Una Jornada de debate que anima a juntarse para discutir

Versión para impresiónSend by email

 

Dos fueron los temas elegidos
para la discusión y la reflexión en este encuentro: ¿Qué es la clase obrera y porque no se mueve ante la crisis? y Los conflictos internos en los grupos de
trabajadores
. Como señalaba la carta de convocatoria de la Jornada los
temas abordados en cada uno de los puntos de debate fueron los siguientes:

1)     
¿Qué es la clase obrera?, ¿Por qué se ha
considerado históricamente el sujeto revolucionario?, ¿Por qué hoy no parece
actuar como clase?, ¿Qué sentido tienen los ataques actuales contra los
trabajadores y la población en general?, ¿Cómo podemos defendernos de esos ataques,
cada vez más amenazantes?

2)     
Es difícil (auto)organizarse, pero una vez lo
consigues nada te garantiza que a partir de entonces todo sea un camino de
rosas. ¿Cómo surgen los conflictos entre nosotros, porque se dan y que dimensiones
tienen? Tanto entre los grupos de trabajadores como en otros esfuerzos colectivos
(auto) organizados de nuestra clase.

Ambos temas fueron introducidos
por presentaciones que había elaborado nuestra Corriente (textos que presentamos en este artículo) a petición de los
compañeros de la Plataforma.

Es imposible resumir en el marco
de este artículo la riqueza de la discusión que se desarrolló, la multitud de
cuestiones que se plantearon y la profundidad con la que se intentó abordar el
conjunto de aspectos a debate en la Jornada. En próximos números, si es
necesario, volveremos sobre algunos de los temas debatidos. No obstante,
nuestro objetivo es dar a conocer de la forma más amplia posible el significado
que para nosotros tiene esta experiencia de la Jornada de Debate.  En nuestra opinión cabe destacar lo siguiente:

  • Esta
    Jornada se inscribe, aunque no sea de forma completamente consciente, en
    el proceso de reflexión política que están desarrollando a nivel
    internacional determinadas minorías en el seno de la clase obrera. De
    hecho, no es ninguna casualidad que el primer tema de los elegidos haya
    sido debatido recientemente por compañeros de Perú y Ecuador.
    Anteriormente ha sido abordado por compañeros en Bélgica, México y Estados
    Unidos aunque no con los mismos ejes de debate.
  • En
    la Jornada se vivió la realidad de una convergencia de generaciones
    obreras que se preocupan por los mismos problemas de fondo aunque lo
    expresen de forma, a veces, distinta. El hecho de que compañeros,
    trabajadores , en una franja de entre 20 y 55 años puedan encontrarse para
    debatir y aunque utilicen términos, palabras o conceptos en apariencia
    diferentes, puedan charlar y confrontar ideas durante un día entero es, en
    nuestra opinión, un signo de que nuestra clase se esfuerza por  comprender los problemas que afectan a
    TODOS los trabajadores desde una óptica de clase. Sentirnos unidos para
    abordar una problemática (crisis, austeridad, eventualidad, temor por el
    futuro, cómo luchar juntos desarrollando la solidaridad) común y ser capaces
    de superar nuestra particularidad es un elemento que nos ayuda a TODOS a
    saber porqué debemos verdaderamente luchar unidos.
  • Si bien
    es cierto que no llegamos a ningún tipo preciso de conclusión o de
    acuerdo, que hubiera sido además prematuro e innecesario, la Jornada
    abordó los dos temas de debate con la preocupación de entender los
    problemas planteados desde una óptica de clase, para así poder comenzar a
    comprenderlos de manera histórica y mundial, la única que es propia a
    nuestra clase.   En ambos debates
    hubo, como es natural posiciones diferentes, encontradas y, de momento,
    alejadas. No obstante TODOS hicimos un esfuerzo por comprender y ayudar a
    saber cómo se han planteado los problemas a escala histórica para poder,
    más tarde, saber qué posición o posiciones explican mejor la realidad.
  • La
    atmosfera de las discusiones y el método con el que se desarrollaron las
    discusiones es una muestra muy clara de que es NECESARIO Y POSIBLE
    desarrollar una cultura de la discusión, de la confrontación de ideas y análisis
    en el seno de la clase obrera que supere el sectarismo, la falsa
    polarización y los prejuicios.  El
    hecho de que compañeros que se declaran anarquistas, comunistas,
    situacionistas, autogestionarios, y otros que aún no se definen,  puedan escucharse y debatir de forma
    serena es una prueba de que podemos desarrollar un debate amplio, riguroso
    y profundo.
  • La
    posibilidad de desarrollar una nueva Jornada para intentar comprender más
    profundamente el problema de la solidaridad y la confianza en el seno de
    la clase obrera, apoyándonos en la historia de nuestra clase es, desde
    nuestro punto de vista, la mejor prueba de que esta Jornada  ha sido mucho más útil de lo que de
    manera inmediata y local pueda parecer. Nuestra Corriente hará todo lo
    posible por animar a los compañeros que participaron en esta primera
    Jornada a impulsar un nuevo momento de encuentro, debate y reflexión útil
    para toda nuestra clase.

