espiral deconflictos guerreros mortíferos por todos los continentes, crecientes antagonismos imperialistas, especialmente entre las grandes potencias, en una nueva caída brutal en la crisis económica y en la miseria, en una cascada de catástrofes de todo tipo. Esos tres elementos, guerras, atasco económico y destrucción del planeta, hacen la vida de las generaciones actuales cada vez más insoportable, poniendo en peligro la supervivencia de las generaciones venideras. Se hace cada día más patente que elmundo capitalista lleva a la especie humana a su desaparición.
SI LA ILUSION de la paz quedó rápidamente desmentida por la guerra del Golfo y el subsiguiente aplastamiento de Irak en 1991, después, con la interminable guerra en Yugoslavia, la fábula de la prosperidad habrá podido alimentarse en varias ocasiones con las tasas positivas del crecimiento estadounidense de los años 90, con las alzas en las Bolsas, y la deslumbrante "nueva economía" ligada a Internet. Las tasas de crecimiento en Estados Unidos (EE.UU) y las cotizaciones bursátiles no han impedido, sino lo contrario en realidad, el incremento dramático de la pobreza y del hambre en el mundo. Por su parte, a la nueva economía se le ha mojado la pólvora y hoy las ilusiones de la prosperidad se están haciendo añicos.
Una economía en quiebra virtual
Ya hemos denunciado en esta Revista las patrañas sobre la "buena salud" de la economía capitalista, basada, por lo visto, en tasas de crecimiento positivas. La burguesía mundial ha establecido "reglas" para definir la recesión, la cual solo sería efectiva tras dos meses de crecimiento negativo. Digamos de paso que, globalmente, Japón lleva diez años en recesión "oficial", o sea según los criterios de la propaganda burguesa. Sin embargo, y más allá de las trampas sobre cifras y métodos de cálculo, la realidad del crecimiento positivo "oficial" no significa que la economía esté boyante. El aumento de la pobreza en los propios EE.UU. (1) bajo la presidencia de Clinton, a pesar de las tasas de crecimiento excepcionales es una ilustración de ello.
Peor que en 1929Los medios, los historiadores y los economistas se refieren siempre a la gran crisis de 1929, para definir una crisis económica catastrófica, mostrando así que hoy las cosas van bien. La experiencia misma de 1929 lo desmiente: "En la vida de la mayoría de hombres y mujeres, las experiencias económicas centrales de la época fueron, sí, devastadoras, coronadas por la Gran Crisis de los años 1923-1933, pero el crecimiento económico no cesó durante esas décadas. Sencillamente aminoró. En la mayor y más rica economía del planeta en aquel entonces, la de Estados Unidos, la tasa de crecimiento medio del PNB per cápita entre 1913 y 1938 no superó un modesto 0,8 % por año. Al mismo tiempo, la producción industrial mundial aumentó de algo más de 80 %, o sea la mitad del crecimiento del cuarto de siglo anterior (W.W. Rostov, 1978, p. 662) […] Sea como fuere, si un marciano hubiera observado la curva de los movimientos económicos desde lo bastante lejos como para no fijarse en los altibajos que sufrieron los seres humanos en la tierra, habría concluido inevitablemente que hubo una expansión continua de la economía mundial" (E.J. Hobsbawm, La edad de los extremos).
Nuestros economistas y gobernantes no son marcianos sino representantes y defensores del orden capitalista. Y como tales pasan gran parte de su tiempo en enmascarar la realidad de la catástrofe económica. Sólo algunas veces, y en publicaciones más confidenciales, algunos reconocen una parte de la realidad que viene a confirmar nuestras tesis. "Sin embargo, el crecimiento económico seguirá siendo insuficiente para reducir la tasa de pobreza o llevar bienestar a la población", reconoce The Economist a propósito de Latinoamérica (Courrier international, "Le monde en 2001"). Y eso es válido para toda la población mundial. ¿Qué decir entonces de la agravación dramática de la pobreza si se realizaran las previsiones de Fred Hockey, citado por The Wall Street Journal, cuando dice "seguro que vamos hacia una recesión" (Le Monde, 17 de marzo de 2001)?
Hoy con las caídas bursátiles de este principio de 2001, es difícil creer que todo va bien en el reino de las finanzas o en la "nueva economía" vinculada a Internet. "Desde su más alto nivel histórico de 5132 enteros alcanzados el 10 de marzo de 2000, el mercado de valores tecnológicos ha caído casi 65 %. Triste aniversario, pues, para ese mismo período son casi 4,5billones de dólares los que se han esfumado en el conjunto de las plazas financiera norteamericanas" (Le Monde, ídem).
