El hachazo a las pensiones amenaza el futuro de todos los trabajadores

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HOJA REPARTIDA EN LAS MANIFESTACIONES DE JUBILADOS

Para el 17 de marzo están convocadas en más de cien localidades españolas, manifestaciones de pensionistas, invitando expresamente a otros sectores de la clase obrera – los asalariados, los parados, los jóvenes – a que se sumen a ellas. Y necesitamos luchar todos unidos porque las pensiones actuales y futuras están en el juego.

El desencadenante de estas protestas ha sido la ridícula y humillante subida de un 0’25% de las pensiones, y sobre todo, la amenaza a partir de 2019, de la puesta en marcha del llamado “factor de sostenibilidad”, que recalcula las pensiones en función del supuesto aumento de la esperanza de “vida” (de ¿qué vida?), las pensiones van a verse recortadas el primer año un 0’5%. Los expertos calculan que, en los próximos 20 años, con estas medidas, las pensiones de jubilación perderán como mínimo un 25% de su poder adquisitivo.

Es una lucha en interés de toda la clase trabajadora. De nuestros predecesores cuyos salarios y pensiones fueron esquilmados con la excusa de asegurar un futuro a las sucesivas generaciones obreras y hoy se ven estafadas como lo prueba la liquidación del Fondo de Reserva. Pero también de las actuales y futuras generaciones del proletariado. Por los que hoy no llegan a 677 euros/mes de pensión (que son la mitad de todos los pensionistas) y que marca el límite estadístico de la exclusión social.

El hachazo a las pensiones no viene solo. Se suma a un brutal desempleo juvenil (más del 40%), a una precarización laboral que afecta a trabajadores de todas las edades (6 millones, la tercera parte de todos los activos) y a la peor caída de los salarios en 60 años: desde 2008 fueron recortados en un 26%. La situación de las nuevas generaciones es tal que, según datos del Consejo Económico y Social, en España más de 422 mil familias sobreviven gracias a los ingresos de una pensión de jubilación.

Se nos sangra más aún con la implacable degradación de la atención sanitaria (retirando la financiación de medicamentos y disminuyendo las plantillas sanitaria etc.) y de todo tipo de prestaciones sociales, etc. ¡Y aún tienen la caradura de sugerir que nos hagamos planes de pensiones privados!

Por lo tanto: Si nos están atacando a todos a la vez. ¡Todos unidos debemos responder!

¡Ninguna confianza en la legalidad del Estado capitalista!

En estas movilizaciones se propone como solución el “blindaje constitucional” de las pensiones para ponerlas a salvo de nuevos recortes. ¡Somos mayores para creer en semejantes cuentos de hadas! En todos los países, hasta aquellos de constituciones más “avanzadas y sociales”, como Francia o Suecia, las pensiones se han visto rebajadas, se han endurecido las condiciones para acceder a ellas (retrasando en todo el mundo la edad de jubilación). Llegado el caso, cualquier Gobierno, de cualquier color político, se salta la ley para imponer las necesidades del capital, como por ejemplo hizo Zapatero en 2011 decretando la congelación de las pensiones.

Quienes se lanzan hoy a manifestarse, trabajadores y trabajadoras de 60-80 años, han vivido en sus carnes todo el cinismo del engaño democrático. Poco después de la aprobación de la constitución en 1978 cuyo artículo 35 proclamaba el derecho al trabajo, sufrieron la cadena de reconversiones industriales de los 80 que condenó a muchos de ellos a un desempleo crónico. ¡Fueron UN MILLON DE PUESTOS DE TRABAJO los que se destruyeron entonces!

Y recientemente sufrimos una oleada de desahucios que ha dejado a muchos sin hogar aun cuando el artículo 47 de la Constitución garantiza “una vivienda digna y adecuada”.