Invitamos a todos nuestros
lectores, simpatizantes a lo largo y ancho del planeta a estudiar los documentos
de esta Jornada, a hacernos llegar sus comentarios, críticas y sugerencias para
seguir desarrollando a la escala más amplia posible debates que nuestra clase
necesita abordar y resolver.

 

¿Qué es la clase obrera y por
que no se mueve ante la "crisis"?

¿Qué es la clase obrera? ¿Por qué se la ha considerado
históricamente el sujeto revolucionario? ¿Por qué hoy parece no actuar como
clase? ¿Qué sentido tienen los ataques capitalistas actuales contra los
trabajadores y la población en general? ¿Cómo nos podemos defender de esos
ataques, cada vez más amenazantes?

La sociedad actual está dividida en clases: hay una
mayoría que no tiene otro medio de vivir que trabajar y una minoría que,
asalariada o no, propietaria o no, obtiene enormes beneficios a costa de la
mayoría: el Capital. Hay pues dos grandes clases sociales: Capital y
Trabajadores y, entre ellas, una serie de clases intermedias que tienden hacia
uno u otro polo.

La clase obrera no se reduce a los obreros de la
fábrica, su existencia se basa en la relación social que establece el trabajo
asalariado. Forman parte de la clase obrera la mayoría que trabaja en
hospitales, colegios, oficinas, fábricas, transportes, campo ... La clase obrera
es la productora colectiva y asociada de la mayoría de bienes y servicios existentes
en la sociedad.

Lo importante en la clase obrera no es a qué sector se
pertenece, qué categoría tiene, qué ingresos disfruta, lo importante es que es
una clase colectiva y asociada. En una mesa no solamente se concentra el
trabajo de los obreros de tal o cual fábrica, a la vez se plasma el de los
profesores que los han educado, los empleados de los hospitales que los han
dado a nacer, los jornaleros que han cortado la madera, los empleados de
ferrocarriles o conductores que la han transportado etc. En un automóvil se
coagula el trabajo de miles de personas en distintas factorías, en distintos
países. Es un producto mundial resultado de una clase con naturaleza mundial.

La clase obrera es internacional porque el obrero no
tiene patria: puede nacer en tal lugar pero la necesidad de vivir le obligará a
desplazarse de ciudad en ciudad, de país en país.

Un trabajador puede ser hoy empleado de una empresa de
jabones, mañana quizá de un hospital, pasado mañana quizá desempleado y así
sucesivamente. Es la condición social de clase lo que define al obrero y no la
empresa o la corporación.

Por todo lo anterior, la clase obrera tiene
objetivamente hablando unos mismos intereses en todo el mundo. Es una clase
portadora del carácter social, colectivo, que tiene el género humano y que
constituye su mejor arma. Los humanos eran mucho más débiles y desprotegidos
que otras muchas especies pero si lograron sobrevivir, prosperar y
desarrollarse fue por sus cualidades sociales y todo lo que a ellas va
asociado: el lenguaje, el pensamiento, las emociones sociales, la cooperación
consciente.

Este carácter social de la humanidad está hoy
amenazado por la evolución del capitalismo.

El capitalismo se basa en la competencia, el cada uno
a la suya. Su ley es la guerra de todos contra todos: entre naciones, entre
empresas, entre individuos.

En el capitalismo hay una contradicción cuya
superación es el fundamento de una nueva sociedad que haga progresar a la humanidad:
por un lado, la producción es social y mundial, basada en la explotación de la
clase obrera. Pero por otro lado, la acumulación y la ganancia son
particulares, se basan en naciones, empresas, individuos., en, como decíamos
antes, la competencia y el todos contra todos.

