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Tras 40 años de crisis económica: ¿Una crisis como las anteriores?Submitted by AccionProletaria on Julio 19, 2008 - 7:39pm.
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Desde hace un año asistimos al último y más grave episodio de la crisis económica que ha azotado el mundo durante los últimos cuarenta años. El inicio de la recesión se desencadena a raíz de la llamada crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos, con el consiguiente estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis crediticia que se extendió por los cinco continentes. Además en la presente crisis económica se concentran todos los factores negativos de los últimos cuarenta años: vuelve con fuerza la inflación, la especulación se traslada de la bolsa y el sector inmobiliario a las materias primas y los alimentos, devaluación del dólar, crisis del endeudamiento y el sector financiero, ineficacia de la coordinación de la política económica a nivel internacional...
¿Una crisis de la economía española?Mientras en poco menos de medio año hemos asistido a la quiebra de instituciones financieras de primer orden, como Bear Stearns en Marzo, o recientemente Fannie Mae y Freddie Mac, las dos principales entidades hipotecarias estadounidenses; o en Europa, el Northern Rock bank en Gran Bretaña o la BNP Paribas en Francia; los titulares de la prensa "seria" en España revolvían entre los discursos de ZP para hacer noticia de si el gobierno reconocía que la crisis afectaba a la economía nacional, o se mantenía impasible en la defensa de su salud, a lo sumo admitiendo una "desaceleración". Solbes ha rizado el rizo para defender que las turbulencias económicas son un factor exógeno frente al que la economía española dispondría de un colchón a cuenta del superávit económico fiscal. Pero la onda expansiva de la crisis hipotecaria ha afectado de lleno al capital español. Durante el primer trimestre de 2008, el número de ventas de viviendas cayó el 29% y cerca de dos millones de pisos y chalets no encuentran comprador; esta situación repercute en la quiebra de inmobiliarias como Martinsa-Fabesa, que se prevé que puede provocar un efecto dominó. La crisis inmobiliaria sin embargo, es sólo la punta de un iceberg que afecta al conjunto de la economía: en lo que va de año, la bolsa española ha acumulado un 25% de pérdidas; las previsiones de crecimiento del PIB para el segundo semestre son del 0% y se calcula que para finales de año, el número oficial de desempleados rondará los tres millones... Frente a esto, el PP dice que los socialistas no han sabido gestionar la bonanza económica que legó el gobierno de Aznar, e IU y sus satélites radicales achacan la crisis a una política especulativa que sólo busca el beneficio privado. Pero la base del crecimiento económico durante los gobiernos de Aznar ha sido precisamente la burbuja especulativa inmobiliaria y aunque no dudamos que IU sabe mucho de especulación y beneficios privados, como ha demostrado en algunos ayuntamientos, no aporta nada para aclarar las causas y la dinámica de la crisis. Al contrario, tanto la posición del gobierno, que insiste en que la economía estaría a salvo de las sacudidas financieras mundiales, como la del PP o IU, que se centran en un problema de gestión, dan una visión nacional de los problemas, de las causas y el desenlace de la crisis. Pero el origen y la dinámica de la crisis son mundiales. La crisis de las hipotecas subprime en USA se ha transformado rápidamente en una crisis crediticia internacional. Los chanchullos con la "titularización" de las hipotecas basura, por la que se colaban estas deudas de alto riesgo, junto a otros valores más "serios", e incluso bonos del Estado, en los mercados financieros más "respetables", ha puesto de manifiesto que en realidad todo el sistema financiero mundial descansa en una especulación desenfrenada, en créditos basura al fin y al cabo no esencialmente diferentes a las subprime, e incluso peores. Nadie confía en los números de los demás bancos y entidades financieras, ni en la "limpieza" de sus "operaciones", ni se atreve a arriesgar su dinero en préstamos dudosos. La liquidez se contrae y la actividad económica mundial se detiene, puesto que, ante la falta de mercados solventes reales donde vender las mercancías de la producción capitalista, el crédito constituye un mercado ficticio, una droga, que mantiene en vida la economía a costa de minar más y más en profundidad su salud. No es la primera vez que el casino en que se ha convertido la economía mundial sufre quiebras importantes, que significan pérdidas de miles de millones de dólares, cierres de empresas, despidos y miseria para partes importantes de la población y de la clase obrera. En los años 80 vimos la crisis de la deuda de los países latinoamericanos y en los 90 la de los Tigres asiáticos. Pero hoy el epicentro de la crisis es la primera potencia mundial; de ahí la rapidez con que se ha extendido a todo el mundo y la gran desconfianza que se ha generado en los mercados financieros. La devaluación del dólar, que es la moneda del comercio mundial, es una confirmación de la gravedad de la situación. No se trata de una agravación más de la crisis, sino de un hundimiento cualitativo del paliativo que la burguesía venía aplicando para tratar de contener la crisis histórica y mundial del capitalismo: El crédito.
¿Es una crisis cíclica de la cual se podría salir con la aplicación de medidas acertadas?
Las crisis cíclicas fueron un fenómeno del siglo XIX (del período ascendente del capitalismo que duró hasta la Primera Guerra Mundial). Cada diez años más o menos aparecían las crisis de sobreproducción relativa (la tendencia de la producción capitalista es a desarrollarse al máximo como si no tuviese límites, pero necesita conquistar los mercados extracapitalistas, ya que como demostró Marx la ley de Say de que "la producción capitalista crea su propio mercado" es falsa). El capitalismo sale de sus crisis periódicas incorporando los mercados extracapitalistas y extendiéndose por todo el mundo. Pero como dijeron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: "...Basta citar las crisis comerciales que, con su recurrencia periódica, cuestionan en forma cada vez más amenazadora la existencia de la sociedad burguesa toda. En las crisis comerciales se destruye regularmente gran parte no solo de los productos engendrados, sino de las fuerzas productivas ya creadas. En las crisis estalla una epidemia social que en todas las épocas anteriores hubiese parecido un contrasentido: la epidemia de la superproducción. Súbitamente, la sociedad se halla retrotraída a una situación de barbarie momentánea; una hambruna, una guerra de exterminio generalizada parecen haberle cortado todos sus medios de subsistencia; la industria, el comercio, parecen aniquilados. ¿Y ello por qué? Porque posee demasiada civilización, demasiados medios de subsistencia, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone ya no sirven al fomento de las relaciones de propiedad burguesas; por el contrario, se han tornado demasiado poderosas para estas relaciones, y éstas las inhiben; y en cuanto superan esta inhibición, ponen en desorden toda la sociedad burguesa, ponen en peligro la existencia de la propiedad burguesa. Las relaciones burguesas se han tornado demasiado estrechas como para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿De qué manera supera la burguesía las crisis? Por una parte, mediante la destrucción forzada de gran cantidad de fuerzas productivas; por la otra, mediante la conquista de nuevos mercados y la explotación más a fondo de mercados viejos. ¿De qué manera, pues? Las supera preparando crisis más extensas y violentas y reduciendo los medios para prevenir las crisis.."
En 1914 comienza la decadencia del capitalismo, la etapa de las guerras imperialistas y de las revoluciones como dijeron los revolucionarios de la época. El mundo ya está repartido entre las grandes potencias, y los capitalismos nacionales que llegaron tarde al reparto (Alemania; Estados Unidos, Japón...) se ven obligados a cuestionar este reparto. La Primera Guerra Mundial inaugura la quiebra histórica del capitalismo, cien años de barbarie que han martirizado a la humanidad. Salvo unos años de reconstrucción tras la IIª guerra mundial, lo permanente han sido las guerras de exterminio y la crisis económica de sobreproducción relativa. Eso no significa sin embargo, que la burguesía haya renunciado a gestionar el hundimiento del capitalismo en la crisis, tratando de engañar al proletariado y a sí misma con diferentes estrategias para confrontar la crisis que prometían "la salida del túnel" y una nueva prosperidad, e intentando ocultar su verdadera dimensión. Con la reaparición de la crisis abierta tras la IIª guerra mundial, a finales de los años 60, recurrió a las mismas medidas que en los años 30, haciendo que el Estado se endeudara, tratando de paliar la falta de mercados, y poniendo masas de dinero en circulación. Esta política dio lugar al estallido de la inflación, con cifras de dos dígitos, que devoraban en poco tiempo los salarios, animando las luchas obreras, y dificultaban el comercio mundial. Por otro lado, trató de presentar esta situación como fruto de la subida de las materias primas y particularmente del precio del petróleo. Sin embargo, ante la agravación continua de la crisis, recurrió a partir de los años 80, a repartir la deuda del estado entre las empresas y los particulares, por medio de bonos y títulos de deuda, estimulando la especulación en bolsa para mantener, como siempre ante la falta de mercados solventes, una fuente de ganancia y al mismo tiempo de reembolso parcial de los créditos que diera una cierta credibilidad de que las deudas gigantescas acumuladas podían reembolsarse algún día y mantuviera en funcionamiento la economía mundial. Esto consiguió controlar la inflación durante los años 80 y 90; en cambio abocó a una sucesión de quiebras de una envergadura colosal, de las que la última, a finales de los 90, fue la de los Tigres asiáticos, y a un aumento de los despidos y el desempleo a través de las reestructuraciones y las quiebras. A partir de ese momento, es la primera potencia mundial, EEUU, la que asume, a través de un gigantesco déficit, el papel de "locomotora mundial". A comienzos de los 2000 se nos presentan las empresas "puntocom" como un verdadero campo de acumulación, expresión de la vitalidad del capitalismo; espejismo que dura apenas un año, volviendo con fuerza la recesión a partir de 2001. Y últimamente, la burguesía USA encuentra en la especulación desenfrenada en el mercado inmobiliario y de hipotecas, un nuevo campo de endeudamiento para mantener la ficción de una economía "sana".
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