Egipto, Túnez: Nuestra fuerza está en la lucha masiva

Versión para impresiónEnviar por emailEste mar de fondo muestra al mundo entero que los gobiernos, incluso los más claramente sanguinarios, no son tan todopoderosos como se piensan y que es posible derrocarlos. Tras la salida de Mubarak del Gobierno en Egipto, que siguió a la de Ben Alí en Túnez,  no hay nada resuelto. Tanto en Egipto como en Túnez los nuevos "representantes" del poder, militares o civiles, continúan perteneciendo a la misma pandilla, al mismo campo, a la misma clase que los anteriores, siguen teniendo, todos, el mismo objetivo: ¡explotarnos!

La burguesía occidental, de izquierdas o de derechas, que ha andado de compadreo con todos estos dictadores durante décadas, alaga hoy hipócritamente a estos "pueblos corajudos que combaten por la democracia". Pero los halagos no sirven de nada, la miseria y la represión que han provocado la revuelta siguen ahí, tan presentes como lo están en el mundo, en todo el mundo, sometido al capitalismo y a la clase dominante.

 

¿Qué significa esta revuelta?

 

El "efecto dominó", que ha llevado al derrocamiento o a la puesta en cuestión de muchos regímenes tiránicos en África del Norte o del Medio Oriente, evoca en muchos el hundimiento en cadena de los regímenes del bloque del Este a principios de los años noventa y les viene a la memoria aquella situación en la que se alimentaban también falsas esperanzas democráticas en las poblaciones liberadas de décadas de terror. Existe sin embargo una diferencia capital entre los dos movimientos, entre los dos periodos. El 1989-90 la burguesía fue quien más se benefició de todo aquello; permitiéndose desarrollar su engañosa ideología sobre la muerte del comunismo, en la que equipara "la implosión de los regímenes estalinistas en descomposición" con "la muerte del comunismo". Los proletarios no tenían entonces conciencia clara de que, en realidad,  era un bloque entero del sistema capitalista lo que se hundía; de manera que toda esta propaganda asestó un fortísimo golpe a la moral y la combatividad de nuestra clase. Concretamente: durante los años noventa hubo muy pocas luchas en el mundo; sin embargo hoy, la liberación de poblaciones enteras del yugo y la losa de plomo que imponían odiados dictadores es, por el contrario, un estímulo para la lucha en todo el mundo,  a pesar de que estas sublevaciones continúen secuestradas por  las perniciosas ideologías nacionalistas y por grandes ilusiones democráticas, electoralistas. La presencia en de obreros en este movimiento que se posicionan en torno a sus propias reivindicaciones y que las sitúan en un terreno de clase es, sin duda, su factor más positivo. Es precisamente esto lo que inspira más temor a la burguesía en todo el mundo. Las luchas obreras, que en un principio quedaron anegadas por la explosión general de cólera, han jugado, sobre todo en Egipto, el papel de un verdadero acelerador de los acontecimientos. Es muy significativo que, solamente cuarenta y ocho horas después de la extensión de estas huelgas a la región industrial del Canal de Suez, Obama persuadiera al ejército de que Mubarak debía salir inmediatamente del Gobierno.  Y aun más edificante ver que, tras eso, el movimiento de huelgas continúa extendiéndose; apremiando así al ejército, nuevo gendarme de la nación, a difundir un mensaje inequívoco en el que está exigiendo que ¡Acaben las huelgas y obreros y empleados vuelvan al trabajo!

 

 

 Afirmación de las luchas obreras

 

Hossam el-Hamalawy[1] explica, en un artículo publicado en el The Guardian del 14 de febrero, el recrudecimiento de las luchas obreras al que nos referimos: "Todas las clases en Egipto han tomado parte en la insurrección. Mubarak ha logrado poner en su contra  a todas las clases sociales. En la plaza Tahrir se encontraban los hijos y las hijas de la élite egipcia colaborando con los trabajadores, los ciudadanos de clase media y los pobres de las zonas urbanas; pero no olviden que fue cuando comenzaron las huelgas masivas cuando el Régimen comienza a desmoronarse y cuando el ejército obliga a Mubarak a dimitir porque el sistema se hundía... Desde el primer día de la insurrección, el 25 de enero, la clase obrera tomó parte en las manifestaciones. Sin embargo, al comienzo los trabajadores participaban únicamente como "manifestantes" y no como "obreros"; es decir, no actuaban autónomamente. No fueron los manifestantes quienes pararon  la economía sino el Gobierno con su Toque de queda, el cierre de los bancos y de las empresas. Se trata de una huelga capitalista con la que se intenta aterrorizar al pueblo egipcio."

David McNally[2], en su artículo en www.pmpress.org, nos da una idea de la extensión de las luchas obreras: "Decenas de miles de personas entran en acción, durante la semana del 7 de febrero. Miles de ferroviarios se ponen en huelga bloqueando las vías. Seis mil trabajadores del Servicio del Canal de Suez paralizan el trabajo y organizan ocupaciones y "sentadas "en Suez y otras dos o tres ciudades. En Mahalla, mil quinientos trabajadores de "Abul Sebae Textiles" hicieron huelga y bloquean la carretera. En el hospital de Kafr al-Zayyat, enfermeras y enfermeros organizan una sentada a la que se unen centenares de empleados de otros hospitales. En todo Egipto otros miles de trabajadores -empleados de autobús en El Cairo, los de "Telecom Egypt", periodistas de algunos diarios, trabajadores de empresas farmacéuticas y metalúrgicas se han sumado a la oleada de huelgas. Exigen la mejora de los salarios, el despido de los directores de empresa sin escrúpulos;  reclaman los salarios que se les deben, mejores condiciones de trabajo y sindicatos independientes. En numerosos casos han llamado también a la dimisión del presidente Mubarak. En otros, como el de los dos mil obreros de de la seda "Helwan Factory", han exigido la supresión del Consejo de administración de su sociedad. Está también el caso de los miles de miembros del cuerpo profesional de la Universidad de El Cairo que se han sumado a las manifestaciones, se han confrontado a las fuerzas de seguridad y han impedido al Primer ministro Ahmed Shariq reintegrarse a  su despacho en el Gobierno."

