A los militantes del BIPR
París, 7 de Diciembre de 2004.
Camaradas,
Desde el 2 de Diciembre hemos asistido a discretas modificaciones en la página web del BIPR. Primero la versión inglesa, y después la versión española, de la “Declaración del Círculo de Comunistas Internacionalistas contra la metodología nauseabunda de la CCI”, del 1 de Octubre, que estaba colgada hacía mes y medio, desaparecen (curiosamente se mantiene la versión francesa, y sigue ahí en el momento en que os enviamos esta carta). ¿El BIPR tiene una política diferente según el país o la lengua?[1]. Además, en las páginas en Italiano, la introducción que precede a la “Toma de posición del Círculo de Comunistas Internacionalistas sobre los hechos de Caleta Olivia” pierde sus ¾ partes, y entre ellas el siguiente párrafo: “Recientemente el Núcleo Comunista Internacionalista de Argentina ha roto con la Corriente Comunista Internacional, a la que desde hace tiempo consideramos como inútil superviviente de una vieja política indiscutiblemente inadaptada para contribuir a la formación del Partido internacional. La organización argentina ha cambiado de nombre adoptando el de Circulo de Comunistas Internacionalistas”.
Estas modificaciones demuestran que el BIPR empieza (¿quizá?) a tomar conciencia del avispero en el que se ha metido al tomar por moneda corriente, publicando sin la menor precaución, lo que ese pretendido Circulo le ha contado en sus diversas “Declaraciones” en especial en lo tocante al comportamiento de la CCI. En resumen, el BIPR ya no puede ocultarse, ni desde luego ocultar a los lectores de su web en Internet, lo que la CCI viene afirmando desde hace tiempo: las acusaciones vertidas contra nuestra organización son una sarta de mentiras inventadas por un elemento turbio, un impostor mitómano sin escrúpulos. Dicho esto, la discreta y progresiva desaparición de esas “declaraciones” no disminuye un ápice la gravedad de la falta política, por no decir el incalificable comportamiento, del que vuestra organización es responsable. Todo lo contrario.
Por ello esta carta es un llamamiento solemne a los militantes del BIPR frente al comportamiento absolutamente escandaloso de su organización, comportamiento incompatible con una actitud de clase proletaria.
UN BREVE RECORDATORIO DE LOS HECHOS:
Hacia mediados de Octubre, el BIPR publica, en varias lenguas, en su web la famosa “Declaración contra la metodología nauseabunda de la CCI” del supuesto “Circulo de Comunistas Internacionalistas” que se presenta como sucesor del “Núcleo Comunista internacional” con quien la CCI había mantenido discusiones desde hacía varios meses (con dos encuentros incluso en Argentina entre el NCI y delegaciones de la CCI).
En sustancia ¿Qué contiene esa “Declaración”?: Una serie de acusaciones extremadamente graves contra nuestra organización:
- la CCI emplea “prácticas que no corresponden a la herencia legada por la Izquierda Comunista, sino son más bien métodos propios de la izquierda burguesa y del estalinismo” con “hipócrita intención de destruir [a nuestro pequeño núcleo] (es decir al “Círculo”, nueva denominación del NCI) o a sus militantes de forma individual provocando la mutua desconfianza y sembrando los gérmenes de la división en las filas de este pequeño grupo”;
- la CCI “está metida en una dinámica de destrucción no solo de aquellos que osan desafiar las “leyes y teorías inmutables” de los gurús de esa corriente, sin contra todos que tratan de pensar por si mismos y dicen NO a los chantajes de la CCI”;
- la CCI emplea “la táctica estalinista de “tierra quemada”, es decir, no solo la destrucción de nuestro pequeño y modesto grupo, sino la oposición activa a cualquier tentativa de reagrupamiento revolucionario si la CCI no está a su cabeza por su política sectaria y oportunista. Por eso no duda en emplear toda suerte de maniobras repugnantes para lograr su objetivo central: desmoralizar a sus oponentes y así eliminar todo “potencial enemigo”;
- “la CCI trata de sabotear cualquier tentativa de reagrupamiento revolucionario, que no responda a sus pretensiones, como fue el caso en la Reunión Pública [del BIPR] el 2 de Octubre de 2004 en París (Francia) y (…) y hoy trata de destruir a nuestro pequeño grupo de Argentina”.
Cualquier lector que esté mínimamente al corriente de las cuestiones que conciernen a los grupos de la Izquierda Comunista (o que se reclaman de ella) habrá reconocido que el estilo de esas calumnias es el mismo de las que la FICCI lleva años vertiendo contra nuestra organización. Pero la analogía no se para ahí. La vemos también en el aplomo con el que miente de forma tan descarada:
“De forma unánime, los camaradas a los que la CCI telefoneó para sembrar los gérmenes de la desconfianza y la destrucción de nuestro pequeño grupo, proponen al conjunto de miembros del Circulo de comunistas internacionalistas el rechazo total del método político de la CCI al considerarlo como típicamente estalinista y que tiene como objetivo central, objetivo de la dirección actual de la CCI, impedir el reagrupamiento revolucionario por el que luchan diversos contactos y grupos; y proponen denunciar estas actitudes ante el conjunto de corrientes que se reclaman de la continuidad de la Izquierda Comunista”.
La realidad es completamente distinta, como ya hemos mostrado en otros textos y como demuestra la declaración del NCI del 27 de Octubre: Efectivamente nosotros telefoneamos a un camarada del NCI pero en absoluto para trata de “destruir [al NCI] o a sus militantes individualmente”. El objeto de nuestra primera llamada era tratar de saber cómo se había constituido ese “Circulo de Comunistas Internacionalistas” y porqué camaradas que semanas antes habían mantenido una actitud extremadamente fraternal con nuestra delegación y no habían manifestado ningún desacuerdo con la CCI (especialmente respecto a los comportamientos de la FICCI), ahora el 2 de Octubre adoptaban una “Declaración” especialmente hostil contra nuestra organización y daban la espalda a todo aquello que hasta entonces habían defendido. Ya desde ese momento percibíamos que el conjunto de camaradas del NCI no se habían asociado a esa “Declaración” (a pesar de que en ella se afirmaba que había sido adoptada por “unanimidad” de los miembros del NCI).Las discusiones que mantuvimos por teléfono con los compañeros del NCI nos permitieron informarles sobre lo que estaba pasando: la aparición de un “Circulo” que se presentaba como el continuador del NCI y que lanzaba su ataque contra la CCI. Igualmente pudimos verificar que estos camaradas no tenían ni la más remota idea de nueva política que llevaba el ciudadano B (el único que tenía acceso a internet) en su nombre y a sus espaldas. Cuando le preguntamos al primero de los camaradas con el que pudimos hablar si quería que volviéramos a llamarle, nos contestó que por supuesto y que con cuanta más frecuencia mejor, nos pidió que le volviéramos a llamar a la hora en que estaría con otros camaradas para que pudiéramos hablar también con ellos. Esa era la “petición unánime de los camaradas del NCI telefoneados”: en ningún momento habían “propuesto al conjunto de miembros del “Circulo” el rechazo total del método político de la CCI” sino que lo saludaban calurosamente. El método “que consideraban como típicamente estalinista” es el del Sr. B.
Ese interesante personaje nos advertía al principio de su declaración del 12 de Octubre: lo que se afirma sobre la “metodología de la CCI” puede “parecer mentira”. Efectivamente las “declaraciones” del Sr. B pueden “parecer una mentira”y ello por una buena razón: ciertamente son mentira, una sarta de mentiras. Evidentemente la FICCI se ha tragado inmediatamente esa mentira pues para ella es pan bendito todo lo que pueda ensuciar la reputación de nuestra organización y poco le importa si la acusación puede “parecer mentira”, al fin y al cabo la mentira es su segunda naturaleza, su marca de fábrica (junto al chantaje, el robo y la delación). Pero lo verdaderamente increíble, lo que “parece mentira”, es que una organización de la Izquierda Comunista, el BIPR, siga los pasos de la FICCI y publique en su web, sin el menor comentario, las elucubraciones infames del Sr. B, dándoles con ello su aval.
Al BIPR le gusta dar lecciones a los demás, por ejemplo da su propia interpretación a las crisis de la CCI creyendo a pies juntillas las mentiras de la FICCI sin molestarse en examinar seriamente el análisis que hace la propia CCI (ver sin ir más lejos “Elementos de reflexión sobre las crisis de la CCI” en la web del BIPR). En cambio no le gusta nada las opiniones sobre su forma de actuar: “rechazamos por ridículas las “advertencias” [de la CCI]”, “Ni a la CCI, ni a nadie tenemos por qué rendir cuentas sobre nuestras acciones políticas, y la pretensión de la CCI de relanzar las presuntas tradiciones de la Izquierda Comunista nos parecen simplemente patéticas” (ver “Respuesta a las estúpidas acusaciones de una organización en vía de desintegración”). Pese a todo, nos permitiremos el lujo de decirle como actuaría la CCI de haber recibido una declaración como la del “Circulo” que pusiera en tela de juicio gravemente al BIPR. Lo primero que habríamos hecho es ponernos en contacto con el BIPR pidiendo su versión sobre tales acusaciones. Habríamos verificado la credibilidad y honorabilidad del autor de tales acusaciones. De verificarse que tal acusación era falsa la habríamos denunciado inmediatamente dando nuestro apoyo y nuestra solidaridad al BIPR. En caso de que la acusación fuera fundada y considerásemos necesario darlo a conocer en nuestra prensa, pediríamos al BIPR que nos hiciera llegar su posición a fin de publicarlo al lado del documento en el que se le acusa.
Podéis pensar que son solo bellas palabras y que en realidad habíamos hecho otra cosa. En todo caso los lectores de nuestra prensa saben cual es la forma de actuar de la CCI y saben que la hemos llevado a la práctica por ejemplo cuando LA Workers’ Voice lanzó una campaña de denigración contra el BIPR (ver Internationalism nº 122).
¿Cómo ha actuado el BIPR al recibir la “Declaración del Círculo”?. No solo se ha contentado con avalarla al publicarla en su web en varias lenguas, sin verificar su autenticidad, además durante más de 10 días ha evitado publicar el desmentido que le habíamos enviado y que en varias ocasiones habíamos reclamado que se publicase junto a la declaración del “Circulo” (ver las cartas del 22, 26 y 30 de Octubre).
Lo mínimo que podía hacer el BIPR era publicar nuestro desmentido (eso es algo que en general se acepta hasta en la prensa burguesa) y para conseguirlo han hecho falta tres carta y ciertos acontecimientos que ponen en evidencia lo mentiroso de la “Declaración”. Publicar nuestro desmentido era lo mínimo pero totalmente insuficiente porque mientras el BIPR no tome posición sobre la declaración del “Círculo” seguirá avalando sus mentiras. Por eso en nuestras cartas del 17 y 21 de Noviembre os pedíamos “publicar inmediatamente (es decir a vuelta de correo) en vuestra web la Declaración del NCI del 7 de Octubre que está disponible en nuestra propia web en todas las lenguas correspondientes”, una declaración que no la hace la CCI y se podría sobrentender que echa agua a nuestro molino, sino los testigos principales de la impostura y las mentirosas calumnias del Sr. B. Hasta la fecha no habéis publicado esa declaración del NCI (que os mandaron desde Buenos Aires por correo postal) y eso que sois conscientes de que es verídica, de no ser así no habríais eliminado progresiva y discretamente de vuestra web la declaración del “Círculo”.
Durante semanas os habéis hecho los sordos a nuestras demandas de que restablecieseis la verdad. Hoy cuando la verdad se impone (y no precisamente gracias a vosotros) elegís el método más hipócrita de todos para tratar de que no os salpique: retirar el documento que desde hace cerca de dos meses ha vertido sobre nuestra organización toneladas de lodo, retirada tan sigilosa como su puesta en circulación, sin la más mínima explicación.
¿Camaradas, sois conscientes de la gravedad de vuestro comportamiento? ¿Sois conscientes de que tal actitud no es digna de un grupo que se reclama de la izquierda comunista sino propia del trotskismo más degenerado o del estalinismo?,.¿Os dais cuenta de que estáis haciendo lo mismo que el Sr. B (los recientes escarceos en su web con “Argentina Roja” prueba que vuelve a sus antiguos amoríos estalinistas) que se pasa el rato quitando y poniendo documentos en su web tratando de borrar pistas?
En todo caso, ya que habéis puesto vuestros medios de comunicación al servicio de a calumnia contra la CCI no basta con eliminar discretamente esa calumnia como si nada hubiera pasado. Habéis cometido una falta política muy grave y ahora debéis repararla. El único medio digno de una organización proletaria es declarar en vuestra web que el documento que estuvo colgado en ella durante cerca de dos meses es una sarta de mentiras, así como denunciar las andanzas del Sr. B.
Nos damos cuenta de la amarga decepción que debisteis sentir al descubrir la verdad: el NCI no ha roto con la CCI, y el “Circulo” en quien teníais depositadas grandes esperanzas (ver vuestro artículo en Battaglia Comunista de Octubre “Anche in Argentina qualcosa si muove”) es una impostura fruto de la mente calenturienta del Sr. B. Pero eso no es razón para evitar tomar posición sobre los métodos de ese impostor. También se trata de una cuestión elemental de solidaridad hacia los militantes del NCI victimas en primera línea de las manipulaciones infames de ese elemento que ha usurpado su nombre.