Más allá de la economía ligada a Internet, las afectadas por la baja de las cotizaciones son todas las Bolsas. Por ahora, contrariamente a las crisis bursátiles de los años 1980 y 1990 (EEUU, Asia, Rusia), la caída parece estar controlada, aunque se trate de una quiebra importante. Sigue habiendo el mismo problema: la economía japonesa, cuyo sistema financiero y bancario, muy fragilizado por deudas muy dudosas, está al borde de la quiebra. "La ruina del sistema bancario nipón amenaza al resto del planeta" (Le Monde, 27 de marzo de 2001). Si Japón retirara sus haberes americanos, sería todo el financiamiento a crédito de la economía norteamericana el que estaría amenazado por las sucesivas consecuencias de tal decisión. "Si los inversores extranjeros no quieren seguir abasteciendo los capitales necesarios, el impacto en el crecimiento, en las cotizaciones en la Bolsa y en el dólar podría ser importante" (The Economist, Courrier international, "Le monde en 2001").
Más todavía: los ahorros de las familias americanas son nulos y la deuda privada y la de las empresas para especular en Bolsa, ha alcanzado cotas insospechadas. Ya lo hemos demostrado en múltiples ocasiones: la economía capitalista mundial se basa en una montaña de deudas que nunca serán reembolsadas y que, tras haber relegado en el tiempo y en el espacio, hacia los países emergentes, las consecuencias del atolladero económico del mundo capitalista, esas deudas acaban acelerando y agravando las cosas. La primera economía, la de EEUU, es la más endeudada de todas y sus tasas de crecimiento son pagadas a crédito mediante "un déficit comercial colosal y un endeudamiento masivo hacia el exterior" (ídem). Incluso los expertos expresan sus dudas. "Resumiendo, la economía americana, en 2001, necesitará una gestión inteligente y, sobre todo, una buena dosis de suerte" (ídem) ¿Quién se subiría en un avión en el que se previene de antemano que se necesita un piloto inteligente, y sobre todo "una buena dosis de suerte"?
Al mismo tiempo, y tras las diferentes crisis financieras que han sacudido a Rusia, Asia, Latinoamérica en varias ocasiones, incapaces una tras otra de afrontar los plazos de la deuda, le toca ahora a Turquía estar casi en quiebra y recibir a su cabecera al FMI. Incapaz de reembolsar 3mil millones de dólares el 21 de marzo, Turquía ha recibido 6 mil millones del FMI a cambio de un plan drástico de ataques económicos contra la población. Por otra parte, el descenso a los infiernos de la economía argentina ha conocido una nueva aceleración. Este invierno hubo que otorgarle con urgencia "una ayuda financiera excepcional de 397 mil millones de dólares, destinados ante todo a evitar la imposibilidad de pago de la pesada deuda externa (122 mil millones de dólares, o sea el 42 % del PNB)" (Le Monde, 20 de marzo de 2001, suplemento económico). En sí, esas crisis locales podrían únicamente expresar la fragilidad de esos países. Pero, de hecho, expresan la fragilidad de la economía mundial pues en cada una de esas crisis - y hay muchas en Latinoamérica desde 1982 - en las que países "emergentes" resultar ser incapaces de hacer frente a los plazos de su deuda, es todo el sistema financiero internacional el que está en peligro inmediato. De ahí vienen esas intervenciones precipitadas por parte de los gobiernos de las grandes potencias y del FMI a golpe de nuevos créditos cada vez más importantes.
En esta situación, lo que importa a la burguesía mundial, y desde hace varios años, es intentar controlar la inevitable caída de la economía norteamericana. "El exceso de la demanda con relación a la oferta en EE.UU. simboliza el reverso de ese milagro [el crecimiento norteamericano]. Es también un peligro, pues viene acompañado de un déficit comercial colosal y de una deuda masiva con el exterior. Si el déficit y la deuda se confirmaran, el desplome sería inevitable. Pero no será así. En 2001, con el retorno del crecimiento americano a un ritmo más moderado, no ya milagroso sino sencillamente impresionante, los déficits del comercio exterior y la balanza de pagos deberían disminuir" (The Economist, Courrier International, "Le monde en 2001"). El primer periodista confiaba en la suerte. Este último, en un artículo titulado "L'age d'or de l'économie mondiale" (La edad de oro de la economía mundial) espera milagros. Para los diferentes sectores de la economía mundial, aparte de los intereses imperialistas, políticos y comerciales antagónicos, la cuestión crucial sigue siendo el éxito o no del "aterrizaje suave" de la economía de EE.UU. O sea, que no haya sacudidas excesivas que podría acabar por poner bruscamente al descubierto ante la población mundial, y especialmente la clase obrera internacional, la realidad dramática de la quiebra del modo de producción capitalista y su carácter irreversible. Para la población mundial, incluida la de los países industrializados de Europa y de América del Norte, la perspectiva es hacia un incremento de la pobreza y de la miseria que ya están alcanzando cotas muy altas.
