Una defensa de la explotación capitalista en nombre del "comunismo"

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Es muy importante clarificar qué es realmente el comunismo. Alberto Garzón, coordinador general de Izquierda Unida y dirigente del Partido Comunista de España, se está dedicando a conmemorar el centenario de la revolución de 1917 con charlas donde explicaría qué es ser comunista hoy. En una entrevista a El Diario, Alberto Garzón explica el contenido de estas exposiciones[1]

El Partido Comunista de España -como cualquier otro partido comunista del mundo[2]- es un defensor incondicional de la explotación capitalista. Sin embargo, esta defensa no la hace utilizando los argumentos típicos de la derecha o del populismo (la “libertad”, el “orden”, la “iniciativa privada”, el “valor de la competencia”, el “sálvese quien pueda”, “nos quitan lo nuestro”), sino otros que parecen colocarse en un terreno de “rebeldía”, de “cambio social”, de “lucha contra la injusticia”, de “solidaridad”.

Necesitamos pues examinar con rigor los argumentos de estos “paladines del comunismo”, su visión de en qué consistiría “ser comunista hoy”.

La Justicia no lleva al comunismo

Según Garzón, el comunismo “es un movimiento político y social formado por mucha gente heterogénea que comparte esa sensibilidad y que, en la práctica, se actúa para transformar la realidad o intentar transformar esa realidad en un mundo más justo.

Aquí hay dos golpes bajos al comunismo. Primero, su objetivo sería “hacer un mundo más justo”. “Hacer un mundo más justo” es algo tan vago que, según esa lógica, desde el Papa Francisco hasta el dueño de Facebook, Marck Zuckenberg, pasando por el millonario Amancio Ortega, todos serían “comunistas”, pues todos ellos han proclamado su deseo de hacer el mundo más justo.

Pero, ahondemos un poco más, ¿qué es la justicia? Según los códigos de esta sociedad, justicia es que te desalojen de la vivienda si no eres capaz de pagar la hipoteca o el alquiler; justicia es que te tiren de un trabajo porque la empresa tiene pérdidas; justicia es que te paguen un salario de miseria.

Con las leyes en la mano, con los usos y costumbres que generan las relaciones capitalistas de producción, todo eso es JUSTO. ¿Qué te veas obligado a dormir en la calle por no poder pagar los plazos de la hipoteca o el alquiler? Pues tú te lo habrías buscado al firmar un contrato legal y legítimo. ¿Qué tu salario no te permite llegar a fin de mes o apenas da para que tus hijos coman una vez al día? ¡No te quejes! ¡son las reglas de la oferta y la demanda!

El criterio de justicia que emplea el “comunista” Garzón, en comandita con el Papa o Zuckenberg, no permite comprender la inhumanidad y la barbarie que encierra el capitalismo, la terrible “injusticia” que se esconde detrás de todo el edificio de sus relaciones de producción y de las leyes que dictaminan como lo más justo y normal del mundo. En el trabajo asalariado y en la plusvalía que el capital saca a los obreros está la raíz misma de la pobreza de la inmensa mayoría y la riqueza de una pequeña minoría. Cada obrero produce por valor de, por ejemplo, 10000 € al mes y, sin embargo, recibe 600, 800, como máximo 1000 €, es decir, que con la justicia en la mano el Capital le roba 9000 € de su producción[3].

Garzón nos pide que luchemos por algo tan reaccionario y engañoso que sería la Justicia, la cual santifica y legitima el trabajo asalariado, la plusvalía, la acumulación de capital, el intercambio mercantil, es decir, todo lo que está produciendo la miseria, el desempleo, la guerra, la barbarie, la destrucción medioambiental… No, la lucha hay que llevarla por una sociedad donde desaparezca la explotación del hombre por el hombre, la división en clases sociales, el Estado y las fronteras nacionales. Solamente con esa perspectiva nos podremos liberar. No es una lucha por la “justicia social” sino una lucha por la creación de una nueva sociedad.

Negación del proletariado

El segundo golpe es aún más grave. El “movimiento comunista” que nos presenta Garzón estaría formado por “mucha gente heterogénea”, ocultando que el comunismo es el movimiento del proletariado, la clase revolucionaria del capitalismo. El comunismo no es la obra de líderes o de gentes heterogéneas de buena voluntad, es la obra del proletariado, LA EMANCIPACION DE LOS TRABAJADORES SOLO SERA OBRA DE LOS TRABAJADORES, fue el axioma de la Primera Internacional[4]. El proletariado es un crisol de individuos de todas las edades, orígenes, razas etc., pero no es “heterogéneo” sino que está unido por el sufrimiento de la explotación asalariada y por ser el productor asociado mundial de la mayoría de riquezas sociales. Los proletarios de todos los países tienen un MISMO INTERES: luchar contra la explotación capitalista en la perspectiva de abolirla.