La abolición de esa contradicción mediante la lucha
general de los trabajadores abrirá paso a una nueva sociedad: la COMUNIDAD HUMANA
MUNDIAL.

Pero la contradicción que atenaza al capitalismo
influye igualmente en los propios trabajadores: por un lado, de manera más o
menos espontánea, tienden a la unidad, a la solidaridad, a la lucha común, base
de una reorganización general de la sociedad sobre la solidaridad y la
comunidad. Pero, de otra parte, sufren la influencia cotidiana del modo de vida
imperante en la sociedad capitalista basado en el individualismo, la
competencia, la rivalidad, la atomización, el cada cual a la suya y el todos
contra todos.

Cuando nos hacemos la pregunta ¿por qué con todo lo
que está cayendo la clase obrera no se mueve?, un primer elemento de respuesta lo
da el peso de la ideología dominante que erosiona, dificulta, destruye, las
tendencia innatas a la solidaridad y la unidad.

Pero es necesario ver otros factores, unos históricos
y otros más de actualidad.

Sin extenderse demasiado pues no queremos alargarnos
para dar el mayor tiempo posible al debate, quisiéramos exponer algunos de
ellos.

Durante muchos años ¿a qué estaban ligadas las
palabras "comunismo", "clase obrera" etc.? Pues al régimen de capitalismo de
Estado que imperó en Rusia y que todavía domina países como Cuba o China.

Allí no reina ningún comunismo sino el mismo
capitalismo que vemos en Estados Unidos o en España pero bajo la férula de un
Estado propietario oficial de los medios de producción.

Esta visión del "comunismo", producto de la más grande
contra-revolución que haya sufrido la clase obrera: la del estalinismo que
acabó con la revolución en Rusia 1917, ha desprestigiado el comunismo, la
política obrera, ha arrojado una sombra de sospecha, incluso de repugnancia,
sobre todo lo que huela a comunismo y clase obrera.

Así pues, las generaciones obreras actuales se
encuentran ante una situación muy diferente de sus antepasados de principios
del siglo XX. Entonces, la militancia comunista, socialista, libertaria, era
saludada y apoyada por muchos obreros. Hoy, sucede todo lo contrario: los que
quieren cambiar el mundo, defender la clase obrera, aspirar al comunismo, son
mirados como bichos raros, que se meten en lo que no deben.

La clase obrera de hoy tiene secuestradas y
adulteradas su historia, sus signos de identidad, los conceptos que la
aglutinan. Eso constituye un duro handicap para su lucha.

Pero igualmente existe otra realidad que lleva a
muchos obreros al desconcierto, al escepticismo, a encerrarse en sus propios
asuntos y ser reticentes a la acción colectiva. Es la naturaleza de los
sindicatos en nuestra época. En el siglo XIX los sindicatos eran escuelas de
comunismo, se formaron con el esfuerzo anónimo y heroico de miles de obreros.
Hoy son todo lo contrario, viven de las enormes subvenciones del Estado y
firman todo lo que la
Patronal y el Gobierno les ponen delante. De vez en cuando,
para dar un poco de lustre a su escudo montan una seudo-huelga o una
manifestación que sirve para dispersar el descontento y aceptar la explotación.

Hay, finalmente, un factor más coyuntural que empuja
en un primer momento a la inhibición de la lucha colectiva.

La crisis con su secuela tremenda de desempleo, despidos,
atrasos salariales etc. produce en un primer tiempo un sentimiento doble: por
un lado, una preocupación por el porvenir, por lo que pasará, por el futuro de
los hijos. Este sentimiento es prometedor pues lleva a la conciencia. Pero al
mismo tiempo, surge el sentimiento contrario: la impotencia ante la enorme
magnitud de lo que está pasando, el sentimiento de aturdimiento, todo lo cual
empuja a encerrarse en uno mismo, a evitar la lucha.

Solamente, en un segundo momento, cuando los golpes a
las condiciones de vida se acumulan y se hacen insoportables, cuando a través
de luchas, a menudo pequeñas, se va constatando que es posible luchar y tener
un mínimo de fuerza, el espíritu general empieza a cambiar.

¿Qué podemos hacer?