La "crisis agrícola" es la crisis del capitalismoLas consecuencias de la crisis de sobreproducción agrícola van a provocar la ruina de miles de campesinos medios y pequeños en los países industrializados y una aceleración de la concentración de esta parte de la producción capitalista. Las enfermedades de las "vacas locas" o la epidemia de la fiebre aftosa no son desastres naturales, sino catástrofes sociales, o sea vinculadas y resultantes del modo de producción capitalista. Son el producto de la agudización de la competencia económica y de la carrera productivista. En resumen, son la plasmación de la sobreproducción agrícola mundial y ofrecen la ocasión de "resolverla" temporalmente, mediante la matanza masiva de animales… mientras una gran parte de la población mundial se muere de hambre. Y eso que bastaría con… vacunar a los animales. "La crisis agrícola subraya una vez más hasta qué punto el hambre en el Sur va en perfecto paralelismo con el despilfarro en el Norte" (Sylvie Brunel, "Action contre la faim", Le Monde 10/03/01). Esta crisis va a tener también consecuencias dramáticas en campesinos de la periferia del capitalismo, o sea en una fracción importante de la población mundial. "Está apareciendo otra consecuencia desastrosa para el Tercer mundo causada por el hundimiento del sector cárnico: la sobreproducción de cereales" (ídem) ¡Qué otra más clara manifestación de la irracionalidad del mundo capitalista, de lo absurdo de su supervivencia, si no es ese ejemplo de miles de animales destruidos mientras millones de personas no tienen que comer! "Pues el problema alimentario del mundo no es el de la producción de alimentos, ampliamente suficiente para todos en volumen, sino en su reparto: quienes sufren de subnutrición son demasiado pobres para comprar con qué alimentarse" (ídem)(2). Ésa es la razón por la que el capitalismo no puede ni siquiera darse el "lujo" de vacunar a ovejas y vacas: las cotizaciones se hundirían, sobre todo si se entregaran gratis a los hambrientos del mundo los animales destinados al exterminio.
Sin destrucción del capitalismo, mientras sus leyes económicas, especialmente la ley del valor, subsistan, no es posible regalar animales sanos que van a ser destruidos. Y lo mismo es para toda la sobreproducción agrícola, y toda la producción capitalista, de ahí el dejar en barbecho cantidad de tierras en los países industriales y los enormes excedentes de mantequilla y leche invendibles. Solo una sociedad en la que la ley del valor, y por lo tanto el salariado y las clases sociales, hayan desaparecido, podrá resolver esas cuestiones, pues una sociedad así podrá dar y no destruir.
La población vinculada a las actividades agrícolas, ya sea de pequeños propietarios o de aparceros, ya sean braceros u obreros agrícolas, no es la única que recibe de lleno los latigazos de la brutal aceleración de la crisis económica.
Los ataques contra la clase obreraLlueven los despidos en todos los sectores. En EEUU, se suprimen empleos por miles, en compañías como Intel, Dell, Delfi, Nortel, Cisco, Lucent, Xerox, Compaq, de la "nueva economía", pero también en la industria tradicional como General Motors o Coca Cola. En Europa, vuelve brutalmente la siniestra ronda de despidos y cierres de empresas: cierre de almacenes Marks&Spencer, en Danone, en la industria de armamento (EADS, y, en Francia, GIAT, la que construye los carros Leclerq), a la vez que se reducen plantillas en las grandes empresas y los servicios públicos.
Se trata ahí de países industrializados, en donde las burguesías nacionales, conscientes de las potencialidades y de los peligros de la reacciones de una clase obrera concentrada y de gran experiencia histórica de lucha, toman muchas precauciones políticas para llevar a cabo sus ataques. En los países en donde la clase obrera es más joven, menos experimentada y más dispersa, los ataques son todavía más violentos. Está claro que, entre otros muchos ejemplos, los ataques van a redoblar contra la clase obrera en Argentina y también en Turquía. Todos esos ataques masivos en todos los países, en todos los sectores, tiran por los suelos la patraña de que "la economía va bien". Y sobre todo, la idea, machacada sin cesar, de que si una empresa despide, se trataría de un caso particular, excepcional, y que, en otros lugares, en otras empresas y sectores, todo iría bien. Toda la clase obrera del mundo se ve afectada; en todos los sectores de actividad llueven los despidos, se reducen los salarios, se incrementan eventualidad y horas de trabajo, se deterioran las condiciones de trabajo y de vida.