Entendemos que os cueste reconocer públicamente que, de nuevo (tras vuestro comunicado del 2 de Septiembre de 2003 sobre los “Comunistas Radicales de Ucrania”), os han estafado. Cuando esta desgracia os sobrevino la CCI no hizo el más mínimo comentario. Más que hurgar en la herida, pensamos que lo que os toca hacer, como “fuerza dirigente responsable” (según vuestros propios términos), es sacar las lecciones de esta experiencia. No nos ha sorprendido tras los desengaños que habéis sufrido con el SUCM y la LAWV, pese a nuestras advertencias que “rechazasteis como ridículas”. Pero en este asunto las cosas han ido más lejos que el de acabar siendo el tonto de la farsa. Tras la supina ingenuidad con la que habéis creído a pie juntillas a un mitómano timador, se oculta la duplicidad con la que habéis acogido en vuestra web las infamias de ese individuo. Es un comportamiento absolutamente indigno de una organización que se reclama de la Izquierda Comunista.
El BIPR afirma que la CCI ha “perdido toda capacidad/posibilidad de contribuir positivamente al proceso de formación del indispensable partido comunista internacional” (Battaglia Comunista, Octubre 2004). Contrariamente al BIPR (y a las diversas capillitas de la corriente bordiguista), la CCI jamás se ha considerado la única organización capaz de contribuir positivamente a la formación del futuro partido revolucionario mundial, incluso si estima evidentemente que su propia contribución a esta tarea será la más decisiva. Por eso, desde su reaparición en 1964 (mucho antes de la fundación de la CCI propiamente dicha) nuestra corriente se dio la misma orientación que la izquierda comunista de Francia y ha defendido siempre la necesidad del debate fraternal y la cooperación (evidentemente en la claridad) entre las fuerzas de la Izquierda comunista. Incluso antes de que Battaglia Comunista en 1976 hiciera la propuesta de organizar las conferencias internacionales de los grupos de la izquierda comunista, nosotros le habíamos hecho esa misma propuesta a BC en múltiples ocasiones aunque en vano. Por eso respondimos con entusiasmo a la iniciativa de Battaglia y nos implicamos con determinación y seriedad en ese trabajo. Igualmente, por esa misma razón lamentamos y condenamos la decisión de Battaglia y de la CWO de poner fin a ese esfuerzo al término de la 3ª Conferencia en 1980.
En efecto, consideramos que ciertas de las posiciones del BIPR son confusas, erróneas o incoherentes, y que pueden sembrar o mantener confusiones en el seno la clase. Por eso publicamos regularmente polémicas en nuestra prensa en las que criticamos esas posiciones. Sin embargo pensamos que el BIPR por sus principios fundamentales es una organización del proletariado y que aporta una contribución positiva en su seno contra las mistificaciones burguesas (especialmente cuando defiende el internacionalismo contra la guerra imperialista). Por eso hasta el presente siempre hemos considerado que a la clase obrera le interesaba preservar a una organización como el BIPR. Ese no es vuestro análisis en lo tocante a nuestra propia organización, ya que en vuestra reunión con la FICCI en Marzo de 2002 afirmasteis “estamos llamados a concluir que la CCI se ha convertido en una organización “no válida”, por consiguiente nuestro objetivo será hacer todo lo que este en nuestras manos para que desaparezca” (Boletín de la FICCI nº 9) y desde entonces se ha aplicado a fondo en esa tarea.
Que consideréis que la CCI es un obstáculo para la toma de conciencia de la clase obrera y que es preferible, para su combate, que desaparezca, no nos plantea ningún problema. A fin de cuentas esa es la posición que siempre han defendido las diversas capillas de la corriente bordiguista. Tampoco nos plantea ningún problema que os deis los medios de lograr tal objetivo. La cuestión es ¿Qué medios? La burguesía está igualmente interesada en que desaparezca la CCI, como en que desaparezcan el resto de los grupos de la Izquierda Comunista, para ello lanza repugnantes campañas contra esta corriente asimilándola a la corriente “revisionista” cómplice de la extrema derecha. Para la clase dominante TODOS los medios son buenos, incluida en primer término la mentira y la calumnia. Pero no para las organizaciones que pretenden luchar por la revolución proletaria. La Izquierda Comunista, al igual que las otras organizaciones del movimiento obrero que le precedieron, no se distingue sólo por sus posiciones programáticas, como el internacionalismo; en su combate contra la degeneración de la IC y contra la deriva oportunista que llevó al trostkismo al campo de la burguesía, la Izquierda siempre reivindicó un método basado en la claridad, y en la verdad, especialmente frente a las falsificaciones suministradas por el estalinismo. Como decía Marx: “La verdad es revolucionaria”. Dicho de otra forma, la mentira, y más aún la calumnia, no son armas del proletariado sino de la clase enemiga. Y la organización que las utiliza como instrumentos de combate, sean cuales sean sus posiciones programáticas, camina por la senda de la traición o, en todo caso, se convierte en un obstáculo decisivo para la toma de conciencia de la clase obrera. Efectivamente en tal caso, y más que ante errores en su programa, es preferible, desde el punto de vista de los intereses del proletariado, que esa organización desaparezca.
Camaradas,
Os lo decimos francamente: si el BIPR persiste en la política de mentiras, de calumnias, y lo que es peor de “dejar decir” y de silencio cómplice ante las acciones de grupúsculos cuya razón de existir y su marca de fábrica es precisamente esa, tal como el “Círculo” y la FICCI, dará prueba de que se ha convertido en un obstáculo para la toma de conciencia del proletariado. Será un obstáculo no tanto por el descrédito que podría aportar a nuestra organización (los recientes acontecimientos han demostrado que somos capaces de defendernos, auque vosotros estiméis que “la CCI está en vía de desagregación”) sino por el descrédito y el deshonor que este tipo de comportamientos inflinge a la memoria de la Izquierda Comunista de Italia, y por tanto a su irremplazable contribución. En ese sentido será preferible que el BIPR desaparezca y “nuestro objetivo será hacer todo lo posible para empujar hacia su desaparición” como bien decís vosotros. Esta claro, evidentemente, que para lograr tal fin solamente emplearemos las armas propias de la clase obrera entra las que nos están, cae por su propio peso, la mentira y la calumnia.
Un último punto:
La declaración del 12 de Octubre del “Circulo”, al igual que el artículo del Boletín 28 de la FICCI, evoca nuestras supuestas “tentativas de sabotaje” durante vuestra reunión pública del 2 de Octubre en París. Vosotros mismos no sois ajenos a ese tipo de acusación ya que en la primera versión de vuestra toma de posición sobre esa reunión pública que sólo apareció en italiano (y no en francés, ¡otro misterio más del BIPR¡) decís “las vanguardias revolucionarias incluso si son reducidas, y obstaculizadas en su emergencia por los miasmas producidos por una organización en vía de desagregación, como la CCI en París. Por eso el BIPR continuará su trabajo también en París, tomando todas las medidas necesarias para prevenir y evitar los sabotajes, vengan de donde vengan”. Más tarde habéis retirado este ultimo párrafo (puede que no estuvierais muy seguros de vosotros mismos) especialmente la referencia a nuestros “sabotajes”. Pero un cierto número de visitantes de vuestra web y de abonados que se ha comunicado por Email han tomado nota de esas acusaciones. Por su parte la FICCI y el “Circulo” siguen teniéndolo colgado en sus web respectivas sin que vosotros lo desmintáis.
Camaradas si creéis que tratamos de sabotear vuestra reunión pública en París decirlo abiertamente y explicar porqué. Así podremos discutirlo con argumentos en vez de enfrentarnos a sinuosos rumores.
Una última cosa. Esta carta se centra en una única cuestión: la publicación en vuestra web de una “Declaración” infame y calumniosa contra la CCI. Pero, dicho esto, el uso de la mentira y la calumnia (ya sea de forma activa o pasiva) como medio de “combate” contra la CCI no se para ahí. Os recordamos que os hemos escrito dos cartas en las que os pedimos, entre otras cosas, que toméis posición sobre algo de la mayor importancia (a no ser que esas palabras no signifiquen nada para vosotros): “¿Creéis que la CCI, como no cesa de repetir la FICCI, está dominada por agentes del Estado capitalista pertenecientes a su policía o a una secta franc-masona)?”.
Igualmente os recordamos que hasta este momentos no nos habéis dado ninguna explicación de cómo llegó a la dirección de nuestros abonados, cuyo fichero robó la FICCI y vosotros justificáis, la invitación a vuestra reunión pública cuando ellos no os habían comunicado su dirección. La única explicación que tenemos es la que nos dio uno de los miembros del presidium de vuestra reunión pública del 2 de octubre en París cuando dijo: “no estábamos al corriente del envío de esas invitaciones y no estamos de acuerdo”.
· ¿Si el BIPR no las mandó, quien lo hizo?
· ¿Por qué no aprobáis esa iniciativa y en cambio aprobáis el robo de nuestro fichero de abonados?
Si no tenéis interés en dar explicaciones a la CCI, al menos tener la corrección de dárselas a nuestros abonados, que no son necesariamente simpatizantes de la CCI.
Hasta aquí un conjunto de cuestiones que, para nosotros, no están cerradas y que volveremos a plantear cada vez que sea necesario si decidís aplicar vuestra política tradicional de silencio ante nuestra correspondencia.
Recibid, camaradas, nuestros saludos comunistas.
La CCI.
[1] Esto no se plantea solo a propósito de la fecha de retirada de la “Declaración” del 12 de Octubre, sino también respecto a su inserción en la web del BIPR. En efecto, esa declaración jamás se ha publicado en italiano mientras que si se han publicado en esa legua otros textos del Circulo “Presa di posizione del Circolo di Comuinisti Internazionalisti sui fatti di Calet Olivia” (“Toma de posición del Circulo de Comunistas Internacionalistas sobre los sucesos de Caleta Olivia”) y “Prospettive della clase operaia in Argentina e nei Paesa periferici” (“Perspectivas para el proletariado en Argentina y en las naciones periféricas”), que curiosamente el BIPR no ha publicado en otros idiomas. ¡Que lo compre quien lo entienda! Esperamos que al menos los militantes del BIPR sepan la razón de tan sorprendente decisión.
En la primera parte de este artículo (véase Revista internacional nº 119), hemos recordado que para el marxismo y contrariamente a la visión desarrollada por Battaglia comunista (1), la decadencia del capitalismo no es una eterna repetición de sus contradicciones a una escala crecientegún automatismo o fatalismo en la sucesión de los modos de producción que permitiría pensar que el capitalismo, acosado por contradicciones cada vez más insuperables, se retiraría por sí solo de la escena de la historia.
Así, tras haber puesto en entredicho el concepto marxista de decadencia (fatalismo), tras haber afirmado tajantemente que no existiría definición coherente de la decadencia y que por ello este concepto no tendría el menor valor, tras haber rechazado el método marxista para volverlo a definir, vemos ahora a Battaglia rechazar las manifestaciones esenciales que lo caracterizan. En esta segunda parte de nuestro art sino que plantea la cuestión de su supervivencia como modo de producción, según los propios términos utilizados por Marx y Engels. Al rechazar el concepto de decadencia tal como fue definido por los fundadores del marxismo y asumido por las organizaciones del movimiento obrero, Battaglia da la espalda a la comprensión del materialismo histórico que nos enseña que las condiciones de superación de los modos de producción supone que éstos han entrado en una fase de “senilidad” (Marx) “en que sus relaciones de producción ya caducas son un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas” (Marx), no existe el menor “fatalismo” intrínseco en la idea de “autodestrucción”, como lo pretende Battaglia, puesto que si la decadencia de un modo de producción es la condición indispensable para “una transformación de la sociedad entera” (Marx, Manifiesto comunista), es la lucha de clases la que, en última instancia, zanja las contradicciones socioeconómicas y si no lo logra, si ocurre un bloqueo de las relaciones de fuerza entre las clases, la sociedad se hunde entonces en una fase de descomposición, en “la ruina de ambas clases en lucha”, como dice Marx al empezar el Manifiesto comunista. No existe pues ninículo, vamos a:
– señalar los culebreos increíbles y permanentes de Battaglia en su postura sobre el concepto de decadencia;
– seguir examinando los errores metodológicos de análisis que hacen volver a ese grupo hacia el enfoque de los socialistas premarxistas;
– recordar las bases marxistas de las condiciones de la victoria de la revolución;
– examinar las implicaciones del abandono de la noción de decadencia en el plano político de la lucha del proletariado.
Los zigzagueos oportunistas increíbles y permanentes de Battaglia sobre la noción de decadencia
Cuando las discusiones en torno a la adopción de su plataforma política en su primera Conferencia nacional en 1945, el Comité central del “Partido” reconstituido encargó a uno de sus miembros –Stefanini senior, conocido militante de la Fracción italiana de la Izquierda comunista internacional (1828-45)– que presentara un informe político sobre la cuestión sindical. En él, se “reafirma su concepción de que el sindicato en la fase de decadencia del capitalismo está necesariamente vinculado al Estado burgués” (actas de la Primera conferencia internacional del PCInt). Este Informe, presentado el tercer día del Congreso, estaba en contradicción con la plataforma discutida y votada el día anterior (2). Por añadidura, varios militantes apoyaron durante la discusión la posición desarrollada por Stefanini en nombre del Comité central cuando éste, al final de la discusión, llamó sin embargo al Congreso a reafirmar la posición expresada en la Plataforma (3) y consideró que se debía presentar y hacer votar una moción al terminar el Congreso que llamaba a “la reconstrucción de la CGL” y a “la conquista de los órganos dirigentes del sindicato” (ídem, “Moción del Comité central sobre la cuestión sindical”).