Lo que aquí estamos haciendo, aunque seamos una
minoría, es una respuesta. Aquí tratamos de comprender lo que está pasando,
tratamos de ver como intervenir entre los trabajadores, como contribuir al
desarrollo de su fuerza, su conciencia, su solidaridad. Participamos
activamente en un proceso de conciencia y voluntad de luchar que con toda
seguridad afecta a otros trabajadores aunque no lo manifiesten ni salga por el
momento a la superficie.

Pero en lo que estamos haciendo hay algo aún más
importante: nos juntamos, establecemos lazos sociales de solidaridad, empatía,
debate. Esto es vital en la reconstrucción de la acción colectiva de la clase
obrera.

Hay más otras cosas que podemos hacer de forma
realista:

-         
Establecer
lazos a nivel nacional e internacional con otros grupos y colectivos que
intentan hacer lo mismo que nosotros

-         
Apoyar
las luchas obreras que van surgiendo. Darlas a conocer, sacar lecciones,
manifestarles la solidaridad. Eso irá contribuyendo a formar el tejido de la
lucha obrera

-         
Comprender
lo que está pasando. Ver la raíz de nuestros problemas. Desarrollar la teoría
arma vital de la lucha práctica

-         
Comprender
las experiencias pasadas de la lucha obrera. Las lecciones del pasado son un
arma para el presente en la perspectiva del porvenir.

No somos ni especialistas de la política ni
supermanes. Soportamos largas jornadas de trabajo, tenemos una vida personal,
relaciones familiares y de amistad, a las que ni debemos ni queremos renunciar
porque nuestra lucha no es para conseguir seres abstracto o ideales sino para
conseguir SERES HUMANOS. La lucha de la clase obrera es la lucha por la PLENA RECUPERACION DE LA HUMANIDAD.

Por ello se trata de hacer estos debates y encuentros
con método, dándose el tiempo necesario, guardando también tiempo para el relax
y la comunicación informal, articulando una frecuencia que haga que reflexionemos
bien, que nos demos los medios adecuados para comprender y que no lo sintamos
como una obligación más sobre nuestras vidas sino todo lo contrario: como algo
que disfrutamos y nos resulta liberador.

 

Los
conflictos internos en los grupos de trabajadores

 

Es difícil
(auto) organizarse pero una vez que lo consigues nada te garantiza que a partir
de entonces todo sea un camino de rosas ¿Como surgen los conflictos entre
nosotros, por que se dan y que dimensión tienen? Tanto en los grupos de
trabajadores como en otros colectivos (auto) organizados.

Con el esfuerzo generoso de un puñado de compañeros
que se quitan tiempo de la familia, de sus legítimas aficiones personales, se
logra impulsar organizaciones de trabajadores, que pese a ser minoritarias
impulsan la lucha y la conciencia de la clase obrera.

Sin embargo, en estas organizaciones también se dan
tensiones, celos, rivalidades, piques entre compañeros, malos rollos ...

¿Por qué? ¿Es que habría que concluir que no hay nada
que hacer, que todos son lo mismo o que la humanidad no tiene remedio?

Vamos a intentar responder a estos problemas aportando
algunos elementos que animen un debate que nos permita comprender y superar.

No son lo mismo las organizaciones burguesas que las organizaciones de
trabajadores

Antes que nada pensamos que es preciso distinguir:
en organismos tales como partidos políticos burgueses, sindicatos, iglesia
etc., también se producen tensiones pero estas expresan conflictos de intereses
económicos, políticos, jurídicos, por un lado, y, ambiciones personales,
incompatibilidades entre individuos, odios, revanchas etc., por otro.

La prensa está repleta de ese tipo de tensiones que se
expresan bajo la forma de ataques personales, campañas de desprestigio,
declaraciones asesinas, denuncias judiciales etc., que se acompañan de medidas
menos "presentables" como amenazas, extorsiones y chantajes, incluso en
ocasiones extremas ataques físicos etc.

Ese espectáculo que nos salpica todos los días nos produce
un asco y una rabia totalmente justificados.

Otra cosa muy diferente sucede en organismos de
trabajadores: en ellos no existe un conflicto de intereses, porque lo que
distingue a la clase trabajadora es que objetivamente hablando todos tenemos el
mismo interés. Las tensiones surgen por otra causa: vienen provocadas
por las costumbres, las normas de vida, los valores, que imperan en esta
sociedad que es la que vivimos y de cuya influencia cotidiana es imposible
sustraerse.