Bush, el padre, y con él los diferentes aparatos de Estado nacionales, gobiernos, políticos, ideólogos, periodistas, intelectuales, hablaban de prosperidad. Lo que sí nos cayó encima fue, es, y todo indica que así seguirá siendo cada día más, la miseria por doquier. La humanidad se encuentra ante una situación histórica bloqueada. Por un lado, al capitalismo ya no le quedan perspectivas que ofrecer sino es la crisis, la guerra, la desolación, más y más miserias y barbarie. Por otro lado, la única fuerza social, la clase obrera internacional, que podría ofrecer la perspectiva de acabar con el capitalismo y encaminarse hacia una nueva sociedad no ha logrado todavía afirmarse abiertamente. En tal situación, estamos asistiendo a una putrefacción de raíz, a una verdadera descomposición de la sociedad capitalista. Entre las consecuencias más dramáticas, además de las guerras, la violencia urbana, la inseguridad general, entre las que más ponen en peligro la supervivencia misma de la humanidad, la destrucción del medio ambiente y la multiplicación de catástrofes de todo tipo.
Putrefacción e irracionalidad de lasociedad capitalistaEntre la disminución de la capa de ozono, las contaminaciones marítimas y terrestres, ríos, ciudades y campos, trapicheos sobre los alimentos, epidemias en el hombre y en el ganado - la lista no es exhaustiva - el planeta se vuelve cada día más inhabitable, con su propio equilibrio en peligro. Hasta hoy, las catástrofes y la deterioración del medio ambiente no aparecían sino como consecuencias "mecánicas" de la agravación de la crisis económica, de la competencia capitalista y de la búsqueda desenfrenada de una productividad máxima. Hoy las cuestiones del entorno se han convertido en bazas imperialistas, un ámbito de enfrentamiento entre grandes potencias. La ruptura de los acuerdos de Kioto sobre las emisiones de gas con efecto invernadero por parte de EE.UU. ha sido la ocasión de una denuncia por las demás grandes potencias, sobre todo las europeas, de la irresponsabilidad estadounidense. "La Unión Europea no ve otra solución alternativa al problema climático del protocolo de Kioto y sigue decidida a aplicarlo, con o sin Estados Unidos" (Romano Prodi, presidente de la Comisión europea, Le Monde 6/04/01).
Lo mismo que con las causas humanitarias y la "defensa de los derechos humanos", el medio ambiente y las catástrofes naturales son temas de competencia entre Estados. La "injerencia humanitaria" organizada en Bosnia fue un terreno de enfrentamiento entre las grandes potencias, como ya lo había sido en Somalia. La ayuda humanitaria es igual: cada vez que hay un terremoto, asistimos a la misma competición entre equipos americanos y europeos a ver quién encuentra más muertos entre los escombros.
Cada día más se desvela la relación entre atolladero económico del capitalismo, exacerbación de antagonismos imperialistas que la crisis económica provoca en el plano histórico, y todas las consecuencias sobre la vida social entera, consecuencias que vienen a su vez a acentuar las rivalidades imperialistas y los conflictos, a incidir en la crisis económica. El mundo capitalista está arrastrando a la humanidad y al planeta en una espiral dantesca, a un hundimiento en los infiernos.
Multiplicación de las guerras"El que la humanidad se haya acostumbrado a vivir en un mundo en el que las matanzas, las torturas y el exilio de masas se han convertido experiencias cotidianas que ya ni notamos es, quizás, lo más trágico de esta catástrofe" (E.J. Hobsbawn, L'âge des extrêmes).
El panorama del mundo actual es de espanto. Una multitud de conflictos guerreros sin fin ensangrientan el planeta. Afectan a todos los continentes: en lo que fue la URSS, especialmente en lo que fueron sus repúblicas asiáticas, empezando por las del Cáucaso; en Oriente Medio, desde Irak a Pakistán pasando por Afganistán; en el Sudeste asiático; en Oriente Próximo, evidentemente; en África; en parte de Sudamérica, especialmente Colombia; en los Balcanes. Hoy, los países y las regiones del mundo que no están afectadas directamente, a mayor o menor grado, por guerras abiertas o larvadas parecen islotes de "paz" en medio de un océano de enfrentamientos bélicos.