Podríamos referir numerosos ejemplos más: alrededor de 20.000 trabajadores de Al-Mahalla  Al-Kobra -la mayor fábrica de hilatura y tejidos de Egipto, situada a más de cien kilómetros al Norte del Cairo- vuelven a la huelga, tras una pausa de tres días, exigiendo la destitución de sus corruptos patrones; los conductores de ambulancias utilizando  sus vehículos bloquean las carreteras para protestar por su bajo salario; trabajadores que se manifiestan ante la sede de la Federación de los sindicatos egipcios a los que denuncian de "Pandilla de rufianes", de "Banda de golfantes" y llaman a su disolución (evidentemente, el fuerte brazo del servicio de orden sindical  respondió estos trabajadores con golpes y balas).

Sin duda, habrá muchos ejemplos que añadir a esta pequeña lista.

 

 

...a pesar de las ilusiones democráticas.

 

Ahora que las manifestaciones masivas se han dispersado, circulan informaciones según las cuales las reuniones de trabajadores están siendo prohibidas. Ya sabemos que, durante todo el periodo en que el ejército  decía ser el protector de las personas, cientos de militantes han sido arrestados y torturados por esta misma institución "popular" y que no hay ninguna razón  para pensar que este tipo de represión "ordinaria" no vaya a continuar, incluso en el caso de que  el movimiento consiga evitar los enfrentamientos directos.

Sin embargo, la ilusión de que el ejército pertenece al pueblo está presente. Es una ilusión muy  peligrosa, ya que impide a los oprimidos ver quién es su enemigo, de dónde le va a llegar el próximo golpe. Es una ilusión que no va sola sino que forma parte de una ilusión más amplia: la "democracia"; es decir, la ilusión de que  los cambios en la forma de Estado capitalista harán cambiar la función de este Estado y lo pondrán al servicio de los intereses de la mayoría. El llamamiento a formar sindicatos independientes, que ha recorrido muchas de estas huelgas, hunde sus raíces en una variante del mito democrático: se basa concretamente en la idea de que el Estado capitalista, cuyo verdadero papel es proteger un sistema que no tiene nada que ofrecer a los trabajadores ni al conjunto de la humanidad, podría permitir a la clase explotada mantener sus propias organizaciones independientes de forma permanente.

 

¿Qué perspectivas tiene ante sí la lucha de clases?

 

Hoy, solo se puede hablar de revolución en un sentido, en el de la perspectiva de la revolución proletaria internacional: pero aún estamos lejos de ella. La conciencia auténticamente revolucionaria, necesaria para conducir esta revolución a la victoria, sólo puede desarrollarse si se hace a escala mundial y no se puede plasmar sin la contribución decisiva de los trabajadores más experimentados de los países capitalistas más antiguos de Europa.  Los proletarios (y otras capas oprimidas) de Oriente Medio y África del Norte desarrollan en estos momentos luchas que alumbran  enseñanzas esenciales para el proletariado mundial: sobre la manera de llevar adelante sus propias luchas, sobre la organización de la ocupación de las calles, sobre la solidaridad y la ayuda mutua. En la plaza Tahrir se expresó toda esta creatividad, toda esta capacidad de autoorganización de la lucha obrera. Así lo describe McNally: "En la plaza Tahrir, centro neurálgico de la "revolución", la multitud se implica en la toma directa de decisiones, a veces incluso con centenares de miles de manifestantes. Organizados en pequeños grupos, los congregados discuten y debaten; después envían delegados elegidos a hacer consultas relacionados con las exigencias del movimiento [...] Después los delegados de estas mini-concentraciones se reúnen y valoran la situación antes de plantear las potenciales reivindicaciones discutidas al resto de los concentrados, utilizando megáfonos improvisados. La adopción de cada proposición se hace en función de los abucheos o de los aplausos que recibe del conjunto de la multitud.". También se sacan lecciones sobre la manera de defenderse colectivamente de los asaltos de la policía y  de los pillastres, la manera de superar las divisiones sectarias entre comunidades religiosas y laicas. Lecciones acerca de cómo propagar las luchas fuera de las fronteras de cada país; la revuelta de territorio en territorio con las mismas exigencias y métodos, con el convencimiento de que, por todas partes, los proletarios mismos van descubriendo que ellos también están confrontados a iguales ataques contra su nivel de vida, a la misma represión y al mismo sistema de explotación.

Interrogados por la prensa a lo largo de los últimos días, los trabajadores en Egipto han expresado la verdad simple que motiva sus huelgas y sus manifestaciones: no pueden alimentar a sus familias porque sus salarios son muy bajos, porque los precio son demasiado altos, porque el paro causa estragos,...

La clase obrera de todos los países va a hacer frente progresivamente a la degradación  de sus condiciones de vida, ya que ninguna "reforma democrática" las va a aliviar. La clase obrera solo tiene: por defensa su lucha y la perspectiva de una nueva sociedad por solución.

AM/W (26febrero 2011)


[1] Periodista egipcio que "bloguea" en arabawy.org.

[2] Profesor de ciencias políticas en la Universidad de York en Toronto.