Garzón va más lejos en la negación del proletariado. Según él, “La historia (…) puso en entredicho los planteamientos de Marx. La clase obrera entendida como el proletariado, que hoy identificaríamos con el mono azul, no es mayoritaria. Y lo que hay es una diversificación que hace que incluso surjan estratos, que hemos venido a llamar clase media, creo que, por error, pero en cualquier caso aquí nos sirve para entendernos, que no tienen los mismos intereses que la clase obrera.

El análisis de Marx jamás ha reducido la clase obrera a los trabajadores de mono azul. La composición y forma social de la clase obrera ha variado a lo largo de la historia. En los tiempos de Marx existía una parte importante de la clase obrera ligada aún a la producción artesana, los trabajadores más de vanguardia no eran los de fábricas y manufacturas sino más bien de gremios como la imprenta, los sastres etc. En el periodo que va de fines del siglo XIX hasta los años 70 del siglo XX, la vanguardia de la clase obrera la ocupan los trabajadores de las grandes fábricas. Sin embargo, desde los años 80 se producen cambios significativos, junto a grandes centros de producción se desarrollan otras concentraciones gigantes de sanidad, educación, investigación, informática, finanzas etc. Al lado de ellas existe una enorme constelación de pequeños lugares de trabajo con servicios, talleres, transportes, logística…, finalmente, se genera una masa de trabajadores que lo hacen individualmente en vehículos de todo tipo o delante de un ordenador (teletrabajo).

Es decir, la clase obrera ha cambiado notablemente de composición y estructura, se le han incorporado nuevas capas que antes no formaban parte de ella y, si bien -salvo países como China o Alemania- ya no se concentra mayoritariamente en grandes fábricas, se haya distribuida en grandes redes de producción, servicios, logística, transporte…, que cubren numerosas ciudades de la gran mayoría de países industrializados.

La precariedad y el aislamiento dominan; igualmente, muchos obreros tienen título universitario y varios idiomas, las mujeres se han incorporado masivamente a los puestos de trabajo. Estos cambios configuran otra piel de la clase obrera. Sicológica y sociológicamente hablando, muchos, quizá la mayoría, de los obreros no se consideran clase obrera, sino que quizá se sientan “clase media”, “los de abajo”, “ciudadanos de a pie” etc.

Todos esos clichés falsifican la realidad profunda de lo que es la clase obrera y la evidencia, en contra de las falsificaciones de Garzón, de que es mayoritaria en la sociedad. Esa masa de mujeres y hombres, precarizada, con una elevada cultura, sin domicilio fijo ni país definitivo de residencia, con varios idiomas y una relación cosmopolita, que trabaja en una cadena de producción mundial, es la que puede identificarse con “una clase radicalmente esclavizada, una clase de la sociedad burguesa que no es una clase de la sociedad burguesa, un estado social que es la desaparición de todos los estados sociales; una esfera que obtiene de sus sufrimientos universales un carácter universal y no alega ningún derecho especial porque ella no padece una injusticia social, sino la injusticia en sí, que no puede ya apelar a un pretexto histórico sino a un pretexto humano; una esfera, finalmente, que no se puede emancipar sin emanciparse de todas las demás esferas de la sociedad y sin emanciparlas a su vez; significa, en una palabra, que el total aniquilamiento del hombre sólo puede rehacerse con la completa rehabilitación del hombre. Ese estado especial en el cual la sociedad va a disolverse es el proletariado [5]

Pero, Garzón va aún más lejos en el ataque a la clase obrera, la única que, por su acción común a escala mundial, puede llevar al comunismo. Nos dice que “existen las contradicciones entre la clase trabajadora del norte, de Occidente y la clase trabajadora del sur, que a veces es expoliada por el propio sistema económico del norte, del que se ve beneficiado la clase trabajadora del norte”.

La extracción de la plusvalía es un fenómeno mundial y no tiene lugar empresa a empresa o nación a nación. El conjunto del capital mundial obtiene una masa total de plusvalía que la competencia entre capitalistas cuyo reparto viene determinado por varios factores, principalmente dos: la pelea entre sus distintas fracciones (financiera, industrial, comercial, burocrática, política etc.) y, sobre todo, la pugna entre los diferentes capitales nacionales. Los trabajadores no tienen nada que ver con esos factores. Sus intereses son los mismos en todos los países y se oponen siempre a “su” Estado nacional o a “su” empresa.

Es muy venenoso que, con argumentos falsos, sin base científica, basados en el sentido común, Garzón ataque el bien más preciado de los trabajadores: SU UNIDAD. Garzón se las da de “solidario” pero con su argumento de “la oposición de intereses entre los trabajadores del Norte y del Sur” siembra la división y el enfrentamiento entre los trabajadores. Su “argumento” abona la ponzoña reaccionaria de los populistas que oponen a los obreros del país a los emigrantes que vendrían a “quitarles el trabajo”. Su “argumento” abona las ideas tan expandidas en América del Sur de ver a sus hermanos de Estados Unidos como enemigos cómplices de Trump.

La contra – revolución estalinista

El entrevistador le pregunta a Garzón sobre algo tan evidente como la barbarie de la URSS y su hundimiento final. Como buen político burgués Garzón elude la pregunta incómoda y no dice absolutamente nada: “hay veces que se hacen juegos de prueba y error y entonces tenemos que ser conscientes de que cuando han pasado determinadas cosas en la historia, hay que afrontarlas críticamente. Ver qué ha fallado. Ver cuáles son las deficiencias, que probablemente no son pocas.

Para Garzón la explotación feroz que imperaba en la URSS, la liquidación de todo lo que quedaba del bolchevismo en los procesos de Moscú, los campos de concentración, el Gulag, la gran guerra patriótica con sus 20 millones de muertos, la deportación sanguinaria de millones de campesinos… esa barbarie gigantesca, sería un “juego de prueba y error” (¿¿¿). ¡Qué desfachatez!

La feroz dictadura de los hermanos Castro en Cuba con los racionamientos, la triple moneda, la miseria generalizada, serían ¡un juego de prueba y error! Las hambrunas que padecen trabajadores y campesinos en Corea del Norte a la mayor gloria de la dinastía Kim y al servicio de la “bomba” sería un “juego de prueba y error”.

Ese cinismo escandaloso tiene una sencilla explicación: él es heredero y continuador del estalinismo, la cristalización política de la contra-revolución que liquidó muy pronto -menos de una década después de 1917- el bastión proletario en Rusia y convirtió al partido bolchevique y a los partidos de la Tercera Internacional en partidos del capital, partidos con fachada “proletaria y comunista” y naturaleza total y absolutamente capitalista[6].

PCE: Partido del Capital Español

El principio fundamental del proletariado es el internacionalismo. No solamente porque sus intereses son los mismos en todos los países y no tiene ninguno que lo ate a “su país” (El proletariado no tiene patria) sino también porque trabaja de forma asociada a escala mundial por lo que el comunismo solo podrá ser mundial y solo nacerá de una revolución mundial con la participación del proletariado de todos los países.

Pero nada de esto interesa a Garzón que no dice ni una palabra al respecto, ni siquiera como retórica, él se siente muy cómodo, cuando le hablan de España, del “comunismo en España”, es decir, Garzón piensa y concibe su “ser comunista” como un objetivo nacional, al servicio de la nación. A Garzón solamente le preocupa España, no le preocupa el proletariado mundial, ni la situación y el futuro de la humanidad, su horizonte se limita a España, en ese sentido es un político nacional y nacionalista, su partido es un Partido del Capital Español (PCE).  Por ejemplo:

“El problema principal económico de España es la desindustrialización y por tanto una industria productiva basada en bajo valor añadido. Nuestro país se está basando en turismo y en construcción. Sectores que no solo son de bajo valor añadido, sino que son estacionales. Si tú tienes una economía que funciona fundamentalmente de que vengan turistas desde fuera y tienes hoteles abiertos cada seis meses. Seis meses sí, seis meses no, pues tienes trabajadores seis meses sí, seis meses no y lo que tienes es precariedad. Entonces el modelo productivo configura el tipo de relaciones laborales. En España tenemos precariedad no solo por las reformas laborales, sino por la estructura productiva.

A Garzón no le interesa ni los salarios que se cobran, ni el empleo, ni las crueles condiciones laborales, ni la ausencia de un mínimo futuro para la gran mayoría, no, a él lo que le preocupa es la estructura de la economía española, la desindustrialización de España… Su mensaje es muy claro: para que el trabajador pueda comer el capital nacional español tiene que tener otra estructura productiva, ser más competitivo, ser más productivo… Es decir, Garzón ata el interés de los trabajadores al interés nacional del capital. Y ese es el mensaje de TODOS los partidos del capital, desde el fascismo al populismo, desde el socialismo a los llamados “comunistas”.

Contra esa mentira, el proletariado solo puede defender sus intereses inmediatos e históricos si rompe con el interés nacional del capital, si se une a sus hermanos de clase a escala mundial, si se concibe como clase contra la nación en todos los países. El proletariado no tiene que elegir entre España y Cataluña, tiene que luchar contra las dos patrias que, pueden ser rivales entre ellas, pero que comparten la imposición de la explotación y la miseria[7].

Además, Garzón lanza una mentira demagógica basado en una lógica de Perogrullo: habría precariedad porque la principal industria de España es el turismo. ¿Cómo explica Garzón la creciente precariedad en Alemania con sus salarios de 400 euros, un país industrial por antonomasia? ¿Cómo entender según la lógica de Garzón la precariedad galopante en Estados Unidos o en Gran Bretaña? ¿Se le ha olvidado a Garzón que existe precariedad en la industria automovilística, en los servicios públicos, en la informática?

La precariedad está en el ADN mismo de la clase obrera. Todo proletario no tiene garantizado los medios de vida y se ve obligado al trabajo asalariado para sobrevivir. Esto es el ABC del comunismo que el profesor Garzón pretende que olvidemos. Preguntándose lo que diferencia el proletario del esclavo, Los Principios de Comunismo, escritos por Engels en 1847 subrayan: “El esclavo está vendido de una vez y para siempre, en cambio, el proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo esclavo individual, propiedad de un señor determinado, tiene ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En cambio, el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda la clase de la burguesía. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada únicamente a toda la clase de los proletarios. El esclavo está fuera de la competencia. El proletario se halla sometido a ello y siente todas sus fluctuaciones[8]

¡Cualquier joven precario de cualquier país del mundo, desde Alemania a China o desde USA a España, puede verse claramente reflejado en ese retrato trazado hace 170 años!

Desde las instituciones y desde la calle el PCE defiende el interés nacional del capital

Garzón se siente preocupado por la desafección y la desconfianza que en ciertos ambientes obreros se expresa ante los partidos de izquierda (PSOE, IU, Podemos). Así, por ejemplo, su antecesor en el cargo, Cayo Lara, fue rechazado por jóvenes de las asambleas del 15 M en Madrid.

Para hacer frente al problema lanza una explicación: la izquierda se habría institucionalizado. Hablando del Eurocomunismo que en los años 70 fue la careta a través de la cual el PCE se hizo aceptar por el bloque imperialista americano, Garzón señala:  “el eurocomunismo no es un proyecto político definido, es más bien una cultura política que propone que las instituciones que se han conseguido son las necesarias y las suficientes para llegar al socialismo y que por lo tanto el instrumento de mayor incidencia social es presentarse a las elecciones y tener influencia en las elecciones. Dedicas toda tu energía prácticamente a ese ámbito y eso genera una cultura política. La cultura política de la institucionalización, una izquierda institucionalizada. Una izquierda que abandona progresivamente la construcción del tejido social, de los medios de comunicación. ¿Dónde está la Radio Pirenaica? ¿Dónde están las asociaciones de vecinos? ¿Dónde está el PCE desplegando sus ramas por el tejido social, por los barrios, por las clases sociales? Todo eso va perdiendo peso y lo va ganando la maquinaria institucional.

Participar en las elecciones forma parte de la integración de los antiguos partidos obreros (socialistas, comunistas, trotskismo) en el Capital[9]. Sin embargo, cuando trabajan en “movimientos sociales” con obreros o con vecinos, cuando encabezan una manifestación, cuando se infiltran en una asamblea obrera, también están defendiendo un programa capitalista. Hablan de defender la democracia, de ciudadanos, como hemos visto antes de justicia, de interés nacional… En la calle o en las instituciones defienden siempre el interés nacional del capital, defienden siempre todos los temas de la ideología burguesa.

En las elecciones o en las Cortes hablan de “nacionalizar los bancos”, lo que es un programa capitalista de Estado que de forma encubierta aplicó Rajoy con las cajas de ahorros en quiebra o Bush en 2007-2008 cuando las quiebras sacudieron las instituciones financieras USA[10]. Esa misma patraña capitalista la defienden en la calle, en una manifestación o en una huelga. Hay un refrán que dice “la mona, aunque se vista de seda mona se queda”, IU, Podemos, PSOE, aunque se vistan de manifestante callejero o de “vecino de base” siguen siendo un DEFENSOR DEL CAPITAL Y DEL INTERES NACIONAL DEL CAPITAL.

Smolny 211017


[2] Los llamados partidos comunistas cortaron el cordón umbilical con la revolución rusa de 1917 y con el partido bolchevique que estuvo a la vanguardia de esta revolución, con la contra-revolución estalinista que se consolidó a partir de 1922. Ver, entre otros documentos, El estalinismo aún despide su hedor contra-revolucionario, http://es.internationalism.org/cci-online/201302/3644/el-estalinismo-aun-despide-su-hedor-contrarrevolucionario

[3] Ver Marx: Trabajo asalariado y capital, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/49-trab2.htm

[4] Recordemos pues la ideología y la propaganda han borrado muchas cosas de nuestra memoria histórica: la Primera Internacional, AIT: Asociación Internacional de los Trabajadores, existió entre 1864 y 1876, reagrupó las fuerzas proletarias en muchos países de Europa y algunos de América, en ella militaron Marx y Engels.

 

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