A finales de los 70 y primeros 80, la situación en Líbano era el paradigma más claro de la entrada del mundo capitalista en su fase de descomposición. Cabe recordar que entonces se hablaba de "libanización" cuando un país era presa de una guerra sin fin y de la dislocación. Hoy se han "libanizado" continentes enteros. ¿Cuántos países africanos? (3). Difícil enumerarlos a todos, pero su mayoría se han vuelto "Líbanos". Afganistán (4) - más de 20años de guerra y de matanzas continuas - es una de las expresiones más extremas y dramáticas.
No nos engañemos: la responsabilidad primera tanto en su origen histórico como en la agravación de los conflictos, es la del imperialismo en general y el de las grande potencias en particular. Son las rivalidades imperialistas entre éstas lo que ha desencadenado esos conflictos, lo que los ha alimentado: así fue en Afganistán con la invasión rusa en 1980 y el apoyo a la guerrilla islámica por Estados Unidos, en la época de los dos bloques imperialistas. Y lo mismo, evidentemente, en los Balcanes hoy, con el apoyo por Alemania, por un lado, a las independencias eslovena y croata en la ex Yugoslavia, y, por otro, con la intervención activa de Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia, España y Estados Unidos -por no citar sino a las principales potencias - para atajar aquella política. Lo mismo ha ocurrido en África. Tanto en el origen de las guerras como en su desarrollo todavía hoy, la mano de las grandes potencias sigue echando leña al fuego incluso cuando los conflictos dejan de tener un interés fundamental para ellas, como así ocurre en África o Afganistán.
Las rivalidades imperialistas directas entre grandes potencias, que han sido en general mucho menos aparentes sobre todo desde el final de los bloques en 1989, conocen hoy una tensión particular. Estados Unidos está adoptando una actitud especialmente agresiva hacia China, como lo demuestra el accidente del caza chino con el avión espía norteamericano el 1º de abril de 2001, hacia Rusia con la expulsión de 50 diplomáticos rusos a finales de marzo y hacia Europa con el rechazo americano al protocolo de Kioto sobre los gases de efecto invernadero y el proyecto de escudo antimisiles estadounidense.
Bush, el padre, y con él los diferentes aparatos de Estado nacionales, gobiernos, políticos, ideólogos, periodistas, intelectuales, hablaron de "paz". Lo que sí se obtuvo y todo indica que seguiremos teniendo es la guerra permanente.
Las guerras en el período dedecadencia del capitalismoEl capitalismo parece ser algo irracional históricamente hablando. Arrastra a la especie humana hacia su desaparición y ya no respeta ninguna "razón" económica o histórica. "En el "corto" siglo XX, se ha matado o dejado morir deliberadamente a más seres humanos que nunca antes en la historia (…) Fue el siglo más asesino que haya dejado huella, y eso tanto por la escala, la frecuencia y la duración de las guerras que lo ocuparon (y que apenas si amainaron un poco durante los años 20), pero también por la amplitud incomparable de las catástrofes humanas que el siglo ha engendrado - las mayores hambrunas de la historia con sus genocidios sistemáticos. A diferencia del "largo siglo XIX" que aparece y fue en efecto un período de progreso material, intelectual y moral prácticamente ininterrumpido, o sea de progresión de los valores de la civilización, asistimos, desde 1914, a una marcada regresión de esos valores, considerados como normales en los países desarrollados y en el medio burgués y de los que se estaba convencido que se iban a propagar a las regiones más atrasadas y a las capas menos ilustradas de la población." (E.J. Hobsbawn).
Existe una historia del capitalismo que permite comprender su dinámica actual. Hay "razones" históricas de su irracionalidad. La principal es el haber entrado en su período de declive histórico, de decadencia, a principios del siglo XX, cuya primera expresión fue la Iª Guerra mundial de 1914-1918 y, a la vez, su producto y un factor activo de esa decadencia. Con el período de decadencia, las guerras dejaron de ser coloniales o nacionales, es decir con objetivos "racionales" como la conquista de nuevos mercados o la formación o consolidación de nuevas naciones que se inscribían globalmente en el desarrollo histórico, para convertirse en guerras imperialistas cuyas causas son la ausencia de mercados y la necesidad de un nuevo reparto imperialista, objetivo que no puede inscribirse en modo alguno en un progreso histórico. Inmediatamente, las guerras imperialistas se han hecho cada día más bestiales, asesinas y destructoras. En realidad, en el período de decadencia, ya no son las guerras las que están al servicio de la economía, sino ésta la que está al servicio de la guerra. Y eso tanto en tiempos de guerra como en tiempos de "paz". Todo el período desde 1945 hasta hoy lo ilustra con creces.
"Durante el siglo XX, las guerras han apuntado cada vez más a la economía y las infraestructuras de los Estados, al igual que a sus poblaciones civiles. Desde la IªGuerra mundial, el número de víctimas civiles de la guerra ha sido mucho más importante que el de las militares en todos los países beligerantes, excepto en Estados Unidos…En esas condiciones, ¿por qué llevaron a cabo la Iª Guerra mundial las potencias dominantes como un juego con un monto nulo, o sea como una guerra que no podía ni ser ganada ni ser perdida por completo? (…) En los hechos, la única finalidad de la guerra que contaba era la victoria total y, para el enemigo, lo que se llamaría más tarde (durante la IIª Guerra mundial) una "capitulación sin condiciones". Era un objetivo absurdo y autodestructor, que arruinó a la vez a vencedores y a vencidos. A estos los arrastró a la revolución, a aquéllos a la quiebra y el agotamiento físico." (E.J. Hobsbawn).
Esas características propias de las guerras imperialistas del siglo XX se verificaron dramáticamente en la IIª Guerra mundial y hasta nuestros días en todos los conflictos que se han desencadenado. Desde 1989, con la desaparición de los bloques imperialistas formados en torno a EE.UU y la URSS, la amenaza de guerra mundial ha desaparecido. Pero la desaparición de los bloques, y la disciplina que exigían, ha dejado cancha libre a la explosión de una profusión de conflictos bélicos que provocan, alimentan y azuzan las grandes potencias imperialistas, a pesar de las dificultades para controlarlos una vez declarados. Las características principales de la guerra en el período de decadencia, no han desaparecido con la desaparición de los bloques imperialistas. Muy al contrario: se ha venido a añadir, elemento agravante, la tendencia a "cada uno para sí" que ha suplantado a la disciplina de bloque. Cada potencia imperialista, cada Estado, grande o pequeño, quiere jugar sus propias bazas contra los demás. El mundo capitalista ha entrado en una fase particular de su decadencia histórica, fase a la que nosotros definimos como fase de descomposición (5). Independientemente del análisis que se haga sobre el tema, o del nombre que se le dé: "no se puede seriamente dudar de que una era de la historia mundial se acabó a finales de los años 80 y principios de los 90, y que se ha iniciado una nueva era (…) La última parte del siglo ha sido una nueva era de descomposición, de incertidumbre y de crisis, y, parauna buena parte del mundo, África, la ex URSS y la antigua Europa socialista, de catástrofe" (ídem).
Las guerras del período dedescomposición del capitalismoLas tensiones imperialistas actuales deben comprenderse en esa situación histórica particular, inédita. Esto escribíamos en 1990: "En el período de decadencia del capitalismo, todos los Estados son imperialistas y toman sus disposiciones para asumir esa realidad: economía de guerra, armamento, etc. Por eso, la agravación de las convulsiones de la economía mundial va a agudizar las peleas entre los diferentes Estados, incluso, y cada vez más, militarmente hablando. La diferencia con el período que acaba de terminar es que estas peleas, estos antagonismos, contenidos antes y utilizados por los dos grandes bloques imperialistas, van ahora a pasar a primer plano. La desaparición del "gendarme" imperialista ruso, y la que de ésa va a resultar para el "gendarme" norteamericano respecto a sus principales "socios" de ayer, abren de par en par las puertas a rivalidades más localizadas. Esas rivalidades y enfrentamientos no podrán, por ahora, degenerar en conflicto mundial, incluso suponiendo que el proletariado no fuera capaz de oponerse a él. En cambio, con la desaparición de la disciplina impuesta por la presencia de los bloques, esos conflictos podrían ser más violentos y numerosos y, en especial, claro está, en las áreas en las que el proletariado es más débil." (6)
Cuando ya los Balcanes y Oriente Próximo son y seguirán siendo, mientras perdure el capitalismo, zonas de guerras y conflictos permanentes, durante las últimas semanas hemos asistido a multiplicación de las tensiones interimperialistas directamente entre las grandes potencias. Y es Estados Unidos el país que adopta una actitud agresiva: "Sigue siendo un misterio el motivo de lo que parece ser una brutalidad gratuita hacia Rusia y China, pero también hacia Corea del Sur y los europeos" (W. Pfaff, International Herald Tribune, 28/03/01). Sería muy reductor explicar esa nueva agresividad por la presencia de Bush junior. Cierto, el cambio de presidente y de equipo gubernamental es una ocasión para dar otro rumbo a la política, pero, en realidad, se mantienen las grandes tendencias de fondo de la política norteamericana. Ese juego de "miren qué músculos" o de "agárrenme, que los mato" no tiene nada que ver con las deficiencias intelectuales de la familia Bush, como quieren hacernos creer los medios europeos y hasta algunos estadounidenses. Se trata de una tendencia de fondo que viene impuesta por la situación histórica.
"Con la desaparición de la amenaza rusa, la "obediencia" de las demás grandes potencias ya no está garantizada ni mucho menos (por eso es por lo que se ha desintegrado el bloque occidental). Para obtener esa obediencia, Estados Unidos deberá desde ahora adoptar un comportamiento claramente ofensivo en el plano militar" (Revista internacional, nº 67, "Informe sobre la situación internacional del IXº Congreso de la CCI", 1991). Desde entonces, esa característica de fondo de la política imperialista americana no se ha desmentido, pues "Frente al crecimiento irresistible de la tendencia "cada uno para sí", Estados Unidos no tiene más solución que una política de ofensiva militar permanente" (Revista internacional nº 98, "Informe sobre los conflictos imperialistas del XIIIº Congreso de la CCI", 1999).
Antagonismos imperialistas crecientesLa necesidad de enseñar bíceps se impone más todavía porque EE.UU. se encuentra en una situación difícil en el ámbito diplomático. La extensión de la guerra balcánica a Macedonia expresa las dificultades americanas para dominar la situación en esa parte del mundo. Sin apoyo real en la región contrariamente a los británicos, franceses o rusos tradicionalmente aliados de Serbia, y de los alemanes antiserbios y apoyados en croatas y albaneses, los Estados Unidos están obligados a adaptar su política en función de las circunstancias. No es pues por casualidad, "si la OTAN permite que vuelva parcialmente el ejército yugoslavo a la "zona de seguridad" que rodea a Kosovo (…) La preocupación de asociar a Belgrado en la prevención de un nuevo conflicto en la región es patente" (Le Monde, 10/03/01). EEUU, al igual que los aliados de Serbia, están interesados en la estabilidad de Macedonia, "considerada siempre como el eslabón débil que hay que proteger so pena de desestabilizar todo el Sureste europeo" (ídem). La única potencia que saca tajada de la extensión de la guerra a Macedonia, la única a la que no interesa que haya estabilidad, manteniéndose el statu quo es Alemania. Con una Croacia independiente, el territorio croata de Bosnia-Herzegovina, una gran Albania que hiciera estallar a Macedonia y Montenegro, se realizaría el objetivo histórico de Alemania de abrirse directamente hacia el Mediterráneo. Evidentemente, tal perspectiva abriría el apetito, momentáneamente reprimido, de Grecia y Bulgaria sobre…Macedonia. El presidente macedonio no se confundió al señalar a los verdaderos responsables de la ofensiva de la guerrilla albanesa. Era antes del cambiazo de Estados Unidos. "En Macedonia, hoy, no convencerán ustedes a nadie de que Estados Unidos y Alemania no saben quiénes son los jefes de los terroristas y que no podrían, si lo quisieran, impedirles actuar" (Le Monde, 20/03/2001).
Como en Afganistán, como en África, como en tantas otras regiones del mundo que conocen guerras y conflictos típicos de la descomposición del capitalismo, la paz en los Balcanes no se realizará mientras perdure el capitalismo.
Y lo mismo ocurre con Oriente Próximo. Como ya lo anunciábamos en el número anterior de esta Revista "el plan que Clinton quería imponer a toda costa antes de abandonar la presidencia de Estados Unidos será papel mojado como era de prever". La nueva administración Bush parece querer tener en cuenta las dificultades estadounidenses para imponer la "pax americana". De hecho, parece integrar y aceptar la idea de que la región será siempre un foco de guerra o que, como mínimo, el conflicto entre Israel y los palestinos no tendrá nunca fin. Colin Powell, nuevo secretario de Estado norteamericano (ministro de Exteriores), ex jefe del Estado Mayor del ejército en la Guerra del Golfo, reconoce hoy que "no hay fórmula mágica" tanto más porque Israel ya no vacila en hacer su propia política, expresión de las tendencias centrífugas en el actual período histórico, incluso cuando aquélla es contraria a la política norteamericana. Por su parte, la burguesía de Palestina (país cuya población asfixiada económicamente, en la mayor miseria y sometida a represión permanente, sólo puede expresar su desesperación en un nacionalismo suicida antiisraelí) es apoyada por las potencias europeas. Francia, en especial, no vacila en favorecer todo aquello que pueda ir en contra de la política norteamericana en la región.
La respuesta de EEUU a su propia impotencia ha sido un mortífero bombardeo sobre Bagdad en cuanto Bush subió al poder. Ha sido un mensaje para todos, a los países árabes de la región y a las demás potencias imperialistas: los Estados Unidos ya no pretenderán imponer su paz, sino que golpearán cada vez que sea necesario, cuando estimen que alguien "se ha pasado de la raya". No solo no habrá paz entre israelíes y palestinos, sino que la guerra, más o menos larvada, corre el riesgo de generalizarse por toda la región. Las leyes mismas del mundo capitalista empujan inevitablemente a la exacerbación de las rivalidades imperialistas, a la multiplicación de los conflictos bélicos por todos los continentes, por el planeta entero, al igual que la agravación irreversible de la crisis económica. El capitalismo agonizante no podrá nunca aportar "paz y prosperidad". Solo más guerra y más miseria, sin fin.
¿ Qué alternativa a la barbarie capitalista ?Solo la teoría marxista supo, ya en 1989, desde el final del bloque del Este y antes incluso de la explosión de la URSS, comprender y prever el significado de los acontecimientos y sus consecuencias para el mundo capitalista y la clase obrera internacional (7). No se trata de ninguna superioridad de unos cuantos individuos, ni de ninguna creencia ciega y estúpida en no se sabe qué Biblia. Si el marxismo ha sido clarividente es porque es la teoría del proletariado internacional, la expresión de su ser revolucionario. Es porque el proletariado es la clase revolucionaria por lo que el marxismo existe y puede captar las grandes líneas del devenir histórico, y, especialmente, la imposibilidad para el capitalismo de resolver los problemas dramáticos que su supervivencia acarrea. Ante el reconocido deterioro de la economía mundial, por mucho que la burguesía intente minimizar sus consecuencias y los ataques que hoy está llevando a cabo contra la clase obrera internacional, especialmente en Europa occidental, los obreros deberán quitarse el velo de los ojos y ver qué hay detrás del mito de la prosperidad y del futuro radiante del capitalismo. Ya ahora, cierta combatividad obrera está tendiendo a desarrollarse, una combatividad que los sindicatos se esfuerzan por canalizar, contener y desviar. Por lenta que sea en afirmarse y desarrollarse esa combatividad, por tímidas que sean las réplicas actuales de la clase obrera internacional a la situación que se le impone, esas luchas llevan en sí la superación de esta barbarie cotidiana y la supervivencia de la humanidad. El derrocamiento del capitalismo pasa por la réplica a los ataques económicos que soporta la clase obrera y por la negativa a participar en toda guerra imperialista, por la afirmación del internacionalismo proletario. También exige el desarrollo y la extensión más amplia de las luchas obreras cada vez que sea posible. Es la única vía hacia una perspectiva revolucionaria y la posibilidad para la especie humana de una sociedad sin guerra, sin barbarie. No hay otra solución, no queda más alternativa.
RL, 7/04/01
1. Ver nuestra prensa territorial. 2. Estamos de acuerdo con esa constatación que el marxismo ya ha explicado y denunciado desde hace mucho. Evidentemente, la conclusión que saca nuestra honrada y, sin duda, sincera "Consejera estratégica de la organización humanitaria Acción contra el hambre", o sea que "urge dar poder adquisitivo a los pobres del Sur para que puedan volverse consumidores" es algo totalmente irrealizable, pues no rompe con las leyes mismas del modo de producción capitalista, las cuales son precisamente la causa de tal situación. 3. "La mayoría de los Estados del África subsahariana, quizás con la excepción del África austral, están atravesando una fase de lenta descomposición" (Le Monde Diplomatique, marzo de 2001). 4. La prensa de los gobiernos occidentales se han conmovido enormemente por la destrucción de los Budas por los talibanes. Son una pérdida sin duda para el patrimonio cultural universal. Pero es difícil no ver ahí lo hipócritas que son y la oportunidad que aprovechan para sus campañas ideológicas: cabe recordar que las burguesías occidentales y democráticas no tuvieron el menor empacho en bombardear hasta el suelo, al final de la guerra mundial, todas las ciudades alemanas y machacar a millones de civiles, y destruir así un patrimonio cultural e histórico importante también. 5. Revista internacional nº 62, "La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo", mayo de 1990. 6. "Tras el hundimiento del bloque del Este; inestabilidad y caos" (10/02/1990), Revista internacional nº61. 7. Revista internacional nº 60 "Tesis sobre la crisis económica y política en la URSS y en los países del Este", septiembre de 1989.