Además, a pesar de su reivindicación explícita de continuidad política y organizativa con la Fracción italiana de la Izquierda comunista internacional (1928-45) (4) y a pesar de la presencia de miembros de dicha Fracción en la dirección del “Partido” reconstituido, la Plataforma votada en el Congreso de fundación ni siquiera evoca lo que eran los cimientos y la coherencia política de las posiciones de la Fracción, a saber el análisis de la decadencia del capitalismo. El “Partido” nombró además un Buró internacional para coordinar los grupos surgidos de su extensión organizativa en el extranjero, grupos que por su parte –¡exigencias de la cacofonía!– siguen defendiendo en sus publicaciones... ¡el análisis de la decadencia del capitalismo (5)! Ya podemos ver que con semejantes métodos de agrupamiento ya en su fundación, una verdadera heterogeneidad programática era lo que predominaba en casi todas las cuestiones políticas abordadas. Las Actas de ese Congreso son edificantes en cuanto a la confusión política reinante (6).
Con semejantes confusiones en sus bases políticas no es de extrañar si la noción de decadencia, como el monstruo del Lochness, reaparece en tal o cual ocasión, particularmente en la Conferencia sindical del PCInt de 1947, en la que se afirma, en contradicción con la Plataforma adoptada en 1945, que
“En la fase actual de decadencia de la sociedad capitalista, el sindicato está llamado a convertirse en instrumento esencial de la política de conservación y, por consiguiente, a asumir unas determinadas funciones de los organismos de Estado” (7).
Ese cóctel explosivo en la misma fundación del PCInt no resistirá a la prueba del tiempo y acabará escindiéndose en dos partes en 1952, una en torno a Bordiga (Programa comunista) y la otra en torno a Damen (Battaglia comunista), la cual se reivindica de forma más explícita de las aportaciones políticas de la Fracción italiana de la Izquierda comunista internacional (1928-45) (8). Fue en aquél momento cuando Bordiga desarrolló algunas consideraciones críticas sobre la decadencia (9). Sin embargo, a pesar de la reapropiación de ciertas posiciones de la Fracción, el análisis de la decadencia seguirá sin formar parte de la nueva plataforma de Battaglia tras la escisión de 1952.
Algún tiempo más tarde, en su esfuerzo de agrupamiento de las fuerzas revolucionarias y de discusión con nuestra organización, Battaglia adoptará finalmente el análisis de la decadencia del capitalismo en el marco de la dinámica abierta por las Conferencias internacionales entre 1976 y 1980 (10). Battaglia publicará entonces dos largos estudios sobre la decadencia en sus publicaciones del primer semestre 1978 y de marzo de 1979 (11) así como en sus textos de contribución para las dos primeras Conferencias de los grupos de la Izquierda comunista (12). También aparecerá entonces, en las posiciones básicas que caracterizan a Battaglia y que están publicadas en el reverso de sus publicaciones, un nuevo punto programático que anuncia la adopción de unos principios para analizar la decadencia:
“El aumento de los conflictos interimperialistas, las luchas comerciales, la especulación, las guerras locales generalizadas, confirman el proceso de decadencia del capitalismo. La crisis estructural del sistema lleva al capital más allá de sus límites “normales”, hacia su solución, la guerra imperialista”.
Tras el fallecimiento de Damen senior en octubre del 79, fundador del PCInt e iniciador del ciclo de conferencias, este punto sobre la decadencia desaparecerá de las posiciones de base a partir del nº 3 de Prometeo en diciembre del 79, o sea en vísperas de nuestra expulsión por Battaglia de la tercera conferencia en mayo del 80. Resulta significativo que el análisis de la decadencia del capitalismo, cuestión central en las contribuciones de Battaglia en las dos primeras Conferencias, desaparezca totalmente en sus contribuciones para la tercera, en las que aparece un análisis que anticipa su posición actual... ¡y esto en la discreción más total y sin la menor explicación ni a sus lectores ni a los demás grupos del medio político proletario! Para decirlo todo, señalemos también que Battaglia propone hoy el abandono de lo que seguía afirmando en la plataforma del BIPR del 97, o sea la existencia de una ruptura cualitativa desde la Primera Guerra mundial, entre dos períodos históricos fundamentales y distintos en la evolución del modo de producción capitalista aunque ya no lo explicara, mediante el concepto marxista de ascendencia y decadencia de un modo de producción, concepto que dejó de usar (13). Y tras haber dado tantas vueltas políticas, Battaglia tiene el descaro de quejarse afirmando que está “cansada de discutir de tan poca cosa cuando tenemos tanto que trabajar para entender lo que ocurre en el mundo” (14). ¡Cómo no va a estar cansada cuando se cambia de gafas sin parar y que ya no sabe cuáles tiene que ponerse para “entender lo que ocurre en el mundo”! Hoy podemos comprobar que Battaglia ha escogido gafas de gran aumento para corregir su miopía.
El lector ya habrá podido constatar que a falta de ser experto en marxismo como lo pretende, Battaglia tiene sobre todo talento de surfista para ir sorteando las dificultades del momento y ser el campeón del cambio de chaqueta... pero eso no se acaba ahí. El colmo acaba de ser alcanzado con sus recientes culebreos. En efecto, para quienes leen la prosa de Battaglia, resulta evidente que esta organización quiere librarse definitivamente de una noción que considera, según sus propios términos en una toma de posición de febrero del 2002 y publicada en Internationalist Communist nº 21 (15), como “un concepto tan universal como confuso (...) ajeno al método y al arsenal de la crítica de la economía política”, que no tiene “ningún papel en el terreno de la economía política militante, del análisis profundo de los fenómenos y las dinámicas del capitalismo”, “fuera del materialismo histórico” y que, además, no aparece “nunca en los tres volúmenes que componen el Capital” (16). Pero entonces, ¿por qué demonios Battaglia siente la necesidad dos años después (Prometeo nº 8, diciembre del 2003) de lanzar un gran debate en el BIPR sobre un concepto “confuso”, que no puede “explicar los mecanismos de la crisis”, “ajeno a la crítica de la economía política”, que no aparecería más que accesoriamente en la obra de Marx y estaría ausente de su obra maestra? Enésimo cambio de chaqueta... ¿Se habrá acordado de golpe Battaglia que el primer folleto escrito por su organización hermana (la CWO) se titulaba precisamente Los fundamentos económicos de la decadencia? Esta organización hermana considera con razón que la “decadencia forma parte del análisis de Marx de los modos de producción” y estuvo en el centro de la creación de la Tercera Internacional: “Cuando la fundación de la IC en 1919, parecía en aquel entonces que se había alcanzado la época de la revolución, lo que decretó su Conferencia de fundación” (Revolutionary Perspectives, nº 32)... ¿Estaría dándose cuenta Battaglia que le resulta difícil evacuar un logro del movimiento obrero tan central como es la noción marxista de decadencia de un modo de producción?
Por lo tanto, no es de extrañar que Battaglia, en su contribución de apertura al debate, no tuviera nada que decir sobre la definición y el análisis de la decadencia de los modos de producción desarrollados por Marx y Engels, como tampoco sobre los esfuerzos de éstos por definir las circunstancias y el momento de la decadencia del capitalismo. Battaglia también finge ignorar con altanería que la posición constitutiva de la IC que consistió en analizar y afirmar que la Primera Guerra mundial fue la señal inequívoca de la apertura del período de decadencia del capitalismo. Battaglia, por mucho que se reivindique de la Izquierda italiana (1928-45), se calla, sin embargo, la boca (en todos los idiomas) sobre el hecho de que la Izquierda italiana hizo de la decadencia el marco de su plataforma política. Entonces, en vez de pronunciarse sobre el patrimonio legado por los fundadores del marxismo y profundizado por generaciones de revolucionarios, Battaglia prefiere lanzar anatemas (“fatalismo”) y sembrar la confusión sobre la definición de decadencia... para terminar anunciándonos un debate en el BIPR así como una “gran investigación” de su cosecha: “... la meta de nuestra investigación será verificar si el capitalismo ha agotado su ímpetu en el desarrollo de las fuerzas productivas y, si se verifica, cuándo, en qué medida y, sobre todo, por qué”. Es efectivamente más fácil, cuando se quiere abandonar un logro histórico del marxismo, escribir en una página en blanco que tener que pronunciarse sobre los textos programáticos del movimiento obrero. Ese ya era el método de los reformistas a finales del siglo xix. Por nuestra parte, esperamos los resultados de esa “investigación” con mucho interés y nos empeñaremos en cotejarlos con la teoría marxista y la realidad de la evolución histórica y actual del capitalismo, pero ya podemos observar que los argumentos utilizados desde ahora nos muestran una dirección que no augura nada bueno…
Retorno al idealismo del socialismo utópico
Para Battaglia como para los socialistas utópicos, la revolución no es el producto de una necesidad histórica cuyo origen está en el callejón sin salida de la decadencia del capitalismo, como nos lo mostraron Marx, Engels y Luxemburg:
“... la universalidad hacia la que tiende el capital encuentra limites inmanentes a su naturaleza, los cuales en un cierto estadio de su desarrollo, le hacen aparecer como el mayor obstáculo a esta tendencia y lo empujan a su autodeestrucción...” (Principios de una crítica a la economía política, Proyecto 1857-1858)...;
“la tarea de la ciencia económica (...) consiste más bien en exponer los males sociales que ahora destacan como consecuencia necesaria del modo de producción existente, pero también, al mismo tiempo como anuncios de su inminente disolución; y en descubrir, en el seno de la forma de movimiento económico que está disolviéndose, los elementos de la futura nueva organización de la producción y del intercambio, la cual elimina dichos males....” (F.Engels, Anti-Duhring, parte II, Objeto y método).
“Para el socialismo científico, la necesidad histórica de la revolución socialista está demostrada sobre todo por la anarquía creciente del sistema capitalista que lo encierra en un callejón sin salida” (Rosa Luxemburg, citada en la primera parte de esta serie).
Para el marxismo, la “autodestrucción”, la “disgregación”, el “callejón sin salida” de la decadencia del capitalismo es una condición indispensable para la superación de ese modo de producción, pero eso no implica, ni mucho menos, su desaparición automática, debido a que
“lo que podrá derribarlo, es el martillazo de la revolución, o sea la conquista del poder político por el proletariado” (Rosa Luxemburg).
“La autodestrucción” (Marx), la “disgregación” (Engels), el “callejón sin salida” (Luxemburg) de la decadencia del capitalismo crea las condiciones de la revolución, son los cimientos sin los cuales:
“las bases del socialismo serían idealistas, pues excluirían la idea de la necesidad histórica: en ese caso, el socialismo ya no se basaría en un desarrollo material de la sociedad (...) y dejaría de ser una necesidad histórica; sería entonces todo lo que se quiera, menos el resultado del desarrollo material de la sociedad” (Rosa Luxemburg, obra citada).
Así como siglos de decadencia romana y feudal fueron necesarios para que surgieran las condiciones objetivas y subjetivas necesarias al advenimiento de un nuevo modo de producción, el callejón sin salida de la decadencia del capitalismo es para el proletariado la prueba del carácter históricamente retrógrado de ese modo de producción puesto que, a pesar de lo que piensa Battaglia,
“El socialismo no viene automáticamente y en cualquier circunstancia de la lucha cotidiana de la clase obrera. Nacerá de la exasperación de las contradicciones internas de la economía capitalista y de la toma de conciencia de la clase obrera, que comprenderá la necesidad de abolirlas mediante la revolución social” (Rosa Luxemburg, obra citada).