Este tipo de problemas nos producen dolor, dudas,
desesperación, pero para luchar contra ellos y poder superarlos o al menos
atenuarlos, es importante no mirarlos por el mismo rasero que los conflictos
entre políticos, sindicalistas, empresarios, o, en general, todo tipo de personajes
públicos.

Estos los conflictos y tensiones son su modo de
vida, su interés, su necesidad vital, son lobos como condición misma de su
existencia.

En cambio, en las organizaciones de trabajadores son
un problema que nos carga la sociedad actual que daña y debilita nuestro propio
interés porque tiende a poner barreras entre nosotros y por tanto a debilitar
nuestras armas más preciadas: la
UNIDAD y la
SOLIDARIDAD.

¿Por qué se producen las tensiones entre trabajadores?

Hay que evitar una idea simplista: frente a las
tensiones la solución sería "vamos a ser buenos", "vamos a portarnos bien" ...
Eso es una ilusión. La unidad y la solidaridad no se decretan, no son el
producto de levantarse un día por la mañana y hacerse el buen propósito de ser
solidarios y comprensivos.

Lo que necesitamos es comprender por qué pasan cosas
como por ejemplo:

-         
me
siento mal porque aporto mucho al colectivo y nadie me lo agradece

-         
fulanito
se escaquea de las actividades mientras que yo estoy siempre presente

-         
zutano
se pone la medalla de algo que hemos conseguido entre todos

-         
mengano
siempre anda con exigencias e imperativos

-         
fulano
me cae mal y ya puede hacer lo que sea que no lo trago; o, viceversa, por mucho
que intente acercarme a tal siempre me rechaza ...

Así podríamos seguir engrosando la lista de actitudes
o reacciones que motivan malos rollos, malos entendidos, malas caras, que luego
nos duelen y que poco a poco acaban envenenando el ambiente costosamente conseguido
de compañerismo y solidaridad.

Para entender por qué se dan esas reacciones hemos de
entender el rasgo más importante de la sociedad en la que vivimos: la
competencia entre seres humanos, la atomización y el cada uno a la suya
.

La sociedad capitalista es la sociedad de la
competencia a muerte: entre empresas, entre estados, entre burócratas, entre
políticos, entre equipos de fútbol ... ¡Todo en la sociedad actual nos devuelve
una imagen de competencia y carrera desaforada por ser el primero, por pisar al
de al lado!

En la escuela nos muestran el ejemplo de grandes
hombres que triunfaron y que tendríamos que imitar; cuando estudiamos se nos
inculca que hemos de ser los mejores y que lo peor que nos puede pasar es el
fracaso; en la vida cotidiana la mentalidad que respiramos es que hay que tener
la mejor casa, el mejor trabajo, la mejor novia o el mejor novio, el mejor
coche ... La TV, los
anuncios, la literatura, nos bombardean con esos modelos.

El deporte reproduce hasta la náusea esa
competitividad latente: siempre tiene que haber un primer puesto, un ganador y
un perdedor, uno que triunfa y otros que fracasan.

¿Qué imagen devuelve la sociedad de aquel que no hace
carrera en la vida y se ve condenado a ser "simple trabajador"? Pues que es un
fracasado, alguien que no ha sabido aprovechar las oportunidades, alguien
conformista, sin ambición, sin iniciativa, y que "tiene lo que se merece".

¡Esa es la ideología que nos rodea! ¿Podemos hacernos
la ilusión de que vamos a vernos libres de ese medio ambiente que nos entra por
todos los poros a todas horas, todos los días de la semana? ¿Podemos
imaginarnos que esos modelos que se nos pegan en la piel no van a penetrar en
las organizaciones que intentamos construir, en las luchas que como
trabajadores protagonizamos?

Pensamos que no, que casi sin darnos cuenta, en la
mayoría de los casos sin quererlo ni buscarlo, nos vemos arrastrados a un
torbellino de rivalidades, malos entendidos, prejuicios, agravios comparativos,
antipatías y preferencias ... que dificultan nuestras relaciones individuales y
colectivas.

Pero ¿entonces de qué nos sirve organizarnos,
reunirnos? Aquí es fundamental comprender que una organización autónoma de
trabajadores, desde una asamblea hasta un grupo obrero, no puede concebirse
como un islote aislado del mundo, como una fortaleza impenetrable ... Debemos
concebirla como un medio colectivo de lucha contra los virus de la rivalidad,
de la insolidaridad, del cada uno a la suya.