La actual generación de pensionistas ha sufrido a lo largo de todo este período “constitucional” más de 5 reformas de las pensiones. La primera dictada por el gobierno “socialista” de Felipe González en 1985 supuso situar en 65 años la edad de jubilación, ampliar de 8 a 15 años el periodo cotizado para poder cobrar una pensión, y calcular sobre los últimos 8 años y no los dos últimos como sucedía hasta ese momento. Esta reforma, que provocó la huelga general de junio 1985, ha abierto la puerta a sucesivos golpes a las pensiones, realizados por los gobiernos de Aznar, Zapatero y Rajoy, refrendados en su inmensa mayoría por los sindicatos, como por ejemplo la de Zapatero en 2011 que prolongaba hasta los 67 años la edad de jubilación. O sea que los baluartes del Estado democrático, los partidos y sindicatos, han sido en realidad los agentes del empobrecimiento de trabajadores y pensionistas. La constitución democrática no nos ha protegido, sino que ha servido para imponernos más miseria.

¡No al reparto de la miseria! ¡Si a la solidaridad y la lucha de clase!

Todos esos tajos a nuestras condiciones de vida han sido justificados siempre como sacrificios que una parte de la clase obrera tenía que asumir para mejorar las condiciones de vida futuras. La Reforma de 1985 se presentó con la coartada que ese dinero iría a mejorar la formación y la cualificación de los jóvenes trabajadores. 30 años más tarde el “problema” es que los jóvenes están demasiado “formados” para encontrar trabajo. Las más recientes – como las de Zapatero o Rajoy- se han hecho con la excusa de que el dinero que se les sustrae a los pensionistas se dedicaría a promover el empleo – por ejemplo liberando a los patronos del pago de cotizaciones sociales - y por tanto a asegurar las condiciones de vida presentes y futuras de los trabajadores, cuando se está expandiendo la epidemia de los trabajadores pobres (que ni aún con trabajo pueden conseguir una vivienda) y el futuro que sienten los más jóvenes, es que encadenando contratos precarios y desempleo, jamás lograran una pensión.

Lo que pretenden nuestros explotadores, utilizando las maniobras de sus partidos y sindicatos, es sembrar la cizaña en nuestras filas, el DIVIDE Y VENCERAS. Que los jóvenes vean a los jubilados como un lastre que impediría el crecimiento económico; que los trabajadores nativos vean a los emigrantes el enemigo que les robaría trabajo y seguridad social…. Cuando la verdad es que en este mundo no hay más que un parásito: el sistema capitalista que hace que una minoría explotadora viva a expensas de la riqueza producida por toda la clase obrera.

Las pensiones, los seguros de paro y enfermedad, fueron históricamente la creación de la clase obrera en el siglo XIX y principios del XX, conscientes de la importancia de la solidaridad de clase. Pero los sistemas llamados de “Seguridad Social” son otra cosa RADICALMENTE OPUESTA. Son el resultado de la usurpación de esos recursos y de esa solidaridad por parte del Estado capitalista. El régimen de la Seguridad Social, desarrollado principalmente en Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, ha supuesto un inmenso negocio para los Estados pues usan el dinero de los trabajadores para sus especulaciones financieras y para reflotar empresas y bancos

Además, ha servido para inculcar la idea de que todos seríamos unos “protegidos” de Papá Estado destruyendo la solidaridad y ocultando que todo sale de nuestro trabajo. También, les permite sembrar la división diciendo que los emigrantes nos quitarían esos privilegios. El problema para el futuro de la humanidad no es que haya demasiados seres humanos o que estos vivan demasiado tiempo. Lo que de verdad amenaza a la especie humana y a toda la naturaleza del planeta es la pervivencia de un sistema basado en la explotación y en la acumulación, en la apropiación por unos pocos de lo que producimos entre todos. El futuro solo puede basarse en la solidaridad y no en la competencia de unos con otros.

El hachazo a las pensiones en España añade más sufrimiento a otros hachazos en otros países, por ejemplo, el terrible en Grecia donde ha habido desde 2010 ¡13 recortes! Pensionistas de España, Francia, Italia, de todo el mundo, se hacen la pregunta angustiosa que se hacía un pensionista griego: “No me puedo morir pues ¿de que vivirán mis nietos?”. El desempleo, la precariedad, el derrumbe del sistema de pensiones son problemas mundiales nacidos de la crisis del capitalismo. Solo la lucha unida, solidaria y auto-organizada, de todos los trabajadores, en todos los países, podrá abrir un camino hacia su solución.

Corriente Comunista Internacional

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