El marxismo no dice que es inevitable la revolución. Tampoco niega la voluntad como factor histórico, pero demuestra que no es suficiente y que se realiza en un marco material producto de una evolución, una dinámica histórica que debe tener en cuenta para ser eficaz. La importancia que otorga el marxismo a la comprensión de las “condiciones reales”, las “condiciones objetivas” no significa negación de la conciencia y de la voluntad, sino, al contrario, es la única afirmación consecuente de esa conciencia y voluntad. Por lo tanto, si el capitalismo “se reproduce, reeditando todas sus contradicciones a un nivel superior” (Battaglia) ¿dónde están los fundamentos objetivos del socialismo? Como lo recuerda Rosa Luxemburg,
“Para Marx, la rebelión de los obreros, la lucha de clases – y es eso lo que da firmeza a su fuerza victoriosa son los reflejos ideológicos de la necesidad histórica objetiva del socialismo, la cual es también el resultado de la imposibilidad económica objetiva del capitalismo en cierta fase de su desarrollo. Es evidente que el proceso histórico debe llegar necesariamente (o puede) hasta su término, hasta el límite de la imposibilidad económica del capitalismo. La tendencia objetiva del desarrollo capitalista basta para provocar, antes incluso de haber alcanzado ese término, la exasperación de los antagonismos sociales o políticos y una situación tan insostenible que el sistema acaba desmoronándose... Pero esos conflictos sociales o políticos no son, en última instancia, sino el resultado de la imposibilidad económica del capitalismo, y se van exacerbando en la medida en que esta imposibilidad se hace sensible. Supongamos, al contrario, como los “peritos” (como Battaglia, ndlr) la posibilidad de un crecimiento ilimitado de la acumulación: el socialismo pierde entonces las bases graníticas de la necesidad histórica objetiva, y nos hundimos entonces en las tinieblas de los sistemas y escuelas premarxistas que pretendían que el socialismo procedería de la injusticia del siniestro mundo actual así como de la voluntad revolucionaria de las clases trabajadoras (...) a medida que avanza el capital, agudiza los antagonismos de clase y la anarquía económica y política internacional hasta el punto en que provocará contra su dominación la rebelión del proletariado internacional mucho antes de que la evolución económica haya llegado a sus últimas consecuencias: la dominación absoluta y exclusiva de la producción capitalista en el mundo (La acumulación del capital, tomo II, Crítica de las críticas).
No es porque la inmensa mayoría de los hombres esté explotada por lo que la necesidad histórica del socialismo está hoy a la orden del día. Ya reinaba la explotación con el esclavismo, el feudalismo y también con el capitalismo del siglo xix sin que fuese por eso posible el socialismo. Para que éste pueda convertirse en realidad, no solo es necesario que los medios para su instauración (clase obrera y medios de producción) estén suficientemente desarrollados, sino también que el sistema que debe ser superado –el sistema capitalista– haya dejado de ser un sistema indispensable para el desarrollo de las fuerzas productivas y se haya convertido en una traba cada día mayor, o sea que haya entrado en su fase de decadencia:
“La mayor conquista de la lucha de la clase proletaria durante su desarrollo fue el descubrimiento de que la realización del socialismo se apoya en las bases económicas de la sociedad capitalista. Hasta entonces el socialismo era un “ideal”, un sueño milenario de la humanidad; se ha convertido en necesidad histórica” (Rosa Luxemburg, Reforma o revolución).
El error inevitable de los utopistas estaba en su visión de la marcha de la historia. Para unos como para otros, ésta dependía de la buena voluntad de grupos de individuos: Babeuf o Blanqui esperaban la solución de la acción de unos cuantos obreros decididos; Saint-Simon, Fourier o Owen esperaban de la benevolencia de la burguesía la realización de sus proyectos. Fue la aparición del proletariado como clase autónoma durante la Revolución de 1848 lo que evidenció que el socialismo sería la obra de una clase. Confirmaba la tesis que Marx ya anunciaba en el Manifiesto: desde que la sociedad se había dividido en clases, la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. La evolución de las sociedades solo puede entenderse entonces en función del marco que determina esas luchas, o sea la evolución de las relaciones sociales que unen a los hombres y los dividen en clases en la producción de sus medios de existencia: las relaciones sociales de producción. Saber si es posible el socialismo es entonces determinar si las relaciones sociales de producción se han vuelto una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas, imponiendo la necesidad de la superación del capitalismo por el socialismo. Para Battaglia, en cambio, sea cual sea el contexto histórico global del período en que está el capitalismo,
“... el aspecto contradictorio de la forma capitalista, las crisis económicas que derivan de éste, el rebrote del proceso de acumulación momentáneamente interrumpido por las crisis pero que recibe nuevas fuerzas gracias a la destrucción de capitales y de los medios de producción excedentarios, no cuestionan automáticamente su desaparición. O es el factor subjetivo el que interviene, del que la lucha de clases es el eje material e histórico y las crisis las premisas económicas determinantes, o se reproduce el sistema económico, reeditando a nivel superior todas sus contradicciones, sin crear por eso las condiciones de su propia destrucción”,
la lucha de clases conjugada con un episodio de la crisis económica bastaría para abrir la vía a una posible solución revolucionaria:
“No obstante los indudables éxitos de la burguesía en la contención y en la gestión de las contradicciones de su sistema económico, estas contradicciones no se pueden eliminar y nosotros los marxistas sabemos que ese juego no puede prolongarse eternamente. Sin embargo, su explosión final no desembocará necesariamente en una victoria revolucionaria; en la era imperialista, en efecto, la guerra global puede representar para el capitalismo una resolución temporal de sus contradicciones. Empero, antes de que esto suceda, es posible que el dominio político e ideológico de la burguesía sobre la clase obrera pueda relajarse; en otras palabras, es posible que de improviso el proletariado vuelva a ser masivamente parte activa en la lucha de clases y los revolucionarios deberán estar preparados para ese momento. Cuando la clase obrera retome la iniciativa y comience a usar su fuerza de masa contra los ataques del capital, las organizaciones políticas revolucionarias deben encontrarse, desde el punto de vista político y organizativo, en posición tal que puedan guiar y organizar la lucha contra las fuerzas de la izquierda burguesa” (Plataforma del BIPR, 1997).
Para Battaglia, no existe ninguna necesidad de determinar si las relaciones sociales de producción se han vuelto históricamente obsoletas, ninguna necesidad de un período de decadencia... puesto que el sistema “recibe nuevas fuerzas gracias a la destrucción de capitales y de los medios de producción excedentarios” y, tras cada una de sus crisis, “se reproduce el sistema económico, reeditando a un nivel superior todas sus contradicciones”.
Las condiciones requeridas para la revolución
Eos de crisis económica combinados con conflictos de clases desde los primeros tiempos del capitalismo, sin que por ello se abran las puertas a la posibilidad objetiva de derrumbar el modo capitalista de producción. Con la concepción materialista histórica, Marx nos enseña que tres condiciones son imprescindibles: un período de crisis, de conflictos de clases y también el advenimiento de la decadencia del modo de producción (en este caso el capitalismo). Esto es lo enl que Marx haya podido decir que “toda esta mierda de economía política desemboca sin embargo en la lucha de clases”, aun cuando pasó lo esencial de su vida en hacer la crítica de la economía política, demuestra que sí consideraba que era la lucha de clases el factor decisivo, el motor de la historia, pero no por eso desdeñaba sus cimientos objetivos, el contexto económico, social y político en el que esa lucha se desarrolla. Repetirlo tras él como lo hace Battaglia es como descubrir la pólvora puesto que ni el mismo Marx ni la CCI pretenden que uno de estos factores (crisis económica o lucha de clases), aislado, bastaría para derrumbar al capitalismo. Lo que, en cambio, no entiende Battaglia es que, incluso juntos, ambos factores no bastan. En efecto, ya existieron períodtendieron los fundadores del marxismo, cuando, tras haber pensado varias veces que el capitalismo había pasado a la historia, tuvieron que revisar su diagnóstico (para una breve historia del análisis de Marx y Engels sobre las condiciones y el momento del advenimiento de la decadencia del capitalismo, remitimos al lector al nº 118 de la Revista internacional). Engels concluirá esa búsqueda en su introducción de 1895 a la obra de Marx La Lucha de clases en Francia, al decirnos:
“La historia no nos ha dado la razón, ni a nosotros ni a quienes pensaban de manera parecida. Ha demostrado claramente que la fase de desarrollo económico en el continente distaba todavía mucho de su madurez para desembocar en la eliminación de la producción capitalista; lo ha demostrado mediante la revolución económica que, desde 1848, se ha adueñado de todo el continente... (...) esto prueba una vez más lo imposible que era en 1848 conquistar la transformación social simplemente por sorpresa” (Introducción de Engels –1895- a la obra de Marx sobre las luchas de clase en Francia)”.
Pero eso no es todo, porque lo que nunca Battaglia consiguió entender, es que es necesaria una cuarta condición para que se abra un período favorable a los movimientos insurreccionales triunfantes: la apertura de un curso histórico a enfrentamientos de clase. En efecto, en los años 30, tres de las condiciones mínimas estaban presentes (crisis económica, conflictos sociales y período de decadencia), pero eso ocurría en un curso histórico hacia la guerra imperialista. Esta fue una de las aportaciones políticas más importantes de la Fracción italiana de la Izquierda comunista internacional (1928-45). En coherencia con el análisis de la Internacional comunista (IC) que definía el período abierto por la Primera Guerra mundial como “era de guerras y de revoluciones”, desarrolló esa noción de curso histórico hacia enfrentamientos de clase o hacia la guerra. La Izquierda comunista de Francia (1942-52) y más tarde la CCI la retomaron y la han desarrollado, pero no son los que la descubrieron, como lo pretende falsamente Battaglia: “La concepción esquemática de los períodos históricos, que pertenece históricamente a la corriente original de la Izquierda comunista francesa y estuvo en los orígenes de la CCI, caracteriza los períodos históricos como revolucionarios o contrarrevolucionarios según consideraciones abstractas sobre la condición de la clase obrera” (Internationalist Communist, no 21). Esta falsificación sobre los orígenes de ese concepto permite a Battaglia, además de desacreditar a nuestros antepasados políticos, seguir reivindicándose de la Fracción italiana de la Izquierda comunista internacional (1928-45) sin pronunciarse sobre esta aportación teórica esencial de sus antepasados.
La necesidad de un marco histórico para la elaboración de posiciones de clase
“¿Ha agotado su tiempo el capitalismo? ¿si o no?; ¿Es aún capaz de desarrollar a nivel mundial las fuerzas productivas y de hacer progresar a la humanidad?. Esta es una cuestión fundamental. Tiene una importancia decisiva para el proletariado...” (Trotski, Europa y las Américas, 1924, Ed. Anthropos).
Esta cuestión es efectivamente como dice Trotski “fundamental y decisiva para el proletariado”, puesto que el determinar si un modo de producción sigue estando en su fase ascendente o está en su fase de decadencia tiene como consecuencia nada menos que saber si sigue siendo progresista para el desarrollo de la humanidad o si ha pasado a la historia. El saber si el capitalismo sigue teniendo algo que ofrecer al mundo o si se ha vuelto caduco acarrea consecuencias radicalmente diferentes para las posiciones y la estrategia del proletariado. Trotski lo tenía perfectamente claro cuando seguía así su reflexión sobre el análisis de la Revolución rusa:
“Si se demuestra que el capitalismo es aún capaz de cumplir una misión de progreso histórico, de hacer más ricos a los pueblos, su trabajo más productivo, esto significa que nosotros, partido comunista de la URSS, nos hemos precipitado en cantar su De Profundis; en otras palabras, que hemos tomado demasiado pronto el poder para realizar el socialismo. Pues, como explicó Marx, ningún régimen social desaparece antes de haber agotado todas sus posibilidades latentes” (Ibíd.)
Deben meditar estas palabras de Trotski aquellos que abandonan la teoría de la decadencia porque, si no, acabarán concluyendo que tenían razón los mencheviques, cuando consideraban que lo que estaba a la orden del día en Rusia no era la revolución proletaria sino la revolución burguesa, que la Internacional comunista basaba sus teorías en ilusiones, que los métodos de lucha del siglo xix siguen siendo válidos, etc. Como marxista consecuente que era, Trotski responde sin vacilar:
“La guerra de 1914 no fue un fenómeno fortuito. Se produjo por el levantamiento ciego de las fuerzas de producción contra las formas capitalistas, incluida la del Estado nacional. Las fuerzas de producción creadas por el capitalismo no pueden mantenerse en el marco de las formas sociales del capitalismo” (ídem).”
Es ese el diagnóstico sobre el fin del papel históricamente progresista del capitalismo y el significado de la Primera Guerra mundial como momento crucial del paso de la ascendencia a la decadencia que entendieron todos los revolucionarios de aquel entonces, con Lenin a la cabeza:
“De liberador de naciones que fue el capitalismo en la lucha contra el régimen feudal, el capitalismo imperialista se ha convertido en el mayor opresor de las naciones. Antiguo factor de progreso, el capitalismo se ha convertido en reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas hasta tal punto que la humanidad no puede más que pasar al socialismo o sufrir durante años, incluso decenas de años, la lucha armada entre “grandes” potencias para seguir manteniendo artificialmente el capitalismo con la ayuda de las colonias, los monopolios, y los privilegios y opresiones nacionales de todo tipo” (Los principios del socialismo y la guerra de 1914-1918, “La guerra actual es una guerra imperialista”).
En efecto, si el capitalismo “se reproduce, reeditando a nivel superior todas sus contradicciones” (Battaglia), no solo se da la espalda a los fundamentos materialistas, marxistas, de la posibilidad de una revolución tal como los acabamos de describir, sino que tampoco se puede entender por qué cientos de millones de hombres decidirán mañana jugarse la vida en una guerra civil para sustituir este sistema por otro, puesto que, como dice Engels,
“mientras un modo de producción se encuentra en la rama ascendente de su evolución, son entusiastas de él incluso aquellos que salen peor librados por el correspondiente modo de distribución. Así ocurrió con los trabajadores ingleses cuando la implantación de la gran industria. Incluso cuando el modo de producción se mantiene simplemente como el socialmente normal, reina en general satisfacción o contentamiento con la distribución, y si se producen protestas, ellas proceden del seno de la clase dominante misma (Saint-Simón, Fourier, Owen) y no encuentran eco alguno en la masa explotada” (F.Engels, Anti-Duhring, parte II, Objeto y método).