¿Cómo luchar contra las tensiones que pueden surgir?

No se trata pues de hacerse la ilusión de que se
pueden evitar, lo que necesitamos es luchar contra ellas cuando surgen tratando
de comprender cuales son sus causas y de sacar lecciones para poder superarlas
más pronto y de manera más eficaz si vuelven a reaparecer.

No tenemos ninguna receta, ahora bien podemos
compartir con vosotros algunas lecciones que hemos aprendido en nuestras
propias experiencias y al mismo tiempo apoyarnos en todo lo que el movimiento
obrero a lo largo de sus más de dos siglos de historia ha sacado como lección
de estos problemas.

Este último punto nos parece muy importante. Los
trabajadores somos gente "normal", que siente, sufre, tiene pensamientos,
iniciativas, desengaños ... el movimiento obrero no es ajeno a todo ello, al
contrario, es un movimiento humano, social, y por esa humanidad profunda es
político. Por ello, apoyarnos en lo que gente como nosotros vivió hace 50, 100,
200 años, es vital y nos ayuda en gran medida. Por eso queremos compartir con
vosotros todo ese bagaje:

1º Hay que tratar los problemas que surgen con un
método. Por ejemplo, un error frecuente es que, en nombre de la sinceridad
y el "no ocultarse nada", hacer una sesión pública en la que todos se echen a
la cara sus recriminaciones, sus agravios, sus deseos de revancha ... Una especie
de "poner todo sobre la mesa para que surja la catarsis". Ese tipo de acciones
lo que producen en realidad es un incremento aún peor de las tensiones puesto
que unos se ponen a la defensiva, otros les da vergüenza y están deseando
largarse, otros se encabritan y se ceban con tal o con cual, al final es un
enorme caos.

Es mucho mejor nombrar un equipo con compañeros
que gozan de la confianza de todos, que son más serenos o están menos
implicados en los conflictos. Que ese equipo escuche a cada cual, recoja sus
sentimientos, sus eventuales rencores etc., y después los analice y los
presente al colectivo de una manera más global y meditada permitiendo a todos
tomar distancia, ver las cosas desde un ángulo más reflexivo ... Esto existía
en la historia del movimiento obrero, en el siglo XIX y principios del XX bajo
la forma de Comisiones de Conflictos.

2º Hay que comprender que ni la solidaridad ni la
confianza ni el compañerismo se decretan, hay que cultivarlos, desarrollarlos,
vivirlos, y eso requiere no solo un esfuerzo personal sino también un esfuerzo
de reflexión, de comprensión. Vivimos bajo una sociedad que tiende a
destruir la confianza, la solidaridad, la empatía mutua. Se requiere un combate
práctico y teórico para alimentarlas y desarrollarlas. Nosotros -a partir de
nuestras experiencias- hemos escrito un texto colectivo sobre la solidaridad y
la confianza donde analizamos porque en la época que nos ha tocado vivir
cuestan tanto de desarrollar. Estudiamos de manera a la vez histórica y a la
vez concreta el por qué le cuesta tanto a los trabajadores y a las
organizaciones proletarias el funcionar cotidianamente desde la solidaridad y
la confianza. Nos ofrecemos para realizar un encuentro - debate donde
podamos comentaros las lecciones y los análisis que hemos sacado y compartir
ideas, soluciones, iniciativas ...

3º Hay que abrirse, hay que evitar encerrarse en el
pequeño mundo del centro de trabajo, de la ciudad. Los contactos con compañeros
de otros centros, de otras localidades, del mundo entero, nos proporcionan una
visión, una capacidad de intercambiar experiencias, una distancia ante los
problemas, que evita que nos ahoguemos en ellos y contribuye a que acabemos
superándolos. Con vuestras iniciativas de asambleas abiertas, de redes de
solidaridad y encuentro etc., estáis trabajando claramente en esa dirección y
os animamos a proseguir en ella.

Bueno, compañeros, hasta aquí algunas ideas, por
supuesto estamos muy abiertos a debatir, a colaborar, a aportaros pero también
a ser enseñados por vosotros. Sabed que contáis con nuestro apoyo sin reservas,
con nuestra entera disponibilidad.

Saludos fraternos

CCI

 

 

 

 

Vida de la CCI: