El Frente Nacional, una fronda reaccionaria ligada a la descomposición de la sociedad.

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Hubo un tiempo en el que el Frente Nacional en Francia, con Jean-Marie Le Pen a su cabeza, juntaba a un público heterogéneo, algo marginal, frecuentemente nostálgico de una época ya pasada, antiguos combatientes de la Argelia francesa, una franja de jóvenes o menos jóvenes, anti-estalinistas primarios, listos para la batalla contra cualquier izquierdista o demócrata de carnet. Los mítines del FN eran la ocasión para que Le Pen arengase a centenares de comerciantes o artesanos radicales, estudiantes pequeño burgueses dirigidos por algunos jóvenes neo-nazis, con las cabezas rapadas y rangers, que no dudaban en alzar la mano fascista, a la manera hitleriana, para saludar el discurso del “tuerto”[1].

La pequeña masa de inadaptados del FN ha dejado lugar hoy a miles de personas, todas decentes y honestas, procedentes en parte de una composición obrera, que acuden muchas veces en familia. Ya no tienen gran cosa que ver con el público extremista de antes. Mientras tanto, el FN se ha convertido en el primer partido de Francia a nivel electoral. Se ha situado a la cabeza de numerosas elecciones intermedias, el partido de Marine Le Pen preocupa mucho hoy en día a la burguesía francesa, ya que esta última da casi por seguro que la extrema derecha accederá muy probablemente a la segunda vuelta de la próxima elección presidencial con un resultado histórico.

El FN propaga una ideología irracional e inmoral

El ascenso de la fuerza del populismo, lejos de ser una excepción francesa, se alimenta de las tendencias más descompuestas de una sociedad capitalista envuelta en una crisis generalizada y frente a la cual el proletariado es incapaz por el momento de defender una perspectiva revolucionaria[2]. En esta situación, de bloqueo histórico de la sociedad, del subsuelo de la moral burguesa salen a la luz las ideologías más reaccionarias, odiosas y revanchistas.  Marine Le Pen se ha liberado ciertamente de los excesos del padre (¡aunque con peros!), ha pulido su discurso haciendo un llamamiento para los excluidos por la crisis y el paro. Ha logrado hacerse una imagen más virtuosa e íntegra y tiene siempre palabras duras contra los políticos de derecha y de izquierda que se han sucedido en el poder, por como hacen pagar la crisis a los más débiles. Pero, sin embargo, la marca distintiva de este partido sigue siendo la misma: una acérrima xenofobia, el racismo como respuesta cotidiana, las respuestas simples y demagógicas. “¡Estamos en nuestra casa!”, se escucha ya sin complejos en algunas manifestaciones abiertamente xenófobas, amplificados por los recientes actos terroristas islamistas o por la delincuencia común en las ciudades gangrenadas por la droga y la desocupación.

Si el FN ha subyugado a estos ”ciudadanos íntegros”, enfadados por la incapacidad del Estado desde hace años por resolver sus problemas cotidianos, exasperados por cómo ven las promesas, de derechas o de izquierdas, “traicionadas” por una clase política cada vez más corrompida. Se extiende a partir de un discurso innoble según la cual la supervivencia de algunos tiene que hacerse a costa de los otros: ¡el interés nacional en primer lugar!, ¡los extranjeros bien se pueden morir en su casa! Esta concepción del mundo “naturalmente” dividido entre naciones concurrentes se encuentra profundamente anclada en la ideología burguesa, pero el hecho de reivindicarlo tal cual, desembarazándose  sin ningún complejo de toda la hipocresía humanista que durante mucho tiempo edulcoró el nacionalismo y el militarismo, representa un paso significativo en la disolución de la sociedad:

¡Con la barbarie a cuestas, la inmoralidad se convierte en estandarte !

El FN inquieta al resto de la burguesía francesa

La posibilidad de ver que el FN llegue al poder inquieta mucho al conjunto de la burguesía, ya sea en su programa económico, social y político. Un programa inadecuado e irresponsable desde el punto de vista de los intereses del capital nacional. Pero la clase dominante se encuentra muy lejos de la homogeneidad de cara a este fenómeno:

• Una parte de la gran burguesía intenta “subirse a la ola” del populismo, en primer lugar porque cree que puede controlar su ascenso adoptando su discurso. Nicolas Sarkozy ha teorizado, en este sentido, desde 2007 la idea de “succionar los votos del FN”. Pero esta “derecha sin complejos” está también defendiendo sus intereses como camarilla, preocupándose cada vez menos por los intereses generales del Estado. Adoptando el argumentario del FN ha normalizado y convertido en “aceptable” un discurso xenófobo para los electores y éstos, que prefieren el original a la copia, han acabado por reforzar al FN.

• Otra parte de la burguesía más lúcida o consciente del peligro, como Alain Juppé o el Partido Socialista, ha preferido mantener las distancias y los principios del “ideal republicano” democrático y europeo, a sus ojos los únicos garantes de una política económica y social coherente frente a la crisis y a los riesgos sociales.

Pero esta defensa del Estado les ubica también como aquéllos a través de los que el mal llega, el “establishment” que desea continuar como antes y que desprecia “al pueblo”. En efecto, si la defensa por una parte de la clase obrera del FN es tan fuerte es porque a sus ojos la clase política, de derecha y de izquierda, que ha tenido las riendas del poder durante muchísimos años se ha desacreditado profundamente. Estos partidos han defendido la desindustrialización, el paro, los ataques durante 40 años. Es pues este “establishment” que hay que rechazar a través de las urnas y llevar al poder a las voces que quieren “dar un golpe fuerte sobre la mesa”.

Para la burguesía y el Estado, cualesquiera que sean las orientaciones adoptadas, la respuesta frente al populismo no tendrá los resultados deseados. Es una dinámica profunda que no puede sino desarrollarse en el terreno de la descomposición social. Sobre todo el populismo es un veneno que agrava las dificultades políticas de la clase obrera, pudriendo la conciencia de los sectores más frágiles a través del veneno de la xenofobia pero también reforzando la trampa del democratismo en nombre de la defensa de los “valores republicanos” contra el “fascismo”.

¿Cuáles son las causas profundas del desarrollo del populismo en el mundo? ¿A qué nos conduce? ¿Qué diferencias y semejanzas tiene con el fascismo de los años 30´ ? ¿Qué fuerza en la sociedad puede frenar este fenómeno? Es a todas estas legítimas preguntas que muchos de los artículos de este número de Révolution Internationale intentan responder[3].

Stopio, 28 de octubre de 2015


[1] Este apodo se debe a la pérdida por parte de Jean Marie Le Pen de su ojo izquierdo en los años 70´ que le ha llevado a tener un ojo de cristal (NdT).

[3] Este artículo pertenece a nuestra publicación en Francia Révolution Internationale. Respuestas como las que se dan en dicho número se pueden encontrar en la Web en español: además del artículo citado en la nota 2, se puede consultar http://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201611/4183/trump-clinton-elegir-entre-lo-peor-y-lo-pesimo , http://es.internationalism.org/revista-internacional/201611/4185/brexit-trump-contratiempos-para-la-burguesia-que-en-nada-son-un-bu

 

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