Cuando entra el capitalismo en su fase de decadencia está poniendo las bases materiales y (potencialmente) subjetivas para que el proletariado posea las condiciones y las razones de pasar a la acción. En su texto, Engels dice:
“Sólo cuando el modo de producción en cuestión ha recorrido ya un buen trozo de su rama descendente, cuando se está medio sobreviviendo a sí mismo, cuando han desaparecido en gran parte las condiciones de su existencia y su sucesor está llamando a la puerta (...) la tarea de la ciencia económica (...) consiste más bien en exponer los males sociales que ahora destacan como consecuencia necesaria del modo de producción existente, pero también, al mismo tiempo como anuncios de su inminente disolución; y en descubrir, en el seno de la forma de movimiento económico que está disolviéndose, los elementos de la futura nueva organización de la producción y del intercambio, la cual elimina dichos males” (F. Engels, Anti-Duhring, parte II, Objeto y método).
Eso es lo que está olvidándose de hacer Battaglia al abandonar el concepto de decadencia: su “ciencia económica” ya no les sirve para demostrar “los males sociales”, y los primeros anuncios de “la inminente disolución” del capitalismo como nos exhortaban a hacerlo los fundadores del marxismo, sino para servirnos de tapadillo la prosa izquierdista y altermundialista sobre las capacidades del capitalismo para sobrevivir gracias a la financiarización del sistema, sobre la recomposición del proletariado, así como los tópicos sobre las “transformaciones fundamentales del capitalismo” tras la supuesta “tercera revolución industrial” basada en los microprocesadores” y demás “nuevas tecnologías”, etc.:
“La larga resistencia del capital occidental a la crisis del ciclo de acumulación (o a la actualización de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia) ha evitado hasta ahora el hundimiento vertical que golpeó por el contrario al capitalismo de Estado del imperio soviético. Tal resistencia ha sido posible por cuatro factores fundamentales: 1) la sofisticación de los controles financieros a nivel internacional; 2) una reestructuración en profundidad del aparato productivo que ha acarreado una aumento vertiginoso de la productividad; 3) la demolición consecuente de la composición de clase precedente, con la desaparición de tareas y funciones ya superadas y, la aparición de nuevas tareas, de nuevas funciones y de nuevas figuras proletarias (...). La reestructuración del aparato productivo ha llegado al mismo tiempo que lo que nosotros llamamos la tercera revolución industrial vivida por el capitalismo (...) La tercera revolución industrial está marcada por el microprocesador” (Prometeo n° 8, “Proyecto de Tesis del BIPR sobre la clase obrera en el periodo actual y sus perspectivas”).
Además, cuando Battaglia aún defendía el concepto de decadencia, afirmaba claramente que “ambas guerras mundiales y la crisis son la prueba histórica de lo que significa en el ámbito de la lucha de clases la permanencia de un sistema económico decadente como lo es el sistema capitalista” (17), mientras que tras haberlo abandonado considera ahora que “la solución militar aparece como el principal medio para resolver los problemas de valorización de capital” o, como está dicho en la Plataforma del BIPR (1979), que “la guerra global puede ser para el capitalismo una vía momentánea para resolver sus contradicciones”.
Mientras que en su IVº Congreso, Battaglia, en sus “Tesis sobre los sindicatos hoy y la acción comunista” (18), era todavía capaz de poner de relieve esta cita de su Conferencia sindical de 1947:
“En la fase actual de decadencia de la sociedad capitalista, el sindicato está llamado a ser un instrumento esencial de la política de conservación y en consecuencia a asumir funciones precisas de organismo del Estado”,
considera ahora que el sindicato seguiría teniendo un papel de defensa de los intereses inmediatos de la clase obrera mientras la curva pluridecenal de la tasa de ganancia esté en alza:
“Todo lo que las luchas sindicales han conseguido en el terreno del reformismo, es decir, en el terreno de la mediación sindical e institucional, en áreas como la sanidad, en prevención y asistencia, en la escuela, en la fase ascendente del ciclo (años 1950 y en parte 1970)”
y un papel contrarrevolucionario cuando esa curva se orienta hacia abajo
“El sindicato – desde siempre instrumento de mediación entre el capital y el trabajo en lo que respecta al precio y las condiciones de venta de la fuerza de trabajo – ha modificado, no la sustancia, sino el sentido de la mediación: ya no están representados y defendidos los intereses obreros ante el capital, al contrario, los intereses del capital se defienden y ocultan ante la clase obrera. Esto es así porque – especialmente en los periodos de crisis del ciclo de acumulación – la simple defensa de los intereses inmediatos de los obreros contra los ataques del capital pone en cuestión la estabilidad y la supervivencia de las relaciones capitalistas” (Citas extraídas de Prometeo n°8, “Proyecto de Tesis del BIPR sobre la clase obrera en el periodo actual y sus perspectivas”).
Los sindicatos tendrían entonces una función doble según la orientación de la curva de la cuota de ganancia... ¡Hay que ver los estragos que hace el materialismo vulgar!
¡Battaglia reconsidera incluso el carácter de los partidos estalinistas y socialdemócratas! Ahora los presenta como partidos ¡que han defendido los intereses inmediatos de los obreros!, puesto que
“juegan el papel de mediadores de los intereses inmediatos del proletariado en el seno de las democracias occidentales, en forma coherente con el papel clásico de la socialdemocracia”;
cuando, tras la caída del muro de Berlín,
“El fracaso del ‘socialismo real’ los ha conducido a mantener su papel de partidos nacionales pero también al abandono de la clase en tanto que objeto de mediación democrática (...) El hecho es que la clase obrera se encuentra también privada de los instrumentos de mediación política en el seno de las instituciones burguesas y, por tanto, completamente abandonada a los ataques cada vez más violentos del capital” (Prometeo n° 8, artículo citado).
El sueño se vuelve pesadilla. ¡Ahora se pone Battaglia a lloriquear sobre la desaparición de un supuesto papel de defensores de los intereses inmediatos de los obreros en las instituciones burguesas, papel que habrían asumido ¡estalinistas y socialdemócratas!
Asimismo, en lugar de comprender la instauración del sistema del seguro social a finales de la Segunda Guerra mundial como una política de capitalismo de Estado particularmente viciosa para transformar la solidaridad de la clase obrera en dependencia económica hacia el Estado, Battaglia la considera como una conquista obrera, una verdadera reforma social:
“Durante los años 50, las economías capitalistas arrancaron de nuevo (...) Ello se tradujo de forma evidente en la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores (seguridad social, convenios colectivos, revisiones de salarios...). Estas concesiones fueron hechas por la burguesía, bajo la presión de la clase obrera...” (BIPR, Bilan et Perspectives, n° 4).
Y para colmo, Battaglia hasta considera que los “convenios colectivos”, acuerdos que permiten a los sindicatos desempeñar su papel policíaco en las fábricas, han de considerarse como “logros sociales ganados en reñida lucha”.
No podemos detallar aquí todas las regresiones políticas de Battaglia consecuentes de su abandono definitivo del marco conceptual de la decadencia del capitalismo para la elaboración de las posiciones de clase; ya volveremos sobre éstas en otros artículos, aquí solo se trata de ilustrar mediante unos ejemplos claros para el lector que el camino es muy corto entre ese abandono y la defensa abierta de posiciones típicamente izquierdistas, ¡pero que muy corto!. Después de todo esto, cuando Battaglia nos dé la tabarra en páginas y más páginas con aquello de que es necesario comprender las nuevas evoluciones del mundo que nosotros seríamos incapaces de comprender (19), no se da cuenta de que al abandonar el marco de análisis de la decadencia del capitalismo, está siguiendo el mismo camino que el reformismo de finales del xix: también fue en nombre de la “comprensión de las nuevas realidades de finales del siglo xix” con lo que Bernstein y Cía. justificaron su revisión del marxismo. Al dejar de lado definitivamente la teoría de la decadencia, Battaglia cree haber dado un gran paso adelante en la comprensión de “las nuevas realidades del mundo actual”, y lo que en realidad está haciendo es volver al siglo xix. Si “comprender las nuevas realidades del mundo” significa cambiar el enfoque marxista por los lentes del izquierdismo, ¡allá ellos!. En esto puede comprobarse cómo la ausencia repetida de la noción de decadencia en sus sucesivas plataformas (excepto en la declaración de principios en la época de las Conferencias internacionales de grupos de la Izquierda comunista) es la causa de todos los tumbos oportunistas que va dando Battaglia de acá para allá desde sus orígenes.
Conclusión
Detrás de sus pretensiones teóricas, las críticas de Battaglia Comunista al concepto de decadencia no son sino repeticiones de las ya enunciadas por Bordiga hace cincuenta años. Battaglia está así volviendo a su matriz bordiguista de origen. La crítica del pretendido “fatalismo” intrínseco a la teoría de la decadencia, ya la hizo Bordiga en la reunión de Roma de 1951:
“La afirmación corriente de que el capitalismo se encuentra en su rama descendente y no puede remontarla contiene dos errores: uno fatalista y otro gradualista”.
Y la otra crítica de Battaglia a la teoría de la decadencia según la cual el capitalismo
“recibe nuevas fuerzas gracias a la destrucción de capitales y de medios de producción excendentarios”
y así
“el sistema económico se reproduce, elevando a un nivel superior todas sus contradicciones”,
ya la había enunciado Bordiga en esa misma reunión romana de hace 50 años:
“La visión marxista puede representarse con toda una ramificación de curvas ascendentes hasta la cima...” y en su Diálogo con los muertos: “...el capitalismo crece sin cesar más allá de cualquier límite...”.
Sin embargo ésa no es la visión del marxismo ni de Marx, como ya hemos visto:
“la universalidad hacia la que tiende el capital encuentra límites inherentes a su naturaleza, los cuales en un cierto estadio de su desarrollo, le hacen aparecer como el mayor obstáculo a esta tendencia y lo empujan a su autodestrucción” (Principios de una crítica a la economía política, Proyecto 1857-1858) (20),
ni para Engels:
“El modo de producción capitalista (...) por su propia evolución, tiende hacia un punto en el que el mismo se convierte en imposibilidad” (Anti-Durhing, parte II, Objeto y método) (21).
Lo que afirma el marxismo no es que el triunfo de la revolución comunista sea algo inevitable a causa de las contradicciones mortales que llevan al capitalismo a un punto en el que él mismo se convierte en imposibilidad (Engels) y a su autodestruccción (Marx), sino que, si el proletariado no estuviera a la altura de su misión histórica, el porvenir no sería el de un capitalismo que “se reproduce, reeditando a un nivel superior sus contradicciones” y que “crece más allá de todo límite “ como lo pretenden Battaglia y Bordiga, sino que el futuro del capitalismo sería la barbarie, la barbarie de verdad: la que no ha cesado de aumentar desde 1914, desde las orgías carniceras de Verdún hasta los genocidios de Ruanda y de Camboya, pasando por el Holocausto, el Gulag e Hiroshima. Comprender qué significa la alternativa Socialismo o Barbarie, es comprender la decadencia del capitalismo.
Cuando la adulación servil sirve de línea política
En el artículo precedente así como en su primera parte (Revista internacional n°119) examinamos detalladamente por qué Battaglia Comunista, con el pretexto de “redefinir el concepto”, abandonaba la noción marxista de decadencia, meollo del análisis materialista histórico de la evolución de los modos de producción en la historia. También mostrábamos el método típicamente parásito usado por la Ficci de lisonjear para obtener los favores del BIPR. La Ficci ha vuelto a sacar el cepillo pelotillero en su boletín n°26 (“Comentarios sobre un artículo del BIPR: Hundimiento automático o revolución proletaria”). El artículo de Battaglia es saludado efusivamente “Queremos saludar y subrayar la importancia de la publicación de este artículo...” y no, desde luego, por lo que es ese artículo, o sea, la expresión de una grave deriva oportunista al desviarse del materialismo histórico en la comprensión de las condiciones políticas, sociales y económicas de la sucesión de los modos de producción. La Ficci se atreve incluso a afirmar, con el vil descaro que la caracteriza, que Battaglia en su artículo “...reconoce explícitamente la existencia de una fase ascendente y otra, decadente, en el capitalismo”. Por parte nuestra, no tomamos a los lectores por tontos de solemnidad como lo hace la Ficci, sino que les dejamos que juzguen por sí mismos sobre esa afirmación tras haber leído nuestras críticas en estos dos artículos (22).
Evidentemente, como lo exige el método parásito, la tonadillita de alabanzas a Battaglia tenía que venir acompañada del rebuzno contra la CCI: se nos acusa ahora de desarrollar una “nueva teoría sobre el desmoronamiento automático del capitalismo” (Bulletin communiste n°26, “Commentaires...”) sirviendo así de eco a la crítica de fatalismo hecha por Battaglia hacia el concepto marxista de decadencia y, de rebote, su rechazo al concepto marxista de descomposición: “No podemos terminar este rápido vuelo sobre las teorías del “desmoronamiento” sin evocar la teoría sobre la descomposición social que defiende la actual CCI (...) queremos justo atraer la atención sobre cómo esta teoría (...) se ha ido convirtiendo cada vez más en una teoría con características semejantes a las teorías del hundimiento en el pasado (...) Y es cierto, como lo señala el BIPR, que tanto la teoría del “hundimiento” como la de la “descomposición” acaban teniendo repercusiones negativas en el plano político, al generar la hipótesis de que para ver la muerte del capitalismo basta con sentarse a la orilla” (Bulletin communiste n°26, idem). Y la Ficci repite erre que erre que la CCI “se niega a contestar a la pregunta fundamental que nosotros planteamos: la introducción “oficial” por el XVº congreso de la CCI de una tercera vía que sustituye la alternativa histórica “guerra o revolución” ¿es o no es una revisión del marxismo?” (Bulletin communiste n°26, “La vérité se lit parfois dans les détails”). Precisemos que en su XVº congreso, en el fondo, lo único que la CCI hizo fue afirmar lo que el marxismo ha defendido siempre desde el Manifiesto comunista, o sea que “una transformación revolucionaria de la sociedad entera” (Marx) no tiene nada de ineluctable, pues, como decía él, si las clases en lucha no encuentran las fuerzas necesarias para zanjar las contradicciones socioeconómicas, la sociedad se hunde entonces en un caos que será la “ruina de las diferentes clases en lucha” (Marx). Marx con eso no defendía una fantasmagórica “tercera vía”, sino que era sencillamente consecuente con el materialismo, el cual rechaza de plano la visión fatalista según la cual les contradicciones sociales se resolverían “automáticamente” con la victoria de una de las dos clases fundamentales en lucha. En efecto, para la Ficci, nosotros nos negaríamos a “reconocer que “el atolladero histórico” sólo podría ser momentáneo” (Bulletin communiste n°26, “Commentaire...”). Efectivamente, junto con Marx, nos negamos a sólo considerar unilateralmente un “atolladero histórico momentáneo” y como aquél pensamos que un bloqueo de la relación de fuerzas entre clases puede así perdurar y desembocar en “la ruina de las diferentes clases en lucha”. A partir de ahí, y parafraseando a la Ficci, le devolvemos la pregunta: la introducción por parte de la Ficci de la idea de que “el atolladero histórico solo puede ser momentáneo” ¿es o no es una revisión del marxismo?.
En realidad, en su dinámica parásita y destructiva del medio político proletario, la Ficci no se dedica a “debatir” como así lo pretende, sino que usa cualquier cosa para hacer real su delirio de una pretendida “degeneración” de nuestra organización, poniendo así al desnudo su ignorancia de las bases elementales del materialismo histórico e, igual que en la fábula, ni se entera de que va cabalgando el engendro que denuncia en los demás sin ton ni son: el engendro del automatismo y el fatalismo en la resolución de las contradicciones históricas entre las clases.
En nuestro artículo de la Revista internacional n°118 demostramos, apoyándonos en incontables citas de toda su obra, incluidos el Manifiesto y el Capital, que el concepto de decadencia de un modo de producción tiene su verdadero origen en Marx y Engels. En su cruzada contra nuestra organización, la Ficci no vacila en ir en el sentido de los argumentos de corrillos academicistas y parásitos que consisten en decir que el concepto de decadencia tiene sus orígenes fuera de los trabajos de los fundadores del marxismo. En efecto, para la Ficci (Bulletin communiste n°24, abril 2004), la teoría de la decadencia habría nacido a finales del siglo xix “nosotros hemos presentado el origen de la noción de decadencia en torno a los debates sobre el imperialismo y la alternativa histórica de guerra o revolución, que hubo a finales del siglo xix ante las profundas transformaciones vividas entonces por el capitalismo” contribuyendo así a la misma idea defendida por Battaglia (Internationalist communist n°21) de que el concepto de decadencia es “tan universal como confuso (...) ajeno al método y al arsenal de la crítica de la economía política” que no desempeña “ningún papel en el terreno de la economía política militante, del análisis profundo de los fenómenos y de las dinámicas del capitalismo”, que está “fuera del materialismo histórico” y que, encima, no aparece “nunca en ninguno de los tres volúmenes que componen el Capital” y que Marx sólo evocaría la noción de decadencia en un único lugar en toda su obra: “Marx se limitó a dar una definición progresista del capitalismo sólo para la fase histórica durante la que eliminó el mundo económico del feudalismo engendrando un vigoroso período de desarrollo de las fuerzas productivas inhibidas por la forma económica precedente, pero no hizo ningún avance en una definición de la decadencia, si no fue de manera puntual en la famosa Introducción a la crítica de le economía política”. Entre la adulación vil y la prostitución solo hay un paso. La Ficci, que tiene la cara de presentarse como gran defensora de la teoría de la decadencia, lo ha dado.
C. Mcl.
1)Especialmente en los dos artículos siguientes: Prometeo nº 8, serie VI (dic. de 2003) “Para una definición del concepto de decadencia” escrito por Damen jr. (disponible en italiano y francés en el sitio web del BIPR http//www.ibrp.org y en inglés en Revolutionary Perspectives nº 32, serie 3, e Internationalist Communist nº 21, “Elementos de reflexión sobre las crisis de la CCI”, escrito por Stefanini jr. disponible en las páginas en francés del sitio Web del BIPR2) “El trabajo en las organizaciones económicas sindicales de los trabajadores, con vistas a su desarrollo y reforzamiento, es una de las primeras tareas políticas del Partido. (...) El Partido aspira a la reconstrucción de una Confederación sindical unitaria (...) los comunistas proclaman de forma abierta que la función del sindicato no se completa y realiza más que cuando su dirección está en manos del partido político de clase del proletariado” (punto 12 de la Plataforma política del Partido comunista internacionalista, 1946) 3)”Tras una amplia discusión del problema sindical, la Conferencia somete a la aprobación general el punto 12 de la Plataforma política del Partido y le da mandato al Comité central para elaborar un programa sindical consecuente con esta orientación” (Actas de la Primera Conferencia nacional del PCInt).4)“En conclusión, si no fue la emigración política, que se había encargado exclusivamente del trabajo de la Fracción de izquierdas, la que tomó la iniciativa de constitución del Partido comunista internacional en 1943, ésta se hizo sin embargo en bases que aquella defendió de 1927 hasta la guerra” (Introducción a la Plataforma política del PCInt, publicación de la Izquierda comunista internacional, 1946).5) Léase por ejemplo el interesante estudio sobre “la acumulación decadente” en l’Internationaliste (1946), boletín mensual de la Fracción belga de la Izquierda comunista internacional, o su primer folleto nombrado Entre dos mundos, publicado en diciembre del 46: “La lucha es entre dos mundos: el mundo capitalista decadente y el mundo proletario en potencia (...) Desde la crisis de 1913, el capitalismo ha entrado en su fase de decadencia”.6) ¿Por qué tanta heterogeneidad y cacofonía política? En realidad, la fundación del Partido comunista internacionalista data de su Primera Convención en Turín en 1943 y de su Primera Conferencia nacional en 1945 con la adopción de su Plataforma política. En un reagrupamiento heteróclito de camaradas y núcleos procedentes de horizontes y posiciones diversos, que reúne desde grupos de la Italia del Norte influidos por las posiciones de la Fracción en el extranjero (1928-45) hasta antiguos militantes procedentes de la disolución prematura de ésa en 1945, pasando por grupos del Sur de Italia con Bordiga que consideraban aún posible la recuperación de los Partidos comunistas y seguían confusos sobre la naturaleza de la URSS, por elementos de la minoría expulsada de la Fracción en 1936 por su participación a las milicias republicanas durante la guerra de España y por la tendencia Vercesi que había participado en el Comité antifascista de Bruselas. Con bases organizativas y programáticas tan heterogéneas, resulta claro que se acaba escogiendo el mínimo denominador común... No puede uno esperar de semejante agrupación una claridad programática a toda prueba, particularmente sobre el tema de la decadencia.7) Disponible en francés el sitio web de Battaglia: “Tesis sobre el sindicato hoy y la acción de los comunistas”. Semejantes contradicciones con el punto 12 de la plataforma de 1945 sobre política sindical también están presentes en el Informe presentado por la Comisión ejecutiva del “Partido” sobre “La evolución del sindicato y las tareas de la Fracción sindical comunista internacionalista” publicado por Battaglia comunista nº 6, 1948, publicado también en francés en Bilan et Perspectives nº 5, noviembre del 2003.8) Para más detalles sobre la historia de la fundación del Partido comunista internacionalista y su escisión entre Partido comunista internacional (Programa comunista) y Partido comunista internacionalista (Battaglia comunista), véase nuestro folleto sobre La Izquierda comunista de Italia, así como los artículos “Las ambigüedades sobre los “partisanos” en la constitución del PCInt en Italia del 43”, publicado en la Revista internacional nº 8, “Una caricatura de partido, el partido bordiguista”, Revista internacional nº 14, “Problemas actuales del medio revolucionario”, Revista internacional nº 32, “Contra la concepción del jefe genial”, Revista internacional nº 33, “Respuesta a Battaglia” y “Contra la concepción de la disciplina del PCInt”, Revista internacional nº 34, Sobre el Segundo Congreso del PCInt”, Revista internacional nº 90, “En los orígenes de la CCI y del BIPR”, Revista internacional nº 90, “La formación del PCInt”, Revista internacional nº 91, “Entre las sombras del bordiguismo y de sus epígonos”, Revista internacional nº 95, “La visión marxista y la visión oportunista en la política de construcción del partido (I)”, Revista internacional nº 103, “La visión marxista y la visión oportunista en la política de construcción del partido (II)”, Revista internacional nº 105.9) “La doctrina del diablo en el cuerpo”, 1951, reproducido en le Prolétaire nº 464 (en francés), “El cambio de la praxis en la teoría marxista”, Programme communiste nº 56 (revista teórica del PCInt en francés), así como en las reseñas de la reunión de Roma de 1951 publicadas en Invariance no 4.10) Hubo tres conferencias, la primera en abril-mayo del 77, la segunda en noviembre del 78 y la tercera en mayo del 80. En ésta, Battaglia añadió un criterio suplementario de participación para así eliminar a nuestra organización, según sus propios términos. De las cinco organizaciones que participaban (BC, CWO, CCI, NCI, l’Eveil + el GCI como grupo observador), solo dos (Battaglia y la CWO) aceptaron ese criterio suplementario que no fue entonces adoptado formalmente por la Conferencia. Más allá de la cuestión formal, ese truco para evitar la confrontación marcó el fin del ciclo de clarificación política. La cuarta conferencia, a iniciativa de lo CWO y de BC, sólo reunirá a esas dos organizaciones y a una oscura organización iraní de estudiantes maoístas (el SUCM) que desaparecerá poco después. El lector puede referirse a las reseñas de esas Conferencias así como a nuestros comentarios en las Revista internacional nº 10 (Primera conferencia), 16 y 17 (Segunda conferencia), 22 (Tercera conferencia) así como a las 40 y 41 con comentarios sobre la Cuarta conferencia.11) “Ahora que la crisis del capitalismo ha alcanzado una dimensión y profundidad que confirman su carácter estructural se plantea de nuevo la necesidad de una comprensión correcta de la fase histórica en que vivimos como fase de decadencia del sistema capitalista” (“Notas sobre la decadencia...”, Prometeo nº 1, serie IV, 1er semestre del 78); “La afirmación de la dominación del capital monopolístico confirma el principio de la decadencia de la sociedad burguesa. Una vez alcanzada su fase de monopolio, el capitalismo ya pierde toda función progresiva; esto no significa que impida el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas, sino que las condiciones del desarrollo de las fuerzas productivas dentro de las relaciones burguesas de producción solo se hace en una continua degradación de la vida de la mayoría de la humanidad hacia la barbarie”, Prometeo nº 2, serie IV, marzo del 79).12) Citemos los textos de presentación de Battaglia cuando la primera y segunda Conferencias: “Crisis y decadencia”: “Cuando empezó esto a manifestarse, el capitalismo dejó de ser un sistema progresivo, o sea necesario para el desarrollo de las fuerzas productivas, y entró en una fase de decadencia caracterizado por los intentos de resolver sus propias contradicciones insolubles, dándose nuevas formas organizativas desde un punto de vista productor (...) Efectivamente, la intervención progresiva del Estado en la economía ha de ser considerada como la marca de la imposibilidad de resolver las contradicciones que van acumulándose en las relaciones de producción y es entonces la manifestación de su decadencia” (primera Conferencia); “Monopolio y decadencia”: “Es precisamente en esta fase histórica cuando el capitalismo entra en su fase de decadencia (…) Dos guerras mundiales y esta crisis son la prueba histórica de lo que significa para la lucha de clases la permanencia de un sistema económico decadente como el sistema capitalista” (Segunda conferencia).13) “La Primera Guerra mundial, resultado de la competencia entre Estados imperialistas, marcó un giro decisivo en los desarrollos capitalistas (...). Se entró entonces en un nuevo período histórico, el del imperialismo en el que cada Estado forma parte de un sistema económico global y no puede escaparse a las leyes económicas que lo rigen en su conjunto (...). Se acabó desde hace muchos decenios la época en la que las luchas de liberación nacional podían ser un factor de progreso en el mundo capitalista (con la Primera Guerra mundial de 1914). (...) Con la fundación de la Tercera internacional fue proclamada la era de la revolución proletaria mundial y esto afirmó la victoria de los principios marxistas; a partir de entonces, la actividad de los comunistas debía dirigirse exclusivamente hacia la destrucción de la sociedad burguesa para crear las condiciones de la construcción de una sociedad nueva”.14) En “Respuestas a las estúpidas acusaciones de una organización en vías de desintegración”, en el sitio web del BIPR.15) Disponible en francés en Internet: http://www.geocities.com/CapitolHill/3303/ francia/crises_du_cci.htm.16) Ya hemos visto en el artículo publicado en la Revista internacional nº 118 que Battaglia había leído muy mal El Capital, en el que la noción de decadencia aparece claramente en varios momentos. Pero quizás tenemos que hacer la penosa constatación de que Battaglia haciendo ridículos aspavientos, intenta protegerse abusivamente con la autoridad de nuestros “maestros” ante los jóvenes elementos en búsqueda de posiciones de clase. En el primer artículo de esta serie, comentamos más de veinte citas repartidas en la obra de Marx y Engels, desde la Ideología alemana hasta el Capital, pasando por el Manifiesto, el Anti-Duhring, etc., y citamos amplios extractos de un estudio específico de Engels llamado “La decadencia del feudalismo y el auge de la burguesía”.17) Texto de presentación de Battaglia en la IIª Conferencia de grupos de la Izquierda Comunista.18) Disponible en: http://www.internazionalisti.it/BIPR.19) “[La CCI]... es una organización cuyas bases metodológicas y políticas situadas fuera del materialismo histórico e incapaz de explicar la sucesión de los acontecimientos del ‘mundo moderno’...” (Internationalist Communist n°21).20) Obra conocida sobre todo por Grundrisse.21) Por nuestra parte, al habernos comprometido a redactar una larga serie de artículos en defensa del materialismo histórico en le análisis de la evolución de los modos de producción, la relectura de las obras de Marx y Engels nos hacen descubrir y volver a descubrir una y otra vez con el mayor placer la gran cantidad de citas de esas obras que confirman plenamente lo que en estos artículos desarrollamos. Por eso reiteramos aquí nuestra invitación a todos los censores de la teoría de la decadencia a que pongan una detrás de otra, como así lo hemos hecho nosotros, las citas de los fundadores que puedan confirmar sus conceptos tan especiales sobre el materialismo histórico.22) En realidad la Ficci sabe de sobra que Battaglia, so pretexto de redefinir la noción, está abandonando el concepto marxista de decadencia. Su apoyo y coba al BIPR sólo le sirve para adquirir una legitimidad política ante grupos de la Izquierda comunista que no defienden o han dejado de defender la teoría de la decadencia, para así ocultar sus métodos de hampones, rateros y soplones.
Como ya lo hemos puesto de relieve en varias ocasiones en nuestra prensa (1), el periodo actual está caracterizado por un viraje en la relación de fuerzas entre las clases favorable al proletariado después de todo un periodo de retroceso en la combatividad y en la conciencia de este último resultante de las inmensas campañas ideológicas que habían acompañado el hundimiento de los regímenes llamados “socialistas” a finales de los años 80. Una de las manifestaciones de este viraje es “el proceso existente en la clase, de reflexión profunda, aunque hoy todavía subterránea, lo cual se plasma, entre otras cosas, en algo que se confirma más y más: la aparición de toda una serie de elementos y grupos, jóvenes muchas veces, que se acercan a posiciones de la Izquierda comunista” (2). Esta aparición de elementos que se orientan hacia la Izquierda comunista es, evidentemente, un fenómeno de una importancia capital puesto que es una de las condiciones de la constitución del futuro partido revolucionario mundial. Incumbe, por consiguiente, a las organizaciones de la Izquierda comunista aportar la máxima atención al surgimiento de estas nuevas fuerzas con objeto de fecundarlas y permitirles beneficiarse de su experiencia e integrarlas en una actividad revolucionaria organizada. Se trata de una tarea especialmente difícil y delicada y que ha sido objeto de numerosas reflexiones y discusiones en el movimiento obrero. Marx y Engels fueron los primeros en dedicar a esta cuestión numerosos esfuerzos, especialmente dentro de la primera organización internacional de la que se dotó la clase obrera, la Asociación internacional de los trabajadores (AIT o Primera internacional). Más próximo a nosotros, uno de los méritos de Lenin y los bolcheviques, a partir del congreso de 1903 del POSDR (3), es haber abordado a fondo esa cuestión aportándole respuestas, lo que permitió a los bolcheviques estar a la altura de sus responsabilidades en la Revolución de Octubre 1917. Se trata de una tarea que la CCI se ha tomado siempre muy en serio, particularmente inspirándose en estos grandes nombres del movimiento obrero y en las organizaciones en las que militaron. Es una de las razones por las que, frente al surgimiento de nuevas fuerzas revolucionarias, volvemos sobre este tema dedicándole una serie de artículos en nuestra Revista internacional. De forma más precisa, pensamos que es necesario ilustrar, una vez más, la diferencia que existe entre “la visión marxista y la visión oportunista del Partido” (según el título de un artículo que publicamos en la Revista internacional 103 y 105). Por ello dedicamos el primer artículo de esta serie a la más reciente de estas experiencias, el surgimiento en Argentina de un pequeño grupo de revolucionarios, el Núcleo comunista internacional (NCI) donde justamente esas dos visiones se han confrontado una vez más.
El NCI (4) ha sido uno de los blancos de la furiosa ofensiva desatada por la “Triple Alianza” formada por el oportunismo (el BIPR), los parásitos (FICCI) y un extraño aventurero megalómano, fundador, máximo dirigente y único miembro de un “Círculo de ComunistaS InternacionalistaS” de Argentina que cual vulgar impostor se ha arrogado la “continuidad” del NCI, pretendiendo haberlo destruido para siempre.
En este artículo vamos a analizar cómo surgió el NCI, cómo tomó contacto con la CCI, cuál fue la evolución de sus relaciones con nuestra organización, qué lecciones ha aportado esta experiencia y qué perspectivas de trabajo se plantean tras haber conseguido desenmascarar al ridículo impostor, que ha logrado ser respaldado por el oportunismo del BIPR que pretendía aprovechar sus maniobras para atacar a la CCI sin importarles de paso destruir el NCI (5).
Este análisis persigue dos objetivos: en primer lugar, reivindicar el combate de unos militantes que expresan una contribución del proletariado en Argentina a la lucha general del proletariado mundial. En segundo lugar, sacar lecciones del proceso de búsqueda de una coherencia comunista internacionalista viendo los obstáculos y dificultades que se alzan en el camino pero también los elementos de fuerza con que contamos.
Surgimiento y toma de contacto con la CCI
En una carta en la que se explicaba la trayectoria política del grupo y de sus miembros (12-11-03), el NCI se presenta como:
“un pequeño grupo de camaradas que provenimos de diversas experiencias políticas, de distintas actuaciones en el movimiento de masas, y de distintas responsabilidades políticas. Pero todos nosotros tenemos un tronco común que fue el Partido comunista de Argentina (…) Luego algunos de nosotros por los años 90, se incorporaron al Partido obrero, al partido Trabajadores por el socialismo, y otros se refugiaron en el sindicalismo. Pero el primer núcleo surge de nuestro rompimiento junto con una pequeña fracción del PTS, llamada LOI, el cual luego de algunas discusiones entre los años 2000 y principios del 2001 (enero/febrero), decidimos no fusionarnos con dicha corriente trotskista, por existir diferencias de principios”.
A partir de ahí se desarrolló un arduo proceso que llevó a estos compañeros a encaminarse
“a partir de poseer Internet, a conocer vuestras posiciones y de las otras corrientes del denominado arco de la izquierda comunista, y a pasarnos materiales y a leer cada uno de ellos, fundamentalmente el IBRP y la CCI, esto durante finales del 2002”.
El estudio de las posiciones de las corrientes de la Izquierda comunista llevó a los compañeros a decantarse en el curso de 2003 por las posiciones de la CCI:
“lo que más nos acercó a la CCI no fueron solamente vuestras pautas programáticas, sino también documentos que leímos y que se hallan publicados en la página Web, como el debate con los camaradas rusos, el curso histórico, la teoría de la decadencia del capitalismo, las posiciones acerca del partido, y su vinculo con las masas, la corrección en la situación Argentina, el debate con el BIRP acerca del partido, entre las más destacadas”.
Esta asimilación llevó al grupo a adoptar unas posiciones programáticas muy próximas a la Plataforma de la CCI, a crear una publicación (Revolución comunista, de la cual aparecieron cuatro números entre octubre 2003 y marzo 2004) y establecer un contacto con la CCI que comenzó en octubre 2003.
El Llamamiento al medio político proletario
Un doble proceso se abrió a partir de entonces: por una parte, discusiones más o menos sistemáticas de las posiciones de la CCI, de otro lado, intervención ante el proletariado en Argentina centrándose en las cuestiones más candentes: ¿lo que pasó en diciembre 2001 en Argentina fue un avance de la lucha proletaria o fue una revuelta sin perspectivas? En un artículo aparecido en Revolución comunista número 2, escrito con motivo del segundo aniversario de aquellos sucesos, se da un claro pronunciamiento:
“esta nota tiene por objetivo fundamental desvelar las equivocaciones que las distintas corrientes vertieron en las distintas páginas de sus publicaciones, panfletos, volantes etc., caracterizando los sucesos ocurridos en la Argentina hace dos años atrás como algo que en realidad no lo fue: una lucha proletaria”.
Llevamos, vía Internet, un debate sobre la cuestión sindical que sirvió para clarificar y superar residuos (6) de la concepción izquierdista de “trabajar en los sindicatos para oponer a la base contra la dirección” que pervivían en el Núcleo. Se trató de una discusión sincera y fraternal en la cual en ningún momento las críticas que planteamos fueron percibidas como una “persecución” o un “anatema”
En diciembre 2003, el NCI lanzó un “Llamamiento al medio político proletario” planteando la realización de Conferencias internacionales
“con el objetivo preciso de que la misma constituya un polo de enlace y de información donde las diversas organizaciones debatan programáticamente sus diferencias políticas y en donde puedan emerger acciones unificadas frente a los enemigos de la clase obrera: la burguesía, ya sea confeccionando documentos públicos en común, organizando reuniones publicas de cara a lo más avanzado del proletariado dando cuenta que nos une y que nos divide, como asimismo cualquier otra iniciativa que pudiera emerger”.
Para la CCI es evidente que este Llamamiento chocaba contra el sectarismo y la irresponsabilidad reinantes en la mayoría de grupos de la Izquierda comunista. Pero, por nuestra parte, apoyamos la iniciativa pues partía de una apertura a la discusión y la confrontación de posiciones, así como una voluntad de llevar acciones comunes contra el enemigo capitalista:
“Saludamos vuestra propuesta de celebrar una nueva conferencia de grupos de la Izquierda comunista (un “nuevo Zimmerwald” para utilizar vuestros términos). Por su parte, la CCI ha defendido siempre esta perspectiva y participó con entusiasmo en las 3 conferencias que se celebraron a finales de los años 70 y comienzos de los 80. Desgraciadamente, como muy probablemente sabréis, los otros grupos de la Izquierda comunista estiman que tales conferencias no están a la orden del día dada la naturaleza y la importancia de las divergencias existentes entre los diferentes grupos de la Izquierda comunista. Esa no es nuestra opinión, pero como dice el proverbio: “Para divorciarse basta con que uno sólo lo quiera, pero para casarse tienen que estar de acuerdo los dos”. Evidentemente, en el periodo actual, no se plantea la cuestión del “matrimonio” (es decir, el agrupamiento en el seno de una misma organización) entre las diferentes corrientes de la Izquierda comunista”.
En este marco general, pusimos de manifiesto una orientación que debe guiar el trabajo de los pequeños grupos que surgen en los distintos países sobre la base de las posiciones de clase o en proceso de acercamiento a ellas:
“Esto no significa que no sean posibles “matrimonios” en el periodo actual. En realidad, si existe un acuerdo programático profundo entre dos organizaciones alrededor de una misma plataforma, no solo es posible sino necesario que se agrupen: el sectarismo que afecta a muchos grupos de la Izquierda comunista (y que conduce, por ejemplo, a la dispersión de la corriente “bordiguista” en una multitud de pequeñas capillas en las que es difícil comprender los desacuerdos programáticos) constituye uno de los tributos que sigue pagando la Izquierda comunista a la terrible contrarrevolución que se abatió sobre la clase obrera en los años 20” (Carta del 25-11-03).
Encuentro con la CCI
Aparte de la CCI, únicamente el Partido comunista internacional (Il Partito, llamado “de Florencia”) y el BIPR respondieron al llamamiento (7). Ambas respuestas fueron claramente negativas.
En su respuesta, el BIPR afirma de forma perentoria:
“Ante todo, estamos sorprendidos porque, 23 años después del fin del ciclo de Conferencias internacionales de la Izquierda comunista (convocadas originariamente por el PC internacionalista de Italia) que demostró lo que desarrollaremos más adelante, semejante proposición se presenta ingenuamente idéntica en una situación completamente diferente”.
¿Cómo se les ocurre a esos “intrusos” plantear algo que “hace 23 años” ya “resolvió” (8) el BIPR? El desdén “trascendental” (la misma actitud que Marx ve en Proudhon (9)) que el BIPR manifiesta ante los primeros esfuerzos de elementos de la clase es profundamente desalentador (10). ¡Y este es el “único polo válido de reagrupamiento” como proclaman a todas horas sus interesados aduladores de la FICCI!
El PCI pone por delante –¡ante un grupo recién nacido!– todos los desacuerdos posibles, empezando por la cuestión del partido, donde la argumentación que da es tan endeble que raya en el ridículo:
“Quizá la que primero salta a la vista es la concepción de partido, nosotros, nuestro partido, nos consideramos los continuadores del partido histórico que iniciaron Marx y Engels, y que nunca ha dejado de existir desde entonces, pues a pesar de las épocas difíciles por las que ha podido pasar, la antorcha de la doctrina marxista se ha mantenido siempre encendida gracias a organizaciones como la Izquierda comunista de Italia o el Partido bolchevique ruso”.
Mantener encendida la antorcha de la doctrina marxista es la base misma de la CCI y es de lo que intenta explícitamente reclamarse el propio NCI. ¡Cualquier excusa es válida para evitar la confrontación política!
Como puede verse por ambas respuestas, la perspectiva para los grupos nuevos que actualmente está segregando el proletariado sería muy sombría si sólo existieran en el campo de la Izquierda comunista las organizaciones que han escrito esas respuestas. Ambas organizaciones los miran desde lo alto de sus baluartes sectarios dándoles como única posibilidad aceptar a pies juntillas el “agrupamiento internacional” del BIPR o integrarse “persona a persona” en el PCI. ¡Estas posturas están a años luz de las que adoptaron Marx, Engels, Lenin, la IIIª Internacional o la Fracción italiana de la Izquierda comunista! (11)
Por eso no es nada extraño que, ante el fracaso del Llamamiento, los compañeros decidieran acercarse a la CCI lo que cristalizó en el envío de una delegación a Buenos Aires en abril 2004 que llevó a cabo numerosas discusiones con los componentes del NCI abordándose cuestiones como los sindicatos, la decadencia del capitalismo, el funcionamiento de las organizaciones revolucionarias, el papel de los Estatutos, la unidad de los tres componentes del programa del proletariado: posiciones políticas, funcionamiento y comportamiento. Propusimos una reunión general que acordó el establecimiento de discusiones regulares sobre la descomposición del capitalismo, la decadencia de este sistema, los Estatutos, textos sobre la organización y el funcionamiento de los revolucionarios etc., todo ello en la perspectiva de integrarse en la CCI:
“Con relación a la visita internacionalista de la CCI, los miembros del núcleo han considerado en forma unánime que la misma ha superado enormemente las expectativas que habíamos depositado en dicha visita, no solo por los acuerdos logrados, sino también por el gran avance que dicha visita significó para nosotros (...) Asimismo, si bien nuestro objetivo significaba integración con la CCI, esta visita permitió no solo conocer por dentro a dicha corriente internacional y su programa, sino también su conducta revolucionaria e internacionalista” (Resolución del NCI, 23 de febrero del 2004).
El peligro de los gurús
Tras la visita de nuestra delegación, el grupo acordó colaborar con artículos sobre la situación en Argentina en la prensa de la CCI. Estas contribuciones fueron muy positivas destacando en particular un artículo denunciando el engaño del “movimiento piquetero” que ha sido muy útil para desenmascarar mitos de “revolucionarismo” que propagan frente al proletariado de los países centrales, izquierdistas y grupos “anti-globalización” (12).
Entre las discusiones que abordó el NCI destacó el problema de los comportamientos que deben darse dentro de una organización proletaria y que afectan a la naturaleza de la futura sociedad por la que se lucha: ¿El fin justifica los medios? ¿Se puede implantar el comunismo, una sociedad de liberación y comunidad de todos los seres humanos, entregándose a prácticas de calumnia, delación, manipulación, robo etc., que destruyen en la raíz la más básica sociabilidad? ¿El militante comunista debe aportar de forma desprendida lo mejor de sí mismo a la causa de la emancipación de la humanidad o, por el contrario, se puede servir a esa causa persiguiendo fines de protagonismo personal, de caudillaje, de utilización de otros como peones para fines particulares?
Estas discusiones llevaron a los miembros del NCI a una discusión a fondo sobre los comportamientos de la llamada FICCI que condujo a la elaboración de un documento realizado el 22-5-04 en el que se condena a dicha banda con “conocimiento a través de la lectura de las publicaciones, tanto de la CCI, como de la Fracción interna de la CCI”, considerando que tenía una conducta “ajena a la clase obrera y a la Izquierda comunista” (13).
Pese a esos progresos, un problema empezaba a manifestarse. En una carta de balance del viaje habíamos señalado que:
«... sin funcionamiento colectivo y unitario no puede existir una organización comunista. Las reuniones regulares, llevadas a cabo con rigor y con modestia, sin objetivos desmedidos pero con tenacidad y espíritu riguroso, son la base de esa vida colectiva, unitaria y solidaria. Evidentemente, lo colectivo no se opone al desarrollo de la iniciativa y la contribución individual. La visión burguesa de lo “colectivo” es la de una suma de clones donde todo espíritu de iniciativa y contribución individual es sistemáticamente aplastado. Esta falsa visión ha sido simétrica y complementariamente desarrollada tanto por los ideólogos liberales y libertarios como por sus supuestos antagonistas estalinistas. Frente a ello, la visión que desarrolla el marxismo, es la de un marco colectivo que fomenta y desarrolla la iniciativa, la responsabilidad y la contribución individual. Se trata de que cada cual aporte lo mejor de sí mismo en concordancia con lo que decía Marx en la Crítica del Programa de Gotha: “De cada cual según su capacidad”».
Uno de los integrantes del núcleo, B., llevaba una práctica en oposición radical a esta orientación. En primer lugar, monopolizaba de forma exclusiva los medios informáticos de Internet, la correspondencia y contactos con el exterior, la redacción de textos, aprovechando para ello la confianza que los demás compañeros le dispensaban. En segundo lugar, en contra de la orientación acordada en el viaje de abril, desarrollaba una práctica organizativa consistente en evitar todo lo posible las reuniones generales del grupo en las cuales todos podían expresarse, decidir sobre las orientaciones y controlar de manera colectiva sus actividades. En su lugar, se reunía por separado con uno o a lo sumo dos camaradas, lo cual le otorgaba el control de todos los asuntos. Se trata de una práctica típica de los grupos burgueses donde el “responsable” o “comisario político” se reúne con los distintos miembros tomados separadamente para mantenerlos divididos y a la vez ignorantes de todas las cuestiones. Esto llevó a que, como nos han testimoniado posteriormente los compañeros del NCI, ellos mismos no sabían realmente quién era miembro del NCI y qué tareas eran encomendadas por el señor B a gente que ellos ni conocían (14).
Otro elemento de su política era evitar cualquier discusión seria en las escasas reuniones más o menos generales. Los compañeros han manifestado su malestar ante el hecho de que el ciudadano B. interrumpía cualquier discusión arguyendo que se debía pasar rápidamente a “otro asunto”. Para vaciar de contenido las escasas reuniones plenarias, B propiciaba la máxima informalidad: reducir la reunión a una cena donde participaba gente, familiares u otros, que no formaban parte de la organización.
Esta práctica organizativa es radicalmente ajena al proletariado y es propia de los grupos burgueses, particularmente de la izquierda y extrema izquierda. Su objetivo es doble: en primer lugar, mantener a la mayoría de compañeros en el subdesarrollo político, desposeyéndoles sistemáticamente de los medios para tener un criterio propio; en segundo lugar, y en concomitancia con lo anterior, transformarlos en masa de maniobra de la política del “gran líder”. El ciudadano B pretendía utilizar a sus “compañeros” (15) como trampolín para convertirse en una “personalidad” dentro del medio político proletario.
Combate por la defensa de la organización
Los planes del ciudadano B se vieron obstaculizados por dos factores con los que su arrogancia y presunción no contaba: de un lado, la firmeza y la coherencia organizativa de la CCI; de otro lado, el que los compañeros, pese a tener medios limitados y a la sorda obstrucción del señor B., estaban desarrollando un esfuerzo de reflexión que les conducía a la independencia política.
A fines de julio, el ciudadano B. realizó una maniobra audaz: pedir la integración inmediata en la CCI. Esta medida la impuso pese a la resistencia de los demás compañeros que, aún dándose firmemente como meta la integración en la CCI, veían necesario realizar todo un trabajo previo de clarificación y asimilación. Comprendían que la militancia comunista debe asentarse sobre sólidos cimientos.
Todo esto colocaba al ciudadano B. en una posición muy incómoda: sus “compañeros” podían transformarse en elementos conscientes de la clase dejando de ser meros comparsas de su ambicioso juego de “caudillo internacional”. Ante la delegación de la CCI que visitó Argentina a finales de agosto, el ciudadano B. insistió en que se hiciera una declaración inmediata de integración en la CCI del NCI. La CCI no aceptó tales pretensiones. Nosotros rechazamos firmemente integraciones precipitadas e inmaduras que entrañan el riesgo de destrucción de militantes. En la carta de balance de este viaje señalamos que
“Antes del viaje nos planteasteis la integración en la organización. Esto lo acogimos con el entusiasmo natural que experimentan los combatientes proletarios cuando otros compañeros quieren sumarse a la batalla (...) Sin embargo, es preciso dejar claro que nosotros no planteamos la integración de nuevos elementos o la formación de nuevas secciones al estilo de una empresa comercial que quiere implantarse a toda costa en un nuevo mercado o de un grupo izquierdista que trata de reclutar nuevos adeptos para el proyecto político que representa dentro del capitalismo de Estado [sino como] un problema general del proletariado internacional que debe abordarse desde criterios históricos y globales. (...) La orientación central que dimos a la delegación fue la de discutir en profundidad todo lo que implica la militancia comunista y todo lo que significa la construcción de una organización internacional unitaria y centralizada. [Esto] no es algo simple o técnico, sino que requiere un esfuerzo colectivo tenaz y perseverante. Por tanto, jamás puede fructificar si se apoya en impulsos momentáneos (...) nosotros queremos formar militantes con criterio propio, capaces de asumir, cualquiera que sean sus dotes intelectuales o personales, la tarea de participar colectivamente en la construcción y defensa de la organización internacional”.
Este planteamiento no encajaba en los planes del ciudadano B. Por ello, “es muy probable que ya estuviera en contacto con la FICCI al mismo tiempo que nos engañaba con su juego de querer precipitar la integración del NCI en la CCI” (Presentación de la Declaración del NCI). Este individuo cambió de chaqueta de la noche a la mañana sin tener la honradez de plantear su “desacuerdo”. La razón es muy simple, él no buscaba la claridad sino simplemente su medro personal como “caudillo internacional”, visto que en la CCI no iba a encontrar la satisfacción a sus pretensiones prefirió buscar mejores compañías.
Recurrió a la intriga y el doblez para fabricar su pequeño “efecto sensacionalista”. Así, de la noche a la mañana alumbró un espectral “Círculo de Comunistas Internacionalistas” compuesto por él mismo pero que tenía la desfachatez de “incorporar” no sólo a los miembros del NCI – ¡sin que estos supieran nada!- sino a “muy estrechos contactos”. Este “Círculo” se propuso hacer desaparecer de la circulación el NCI empleando el método, patentado por Stalin, de presentarse como su verdadero y único continuador (16).
Estas maniobras, alentadas como decíamos al principio por la alianza de pícaros constituida por el oportunismo del BIPR y los parásitos de la FICCI (17), han sido desenmascaradas y anuladas por nuestro combate al que se ha sumado el NCI.
Los compañeros del NCI habían quedado aislados por las maniobras del ciudadano B, pero nosotros conseguimos ponernos en contacto con ellos pese a la precariedad de los medios para hacerlo.
“Mediante nuestras llamadas telefónicas (que según los términos empleados por el Sr. B demostrarían la ‘nauseabunda metodología de la CCI’) hemos sabido que los demás camaradas del NCI nada sabían de la existencia de ese ‘Círculo’ que ¡decía representarlos! Desconocían la existencia de esas ‘Declaraciones’ nauseabundas contra la CCI que, según se afirma en ellas hasta la saciedad, se habrían adoptado... “Colectiva y unánimemente’ tras ‘consultar’ ¡a todos los miembros del NCI! Todo ello era pura mentira” (Presentación de la Declaración del NCI).
Una vez restablecido el contacto, organizamos un viaje urgente para discutir con ellos y establecer perspectivas de trabajo. La acogida fue calurosa y fraterna. Durante nuestra estancia, los camaradas del NCI tomaron la decisión de enviar por correo postal su Declaración del 27 de octubre a todas las secciones del BIPR y a otros grupos de la Izquierda comunista con el fin de restablecer la verdad: contrariamente a las falsas informaciones propagadas por el BIPR (particularmente en su prensa en italiano), el NCI no ha roto con la CCI.
Los miembros del NCI pidieron varias veces por teléfono al individuo B. que viniera a explicarse ante el NCI y la delegación de la CCI. El Señor B. se negó a cualquier encuentro. Este comportamiento revela la cobardía de e